Véneto: a reverdecer viejos laureles.

Véneto fue anexionada militarmente por Italia en 1886. Para legitimar la invasión se celebró un referéndum delirante donde se planteaba pertenecer o no a Italia . No hubo secreto de voto, la propaganda electoral acusaba de traición a los defensores del no y el recuento de votos fue un completo fraude. Obviamente, ganó el sí.

Durante más de un siglo el poder ha estado pregonando que la lengua veneciana no existía; que tan sólo era un dialecto del italiano. El proceso de sustitución lingüística originado en el siglo XIX tocó a su fin el 28 de marzo de 2007, cuando por fin se reconoció al veneciano como un idioma independiente y no como dialecto.

Hoy esta nación sin estado sigue siendo un gran referente cultural en Europa, con la ciudad hundida de Venecia, La Fenice, el carnaval o la Bienal de cine… pero no es ni la sombra de lo que fue cuando era una patria independiente y poderosa que atemorizaba a Milán, Estados Pontificios, Francia, Austria o Aragón.

Venecia es la patria de Antonio Vivaldi, Giacomo Casanova, Tiziano, Tintoretto, Giorgione, Canaletto, Marco Polo… Todos ellos ilustres personajes venecianos que hoy tristemente, y de forma injusta y errónea, son recordados como italianos. La cultura europea y aún la mundial no se pueden escribir sin el Véneto.

Actualmente los venecianos están comenzando a recuperar muy lentamente su conciencia nacional, los jóvenes están más preocupados por su idioma, el pueblo clama contra la «Roma ladrona» y contra las organizaciones mafiosas del tercermundista sur italiano y el independentismo suma adeptos cada día que pasa.

Véneto fue un día una nación temible, fuerte, poderosa, próspera como la que más y orgullosa de sí misma, un país de artistas. Hoy el pueblo mira con nostalgia su pasado y piensa en reverdecer viejos laureles. Por historia, tradición, derecho, por sentido común… Véneto debe figurar entre los estados soberanos de la Tierra.

La hegemonía socialista en España.

España, con cinco millones de parados, un déficit galopante, una fuerte recesión y un tejido empresarial pulverizado, es uno de los países más afectados por la crisis económica internacional. La incapacidad del presidente de España, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, para sacar adelante al estado ha quedado patente. No se atreve a tomar ninguna medida en ningún sentido y todo su plan pasa por no hacer nada y esperar a que sean otros países los que se recuperen y al tirar del carro, arrastren también a España a una dinámica mejor.Y mientras tanto, el pueblo pasa hambre.

Zapatero es el peor presidente de la historia reciente de España. Es una calamidad que no hace nada bien. Y aún así, tiene muchas posibilidades de ganar las elecciones generales de 2012. Porque si con toda la que está cayendo ahora mismo, el Partido Popular (PP) solamente está un poco por delante en intención de voto, todo hace pensar que si en 2012 la situación económica ha mejorado aunque sea ligeramente, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) puede volver a vencer  en las urnas. Tanto si Zapatero repite como candidato como si PSOE presenta uno nuevo.

No nos engañemos: España es un país socialista. Desde la instauración de la pseudodemocracia en 1975, el PSOE ha gobernado en seis legislaturas: el triple que el principal partido opositor: el PP. Los populares van a tener que acostumbrarse a que solamente  van a poder gobernar cuando el PSOE lo haga extremadamente mal y una buena parte  de sus votantes se abstenga. Pero mientras las cosas vayan rodando hacia adelante, aunque sea a trancas y a barrancas, el PP lo tiene muy crudo. Sólo una España al borde del colapso, como la de 1996, puede darle el triunfo.

En condiciones de igualdad, el PP no puede ganar nunca en la vida porque mientras que PSOE es la primera o segunda fuerza en casi todas las autonomías (especialmente en la más poblada de todas ellas: la andaluza) el PP es residual en Euskadi y Cataluña (y tras la ruptura con Unión del Pueblo Navarro (UPN) puede serlo ahora también en la Comunidad Foral de Navarra). Esas tres autonomías suman muchos millones de votantes. Y pinchar ahí supone un lastre demasiado pasado para un partido que aspira a gobernar España y cuya tirria a los nacionalistas le resta aún más apoyos.

Lituania: el matagigantes que derriba imperios.

Lituania es un pueblo que ha sufrido mucho a lo largo de la historia. Ha padecido la dominación de Polonia, Alemania, Mongolia, Rusia o Unión Soviética. Pero la insaciable sed de libertad de los lituanos les llevó a desafiar a todos los imperios y a ser el ariete que en 1991 acabaría derrumbando a la poderosa URSS.

Lituania padeció por siglos una feroz sustitución lingüística. El lituano ocupó el triste papel de lengua familiar de la gente pobre mientras que  desde Moscú se les inculcaba que si se encerraban en su pequeña lengua nunca serían nada y que era una suerte compartir un idioma hablado por muchísimas personas como el ruso.

Antes de 1991, el país estaba lleno de rusoparlantes monolingües que nunca se dignaron a aprender el lituano pues el bilingüismo forzado de los lituanos se lo hacía innecesario. Pero hoy el lituano es la única lengua oficial del Estado y el idioma de la enseñanza. La juventud ya no conoce el ruso y ahora estudia con placer el inglés.

Sin el yugo soviético, Lituania tiene una fuerte industria textil, es el mayor productor de lino del mundo, es miembro de pleno derecho de la Unión Europea y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y una potencia en el baloncesto que ha dado al mundo leyendas del deporte como el pívot Arvydas Sabonis.

Su lengua y cultura despiertan el interés y respeto de intelectuales en todo el mundo, y su talento en el jazz es conocido por los amantes de la buena música. Lituania coopera intensamente con Estonia y Letonia, los tres países bálticos a los que les unen fuertes lazos de hermandad y un fortalecimiento veloz.

Lituania es una patria de personas inteligentes, de gente culta y amable, de mujeres hermosas, de juventud que puede mirar al futuro con optimismo porque sabe que su cultura ya no la amenaza nadie. Un ejemplo admirable de casta, de pundonor, de pueblo celoso de su identidad dispuesto siempre a luchar por lo suyo.

Cubazuela.

Hace unos pocos años tuve la fortuna de visitar la ciudad de Valencia, en el venezolano Estado Carabobo. La impresión que me llevé fue la que de la miseria se expandía por doquier. Había unas tasas altísimas de paro y, como la gente debía sobrevivir, trabajaba en la economía sumergida. Allí lo llaman «economía informal» y está tolerada por la ley. Es decir, ya que el Gobierno de Venezuela es incapaz de ofrecer empleo a sus ciudadanos al menos no se persigue que éstos se ganen la vida como puedan, aunque sea trabajando en negro. En todas las calles había una cantidad enorme de puestos, de tenderetes improvisados, similares a los mercados ambulantes de aquí. Con la diferencia de que allí no se está asegurado, ni se es autónomo ni se paga impuestos. Se trabaja para intentar sobrevivir otro día más y punto.

En muchos puestos ambulantes, la gente vendía ropa barata, discos de música pirateados (incluso existen videoclubs donde se venden películas pirateadas y es legal), o fruta en unas condiciones higiénicas más que dudosas. Me entraba una profunda tristeza cada vez que subía a un microbús (allí lo llaman buseta o camioneta) y veía que subían personas jóvenes, a veces incluso adolescentes, para vender cualquier baratija. «Un paquete de chicles 500 bolívares, dos paquetes 800. Tenemos de menta y de fresa», voceaban. En otras ocasiones era gel, golosinas o tostones (plátano frito). Yo solía comprar  porque entiendo que si esta gente no puede vivir de esto, el siguiente paso que dará será conseguir una pistola y entrar a tiros en una tienda. En verdad me sentía profundamente apesadumbrado al contemplar todo aquello.

«¿Sabes? Esto antes no era así» -me decían-. Me contaron que  Valencia fue históricamente la ciudad industrial del país. Por supuesto la situación de la población nunca llegó a ser de opulencia, pero la gente tenía empleo. Empleo legal. Con contrato, con impuestos, con todo en regla. Allí había numerosas multinacionales como Colgate o Ford que daban de comer a numerosas familias obreras. Hasta que el neocomunista Hugo Chávez se hizo con la presidencia de Venezuela y comenzó a hostigar a todas horas a los empresarios. Subidas de impuestos, amenazas de expropiación de negocios, empresas y viviendas, inseguridad jurídica… Al final las empresas vieron el gris panorama y se marcharon de allí, fundamentalmente a Colombia, dejando a su paso un aumento masivo de paro, delincuencia y hambre.

Los empresarios se marchan de allí pero lo que es más grave… no llegan inversiones del extranjero. Al fin y al cabo… ¿quién en su sano juicio aterrizaría en un país en el que a los inversores se les acusa de «colonialismo»? Vas a montar un negocio, a dar trabajo a la gente, a pagar impuestos, a crear riqueza… Pero aún así la población local te mira mal, te odia… Y el gobierno amenaza con expropiarte, o con ser él el que te marque las pautas concretas sobre cómo debes dirigir tu negocio o incluso te dice que el contrato que has firmado hace seis meses con el Estado ya no vale, que es papel mojado, que hay que volver a renegociar todas las condiciones de la inversión de nuevo. Sinceramente, sólo un loco o un suicida se atrevería a arriesgar su dinero en una nación cuyo presidente es un paranoico que debería llevar camisa de fuerza.

No hay derecho a lo que Chávez les está haciendo a los venezolanos. Ha bloqueado sus depósitos bancarios de tal modo que la ciudadanía sólo puede disponer de una pequeña parte de sus ahorros para usarlos en el extranjero (por ejemplo para ir de vacaciones). Ha espantado a los empresarios y dejado en el paro a los trabajadores. Consiente los ataques a la propiedad privada (por ejemplo, legalizando que unos desconocidos se instalen en un terreno que es tuyo y se lo queden). Ha devaluado en exceso la moneda y multiplicado el precio de los productos de primera necesidad. Quiere una economía socialista planificada por el Estado. Cierra medios de comunicación, encarcela periodistas, ataca la libertad de expresión. Lo que él denomina «socialismo del siglo XXI» me recuerda demasiado al comunismo del siglo XX.

El puño del infortunio aplasta Haití.

El sobrecogedor terremoto que ha asolado Haití hace unos días ha sido el más destructor del mundo en mucho tiempo. El seísmo, que ha provocado la muerte de más de 100.000 personas, ya ha sido comparado por su devastación con las bombas atómicas que arrasaron Hiroshima y Nagasaki en la no tan lejana década de 1940.

Es sólo la gota que colma el vaso de una lista infinita de tragedias que han azotado a este pueblo desde que se independizó de Francia en 1804. Es la primera república negra de la historia, la primera en expulsar a los colonos blancos. Pero aunque el país se liberó de la esclavitud  desde entonces todo le ha ido de mal en peor.

En los últimos 200 años hubo una cascada de guerras, golpes de estado, dictaduras, corrupción generalizada, hambre, miseria, represión, colonialismo, deuda… Mas en todo este tiempo a nadie le ha importado que los malos gobernantes hayan saqueado al país más pobre de América y uno de los más famélicos de la Tierra.

Contínuos cortes en el suministro eléctrico, falta de agua potable, carreteras polvorientas aún por asfaltar, la ausencia de una sanidad y una educación dignas… Gente inocente que vive hacinada como ratas, que busca comida entre la basura y que sufre a diario por sobrevivir en un estado fallido, una pocilga de país.

Haití parece un país maldito, como si viviese bajo el embrujo del mismo demonio. En los últimos tiempos los haitianos se han apartado de Cristo y se han encomendado a rituales de corte satanista: vudú, brujería, ocultismo, espiritismo, animismo, magia, adivinación, mal de ojo… Prácticas condenadas por la Biblia.

Es el deber de los cristianos apoyar a estas personas con nuestras oraciones y con nuestra ayuda material, que ya está siendo enviada por las iglesias. El terremoto sólo ha sido una calamidad más de una larga lista… antes de que la muerte fuera a cubrirles con su mortaja, los haitianos ya conocían demasiado bien su rostro.

Islandia: la utopía.

Islandia es una de las naciones líderes del mundo en renta per cápita, índice de desarrollo humano, defensa de los derechos humanos, bienestar social, sanidad y educación, bajo nivel de corrupción y en ecologismo, hasta el punto de contar con automóviles que funcionan con hidrógeno en vez de gasolina o diésel.

Es líder mundial en energías limpias y renovables (el uso de agua caliente proveniente de las entrañas volcánicas nutre al país de electricidad) y pionero en los derechos de la mujer. Tanto es así que el país designó a Vigdís Finnbogadóttir la primera fémina del mundo escogida jefa de estado de forma democrática. Fue en 1980.

En lo cultural, lejos de querer ofrendar nuevas glorias a Noruega o Dinamarca, el pueblo decidió que el islandés no era ningún dialecto sino una lengua independiente. Hoy Islandia es el estado que más libros edita por habitante  y sus letras son tan ricas que cuentan con un Premio Nobel (Halldór Killnar Laxness, en 1955).

Este hecho es realmente insólito tratándose de una nación con tan sólo 300.000 habitantes. Pese a ello, la devoción por su lengua ha llevado a los islandeses a adoptar un sistema purista que prohíbe extranjerismos y que crea nuevos vocablos a partir de casticismos para conservar el genio de una lengua prestigiosa y culta.

En 50 años Islandia pasó de ser la patria más pobre de Europa a la quinta más rica del planeta en renta per cápita. Pero la crisis mundial del año 2008 hizo pedazos la utopía escandinava; en tan sólo una semana Islandia pasaba de ser oficialmente el estado donde mejor se vive en todo el mundo a un estado declarado en quiebra.

Es una lección de humildad para todos de la cual hemos de extraer una moraleja: que no somos nada. Aún sí, conservo mi fe en el talento del pueblo islandés, en esa isla de clima inhóspito y supervivientes natos que a buen seguro resurgirá de sus cenizas y retornará a la prosperidad a este extraordinario pequeño gran país.

En defensa de la familia.

Frente a la acuciante política de acoso y derribo que padece la institución de la familia y el terrorífico auge de la cultura de la muerte, propongo un desarrollo legislativo que incluya una reforma constitucional y estatutaria que garantice los siguientes puntos:

1. El reconocimiento y protección de la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural. Considerar el derecho a la vida como un valor supremo en nuestra sociedad y como prevalente en caso de colisión con otros derechos civiles.

2. La dignidad de todos los seres humanos.

3. La prohibición de abominaciones como el aborto, el uso de embriones y células madre embrionarias para cualquier fin que pueda costarles la vida o menoscabar su dignidad, la clonación humana, la eutanasia o la pena de muerte.

4. Reconocimiento del matrimonio exclusivamente como la unión de un hombre con una mujer.

5. Una política activa a favor del matrimonio y la familia. Facilitar el acceso a la vivienda, promover guarderias, ayudas económicas para el fomento de la natalidad, playas familiares, residencias para la tercera edad, erradicación de la telebasura…

6. El Estado del bienestar. Especial énfasis en garantizar una sanidad, educación y transporte públicos y de calidad.

7. El reconocimiento de la importancia de las raíces cristianas en la historia y cultura de Europa.

8. La libertad religiosa y de culto. El respeto a las creencias religiosas, a su participación en la vida pública y a la objeción de conciencia por motivos religiosos.

9. Prohibición de la blasfemia. Será considerada un delito, como lo son la injuria o la calumnia.

10. El retorno a las buenas costumbres, los valores y la moral.

¿Qué dice la Biblia de la homosexualidad?

En los últimos tiempos la homosexualidad ha tenido una creciente aceptación social. Sin embargo, si hacemos un ligero repaso a la Biblia veremos que Dios la considera un acto abominable; un pecado de suma gravedad, no un estilo de vida como ahora los grupos de presión homosexuales quieren hacer ver.

1) La homosexualidad en el Antiguo Testamento.

La Biblia es muy clara al respecto: la homosexualidad es abominación a los ojos de Dios hasta el punto de que, en el Antiguo Testamento, era castigada con la muerte: «No te echarás con varón como con mujer; es abominación» (Levítico 18:22). Veamos otro  pasaje: «Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron: ambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre» (Levítico 20:13).

Conocida es la historia de Sodoma y Gomorra (puede leerla en Génesis 19); unas ciudades donde el homosexualismo estaba extendido entre todos los hombres, del más anciano al más joven (Génesis 19:4); tal fue su perversión que Dios decidió destruirlas enviando fuego y azufre.

Dios condena también la perversión del travestismo: «No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace (Deuteronomio 22:5). Y advierte también sobre la sodomía: «No haya ramera entre las hijas de Israel, ni haya sodomita de entre los hijos de Israel. No traerás la paga de una ramera ni el precio de un perro a la casa de Jehová tu Dios por ningún voto; porque abominación es a Jehová tu Dios tanto lo uno como lo otro» (Deuteronomio 23:17-18).

2) La homosexualidad en el Nuevo Testamento.

¿Podría ser  que la homosexualidad fuese considerada un pecado en la antigüedad y que ya no lo fuese actualmente, debido a que vivimos en tiempos modernos y nuestra sociedad del siglo XXI ya no es la de hace miles de años? Me inclino a pensar que para el Señor la pecaminosidad de este acto continua vigente hoy. Pensemos que no solamente se repudia en el Antiguo Testamento, sino también en el Nuevo. Veamos qué le decía el apóstol Pablo a los romanos:

«Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complace con los que las practican» (Romanos 1:24-32).

También Pablo, en su epístola a Timoteo, insiste: «¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino  para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y  para cuanto se oponga a la sana doctrina, según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado» (1 Timoteo 1:9-11).

Pablo advierte también a los corintios sobre el pecado sodomita: «¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis, ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios» (1 Corintios 6:9-11).

No solamente Pablo, también el apóstol Judas recuerda la gravedad de este pecado: «También Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquellos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra la naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno» (Judas 7).

3) ¿Cuál es la verdadera voluntad de Dios?

El Señor Jesús siempre abogó por el matrimonio heterosexual como creado por Dios al principio, y nunca por el gaymonio y lesbimonio. Leámoslo: «Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne: lo que Dios juntó, no lo separe el hombre» (Mateo 19:4-6).

4) Conclusión.

La homosexualidad es abominación a los ojos de Dios. Su verdadera voluntad es que el hombre se uniera con la mujer y viceversa, no que sigan orientaciones sexuales que van contra natura. Pero ojo, Dios odia el pecado pero ama al pecador. Su voluntad es que el sodomita se arrepienta y abandone su desviación. A menudo el homosexual es una persona que sufre y mucho a causa de su condición; por tanto debemos tratarle con respeto y comprensión. Y muy importante: que nadie heterosexual se atreva a considerarse mejor que un homosexual por el solo hecho de no serlo. Todos los seres humanos sin excepción somos pecadores (Romanos 3:23) y el que esté libre de pecado que tire la primera piedra (Juan 8:7). La idea de este artículo no es apuntar con el dedo acusador a nadie, tan sólo constatar que la práctica homosexual es, con la Biblia en la mano, un pecado muy grave, no un estilo de vida moralmente aceptable por muy de moda que ahora pueda estar. No frente a los ojos de Dios.

Pelota Valenciana, un deporte olímpico.

¿Y por qué no? La pelota, deporte nacional de los valencianos, ha sido históricamente uno de los deportes más grandes del mundo. A pesar de que la burguesía y la intelectualidad valencianas a menudo le han dado la espalda, este glorioso deporte ha sobrevivido a las adversidades gracias a la práctica que de él se ha hecho en muchísimos pueblos de nuestro país. Desde aquí enarbolo mi voz a favor de que se trabaje para promocionar la pelota valenciana de cara a que pueda tener representación en los Juegos Olímpicos (JJOO) pues es un deporte más importante de lo que creemos. Por eso, hay que desterrar los mitos y prejuicios que provienen de la ignorancia y darnos cuenta de que el deporte de pelota reúne grandes condiciones para ser olímpico y de que de hecho se lo merece muchísimo más que otros.

1. La pelota es un deporte histórico. Llamarle milenario no es exagerar pues se ha jugado, en unas modalidades u otras, desde tiempos inmemoriales en pueblos tan diversos como el egipcio, el japonés o el maya. En ese aspecto la pelota, solamente por historia, merece su condición olímpica mucho más que deportes recientes como fútbol o bolea playa.

2. No es un deporte de pueblerinos. A pelota han jugado emperadores (Alejandro Magno…), césares (Vespasiano, Alejandro Severo…), reyes (Luis X, Carlos VIII, Francisco I, Enrique IV…), etc. El hecho de que las elites más poderosas de la Tierra hayan disfrutado jugando a pelota le confiere ese toque aristocrático i prestigioso que todo deporte necesita.

3. La pelota no es propia de ignorantes. Ignorante es quien piense lo contrario pues no sabe que la pelota ha cautivado a los más altos intelectuales. Escritores como Luis Vives, Pedro Calderón de la Barca o Francesc Almela i Vives, pintores como Francisco de Goya o Josep Bru o escultores como Ignasi Pinazo, entre otros, se han interesado por ella.

4. La pelota no es un deporte minoritario. De hecho, hasta el siglo XVIII fue el deporte más practicado en toda Europa. Y a pesar de la dura competencia de los deportes de masas, la pelota valenciana se encuentra en auge. Atrae cada vez a más críticos, prensa y público. Además cuenta con una proyección internacional con los campeonatos de Europa y del mundo.

5. Tiene un enorme potencial de expansión. La pelota valenciana se puede jugar prácticamente en cualquier rincón, como por ejemplo la calle. En ese aspecto, a nivel de deporte de base, los niños de cualquier país del mundo pueden interesarse más por la pelota que por otros deportes que requieren instalaciones especiales como el tenis o el golf.

6. Es un deporte plural. La pelota es un deporte extraordinariamente plural tanto en las modalidades como en las reglas que en ellas se aplican. Así vemos que en Euskadi los pelotaris juegan frente a un muro mientras en el Reino de Valencia juega un hombre frente a otro. El tenis (que es deporte olímpico) es un invento anglosajón inspirado en la pelota.

7. La pelota es un deporte competitivo. Actualmente la pelota se practica a un alto nivel en el Reino de Valencia, Bélgica, Holanda, Italia, Francia y Argentina. Otros deportes olímpicos como el hockey sobre hielo tienen mucha menos rivalidad. De hecho, con la desintegración de la Unión Soviética, Canadá es prácticamente la única gran potencia mundial en este juego.

8. La pelota no es un deporte caro. A lo largo de la historia las autoridades pertinentes han eliminado muchísimos deportes de los Juegos para reducir costes que en algunos casos eran exorbitantes. No es el caso de este juego que cuenta con plantillas reducidas, un material económico y que lejos de necesitar grandes estadios se puede disputar en cualquier lugar.

9. Da espectáculo. La pelota no tiene por qué ser un deporte aburrido como lo pueda ser el remo para alguna gente. Al contrario. Las reglas son bien sencillas y fáciles de entender, el duelo que se da entre los pelotaris resulta apasionante y titánico, el público se va satisfecho del trinquete y las apuestas dan aún más interés al juego.

10. Es clásico y prestigioso. La pelota valenciana no es como esos ridículos pseudodeportes que salen de la noche a la mañana y que aunque se les tilde de deportes no pasan de ser estúpidos juegos de entretenimiento. Es una disciplina clásica, como el maratón, y cuenta por historia, tradición y cultura con un prestigio que difícilmente se encuentra en otro juego.

El deporte de pelota fue diluyéndose y desestructurándose poco a poco por toda Europa a lo largo del tiempo. Sólo se conservó en un altísimo grado de pureza en nuestro país,el Reino de Valencia (la pelota vasca funciona con reglas más modernas que no se enraízan en la tradición histórica más pura), por lo que podemos llamarle pelota valenciana. Por todas estas razones enarbolo mi voz a favor de que a la pelota, en sus diversas modalidades (incluyendo las vascas), sea disciplina olímpica. Somos potencia mundial; la Selección Valenciana, bajo bandera valenciana, se ha proclamado campeona de Europa y del mundo y mitos como Paco Cabanes Genovés o Enric Sarasol han sido considerados los mejores no sólo del país, sino también de Europa y del mundo. Eso sería un oro (casi) seguro para el país.

A menudo los valencianos no llegamos a apreciar la inmensa riqueza y valor de nuestra historia y cultura. Es por eso que hace falta un compromiso cívico y patriótico de todos los valencianos (políticos, intelectuales, ciudadanos de a pie…) por tal de potenciar y prestigiar, aún más si cabe, un juego que como la pelota valenciana es un deporte milenario. La pelota valenciana no es solamente nuestro deporte nacional y autóctono; es historia, es cultura, es tradición, es orgullo, es casta, es prestigio, es un emblema identitario de nuestro pueblo y lo más importante; es un clarísimo referente internacional que nos sitúa en el mapa de este mundo cada vez más globalizado y que hace que en el extranjero la gente se interese por nuestra cultura y que se convenza de que los valencianos también sabemos hacer las cosas muy bien.

Por una nueva cultura de la alimentación.

El otro día estaba celebrando yo una fiesta en compañía de unos amigos. Estábamos sentados en mesa, disfrutando de un generoso banquete. Teníamos de todo: la mejor carne, marisco abundante, un buen vino, pescado en abundancia… De todo. De repente se nos acercó un niño. Era negro y por el acento que tenía puede que fuera caribeño, quien sabe si dominicano. Se encontraba sucio y era flaco; estaba en los huesos. Se le veía hambriento. Me pidió por favor si le podía dar un poco de pan para saciar el hambre. Le respondí: «niño, tú lo que necesitas no es pan sino una nueva cultura de la alimentación». Solté una gran carcajada, los comensales rieron conmigo y el niño se quedó con una cara rara.

Estoy orgulloso de cómo me comporté. De un modo progresista y solidario. Exactamente igual que esos partidos intitulados de izquierdas (Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Izquierda Unida (IU), Bloc Nacionalista Valencià (BNV), Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Chunta Aragonesista (CHA)…), sindicatos y otras plataformas cívicas que consideran que de lo más progre oponerse al Plan Hidrológico Nacional (PHN) que pretende trasvasar parte de los cuantiosos excedentes de agua del río Ebro (en Aragón y Cataluña) a la España seca (Valencia, La Mancha, Andalucía y Murcia), para que pueda aliviar su dura sequía.

¡Es tan solidario que haya gente que prefiera que cada año haya miles de hectolitros de agua que se pierdan en el mar sin darles ningún uso antes que cederlos a otras tierras para que alivien su sequía…! Dicen, en un acto de infinito progresismo, que no necesitamos el trasvase sino una nueva cultura del agua. Me parece que ni los estómagos de los niños hambrientos del Tercer Mundo se llenan con cultura (¿o sí?) ni tampoco nuestras tierras devastadas por la sequía se pueden regar con cultura. España es, definitivamente, un pueblo cainita. Y aún dicen que aragoneses, catalanes y valencianos somos tres pueblos hermanos. Hermanos sí. Pero como Caín y Abel.

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