El valencianisme es pareix a una ceba.

Fa mesos des de que vaig escriure el meu últim artícul en Llengua Valenciana. Encara que és l’idioma en el qual em sent més a gust i encara que m’apassiona tot lo que tinga relació ab la meua cultura, no sé de quin tema escriure. O millor dit, no en tinc de ganes. No m’avellix gens. Cada dia em trobe més trist i desmoralisat ab el país que tenim. Contemple l’afonament d’una cultura milenària en mig de l’indiferència d’una població valenciana que ni llig ni coneix la seua història ni defén lo seu. A voltes m’agradaria gitar-me, tancar els ulls i no tornar a obrir-los mai més.

Diu l’escritor i amic Joan Benet Rodríguez que el valencianisme es pareix a una ceba. No només perque et fa plorar ya que és un moviment que dona molts disgusts als qui portem Valéncia dins del cor. Ademés, es pareix a la ceba en que està compost de vàries pells i dins de tot es troba el cor. A sovint quan u entra en el valencianisme ho fa en el cor, en el núcleu, en el centre mateix del moviment i a mida que transcorre el temps va acostant-se poc a poc a les capes més externes del mateix, fins acabar totalment fòra d’ell. O com a mínim del valencianisme actiu.

Pense ara mateix en Laura Garcia Bru, Toni Fontelles, Pau Giner, Joan Batiste Sancho i en tants atres que varen fer coses importants per Valéncia i dels que ya no se sent res. No puc culpar-los ni molt manco. Al contrari. Entenc que cadascú té les seues obigacions personals, professionals i familiars. I al mateix temps em pregunte si no estaré yo acostant-me també a les parts més externes de la ceba, eixes que son l’antesala a abandonar la militància activa. ¿Qué tindrà esta terra i que tindrà el valencianisme que en lloc de sumar actius els va perdent pel camí?

¿Por qué son tan vagos los españoles?


Tengo un conocido alemán que se tuvo que trasladar de su país a Barcelona por requerimiento de la multinacional para la que trabaja. Dice que odia España, que los españoles son unos vagos y que no le extraña que sean pobres porque no tienen ganas de trabajar. La verdad es que el tío tiene razón. En Alemania por ejemplo nada más entrar en un restaurante el camarero ya te está atendiendo (y eso que aún no te ha dado tiempo ni a sentarte) mientras que en España te sientas en la mesa y a menudo debes esperar a que te atienda un camarero que no está haciendo nada en esos instantes. En España hay mucho vago. Hay mucho empleado que llega tarde al trabajo, mucho haragán que no pega ni golpe, que se inventa enfermedades para cogerse la baja y quedarse a dormir en casa, mucho listillo que trabaja en negro al tiempo que cobra del paro. Así es normal ser pobres.

En un negocio de atención al público, es muy frecuente encontrar empleados que pasan olímpicamente de sus clientes. Se les ve trabajando con total desgana. Y lo entiendo… porque en la mayoría de los casos cobran una miseria por hacer un montón de horas al día (ojo, que no se confunda esto con trabajar mucho) y la mayoría sabe que, da igual que lo haga bien, mal o regular, porque en cuanto se agote su contrato temporal de seis meses lo más probable es que su jefe le despida para contratar a otro tío. Así que si vas a ser despedido sí o sí… ¿para qué esforzarse? En España hay una coyuntura laboral en la que resulta muy difícil (que no imposible) quedarse en una empresa ya que al gerente le sale más barato contratar a un empleado nuevo y deshacerse del viejo que ofrecer un puesto indefinido a uno que ya tenía antes. Que pregunten a los curritos de Carrefour si no.

Yo he tenido todo tipo de empleos. Algunos en los que cobraba una limosna y otros en los que percibía un buen sueldo. En algunos curraba como un cabrón y en otros casi no pegaba ni golpe. Pero en todos ellos he tratado siempre de dar lo mejor de mí mismo y de que tanto mi jefe como los clientes quedaran satisfechos. Hay muchos españoles que desahogan su frustración atendiendo con desgana a los clientes. A mí esto me molesta profundamente. Mira, si cuando eras joven preferiste ir a bailar a la discoteca en lugar de estudiar y ahora tienes un trabajo patético en el que te sientes frustrado y no llegas a final de mes, pues ajo y agua. Pero yo, como cliente, no tengo por qué pagar los platos rotos de que tú cobres poco o que tu empleo sea deprimente. Es el trabajo siempre hay que dar lo mejor de uno mismo porque, de lo contrario, nunca jamás vas a poder prosperar en la vida.

Nuestro modelo laboral es una locura. En Europa Central y del Norte al empleado se le exige productividad, en España se exige hacer horas. Cuantas más mejor. Casi nunca se respeta el horario establecido de laborar ocho horas diarias. Lo normal es hacer siempre una o dos más (y lo normal es no cobrarlas). El problema es que se hacen un huevo de horas pero la faena no cunde. Porque de esas ocho horas, a menudo realmente se curran cinco. Y las otras tres se pierden en ir de aquí para allá, charlar con el compañero, fumarse un cigarrito, tomarse un café… En Holanda por ejemplo si ha acabado tu jornada laboral y todavía te quieres quedar más horas en el trabajo tu encargado lo ve mal… Significa que no has sido productivo… que nos has podido acabar a tiempo la faena. En España te piden cumplir con un horario, en Europa resultados. Es el Tercer Mundo contra el Primero.

Gran parte de la culpa la tienen los empresaurios de España, cuya mentalidad quedó anclada en el siglo XIX. En el puerto de Rotterdam por ejemplo, se puede cargar un barco entero de contenedores con solamente tres operarios. En Algeciras por ejemplo, harían falta al menos veinte. ¿La diferencia? Que los holandeses tienen alta tecnología, allí es todo mucho más mecanizado y por lo tanto necesitas menos trabajadores y te puedes permitir el lujo de pagarles sueldazos. Por contra, aquí nuestros empresaurios siguen apostando por el modelo obsoleto de la mano de obra barata… No quieren tecnología, luego no queda más remedio que contratar más peones… Al tener tantos, el empresaurio se ve forzado a tener que pagarles mucho menos. El problema en sí es que incluso así sigue siendo mucho más barato cargar un barco en Holanda o Alemania que en España.

Otra locura es el horario partido que tenemos. En casi todo el planeta se aplica el horario internacional… Es decir, te levantas bien temprano… trabajas tus ocho horitas de un tirón y  la tarde la tienes libre. En España trabajas por la mañana, haces un parón de dos horas para comer y luego, con todo el sopor de la digestión, te reincorporas por la tarde. Entre pitos y flautas esto significa que entras a trabajar a las nueve de la mañana y acabas a las nueve de la noche. No tienes tiempo para disfrutar de tu familia pero es que encima no sirve para nada… porque en diez horas de trabajo un español no hace ni la mitad de producción que un sueco en cinco. ¿No sería mucho mejor acabar el trabajo cuanto antes (bien hecho, claro está) y marcharnos a casa a disfrutar de nuestra vida personal? ¿Para qué pasarte 20 horas diarias en una oficina si te pasas el día perdiendo el tiempo?

Hay un dicho en Alemania que reza que si a un católico le das a elegir entre comer bien o dormir tranquilo, escoge lo segundo. El filósofo Max Webber ya explicó en su día por qué los protestantes son más ricos que los católicos… se esfuerzan más, trabajan más duro, tienen más ambición en prosperar, no son tan conformistas y sobre todo tienen más ética en el trabajo. No es de extrañar pues que la Europa protestante sea rica y la católica pobre o que lo mismo ocurra con América. Además de esto, en España se suman otros factores, como por ejemplo la clásica picaresca… En España está bien visto el que defrauda a Hacienda, el que se escaquea del trabajo. A menudo cuando un trabajador suda la camiseta en su empresa, despierta la inquina de los compañeros más vagos pues queda al descubierto su vagancia y se confabulan contra él para intentar que lo despidan pronto.

En los países protestantes se suele trabajar como un cabrón para tener una buena economía. Aquí se prefiere tener tiempo libre y disfrutar de la vida. En los Estados Unidos se anima a los universitarios a hacerse empresarios, aquí a presentarse a unas oposiciones y conformarse con un sueldecillo y un empleo estable. En los países anglosajones lo normal es querer formar tu propio negocio, en España lo normal es trabajar para otros. Si le planteas a tu familia ser autónomo te miran como a un extraterrestre y no es para menos porque son tantas las trabas burocráticas y fiscales que existen, que no vale la pena montar una empresa en España. Es triste decirlo pero es la pura verdad. En los Estados Unidos los ricos despiertan admiración. En España si partes de la nada, trabajas duro y te enriqueces en lugar de respeto despiertas la envidia de los vagos, los pobres y los vecinos.

Algunos achacan la pereza hispánica a su clima soleado y mediterráneo. Como si por el solo hecho de que haga calor, los españoles tuviesen que dormir la siesta en lugar de trabajar. Yo no creo que el clima tenga nada que ver, porque en California hace calor y la gente es trabajadora. Lo de España tiene más que ver con una mentalidad de hacer  el vago, de trabajar  lo menos posible aunque sea a costa de no poder llegar a final de mes. En este estado hay todo un sistema que fomenta, alienta y premia el parasitismo. Empezando por el rey, que cobra diez millones de euros anuales por dar la Copa una vez al año y leer el discurso de Navidad. No hay una mentalidad de esfuerzo, de sacrificio. Los alumnos pasan de curso casi sin estudiar. Y los mendigos, gorrillas y parásitos de Europa del Este vienen en oleadas a España porque saben que es el país ideal para poder vivir del cuento.

Por supuesto en este  país de países que es España no todos los pueblos son iguales. Hay unos más vagos que otros. En general, los que tienen una lengua propia (valencianos, baleares, catalanes, vascos, navarros…) suelen ser mucho más desarrollados, despiertos y emprendedores que los pueblos monolingües castellanos. A mayor dosis de castellanismo, mayor dosis de pereza y de pobreza. Hablo en general, por supuesto siempre hay excepciones. Pero qué duda cabe de que manchegos, extremeños o andaluces trabajan poco. Tan subvencionados están que se han acostumbrado a vivir de las limosnas que da el Estado (como en Cuba o Venezuela), con lo que, paradójicamente, las jugosas ayudas económicas que perciben para intentar desarrollarse son la mayor barrera a su desarrollo. ¿Para qué esforzarte si puedes vivir sin apenas trabajar? España es una fábrica de vagos.

Frisia: parecida a todos y a nadie.

Son muy parecidos a los ingleses, a los alemanes y a los holandeses y a la vez muy distintos de todos ellos. Son los frisones. Aunque Frisia se encuentra en Holanda, mantiene vínculos históricos con la Frisia Oriental, en Alemania. Al mismo tiempo, cultural y lingüísticamente tiene que ver con Inglaterra. Se parece a todos y a ninguno.

Este pueblo tiene lengua propia: el frisón occidental. Está emparentada con el frisón oriental y frisón del norte que se hablan en Alemania ya que Frisia perteneció al Imperio Germánico hasta 1860 cuando se unió a Países Bajos. Es la lengua más parecida al inglés. Un dicho reza: ¡Como la leche al queso, el inglés al frisón!

El frisón occidental parecía condenado a extinguirse ante el avance del holandés pero a finales del siglo XIX renació. En 1937 se aceptó como lengua opcional en la primaria y en 1995 como primordial. En 1938 se creó la Academia del Frisio. También se tradujo la Biblia. Actualmente, se trata de potenciar la lengua, que es oficial.

Los frisones tienen sus propias tradiciones. Cuando se hielan los lagos de la zona, practican el patinaje sobre hielo. También existe una gran tradición por la pelota valenciana y por el fierljeppen, un deporte autóctono muy divertido y parecido al salto de pértiga que consiste en conquistar una distancia horizontal lo más larga posible.

Otra  práctica es el wadlopen, que consiste en cruzar a pie el mar de Frisia cuando baja la marea en verano hasta llegar a las islas Ameland o Schiermonnikoog. Las vacas y caballos frisones, con manchas de color blanco y negro, son otro rasgo de identidad en esta tierra de histórica tradición ganadera como es la adorable Frisia.

Frisia es un país agrícola que disfruta de un alto nivel de vida, ideal para practicar el turismo rural, disfrutar de sus prados y contemplar sus numerosos molinos de viento. Frisia es un ancestral reino con fuerte identidad propia repleto de cosas típicas absolutamente maravillosas; una nación cultural que lucha por volver a ser estado.

Falacia atea: Si el Universo tuvo un creador, también Dios debe tenerlo.

Cuando uno le expone a los ateos que el Universo no pudo haberse originado a sí mismo, y que necesariamente ha de ser la obra de un Ser Superior a menudo replican que si el Cosmos tuvo un creador, entonces, por la misma regla de tres, también debe tenerlo Dios. ¿Quién creó al Señor? ¿Una especie de Súperdios quizás?

Pensemos por un momento en un autor y su obra: Leonardo da Vinci y la Mona Lisa. Cuando Leonardo pintó este cuadro decidió dotarlo de unas características concretas: supongamos por un momento que empleó nueve colores y un tamaño de medio metro de alto. Los datos son inventados, es tan sólo un ejemplo.

Quizás nos preguntemos ¿por qué nueve colores? ¿Por qué no empleó siete o catorce? ¿Y por qué medio metro de alto? ¿Por qué no un metro? Pues porque a Leonardo le dio la gana. Así de simple. Él, como artista, decidió dotar a su cuadro de unas características muy concretas que le dan un formato y que a su vez lo limitan.

Ahora bien ¿qué le parecería que alguien dijera «como el cuadro mide medio metro de alto Leonardo también debe medir como máximo medio metro, porque de lo contrario no cabría en el cuadro». O «si el cuadro tiene un máximo de nueve colores, entonces es imposible que Leonardo pueda vestir con ropas de diez colores».

Sería absurdo. Es Leonardo el que determina los límites de la Mona Lisa. No a la inversa. Es el artista el que limita al cuadro. Es el autor el que limita la obra. Es el creador el que limita la creación. Nunca al revés. De igual modo es Dios el que establece los límites del Universo, no el Universo el que establece los límites de Dios.

Creer que el espacio y el tiempo pueden limitar al inventor del espacio y del tiempo es tan absurdo como pensar que Da Vinci forzosamente debe caber dentro del marco de su cuadro. Que el Universo tenga unos límites determinados no significa en absoluto que deban afectar al Dios que ha creado el Universo y sus límites.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

—————————————————————————–

¿Te gusta el artículo? Puedes leer muchos más como éste en mi libro POR QUÉ DEJÉ DE SER ATEO. ¡Haz clic en la portada!

portada_josue_ferrer(2)

Euskadi: los pieles roja de Europa.

Entre un cielo gris como la ceniza y las praderas verdes existe un pueblo al que el cineasta Orson Welles ya retrató como distinto de cualquier otro. Los vascos no son españoles ni franceses. Los vascos son vascos. Son diferentes. Un pueblo aborigen heredero de los antiguos vascones. Ellos son los auténticos pieles roja de Europa.

El actual Euskadi nace en los años 70 con la fusión de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava. Su nacionalismo expansionista no obstante trata de anexionarse Iparralde y Navarra. Tristemente ETA es la imagen de Euskadi en el mundo. La banda terrorista ha asesinado a un millar de personas y hace que la gente esté muerta de miedo.

Los vascos son profundamente raros, cerrados, conservadores y tradicionalistas. Existe un fuerte sentimiento de pertenencia al grupo y pánico a quedarse fuera del mismo. Allí prima una mentalidad donde lo que importa es el colectivo y el individuo no cuenta. Son patriotas orgullosos de ser vascos y están apegados a su tierra.

Su lengua es extrañísima, más antigua que el latín y sin conexión con ninguna otra. Se compone de siete dialectos entre los cuales hay más diferencias que entre italiano y español. Sus históricos privilegios forales han forjado una patria industriosa y rica. Es un pueblo profundamente trabajador con una economía robusta.

Álava tiene la capital administrativa, Bilbao la musculatura industrial y financiera y la bellísima San Sebastián es la agitadora cultural en cine, música y arte. Patria fecunda en literatos como Nicolás de Ormaetxea, Gabriel Aresti, Bernardo Atxaga, Sabino Arana, Pío Baroja, Miguel de Unamuno, Blas de Otero, etc.

En esta ancestral tierra existe un conflicto vasco-español o vasco-vasco, que de todo hay, entre quienes desean la independencia y quienes se oponen a ella. Los vascos gozan de una de las identidades más acusadas del orbe y tienen derecho a decidir su futuro en paz. Es sólo una cuestión de tiempo que sean una nación libre.

Córcega: el futuro por delante.

Una de las peores cosas que le puede pasar a uno en la vida es pertenecer a una minoría étnica y vivir en el jacobino y centralista Estado Francés, una auténtica dictadura etnocida que aniquila cualquier lengua y cultura que no sea la oficial francesa. Ése es el infausto destino que le ha tocado en suerte al valiente pueblo corso.

Tanto es así que los corsos se vieron obligados a finales del siglo XX a recurrir al terrorismo para lograr un cierto autogobierno y la oficialidad de su lengua, muy parecida al toscano. Sin la lucha armada, ni siquiera esto tendrían por parte de una Francia que promueve activamente la uniformización y homogeneización del Estado.

La isla ha sufrido durante siglos la marginación económica de París, lo cual ha despertado un fuerte nacionalismo local.  Frente a la falta de inversiones e infraestructuras, el nacionalismo propone una Córcega independiente que sea un paraíso fiscal, lo cual la convertiría de hecho en uno de los países más ricos del mundo.

Córcega siempre fue una joya muy codiciada. Entre 1755 y 1769 logró sacudirse de encima el histórico dominio genovés y fue un estado independiente bajo la batuta del patriota corso Pasquale de Paoli. En 1769 el país fue fagocitado por Francia y por casualidad justo aquel año nació el dictador Napoleón Bonaparte en la isla.

Los antiguos atenienses bautizaron la isla como «Kallisté», que significa «la más bonita». Hoy se la conoce como «la isla de la belleza»… Bosques, montañas y preciosas playas de fina arena y aguas cristalinas que atraen cada año a miles de deportistas náuticos, submarinistas y amantes de la mar procedentes del mundo entero.

El pueblo corso tiene el complicado reto de decidir su destino. Si en el futuro escoge la independencia, tendrá un país libre y próspero. Si elige seguir formando parte de Francia, será simplemente una mancha que se diluye paulatinamente allá a lo lejos en el horizonte hasta acabar despareciendo de la vista para siempre jamás.

Las mentiras del dios mercado.

Primero empezaron diciendo que como en España nacían muy pocos niños hacía falta inmigrantes para fomentar la natalidad y así asegurar el futuro de las pensiones. Con dos millones de parados, vinieron a España más de cinco millones de trabajadores extranjeros en diez años. Nos dijeron que sin ellos el desarrollo económico era completamente imposible y que venían a desempeñar los trabajos que los nacionales se negaban a hacer (al parecer las naranjas se recogían solas antes de que llegaran los marroquíes). Los trabajadores autóctonos vieron cómo se hundían los sueldos y cómo dejaban de percibir las ayudas sociales en beneficio de unos recién llegados que, en muchos casos, ni tan siquiera tenían los papeles en regla.

«Todo sea por asegurar el futuro de las pensiones» -pensó más de uno-. No obstante, una vez instalados aquí los extranjeros, los mercados nos dijeron que aquello no era suficiente, que había que alargar la edad de jubilación hasta los 67 años (de momento: algún día serán 70), de lo contrario las pensiones peligraban. Tampoco esto fue suficiente; tocaba alargar el cómputo de años de la cotización (es decir, cobrar unas pensiones más bajas). También esto es insuficiente; ya hablan de hacer planes de pensiones privados como complemento a la jubilación. Cuando esto sea una realidad, tampoco resultará suficiente porque el siguiente paso lógico consiste en privatizar totalmente el sistema público de pensiones del Estado.

El dios mercado nos explicó que la receta mágica para aplacar al monstruo del paro pasaba por promover la flexiblidad laboral; esto es, los contratos temporales en los que el empleado ya nunca más sería fijo y  además percibiría sueldos de miseria. Nos dijeron que más vale tener un trabajo basura que no tener ninguno (con esta premisa se puede llegar  a defender que más vale trabajar por un plato de lentejas que no trabajar). Se aceptó, pero como no era suficiente para los mercados, luego nos reclamaron que había que abaratar el despido para generar puestos de trabajo (que es como decir que si facilitas el aborto libre nacerán más niños o que el divorcio expréss provoca más matrimonios). También esto se aceptó.

Los gurús del liberalismo nos dicen ahora que nada de lo anterior es suficiente, que el estado del bienestar es insostenible y que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. El dios mercado quiere introducir el copago en la sanidad pública. Cuando se transija, tampoco esto será suficiente. Habrá que privatizar la sanidad para que sea sostenible, así como la educación. Pero ni siquiera esto será suficiente. Después, el dios mercado reclamará que el jefe tenga derecho a acostarse con la esposa de su trabajador. Una vez se acepte, tampoco será suficiente, tendrá que acostarse con la hija del empleado. Si el obrero también traga con esto, el siguiente paso del patrón será bajarle los calzoncillos y darle por culo.

Nunca es suficiente para el dios mercado, porque su codicia es insaciable y no se va a detener hasta regresar a la esclavitud y al derecho de pernada. Quieren refundar el feudalismo. El gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, atendiendo a las presiones del dios mercado, ha reformado las pensiones para que los jóvenes nos jubilemos a los 67 años cobrando un 11% menos. Son las recetas del neoliberalismo, de esa extrema derecha económica que se ha adueñado del planeta, partido socialista y sindicatos incluídos. Somos herederos de un capitalismo salvaje que establecieron cuatro viejos que no creían en la igualdad ni en la justicia; cuatro buitres satánicos que están rapiñando el mundo.

Ni hace falta una inmigración salvaje para prosperar un país (véase si no Japón o Islandia) ni jubilarse más tarde para asegurar las pensiones (lo que hace falta es que ese 40% de la juventud española que está en el paro tenga trabajo y cotice a la Seguridad Social) ni los bajos salarios garantizan productividad (es la alta tecnología lo que te hace ser competitivo) ni lo privado necesariamente funciona mejor que lo público. Son las mentiras del neoliberalismo. Porque la única verdad en esta ceremonia de la confusión es que los ricos roban a los pobres y los bolcheviques del mercado, los talibanes del capitalismo, no piensan detenerse  hasta arrebatar a los mendigos el triste mendrugo de pan que hoy se llevan a la boca.

Relacionado: Dormir con la conciencia tranquila (una reflexión sobre la crisis en España). 

Relacionado: Una crisis artificial para destruir a la clase media.

Sudán del Sur: una nación para Cristo.


Una nueva nación libre está a punto de nacer: Sudán del Sur. Y será una nación para Cristo. Tras 55 años de unión impuesta y mal avenida y de un total de 38 años de guerra civil, Sudán desaparece tal y como lo conocíamos. Sudán del Sur (negro y cristiano) ha decidido separarse de sus vecinos árabes musulmanes del norte.

Los acuerdos de paz de 2005 que pusieron fin a la segunda guerra civil sudanesa (1983-2005) establecieron un referéndum de autodeterminación para el sur. En la consulta del 9 al 15 de enero de 2011 el pueblo se ha volcado abrumadoramente con el sí a la secesión: el 99% a favor de la independencia, que se oficializará en julio.

El hasta hace poco país más grande de África, Sudán, estaba dividido en tres regiones: el norte (con musulmanes árabes), Darfur (con musulmanes negros) y el sur (con cristianos y animistas negros). El norte, gobernado por islamofascistas y fanáticos, cometió durante años espantosos crímenes y genocidios en las otras dos zonas.

Jartum quería imponer el islam, la ley sharia y la lengua árabe para todo el mundo, sin espacio para la diversidad cultural o étnica. Frente a tal amenaza totalitaria, no ha quedado más remedio que la secesión. Ahora, el cristianismo podrá ser practicado en libertad y sin miedo a represalias en un país que ama a Jesús.

La nueva república será uno de los países con más recursos petrolíferos de África. El 90% de los pozos petroleros del antiguo estado de Sudán se encuentran en la región del sur, aunque tienen su vía de exportación a través del norte, con lo cual tanto musulmanes como cristianos deberán ponerse de acuerdo en el reparto del crudo.

Sudán del Sur es un país en ruinas por causa de las guerras. Y pese a su enorme riqueza petrolera, probablemente el pueblo pasará hambre porque el dinero se lo quedarán los cuatro de siempre. Pero al menos se han sacudido de encima a la paranoica secta de la media luna y su brutal represión. Es el primer paso para ser libre.

Dios o el juzgado ¿quién es el trámite?

Hay cosas que no entiendo de la Iglesia Evangélica y de sus pastores. A la hora de celebrar un matrimonio existen dos visiones opuestas. Por ejemplo, los pastores africanos consideran que lo importante es la boda por la iglesia y el juzgado lo secundario. Tanto es así que te pueden casar el próximo domingo si quieres, sin necesidad  de esperar al permiso del juez. Cuando se resuelva el papeleo, dentro de ocho o nueve meses, te limitas a casarte por el juzgado con un par de testigos y ya está. Firmamos los papeles, un par de fotos y a casa. Los pastores gitanos hacen exactamente igual. Es una buena medida para evitar caer en tentación, ya que los cristianos estamos llamados a guardar la abstinencia sexual antes de la boda.

Pero para los pastores valencianos sucede al revés. Primero debes esperar los nueve meses del papeleo y después te casas por la iglesia. Es como si el visto bueno del juez fuera más importante que el de Dios. Para mí es secundario lo que diga una administración corrupta hasta las cejas. En ese sentido no entiendo por qué hay pastores que se niegan a casar a una pareja hasta que hayan concluído todos los trámites burrocráticos, porque sería más sencillo casarse y cuando, dentro de un año, te llamen para poner una firmita vas y la pones. Para negros y gitanos la boda por la iglesia es lo que cuenta y el juzgado un trámite. Para los blancos parece como si lo realmente importante fuera el juzgado y  la bendición de Dios el trámite.

Los pastores que defienden la segunda postura argumentan que la Biblia dice que hay que respetar  a las autoridades. Y digo yo que éstas no están por encima de Dios porque de lo contrario tendríamos que aceptar el aborto, las parejas de hecho o los gaymonios y  lesbimonios, ya que, al fin y al cabo,  todos han sido puestos por las autoridades. Si para un pastor lo realmente importante es el visto bueno del juez y no el de Dios ¿para qué casarse por la iglesia? Sería más sencillo hacerlo por el juzgado y ya está. En mi modesta opinión, un matrimonio civil no existe a los ojos de Dios por la sencilla razón de que éste se hace a propósito para no invitarle a la boda. Soprendentemente, no todos los pastores cristianos piensan así.

Cierto es que en el primer modelo -el africano y gitano- tu boda no tiene validez legal (en teoría, ojo) hasta que los burrócratas concluyan el papeleo. Digo en teoría porque existe un precedente de una mujer, María Luisa Muñoz La nena,  que se casó por el rito gitano en 1971. Durante casi 30 años de matrimonio no acudió nunca a inscribirse en el registro civil y cuando su marido falleció en 2000, ella solicitó una pensión de viudez. Y el Tribunal de Estrasburgo falló a su favor en una sentencia histórica. Si los cristianos no somos de este mundo ¿cuándo estamos realmente casados? ¿Cuando lo dictamina un juez o cuando lo dictamina el Todopoderoso? Es asombroso que para muchas iglesias Dios sea el trámite.

Tercermundismo centralista o autonomía.

Desde hace tiempo venimos escuchando un ronroneo preocupante: hay que eliminar las autonomías. Este discurso suena con mucha fuerza en la Meseta pero carece de apoyos fuera de ella. Es la típica soflama del nacionalismo español; ése que siempre se presenta como no nacionalista y que siempre es el más nacionalista de todos. Pretender eliminar las comunidades autónomas significa ni más ni menos que apostar por el modelo tercermundista de Marruecos, Nepal o Chad. En la Meseta hay muchos descerebrados que piensan que España sería un país idílico si todos fuésemos exactamente iguales (a ellos, claro). Y por eso que mejor que un estado bien centralista en el que 45 millones de habitantes dependan de Madrid.

La República Bolivariana de Venezuela es un país plenamente centralista. Tanto es así que  por ejemplo para renovar el pasaporte debes pedir cita en Caracas. Es decir, puedes vivir en el Estado Amazonas (en la frontera con Brasil) y simplemente para renovar el pasaporte debes viajar en autobús durante casi 20 horas o tomar un avión para ir a Caracas. Esto es lo que a muchos madrileños y castellanos les gustaría. Que uno tenga que desplazarse desde Tenerife hasta Madrid solamente que para que le pongan un cuño en un papel. Que tengamos que pedir permiso a Madrid hasta para ir a cagar. Los castellanos son así de cutres y tercermundistas. No es casualidad que el interior de España esté como está.

El Estado de las autonomías ha traído un gran desarrollo a las nacionalidades y regiones. Y además es algo inherente a la historia de esta tierra. Porque antes de que existiera España ya habían reinos con tradición, cultura e identidad propias. Los países más desarrollados del mundo, como Alemania o Suiza, son descentralizados. Los Estados Unidos, donde Washington tiene poco poder en comparación con los estados federados, no por ello dejan de estar unidos. Y en España la descentralizacion a los ayuntamientos es la asignatura pendiente para que la administración esté cerca del pueblo. Si puedo resolver un asunto en mi ciudad o como mucho, en la capital de mi comarca ¿para qué tener que ir más lejos?

Ahora se queja la caverna de Almansa de que en el Senado español se usarán las lenguas cooficiales. Que para qué si con un solo idioma (el suyo, claro) nos entendemos todos. Que es un gasto inútil en traductores y que ese coste podría emplearse para asegurar las pensiones. Curiosamente, ninguno de estos centralistas se quejó de que el lehendakari vasco, Paxti López, gastara en tiempos de crisis 60.000 euros en poner banderitas españolas en las comisarias del País Vasco. Que menos que en una cámara que es de representación territorial estén representadas las lenguas de las regiones (aún así, no están representadas todas). Lenguas que nos dicen que son españolas pero que no quieren ver ni en pintura.

Nos dice la derecha más españolista y cavernaria que desde que han entrado en funcionamiento las autonomías, se ha disparado el déficit de forma tremenda. Bueno, también desde que los derechos humanos están en vigor en España se ha multiplicado la deuda y la solución no es volver al franquismo.  El problema no es de autonomías sino de despilfarro y corrupción. Aquí no ha habido reparto de competencias sino multiplicación. Porque por ejemplo de la competencia de turismo se ocupa el estado, la autonomía, la diputación y el ayuntamiento. Cuatro administraciones haciendo todas lo mismo. Y a eso le sumamos la Unión Europea (UE), que nadie bien sabe que demonios hace  pero nos cuesta como si lo hiciese todo.

Si todo el mundo se encarga de todo, lógicamente tendremos unas cuentas insostenibles. De ahí la bancarrota. Pero eso se resuelve haciendo un reparto racional de competencias. De lo que se encargue el Estado, que no se encarguen las autonomías. Y viceversa. Y eliminar las diputaciones provinciales, que ésas sí, son un costoso florero decorativo que no sirve para nada salvo para enchufar a los familiares de los políticos. Pero esto es lo que no quieren ver los nacionalistas españoles… a ellos les gustaría un estado homogéneo, uniforme y centralista. El presidente yugoslavo Slobodan Milosevic también quería hacer lo mismo. ¿Cómo no va a haber separatistas cuando hay separadores? Aprendamos de la historia.

Anteriores Entradas antiguas Siguiente Entradas recientes