El puño del infortunio aplasta Haití.

El sobrecogedor terremoto que ha asolado Haití hace unos días ha sido el más destructor del mundo en mucho tiempo. El seísmo, que ha provocado la muerte de más de 100.000 personas, ya ha sido comparado por su devastación con las bombas atómicas que arrasaron Hiroshima y Nagasaki en la no tan lejana década de 1940.

Es sólo la gota que colma el vaso de una lista infinita de tragedias que han azotado a este pueblo desde que se independizó de Francia en 1804. Es la primera república negra de la historia, la primera en expulsar a los colonos blancos. Pero aunque el país se liberó de la esclavitud  desde entonces todo le ha ido de mal en peor.

En los últimos 200 años hubo una cascada de guerras, golpes de estado, dictaduras, corrupción generalizada, hambre, miseria, represión, colonialismo, deuda… Mas en todo este tiempo a nadie le ha importado que los malos gobernantes hayan saqueado al país más pobre de América y uno de los más famélicos de la Tierra.

Contínuos cortes en el suministro eléctrico, falta de agua potable, carreteras polvorientas aún por asfaltar, la ausencia de una sanidad y una educación dignas… Gente inocente que vive hacinada como ratas, que busca comida entre la basura y que sufre a diario por sobrevivir en un estado fallido, una pocilga de país.

Haití parece un país maldito, como si viviese bajo el embrujo del mismo demonio. En los últimos tiempos los haitianos se han apartado de Cristo y se han encomendado a rituales de corte satanista: vudú, brujería, ocultismo, espiritismo, animismo, magia, adivinación, mal de ojo… Prácticas condenadas por la Biblia.

Es el deber de los cristianos apoyar a estas personas con nuestras oraciones y con nuestra ayuda material, que ya está siendo enviada por las iglesias. El terremoto sólo ha sido una calamidad más de una larga lista… antes de que la muerte fuera a cubrirles con su mortaja, los haitianos ya conocían demasiado bien su rostro.

Islandia: la utopía.

Islandia es una de las naciones líderes del mundo en renta per cápita, índice de desarrollo humano, defensa de los derechos humanos, bienestar social, sanidad y educación, bajo nivel de corrupción y en ecologismo, hasta el punto de contar con automóviles que funcionan con hidrógeno en vez de gasolina o diésel.

Es líder mundial en energías limpias y renovables (el uso de agua caliente proveniente de las entrañas volcánicas nutre al país de electricidad) y pionero en los derechos de la mujer. Tanto es así que el país designó a Vigdís Finnbogadóttir la primera fémina del mundo escogida jefa de estado de forma democrática. Fue en 1980.

En lo cultural, lejos de querer ofrendar nuevas glorias a Noruega o Dinamarca, el pueblo decidió que el islandés no era ningún dialecto sino una lengua independiente. Hoy Islandia es el estado que más libros edita por habitante  y sus letras son tan ricas que cuentan con un Premio Nobel (Halldór Killnar Laxness, en 1955).

Este hecho es realmente insólito tratándose de una nación con tan sólo 300.000 habitantes. Pese a ello, la devoción por su lengua ha llevado a los islandeses a adoptar un sistema purista que prohíbe extranjerismos y que crea nuevos vocablos a partir de casticismos para conservar el genio de una lengua prestigiosa y culta.

En 50 años Islandia pasó de ser la patria más pobre de Europa a la quinta más rica del planeta en renta per cápita. Pero la crisis mundial del año 2008 hizo pedazos la utopía escandinava; en tan sólo una semana Islandia pasaba de ser oficialmente el estado donde mejor se vive en todo el mundo a un estado declarado en quiebra.

Es una lección de humildad para todos de la cual hemos de extraer una moraleja: que no somos nada. Aún sí, conservo mi fe en el talento del pueblo islandés, en esa isla de clima inhóspito y supervivientes natos que a buen seguro resurgirá de sus cenizas y retornará a la prosperidad a este extraordinario pequeño gran país.

Por una nueva cultura de la alimentación.

El otro día estaba celebrando yo una fiesta en compañía de unos amigos. Estábamos sentados en mesa, disfrutando de un generoso banquete. Teníamos de todo: la mejor carne, marisco abundante, un buen vino, pescado en abundancia… De todo. De repente se nos acercó un niño. Era negro y por el acento que tenía puede que fuera caribeño, quien sabe si dominicano. Se encontraba sucio y era flaco; estaba en los huesos. Se le veía hambriento. Me pidió por favor si le podía dar un poco de pan para saciar el hambre. Le respondí: «niño, tú lo que necesitas no es pan sino una nueva cultura de la alimentación». Solté una gran carcajada, los comensales rieron conmigo y el niño se quedó con una cara rara.

Estoy orgulloso de cómo me comporté. De un modo progresista y solidario. Exactamente igual que esos partidos intitulados de izquierdas (Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Izquierda Unida (IU), Bloc Nacionalista Valencià (BNV), Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Chunta Aragonesista (CHA)…), sindicatos y otras plataformas cívicas que consideran que de lo más progre oponerse al Plan Hidrológico Nacional (PHN) que pretende trasvasar parte de los cuantiosos excedentes de agua del río Ebro (en Aragón y Cataluña) a la España seca (Valencia, La Mancha, Andalucía y Murcia), para que pueda aliviar su dura sequía.

¡Es tan solidario que haya gente que prefiera que cada año haya miles de hectolitros de agua que se pierdan en el mar sin darles ningún uso antes que cederlos a otras tierras para que alivien su sequía…! Dicen, en un acto de infinito progresismo, que no necesitamos el trasvase sino una nueva cultura del agua. Me parece que ni los estómagos de los niños hambrientos del Tercer Mundo se llenan con cultura (¿o sí?) ni tampoco nuestras tierras devastadas por la sequía se pueden regar con cultura. España es, definitivamente, un pueblo cainita. Y aún dicen que aragoneses, catalanes y valencianos somos tres pueblos hermanos. Hermanos sí. Pero como Caín y Abel.

Made in America.

Desde siempre Hispanoamérica ha tratado de emular a España, puede que por ser la madre patria que le dio a luz. En principio, se me antoja una opción absolutamente descabellada pues a pesar de que España y América son patrias hermanas, ambas tienen esencias diferentes, unas naturalezas que no las han hecho evolucionar igual. Europa y América se diferencian demasiado como para que Hispanoamérica vea en España su referente en lo bueno y en lo malo.

Europa y América son, a pesar de las muchas semejanzas comunes a todos los países de la cultura occidental, continentes sustancialmente diferentes. En Europa los países se han configurado a través de complejos y tortuosos procesos históricos, donde los diferentes reinos de Taifas salidos de antiguos Imperios (como por ejemplo el de Roma) han ido fusionándose entre ellos hasta conformar las modernas euronaciones. En América, las fronteras de los países se han planificado desde fuera, casi con escuadra y cartabón. Europa es muy homogénea desde el punto de vista racial mientras que América es un auténtico batiburrillo de individuos blancos, negros, mulatos, mestizos, amerindios… El fenómeno de la inmigración es muy reciente en Europa mientras que algunos países americanos como Canadá, Estados Unidos, Chile, Argentina y Uruguay se constituyeron, de hecho, a base de recibir inmigrantes en su seno.

Europa es una autentica cuna de etnias (latinos, anglosajones, germánicos, escandinavos, eslavos…) mientras que América parte desde sus inicios de un modelo latino (América Latina), de uno anglosajón (Estados Unidos) y de uno mixto (Canadá). El Viejo Continente es además un auténtico babel de lenguas (sólo en España se habla más de una decena de ellas) mientras que América sólo hay cuatro grandes lenguas (español, portugués, inglés y francés) y una serie de idiomas (indígenas en su mayoría como el quechua) hablados de forma residual. Los estados americanos -todos ellos repúblicas- suelen ser enormes y los europeos -bastantes de ellos monarquías- medianos o pequeños. Ni tan siquiera en la religión coincidimos pues en América destacan las fes católica y protestante (y la espiritista en Brasil), mientras que en Europa tenemos muchas más, como la ortodoxa, la anglicana, la judía o el Islam.

Después de la descolonización, muchos estados latinoamericanos soñaban con construir naciones a la europea. El país que detentó el primer imperio de dimensiones terráqueas de todos los tiempos, España, era por historia y cultura el modelo a seguir. Pero España era entonces un país decadente, una potencia venida a menos donde reinaban las conspiraciones y las corruptelas. Y el primer gran error de los americanos fue importar ese modelo corrupto, fue creer que la corrupción era inherente en la sociedad y que no afectaría demasiado a las economías de unos estados que como Cuba, México, Venezuela, Brasil, Chile, Argentina o Uruguay tenían un futuro muy próspero de cara. Con la bancarrota de Argentina, el país que presumía de ser un implante de Europa en América, se ha visto que la corrupción es capaz de hacer que un pueblo pase de una ilusión desbordante a la total desesperación en sólo cien años.

Después, y con el auge del pretorianismo, América Latina fue controlada por una infinidad de dictadores fascistas, muchos de los cuales eran admiradores declarados de un cruel asesino como el caudillo Francisco Franco. Nuevamente España se convertía en el modelo (erróneo) que había que seguir. Lejos de aportar una mayor prosperidad, la ausencia de democracia sirvió para incidir en la decadencia de una serie de naciones otrora prósperas, hasta acabar bananizándolas casi del todo. Ahora mismo, países como Chile o México han visto en la transición española el ejemplo que se debe aplicar para curar las heridas y democratizar unos estados que han salido de las dictaduras hace poco. Y eso sí que es paradójico pues España cuenta con un modelo no exportable que es el de la monarquía. También los líderes de Argentina, tras la bancarrota del país, se fijan en el milagro español como una solución para el caos.

Un fenómeno que ha cobrado gran fuerza en España en las últimas décadas y que, debido a esa tendencia a copiarlo todo, se podría trasladar a América, es el de los nacionalismos. De hecho, en América ya se ve de manera incipiente, algo parecido. Colombia es un país dividido por las guerrillas, Chiapas una región insurgente de México, y por primera vez en la historia hay quien habla de qué razón de ser tiene la existencia de Argentina. Sería lamentable ver un fenómeno de balcanización en Latinoamérica, sobre todo porque eso no resolvería nada. No se trata de cargar contra los intereses españoles en América como hacen muchos sectores antiespañolistas que culpan a España de todos sus males y que le acusan de neocolonialismo. Y más, teniendo en cuenta lo vitales que son las inversiones extranjeras en naciones como por ejemplo Colombia, que cuentan con una infraestructura nula.

Pero tampoco se trata de que América se fije constantemente en España para imitarla en todo. Eso sólo conlleva ir siempre unos veinticinco años por detrás de nuestro país. Ni tampoco copiar a los Estados Unidos, que parten de un modelo anglosajón ajeno a la cultura hispánica. América se hizo independiente pues se creía con identidad propia, y por eso mismo debe partir de sus propias soluciones, como hizo España. Latinoamérica se compone de estados muy grandes en comparación con los europeos, cuenta con abundosos recursos naturales, una demografía aceptable y tiene gente culta y preparada para hacerle frente al futuro. Pero aún es inmadura; debe reflexionar a fondo sobre los equívocos del pasado y pensar un proyecto de futuro que no sea otra copia más. Y ahí es donde España debe entrar a apoyarla al máximo. Pero para eso primero se necesitan soluciones made in America.

América necesita espíritu de autocrítica.

Los americanos acostumbran a culpar a los españoles de todos sus problemas. En América los españoles despiertan auténticas pasiones, a menudo extremas. Mucha gente les admira y adora como si fueran dioses y otra los odia a muerte. De hecho el término «gallego» es utilizado de un modo despectivo para referirse al pueblo español. Me parece que Perú es el país más antiespañolista de todas las repúblicas americanas. Cada uno es libre de amar u odiar a otros países (yo adoro Latinoamérica) pero lo que no se puede hacer es falsear la realidad. Eso sí que no.

Los americanos acostumbran a hablar de genocidio para referirse a la época del poderoso Imperio Español. No es cierto que se produjera un genocidio en América. Hubo guerras y conflictos, claro, pero no un genocidio. Genocidio lo hicieron los anglosajones cuando se instalaron en América del Norte. Antes de su llegada, estaba llena de nativos, es decir, de pieles rojas. Ahora son cuatro las reservas que quedan de pieles rojas, como quien dice. Latinoamérica está poblada por blancos, negros, mulatos, amerindios, mestizos, etc; señal de que no se ha producido tal masacre. Entre otras cosas porque los amerindios eran considerados ciudadanos del Imperio y por tanto tenían una serie de derechos. Cuando algún militar o monje exterminaba a los nativos y era descubierto, de inmediato era juzgado y ajusticiado por el Imperio. Cierto es que se produjeron situaciones de abuso pero ésas estaban perseguidas por la ley.

Claro que aquella era una situación de colonialismo, de subyugación, pero dentro de lo que es la relación entre un Imperio y una colonia, los americanos se pueden considerar afortunados como los españoles se pueden considerar afortunados por la presencia del Imperio de Roma o de Al-Andalus en sus tierras a lo largo de la historia. Si los españoles hubieran querido podrían haber arrasado toda la población y haber repoblado América con gente blanca. En lugar de eso construyeron escuelas, hospitales, caminos, iglesias, trajeron la alfabetización, la religión católica, la lengua española… Y la mayor parte de la población amerindia que murió fue porque los conquistadores españoles llevaron con ellos enfermedades europeas que no existían en América. Si en lugar de España, América hubiera sido descubierta por Inglaterra, Alemania o Turquía los amerindios hubieran pasado todos a mejor vida.

Hay como una especie de mentalidad que viene a decir algo así como: «¡Los americanos somos pobres… Claro, como los españoles se llevaron todo el oro y toda la plata…!» Eso no es un argumento. Latinoamérica tiene recursos de sobra para despegar económicamente. Que yo sepa, los españoles no dejaron América como si fuera el Sáhara. La pobreza de América se debe a sus gobernantes, que son (casi) todos unos ladrones y unos corruptos. Si los presidentes no respetan la democracia, hacen todo aquello que quieren y salen impunes, no paran de robar y permiten que haya unos niveles de corrupción alarmantes incluso en la más pequeña villa, es normal que un país se hunda. Pero de eso no tenemos culpa los españoles. Ni Carlos Ménem ni Augusto Pinochet ni Fidel Castro ni Alberto Fujimori son españoles. Evidentemente, es más fácil culpar a España de todas sus desgracias antes que admitir la dura (y cotidiana) realidad: que América es una orgía de crimen, corrupción e impunidad. Pero los españoles no son responsables de eso. Las repúblicas americanas se independizaron de España con el sueño de convertirse en unas naciones similares a las europeas pero ese proyecto ha fracasado. Y mientras que permanezca esa mentalidad de mirar a otro lado, de creer que los problemas actuales -los de hoy mismo- tienen su raíz hace cinco siglos, en lugar de enfrentarse a sus propios gobernantes y exigirles responsabilidades a ellos, América continuará siendo pobre. Sólo cuando una democracia sólida, auténtica y fuerte se asiente en el Nuevo Mundo, las naciones americanas podrán prosperar y mostrar al planeta lo muchísimo que pueden llegar a dar de sí.

Valencianisme de plastilina.

ANUNCI IMPORTANT:

Acte: Presentació del llibre L’Estat Valencià de Josué Ferrer.

Dia: 18 de decembre de 2009 a les 20:00 hores.

Lloc: Grup d’Acció Valencianista en C\ Pintor Gisbert 17 baix de Valéncia capital (Regne de Valéncia).

Entrada: gratuïta.

¡Esteu tots convidats! ¡Vos esperem!

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Valéncia és una societat anormal. El 70% de la població afirma que valencià i català són dos idiomes distints i a pesar d’això el catalanisme avança sense impediments. En part se deu a la gran incoherència del valencianisme, que l’ha dut a l’actual situació de debilitat. Els valencianistes nos hem acostumat a vore com a normals diverses actituts tant del nacionalisme com del regionalisme valencians que en absolut ho són. Almenys no són normals en aquelles societats a on sí hi ha un fort sentiment de poble, una identitat ben sòlida i arrelada, com be puga ser el cas de Catalunya o d’Euskadi.

El nacionalisme valencià pràcticament demana perdó per existir i patix un fort complex d’inferioritat que li obliga a autocensurar-se a sí mateix per a no dir cap cosa que puga molestar a ningú. Tan débil i acomplexat és que a sovint repetix com un mantra una idea que yo no acabe d’entendre be: “No tenim per qué independendisar-nos. Valéncia és una nació que pot estar dins d’Espanya”. ¿Perdó? ¿Una nació que està dins d’una atra nació? ¿Això és una regió, no? ¿Quína diferència hi ha entre eixe “nacionalisme” i lo que podriem denominar “regionalisme pujadet de to”?

Yo no m’imagine a polítics nacionalistes com Juan José Ibarretxe o Josep Lluís Carod-Rovira dient que Euskadi o Catalunya són nacions pero que ya estan be dins de l’Estat Espanyol, que no fa falta eixir-se’n fòra. El fi últim del nacionalisme gallec és tindre la nació gallega, el fi últim del nacionalisme vasc és tindre la nació vasca, el fi últim del nacionalisme català és tindre la nació catalana. Per tant, el fi últim del nacionalisme valencià no pot ser estar dins de la nació espanyola. Un nacionalisme valencià que no aspire a l’Estat Valencià independent més que nacionalisme és un frau.

No menys llamentable és el regionalisme valencià, en una història que és un rosari d’oportunitats perdudes. El president d’Unió Valenciana (UV), Vicent González Lizondo, tingué l’oportunitat de ser alcalde de Valéncia en 1991… i preferí regalar-li l’alcaldia a la popular Rita Barberà. En 1995 Lizondo pogué haver forçat al mandatari popular Eduardo Zaplana a llevar el català de les escoles i les Normes d’El Puig… pero ni tan sols tingué el corage de reclamar la Conselleria de Cultura i Educació perque preferí ser president de les Corts per a tindre un martellet i donar i llevar el torn de paraula.

Pero encara hi ha més… A lo llarc d’estos 30 anys ha hagut dozenes d’Ajuntaments governats per partits intitulats valencianistes. Lo més trist és que si anem a eixos pobles vorem que en les biblioteques municipals no hi ha llibres en Normes d’El Puig i que els noms dels carrers que estaven en català continuen estant en català. ¿Cóm és possible que el regionalisme valencià governe un Ajuntament en majoria absoluta durant quatre anys i en tot este temps ni tan sols s’atrevixca a comprar llibres en valencià per a la biblioteca local o a valencianisar les senyals i els cartells del poble?

Ara fixem-nos en cóm actúa el catalanisme: lo primer que demana sempre el Bloc, Esquerra Republicana o Esquerra Unida és la regidoria de cultura. I durant quatre anys tens concursos lliteraris en català, conferències de catalanistes, bandes de rock en català en les festes locals, la màrfega en les festes patronals, etc, etc. Ells sí es creuen la seua ideologia i per això quan arriben al poder fan catalanisme al màxim mentres que el valencianisme es caracterisa per la seua falta d’espenta, per que a l’hora de la veritat no té collons per a posar en pràctica lo que tant defén de boca.

Un amic meu, el professor de valencià Nacho Serrano, em comentà una volta: “¿Saps per qué estem perdent la guerra de la llengua? Perque el valencianisme és incoherent, perque hi ha molta distància entre lo que diu i lo que fa, mentres que el catalanisme sí es creu la seua ideologia i la posa en pràctica”. Plenament d’acort. A lo qual yo afegiria: “El catalanisme té només una pàtria: Catalunya. Mentres que el valencianisme, desgraciadament, en té dos: Valéncia i Espanya”. Un cor dividit per dos pàtries i per dobles llealtats. No m’estranya que estigam perdent la guerra de la llengua.

Estados Unidos: la nación de las libertades.

Los Estados Unidos de América fueron desde su nacimiento en 1607 un refugio para millones de cristianos europeos perseguidos por la Iglesia Católica y con el tiempo se han convertido en la gran superpotencia, en una nación mesiánica que pareciera haber recibido del mismo Dios la misión de ejercer el liderazgo mundial.

Es una patria fundada por hombres blancos, anglosajones y protestantes, un pueblo temeroso del Señor que está plenamente convencido de la riqueza y prosperidad que genera el capitalismo y dispuesto a defender su libertad con un revólver si hace falta. Dios, el dólar y las armas son los tres pilares que sustentan a este país.

Se independizó de Gran Bretaña en 1776. Desde entonces, ha tumbado a todos los imperios que les han hecho sombra (españoles, alemanes, japoneses, soviéticos…). Los estadounidenses han salvado a Europa de caer en las garras del comunismo, el nazismo y el fascismo y quizás lo deban hacer de nuevo con la amenaza del islam.

Su compromiso firme con la libertad y la democracia le ha valido para apoyar el derecho de autodeterminación y los procesos independentistas de las repúblicas latinoamericanas (con Venezuela a la cabeza), de las antiguas colonias de África y Asia (Liberia o Filipinas) o de naciones oprimidas en Europa (como Kosovo).

Estados Unidos fue la gran nación del siglo XX y lo será de nuevo en el XXI porque su gran fortaleza radica en ser una sociedad  sin fisuras donde su fuerte sentimiento de unidad nacional y el patriotismo ejemplar de su pueblo, simbolizado con una bandera de barras y estrellas en cada hogar, encarnan el orgullo de ser americano.

Y es también el país de las oportunidades, donde todo el mundo puede alcanzar el sueño americano de triunfar si se lo propone, donde el talento es bienvenido no importa de donde proceda. No es de extrañar que sea esta patria, y no otra, la que lidere el planeta… Estados Unidos cuenta con la bendición del mismísimo Dios.

Israel: el pueblo escogido por Dios.

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Israel es la punta de lanza de la democracia en Oriente Próximo, un bastión de la civilización occidental y la primera muralla de defensa de Europa frente al terrorismo islamista. Es la Tierra Santa donde nació, murió y resucitó Jesús. Pero por encima de todo, Israel es, le pese a quien le pese, el pueblo escogido por  Dios.

Después de casi 2.000 años de inexistencia, Israel volvió a ser un estado en 1948; de este modo se cumplió la promesa de Jehová de que reuniría a su pueblo y lo devolvería a su país (Ezequiel 36:24). Israel no existe por casualidad: es la voluntad divina la que lo sostiene pues debe cumplir un importante papel en el futuro.

Desde su nacimiento ha enfrentado mil y una guerras, conflictos e intifadas: Guerra de la Independencia (1948), Guerra del Sinaí (1956), Guerra de los Seis Días (1967), Guerra de Desgaste (1968-70), Guerra del Yon Kipur (1973), Guerras del Líbano (1982 y 2006) y un infinito etcétera. Israel cuenta las batallas por victorias.

Los judíos son un pueblo brillante y trabajador capaz de convertir un pequeño pedazo de tierra en una de las naciones más poderosas de la Tierra o de hacer florecer un vergel de naranjos en medio del árido desierto. Su inteligencia y talento asombran: sólo hay 15 millones de judíos y han ganado casi 200 premios Nobel.

Algunos malintencionados comparan a los hebreos con los nazis, pero lo cierto es que los alemanes mataban a los judíos porque pretendían exterminarlos mientras que los israelíes combaten contra terroristas para evitar que éstos les maten. Israel lucha por sobrevivir pues sabe bien que el día que pierda una sola guerra será su fin.

El judío es el pueblo que más ha sufrido en toda la historia de la humanidad y necesita de una patria para que nunca más se repita el Holocausto. Este pequeño estado es capaz de mantener a raya a más de 1.400 millones de musulmanes que desean su aniquilación. Y lo hace porque cuenta con la protección del mismo Dios.

Hacia la desaparición de España.

El espíritu de Arenys de Munt se abre paso en España. Esta localidad catalana celebró el pasado 13 de septiembre una consulta popular sin precedentes. A la pregunta de «¿Está de acuerdo que Cataluña devenga un Estado de derecho, independiente, democrático y social, integrado a la Unión Europea?» el 96% de los votantes se decantó por el sí, con una participación del 41% del padrón, similar a la de los comicios europeos o a la del referéndum que aprobó el Estatuto catalán de 2006.

Ayer, 13 de diciembre de 2009, se volvió a formular la pregunta a la ciudadanía de 166 localidades catalanas. El sí a la independencia ganó de calle con un 94% del total del voto. Como partidario que soy del derecho a la autodeterminación y de la democracia directa, considero esta consulta popular una auténtica fiesta de la democracia que, si bien no tiene valor legal alguno, sí contiene un indudable peso moral y social que debiera hacer reflexionar y mucho a la casta política y a la prensa de Madrid.

El actual Estado Español tiene los días contados. Con el avance imparable de la democracia  y las libertades nacionales, cada vez va a ser más difícil para España tener argumentos de cara a una hipotética secesión catalana. Especialmente, a partir del precedente jurídico internacional que supuso la independencia de Kosovo en 2008, la cual sienta un cambio en las reglas del juego: la secesión puede ser unilateral en tiempos de paz mientras cuente con apoyo de un grupo de países que reconozca al nuevo estado.

En los últimos tiempos un sinfín de nuevos estados se ha abierto paso en las entrañas de Europa: Ucrania, Lituania, Eslovaquia, Croacia, Montenegro, etc. España siempre argumenta lo mismo: que no es un caso comparable, que Cataluña no es Montenegro, que son casos distintos, etc. Y puede que tenga razón. Pero yo me pregunto: ¿qué inverosímil excusa pondrán los españoles el día que se independicen Flandes o Escocia? Porque ahí ya estamos hablando de Europa occidental, con una tesitura muy similar a la nuestra.

Yo auguro la desaparición de la actual España. Es cuestión de tiempo que Euskadi y Cataluña sean estados soberanos. Eso no tiene por qué significar la desaparición de España como tal. España puede sobrevivir a esto igual que sobrevivió a la pérdida de Cuba o de Argentina. Pero afectará a las fronteras del actual Estado Español y puede ocasionar un importante efecto dominó en otras autonomías, especialmente si éstas perciben que a Cataluña o a Euskadi les va mejor fuera de España que dentro de ella.

Montenegro: la fiebre independentista.

Montenegro ha experimentado un radical giro de 180º en su forma de pensar. La antaño consciencia nacional de lealtad y vocación unionista ha dejado paso en muy poco tiempo a una fiebre nacionalista desbordante. Montenegro se independizó de Serbia en 2006, es decir, hace ahora tres años. ¿Y qué tal le ha ido?

En sólo tres años de soberanía, el Producto Interior Bruto (PIB) del nuevo estado ha crecido un 84%, el sueldo medio se ha doblado, el paro ha descendido del 32 al 10%, el país ya no depende de las inversiones rusas y serbias, apunta a la Unión Europea (UE) y el montenegrino, antes considerado dialecto, es ahora idioma oficial.

El primer ministro montenegrino, el nacionalista Milo Djukanovic, es considerado poco menos que un rey y es que el cambio ha sido tan radical que si el referéndum de autodeterminación de 2006 se repitiese hoy, muchos proserbios que entonces votaron contra la independencia hoy lo harían a favor.

Montenegro es el ejemplo más palmario de lo que ocurre con un país cuando suelta el lastre: que despega. El lastre era Serbia, a la que Montenegro ha sido leal históricamente, hasta que la gente se quitó la venda de los ojos y se dio cuenta que no tenía sentido alguno pertenecer a un país problema como lo fueron Yugoslavia y Serbia.

El pueblo montenegrino recuerda por su gran lealtad y voluntad de sumar al pueblo valenciano. Pero, como los valencianos, también los montenegrinos tienen un límite a su enorme paciencia. El  hartazgo de tanta humillación y centralismo acabó empujando a ser independentista a una ciudadanía que jamás lo fue.

Montenegro es hoy una de las patrias más jóvenes pero con más porvenir de Europa y el espejo en que se miran los nacionalistas de todo el continente. En el futuro volverá a ser un estado rico y próspero pero en el presente  ya goza de la mayor de las fortunas de las que puede disfrutar cualquier pueblo: la de ser una nación libre.

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