Els morts de Síria.

edificaciones-Kobane-severamente-BBC-MUNDO_NACIMA20150214_0009_6

La Guerra Civil de Síria esclatà en 2011, fa cinc anys ya. Tractarem d’explicar les raons per les quals este país àrap ha acabat en ruïnes. Lo primer que cal tindre en conte que este conflicte és el penúltim episodi de la guerra interminable entre sunites i chiites que començà en el segle VII i que encara continua a dia de hui. Aràbia Saudita (breçol del sunisme) i Iran (santuari del chiisme) estan fent un pols per controlar Síria, un país de majoria sunita pero governat per un dictador prochiita.

Ara anem a la part econòmica. Els motius de l’actual guerra arranquen en 2009, quan Qatar oferí construir un gasoducte per valor de 10.000 millons de dólars que travessara Aràbia Saudita, Jordània, Síria i Turquia. El dictador siri Bashar Al-Asad contestà que no, i només un any en acabant començà a negociar en Iran un atre gasoducte alternatiu que  passaria per Iraq, Síria i Líban. A partir d’ahí, les petromonarquies sunites decidiren armar a l’oposició síria i crear el grup terroriste ISIS.

¿I per qué hi ha tantes potències implicades en el conflicte? L’Unió Europea necessita un proveïdor de gas fiable diferent de Rússia. Rússia acceptaria que eixe gasoducte fora l’iraní, perque tant Iran com Síria son aliats de Moscú, qui tutelaria el proyecte. Estats Units i Regne Unit s’emportarien una bona part del pastiç si ix avant el gasoducte qatarí. Israel i Turquia volen el derrocament d’Al-Asad perque tenen mala relació en ell. Iran i Líban són els grans aliats del règim siri.

Com es pot vore, és un problema molt complex a on hi ha molts interessos i ningú és inocent. Tampoc els siris, que recordem que en el seu dia li armaren una guerra civil a Líban des de fòra. La Guerra Civil Libanesa durà quinze anys (1975-1990) i va acabar en la derrota dels cristians (els quals havien fet del Líban la Suïssa mediterrània), i en l’ascens al poder de l’organisació terrorista islamista Hezbolà, tutelada per Damasc. Com un bumerang, la maldat de Síria s’ha tornat contra ella.

Veig en internet un vídeo de lo de Síria. Un helicòpter llança dos proyectils. Són menuts i tarden en caure pero quan arriben a terra causen una gran fumaguera. Un grapat d’hòmens entren en les ruïnes de l’edifici derrocat i comencen a excavar en les mans nues. Estan molt nerviosos i bramen sense parar. Despuix de sis minuts d’excavar frenèticament en les mans nues, trauen a una chiqueta. Està plena de pols pero viu. Hi ha goig general. La chiqueta té la mateixa edat que ma filla.

Anuncios

Líbano: de la Suiza mediterránea al infierno islámico.

Hablar de Líbano es hablar de una de las civilizaciones más antiguas de la humanidad. En la Biblia encontramos textos que ensalzan la soberbia calidad de su madera. Y es que los cedros del Líbano son mundialmente famosos, hasta el punto de ser el emblema nacional  que figura en la bandera de la milenaria nación.

Líbano es un añejo crisol de culturas y a la vez un ejemplo vivo del fracaso de la multiculturalidad. Actualmente, el 54% de libaneses son musulmanes y el 40% cristianos, principalmente maronitas. Los primeros son prosirios y los segundos buscan el apoyo de Israel. El choque de civilizaciones ha devastado el diminuto país.

Las Falanges Libanesas de Pierre Gemayel se opusieron al colonialismo francés y Líbano se independizó en 1943. Hasta los años 70, fue el centro financiero más importante de la región. En aquella época gobernaban los cristianos y la patria era conocida como la “Suiza mediterránea” o el “París de Oriente Próximo”, entre otros.

Pero entonces llegó la guerra civil libanesa (1975-1990) que enfrentó a las dos comunidades religiosas y que acabó con la victoria final de las huestes de la media luna. Actualmente, la república se encuentra hecha pedazos, gobernada por la organización terrorista islamista Hezbolá y bajo la permanente tutela de la vecina Siria.

Como todos los estados pequeños, Líbano ha sufrido el colonialismo. De Turquía y Francia ayer, y de Siria, Irán e Israel hoy. Los magnicidios de Kamal Jumblat (1977), Bashir  Gemayel (1982), Rafik Hariri (2005), Pierre Amine Gemayel (2006) y la guerra contra Israel (2006) han fracturado un estado ya frágil.

Líbano es, en definitiva, un estado fallido, un país sujeto con alfileres, un barril de pólvora siempre a punto de explotar, un pueblo dividido por fanáticos religiosos de ambos bandos que predican el odio que hace imposible la convivencia. Y es la prueba de que cuando el islam llega al poder, acaba con la prosperidad y la libertad.

Siria: el sueño nostálgico del panarabismo.

La República de Siria es la nación heredera del histórico Reino de Damasco. Damasco es una de las ciudades más antiguas del mundo. Allí vivió el patriarca Abraham y allí se dirigía Saulo cuando el Mesías se le apareció. En torno a esta ciudad milenaria orbita la actual Siria, un actor clave en el mapa de Oriente Próximo.

El sirio es un estado inestable y convulso, donde falta un proyecto nacional que cohesione el país. Ha tenido monarquía, república y dictadura y con los tres modelos ha funcionado mal. Ha padecido infinitud de gobiernos volátiles y golpes de estado, también guerras con Israel así como el colonialismo de Turquía y Francia.

Los sirios se sienten más árabes que sirios y sueñan con el panarabismo. De hecho, Siria se fusionó con Egipto y ambos crearon la República Árabe Unida, que duró de 1958 a 1961 (y cuya bandera aún conserva como propia Siria). Con posterioridad, se planteó fusionarse con Egipto e Irak pero nuevamente el intento fracasó.

En los últimos decenios ha proliferado, no obstante, un creciente nacionalismo expansionista que habla de la Gran Siria, que incluiría la anexión de Líbano. Los sirios apoyaron al bando musulmán que finalmente venció la Guerra Civil Libanesa (1975-1990) y que transformó la “Suiza mediterránea” en un satélite sirio.

Desde 1963 el Partido Baas ha gobernado el país bajo la declaración del estado de emergencia y desde 1973 el presidente de Siria ha pertenecido a la familia Assad, que controla la nación como si de su cortijo privado se tratase. Es una feroz autocracia islamosocialista donde la represión y la falta de libertades son la norma.

Siria es una dictadura de opereta, un país medieval cuya economía se basa en la agricultura y en una modesta extracción petrolera y gasística. A su vez, es un foco de tensión porque financia el terrorismo, interviene en asuntos libaneses y forma junto con Irán y Líbano un triunvirato que sueña con un Oriente Próximo sin Israel.

Irán: el desafío nuclear.

Hablar de Irán es hablar de Persia, una civilización verdaderamente milenaria. Persia llegó a su máximo esplendor imperial en el siglo V A. C. con el rey Darío I. Siempre ha sido una nación poderosa que ha disputado la supremacía de la región con las potencias vecinas a lo largo de una dilatada historia de incontables siglos.

Ya en tiempos modernos, Irán sufrió el colonialismo soviético y británico. El último Sha persa fue un títere de Occidente, pero el pueblo forzó su marcha en 1979. Justo entonces llegó el ayatolá Rudollah Jomeini, que estableció la actual tiránica teocracia islamista, caracterizada por la sharia, la falta de libertad y el terror.

Hoy Irán es una potencia regional de setenta millones de almas con tremendos recursos petroleros y gasísticos. Los iraníes son una nación bastante cohesionada (pese a las  minorías kurda y suní), con un ejército fuerte (que frenó al Irak de Sadam Hussein en la guerra de 1980-1988). Mayoritariamente, se profesa la fe chiita.

Los iraníes son una población culta y preparada pero que vive en la pobreza. La cultura persa es muy rica en sus diferentes manifestaciones como en poesía, arquitectura o cine. Los iraníes tienen un acusado sentimiento de identidad y se ofenden cuando los occidentales piensan, por ignorancia, que hablan árabe y no persa.

El integrismo islamista de Irán es un espejo en el que se miran millones de musulmanes en todo el mundo, en especial los de Siria y Líbano. El actual presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, financia organizaciones terroristas, niega el holocausto judío, desea borrar a Israel del mapa y echar a los judíos al mar.

Y para ello pretende dotarse de bombas atómicas, pese a la prohibición expresa de la Comunidad Internacional, lo que podría ocasionar una nueva guerra en el futuro. El desafío nuclear de Ahmadineyad posiblemente sea la amenaza más grave para la paz y estabilidad mundial desde el ascenso del nazismo en los años 30.

A %d blogueros les gusta esto: