Arabia Saudita: la cuna del islam.

Para los occidentales, Arabia Saudí es un inmenso desierto bajo cuya arena se esconde un más inmenso todavía oceano de petróleo. Este país del Golfo Pérsico es el que tiene más petróleo del planeta, y es uno de los primeros en gas natural, lo cual hace que los gobernantes de todo el mundo rindan pleitesía a su despótico rey.

Pero para los mahometanos Arabia es lo que el Vaticano para los católicos. La Meca es su centro espiritual, una ciudad a la que acuden cada año millones de peregrinos para cumplir con uno de los cinco pilares básicos del islam. Allí nació el profeta Mahoma, que luego habría de expandir el islam y el árabe por el mundo.

Este reino es el referente de los suníes, que son el 90% de musulmanes, y tiene su principal contrapoder en Irán, la tierra del chiismo. Desde Arabia Saudita se financia la construcción de mezquitas y madrasas por todo Occidente, que propagan la doctrina salafista, una de las más integristas de la secta de la media luna.

Arabia Saudita es una teocracia medieval donde el Corán hace de Constitución y la Sharia es la ley fundamental. En esta monarquía absolutista no hay elecciones, derechos humanos o partidos políticos. La familia Saud gobierna esta nación como si fuese su cortijo, hasta el punto de añadir su propio apellido al nombre del país.

La familia real (en teoría descendiente de Mahoma) está compuesta por más de 7.000 miembros, convenientemente mantenidos y remunerados; cuenta con un monarca todopoderoso y centenares de príncipes. El rey dispone de su propio harén y gobierna con mano de hierro. Arabia se independizó de Gran Bretaña en 1926.

El alcohol y el cerdo están prohibidos. También los cines y teatros. A la hora de los rezos se cierran tiendas y programas de TV. Las mujeres no conducen. Existe una policía que vela por la moral. Cristianos y judíos son expulsados del país incluso por rezar en la intimidad de sus hogares… Arabia Saudí es el auténtico rostro del islam.

Emiratos Árabes Unidos: un reino de reinos.

Emiratos Árabes Unidos (EEAAUU) es un reino de reinos. Se trata de una federación de siete estados soberanos, cada uno con su príncipe o emir: Abu Dabi, Ajmán, Dubái, Fujaira, Ras el Jaima, Saria y Um el Kaiwain. Esta compleja y fascinante alianza de monarquías constituye un insólito sistema político digno de estudio.

Es una monarquía absolutista sin elecciones ni partidos políticos. El gobierno lo desempeña el Consejo Supremo, compuesto por los siete emires. Por tradición, el cargo de presidente  recae en el emir de Abu Dabi y el de primer ministro en el de Dubái, los dos países más grandes y poderosos de la pequeña federación de emiratos.

Pese a su reducido tamaño, EEAAUU es de los principales productores mundiales de petróleo y gas natural. De hecho, cuenta con recursos por lo menos para cien años. Pero los emiratís son bastante más inteligentes y pragmáticos que la mayoría de estados vecinos del Golfo Pérsico y ya se preparan para un futuro sin oro negro.

Están pasando de una economía monocultivo a una diversificada, con industria, alta tecnología y turismo (destacables son sus islas artificiales, como Burj al-Arab y Palm Islands). Esto, además de su posición favorable a Occidente, le ha valido al país islámico para ser calificado como el Hong Kong o el Singapur de Oriente Medio.

Los EEAAUU se independizaron de Gran Bretaña en 1971. Abu Dabi, Ajmán, Dubái, Fujaira, Saria y Um el Kaiwain fueron los miembros fundadores, a los que se sumó Ras el Jaima un año después. En 1968 se buscó una unión con Qatar y Baréin, pero finalmente estos emiratos se independizaron y siguieron su propio camino.

Aunque hablamos de un desierto que en verano alcanza los 50º de temperatura, esta monarquía federal cuenta con cuatro millones y medio de habitantes, de los cuales más del 80% es población inmigrante (que trabaja en semiesclavitud) atraída por las opertunidades que ofrece uno de los países con mayor nivel de Asia.

Costa de Marfil: el botín del cacao.

Costa de Marfil fue colonia francesa desde 1893 a 1960. Al menos, oficialmente. Y es que Francia aún actua como potencia colonizadora, sirviéndose de políticos-marionetas. Costa de Marfil es el primer productor mundial de cacao y un bocado suculento para la opresora Francia, que impide a los marfileños ser realmente libres.

El nacimiento de Costa de Marfil como estado independiente va vinculado al presidente Houphouët-Boigny, para algunos un títere de Francia, para otros el padre de la nación. Boigny mejoró la economía y condiciones de vida de la población y creó un sentimiento de «marfileñidad» para unir a las 60 etnias del país.

Los conflictos internos son sobre todo religiosos. Costa de Marfil tiene un 30% de inmigración; el 70% de la cual es musulmana, lo cual está transformando en islámico un país que históricamente fue cristiano y animista. La población mahometana acostumbra a quemar iglesias y asesinar cristianos en el norte del país.

A causa de las diferencias religiosas y étnicas, Costa de Marfil es un estado débil y poco cohesionado, lo cual lo convierte en presa fácil del colonialismo francés. Tras los golpes de estado, guerras civiles o elecciones fraudulentas, siempre se esconde un choque entre los colaboracionistas de Francia y los que desean cortar lazos con París.

Económicamente, el país es referente mundial en la exportación de café y cacao y dispone de una notable industria minera, petrolífera y de telecomunicaciones. Es uno de los estados más prósperos de África Occidental, pese a lo cual sigue existiendo esa gran pobreza y desigualdad social características del Tercer Mundo.

La Guerra Civil de 2002 a 2007 y la de 2011 entre los partidarios del líder cristiano Laurent Gbagbo y los del líder musulmán Alassane Ouattara han mermado notablemente la economía de los marfileños y han abierto una brecha insalvable entre el norte musulmán y el sur cristiano que de hecho ha partido la nación en dos.

Líbano: de la Suiza mediterránea al infierno islámico.

Hablar de Líbano es hablar de una de las civilizaciones más antiguas de la humanidad. En la Biblia encontramos textos que ensalzan la soberbia calidad de su madera. Y es que los cedros del Líbano son mundialmente famosos, hasta el punto de ser el emblema nacional  que figura en la bandera de la milenaria nación.

Líbano es un añejo crisol de culturas y a la vez un ejemplo vivo del fracaso de la multiculturalidad. Actualmente, el 54% de libaneses son musulmanes y el 40% cristianos, principalmente maronitas. Los primeros son prosirios y los segundos buscan el apoyo de Israel. El choque de civilizaciones ha devastado el diminuto país.

Las Falanges Libanesas de Pierre Gemayel se opusieron al colonialismo francés y Líbano se independizó en 1943. Hasta los años 70, fue el centro financiero más importante de la región. En aquella época gobernaban los cristianos y la patria era conocida como la «Suiza mediterránea» o el «París de Oriente Próximo», entre otros.

Pero entonces llegó la guerra civil libanesa (1975-1990) que enfrentó a las dos comunidades religiosas y que acabó con la victoria final de las huestes de la media luna. Actualmente, la república se encuentra hecha pedazos, gobernada por la organización terrorista islamista Hezbolá y bajo la permanente tutela de la vecina Siria.

Como todos los estados pequeños, Líbano ha sufrido el colonialismo. De Turquía y Francia ayer, y de Siria, Irán e Israel hoy. Los magnicidios de Kamal Jumblat (1977), Bashir  Gemayel (1982), Rafik Hariri (2005), Pierre Amine Gemayel (2006) y la guerra contra Israel (2006) han fracturado un estado ya frágil.

Líbano es, en definitiva, un estado fallido, un país sujeto con alfileres, un barril de pólvora siempre a punto de explotar, un pueblo dividido por fanáticos religiosos de ambos bandos que predican el odio que hace imposible la convivencia. Y es la prueba de que cuando el islam llega al poder, acaba con la prosperidad y la libertad.

Siria: el sueño nostálgico del panarabismo.

La República de Siria es la nación heredera del histórico Reino de Damasco. Damasco es una de las ciudades más antiguas del mundo. Allí vivió el patriarca Abraham y allí se dirigía Saulo cuando el Mesías se le apareció. En torno a esta ciudad milenaria orbita la actual Siria, un actor clave en el mapa de Oriente Próximo.

El sirio es un estado inestable y convulso, donde falta un proyecto nacional que cohesione el país. Ha tenido monarquía, república y dictadura y con los tres modelos ha funcionado mal. Ha padecido infinitud de gobiernos volátiles y golpes de estado, también guerras con Israel así como el colonialismo de Turquía y Francia.

Los sirios se sienten más árabes que sirios y sueñan con el panarabismo. De hecho, Siria se fusionó con Egipto y ambos crearon la República Árabe Unida, que duró de 1958 a 1961 (y cuya bandera aún conserva como propia Siria). Con posterioridad, se planteó fusionarse con Egipto e Irak pero nuevamente el intento fracasó.

En los últimos decenios ha proliferado, no obstante, un creciente nacionalismo expansionista que habla de la Gran Siria, que incluiría la anexión de Líbano. Los sirios apoyaron al bando musulmán que finalmente venció la Guerra Civil Libanesa (1975-1990) y que transformó la «Suiza mediterránea» en un satélite sirio.

Desde 1963 el Partido Baas ha gobernado el país bajo la declaración del estado de emergencia y desde 1973 el presidente de Siria ha pertenecido a la familia Assad, que controla la nación como si de su cortijo privado se tratase. Es una feroz autocracia islamosocialista donde la represión y la falta de libertades son la norma.

Siria es una dictadura de opereta, un país medieval cuya economía se basa en la agricultura y en una modesta extracción petrolera y gasística. A su vez, es un foco de tensión porque financia el terrorismo, interviene en asuntos libaneses y forma junto con Irán y Líbano un triunvirato que sueña con un Oriente Próximo sin Israel.

Irán: el desafío nuclear.

Hablar de Irán es hablar de Persia, una civilización verdaderamente milenaria. Persia llegó a su máximo esplendor imperial en el siglo V A. C. con el rey Darío I. Siempre ha sido una nación poderosa que ha disputado la supremacía de la región con las potencias vecinas a lo largo de una dilatada historia de incontables siglos.

Ya en tiempos modernos, Irán sufrió el colonialismo soviético y británico. El último Sha persa fue un títere de Occidente, pero el pueblo forzó su marcha en 1979. Justo entonces llegó el ayatolá Rudollah Jomeini, que estableció la actual tiránica teocracia islamista, caracterizada por la sharia, la falta de libertad y el terror.

Hoy Irán es una potencia regional de setenta millones de almas con tremendos recursos petroleros y gasísticos. Los iraníes son una nación bastante cohesionada (pese a las  minorías kurda y suní), con un ejército fuerte (que frenó al Irak de Sadam Hussein en la guerra de 1980-1988). Mayoritariamente, se profesa la fe chiita.

Los iraníes son una población culta y preparada pero que vive en la pobreza. La cultura persa es muy rica en sus diferentes manifestaciones como en poesía, arquitectura o cine. Los iraníes tienen un acusado sentimiento de identidad y se ofenden cuando los occidentales piensan, por ignorancia, que hablan árabe y no persa.

El integrismo islamista de Irán es un espejo en el que se miran millones de musulmanes en todo el mundo, en especial los de Siria y Líbano. El actual presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, financia organizaciones terroristas, niega el holocausto judío, desea borrar a Israel del mapa y echar a los judíos al mar.

Y para ello pretende dotarse de bombas atómicas, pese a la prohibición expresa de la Comunidad Internacional, lo que podría ocasionar una nueva guerra en el futuro. El desafío nuclear de Ahmadineyad posiblemente sea la amenaza más grave para la paz y estabilidad mundial desde el ascenso del nazismo en los años 30.

Egipto: el país de los faraones.

Hablar de Egipto es hablar de una de las civilizaciones más antiguas y sobresalientes de la historia de  la humanidad. Son mundialmente famosas sus pirámides, esfinges y obeliscos, y aún hoy sigue siendo un misterio cómo pudieron construirse con tal nivel de precisión con la rudimentaria técnica de hace miles de años.

Antes de Cristo, Egipto disputó la hegemonía mundial a romanos, macedonios y persas. En el siglo VII, los árabes conquistaron la nación, ya decadente, a la que llevaron su lengua y religión. A lo largo de su extensísima historia, un Egipto débil ha sufrido las invasiones de mongoles, otomanos, franceses,  británicos, israelíes, etc.

Egipto fue la primera colonia africana en independizarse del Imperio Británico (1922). Hoy es una dictadura islamosocialista que persigue a los cristianos coptos. No obstante el ejército -el auténtico poder allí- ha impedido el ascenso de los integristas, que acabarían con el turismo y de paso, con el cuello de los altos mandos.

El país tiene ochenta millones de habitantes, casi todos en las fértiles tierras del delta del Nilo. El Cairo es la ciudad  más grande de África y Alejandría una de las más importantes. El desierto del Sáhara actúa como una defensa natural frente a ataques por el oeste y sur. Y Egipto posee el canal de Suez, el más importante del globo.

La empobrecida población sufre desde hace décadas a corruptos faraones que saquean las arcas públicas, como Faruk I, Gemal Abdel Nasser, Anwar el-Sadat o Hosni Mubarak. Este último fue derrocado en febrero de 2011 tras unas fuertes revueltas populares inspiradas en la revolución de los jazmines de Túnez.

Egipto es un pueblo con mucho pasado, poco presente y ningún futuro. Es una gran nación con una historia legendaria pero arrastra 2000 años de decadencia. Es una potencia en África pero la sombra del país glorioso que un día fue. La caída de Mubarak abre las puertas a múltiples escenarios, pero todos sombríos e inciertos.

Túnez: un faro que ilumina África.

La tunecina es una región con muchísima historia. Allí nació la Cartago de Aníbal, que disputó la supremacía del orbe a Roma. Cartagineses, romanos, bizantinos, bereberes, árabes, beduinos, almohades, turcos, franceses… Es una encrucijada de mil culturas, el epicentro de mil ambiciones por el control del mundo.

Túnez fue la primera colonia africana en independizarse de Francia. Sucedió en 1956 y su ejemplo provocó un efecto dominó que desintegró el Imperio. En 1957 el rey Mohamed VIII fue derrocado y la república instaurada. Los dictadores Habib Bourguiba (1957-1987) y Zine Ben Ali (1987-2011) le sucedieron en el poder.

En enero de 2011 fuertes revueltas populares forzaron la dimisión del corrupto Ben Ali en la revolución de los jazmines. Túnez fue de nuevo la primera ficha de dominó de una serie de insurrecciones que iba a sacudir el mundo musulmán. El futuro es ahora incierto. Democracia, dictadura o islamismo son tres posibles salidas.

Túnez es, con mucha diferencia, la sociedad más culta e ilustrada del Magreb. Dispone de altas tasas de alfabetización, Universidades de referencia en África, una sociedad civil cohesionada y una gran tradición por la poesía, la pintura y  la música. Nada que ver con el África profunda de otros países del entorno más próximo.

Su economía se basa en el turismo. Sus envidiables playas son de lo mejor del Mediterráneo. Pese a que no cuenta con las inmensas riquezas naturales de Argelia y Libia, Túnez es también un exportador -modesto- de petróleo y gas. El 20% del país es apto para la agricultura y el 40% está ocupado por el desierto del Sáhara.

Túnez es una metrópolis de honda tradición histórica y cultural -una suerte de Praga norteafricana- que da nombre al estado-nación. El pueblo tunecino vive en la pobreza a causa de la corrupción. No obstante, está a la vanguardia del mundo islámico y muchos lo imitan. Es un referente en África; un faro que ilumina Oriente.

Japón: el imperio del sol naciente.

Japón pasó de medieval a ultramoderno a comienzos del siglo XX. Hoy los nipones son famosos por sus cómics, dibujos animados y films de terror, así como por el sintoísmo, la robótica y la alta tecnología. Es una superpotencia industrial que inunda el planeta con sus productos, la primera economía de Asia y segunda del globo.

Es un pueblo muy inteligente, organizado y laborioso, hasta el punto de que allí las huelgas se hacen trabajando más. Japón es un país cohesionado y patriota: el perfecto hormiguero humano, una suerte de inteligencia colectiva donde importa el grupo pero no el individuo, una nación que actúa en bloque, como un solo hombre.

A principios de los años 90 Japón, con la mitad de tamaño de España, llegó a tener un producto interior bruto equivalente a la mitad del de todo Estados Unidos. No obstante, desde entonces parece haber tocado techo pues atraviesa un duro estancamiento económico que dura ya 20 años y que no tiene un final a la vista.

Pero pese a ser un país rico, muchos jóvenes viven ahora peor que sus padres. Hay además mucha inmoralidad sexual -socialmente bien vista-, altas tasas de suicidio y de ateísmo y una mentalidad de vivir para trabajar. La nación, superpoblada con unos 130 millones de almas, casi no tiene inmigrantes ni espacio para más gente.

Un belicoso Japón hizo sufrir mucho a chinos y mongoles pero también sufrió mucho: los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki en 1945 conmocionaron al mundo entero. A partir de aquello, se pasó de un nacionalismo expansionista a un espíritu pacifista. Japón sigue siendo un imperio, pero ahora exclusivamente comercial.

El imperio sufre además el 20% de los terremotos de todo el mundo, algunos de ellos devastadores como los de 1923 ó 2011. Pero el pueblo nipón, tan cerrado y hermético como poderoso, ya se ha enfrentado a mil y un infortunios y al final siempre vuelve a ponerse en pie, desafiante, con el orgullo de saberse una gran nación.

Feroe: la independencia jamás reconocida.

Feroe es otro caso de colonialismo en pleno siglo XXI. Antigua posesión noruega, Feroe pertenece a Dinamarca desde hace siglos. En 1946 los feroeses votaron en referéndum a favor de la independencia. Copenhague jamás aceptó el resultado y disolvió el parlamento. En 1948 concedió un estatuto de autonomía al pequeño país.

Desde entonces ha tratado de contentar a las 18 diminutas islas con autonomía política y dinero. Es su forma de comprar voluntades. Pero la gente desea reducir progresivamente su dependencia económica de Copenhague de cara a una futura secesión. Como con Groenlandia, la independencia feroesa es sólo cuestión de tiempo.

El feroés es la lengua nacional de un país de 50.000 almas. Goza de buena salud: editoriales, periódicos, revistas, libros, programas de radio y televisión… Es la prueba viva de que no se necesita un gran mercado editorial para salvaguardar el futuro de una cultura; basta con la voluntad de los hablantes en conservar su idioma.

La política lingüística feroesa es purista; prohíbe los extranjerismos y crea voces a partir de casticismos ya existentes. Tiene estatus de lengua independiente y se parece mucho al danés (con el que convive), al islandés, al noruego y al sueco. De hecho, los usuarios de estas cinco lenguas se entienden a la perfección unos con otros.

La economía feroesa se basa en la pesca. De hecho, Feroe no acompañó a Dinamarca en su ingreso en la Comunidad Europea en 1973 para proteger sus intereses pesqueros. Cada primavera, los hombres perpetran salvajes matanzas de ballenas que inundan las playas de sangre. Lo hacen sin pudor, frente a jóvenes y niños.

El país tiene lengua y cultura propias. Son famosos sus platos a base de cordero (Feroe significa «islas de corderos»). Y tiene selecciones nacionales propias que disputan torneos oficiales aunque en los Juegos Olímpicos participa bajo bandera danesa. Feroe camina con paso firme hacia la soberanía plena y Dinamarca tiembla.

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