Falacia atea: El cristianismo no es una verdad absoluta.

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«Puede que el cristianismo sea una verdad para ti pero no lo es para mí». «Eres un poco arrogante al pretender que tú tienes la verdad ¿no crees?». «Cada uno tiene su verdad. Tú tienes la tuya y yo tengo la mía». «No me impongas tus valores, no seas intolerante», «La verdad absoluta no existe». «Piensas así porque te has criado en un país cristiano pero si hubieras nacido en Arabia Saudita defenderías el islam». «Puede que el cristianismo sea bueno para ti, pero no lo es para mí». ¿Cuántas veces hemos escuchado argumentos de este estilo? Los escépticos quieren hacernos creer que el cristianismo es en el mejor de los casos una verdad a medias, válida sólo para algunas personas, situaciones o circunstancias. Pero la realidad es que el cristianismo es la verdad que ha sido revelada a los humanos por Dios. Es una verdad total, universalmente válida para toda persona, tiempo o lugar pero las humanas filosofías que la cuestionan son todas falsas como vamos a ver.

Subjetivismo.

El subjetivismo («lo que es verdad para ti puede no serlo para mí») es autodestructivo porque cuando se afirma cosas tales como «No existe la verdad absoluta, cada uno tiene su verdad» está haciendo una afirmación insostenible. Porque si pretende ser cierta para todo el mundo, entonces sería una verdad absoluta (la misma verdad absoluta que defiende que no existe) y por tanto un argumento falso. Si por el contrario se trata únicamente de una verdad subjetiva entonces no es válida para todo el mundo, valdría para el relativista pero no para el cristiano. Se llegaría al absurdo de que cuando el cristiano dijera que Dios existe y el ateo dijera que Dios no existe ambos deberían tener razón. Nadie estaría equivocado nunca. El profesor Norman Geisler afirma que el relativismo impediría incluso la capacidad de aprender, ya que para aprender hay que moverse de una creencia absolutamente falsa a una creencia absolutamente cierta.

Relativismo moral.

El profesor J.P. Moreland explica que el relativismo moral sostiene que todos debieran actuar de acuerdo con el propio código de la sociedad del individuo y que esto implica que las proposiciones morales no son sencillamente verdaderas o falsas. Pero este planteamiento relativista es falaz. No es verdad que todas las culturas sean igual de respetables (no es lo mismo una nación como Islandia en la que una mujer puede ser primera ministra que una como Afganistán, donde no puede ir a la escuela). No es cierto que echar ácido sulfúrico en la cara a una mujer en Bangladesh, la ablación del clítoris en Suazilandia, la pedofilia en Arabia Saudita o el aborto libre en Holanda sean moralmente aceptables por más que allí estén que socialmente aceptados. Por encima de diferencias culturales, religiosas  o espaciotemporales siempre será una verdad absoluta que está mal causar daño a un inocente o que debemos tratar a los demás como nos gustaría que nos tratasen.

Posmodernismo.

Para el posmodernismo la verdad no existe objetivamente: se trata de un producto de la cultura de las personas. El filósofo William Lane Craig replica: «Declarar que ‘la verdad es que no hay verdad’ es tanto contradictorio como arbitrario. Porque si esa declaración es verdad, no es verdad, puesto que no hay una verdad. El llamado deconstruccionismo por consiguiente no puede impedir deconstruirse a sí mismo. Además, tampoco hay razón para adoptar la perspectiva posmoderna en vez de, digamos, los puntos de vista del capitalismo occidental, del chovinismo masculino, del racismo blanco y así por el estilo, puesto que el posmodernismo no tiene más verdad en sí mismo que esas perspectivas». Para el profesor Gene Veith: «No creer en la verdad es autocontradictorio. Creer es pensar en que algo es verdad; decir ‘es cierto que nada es cierto’ es una tontería intrínsicamente sin sentido. La misma declaración -‘no hay una verdad absoluta’- es una verdad absoluta’.

Escepticismo.

Es la creencia de que cualquier conocimiento confiable o absoluto es imposible y de que cualquier aspecto de lo sobrenatural es inaccesible a cualquier individuo. Su máximo exponente fue el filósofo David Hume. Pero el escepticismo se autoderrota. Para el profesor Gordon Clark «escepticismo es la posición de que nada puede ser demostrado y ¿cómo, preguntamos, puede uno demostrar que nada puede ser demostrado?» Según Geisler «la afirmación misma de que toda la verdad es imposible de conocer es presentada como una afirmación de la verdad. Como una afirmación de la verdad con el significado de que no puede hacerse ninguna afirmación de la verdad, se traiciona mortalmente a sí misma». Según San Agustín si dudamos de la verdad ya estamos reconociendo una verdad (el hecho mismo de dudar) y además se puede estar seguro, como mínimo, del principio de no contradicción. Así pues, el escepticismo total ha demostrado ser falso.

Agnosticismo.

Su gran valedor fue el filósofo Immanuel Kant. Es la creencia de que el hombre o no conoce o no puede conocer la realidad, y por consiguiente la verdad. En teología, la teoría es que el hombre no tiene forma alguna de saber si Dios existe o no. Para Geisler se trata de otra filosofía autoderrotista ya que por un lado dice que no se puede conocer la realidad pero esta afirmación se presenta en sí misma como un conocimiento de la realidad, esto es, afirma tener conocimiento de aquello que denuncia que es imposible de conocer. Para el apologista Ravi Zacharias «no es posible dar por sentado alguna cosa acerca de la realidad final a menos que uno sepa algo de la realidad final». El filósofo H.A. Prichard nos explica que es imposible que cualquier realidad dependa de nuestro conocimiento, o de cualquier conocimiento, ya que la realidad es en sí misma un hecho previo al conocimiento que podamos tener o no de ella. El agnosticismo se traiciona a sí mismo.

Misticismo.

Sostiene que el conocimiento directo de Dios, de la verdad espiritual o de la realidad última se puede alcanzar mediante la intuición inmediata o la percepción (lo subjetivo) y de modo distinto de la percepción sensorial ordinaria o del uso del razonamiento lógico. Para el budismo zen la realidad es una ilusión pero ¿cómo puedes decir tal cosa de la realidad sin conocerla? Y si es así ¿no es esta misma afirmación ilusoria? Para los panteístas las percepciones sensoriales son falsas pero si es así ¿por qué se ponen en guardia si les amenazas con un cuchillo? Para el hinduismo todas las religiones son verdaderas… aunque se contradigan. «La mayoría de los místicos admite que un ámbito de la verdad no es realmente verdadero después de todo; sólo es verdadero desde cierta perspectiva, una perspectiva que finalmente es falsa. Pero esto es una contradicción ya que la verdad no puede contradecirse a sí misma y todavía ser verdadera» -dicen Clark y Geisler-.

Conclusión:

«Una persona no puede funcionar o vivir mucho si actúa consistentemente como si la verdad fuera en arreglo a la perspectiva y no objetiva. Ella puede emitir cheques sin fondos porque su cuenta de banco tiene dinero «para ella», beber veneno que «para ella» es limonada, caer en el hielo delgado del lago que «para ella» es grueso, o ser arrollada por un autobús que «según ella» no está avanzando «hacia ella». Para una persona que quiere funcionar eficazmente y vivir en el mundo, la correspondencia entre la verdad objetiva y la realidad debe importar en algún sentido», dice el escritor y apologista cristiano Josh McDowell. Pero por más que los escépticos insistan en lo contrario, la verdad es la verdad y la verdad absoluta existe. Es una verdad absoluta que la Tierra es esférica. Eso es una verdad absoluta hoy y era una verdad absoluta cuando el 99% de la gente pensaba que era plana. Porque la verdad no se decide votando ni depende de la moda.

Dios existe, esto es una verdad absoluta hasta para el ateo que dice no creer en Él. El infierno existe y allí irá la gran mayoría de personas a causa de su incredulidad y pecados. Esto es una verdad absoluta aunque se haya vuelto un tema tan tabú en nuestros días que ni siquiera en las iglesias se hable de ello. Detrás de tanta filosofía y relativismo lo que hay de fondo es gente quiere vivir su vida como le dé la gana, sin afrontar las consecuencias de sus actos, sin que nadie -ni siquiera su Creador- les juzgue. Mucha gente está instalada en una vida de pecado, y se goza en ella como un cerdo en el barro, y como no quiere cambiar su actitud pues simplemente decide negar al Todopoderoso y tratar de autoengañarse pensando que nadie le va a juzgar nunca por su maldad. Pero la Tierra era esférica aun cuando se decía que era plana. Y el Señor existe aunque el ateo diga que no. Así que más le valdría ponerse a bien con su Hacedor, antes de que sea demasiado tarde.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: Jesús nunca afirmó ser Dios.

OXYGEN VOLUME 13

¿Afirmó realmente Jesús ser Dios? ¿No podría ser más bien que hayamos confundido, malinterpretado o tergiversado sus palabras hasta convertirlo en alguien que en realidad Él nunca pretendió ser? Ésta es una duda muy común que tienen no sólo escépticos, quienes lo considerarían o un simple profeta o un impostor, sino también algunas sectas como los Testigos de Jehová, quienes consideran que Jesús es el ángel Miguel. Teniendo en cuenta que la Sociedad Watchtower profetizó el Armagedón para 1914 y que un siglo después aquí seguimos yo no haría mucho caso de lo que diga esta gente pero en cualquier caso siempre es bueno ofrecer respuestas a quienes dudan de la divinidad de Jesús.

Jesús tiene atributos que solamente el Señor puede poseer: es eterno (Isaías 9:11), es santo (Hebreos 7:26, 1 Juan 3:5), omnipotente (Mateo 28:18; Hebreos 1:3), omnisciente (Juan 2:24-25; Colosenses 2:2-3) y hasta omnipresente, pues aún cuando estaba de cuerpo presente en la Tierra, estaba también en el cielo (Juan 3:13).

Jesús ejerce funciones que solamente el Altísimo puede ejercer: es llamado Creador y Sustentador del Universo (Juan 1:3; Colosenses 1:16-17), perdona el pecado (Lucas 1:77), tiene el poder de dar vida (Juan 5.21,26), resucitar muertos (Juan 6:39-40; Juan 11:26), dar vida espiritual a quienes lo reciben como su salvador (Juan 5:24) y ha de ser el juez de todos los hombres (Juan 5.22; 2 Timoteo 4:1).

El Nazareno recibe honores que pertenecen solamente a Dios pues debe recibir la misma honra y adoración que el Padre (Mateo 4:10; Mateo 14:33; Lucas 24:52; Juan 5:22-23).

El Carpintero fue llamado Dios por Juan (Juan 1:1-2), por Pablo (Romanos 9:5), por Tomás (Juan 20:28), por Dios mismo (Hebreos 1:8). Es llamado Hijo de Dios cuarenta veces en las Escrituras (Mateo 8:28-29; Mateo 16:26). También es llamado el Santo (Hechos 3:14) y el Señor de gloria (1 Corintios 2:8). 1 Juan 5:7 dice: «Tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno».

Jesús dijo ser el Señor del sábado (Marcos 2:28), se llamó a sí mismo «YO SOY» (Marcos 14:62 y Lucas 22:66-71), que es el nombre que Yahvé usó para sí mismo en Éxodo 3:14. Jesús dijo que era Él quien enviaba profetas a Israel (Mateo 23:34), se refirió a sí mismo como el cumplimiento de la Escritura (Lucas 14:21; Juan 5:39), y afirmó que rechazarlo era morir en pecado (Juan 8:24).

En Juan 8:51 Jesús dijo que aquellos que guardaran sus palabras nunca verían la  muerte y unos versículos más adelante (Juan 8:58) Él afirmó su propia eternidad. En Juan 10:30 declaró tener la misma naturaleza que el Padre. Él afirmó ser el Señor (Juan 13:13) y el único camino hacia Dios (Juan 14:6). En Juan 14:9, el Galileo dijo: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre».

Jesús también se refirió sí mismo más de ochenta veces como el «Hijo del Hombre» en clara referencia a Daniel 7:13-14 donde habla de alguien de aspecto humano que estaba junto al «Anciano de días» y tenía poder, gloria, reino y dominio eterno. En Marcos 14:60-64, cuando el sumo sacerdote judío interroga a Jesús, éste último confiesa ser ese Hijo de Hombre sentado a la derecha de Dios que vendrá en las nubes del cielo.

Sus discípulos entendieron que Jesús era Dios. Pasajes como Salmos 110:1 se interpretaron a la luz de la ascensión y exaltación de Cristo. En los cultos y fórmulas bautismales se aplicaron a Jesús expresiones veterotestamentarias reservadas para Yahvé. Le rindieron culto y se les reveló que, sin dejar de ser monoteístas, podían atribuir a Jesús la misma majestad y gloria del Padre. Los autores sagrados hablan también de su preexistencia y de que fue mediador de la creación.

Pero es más; sus enemigos también entendieron que Jesús mismo afirmaba ser Dios. Lo entendieron tan claramente que de hecho lo acusaron de blasfemia y lo crucificaron. Hay que recordar que los judíos de su época tenían una intensa cultura religiosa (a diferencia de los occidentales de nuestro tiempo, cuya ignorancia en esta materia es asombrosa) y por lo tanto no hay lugar a confusión.

Hemos probado aquí con algunos versículos bíblicos que Jesús sí afirmó con sus palabras y acciones ser el Todopoderoso. Existen docenas de versículos más que podríamos añadir, pero lo creemos innecesario. Así pues, la idea de que Jesús nunca afirmó ser Dios y que quizás se confundieron, malinterpretaron o tergiversaron sus palabras obedece a un prejuicio de nuestro tiempo, no a la realidad histórica, nacional, social, religiosa y cultural que al Nazareno le tocó vivir.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: Los ateos son más inteligentes que los creyentes.

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Recientemente leí en la prensa que una serie de 63 estudios científicos que se remontan a 1928 han sido analizados por psicólogos de la Universidad de Rochester Northestern y que el trabajo, dirigido por el profesor Miron Zuckerman, es claro: las personas creyentes son menos inteligentes que las ateas.

Siempre me ha llamado la atención esos estudios que cuantifican la inteligencia humana, como si ésta pudiera expresarse en metros o en kilos. Me pregunto también a qué le llamamos inteligencia, porque uno puede ser un genio de las matemáticas pero torpe en la escritura o gobernar una nación sin saber tocar el violín.

De hecho, según la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner existen ocho tipos distintos de inteligencias (lingüístico-verbal, lógica-matemática, espacial, musical, corporal cinestésica, intrapersonal, interpersonal y naturalista), lo que explicaría por qué uno puede ser muy bueno en algo pero malo en otra cosa.

A veces algunos ateos se creen en la vanguardia de la intelectualidad, como una especie de superhombres que ha de guiar a la humanidad hacia un nuevo mañana. Se creen superiores intelectualmente y miran por encima del hombro a los creyentes, como a tarados prisioneros de la superstición y la ignorancia. Dan risa.

Creerse más inteligente por ser ateo es tanto como creerse más inteligente por ser pelirrojo o del Manchester United. Si son tan brillantes ¿cómo es que no han descubierto la cura contra el Sida ya? Algunos extremistas ateos me recuerdan a esos neonazis que se creen de una raza superior cuando no tienen ni el graduado escolar.

Si es verdad que los ateos son más listos ¿por qué entonces no acaparan masivamente los Premios Nobel? Sólo los judíos han ganado casi 200 y entre cristianos y judíos han ganado en torno al 75% de Premios Nobel. ¿Por qué fue un cristiano el que inventó el ordenador? ¿Por qué la penicilina no la descubrió un ateo?

Uno podría esperar de estos incrédulos que tanto se vanaglorian de intelectuales, racionales y científicos los más grandes inventos, libros y obras de arte… Pero sólo destacan en arrogancia. No voy a negar la gran inteligencia de algunos ateos pero por lo general quien no tiene nada de lo que enorgullecerse se enorgullece de ser ateo.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: Los creyentes se apoyan en la fe y los ateos en hechos probados.

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Agradecimientos a Adrián Varela (Buenos Aires).

Supongamos que Dios no existe. Al principio de todo no había nada y de la nada surgió todo. Parece de risa ¿verdad? Pues esto es lo que sostiene el físico ateo Stephen Hawking, quien considera perfectamente posible que el Universo surgiera de la nada. No importa que la generación espontánea no esté probada. O que nunca hayamos visto un árbol, un mosquito o incluso un diminuto microbio formarse a partir de la nada porque el Universo es la excepción que confirma la regla.

Según el físico P.C. Davies la probabilidad de que las condiciones iniciales del Cosmos fueran favorables para la formación de estrellas (sin las cuales los planetas no podrían existir) es 1 seguido por mil billón de billones de ceros. Los profesores Frank Tipler y John Barrow estiman que un cambio en la fuerza de gravedad o en la fuerza débil del orden de 1 en 10 a la potencia de 100 no hubiera permitido la vida en nuestro Universo. Así que si vivimos es por casualidad pura y dura.

¿Cómo se pasa de un mundo no orgánico a uno orgánico? El océano era un revoltijo de oxígeno, nitrógeno, minerales y otros elementos varios. A esto lo llaman sopa primordial. Con las condiciones de temperatura adecuadas, cae un rayo del cielo y ¡tachán! ¡ya se ha formado el primer ser unicelular de la historia! ¡Dotado de vida además! No importa que los científicos lleven décadas intentando reproducir esto pero todos los experimentos hayan sido un fracaso absoluto hasta hoy.

Fíjate que curioso; si lees una novela como Frankenstein, en la que un científico loco quiere que un cadáver -es decir, un ser orgánico- cobre vida mediante descargas eléctricas, a eso lo llaman ciencia ficción. Pero si en un planeta no hay nada orgánico y cae un rayo del cielo y se forma una célula dotada de vida a eso lo llaman ciencia. Otros científicos ateos afirman que el primer ser unicelular terrícola surgió a partir de los dorsos de los cristales o que fue diseñado por los aliens.

Una vez tenemos nuestro ser unicelular vivo, pasan muchos millones de años y sus descendientes se convierten en pececitos, a los que luego les salen patitas y en un afán aventurero quieren salir a la playa y conocer mundo. Pero yo me pregunto ¿estos seres tenían pulmones o tenían branquias? Si tenían branquias ¿cómo es que no les faltaba la respiración al salir a la playa y no regresaban de inmediato al agua? Y si tenían pulmones ¿cómo demonios respiraban bajo el agua? ¿Eran anfibios?

Miss Universo y la mona Chita tienen antepasados comunes. Los evolucionistas antes decían que de una especie A a una C se pasaba a través de una serie de pequeñas mutaciones espaciadas en el tiempo. Ahora que con una mutación, pero muy gorda. Para ello necesitan una especie intermedia, el eslabón perdido, así llamado porque nunca aparece. Nadie nos da un ejemplo de mutación genética o proceso evolutivo en que se pueda ver un incremento de información en el genoma.

Para presumir de creer sólo en aquello que está científicamente demostrado, algunos ateos hacen gala de un candor digno de parvulitos. Porque no negarás que todo esto es un cuento de hadas para adultos. El escritor André Frossard dijo: «La doctrina de la Creación no pedía más que un solo milagro de Dios. La de la autocreación del mundo exige un milagro cada décima de segundo». Definitivamente, hace falta mucha fe para ser ateo. Mucha más que para creer en Dios.

Quiero dejar muy clara una cosa: yo no estoy en contra de la ciencia. De hecho, estoy tan a favor que pienso que todo dólar que se invierta en investigación me parece poco. Yo tampoco estoy diciendo que una determinada teoría científica X sea verdadera o sea falsa; lo único que digo es que no está probada. Y que me parece contradictorio cuanto menos que los ateos descalifiquen a los cristianos por creer en hechos no probados cuando ellos mismos son los primeros que lo hacen.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: La Biblia no está inspirada por Dios.

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Para los cristianos la Biblia es la Palabra de Dios. Literalmente. Fue inspirada por el Espíritu Santo, que iluminó a los autógrafos originales en los contenidos y palabras, pero no hasta el punto de ser un dictado de mecanografía sino también dando espacio para que aparecieran las distintas personalidades humanas de los autores. Según esta inspiración verbal y plenaria toda la Biblia, con todos sus contenidos, palabras y partes, está inspirada o exhalada por el Señor.

Según el autor Clark H. Pinnock la Biblia es libre de error en sus autógrafos originales, totalmente fiable en historia y doctrina. Su inspiración divina ha dado como resultado que el Libro sea «infalible» (incapaz de enseñar nada engañoso) e «inerrante» (no susceptible de ser probado falso ni equivocado). Su inspiración es «plenaria» (extendiéndose por igual a todas partes), «verbal» (incluyendo la misma forma del lenguaje), y «confluente» (producto de dos agentes, humano y divino).

Nos referimos eso sí a los autógrafos originales de los textos sagrados. Los profetas y apóstoles escribieron sin error alguno. No obstante, en las traducciones posteriores se han introducido pequeñas variaciones o erratas con respecto a los textos originales. Mas se trata de variaciones insignificantes que no desvirtúan el mensaje. Los rollos del Mar Muerto prueban que la Biblia se ha transmitido de generación en generación de una forma prácticamente idéntica durante miles de años.

¿Qué testimonios apuntan a una autoría divina de esta obra?

1) Unidad. La Biblia es una recopilación de sesenta y seis libros y epístolas escritas por aproximadamente cuarenta autores a lo largo de 1.500 años. Ellos escribieron en diferentes períodos históricos, naciones y culturas. Y sin embargo sus obras presentan una armonía total. Lejos de contradecirse, los textos se complementan y enriquecen. De Génesis a Apocalipsis hay una misma unidad de enseñanza, esto es, el plan de Dios para redimir al hombre, que ha caído en el pecado.

2) Conocimiento. La Biblia menciona muchísimas cosas que eran contrarias al pensamiento de la época y que fueron descubiertas  milenios después. Por ejemplo Salmo 8:8 registra que hay senderos en el mar. Eclesiastés 1:6 describe el circuito de los vientos del sur al norte y nuevamente su regreso. Génesis 15:5 menciona que las estrellas son innumerables. Salmo 102:26 describe el envejecimiento de la Tierra y los cielos (la entropía). Job 26:7 declara que la Tierra colgaba sobre nada. Etcétera.

3) Profecía. Sólo en el Antiguo Testamento hay más de trescientas profecías sobre la persona de Jesús. Todas cumplidas. El estudioso Peter W. Stoner calculó matemáticamente que la probabilidad de que un hombre cumpliera todas las profecías de Jesús justo en el momento adecuado sería de 1 en 1,7 x10, lo cual es un número astronómico.  Además, en la Biblia encontramos otras muchas profecías cumplidas sobre Israel, el pueblo judío, las naciones y otros muchos asuntos.

Resumiendo: La Biblia guarda una armonía asombrosa pese a estar redactada por cuarenta autores a lo largo de 1.500 años, es un libro miles de años adelantado a su tiempo y atesora cientos de profecías cumplidas. Todo ello sugiere una autoría sobrenatural. El cristianismo no es una verdad relativa, al estilo del socialismo, el liberalismo o el yoga. Es LA VERDAD. Así, con mayúsculas. Haríamos bien en tomarnos en serio al Rey del Universo, que nos ha de juzgar un día.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: El infierno es un castigo desproporcionado, impropio de un Dios compasivo.

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El infierno es un castigo desproporcionado, incompatible con la existencia de un Dios compasivo -dicen los ateos-. Algunos de nuestros adversarios consideran injusto que por unos pecados -todo lo grandes que se quieran-, perpetrados por un tiempo a todas luces breve se reciba un castigo eterno. El teólogo San Agustín ya advertía de lo descabellado de esta afirmación ya que ni siquiera la justicia legal contempla algún caso en que la duración de la pena sea proporcional a la del tiempo transcurrido en la comisión del crimen.  Por ejemplo, empuñar una navaja para matar a alguien puede llevar un minuto o menos… ¿Sería justa una condena en la que el asesino cumpliera un minuto de cárcel? «A nadie se le ocurre pensar que deben suspenderse los castigos del malvado en cuanto se cumple un plazo de tiempo igual al que duró el homicidio, el adulterio, el sacrilegio o cualquier otro crimen. No hay que medir el delito por el tiempo empleado en su comisión, sino por la magnitud de su injusticia o de su perversidad» -afirma el santo-.

El teólogo José de Segovia denuncia que la imaginación popular ha creado un concepto de Dios como de una suerte de Papá Noel cósmico que ofrece el perdón a todo el mundo, en una especie de gracia barata. Muchos piensan que al final habrá como una amnistía general, donde casi todo el mundo entrará en el Reino de los Cielos, pero así fuera ¿por qué en el Nuevo Testamento hay más de 160 advertencias sobre el infierno? ¿Por qué Jesús habló de él en más de 70 ocasiones? La Biblia dice que muchos son los llamados pero pocos los escogidos (Mateo 22:14), que estrecho es el camino que lleva a la salvación y ancho el que conduce a la perdición (Mateo 7:13-14) y que sin santidad nadie verá al Señor (Hebreos 12:14). Si al final puedes llevar la vida que quieras, no importa cuan desviada sea, y vas a entrar en el cielo igualmente ¿no es esto una injusticia para todos los santos y mártires que sufren auténticas penalidades a causa de su fe y que las enfrentan sin temor con la certeza de que les espera el gozo del bien eterno?

Los descreídos estiman temporales los suplicios de los mártires y, en cambio, la felicidad será -dicen- eterna para todos, liberados unos más pronto y otros más tarde. Se trata de una compasión mal entendida, pues si de lo que se trata es de ser compasivo San Agustín se pregunta por qué la misericordia debe limitarse a los humanos y no puede extenderse a los ángeles caídos; es más ¿por qué no ampliar la misericordia a Satanás, encarnación misma del mal? Yo creo que al final de su vida uno recoge lo que siembra. El que no perdona a sus congéneres, que no espere ser perdonado por el Altísimo. El que nunca trató con misericordia a los demás, que no espere la misericordia divina porque con la medida con que midamos seremos medidos (Mateo 7:2). Dios es bueno. No sólo ofrece un castigo eterno para los malvados, también un gozo eterno para los santos. Quienes quieran escapar del suplicio perpetuo, en lugar de esgrimir argumentos contra el Todopoderoso más les valdría acatar sus preceptos, ahora que aún están a tiempo.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: Un Dios que castiga con el infierno no puede ser justo, bueno y misericordioso.

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Si relacionamos la idea de la ley moral que habita en nosotros con su cumplimiento o incumplimiento, entonces la necesidad de un Juez superior que premie o castigue dicho cumplimiento o incumplimiento se hace absolutamente necesaria. Y es que, si la vida acaba con nuestra estancia aquí en la Tierra, entonces el malvado tiene ventaja sobre el justo. Todos somos testigos de las numerosas injusticias que se cometen en el mundo. El estafador, el criminal, el zángano, el canalla o el corrupto no pueden recibir el mismo trato de la personas de conciencia recta. No basta con el desprecio que estas acciones puedan generar en la sociedad, pues sabemos que demasiado a menudo la maldad suele quedar impune.

Sólo un Dios-Juez puede hacer justicia completa. No sólo con aquellas acciones deleznables conocidas por el público, también por aquellas que permanecen ocultas y aun por los pensamientos y deseos más íntimos, tantas veces impuros. Pero se ha creado una imagen de Dios como una especie de Papá Noel cósmico que perdonará al 99% de la población, no importa lo descarriada que sea su vida. Pero lo cierto es que no hay ni uno solo de nosotros libre de pecado (Romanos 3:23) y que sólo una pequeña minoría entrará en el cielo (Mateo 7:13-14; Mateo 22:14; Hebreos 12:14). La gran mayoría de la gente -incluso aquella que se cree buena- arderá en el fuego del infierno. Todos somos responsables de nuestros actos.

Si Yahvé es tan bueno ¿por qué manda a la gente al infierno? Pues precisamente porque es bueno y no puede tolerar el mal. Ninguno de nosotros consideraría bueno a un juez que no castiga a un político que ha robado dinero público o a un violador que ha abusado de una mujer. Sería un juez injusto, prevaricador. Tampoco podemos considerar bueno a un Dios-Juez que dejara impunes semejantes crímenes. ¿Entonces Jehová es bueno pero no misericordioso? Sí lo es, ya que si realmente nos arrepentimos de nuestros pecados hace borrón y cuenta nueva. Resumen: ¿Es Dios justo? Sí, porque hace justicia. ¿Es bueno? Sí, porque castiga el mal. ¿Es misericordioso? Sí, porque perdona al que se arrepiente de corazón.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: Dios no puede ser omnipotente y bueno al mismo tiempo.

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El eterno problema del mal provoca este dilema: o Dios puede impedir el mal y en tal caso no es bueno porque no lo impide o Dios no puede impedir el mal y en tal caso no es omnipotente. Sea como sea, un Dios omnipotente y bueno a la vez no puede existir. ¿Cómo respetar  a un Creador que incluyó en su sistema el cáncer, la locura o el retraso mental? El periodista Vittorio Messori descubre que el Señor no escamotea las dificultades. La Biblia es un gran tratado sobre el sufrimiento donde hay guerras, enfermedades, infidelidad, traición y otras tragedias. El propio Cristo vino al mundo y aceptó ser sacrificado como un cordero en una muerte de cruz por amor a nosotros. Nuestro Padre no es ajeno al dolor.

Este tema es sensible porque tiende a la demagogia. Todos hemos escuchado alguna vez preguntas banales del estilo de «Si Dios es omnipotente ¿puede hacer un círculo cuadrado?» o «¿Puede Dios hacer una piedra tan pesada que ni siquiera Él mismo pueda levantarla?». Interrogantes de este calibre me parecen filosofía de almacén, razonamientos propios de Homer Simpson, por lo que no voy a perder ni un minuto más con ellos. El Diseñador de las galaxias y del ADN humano tiene poder para hacer lo que crea oportuno, pero se limita a sí mismo: no puede cometer pecado o contradecirse o arrebatarnos nuestra libertad de acción, entre otros, simplemente porque no va con su carácter y porque no es su plan.

Si el Altísimo es todopoderoso ¿no podría habernos creado al margen de toda maldad? Por poder podría, pero entonces nos privaría de nuestro libre albedrío. Si estamos obligados a hacer siempre el bien ¿no seríamos como robots? También podría, respetando nuestra libertad, impedir el mal y hacer triunfar el bien y la felicidad entre los hombres, pero según el autor C.S. Lewis cuesta imaginar un mundo en el que Dios corrigiera los continuos abusos cometidos por el libre albedrío de sus criaturas, por ejemplo un mundo en el que el bate de béisbol se convirtiera en papel cuando lo empleáramos como arma o que el aire se negara a obedecer cuando intentáramos emitir ondas sonoras portadoras de mentiras e insultos.

La verdad es que debemos dar muchas gracias a Dios por las cosas buenas y aun por las malas. Porque las buenas nos bendicen pero las malas son útiles para aprender, para dotarnos de experiencia, para hacernos madurar y prepararnos para nuevas etapas y desafíos en la vida. Y también son un claro indicativo de que algo estamos haciendo mal y debemos cambiar nuestra actitud. Si no existiera el sufrimiento, no apartaríamos la mano de una plancha caliente y no nos daríamos cuenta de que el alcoholismo está echando a perder nuestras vidas. A veces, el dolor es el megáfono del Señor, el tirón de orejas que nos da nuestro Padre para que espabilemos y nos apartemos de una vida de pecado y corrijamos nuestro error.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: La ley moral no tiene que ver con Dios.

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«Si Dios no existe…todo está permitido; y si todo está permitido la vida es imposible». Fiodor Dostoyevski (escritor).

“Dos cosas hay en el mundo que me llenan de admiración: el cielo estrellado fuera de mí y el orden moral dentro de mí”. Estas palabras pueden leerse en la lápida del filósofo Inmanuel Kant. La ley moral es una de las evidencias más notables de la existencia de Dios. Todos tenemos una voz interior, una voz de la conciencia que nos insta a hacer el bien y que nos mueve al remordimiento cuando hacemos el mal. ¿Quién ha puesto esta ley moral dentro de nosotros? Nuestro Creador, sin duda.

A veces motivos poderosos (el amor por el dinero, una pasión desordenada…) nos hacen cometer acciones perversas… Lo habitual es que aparezca el remordimiento pues algo en nuestro fuero interno nos dice que hemos obrado mal pero también es cierto que hay gente sumamente depravada incapaz de arrepentimiento o de sentir empatía con el sufrimiento ajeno, ellos tienen su conciencia cauterizada, la Biblia habla de ellos (1 Timoteo 4:2), pero son una minoría, la excepción a la regla.

¿Quién nos ha impuesto esa moral interior? ¿Los hombres? No. Ni siquiera el más tiránico de los gobiernos ha legislado jamás contra los pensamientos y sentimientos interiores, sólo contra su expresión a través de acciones externas. Además, si la moral fuera una enseñanza humana claramente entraríamos en graves contradicciones puesto que unos defenderían una cosa y otros la contraria, o una acción con el paso del tiempo pasaría de considerarse buena a mala o al revés.

¿Pero acaso no ha sucedido eso? ¿No ve la sociedad hoy el aborto con buenos ojos cuando antes era escandaloso? Sí, pero porque nadie le muestra públicamente el cadáver sanguinolento del recién abortado. O porque se le ha engañado a base de mentiras diciendo que no es un ser humano sino una célula. O porque los intereses egoístas priman en ocasiones. Puede haber muchas razones, pero éstas apuntan más a no hacer caso a nuestra voz interior que a un cambio real de la misma.

Admito no obstante que hay algunos aspectos de la moral que pueden quedar sujetos a las circunstancias y vaivenes de tiempo, lugar, modas, culturas… Pero lo sustancial permanece inmutable. Siempre será bueno ayudar a la gente de forma desinteresada, dar buenos consejos, cuidar de los enfermos o hacer justicia. Siempre será algo malo robar el dinero de los otros, aprovecharse de la fuerza para abusar del débil, mentir, estafar, culpar a un hombre inocente o violar a una mujer.

«Ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo». Éste fue el mandato de Cristo y ésta es la esencia de la voz de la conciencia que habita en nosotros. Algo en nuestro fuero interno nos dice que existe un Creador, que lo correcto es hacer el bien y no el mal, que debemos tratar a los demás como nos gustaría que nos tratasen y no hacerles lo que no queremos que nos hagan.  Esta ley moral nos la grabó a fuego nuestro Hacedor y es una evidencia de que Él existe.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: Las cinco vías tomistas son falsas.

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Las cinco vías son cinco argumentaciones racionales a favor de la existencia de Dios incluidas en el libro Suma de Teología, la obra maestra del teólogo y filósofo Santo Tomás de Aquino. Muchos son los pensadores y eruditos ateos que han tratado de desacreditarlas con el transcurrir de los siglos mas todos sin éxito pues las cinco vías tomistas siguen siendo todo un clásico muy utilizado aún hoy. Todas ellas son muy razonables y de un sentido común aplastante. A pesar de ser archiconocidas, he creído oportuno recordarlas aquí, como otra argumentación más -cargada de sensatez- que refuerza la idea de que sí existe el Señor.

Primera Vía: Argumento del Primer Motor Inmóvil. La primera prueba, que tiene su origen en el filósofo Aristóteles y que Tomás ha utilizado por primera vez en la escolástica, parte del hecho de experiencia de movimiento en el mundo; dice que todo lo que está en movimiento debe ser movido por otro, pues nada puede moverse a sí mismo y como no se puede retroceder hasta el infinito en la dependencia de los movidos respecto de sus motores, ha de admitirse finalmente un primer motor que a su vez no sea movido por otro, sino que sea por él por sí mismo movimiento, fuente de movimiento. A este primer motor lo denominamos Dios.

Segunda Vía: Argumento de la causa eficiente. La segunda prueba ve que toda causa en este orden cósmico es a su vez causada; ésta a su vez por otra y así siempre; pues nada puede ser causa de sí mismo. En el mundo sensible hay un orden de causas eficientes. Sin embargo, no encontramos, ni es posible, que algo sea causa eficiente de sí mismo, pues sería anterior a sí mismo, cosa imposible. De nuevo se asienta la imposibilidad de una regresión hasta el infinito en la serie de las causas, que nada explicaría. Por lo tanto debe existir un agente causal, del cual se derivan todas las demás cosas. A esa primera causa es a la que llamamos Dios.

Tercera Vía: Argumento de la contingencia. Todo lo que existe podría no haberlo hecho. Si, pues, todas las cosas llevan en sí mismas la posibilidad de no existir, hubo un tiempo en que nada existió. Pero si esto es verdad, tampoco ahora existiría nada, puesto que lo que no existe no empieza a existir más que por algo que ya existe. Si no hubiera más que ser contingente, ahora no habría nada. Todo ser necesario encuentra su necesidad en otro, o no la tiene. Ese ser necesario es Dios. Por otra parte, no es posible que en los seres necesarios se busque la causa de su necesidad llevando este proceder indefinidamente, como vimos en el punto dos.

Cuarta Vía: Argumento de los grados de perfección. Existen en la naturaleza seres que son más o menos buenos, más o menos inteligentes, más o menos nobles; hay cosas más o menos calientes o más o menos verdaderas. El más o menos se dice tanto de los objetos en sí como de los seres que se aproximan a ellos. Así un objeto está más caliente cuando se acerca al máximo de calor, que es el fuego, y menos cuando se aleja de él. Así como el fuego es lo máximo en calor y la causa de todo lo cálido, igualmente debe existir un ser llamado Dios, que es el máximo grado de bondad, y la causa de que haya bondad, nobleza y otras virtudes en los demás seres.

Quinta Vía: El argumento teleológico. Fue dada ya a conocer por los estoicos y más concretamente por Cicerón y Séneca. Su sentido es: se da orden y finalidad en el mundo; luego debe una suprema inteligencia que explique esta finalidad. Y es que vemos que los cuerpos naturales y los celestes obran de forma ordenada y no caótica, no por azar, sino que intencionadamente buscan un fin concreto. Todas las cosas carentes de inteligencia no tienden al fin sin ser dirigidas por alguien con conocimiento, como la fecha por el arquero. Por tanto existe alguien inteligente por quien todas las cosas son dirigidas al fin. Y éste no es otro que el Señor.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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