Corea del Sur: una vela del cristianismo que ilumina Asia.

Corea del Sur es un país del tamaño de Portugal que tiene más población que España. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial en 1945, Corea, una de las civilizaciones más antiguas de la humanidad, quedó dividida en dos naciones: una dictadura comunista en la región norte y una democracia capitalista en el sur.

Desde entonces han sido feroces enemigos irreconciliables (especialmente tras la Guerra de Corea de 1950-53). A partir de aquel choque, Estados Unidos se obsesionó por mostrar a Corea del Sur como un icono del capitalismo, donde la gente es rica y feliz, en contraste con la miseria y la fatalidad de la hoz y el martillo.

En los años 60 y 70 el país experimentó un fuerte avance industrial y tecnológico. La inversión extranjera acudió alentada por facilidades fiscales, crediticias y laborales, y empresas como Hyundai, Samsung, LG, Kia Motors, SsangYong, Daelim Motor y Daewoo se convirtieron en multinacionales que triunfan en el mundo.

Aunque si por algo es famosa Corea del Sur es por su potencia naval. Sus astilleros fabrican los mejores barcos del globo y hoy el país posee una de las marinas más grandes del planeta para preservar la libertad de la amenaza totalitaria de Corea del Norte, con la que mantiene fuertes tensiones militares día sí día no.

Dios no sólo ha derramado prosperidad económica sino también espiritual. Es el país asiático con mayor número de cristianos (más del 25% de sus habitantes) y tiene la Yoido Full Gospel Church, la iglesia más grande del mundo, donde cada domingo se reúnen más de un millón de fieles pastoreados por David Yonggi Cho.

Hoy los misioneros surcoreanos predican en China y Corea del Norte. El país pasó de aislacionista a influir política, económica, cultural y espiritualmente a Asia. Mientras, en Seúl siguen rezando para que se obre el milagro de la reunificación nacional, incluso pese al enorme abismo económico que separa a los dos países.

¿Entrará todo el mundo en el Reino de los Cielos o sólo unos pocos?

¿Entrará todo el mundo en el Reino de los Cielos? ¿O sólo una minoría? Dice el teólogo José de Segovia: «La imaginación po­pular ha creado un Dios de luenga bar­ba blanca y mirada bonachona, que ob­ser­va indulgentemente las travesuras de los hombres. Como un Papá Noel celestial, este Dios amoroso siempre dispuesto a perdonar, nos recibirá a todos al final con los brazos abiertos, aunque hayamos hecho de nuestra vida un desastre… Este concepto vacío de un amor permisivo y gracia barata, que hace el Cielo obligatorio para todos, excepto tal vez Hitler y algún que otro asesino en serie, se ha convertido en el ídolo de nuestro tiempo. Hoy más que nunca tenemos que proclamar al mundo que hay un Dios de amor, pero el amor no es Dios…»

¿Se corresponde esta creencia con la realidad? No, en absoluto. De hecho, esta idea, tan extendida como falsa, se basa en un profundo desconocimiento bíblico. Si quieres saber cómo piensa, siente y actúa Dios debes leer la Biblia. En ella dice claramente: «El Señor es tardo para la ira y abundante en misericordia; el Señor perdona la iniquidad y la rebelión, pero no las deja impunes, sino que castiga la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación» (Números 14:18). Es decir, el Todopoderoso es misericordioso, es compasivo, tiene una gran paciencia y está dispuesto a perdonarnos pero… y aquí está el detalle: también es iracundo y castiga la maldad de las personas. Y cuando Dios se enfada, ponte a temblar porque su furia es colosal.

Nos cuenta la Biblia que el Creador destruyó las ciudades de Sodoma y Gomorra a causa de su homosexualidad (Génesis 19:1-29), que convirtió a la mujer de Lot en estatua de sal en pago por su desobediencia (Génesis 19:26), que mandó diez plagas sobre Egipto (Éxodo 7:8 – 11:10), que destruyó la pecaminosa ciudad de Nínive (libro de Nahúm), que envió al rey babilonio Nabuconodosor a invadir Judá por la desobediencia de los judíos (Daniel 1: 1-2) e incluso que mandó un diluvio universal que destruyó a toda la humanidad, excepto a Noé y su familia. Si Dios fue capaz de hacer todo esto y mucho más como castigo a los pecados ¿crees que le va a temblar el pulso a la hora de enviarte al infierno en pago a tus pecados? ¿Acaso vas a ser la excepción tú?

Muchas personas creen que el día de mañana Dios efectuará una amnistía general, un perdón colectivo para todo el mundo, salvo quizás para unos pocos malos malísimos. Muchas personas piensan que pueden hacer lo que les dé la gana, vivir su vida como a ellos les apetezca y olvidarse de Dios porque luego, al final de la corrida, les va a perdonar por todo lo que hayan hecho. Otros muchos creen que les basta con ser «buenos»: con hacer buenas obras, pagar los impuestos, no desear el mal a nadie y ayudar a la ancianita a cruzar  la calle. Todos éstos cuando mueran descubrirán atónitos y horrorizados que van a ir al infierno porque no hicieron caso de las advertencias que el Señor les hizo. Que nadie se equivoque porque el Cielo está reservado para unos pocos.

Y esto no lo digo yo sino el propio Jesús: «Porque muchos son llamados, pero pocos escogidos» (Mateo 22:14). También dijo: «Entrad por la puerta estrecha. La puerta que conduce a la perdición es ancha, y el camino fácil, y muchos son los que pasan por ellos. En cambio, es estrecha la puerta y angosto el camino que llevan a la vida, y son pocos los que lo encuentran» (Mateo 7.13-14). Cristo mismo insiste sobre  la dificultad de llegar al cielo, y que, por lo tanto, son muy pocos los que entrarán en él. «Procurad estar en paz con todos y llevar una vida de consagrados, sin ello nadie verá al Señor» (Hebreos 12:14). O dicho de otro modo: debemos tener una conducta lo más íntegra y recta que nos sea posible porque sin santidad nadie verá al Señor.

También mucha gente que va a la iglesia los domingos se abrasará en el infierno. Dijo Jesús: «No todos los que dicen: «Señor, Señor» entrarán en el reino de los cielos, sino los que hacen la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en el día del juicio: «Señor, Señor, mira que en tu nombre hemos anunciado el mensaje de Dios, y en tu nombre hemos expulsado demonios, y en tu nombre hemos hechos muchos milagros». Pero yo les contestaré: «Me sois totalmente desconocidos. ¡Apartáos de mí pues os habéis pasado la vida haciendo el mal!». (Mateo 7:21-23). Solamente los verdaderos creyentes, los que de verdad se arrepientan de sus pecados, confíen ciegamente en Cristo como su salvador y vivan en santidad, serán salvos. Es decir, muy poca gente.

Taiwan: un fortín de la libertad frente a la amenaza comunista.

Tras la revolución popular del líder Mao Tze-Tung que llevó a los comunistas chinos al poder en 1949, fueron muchos los disidentes -la mayoría comerciantes de clase alta- los que huyeron a Taiwan en busca de refugio. Así, transformaron la isla en un fortín del capitalismo que resistió frente a la revolución de Mao.

Desde entonces, tiene un estatus político único: oficialmente, representa a la China nacionalista que perdió la Guerra Civil (1927-1950) pero en la práctica es un estado que no reconoce la autoridad de la China continental. Pekín la considera parte de su territorio aunque en la práctica no ejerce control alguno sobre ella.

El debate sobre si Taiwan representa a la China precomunista o sobre si debe independizarse, va decantándose cada vez más hacia la segunda opción. De hecho, el que fue presidente entre 2000 y 2008, Chen Shiu Bian, a punto estuvo de declarar formalmente la independencia pero al final desistió por miedo a una guerra con China.

En la actualidad, Taiwan está comprometido con la democracia, el capitalismo y los valores occidentales y se ha armado hasta los dientes para defender su libertad frente a la amenaza del gigante comunista chino. Los Estados Unidos de América, Japón y Corea del Sur son sus aliados políticos y militares más firmes en la zona.

La isla tiene el tamaño de Cataluña y en ella viven 27 millones de almas. Cuenta con una lengua propia que es hablada por la mayoría del pueblo (el taiwanés) además de otros dos idiomas (el hakka y el mandarín). Es un país altamente industrializado y uno de los primeros fabricantes mundiales de microprocesadores y de chips.

El pueblo mira con incertidumbre al futuro. Quizás el día que caiga el comunismo en China, Pekín pase del puño en alto a extender la mano a la isla en pro de una reunificación nacional. O quizás sea entonces el momento de ejercer la autodeterminación y convertirse oficialmente en un estado soberano. El tiempo lo dirá.

Confederación Ibérica.

Algunas voces como la del escritor José Saramago se han postulado a favor de la unión de España y Portugal; en lo que constituiría un nuevo estado: Iberia. Algunos iberistas apuntan a Lisboa como la capital y al castellano como idioma común.

Sería todo ventajas. Ya verías la gracia que le iba a hacer a los lusos cuando los madrileños comenzaran con su cantinela de que “en Portugal está todo en portugués”, “la escuela debería ser en castellano”, “a mí que me hablen en cristiano”, “hay que hablar la lengua de Cervantes”, etc, etc.

Ni que decir tiene de la estabilidad que le daría al Parlamento Ibérico tener al Partido Nacionalista Portugués negociando un Estatuto de autonomía y sumando fuerzas junto a gallegos, catalanes y vascos para ver quien de todos hacía un chantaje más cruel e inmisericorde al Gobierno central.

Y la factura del Estado Ibérico, para los valencianos. Para variar. Sería genial que nos subieran los impuestos para que, con nuestro dinero, se construyeran infraestructuras en Oporto. No tenemos bastante con las sanguijuelas de Andalucía, Extremadura, La Mancha, etc, etc. Faltaba Portugal.

A mí lo único ibérico que me pone es el jamón y nuestro particular yoga: la siesta. Este iberismo en el fondo es nacionalismo expansionista español. Y si insisten en inventar un país de chicha y nabo, que añadan a Iberia Grecia y así ya tenemos juntas a las tres grandes superpotencias del mundo.

Hipócritas.

Sé bien que soy pecador, que tengo mis flaquezas y debilidades, que cometo faltas a diario y por tanto nunca me pondré a mí mismo como ejemplo de nada porque sinceramente no creo que lo sea. Ahora bien, advertido esto, también diré que intento predicar con el ejemplo en aquellas cosas de las cuales hablo. En las facetas en las que no puedo hacerlo, simplemente prefiero callar.

Sin embargo, me llama la atención la enorme cantidad de personas que veo que defienden una cosa para los demás y la contraria para ellas. ¿Por qué las voces que abogan por abaratar el despido corresponden a ricos con contratos blindados con tropecientas cláusulas y una indemnización millonaria? ¿O a funcionarios que no pueden ser despedidos? No lo entiendo, la verdad.

¿Por qué será que de todos cuantos reclaman moderación salarial ninguno tiene un sueldo moderado? Señor banquero, si tan buena es dicha moderación ¿por qué se sube usted el sueldo un 40%? Si lo desea, cambiamos nuestros emolumentos. ¿Y por qué los señores diputados quieren hacernos trabajar hasta los 67 años si a ellos les basta con laborar 8 para tener pensión vitalicia y de lujo?

¿Por qué si el aborto es tan bueno ninguno de los que lo apoya se arrepiente de haber nacido? ¿En serio piensa usted que el aborto es bueno? Si es así, aún está usted a tiempo de coger una pistola y abortar su propia vida. ¿Por qué no lo hace? Ah, vale… ¡Que se trata de impidan el derecho de nacer a los demás, pero no a mí, claro! Muy equitativo, muy justo. Predicando con el ejemplo. Sí, señor.

¿Por qué el PSOE se llama obrero si luego regala el dinero de los trabajadores a los bancos? ¿Por qué el PP dice en Valencia que está a favor del trasvase del Ebro pero en Aragón se pronuncia en contra? ¿Por qué España 2000 clama contra los inmigrantes si obtiene fondos de la prostitución, oficio realizado en el 90% de los casos por mujeres de origen extranjero? ¡Cómo son los políticos!

Son sólo algunas preguntas que me vienen a la cabeza. Todos podemos tener contradicciones. O equivocarnos. Yo el primero. Pero aquel que desea para los demás lo que rechaza para sí mismo es un hipócrita. Ama al prójimo como a ti mismo. No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hiciesen. El mundo sería más sencillo si entendiésemos lo que estas palabras quieren decir.

Decadencia literaria.

En el mundo de la novela he comentado ya en muchas ocasiones la denuncia que Ernesto Sábato hace en su obra maestra El Túnel. Compara la novela de caballerías (peste literaria del siglo XVI) con la policíaca o detectivesca (peste literaria de nuestros días) y dice que igual que Miguel de Cervantes escribió Don Quijote de la Mancha como un escarnio de ese tipo de novelas que al final consiguió exterminar este género, alguien debería redactar un nuevo Quijote que acabara de una vez con esta lacra que es la novela negra. Primer capítulo: el asesinato. Último capítulo: el asesino. Capítulos de en medio: listado de sospechosos. De ahí no sale. No da más de sí.

¿Por qué nadie lee poesía? ¿Es que no quedan almas románticas? Sí que quedan. Lo que pasa es que la poesía se ha prostituído, ha abandonado sus bases, ha renunciado a sus raíces. La poesía es unir dos corazones (el del autor y el del lector) a través de un libro, es crear una empatía entre ambos, es que el lector sienta lo que ha sentido el autor a la hora de plasmar sus sentimientos o que por lo menos los entienda. Eso es poesía. Lo que ocurre es que hoy la poesía camina por otras sendas: alucinaciones como las de Federico García Lorca, estupideces como las de Charles Bukowski o aventuras fracasadas como las de hacer poesías sin rima.

¿Y qué ocurre con el teatro? Que está para verlo, no para leerlo. Leer una obra teatral me parece que es como leer el guión de una película. A mí no me interesa el guión; me interesa la película. Aparte, el teatro actual es como el arte moderno: no hace falta talento para dedicarte a él. Pensemos en la Fura dels Baus: básicamente se dedican a bailar en pelotas como si fueran aborígenes de Papúa-Nueva Guinea. Eso ni es teatro ni es nada. Eso es estar mal de la cabeza. El mejor teatro es aquel que es sencillo, que se acerca al pueblo, como el de Lope de Vega. Se puede hacer de vez en cuando alguna obra más enrevesada o experimental pero no hay nada más inculto que un teatro para élites.

La filosofía ha caído en barrena después de ese auténtico siglo de oro del pensamiento que fue el siglo XIX. Me parece que básicamente hay dos tipos de ensayistas. El que es todo ideas, como por ejemplo Platón. Y el que es todo documentación, como por ejemplo Joan Fuster. El pensador del primer tipo es inteligente. El segundo sólo lo aparenta. ¿De qué sirve una vasta documentación si después las conclusiones del autor no dejan de ser un resumen de las ideas de otros autores anteriores, si es incapaz de poner algo de su propia cosecha? Así es como se trabajaba en la Edad Media en Europa. Hoy no hay pensadores sino documentalistas. Así va el mundo.

La literatura se mueve demasiado por modas, como la de ese tipo de novela (originalmente anglosajón) que hace Lucía Etxebarría que cuenta la historia de jóvenes que no hacen sino drogarse y follar. Mucha falta de personalidad entre los escritores es lo que hay. Todos se apuntan a la moda de turno como borreguitos. Por el contrario se arrincona el cuento, el relato y el artículo. Las editoriales funcionan a base de superventas, plagios y premios literarios cuyos ganadores no suelen tener más méritos que salir por la tele. No encuentras en las librerías a autores clásicos o a jóvenes; sólo están los consagrados y autores anglosajones de suspense que piensan en vender el relato para hacer un film.

Los autores que tratan de hacer una literatura mínimamente decente han de competir por un lado contra toda la mierda que envuelve al mundo de las letras y contra la mercantilización del talento y por otro contra la caja tonta, que tiene una oferta aún más mediocre. Mientras que el Estado no ayude a los verdaderos literatos y no hablo de subvenciones (no es bueno que un autor se acostumbre a parar la mano al poder establecido) sino de inculcar a los niños el gusto por la lectura, de que los profesores estimulen, nunca que impongan pues todo lo que es impuesto entra de mala gana, continuaremos como hasta ahora con esta lenta y agónica decadencia cultural que se abre paso.

Retorno a lo pre-Galdosiano.

Resulta complicado redactar buenos libros, sobre todo en un país en que abunda (e incluso se premia) la no literatura. Ahora mismo en España hay escritores que saben mucho de crear escándalos y de aprovechar como nadie las correspondientes estrategias de mercadotecnia pero que de libros no saben nada (Lucía Etxebarría). Padecemos también la invasión de un montón de borricardos que como son conocidos por salir en la tele han decidido sacarse un sobresueldo desembarcando en el mundo de la literatura (Carmen Posadas, Andreu Buenafuente, Fernando Schwartz…) De otros da la sensación de que pudiendo parir mejores obras optan por publicar basura porque es más vendible (Arturo Pérez-Reverte). Hay grandes autores a los cuales los medios no hacen demasiado caso (Juan Goytisolo) y otros que como Francisco Umbral gozan de una fama exorbitante en relación a la calidad de sus obras. El dedo acusador del plagio apunta a grandes celebridades (Eduardo Zaplana, Luis Racionero…) y eso por no hablar del escándalo que supone que toda una nación se entere de que eres una negrera (Ana Rosa Quintana). ¿Qué ha sido del idioma de Miguel de Cervantes? Que me lo expliquen porque yo no lo sé.

Aquí concretamente, en el Reino de Valencia, a algunos creadores merecedores de inmortalidad no se les estudia en las escuelas por motivos políticos (Xavier Casp, Miquel Adlert…), los mismos motivos políticos que hacen proponer para el Premio Nobel de Literatura a un autor por escribir una recopilación de rondallas y un diccionario (Enric Valor). Cuando alguien hace una versión actualizada de un clásico lo cambia de tal forma que al final acaba poniendo lo que le viene en gana en esos momentos, aunque eso suponga evidentemente prostituir el original. Recuerdo ahora la versión de Curial y Güelfa de la Editorial Bromera, donde sorprendentemente aparecen nombres de territorios como Francia, Italia, Alemania o Cataluña. La obra original se escribió en el siglo XV, cuando ninguno de estos territorios existía bajo esta denominación, por lo que he de intuir que los ha introducido el versionista Salvador Vendrell. ¿Por qué no está penada por la ley esta clase de atropellos a la obra y memoria de un autor? ¡De los infinitos textos científico-históricos que la Universidad Bananera de Valencia falsea a diario mejor ni hablar! ¡No acabaríamos nunca!.

Algunas obras están tan increíblemente mal traducidas que da la sensación de leer inglés en español: la traducción de Lino Novás Calvo de Santuario de William Faulkner (Espasa) es dura como un puntapié en las partes. Las editoriales funcionan a golpe de superventas (hoy por desgracia llamados best-sellers), los premios literarios se los adjudican presentadores de televisión, periodistas, locutores de radio, famosos que salen por la tele, recomendados de todo tipo… Ninguno de ellos escritor de raza. En las librerías siempre encuentras los típicos superventas (Antonio Gala, Stephen King…) pero si te interesa un clásico o buscas un libro de un autor joven te lo tienen que pedir. Los índices de lectura en el país son alarmantemente bajos (básicamente porque en las escuelas los maestros imponen la lectura, que no la incentivan, y claro, todo lo impuesto entra de mala gana…) mientras que no se para de editar (¡60.000 títulos por año, la mitad de ellos nuevos!) ¿Pero quién lee todo ese montón de obras? Al final será cierto eso que dicen algunos con muchísima sorna de que si en España no lee nadie es porque todo el mundo está escribiendo un libro.

Fornicad tranquilamente y luego mandad a vuestros hijos a la trituradora.

Siempre me ha llamado la atención que los mayores genocidas de la historia se han caracterizado por ser completamente honrados en el tema de las finanzas. En efecto, cuando se piensa en gobernantes como Adolf Hitler, Josip Stalin o Francisco Franco, ninguno  de ellos es recordado por haberse metido en el bolsillo dinero público. Ninguno  de ellos tiene fama de ser un corrupto en materia de economía. Ahora bien ¿de qué me sirve a mí un político que no saquea las arcas públicas si luego es un carnicero que cada noche se lava las manos con sangre? Prefiero mil veces a un político que  roba millones a uno que asesina. Porque puestos a que me roben… el dinero es recuperable, la vida no.

La semana pasada el Senado español dio su visto  bueno a una monstruosa política de exterminio que consolida el aborto libre y  lo que es aún más espeluznante: lo transforma de delito despenalizado en algunos supuestos a derecho de la mujer. El derecho a matar es ahora legal. A mí no me importa lo que digan: matar a un niño de 6, 7, 8 meses es un crimen abominable. Y eliminar la vida de un ser humano por ser discapacitado se llama eugenesia y lo hacían los nazis. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal al ver a la senadora Leire Pajín despreciando la maternidad  y celebrando con jolgorio esta fiesta de la muerte. Hipócritas: todos los que estáis a favor del aborto, nacisteis un día.

El presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, pasará a la historia como otro monstruo más que no robaba dinero público pero que dio carta de legalidad a un genocidio masivo que cada año siega la vida de más de 100.000 niños en España. Y todo en el mismo día en que Zapatero decía en Suiza: «Nadie tiene derecho a arrebatar la vida de otro ser humano, absolutamente nadie». Forniquen tranquilamente, que luego siempre están ustedes a tiempo de mandar a su hijo a la trituradora. Que basura de país el que consiente este tipo de cosas. Que vergüenza de clase política que tenemos. Que asco de sociedad civil en la que se perpetra semejante matanza sanguinolenta y no le importa a casi nadie.

¿Nos salva una religión, una iglesia, nuestras obras o el Salvador?

«Ningún otro puede salvarnos pues en la tierra no existe ninguna otra persona a quien Dios haya constituido autor de nuestra salvación» (Hechos 4:12).

Jesús dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida y nadie va al Padre sino por mí»  (Juan 14:6). Fíjate bien lo que dice… No dice nadie va al Padre (es decir, al cielo)  a través de una religión. No dice a través de una iglesia o por sus buenas obras. No. Dice: «Nadie va al Padre sino por mí». Jesucristo afirmó ser el camino. No un camino. Sino el camino. Solamente hay un camino para salvarnos: y es que sea Jesús quien nos salve. Si algún cristiano piensa que es una religión la que le va a salvar, tengo malas noticias para él: Jesús no era católico ni evangélico ni ortodoxo. Él era judío. Si alguien piensa que por ser judío se va a salvar, se equivoca: si lees el Nuevo Testamento verás que Jesús centraba la mayoría de sus ataques no en borrachos o prostitutas sino en los religiosos de la época. En gente que era religiosa o que decía serlo.

Si no es una religión entonces ¿es quizás una iglesia concreta la que nos salvará? La Biblia nos dice que eso no es posible porque las iglesias están compuestas por personas pecadoras. «Por cuanto todos pecaron, todos quedan destituídos de la gloria de Dios» (Romanos 3:23). Dicho de forma sencilla: nadie puede entrar en el cielo si tiene pecado (y ahí radica el problema: en que todos somos pecadores). ¿Puede una iglesia compuesta por pecadores salvarme a mí de mis propios pecados? Eso es como si una persona que no sabe nadar quiere salvar a otra que se está ahogando. ¿Me va a salvar a mí la Iglesia Católica, que ha tenido Papas fornicarios y asesinos; la Iglesia Evangélica, que ha contado con falsos profetas y estafadores, o cualquier otra iglesia? No, de ningún modo. Definitivamente ningún pecador puede salvar a otro.

Mucha gente opina que son sus acciones las que les van a salvar porque son ciudadanos honestos, que hacen buenas obras o que no le desean el mal a nadie. Sin embargo, todo esto no es suficiente ya que incluso aunque seamos muy bondadosos aún así seguiremos teniendo pecado y eso nos cierra las puertas del cielo. Además, veamos de qué manera concreta somos salvos: «Porque por gracia sois salvos, por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios, no por obras para que nadie se gloríe» (Efesios 2:8-9). La Biblia indica que la salvación la obtenemos por fe, que es un regalo del Señor y que no es por obras ya que si de nuestros propios méritos dependiera, entonces nuestro corazón se podría llenar de orgullo y eso es algo que Dios aborrece. Por eso, nuestras obras nunca pueden ser la llave del cielo.

Entonces si no es una religión ni es una iglesia ni son nuestras obras… ¿Qué o quién nos salva? Pues el Salvador. Es decir, Jesucristo. Piensa una cosa… Cuando Dios envía a un salvador a la Tierra con la misión de limpiar a la humanidad de sus pecados y  de impedir que acabe abrasada en el infierno es por la sencilla razón de que nosotros, los humanos, no podemos salvarnos a nosotros mismos. Si así fuera, si yo pudiera entrar en el cielo por mí mismo, sería absurdamente innecesario que Dios hubiese enviado a un salvador a la Tierra. No somos nosotros, sino Dios, quien nos salva. ¿Entonces qué debemos hacer? Arrepentirnos de nuestros pecados y aceptar a Jesús como nuestro Señor y Salvador personal. Acepta a Cristo en tu corazón hoy mismo. Antes de que sea demasiado tarde. Quien sabe si mañana estarás vivo.

Anfós Ramon: el poeta valencià més llorejat de tots els temps.

Yo soc dels que pensa que, en mida de lo possible, els homenages cal fer-los quan u viu. Per això precisament, ara que es troba en l’hivern de  la seua vida, voldria escriure unes llínies que, encara que no arriben a fer justícia en absolut en el talent inconmensurable d’este singular home, sí puguen almenys ser humil testimoni de l’honor i el privilegi que és per a mi haver pogut viure en la mateixa época que un dels millors poetes valencians del segle XX i de sempre. Parle, evidentment, i com no podia ser d’una atra manera, del senyor Anfós Ramon i Garcia.

Anfós Ramon és el poeta valencià més llorejat de tots els temps. Ha conquistat centenars de premis lliteraris. Això significa que en tota l’història del Regne de Valéncia, una història que fins a lo que sabem actualment naix en el Rei Leovigilit en el segle VI fins a l’actualitat -en ple segle XXI-, ningú ha arribat a superar o inclús igualar este increïble registre. O dit d’una atra manera: Anfós és el més premiat en quinze segles d’història, en una gran nació a on ha hagut poetes que han compost els seus versos en llatí, en àrap, en llemosí, en valencià, en castellà i en català. Que no és poc.

Per a la posteritat queden ya obres mítiques com A tres carrers, Sembrarem la veritat, Des de la veu del silenci, Ofici de Paraules, La clau del llavi obert o Rapsòdia en carn per dins, entre unes atres. Dels numerosos guardons destaquem el Premi Valéncia, el Xavier Casp, el Ciutat de Castelló, el Falla Pintor Andreu d’Alzira, el Roïç de Corella, el Bernat i Baldoví, el Josep Maria Guinot, les Flors Naturals d’Algemesí o Valéncia i molt especialment el Premi Nacional de Lliteratura en Llengua Valenciana i el Llealtat. Sa antologia poètica i les memòries es publicaren fa poc.

Són molts i molt importants els poetes valencians que ha hagut a lo llarc del passat segle XX: Teodor Llorente, Miquel Hernández, Xavier Casp, Chimo Lanuza… Anfós Ramon és tan gran o més que qualsevol d’ells. És un dels grans creadors vius en llengua minoritària en Europa a l’altura de Milan Kundera, Bernardo Atxaga, Amos Oz o Ismail Kandare. El Premi Nobel de Lliteratura només està reservat per als que escriuen en anglés o francés pero si existira un Nobel per a autors en llengües minoritàries en tota justícia deuria guanyar-lo Anfós Ramon.

Encara que el 99% de la seua producció és en llengua valenciana, també ha fet incursions en castellà. Ramon posseïx eixe talent que només els genis tenen: arribar als cors, expressar coses molt complexes usant paraules molt senzilles. El seu estil neorrealiste incidix en eixes coses menudes que són les que fan gran a la vida i està impregnat del dolor i l’angoixa que comporta vore com una pàtria se desmorona i es mercadeja en ella i es ven a trossos. També ha cultivat una vasta obra de poesia fallera i  festiva que destaca per una ironia subtil i un sentit de l’humor deliciosament àcit.

Pero per lo que més l’admire és per ser un intelectual compromés en la seua pàtria i en la seua llengua. Ell podria haver pres el camí fàcil: el d’usar una llengua majoritària com l’espanyol o haver-se venut al pancatalanisme. Pero Anfós no ha naixcut per a ser traïdor sino patriota, encara que això signifique quedar condenat  a l’ostracisme a mans de la renegada i despreciable classe política que actualment nos desgoverna. Algun dia, si hi ha justícia en este país nomenat Regne de Valéncia, es reconeixerà la colosal figura d’Anfós Ramon: un dels millors poetes valencians d’ahir, hui i sempre.

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