Falacia atea: El hombre creó a Dios a su imagen y semejanza.

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La Santa Biblia dice que Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza (Génesis 1: 26-27) y efectivamente entiendo que es así en el sentido de que tenemos inteligencia para comprender, libertad para obrar y muy especialmente un espíritu que perdura. Sin embargo no pocos descreídos se atreven a darle la vuelta a esta afirmación: es el hombre el que ha creado a Dios a su imagen y semejanza.

Si así fuera, me pregunto qué sentido tiene inventar un dios que nos prohíbe actividades divertidas y placenteras tales como la fornicación, la pornografía, el adulterio, las orgías, las borracheras y otras cosas semejantes y que nos hace sentir mal si las practicamos. Puestos a crear un ser superior acorde a nuestros gustos y necesidades, tendría más sentido discurrir uno que nos incite a realizar tales cosas.

Cuando lees la Biblia te das cuenta de que Dios no tiene una lógica humana. Tener sexo con una sola mujer y dentro del matrimonio. Los últimos serán los primeros. Creer para ver en lugar de ver para creer. La salvación es un regalo y no tienes que hacer méritos para conseguirla. Es imposible que los hombres inventaran a Jehová porque sus enseñanzas denotan una forma de pensar no humana.

Otra de las razones que argumentan los ateos es el carácter antropomorfo de Yahvé: un anciano de barba blanca. Pero esto no es más que un mero convencionalismo, como cuando lo imaginamos en forma de triángulo con un ojo o al Espíritu Santo como paloma. En realidad Jehová es espíritu, quizás incluso sin una forma definida. Poco importa cuál sea su aspecto porque nadie lo ha visto (1 Juan 4:12).

Lo cierto es que no existe el ateo puro y duro, alguien 100% ateo, porque siempre allá en lo profundo de su ser algo le dice: «¿Y si en el fondo estoy equivocado? ¿Y si existe Dios? ¿Es posible que un Universo tan majestuoso se creara solo?» La voz de la conciencia nos desvela que hay algo más. Es la rúbrica de nuestro Creador. Es como si todos lleváramos un Made in Heaven impreso a fuego en nuestro corazón.

Desde que el mundo es mundo, incluso antes de que Dios se revelase a la humanidad, todas las personas, aun las tribus más primitivas, intuían que hay más de lo que los ojos ven. Hoy sigue pasando igual. Nuestro Hacedor puso eternidad en nuestro corazón (Eclesiastés 3:11), por eso nuestra conciencia lo busca con anhelo pese a que intentemos nublarla con abstrusos razonamientos ateos.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: Es imposible probar la inexistencia de Dios.

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Los ateos afirman que es imposible probar la inexistencia de un «ser imaginario» como Dios, que pretender aportar pruebas acerca de su no existencia es como querer hacer lo propio con la de un unicornio, la tetera voladora, Papá Noel o el ratoncito Pérez. Es decir: imposible. Así pues, los ateos exigen a los creyentes que demostremos nuestras afirmaciones al tiempo que ellos renuncian a probar las suyas.

Pero aparte de insultar la inteligencia de los cristianos con absurdas comparaciones infantiles (¿cuántas personas conocen ustedes que hayan comenzado a creer en el ratoncito Pérez de adultos?  ¿cuántos premios Nobel conocen ustedes que crean en los unicornios?) mienten porque esta afirmación -la de que es totalmente imposible probar la inexistencia de Dios- simplemente no es verdad.

Decir que no hay un Creador es tanto como decir:

1) Que el Universo se ha creado él solo y a sí mismo (o dicho de otro modo, que el Universo es creación y creador al mismo tiempo).

2) Que el Universo ha surgido de la nada o, en su defecto, que proviene de una causa que no es Dios.

3) Que el Universo, tal y como lo conocemos actualmente, es producto del azar.

Bastaría con demostrar estas tres tesis para probar la inexistencia de Dios. Pero ¿dónde están las pruebas? No hay ninguna. Los incrédulos, que se pasan el día reclamando evidencias empíricas a los cristianos acerca del Creador, son incapaces de aportar una sola prueba (¡ni siquiera un indicio!) que nos haga pensar que el Cosmos se creó solo y que, en consecuencia, los postulados ateos son ciertos.

No sólo no existe evidencia alguna de tales cosas. Lo que es aún peor; ni siquiera son razonables. Es decir, aunque no tuviéramos pruebas de todo ello sí podríamos sospechar que los ateos están en lo cierto si estos fenómenos se reprodujesen en la naturaleza. Pero ¿cuántas cosas conocen ustedes que se hayan autocreado? ¿Han visto alguna vez una galaxia, un árbol o un mosquito que se creen ellos solos y a sí mismos?

El científico ateo Stephen Hawking afirma que el Cosmos surgió de la nada. Si esto fuera verdad deberíamos ser capaces de observar más cosas que aparecieran de la nada. ¿Conocen ustedes una estrella, un microbio o una molécula que surjan de la nada? Hasta donde yo sé de la nada no puede salir otra cosa que no sea la nada. La generación espontánea es falsa y el Universo no es la excepción a la regla.

Otros dicen que antes de la Gran Explosión el Universo estaba concentrado en una partícula extremadamente diminuta y condensada; que la Gran Explosión fue el choque de dos Universos que colisionaron como placas tectónicas; que el Cosmos se expanderá y contraerá una infinitud de veces (sabemos que se expande pero nada hace pensar que deba contraerse), que hay Universos paralelos, etcétera.

Sin entrar a valorar si son correctas o no, cabe destacar que ninguna de estas teorías está probada y ninguna explica la causa originaria del Universo. Otros sostienen que el Cosmos no tiene principio y ha existido eternamente pero esto es falso porque si así fuera las estrellas ya se habrían apagado. Además sabemos que hubo un principio pues se encontraron radiaciones residuales procedentes del Big Bang.

Finalmente para los ateos el Universo actual es producto no de un diseñador inteligente sino del azar. Es decir, que el Universo, que es extremadamente complejo y ordenado a la vez, es así por casualidad. Yo me pregunto cuantas cosas conocen los ateos que sean extremadamente complejas y ordenadas y fruto de la casualidad. Si la Mona Lisa no es producto del azar ¿cómo va a serlo el Cosmos?

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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¿Y si Dios fuera del Barça?

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Para los cristianos el domingo es un día especial, el día del Señor, una fiesta. Pero para el grueso de la sociedad el domingo es el día del fútbol. Y hablando del deporte rey, un club  ha sobresalido de forma especial en las últimas campañas y es el FC Barcelona. Es innegable que en las últimas temporadas el Barça ha conquistado muchos títulos, ha ganado muchos partidos, ha cosechado grandes éxitos. No comento todo esto porque yo sea del Barça ni muchísimo menos (ojo, yo soy del Valencia, como cualquier persona decente), pero no cabe la menor duda de que el Barça ha sido el gran dominador del fútbol europeo los últimos años.

Cuando analizamos los éxitos de este club nos preguntamos cuál es el porcentaje de responsabilidad de los jugadores y cuál el del entrenador. ¿Gana el Barça porque tiene una plantilla conformada por una gran constelación de estrellas o porque ha tenido un magnífico entrenador como Josep Guardiola? ¿De quién es el mérito? ¿Un 60% de los jugadores y un 40% del entrenador? ¿Un 50%-50%? ¿Un 90%-10%? Yo a veces me pregunto qué hubiera pasado si Jesucristo en lugar de haber sido un carpintero hace miles de años fuera un entrenador de fútbol en nuestros días y finalmente hubiese acabado entrenando al conjunto catalán.

Jesucristo-entrenador tendría una filosofía deportiva completamente diferente. Jesús le pediría al presidente del Barça que vendiera todas las estrellas (Víctor Valdés, Carles Puyol, Gerard Piqué, Xavi Hernández, Andrés Iniesta, Leo Messi, David Villa, etc.) y en su lugar haría extraños fichajes: este gordo que se queda sin aliento a los cinco minutos para subir y bajar la banda, aquel jugador de balonmano para la defensa, ese chaparro que mide 1,50m de portero, aquel delantero de primera regional será el goleador del equipo y el fichaje estrella será ese paralítico que ahora mismo ni siquiera camina porque está en silla de ruedas.

Posiblemente el presidente del Barça pensaría que Jesús es un loco o peor; un infiltrado del Real Madrid para sabotear el equipo desde dentro. Pero aún así, incluso con unos jugadores tan lamentables, el Barça ganaría los títulos igualmente… porque ahí estaría actuando el poder de Dios. Y cuando esto ocurriera ya nadie se preguntaría lo que ahora nos preguntamos: «¿gana el equipo porque los jugadores son muy buenos o porque el entrenador es muy bueno?» Ya nadie tendría dudas… Habría total unanimidad por parte de prensa y aficionados al afirmar que el entrenador es el único responsable de todos los éxitos.

Pues bien, ésta es la forma de actuar que tiene Dios. Cuando Jesús vino al mundo no se rodeó de los más sabios, los más valientes, los que mejor conocían las Escrituras, sino que eligió a Pablo, un asesino; Pedro, un cobarde que le negó por tres veces; Judas Iscariote, un traidor; Mateo, un traidor a su país; María Magdalena, una adúltera; Tomás, un incrédulo y en definitiva unos apóstoles que no eran sino rudos pescadores. Antes Yahveh eligió a Abraham, un anciano; Moisés, un líder sin facilidad de palabra; David, un pastorcillo; Salomón, un jovencillo inexperto cuando subió al trono;  Josué y Gedeón, unos militares patéticos.

Dos cosas debemos aprender de todo esto. Primera: Dios no quiere superhéroes. No busca a Superman ni a Batman sino a gente normal y corriente, con sus pecados y defectos, gente como tú o como yo. Dios busca gente que se reconozca pecadora y que esté dispuesta a dar a su vida un giro de 180º y seguirle y aceptar a Jesús como su Señor y Salvador. Y  segunda, Dios no llama a los capacitados sino que capacita a los llamados. Si tú eres creyente y anhelas firmemente servir a Dios, Él te va a capacitar con las cualidades y dones necesarios. No importa cuáles sean tus limitaciones. Puedes lograr cosas increíbles cuando el Señor está de tu lado.

Falacia atea: Las creencias de los cristianos deben quedar relegadas a la esfera de lo privado.

Muy a menudo los ateos se quejan de que los cristianos tienen demasiada influencia en la vida pública y política de los Estados Unidos. Es más, dicen que está bien que los cristianos tengamos nuestras ideas pero que éstas deben quedar relegadas a la esfera de lo privado. «¿Quiere ser usted cristiano? Estupendo. Séalo en su casa, pero no promueva sus ideas en la vida pública. Y menos aún en el Parlamento». Es más o menos el mensaje que nos mandan. Sin embargo, los ateos nunca se quejan de la enorme influencia que tienen ellos mismos en la esfera pública y política de Holanda. O de la gran relevancia de la industria del aborto en Francia. O del colectivo homosexual en España. O de los ecologistas en Alemania. O de los liberales en Reino Unido. Sólo los cristianos molestamos. Nadie más.

A menudo nos dicen que nuestras creencias religiosas son privadas y que por lo tanto no debemos influir con ellas en la vida pública. Que no debemos «imponer» nuestras ideas y nuestros valores al resto de la sociedad. ¿Y por qué no? ¿Acaso no me imponen a mí sus creencias los abortistas y yo soy contrario al aborto? ¿No me imponen su visión de las cosas los banqueros y yo no soy banquero? En una democracia uno piensa blanco, otro negro y otro azul y la forma de resolver civilizadamente nuestras diferencias es llenando las urnas de papeletas. Y el que más votos obtiene impone su visión al resto. Y todos los colectivos, también los minoritarios, tienen derecho a participar de la vida pública y promover sus ideas en el conjunto de la sociedad. Pretender prohibir este derecho tiene un nombre: dictadura.

Son muchos los colectivos que hay en una nación democrática: banqueros, sindicatos, empresarios, partidos políticos, feministas, ecologistas, inmigrantes, ONG, cineastas, internautas, musulmanes, ateos… Todos participan de la vida pública y todos tratan de arrimar el ascua a su sardina. Hasta el punto de que muchas de las leyes que aprueban los políticos son fruto de la influencia de estos grupos de presión (a veces de uno y minoritario). Y estas leyes afectan no sólo a quienes forman parte de estos colectivos sino a toda la población. Bueno, si los demás tienen derecho a hacer esto los cristianos también. Yo respeto todas las ideologías y creencias aunque no las comparta, salvo aquellas que son injustas o totalitarias. No me parece demasiado el pedir un poco de respeto también para las mías.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: Es imposible que un verdadero ateo odie a Dios.

Muchas personas dicen que un verdadero ateo no puede odiar al Señor porque no se puede odiar algo que no existe. Esto no es verdad. Supongamos por un momento que Dios no existe (entendiendo a Dios como el Creador del Universo) ; incluso así seguiría existiendo Dios en cuanto a concepto. Y sí, por supuesto que se puede odiar el concepto o idea de Dios y lo que representa o trae aparejado (unos valores morales concretos, una iglesia, una religión, un estilo de vida, etc.). Supongamos que no existe la realidad de un Creador; aun así Dios seguiría siendo una realidad para millones de personas en el mundo que creen en Él (aunque fuese erróneamente) y esta realidad motivo de odio, burlas y ataques por parte de ateos.

Dicen que es imposible que un ateo odie a Dios. Falso. Cuando yo era ateo negaba la existencia de Dios, consideraba que no había tal, pero igualmente odiaba a Dios en cuanto a concepto, en cuanto a idea, en cuanto a realidad innegable que es para millones de personas en el mundo. ¿Ustedes creen que los ateos no odian al Señor y lo que representa?  A muchos les basta con oír la palabra «Dios» para escupir fuego por la boca. Pásense por cualquier foro ateo de internet y preséntense educadamente como cristianos y verán una respuesta llena de veneno y de mala leche por parte de muchos de sus participantes. Es la intolerancia de los tolerantes, capaces de respetar a todo el mundo siempre que piense igual que ellos.

¿Un ateo no odia a Dios? ¿Por qué entonces dedican tantos esfuerzos en hacer su proselitismo ateo, en tratar de destruir la fe de los creyentes, en escribir artículos, libros, páginas-web en lugar de ser indiferentes ante algo que «no existe»? ¿Por qué, con lo largo que es el año, convocan procesiones ateas justo el mismo día que los católicos hacen las suyas (con un ánimo evidente de provocación y enfrentamiento)?  ¿Por qué parodiar groseramente a Cristo si no se parodia groseramente a los ateos? ¿Por qué fusilar cristianos en Corea del Norte? ¿Por qué un día internacional de la blasfemia? «Dios es como los unicornios» -te dicen-. Bien, yo no veo que los ateos convoquen un día internacional para insultar a los unicornios.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: La ausencia de pruebas sí es prueba de ausencia.

«La ausencia de pruebas no es prueba de ausencia». Esta afirmación fue pronunciada por el conocido divulgador científico Carl Sagan. La frase es de un enorme sentido común ya que porque una cosa no se haya demostrado no significa necesariamente que no exista. Puede significar simplemente que no se ha demostrado… todavía. Me llama mucho la atención que esta idea la popularizase un ateo como Carl Sagan porque precisamente hoy muchos ateos y escépticos esgrimen justo lo contrario, lo que evidencia una cortedad de miras tan brutal que asusta.

«¿Dónde está Dios? Pruébame su existencia» -te dicen-. «Si no has podido demostrarla entonces es porque no existe, porque no es más que un ser imaginario en la mente de los ignorantes». Cosas así las oigo a menudo. Y te lo dicen como si a Dios se le pudiese encerrar en un laboratorio o ponerlo debajo de un microscopio. O como si pudieses obligar a Dios a mostrarse incluso si Él no quiere. Lamentable. Los ateos defienden una idea descabellada: si no está demostrado entonces no existe, que es como decir que la ausencia de pruebas sí es prueba de ausencia.

Veamos qué pasaría si aplicáramos este razonamiento ateo a otras áreas de la vida. La materia oscura se descubrió en el siglo XX. ¿Quiere decir eso que no  existía en el XIX? ¿No existía la gravedad antes de que el físico Isaac Newton la descubriera? ¿O la ciudad de Troya antes de que el arqueólogo Henry Schliemann hallara sus restos? ¿Había una América antes del año 1492? Pero es más… si nada de esto se hubiera descubierto todavía ¿significaría eso que ni la materia oscura ni Troya ni la gravedad ni el continente americano existen a día de hoy?

Hay gente que cree imposible la vida extraterrestre inteligente porque al fin y al cabo ¿dónde están las pruebas? ¿Dónde el platillo volante? ¿Has tocado alguna vez a un alien? La ausencia de pruebas prueba la ausencia. Yo tengo una mente más abierta y considero un atrevimiento negar esta opción de forma tajante… sobre todo si tenemos en cuenta que el 98% del Universo está inexplorado y que ni siquiera hemos logrado salir del Sistema Solar. Quizás sí haya una civilización alienígena pero se encuentra demasiado lejos y por eso no la hemos contactado aún.

Que no tengamos pruebas empíricas de algo no significa necesariamente que ese algo no exista. Puede significar simplemente que no se ha comprobado… todavía. Y que por tanto hay que seguir investigando. ¿O es que acaso nos creemos tan inteligentes como para pensar que ya está  todo descubierto y que lo que no se haya descubierto hasta la fecha no se descubrirá nunca? La ausencia de pruebas no es prueba de ausencia, en palabras del propio Carl Sagan, quien por cierto era ateo. Que tú no puedas ver a Dios con un telescopio no significa que Él no te vea a ti.

¿Pero cómo creer en un Ser que se esconde? La grandeza de la creación revela la existencia de un Creador, por lo que absolutamente nadie tiene excusa para negarlo.  «Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que Él creó, de modo que nadie tiene excusa. A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón» (Romanos 1:20-21).

Que el Universo se haya autocreado sería todavía más increíble que si La Mona Lisa se hubiera pintado ella sola y a sí misma. Cuando ves la grandeza del macroverso, con sus galaxias, espirales y nebulosas, o la del microverso, con los átomos o los genes, te das cuenta de que el más diminuto ser unicelular es mil veces más complejo que el más potente ordenador. La prueba es que puedes construir una computadora pero no darle vida a una célula. La creación es exageradamente compleja y ordenada. Nadie tiene excusa para decir que no hay Dios.

Lo más curioso es que los ateos aceptan cosas no comprobadas y luego nos acusan de irracionales a los creyentes si hacemos lo mismo. Muchos ateos aceptan la Teoría de Supercuerdas, los Universos paralelos, que la velocidad de la luz es constante entre unos puntos A y B o que la vida en la Tierra comenzó en el mar con una célula que apareció casi por arte de magia. Nada de esto ha sido demostrado nunca. No existe ni una sola prueba de tales cosas, sin embargo no pocos ateos las aceptan sin dudar y tan sólo exigen pruebas de la existencia del Señor.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Por qué dejé de ser ateo PDF (Descargar gratis) (Editorial Dinámica).

Título: Por qué dejé de ser ateo.

Autor: Josué Ferrer.

Prólogos: José Grau y José de Segovia.

Edita: Editorial Dinámica.

Primera edición: Pembroke Pines, Florida, Estados Unidos, mayo de 2009.

Segunda edición: Pembroke Pines, Florida, Estados Unidos, julio de 2012.

ISBN: 987-1478-04-0

Sinopsis:

Este libro revolucionará completamente tu mundo. Las evidencias explícitas sobre la existencia de Dios y cómo comprobarlas son tan aplastantes, que no volverás a ser la misma persona al finalizar la última página. ¿Perdiste la fe y no sabes cómo recuperarla? ¿Tienes fe, pero te falta fundamento? ¿No tienes fe en nada ni en nadie? ¿Eres o conoces a alguien que dice ser ateo? Acepta hoy el desafío bajo la magistral pluma de Josué Ferrer y comprobarás que no todo es lo que parece. ¡Garantizado!

Ahora puedes descargarte gratis el libro. Es un obsequio de Editorial Dinámica y del autor. Para adquirirlo pincha aquí:

-Por qué dejé de ser ateo PDF (descarga libre).

Edito:

Le invito a que lea la noticia que publicó sobre el tema El librepensador:

NOTICIA ESCRITA:

http://www.ellibrepensador.com/2012/08/04/por-que-deje-de-ser-ateo-de-josue-ferrer/

http://www.protestantedigital.com/ES/Cultura/articulo/14898/Por-ue-deje-de-ser-ateo-libro-de-josue-ferrer

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¿Es Pedro la roca sobre la que se edifica la Iglesia?

“13Al llegar Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo:

—¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?

14 Ellos dijeron:

—Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas.

15 Él les preguntó:

—Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

16 Respondiendo Simón Pedro, dijo:

—Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

17 Entonces le respondió Jesús:

—Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 18 Y yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no la dominarán. 19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos: todo lo que ates en la tierra será atado en los cielos, y todo lo que desates en la tierra será desatado en los cielos. 20 Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijeran que él era Jesús, el Cristo. 21Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho a manos de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día. 22 Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirlo, diciendo:

—Señor, ten compasión de ti mismo. ¡En ninguna manera esto te acontezca!

23 Pero él, volviéndose, dijo a Pedro:

—¡Quítate de delante de mí, Satanás! Me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (Mateo 16:13-23).

*    *    *

A partir de este pasaje del Evangelio de Mateo, el Vaticano sostiene que Cristo es el fundador de la Iglesia Católica, que edifica sobre Pedro, que sería el primer Papa de la historia. El catolicismo romano considera que su Iglesia es la única válida, la única instaurada por Jesucristo, que fuera de ella no existe la salvación y que es un hecho lastimoso que los hermanos separados (léase, los cristianos evangélicos) no reconozcan un hecho tan palmario y notorio como que la Iglesia se edifica sobre la figura de Pedro (y claro, por añadidura sobre sus sucesores de Roma).

¿Pero es esto así realmente? Los católicos argumentan que Jesús cambia el nombre de su discípulo Simón bar  Jonah en Cefas o Pedro, pero actúa igual en todos los cambios onomásticos registrados en la Biblia (Abram-Abraham, Saray-Sara, Jacob-Israel, Oseas-Josué (que es lo mismo que Jesús dicho sea de paso), etc. Esa mutación implica una nueva realidad, una nueva función. Simón bar Jonah se convertirá en aquel que primero manifestará al mundo quién es la piedra angular del Templo de Dios (lo cual no significa que él sea la roca o piedra).

Debemos aclarar que Petros (Pedro en griego) no es lo mismo que Petra (piedra, roca en griego). Sin embargo, Pedro fue un apóstol muy importante. Recibió de Jesús el ministerio de las llaves del Reino, es decir, la facultad de abrir el Evangelio tanto a judíos como a gentiles, como leemos en Hechos, donde es Pedro quien predica a los judíos en Pentecostés y días sucesivos, y es también él quien recibe la comisión de visitar y bautizar al gentil Cornelio con su familia. Pero tampoco esto lo convierte en la piedra sobre la que se asienta la iglesia de Cristo.

¿Por qué Pedro no es la roca? Si Pedro fuera la piedra sobre la que se asienta la Iglesia, entonces poca estabilidad tendría.  Tengamos en cuenta que sólo un poco más tarde (versículo 23) Jesús llama a Pedro “Satanás” y “tropiezo” porque no ponía su mira en las cosas de Dios sino en las de los hombres. ¿Sería el cimiento de la Iglesia un hombre pecador como cualquier otro y que negó a Cristo por tres veces? Deuteronomio 32:4 profetiza: «Él es la Roca, cuya obra es perfecta». ¿Se refiere a Pedro? Parece que no porque desde luego su obra distaba mucho de ser perfecta.

Si Pedro hubiera sido la roca sobre la que  edificar la Iglesia, llama la atención que tan importante acontecimiento no sea nombrado por Marcos (8:27-30) y Lucas (9:18-20) . Ningún Evangelio sinóptico afirma que la piedra, la roca o el fundamento sobre el que se edifica la Iglesia sea Pedro. Tampoco Juan lo afirma. Ni Pablo. Ni Judas.  Es más; fijémonos en que Jesús no dice “Tú eres Pedro y sobre ti edificaré mi iglesia” (como interpretan los católicos) sino “Tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi iglesia”. La cuestión entonces es ¿quién o qué es esta roca?

No es otra que la confesión que Pedro hace en el versículo 16: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Esta confesión -que Jesús es Dios- es la piedra angular, la roca, sobre la que se sostiene la Iglesia. Pablo lo confirma en 1 Corintios 15:14: “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también nuestra fe”. Es decir, todo el peso, toda la esencia del cristianismo pasa por creer que Jesús es Dios. Si Jesús no resucitó, entonces no era Dios y por lo tanto el cristianismo sólo sería una farsa y los creyentes estaríamos engañados por una mentira.

Dice Pablo: “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias. Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a elementos del mundo, y no según Cristo” (Colosenses 2:6-8). Es llamativo como el apostol Pablo llama a los creyentes -es decir, a la Iglesia- a estar sobreedificados en Jesucristo. En ningún momento menciona nada sobre Pedro.

El fundamento sobre el que plantaba Pablo era Jesucristo, no Pedro, o dicho de otro modo, el fundamento era colocado cuando Cristo era predicado, por eso convenía anunciarlo en cuantos lugares resultara posible: “…con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo. Y de esta manera me esforcé en predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiera sido anunciado, para no edificar sobre fundamento ajeno…” (Romanos 15:19-20).

En Efesios 2:9-22 dice Pablo: “Por eso, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo. En él todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu”. Otra vez se repite la misma idea: la piedra angular es Cristo -no Pedro- y sobre ella somos edificados los creyentes, esto es, la iglesia.

Y añade: «Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo, como perito arquitecto, puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Corintios 3:10-11). Dice la Iglesia Católica Romana que «el Señor hizo a Pedro, y solamente a él, la piedra de su Iglesia» (Catecismo 881). Pero dice el Señor que el fundamento de su Iglesia es Jesucristo y que nadie puede cambiarlo (1 Corintios 3:11). ¿A quién haremos más caso entonces? ¿A Dios? ¿O a Roma?

¿Quién es la roca entonces? Sólo hay una persona que califica para suministrar el fundamento sólido al bendito edificio, el cual permanecerá aún ante las Puertas del Hades: Jesús el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Su divinidad es la roca sólida, el fundamento inconmovible sobre el cual descansa la Iglesia. No Pedro, un gran apóstol pero pecador al fin como todos los hombres. Los escritos apostólicos, dirigidos a las comunidades de Roma, Efeso, Colosas y Corinto, no dejan la menor duda de que la Iglesia primitiva  se encuentra edificada sobre Jesús y sobre nadie más.

Finalmente y por si no quedase claro, Pablo nos desvela el misterio de quién es la famosa roca: “No quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube, y todos pasaron el mar; que todos, en unión con Moisés, fueron bautizados en la nube y en el mar, todos comieron el mismo alimento espiritual y todos bebieron la misma bebida espiritual, porque bebían de la roca espiritual que los seguía. Esa roca era Cristo” (1 Corintios 10:1-4). Así pues, la piedra o la roca sobre el que se edifica la Iglesia es la de la divinidad del Señor Jesús.

FUENTE: Biblia Reina-Valera 1995.

Falacia atea: El cristianismo debe adaptarse a los nuevos tiempos.

Entre los muchos prejuicios de los escépticos destaca el de pensar que el mensaje del cristianismo es caduco, trasnochado. A menudo dicen que el cristianismo debería adaptarse a la sociedad, que corren nuevos tiempos, que la gente va por un lado y la iglesia por otro distinto, que renovarse o morir… Y nos citan como ejemplos de renovación que la iglesia considere aceptable el aborto o la homosexualidad, ya que al fin y al cabo cuentan con el visto bueno de la mayoría social.

El argumento de adaptarse a los nuevos tiempos es, para el escritor César Vidal, uno de los más endebles. Y es que el cristianismo ha ido siempre contracorriente, especialmente en sus orígenes, cuando la cristiana era una secta minoritaria. Me puedo imaginar a los antiguos romanos y atenienses diciéndole a los apóstoles que tienen que integrarse en la sociedad, que si el politeísmo o la prostitución sagrada cuentan con el respaldo de la mayoría, ellos deberían aceptarlo o nadie les hará caso.

Pero lo cierto es que el cristianismo no puede rebajarse para agradar a los hombres ni para acomodarse a las modas del momento. Es el mundo el que debe adaptarse a Dios, no Dios  al mundo. Los apóstoles sólo eran doce y aun así consiguieron revolucionar el planeta. Y todo porque se negaron a prostituir el mensaje de Jesús y creyeron en Él. La esencia del cristianismo no debe cambiar. A quien no le guste, que lo rechace. Es así de sencillo. Dios no obliga a nada a nadie.

Una actualización -léase perversión- del Evangelio para aclimatarse a los gustos de ateos, agnósticos, laicos, homosexuales, feministas y otros grupos de presión no traería más fieles a la iglesia sino  menos, porque el ateo no va a dejar de serlo por más que le presentes una religión a gusto del consumidor, y el cristiano huirá despavorido de esa sinagoga de Satanás. Así ocurre con las iglesias evangélicas que aceptaron el gaymonio y lesbimonio: su número de feligreses ha caído en picado.

El cristianismo no es como un menú de restaurante, donde eliges y desechas platos, donde comes sólo lo que a ti te gusta y puedes ordenarle al camarero cuanto picante quieres que te ponga en el pescado. Crear una religión a la carta, donde aceptas un mandamiento y otro no, o donde cumples solamente con la parte que a ti te gusta, es de necios porque esto es engañarse a uno mismo. El cristianismo no es un menú de restaurante. Es como las lentejas. O las tomas o las dejas.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: La Biblia ha sido mal traducida o manipulada por los cristianos.

Los ateos más desinformados a menudo aducen que la Biblia que nos ha llegado a nuestros días ha sido manipulada. Quién sabe qué contaba en realidad la Biblia original (perdida con el paso de los siglos); posiblemente nos diría que Jesús fue solamente un profeta, un hombre, pero la Iglesia Católica arregló las Escrituras para que nos creyéramos que es Dios y mantener en pie su negocio. O quién sabe: quizás Jesús fuera un revolucionario premarxista o un homosexual o quizás se casó con María Magdalena y tuvieron hijos o ¡cuantas barbaridades más!

La verdad es que hasta hace relativamente poco los cristianos no teníamos argumentos de peso para poder neutralizar estas sospechas, por otro lado razonables. Pero todo cambió en el año 1947, cuando tres pastores pertenecientes a la tribu beduina Tàamireh, llamados Jalil Musa, Jum’a Mohamed y Mohamed ed Dhib descubrieron de manera fortuita manuscritos ocultos en una cueva de Qumrán (Israel). Sin quererlo, estos pastores nómadas habían hecho uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de todos los tiempos.

Con los años, se encontraron más documentos en varias cuevas, once en total, celosamente guardados en jarras de barro que contenían un buen número de textos en hebreo, arameo y griego. Hay 800 documentos, datados entre el siglo II AC y el 70 DC.  Entre ellos, varias copias de la Biblia. Hasta el descubrimiento de Qumrán, los manuscritos bíblicos más antiguos de los que disponíamos databan de los siglos IX-X DC, por lo que cabía sospechar que en ellos se podrían haber manipulado textos, añadiendo, quitando o alterando palabras o frases del original.

Esto desató la imaginación de los más conspiranoicos que soñaban con que las Biblias de Qumrán nos confirmarían que Jesús era un impostor. Pero con los hallazgos, los científicos han demostrado que los textos bíblicos encontrados coinciden con exactitud minuciosa con los medievales, aunque son casi mil años anteriores, y que las pocas variantes que presentan coinciden en gran parte con algunas ya atestiguadas por la versión griega de los Setenta o por el Pentateuco samaritano. Es decir, que las Biblias actuales son idénticas a las de hace 2000 años.

Algunos ateos dicen que la Biblia está mal traducida. Cierto es que tiene algunos pequeños errores de traducción. No muchos por otro lado, y ninguno de ellos afecta a lo esencial sino a cosas de orden menor. Por  esto es normal ya que al traducir de un idioma a otro es inevitable que algo de significado se pierda por el camino; ocurre en el 100% de los casos.  Pero las versiones actuales son fieles a las antiguas; la prueba es que los rollos del Mar Muerto son públicos, disponibles en internet, y si fueran distintos de la Biblia actual ya lo habría denunciado algún ateo.

Otra acusación similar la hacen los musulmanes. En la tradición islámica se cuenta que los cristianos manipularon la Biblia y por ello el arcángel Gabriel encomendó al profeta islámico Mahoma escribir el Corán, que supuestamente es el mensaje original de Dios sin la manipulación judeocristiana. El Corán nos cuenta una historia similar a la de la Biblia pero con cambios notables: Moisés fue musulmán, Ismael el hijo prometido, Judas Iscariote fue el crucificado, Jesús no era Dios sino un hombre, etc. Los escritos de Qumrán desmienten todo esto.

Pero es más: la Biblia no sólo no ha sufrido manipulación alguna en los últimos dos milenios, sino que el propio Mahoma la creía válida. De hecho en el Corán se aceptan como fiables las escrituras judías y cristianas: «Él le enseñara la Escritura, la Sabiduría, la Torá y el Evangelio» (Sura 3:48) y «¡Creyentes! Creed en Alá, en Su Enviado, en la Escritura que ha revelado a Su Enviado y en la Escritura que había revelado antes. Quien no cree en Alá, en Sus ángeles, en Sus Escrituras, en Sus enviados y en el último Día, ese tal está profundamente extraviado»  (Sura  4:136).

Y añade: «¿Buscaré, pues, a otro diferente de Alá como juez, siendo Él Quien os ha revelado la Escritura explicada detalladamente? Aquellos a quienes Nosotros hemos dado la Escritura saben bien que ha sido revelada por tu Señor con la Verdad. ¡No seáis, pues, de los que dudan! La Palabra de tu Señor se ha cumplido en verdad y en justicia. Nadie puede cambiar Sus palabras. Él es Quien todo lo oye, todo lo sabe» (Sura 6:114-115). Si la Biblia hoy es igual que hace 2000 años, y hace 1400 Mahoma la consideraba fiable, entonces ¿en qué momento se manipuló?

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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