Darfur: el derecho a vivir en paz.


Darfur fue un sultanato independiente por siglos hasta que fue incorporado a Sudán contra su voluntad por las fuerzas anglo-egipcias en 1916. Hoy es una pobre y desértica región del tamaño de España situada en la parte occidental de Sudán. Darfur quiere decir «el hogar de los Fur», que es la etnia mayoritaria del país.

En Darfur viven seis millones de personas, la gran mayoría de raza negra y religión musulmana, dedicadas a la agricultura. Las etnias principales son los Fur, los Zaghawa y los Masalit. Estas tribus negras conviven con una minoría de raza árabe venida de fuera y también musulmana dedicada al pastoreo: los Baggara.

Sudán es una teocracia islamista gobernada por místicos, locos y asesinos. Sus líderes impulsaron dos larguísimas y devastadoras guerras civiles contra la población del sur, mayoritariamente animista y cristiana, que finalmente acabó con la creación de Sudán del Sur como nuevo estado independiente en julio de 2011.

Masacrar a cristianos y animistas no fue suficiente. Desde los años 80 y 90, el Estado de Sudán armó a paramilitares árabes que asesinaron a miles de negros. La situación de dolor llegó al punto de que en 2001 grupos de Fur y Zaghawa juraron por el Corán luchar  juntos contra los ataques gubernamentales en sus aldeas.

En 2003 los ataques de los rebeldes negros contra el Estado se intensificaron y Jartum llamó al ejército y a los paramilitares para arrasar a los insurgentes. Se perpetró un genocidio: 750.000 negros muertos, 2.000.000 de desplazados y hasta una guerra con Chad. En 2007 Naciones Unidas mandó tropas de paz a la zona.

El motivo de tanta sangre radica en el odio racista y en el control de los escasos recursos de la paupérrima región, en especial el agua dulce. Tras la secesión de Sudán del Sur, cada vez más darfuríes reclaman la autodeterminación. La convivencia con Sudán es imposible; sólo un Darfur independiente puede traer la paz.

Unión Europea: la torre de Babel.

A partir de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el Viejo Continente hizo un esfuerzo para que alemanes y franceses nunca más fueran a la guerra. Nacía en 1951 la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA), con seis miembros fundadores: Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Francia, Alemania e Italia.

Con los años el número de miembros creció y la CECA pasó a ser Comunidad Económica Europea (CEE) (1957) y después Unión Europea (UE) (1992). Hoy es un gran mercado con cuatro libertades de circulación: personas, bienes, servicios y capitales. Su talón de aquiles es la carencia de una política exterior y defensa común.

Hoy, con 27 estados miembros, 500 millones de habitantes y unas instituciones sólidas, la UE es una alianza fuerte y próspera, una comunidad de valores basada en la paz, libertad, democracia, el imperio de la ley, la tolerancia y la solidaridad. Es el espacio económico más grande del planeta y un gran crisol de lenguas y culturas.

Eso en teoría, porque para los euroescépticos la UE es una dictadura disfrazada donde la ciudadanía no cuenta, una suerte  de Cuarto Reich en el que Alemania quiere dominar a todos, una pesada y carísima maquinaria burocrática que nos ha traído una moneda única, la del euro, con la que vivimos mucho peor que antes.

Los europeístas, en cambio, ven con buenos ojos que los estados miembros cedan cada vez más soberanía a la Unión. Persiguen el sueño romántico de crear en el futuro una gran Confederación, una suerte de Estados Unidos de Europa que pueda competir con los de América y con China. Es el naciente nacionalismo europeo.

Sea como fuere, unos y otros coinciden en que la Unión es un reino de taifas. La UE tiene vocación de imperio pero recuerda más a un gigante con pies de barro. Parece una nueva torre de Babel donde sus constructores no se entienden. Y no sólo por el idioma sino sobre todo porque en el fondo no tienen demasiado en común.

Andorra: el país de los Pirineos.

Enclavado en el corazón mismo de los Pirineos se encuentra un diminuto país: Andorra. Este principado tiene como jefes de estado al obispo de Urgell y al presidente de la República Francesa. Carece de fuerzas armadas propias y su defensa es responsabilidad directa de España y Francia. El catalán es la lengua oficial.

La historia de Andorra es un juego de supervivencia y malabarismos para mantener unos privilegios. Ha sabido jugar sus cartas para no ser anexionado por París ni por Madrid y  mantener su independencia desde 1278. Por siglos ha disfrutado de una vida tranquila, ajena a las sempiternas guerras y crisis de Europa.

30.000 andorranos y 50.000 extranjeros sin derecho de voto viven cómodamente de la banca privada, pistas de esquí, bazares de electrónica y perfumerías. Es un paraíso fiscal de fuerte secreto bancario y nula fiscalidad directa que le permite atraer grandes fortunas pero también fuertes presiones de la Unión Europea (UE).

Andorra está en la encrucijada: seguir siendo un paraíso blindado a la competencia internacional o abrir sus fronteras a inversores extranjeros para que los empresarios andorranos, en reciprocidad, puedan hacer negocios más allá de sus fronteras sin pagar unos fuertes aranceles. Espléndido aislamiento o economía global.

Andorra estudia cómo abrirse al mundo pero le da mucho miedo. El país es muy pequeño y no puede aceptar la libre circulación de personas, porque llegaría una avalancha de foráneos ni tampoco la de capitales, ya que una multinacional gala podría comprar el país entero. Y si entrara en la UE al ser rico sería contribuidor neto.

Cómo no quedarse aislado y al mismo tiempo mantener los actuales privilegios. He ahí el dilema. Sin duda una difícil partida de poker la que tienen que jugar sus políticos. Pero Andorra es un país de estrategas acostumbrados a negociar. Llevan siglos haciendo malabarismos diplomáticos y hasta la fecha, siempre les ha salido bien.

Gales: el despertar del dragón.

Gales es una de las naciones constituyentes del Reino Unido. Es una patria de raíces celtas y posee una identidad cultural diferenciada. Es un país bilingüe donde son oficiales el inglés y el galés, que todavía es hablado por el 20% del pueblo a pesar de la imposición lingüística anglosajona que ha padecido por siglos.

Gales es uno de los países más bellos del mundo: una inmensidad de praderas, dólmenes, monumentos y castillos, aunque es más conocido por ser una potencia del rugby. Como el resto de naciones constituyentes de Reino Unido, Gales dispone de una selección nacional propia en muchos deportes, como el fútbol o el rugby.

Durante un tiempo el puerto de Cardiff fue el líder mundial en el transporte del carbón, y antes de la Primera Guerra Mundial tenía un tráfico de mercancias más intenso que Londres o Liverpool. La Gran Depresión acabó con buena parte de la industria galesa y hoy el país vive de las telecomunicaciones y de una economía de servicios.

En 1216 Llywelyn el Grande fundó el Principado de Gales. Pero duró poco: su hijo Llewelyn fue el último príncipe de un Gales independiente al ser derrotado por el rey Eduardo I de Inglaterra en el siglo XIII. El país fue incorporado a Inglaterra por el Estatuto de Rhuddlan de 1284 y después por el Acta de Unión de 1536.

Entre 1400 y 1412 el nacionalista Owain Glyndwr restauró la independencia. Pese a tantos siglos de ocupación, no hay un sentimiento antiinglés acusado como el de Escocia o Irlanda. Las relaciones entre Cardiff y Londres son buenas hasta el punto de que el hijo del rey de Inglaterra ostenta el flamante título de príncipe de Gales.

Pero esto empieza a cambiar. Existe un interés creciente por recuperar la lengua y folclore galeses. Desde 1999 el principado dispone de parlamento propio y ahora discute con Londres la devolución de competencias para mejorar el autogobierno. El nacionalismo pide paso. Tras un largo sueño, el dragón galés comienza a despertar.

Rapa Nui: el último confín de la Tierra.

Rapa Nui es una isla de gran belleza natural famosa por sus moáis y por la misteriosa etnia rapa nui, de lengua y cultura ancestrales. Está tan alejada del resto del mundo que antes de la llegada de colonos europeos, los nativos pensaban que era el único lugar del planeta y más allá, sólo existía un océano infinito.

En este apartado rincón del globo viven casi 4000 personas y la principal fuente de riqueza es el turismo. No obstante, los rapa nui abominan a los forasteros, especialmente los chilenos, que se quedan a vivir largo tiempo. La isla es pequeña y temen una presión migratoria que haga peligrar su cultura polinesia y estilo de vida.

Pascua pasó a ser parte de Chile en 1888, después de que la armada del vecino país comprase los territorios propiedad de residentes extranjeros. El gobierno chileno firmó con el representante de los nativos un tratado de anexión formal, en un episodio donde no primó la negociación sino la amenaza de una invasión militar.

En los últimos cincuenta años, los rapa nui o pascuenses realizaron recurrentes solicitudes de mejoras al gobierno de Santiago de Chile, demandas que fueron sistemáticamente ninguneadas. El desarrollo es una palabra desconocida en la isla, sobre todo en materia de educación, infraestructura, tecnología o recogida de basuras.

Rapa Nui dispone de un aeropuerto en el que pueden aterrizar grandes aeronaves y hasta transbordadores espaciales en caso de emergencia. Sin embargo, sólo se puede viajar a la isla a través del ejército chileno y Aerolíneas LAN. Ninguna otra empresa puede operar allí. Esta política discriminatoria es conocida como «cielos cerrados».

A raíz de la reiteración en las políticas de aislamiento, la casi totalidad de los habitantes de Pascua muestra su deseo de independizarse. Fruto de esta presión, en 2007 Chile concedió el estatus de territorio especial a la isla. Los rapa nui en absoluto se sienten chilenos y todo apunta a que llegará el día en que dejen de serlo.

Chile: el país más serio de Latinoamérica.

Frente al desastre caótico que es Latinoamérica, Chile es contemplado desde el extranjero como un país políticamente estable y un socio comercial fiable. En Chile hay moderación política y seguridad jurídica: se puede hacer negocios porque no hay populismos que amenacen con expropiar o que incumplan lo que firman.

Es como si la gran cordillera andina que aprisiona al país le aislara no sólo geográfica sino también políticamente del contexto vecino. Chile vive de espaldas a Latinoamérica. Siempre tuvo buena relación con Inglaterra y pésima con Perú, Bolivia -a quienes declaró la guerra y arrebató tierras- y Argentina, su rival de siempre.

Pero la auténtica guerra se libra en el interior. En 1973 el general Augusto Pinochet dio un golpe de estado que acabó con el presidente Salvador Allende. Pinochet instauró una dictadura fascista que duró 25 años y nunca fue juzgado por sus crímenes. No hubo reconciliación y perduran las cicatrices del trauma.

El país suramericano es pionero en la aplicación de un innovador sistema de pensiones basado en fondos de capitalización muy alejado de la estafa piramidal del modelo de reparto de la Seguridad Social. Este sistema, con diversas variantes, está siendo copiado en un número cada vez mayor de naciones del Primer Mundo.

El 95% de la sociedad chilena se compone de criollos descendientes de europeos, y de mestizos fruto del cruce de blancos con indígenas. Existen numerosas minorías étnicas, entre las que destaca la etnia mapuche -más de un millón de personas- y la rapa nui, en la Isla de Pascua. En lo cultural, es la patria del poeta Pablo Neruda.

Chile ha recorrido el camino inverso a Latinoamérica. Si en el último medio siglo, el subcontinente ha pasado de ser una región próspera a un marasmo de caos, populismo y corrupción, la nación andina proviene de un pasado pobre y convulso pero ahora es un ejemplo de seriedad para la zona. Chile crece y va a más.

Francia: el pueblo más valiente del mundo.

Si en América el liderazgo indiscutible corresponde a los Estados Unidos, Europa es un corral lleno de gallos que compiten entre sí. Y si en el Viejo Continente Alemania es la locomotora económica y Holanda la fábrica de ideas, en lo político y en lo cultural ese papel de liderazgo corresponde sin lugar a dudas a la gran Francia.

Francia es el pueblo más valiente y libertario del mundo, siempre dispuesto a defender sus derechos y a luchar contra la tiranía. Es el país de la Revolución Francesa y del Mayo del 68, la nación que por dos veces venció a Alemania en las Guerras Mundiales y que actualmente lidera, junto con Berlín, la Unión Europea (UE).

Pero Francia es también una cárcel de naciones, un estado centralista y homogeneizador que empuja a decenas de lenguas y culturas casi a su extinción. Allí sólo impera la cultura oficial francesa y ninguna otra tiene cabida. También lleva a la práctica un laicismo extremo que condena a la religión a la esfera de lo íntimo.

Francia llegó a conquistar casi toda Europa en tiempos del emperador Napoleón Bonaparte. Y en el siglo XIX levantó un gran imperio  en Asia y África (aún hoy tutela a sus ex-colonias). Es un pueblo chovinista que añora la grandeza del pasado y que en su subconsciente piensa de sí mismo que es mejor que Estados Unidos.

Es tierra de literatos (Voltaire, Montesquieu, Víctor Hugo, Gustave Flaubert, Marcel Proust…), científicos (René Laënnec, Louis Pasteur…), artistas (Georges de La Tour, Eugene Delacroix, Eduard Manet, Claude Monet, Auguste Rodin…), cineastas (hermanos Lumiere, George Meliès…), etc.

Junto con el judeocristianismo de Israel y la cultura grecolatina de Atenas y Roma, los principios y valores democráticos que emanan de la Revolución Francesa configuran las bases de la moderna sociedad occidental. La aportación gala a la cultura universal es capital. Occidente no sería lo que es de no ser por Francia.

Países Bajos: el cerebro de Occidente.

Si en la Antigüedad Atenas se convirtió en el cerebro del mundo, en la actualidad tal honor corresponde, desgraciadamente, a los Países Bajos. Holanda es el país con más ateos de Europa (55% de la población) e impulsa políticas inmorales que después son copiadas por Occidente como si de un signo de modernidad se tratase.

Holanda es famosa por legalizar la prostitución, el cannabis, el gaymonio y lesbimonio, la eutanasia, el aborto libre o el cambio de sexo. Y ahora cada vez más voces reclaman legalizar tener sexo con niños de 12 años, con animales, la pornografía infantil, la prostitución a partir de los 16 o poder ir desnudo por la calle.

Pero frente a ese Amsterdam ateo de fumaderos y escaparates donde se exhiben rameras como mercancias, se encuentra el cinturón bíblico de Rotterdam (que por cierto tiene el mejor puerto de Europa) y que promueve políticas conservadoras y neutralizar el totalitarismo islamista que los inmigrantes trajeron consigo en la maleta.

Holanda es el laboratorio sociológico de Europa… Su degeneración provoca un efecto contagio que se extiende imparable como mancha de aceite. El presente holandés es el futuro europeo: cierre de iglesias por falta de fieles, auge del ateísmo, la inmoralidad y el relativismo; y el islam como amenaza a la democracia liberal.

Por otro lado, este poderoso y pacífico reino es conocido popularmente por sus molinos de viento, zapatos de madera, tulipanes y paseos en bicicleta. Su aporte a la cultura es sobresaliente con figuras como Erasmo de Rotterdam, Baruch Spinoza, Rembrandt, Vincent Van Gogh, Marco Van Basten o Johann Cruyff.

Los Países Bajos es una de las patrias más potentes y desarrolladas del globo, con una economía altamente productiva, gran nivel de bienestar y un compromiso inquebrantable con la democracia y los derechos humanos. Es una gran nación con una gran historia pero es también el cáncer que está descristianizando Europa.

Italia: el país del arte.

Sucesor del Imperio de Roma y de las repúblicas y reinos que dieron al mundo el Renacimiento, el actual Estado Italiano pretende ser el heredero natural de un legado histórico y cultural incomparable. Milán, Roma, Pisa, Florencia… Italia entera es un gigantesco museo repleto de tesoros artísticos. Es sin duda el país del arte.

Italia nació a finales del siglo XIX tras la unificación forzosa de un sinfín de pequeñas naciones que hasta entonces habían sido rivales. Las distintas lenguas fueron reconvertidas a dialectos por motivos políticos para forjar una lengua nacional -el italiano- que cohesionara el Estado, que actúa como cárcel de naciones.

Para algunos Italia es un laboratorio político que se adelanta a Europa, para otros un país ridiculo y siniestro con una clase política mafiosa y corrupta digna del pueblo italiano que siempre culpa al extranjero y nunca asume responsabilidades. Es un país de hombres seductores, mujeres florero y un poso de catolicismo muy fuerte.

Italia es un país de contrastes: genial y caótica, corrupta pero poderosa. Es una gran potencia pese a sus gobernantes. Tiene una economía diversificada y un gran fraude fiscal. Un norte rico e industrial y un sur donde se apilan montañas de basura y donde nadie respeta las señales de tráfico. Italia es lo mejor y lo peor a la vez.

Italia es una superpotencia cultural, una fábrica inagotable de talentos en todas las disciplinas, como la música (Giuseppe Verdi, Giacomo Puccini, Luciano Pavarotti…), el cine (Vittorio de Sica, Luchino Visconti, Federico Fellini, Pier Paolo Pasolini…) o la literatura (Luigi Pirandello, Darío Fo, Umberto Eco…)

Es también una tierra fecunda en éxitos deportivos (Ferrari, Milan AC, Paolo Maldini, Giacomo Agostini…) y un destino turístico de primer orden famoso por la simpatía de sus gentes, la majestuosidad de sus monumentos, la calidez del sol mediterráneo, la pasta o la pizza. Un país que hace del mundo un lugar más bello.

Irak: el país de las guerras.


Entre los ríos Tigris y Eufrates existe una tierra milenaria, cuna de la civilización y de la agricultura, centro de naciones históricas como Acadia, Asiria, Babilonia o el Califato Abasí. En ella se halla el actual Estado de Irak, que poco o nada tiene que ver con ellas, y que está dividido en tres naciones enfrentadas: suníes, chiíes y kurdos.

En el siglo XX Irak se emancipó de dos poderosísimos imperios coloniales: el otomano y el británico. Desde su independencia, Irak se ha caracterizado por ser el país de las guerras. De 1961 a 1970 los separatistas kurdos estuvieron en lucha contra el estado y en 1967 Irak fue aplastado por Israel en la Guerra de los Seis Días.

En los años 80 Irak era un estado relativamente potente donde la gente vivía con cierta comodidad. Pero el dictador Sadam Hussein comenzó una serie de conflictos que cada vez hicieron más pobre y débil al país. Irak atacó Irán para anexionárselo, la guerra duró ocho años (de 1980 a 1988) y finalmente acabó en tablas.

En 1990 Sadam invadió y se anexionó Kuwait, pero en 1991 una coalición militar de una treintena de naciones encabezada por Estados Unidos aplastó al país durante la célebre Guerra del Golfo Pérsico. Dicha conflagración tuvo una segunda entrega en el año 1998, cuando Estados Unidos bombardeó de nuevo Irak.

En 2003 llegó la Guerra de Irak (que dura aún hoy). Con los falsos argumentos de que Bagdad poseía armas de destrucción masiva y colaboraba con terroristas, una coalición internacional  bajo liderazgo angloamericano decidió ejecutar a Sadam y ocupar la asolada patria con la excusa de llevar la democracia a la región.

El resultado no ha podido ser más catastrófico: una pseudodemocracia que no convence a nadie, el petróleo y el gas controlados por potencias extranjeras, una salvaje espiral de atentados terroristas, guerra de guerrillas de la resistencia contra los ocupantes aliados y hasta peligro de balcanización. Es la anarquía total.

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