Falacia atea: Si el Universo tuvo un creador, también Dios debe tenerlo.

Cuando uno le expone a los ateos que el Universo no pudo haberse originado a sí mismo, y que necesariamente ha de ser la obra de un Ser Superior a menudo replican que si el Cosmos tuvo un creador, entonces, por la misma regla de tres, también debe tenerlo Dios. ¿Quién creó al Señor? ¿Una especie de Súperdios quizás?

Pensemos por un momento en un autor y su obra: Leonardo da Vinci y la Mona Lisa. Cuando Leonardo pintó este cuadro decidió dotarlo de unas características concretas: supongamos por un momento que empleó nueve colores y un tamaño de medio metro de alto. Los datos son inventados, es tan sólo un ejemplo.

Quizás nos preguntemos ¿por qué nueve colores? ¿Por qué no empleó siete o catorce? ¿Y por qué medio metro de alto? ¿Por qué no un metro? Pues porque a Leonardo le dio la gana. Así de simple. Él, como artista, decidió dotar a su cuadro de unas características muy concretas que le dan un formato y que a su vez lo limitan.

Ahora bien ¿qué le parecería que alguien dijera «como el cuadro mide medio metro de alto Leonardo también debe medir como máximo medio metro, porque de lo contrario no cabría en el cuadro». O «si el cuadro tiene un máximo de nueve colores, entonces es imposible que Leonardo pueda vestir con ropas de diez colores».

Sería absurdo. Es Leonardo el que determina los límites de la Mona Lisa. No a la inversa. Es el artista el que limita al cuadro. Es el autor el que limita la obra. Es el creador el que limita la creación. Nunca al revés. De igual modo es Dios el que establece los límites del Universo, no el Universo el que establece los límites de Dios.

Creer que el espacio y el tiempo pueden limitar al inventor del espacio y del tiempo es tan absurdo como pensar que Da Vinci forzosamente debe caber dentro del marco de su cuadro. Que el Universo tenga unos límites determinados no significa en absoluto que deban afectar al Dios que ha creado el Universo y sus límites.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Dios o el juzgado ¿quién es el trámite?

Hay cosas que no entiendo de la Iglesia Evangélica y de sus pastores. A la hora de celebrar un matrimonio existen dos visiones opuestas. Por ejemplo, los pastores africanos consideran que lo importante es la boda por la iglesia y el juzgado lo secundario. Tanto es así que te pueden casar el próximo domingo si quieres, sin necesidad  de esperar al permiso del juez. Cuando se resuelva el papeleo, dentro de ocho o nueve meses, te limitas a casarte por el juzgado con un par de testigos y ya está. Firmamos los papeles, un par de fotos y a casa. Los pastores gitanos hacen exactamente igual. Es una buena medida para evitar caer en tentación, ya que los cristianos estamos llamados a guardar la abstinencia sexual antes de la boda.

Pero para los pastores valencianos sucede al revés. Primero debes esperar los nueve meses del papeleo y después te casas por la iglesia. Es como si el visto bueno del juez fuera más importante que el de Dios. Para mí es secundario lo que diga una administración corrupta hasta las cejas. En ese sentido no entiendo por qué hay pastores que se niegan a casar a una pareja hasta que hayan concluído todos los trámites burrocráticos, porque sería más sencillo casarse y cuando, dentro de un año, te llamen para poner una firmita vas y la pones. Para negros y gitanos la boda por la iglesia es lo que cuenta y el juzgado un trámite. Para los blancos parece como si lo realmente importante fuera el juzgado y  la bendición de Dios el trámite.

Los pastores que defienden la segunda postura argumentan que la Biblia dice que hay que respetar  a las autoridades. Y digo yo que éstas no están por encima de Dios porque de lo contrario tendríamos que aceptar el aborto, las parejas de hecho o los gaymonios y  lesbimonios, ya que, al fin y al cabo,  todos han sido puestos por las autoridades. Si para un pastor lo realmente importante es el visto bueno del juez y no el de Dios ¿para qué casarse por la iglesia? Sería más sencillo hacerlo por el juzgado y ya está. En mi modesta opinión, un matrimonio civil no existe a los ojos de Dios por la sencilla razón de que éste se hace a propósito para no invitarle a la boda. Soprendentemente, no todos los pastores cristianos piensan así.

Cierto es que en el primer modelo -el africano y gitano- tu boda no tiene validez legal (en teoría, ojo) hasta que los burrócratas concluyan el papeleo. Digo en teoría porque existe un precedente de una mujer, María Luisa Muñoz La nena,  que se casó por el rito gitano en 1971. Durante casi 30 años de matrimonio no acudió nunca a inscribirse en el registro civil y cuando su marido falleció en 2000, ella solicitó una pensión de viudez. Y el Tribunal de Estrasburgo falló a su favor en una sentencia histórica. Si los cristianos no somos de este mundo ¿cuándo estamos realmente casados? ¿Cuando lo dictamina un juez o cuando lo dictamina el Todopoderoso? Es asombroso que para muchas iglesias Dios sea el trámite.

El mundo está en deuda con Estados Unidos.

Por todos es sabido que hay un antiamericanismo creciente en el mundo. Yo, por contra, pienso que el mundo está en deuda con Estados Unidos (EEUU). Fueron los americanos los que salvaron a Europa de caer en las garras del fascismo, del comunismo o del nazismo. Sin ellos, los dictadores Adolf Hitler y Josip Stalin habrían acabado con las democracias occidentales. Y quizás sean los americanos quienes nos tengan que salvar (otra vez más) del islamofascismo y la Eurabia que vienen.

EEUU históricamente ha colaborado en la liberación de naciones oprimidas: que se lo pregunten a Venezuela, Filipinas, Kuwait, Liberia o Kosovo. No hay un solo continente en el mundo donde los norteamericanos no hayan luchado por la libertad. Como con Israel, el pueblo elegido por Dios. El apoyo de Washington a los israelíes ha hecho que Dios bendiga a EEUU cumpliendo su promesa bíblica: «Bendeciré  a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren, maldeciré»  (Génesis 12:3).

Muchos europeos dicen despectivamente que EEUU no tiene historia. Y es falso. Porque una cosa es ser una nación joven y otra carecer de historia. Aunque EEUU desapareciese de la faz de la Tierra mañana mismo, no podría entenderse el siglo XX sin él. Solamente por la ingente cantidad de dinero que invierte en la ciencia (de lo cual nos beneficiamos todos), por su elevadísimo número de premios Nobel, por el viaje a la Luna o el cine de Hollywood ya han pasado sobradamente a la historia.

Otros muchos antiamericanos se quejan del supuesto imperialismo de los Estados Unidos. Pero todos sabemos que los imperios de España, Francia o Gran Bretaña se comportaron mucho peor. ¿Alguien puede imaginar siquiera lo terrorífico que sería el mundo si la primera superpotencia fuese hoy la Alemania nazi, la Unión Soviética o la China comunista? Muchos critican públicamente a los estadounidenses, pero luego en privado admiten sin ellos el mundo sería mucho peor.

EEUU se ha destacado como una nación receptora de inmigrantes, es más, como un auténtico país de las oportunidades donde si vales, puedes conseguir tus sueños sin que a nadie importe tu raza, nacionalidad o condición social. Un país que ya desde el siglo XVII ha sido un refugio para millones de cristianos que eran perseguidos por la Iglesia Católica en toda Europa. Una patria que ha enviado todo un sinfín de misioneros a predicar el Evangelio por los cuatro rincones de la Tierra.

El mundo está en deuda con los Estados Unidos de América. Y quizás una buena forma de comenzar a agradecer lo mucho de positivo que han hecho sea empezar a enviar millones y millones de misioneros a aquel bendito país. La sociedad norteamericana se está secularizando, descristianizando, ateizando, perdiendo poco a poco su identidad y su espíritu. El pueblo estadounidense nos necesita. Y porque es de bien nacidos ser agradecidos ha llegado el momento de salir en su ayuda.

Juan José Cortés: el nuevo Job.

«No es quererlo, es peor. Es mucho más fuerte. Si tuvieras hijos no haría falta decírtelo. No es joda cuando uno dice que es capaz de dar la vida por su hijo. Tenés miedo, no se puede controlar, tenés miedo a que le pase algo, querés estar siempre con él para cuidarlo… pero sabés que no puede ser. No es miedo a que se muera, es miedo a que le pase algo, a que sufra. No podés ni pensar en que se puede morir, te duele pensarlo, te da pánico porque sabés que si… eso llega a pasar… no vas a sufrir ni te va a doler… Te va a destruir. Vas a dejar de existir aunque sigas viviendo. Si se muere, te morís con él. Así de sencillo». Federico Luppi (actor), en Martín (hache).

Que un padre entierre a su hijo y no al revés es antinatural; atenta contra el ciclo mismo de la vida. Es lo más terrible que le puede ocurrir a una persona. Un castigo así  no lo deseo ni para el peor de los monstruos. Sin embargo, semejante desgracia la padeció en sus carnes el gitano Juan José Cortés, pastor evangélico. En 2008 desapareció su hija, Mari Luz, de tan sólo cinco años. Toda España se lanzó a las calles en su búsqueda. Tras dos largos y angustiosos meses, la niña apareció muerta. Por si fuera poco fue, muy posiblemente, abusada por un pederasta que vivía en el barrio. Lo más fuerte de todo es que se podría haber evitado porque una vergonzosa cadena de negligencias mantuvo en libertad al asesino.

Santiago del Valle García, que así se llama el monstruo -que por cierto es payo-, estaba libre desde el año 2006, aunque tenía dos condenas por abusos a menores y un largo currículum como pedófilo. Si hubiera estado en la cárcel nada habría pasado. Pero la falta de interés de los jueces y  policía hizo que estuviese en la calle. Ahora, Cortés recorre España entera en su lucha por legalizar la cadena perpetua para crímenes graves, pero los políticos sólo quieren aprovecharse de su imagen pública ya que no tienen la más mínima intención de reformar estas leyes  que siempre protegen al verdugo y no a la víctima. Cortés clama justicia pero nadie le escucha. Todo le sale mal. Es el colmo del infortunio. Es la guinda del pastel.

Juan José está desolado. No hay más que fijarse en su mirada, de una tristeza honda e infinita, para darse cuenta de que está roto. De esto uno no se recupera jamás en la vida. Pero lo realmente extraordinario es la paciencia y resignación con la que ha acusado el golpe. Jamás le hemos visto hablar en público de odio, de venganza. Jamás una mala palabra fuera de tono. Le han arrebatado lo que más quería pero acepta su calamidad con la santidad del mismísmo Job. ¿Por qué Dios nos someterá a veces a pruebas tan duras? Cuando alguien ve cómo ha encajado la brutal desgracia este pastor protestante se da cuenta de que esa naturaleza no es en absoluto humana sino la del Espíritu Santo que habita en él.

Tantas veces nos quejamos los payos ¡yo el primero, ojo! del comportamiento incívico de algunos gitanos, que sería injusto no quitarse el sombrero ante ellos cuando hacen las cosas bien. Cortés es un santo. El nuevo Job. Yo, sinceramente, no sé si podría sobrellevar una carga tan grande. Dios, a través de la Iglesia Evangélica, está haciendo una gran obra entre la población gitana; llevando por el camino recto a muchas personas que, por criarse en determinados barrios marginales, parecían predestinadas a ser carne de cárcel. ¡Gitano tenía que ser! -soltamos cuando uno de ellos roba una cartera-. Pues gitano es este pedazo de ser humano cuyo ejemplo intachable refleja que en su corazón rebosa el amor de Dios.

Falacia atea: El Universo es fruto del azar.

Los ateos nos dicen que Dios no existe, que el Universo es el fruto del azar. Un día hubo una gran explosión, transcurrieron muchos millones de años de evolución y hasta aquí hemos llegado. Los humanos existimos no por un propósito divino, sino por una combinación aleatoria de factores. Digamos que nos tocó la lotería y eso es todo. Todo cuanto existe se debe a una descomunal casualidad. Simple azar.

Podría ser. Por poder ser podría ser. Pero creo que existe más o menos el mismo porcentaje de probabilidades de que eso sea cierto como el de que tengas en el suelo un lienzo en blanco con unos botes de pintura al lado, por casualidad tropieces con uno de ellos, por casualidad la pintura de los botes se desparrame sobre el lienzo y por casualidad se pinte sola la Mona Lisa de Leonardo Da Vinci.

O si se prefiere ver de otro modo: por casualidad tropiezas con uno de los botes de pintura, por casualidad la pintura de los botes se desparrama sobre el lienzo y por casualidad se forman unos manchurrones que cien mil millones de años después acaban pintando la Mona Lisa de Leonardo Da Vinci. Los milagros que Dios no hace, mira por donde los acaba haciendo el azar y la evolución. Paradojas de la vida.

Si estuviéramos hablando de uno de esos cuadros  de arte abstracto que hacen ahora, uno de esos que consiste en cuatro manchas absurdas que hasta un niño de ocho años sería capaz de pintar, yo podría asumir que surgió por azar. Lo que no puedo aceptar es que me digan que la Mona Lisa es casual. Mentira, porque tiene un nivel de perfección, de inteligencia y de detalle que nunca puede salir por azar.

De igual modo si tuviéramos un universo caótico donde las estrellas se encienden y se apagan, los planetas vuelan sueltos dando tumbos y Júpiter y Saturno se acaban estrellando uno contra otro como dos trenes que impactan frontalmente, yo podría asumir que el Cosmos surgió por chiripa. Difícilmente puede haber un Creador detrás de una chapuza tal. Un Universo así sería sin duda producto del azar.

¿Pero es así el Universo? No. Primero, es extremadamente complejo (agujeros de gusano, viajes en el tiempo, múltiples dimensiones, quizás un multiverso…). Y segundo, es extremadamente ordenado: no es anárquico  sino que obedece a leyes físicas concretas y a cuatro poderosísimas fuerzas (electromagnética, gravitacional, fuerte y débil) que hacen que esté cohesionado y se mantenga en orden.

Es extremadamente complejo y pese a ello extremadamente ordenado. ¿Cuántas posibilidades hay de que algo así sea casual? Usemos la lógica, por favor. Ninguna de las cosas que en esta vida salen por casualidad cuentan con un alto nivel de perfección. Menos aún con alto nivel de perfección y alto nivel de orden. ¿Será el cosmos la excepción? La autocreación del Universo es un cuento de hadas para adultos.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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El niño Dios está a punto de nacer.

El niño Dios está a punto de nacer. Como cada 25 de diciembre los cristianos de todo el mundo festejamos el nacimiento de Jesús, el mesías anunciado en las Escrituras. Con su venida al mundo, se cumplen las profecías que advertían que llegaría un día en que nuestro Creador tomaría un cuerpo de carne y hueso, vendría a la Tierra y pasearía entre sus criaturas. Hablar de Jesús es hablar de Dios mismo, quien en un acto de amor sin precedentes fue capaz de dejarse matar como un cordero para salvar a la humanidad de sus pecados y ofrecerle vida eterna.

Millones de personas en todo el mundo todavía no creen en Él. Niegan su divinidad. Pero aunque Jesús hubiese sido únicamente un hombre, un profeta más, su ejemplo de moralidad, amor, generosidad y entrega es tan colosal que sólo por ello ya merecería tener escrito su nombre con letras de oro en nuestros corazones. Es alguien cuyo ejemplo intachable de conducta ha generado una revolución de amor que hace que millones de seres humanos quieran ser mejores personas cada día y que ofrezcan lo mejor de sí mismos sin esperar nada a cambio.

La cultura occidental no se entendería sin el judeocristianismo. Incluso nuestro calendario parte de su nacimiento. Muchos afirman  que  Jesús no nació el 25 de diciembre. En realidad, esta fecha es un mero convencionalismo. Poco importa que viniera al mundo en diciembre o en agosto, que fuese rubio o moreno, que muriese con 33 años o con 38. Eso es anecdótico. Lo que de verdad importa es su ejemplo intachable y su mensaje de salvación. Estas Navidades son una muy buena oportunidad para permitirle nacer en nuestro corazón y cambiar nuestras vidas.

Falacia atea: Dios es comparable a los unicornios y otros seres imaginarios.

«Dawkins compara con frecuencia la creencia en Dios con una creencia infantil en Santa Claus o el Ratoncito Pérez, diciendo que es algo que todos deberíamos superar. Pero la analogía es imperfecta. ¿Cuánta gente conocen que empezase a creer de adulta en Santa Claus?» Alister McGrath (teólogo).

En este debate interminable acerca de la existencia o no de Dios, muchos creyentes afirman que los ateístas no pueden demostrar la inexistencia del Señor. Y éstos a su vez responden que resulta imposible probar que un ser imaginario no existe. Por ejemplo, no podemos demostrar la inexistencia de seres de fábula como Santa Claus, los unicornios, los dragones o la tetera voladora, y este hecho no los convierte en seres reales. Igual ocurre con Dios, en opinión del escritor Richard Dawkins.

El articulista de BiblicaMente.org advierte de la trampa que supone comparar a Dios con archiglifos voladores y otros seres de fantasía. La cuestión es que hay algo que resulta indiscutible que sí existe: la realidad; es decir, el Universo, la Tierra, las personas… Por lo tanto, el auténtico quid del debate es argumentar acerca de las causas, de los orígenes, de los fundamentos de ese Universo que está ahí. ¿Qué explicación emplean los ateos para justificar esta realidad que podemos ver?

Dice así: «Y si los creyentes afirmamos que la realidad es originada y sustentada por ‘Dios’, los ateos afirman que la realidad es originada y sustentada por el azar y la necesidad. En el fondo, demostrar la inexistencia de Dios es equivalente a demostrar la posibilidad de que el azar y la necesidad sean capaces de generar el Universo y conseguir un nivel de evolución capaz de producir seres semejantes a los humanos.  Y en esto tampoco los ateos han tenido éxito. Ni lo tendrán   jamás».

¿Qué es más lógico? ¿Pensar que Dios creó el Cosmos o que éste nació él solito por pura casualidad? «Tengo la convicción de que es muchísimo más factible demostrar que el fundamento de la realidad está una entidad inteligente (a la que habitualmente llamamos Dios) que no en la capacidad de la ‘nada’ para generar la existencia del Universo pilotada exclusivamente por el azar y la necesidad (cosa que afirma Stephen Hawking, pero sin aportar demostración)» -añade BiblicaMente-.

Y concluye: «Así, pues, en el futuro evitad el error de pedir la demostración de la ‘inexistencia de Dios’. Mejor solicitar la demostración de que el azar y la necesidad son capaces de generar el Universo (o los Universos). Ésta sí es una afirmación de los ateos, que en buena lógica deben demostrar». El razonamiento es impecable. La realidad existe, de eso no hay duda, y ver en el azar su causa es algo nunca demostrado y además menos racional y menos lógico que la tesis de que haya un Creador.

Para leer  el estupendo artículo original de BíblicaMente pinche aquí.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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La adorable coquetería de las mujeres.

Una de las cosas más divertidas y fascinantes de las mujeres es su coquetería. «Para presumir hay que sufrir» -dicen-. Las féminas son capaces de lo que sea por tal de estar guapas. Son capaces de someterse voluntariamente a todo tipo de tormentos que la mayoría de los varones no aceptaríamos ni aunque nos apuntasen con una pistola. Porque vete tú a decirle a un hombre que se depile las ingles, a ver qué te contesta. Es la tiranía de la estética. Como en el cuento de Blancanieves (espejito espejito, dime quién es la más guapa), también en la vida real las féminas compiten ferozmente entre ellas por ver quién de todas está más buena.

Siempre me ha sorprendido lo diferentes que somos. Un chico se viste con lo primero que pilla en el armario mientras que ellas pueden tener un ropero repleto de conjuntos y no saben qué ponerse. Las damas buscan que sus zapatos y bolsos combinen los colores cuando los hombres somos capaces de presentarnos en una fiesta con un chándal y unas zapatillas llenas de mugre. Ellas acostumbran a estar horas frente al espejo poniéndose divinas y sufren caminando con tacones de vértigo; nosotros buscamos la comodidad. Si una mujer sube un par de kilos es el fin del mundo mientras que un varón come paella y pollo frito sin remordimiento alguno.

Están arreglándose durante horas pero vale la pena esperarlas porque nos dejan con la boca abierta. Son increíbles: sólo ellas son capaces de ponerse un escote o una minifalda en el más crudo invierno  porque no les importa pasar frío con tal de atraer las miradas masculinas. Es ley de vida. La hembra quiere gustar al macho. Pasa con los animales y pasa con las personas. A una mujer de verdad le gusta gustar, le gusta sentirse atractiva, saber que puede volver loco de pasión a su macho. Es su naturaleza. En el fondo, ellas siempre se han sentido como pez en el agua con ese papel de «objeto de deseo» que la sociedad les concede cada día.

Muchos infelices dicen que todas estas cosas se deben a la influencia de los medios de comunicación. No es cierto; en la Edad Media, cuando no existía la televisión ni las pasarelas de moda, en Europa el cánon de belleza pasaba por la blancura de piel. Todas querían ser cuanto más pálidas, mejor. Tanto era así que muchas chicas voluntariamente aceptaban criar tenias intestinales en sus entrañas para que les hicieran enfermar  y así tuvieran ese aspecto macilento que por entonces se consideraba sexy. Actualmente han llegado a otros extremos: la cirujía estética, la silicona, los rayos uva e incluso hasta auténticos peligros como la anorexia o la bulimia.

Desde niño me ha fascinado la coquetería femenil. Entonces me llamaba mucho la atención ver cómo mis hermanas mayores se maquillaban. Y hoy me fascina ver cómo mi novia se pasa horas (literalmente) frente al espejo poniéndose sexy para mí. Me enamora y me divierte. Seducción y sensualidad son atributos femeninos. Ellas son así y ojalá que nunca cambien. Es de agradecer todo cuanto hacen por embellecerse. Cuando Dios las diseñó sabía bien lo que hacía. Si el mundo fuera un jardín, ellas serían las flores. Si las féminas no existieran, desaparecería lo más bello de la creación. Son maravillosas. Que vivan las mujeres y la madre que las parió.

Falacia atea: Dios es malvado porque creó el mal.

 

Circula en internet un espectacular vídeo publicitario del Congreso Razón y fe que la Universidad de Lima organizó en 2009. En él se ven imágenes en blanco y negro de un maestro de escuela que está hablando en alemán a sus alumnos y les dice que va a probar que si Dios existe es malo. El maestro les explica que si Dios lo ha creado todo, en ese caso también ha creado el mal, lo cual le convierte en un ser perverso. Entonces uno de los niños se pone en pie y le pregunta al maestro si existe el frío. El mentor, sorprendido, le responde que sí, que naturalmente que existe.

El niño le replica que según las leyes de la física el frío no existe, que lo que nosotros entendemos como frío es en realidad ausencia de calor. Acto seguido le pregunta a su profesor si existe la oscuridad, a lo cual responde afirmativamente. Nuevamente el niño le aclara que la oscuridad como tal no existe, que realmente es ausencia de luz y que así como no existe la oscuridad tampoco existe el mal, que Dios no ha creado el mal y éste es el resultado de que el hombre no tenga el amor de Dios en su corazón. El niño se sienta en el pupitre. Su nombre es Albert Einstein.

No sé si la anécdota es real o ficticia. Lo que sí sé es que muchos acusan Dios de malvado porque entre otras cosas creó al demonio. Pero el Señor jamás creó ningún demonio. Creó ángeles y un tercio de los cuales decidió rebelarse contra el orden del Señor. Fueron creados como ángeles pero se convirtieron en diablos por voluntad propia. De igual modo tampoco creó la maldad, que es ausencia de bien. ¿Qué sentido tiene que los humanos nos apartemos voluntariamente de Dios (como hicieron los demonios) y luego le culpemos del mal que se extiende por el orbe?

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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¿Por qué la blasfemia contra el Espíritu Santo es el pecado imperdonable?

Pregunta de Isabel Sánchez.

Pamplona, Navarra. España.

Entendemos por blasfemia el decir cualquier barbaridad o irreverencia contra Dios. Sin embargo, la blasfemia contra el Espíritu Santo, el famoso pecado imperdonable, es más complejo que todo eso. El término viene mencionado en Marcos 3:20-30, Mateo 12: 22-32 y Lucas 11:14-23 y 12:10. Para entender bien en qué consiste dicha blasfemia primero debemos estudiar el contexto en el que se produce.

En estos pasajes Jesucristo había curado a un endemoniado que se encontraba ciego y mudo. La gente se quedó atónita pero los fariseos, que eran la cúpula religiosa del momento, despreciaron el milagro y afirmaron que Jesús echaba fuera los demonios no por el poder de Dios sino por el de Belcebú. Esto provocó la seria advertencia de Jesucristo acerca del único pecado que no recibirá el perdón.

Jesús respondió: «Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado en este siglo ni en el venidero. (Mateo 31-32). Ahora bien ¿qué quiso decir con todo esto?

La inmensa mayoría de teólogos está de acuerdo en que la blasfemia contra el Espíritu Santo era, no tanto decir una barbaridad, como más bien rechazar a Dios. Esto es, los fariseos eran testigos del poder de Dios y sin embargo su incredulidad era más fuerte, por lo que lo rechazaban hasta el punto de decir que su poder se lo había otorgado Belcebú. Rechazaban a Cristo, luego rechazaban ser salvos.

Éste es el pecado imperdonable; rechazar la salvación que ofrece Cristo. Dios te puede perdonar el ser borracho, asesino, adúltero, ladrón, etc. Pero no incrédulo. Porque si Él mismo te ofrece la salvación a través de su hijo, y tú libremente decides no creer en Él, entonces libremente decides rechazar la salvación. Es como si te estás ahogando, te ofrecen lanzarte un salvavidas y tú dices que no te hace falta.

Ten en cuenta que el propio Cristo dijo que el que no está con Él, está contra Él (Mateo 12: 30) y Juan 3:16 afirma: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna». Cristo es el mesías. El que crea en Él se salvará. Pero ¿qué ocurrirá si rechazas a tu salvador? Pues que entonces estarás rechazando ser salvo.

Esto es plenamente coherente con el resto de la Biblia… Dios es misericordioso… si te arrepientes de tus pecados, te perdona las veces que sea. Pero la salvación es por fe. Si no tienes fe en tu salvador, entonces no puedes salvarte. Es imposible. Por eso, la incredulidad, el rechazar a Cristo, es el único pecado que no se puede perdonar. Porque tú mismo, con plena libertad, has escogido condenarte y no ser salvo.

Fuente: Biblia de referencia Thompson Edición Milenio.

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