21 Ago 2011
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de Europa
Etiquetas:Corona Británica, Cultura, Inglaterra, Isabel II, lengua, Man, manés, nacionalismo, Reino Unido

Man es un país en reconstrucción cultural, identitaria y nacional. Patria de raíces celtas, ha padecido el yugo de vikingos, noruegos, escoceses e ingleses. Tras siglos de una anglosajonización feroz que casi extingue la cultura autóctona, hay ahora un sentir popular por potenciar las costumbres, folclore y música tradicionales de la isla.
En lo lingüístico, el inglés es el idioma oficial junto con el manés. El último hablante materno de manés, Ned Madrell, murió en 1974. Desde entonces, hay un proceso de revitalización en las escuelas para que no desaparezca el idioma. Sigue en peligro de extinción, pero vuelve a haber jóvenes y niños que lo hablan de nuevo.
A nivel político, ha pasado del colonialismo de antaño a un fuerte autogobierno. Dispone de un curioso estatus: dependencia de la Corona Británica. No pertenece al Reino Unido ni a la Unión Europea (UE). Es un territorio semi-independiente bajo soberanía de la poderosa reina Isabel II, que ostenta el título de Señora de Man.
En lo económico, Man ha experimentado un fuerte crecimiento. Es un paraíso fiscal que atrae numerosos negocios gracias a su política de impuestos bajos, apoyo a las empresas y buena regulación financiera además de por tener una excelente dotación de infraestructuras para ser una isla diminuta de 30.000 almas.
Su bandera, compuesta por un trisquel de tres piernas armadas, es el emblema nacional desde el siglo XIV. Según una leyenda local, el dios Mannanán se convirtió en tres piernas y rodó colina abajo, derrotando a los invasores. Es por tanto símbolo de resistencia en defensa de la libertad y la independencia de la patria.
Man es un pueblo temeroso de Dios, en el que la Iglesia Anglicana tiene hondas raíces. Y ahora, tras siglos de opresión política y de sustitución lingüística y cultural, Man renace de sus cenizas. Existe un interés creciente por recuperar las señas de identidad y proclamar un estado soberano. El pueblo manés tiene la palabra.
20 Ago 2011
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de Europa
Etiquetas:Bosnia, Bosnia-Herzegovina, cascos azules, Croacia, Federación Croata-Musulmana, nacionalismo, ONU, religión, República Srpska, Sarajevo, Serbia, Srpska, Yugoslavia

Los acuerdos de Dayton que pusieron fin a la salvaje Guerra Civil de Yugoslavia (1991-1995) supusieron la creación de un país imposible: Bosnia-Herzegovina. El artificial estado bosnio es la suma de tres comunidades enemigas (croatas, bosnios y serbios); repartidas en dos regiones antagónicas que literalmente se llevan a matar.
La separatista Srpska es una de las dos regiones del estado. Tiene la mitad del territorio y un tercio de la población (cristianos ortodoxos de lengua serbia). La otra es la Federación Croata-Musulmana, con católicos de lengua croata, que quieren autogobierno, y musulmanes de lengua bosnia, que están por la unidad nacional.
La Federación es la fusión de tres estados que fueron independientes de facto en la Guerra Civil: República Croata de Bosnia-Herzegovina (1992-1994), República Occidental de Bosnia (1993-1995) y Bihac (1994-1995). Es la unión de la desunión, una macedonia de religiones, un mosaico de culturas, un puzzle étnico de difícil encaje.
Srpska es un trozo de Serbia incrustado en Bosnia, pero la Federación Croata-Musulmana es la auténtica Bosnia, una nación de musulmanes con una minoría croata. Los bosniacos se independizaron de Yugoslavia pero se llevaron la peor parte: Croacia les dejó sin apenas costa y Serbia les sometió a un espantoso genocidio.
La capital, Sarajevo, aún tiene en las fachadas de sus edificios los agujeros de la metralla y los cañonazos de hace 20 años. La economía está destruída y la región es pobre, atrasada e inestable. Hasta 2006 tuvo ejército propio pero fue absorbido por las Fuerzas Armadas Bosnias. La policía regional pronto se integrará en una estatal.
Tres pueblos enemigos forzados a convivir juntos en un mismo estado no parece una buena idea. Los bosniacos tienen tensiones con los croatas, pero es nada en comparación con los serbios. Bosnia-Herzegovina es un protectorado de Naciones Unidas y el día que los cascos azules se marchen, podría estallar una nueva guerra civil.
19 Ago 2011
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de Europa
Etiquetas:autodeterminación, Bosnia, Bosnia-Herzegovina, cascos azules, Federación Croata-Musulmana, nacionalismo, ONU, religión, República Srpska, Srpska, Yugoslavia

La población bosnia estuvo sometida a la bota opresora de los imperios por siglos. En la Edad Media fue el Imperio Otomano, que convirtió al islam a los lugareños, que aún hoy siguen siendo musulmanes. Después llegó Austria-Hungría, Yugoslavia y hasta la Croacia fascista que se anexionó Bosnia durante la época nazi.
En 1992 declaró su independencia, en plena Guerra Civil Yugoslava (1991-1995). Aunque al final logró su objetivo, fue la que se llevó la peor parte. Los croatas la dejaron sin apenas costa y los serbios cometieron espantosos genocidios en el menudo país. 250.000 muertos y 2.000.000 de desplazados fue el precio de tanta sinrazón.
Lo peor de todo es que Bosnia está dividida en dos regiones antagónicas que la hacen inviable. Una es la Federación Croata-Musulmana, que tiene la mitad del territorio y dos tercios de población. En ella cohabitan bosniocroatas (católicos de lengua croata) y bosniacos (musulmanes de idioma bosnio). Esta es la auténtica Bosnia.
La otra región, la República Srpska, supone la mitad del territorio y un tercio de la población, el 95% de la cual es serbobosnia (cristiana ortodoxa y de lengua serbia). Casi toda ella (uno de cada tres habitantes del estado) es independentista. En Srpska está el distrito de Brcko, un condominio de las dos regiones creado en 2000.
Bosnia encarna como nadie el fracaso de la multiculturalidad. El presidente de la república es elegido de forma rotativa entre representantes de las tres etnias. El estado casi ni existe. Hasta 2006 cada región tenía su propio ejército. Solamente la presencia de los cascos azules impide que estos pueblos vayan a la guerra otra vez.
Bosnia-Herzegovina es un protectorado de Naciones Unidas, un estado sujeto con alfileres, una ecuación imposible, un auténtico barril de dinamita que explotará en cuanto las tropas de paz abandonen la zona. Dividir Bosnia en dos estados independientes (el bosniaco y la serbio) es la única salida posible para vivir en paz.
18 Ago 2011
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de América
Etiquetas:Bolivia, camba, colla, Collasuyo, Evo Morales, historia, indígena, Nación camba, Nación colla, nacionalismo, Santa Cruz, Simón Bolívar

Bolivia es la Bélgica americana: un estado artificial compuesto por dos pueblos antagónicos. En el altiplano occidental están los collas: el Tíbet suramericano, una tierra pobre y atrasada de campesinos amerindios bajitos que hablan quechua y aimara. En el llano oriental, los cambas: gente alta, criolla y que sabe hablar inglés.
Nació en 1825 de la mano del libertador Simón Bolivar, que la salvó del yugo de España. No obstante, fue su triunfo más infausto. El país es el segundo más pobre de Latinoamérica, sólo por detrás de Haití. Es un desierto que se despuebla a toda velocidad, una fábrica de emigrantes que viajan al extranjero en busca de un empleo.
Como Bolivia siempre fue débil militarmente sus vecinos le arrebataron el 53% de su territorio original. Argentina y Perú le dieron un buen bocado vía diplomacia, Brasil le robó muchas tierras tras derrotar a Bolivia en la Guerra del Acre (1899-1903) y Paraguay hizo lo propio tras vencer en la Guerra del Chaco (1932-1935).
Pero el gran trauma que aún no ha superado el desgraciado pueblo boliviano es la Guerra del Pacífico (1879-1883) en la que Chile le anexionó la costa y dejó al país sin salida al mar. Desde entonces el pueblo vive conmocionado, guarda odio eterno hacia Chile y recuerda aquella dramática pérdida como si hubiese ocurrido ayer.
El despedazamiento del país todavía puede continuar y podría ocurrirle lo que a Checoslovaquia. Collas y cambas se odian a muerte y lo lógico sería dividir Bolivia en dos estados independientes: una nación camba, compuesta por Santa Cruz, Pando, Beni y Tarija y una colla, con Potosí, Chiquisaca, Cochabamba, La Paz y Oruro.
Bolivia se define como estado plurinacional y reconoce 37 lenguas oficiales. Desde 2006, el gobierno indigenista de Evo Morales apela a la cosmovisión amerindia y a un nacionalismo colla que pretende transformar Bolivia en un Collasuyo donde los blancos y mestizos no tengan cabida. Bolivia camina hacia la nación colla.
17 Ago 2011
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de Antártida
Etiquetas:Antártida, continente, Diego Ramírez de Arellano, hielo, Polo Norte, Polo Sur, Tratado Antártico

La Antártida fue el último continente en ser descubierto. Tal honor recae en el marino valenciano Diego Ramírez de Arellano, que lo logró en siglo XVII. Es más grande que Oceanía y que Europa, pese a ello sigue siendo el gran olvidado pues a menudo se suele hablar de «los cinco continentes», cuando en realidad hay seis.
Tiene 14.000.000 de km2. Si fuera un país sería el segundo más grande del orbe, sólo superado por los 18.000.000 de Rusia. Cuando llega el invierno, los hielos la hacen crecer hasta los 30.000.000 de km2, por lo que la llaman el continente pulsante. A diferencia del Polo Norte no hay población humana nativa en el Polo Sur.
En la Antártida a lo sumo ves algunas expediciones temporales de científicos. La climatología es tan hostil que un asentamiento humano permanente es una quimera. Rara vez se supera los 0º en alguna región puntual. Es más, en 1983 los rusos registraron en la estación Vostok la temperatura más baja de la Tierra: -89,3º.
La Antártida es el continente donde menos llueve y donde más huracanados son los vientos. También la más grande reserva de agua dulce del planeta, pero a causa del calentamiento global sufre grandes deshielos en su parte occidental que hacen subir el nivel del mar. A su vez, la región central incrementa su masa de hielo.
Para evitar que el continente blanco fuera víctima de otra desenfrenada carrera colonial, las potencias firmaron el Tratado Antártico en 1959 que establece que la Antártida pertenece a toda la humanidad, la destina a fines científicos pacíficos y deja en punto muerto las reclamaciones territoriales de muchas naciones del globo.
Por encima de todo su gran valía radica en ser un territorio virgen con una flora y fauna únicas. Eso y que la Antártida representa uno de esos raros casos en que las naciones dejan sus mezquinas ambiciones de lado en pro del beneficio común. Es la gran victoria del internacionalismo; el triunfo de la cordura en detrimento de la guerra.
16 Ago 2011
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de Europa
Etiquetas:Alemania, Cerdeña, España, Francia, Génova, Grimaldi, historia, Mónaco, Montecarlo, nacionalismo, paraíso fiscal

Existen muchos en el mundo, pero el paraíso fiscal por excelencia es el Principado de Mónaco. Es uno de los estados más pequeños del planeta (1,95 km2) y el más densamente poblado, con sus 30.500 habitantes. Es un enclave de elegancia, lujo y glamour pero también un oscuro centro de lavado de dinero negro y evasión fiscal.
El francés es la única lengua oficial de Mónaco. Pero el país dispone también de una lengua propia, el monegasco, que la década de 1970 estuvo a punto de desaparecer pero que ahora tiene 5000 usuarios y se enseña en las escuelas. El occitano se habla desde tiempos históricos y el turismo trajo consigo el italiano y el inglés.
Durante la Edad Media, Mónaco fue un enclave ligur en tierras occitanas. Hasta que en 1297 nació como país independiente, cuando el padre de la patria, François Grimaldi, derrotó a los colonos genoveses. Grimaldi entró disfrazado de monje a la fortaleza monegasca y ya desde dentro abrió las puertas a sus tropas.
La monarquía es sin duda el mejor activo monegasco. Los Grimaldi son expertos en negociar y superar las adversidades. A lo largo de los siglos el micropaís fue invadido por Génova, se convirtió en protectorado de España, Francia y Cerdeña, y hasta fue ocupado por la Alemania nazi. Y ahí sigue: en pie, independiente y libre.
El Mónaco moderno que conocemos lo forjó el príncipe Carlos III a finales de siglo XIX. Él trajo el Casino de Montecarlo, el ferrocarril, la Oficina de Correos que pronto emitió sus propios sellos, obtuvo de la Santa Sede un obispado, eliminó los impuestos de bienes personales y mobiliarios y creó Montecarlo en su propio honor.
Hoy el país es un refugio de multimillonarios que se radican allí para no pagar impuestos. Y un centro turístico de primer orden, con infraestructura hotelera, de ocio y náutica de auténtico lujo. El Rally de Montecarlo y el Gran Premio de Fórmula 1 de Mónaco -pruebas en circuito urbano- son famosas en el mundo entero.
15 Ago 2011
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de Europa
Etiquetas:catolicismo, Estados Pontificios, historia, Iglesia Católica, Italia, nacionalismo, papa, religión, Roma, Santa Sede, Vaticano

Los Estados Pontificios nacieron en 752 y aún existen bajo la denominación de Vaticano. Por siglos fueron un tenebroso reino que auspició la Inquisición y mil guerras, y un nido de inmoralidad y corruptelas impropio de hombres de Dios. Pero de todas aquellas aventuras bélicas ya sólo nos queda el recuerdo lejano del ayer.
El Vaticano es la moderna versión de los viejos Estados Papales. Se independizó en 1929 tras la firma de los Pactos de Letrán celebrados entre la Santa Sede y el Reino de Italia, que en 1870 había conquistado los Estados Pontificios. Hoy es una diminuta ciudad-estado, un micropaís cuya superficie es más testimonial que otra cosa.
Es la última teocracia de Europa (ya que su jefe de estado es el Papa, líder de la Iglesia Católica) y el único país con el latín como lengua oficial (también lo es el italiano). Dicho así, puede sonar tan medieval como Irán o Arabia Saudí pero nada tiene que ver pues actualmente es una nación pacífica y defensora de la vida.
Con 0,4 km2, es el estado con territorio más pequeño del orbe (sólo le supera la Orden de Malta, que carece de suelo propio). Tiene 900 habitantes. Sólo 300 tienen nacionalidad vaticana, que no se obtiene por nacer sino por concesión, se añade a la de origen y al fin se retira cuando se deja de realizar funciones para el país.
El Vaticano es desde luego un país muy sui generis ya que más que una nación en sí, es en realidad una excusa para que el Papa pueda gozar de las ventajas, protección y trato de privilegio que disfruta un jefe de estado. Realmente se trata de un soporte temporal para reforzar las actividades eclesiásticas de la Santa Sede.
Pero el poder del Vaticano radica en ser el epicentro de 1.200 millones de católicos en el mundo. Puede que la Iglesia predique un Evangelio idólatra y contaminado y que no pocas veces sus actuaciones hayan quedado en entredicho pero a obras de caridad nadie le gana en toda la Tierra. Tiene clarísimo que la fe sin obras está muerta.
14 Ago 2011
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de Europa
Etiquetas:Antigua Grecia, Aquea, Atenas, Corinto, Creta, crisis, Elis, Esparta, Europa, Grecia, historia, Jonia, Macedonia, Micenas, Olimpia

Hace miles de años a las orillas del mar Mediterráneo nació la civilización occidental de la mano de un sinfín de pequeñas ciudades-estado como Creta, Micenas, Esparta, Atenas, Jonia, Corinto, Elis, Olimpia, Aquea, Delos o Macedonia que legaron al mundo un esplendor cultural que es admirado aún hoy.
Con el devenir de los siglos, todas aquellas micronaciones (más de doscientas) desaparecieron y llegó el moderno estado de Grecia, que si bien no es el heredero nacional si lo es moral y cultural de todas aquellas fabulosas civilizaciones que conocemos hoy con la inexacta y poco apropiada denominación de «Antigua Grecia».
La península griega ha padecido el colonialismo como ninguna bajo la bota opresora del Imperio Romano, Bizantino y finalmente Otomano. Tras sufrir el yugo turco por más de 350 años, el actual estado griego nace con la declaración de independencia de 1821, en la que se separa de Turquía, su archienemigo eterno.
El país nacía para reverdecer los laureles de la antigua Atenas, pero desde su fundación todo ha sido digno de una tragedia griega. Una Grecia unida y grande hacía soñar con viejas glorias, pero en 200 años no ha aportado al mundo nada de relevancia política, económica o cultural a diferencia de los microestados del ayer.
Es una de las patrias más atrasadas de Europa, donde la falta de seriedad de las autoridades, la corrupción gubernamental, la vagancia de los trabajadores, la economía sumergida y el fraude fiscal son males acentuados. Desde 2010 sufre una brutal crisis económica. Grecia ha quebrado y los especuladores se ceban con ella.
Es el estado con más islas del Viejo Continente (unas 6.000), una tierra hermosa y soleada con un gran legado histórico que atrae a los turistas. Pero ahí acaba la cosa. La moderna República Helénica nada tiene que ver con la antigua Atenas, que fue cerebro del mundo, eso está claro. Grecia, más que un país, es una tragedia.
13 Ago 2011
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de Europa
Etiquetas:Bélgica, Cultura, Flandes, francés, Francia, historia, nacionalismo, valón, Valonia

Valonia es, junto con Bruselas y Flandes, una de las tres regiones que componen el artificial Estado Belga. Flamencos y valones se llevan a matar y solamente la disputada región de Bruselas (un enclave dentro de Flandes pero de habla francófona) actúa como freno a una secesión flamenca que sólo es cuestión de tiempo.
Los valones son latinos y socialistas, los flamencos germánicos y conservadores. Durante decenios los valones fueron ricos y acusaron a sus vecinos de hablar un “dialecto de campesinos”. Desde los años 60 los flamencos son los nuevos ricos y no quieren mantener a una Valonia decadente que les despreció durante muchos años.
La antaño pujante industria minera valona está totalmente desfasada, la lengua francesa tiene cada vez menor peso en el mundo, los valones ya no mandan sobre los flamencos sino al revés y encima Bélgica está próxima a desaparecer. Valonia es un gallo herido en su orgullo y eso le hace más peligroso e impredecible que nunca.
A flamencos y valones ya no les une nada salvo la corona belga. Sólo hay un 1% de matrimonios mixtos. Los valones no obstante están por la unidad belga porque no se ven dirigiendo su propio destino y necesitan que alguien lo haga por ellos, aunque también existe un nacionalismo valón minoritario que reclama un estado propio.
La mayor parte de su sociedad habla el francés. Sin embargo, el país cuenta con una lengua propia no oficial hablada por un tercio de la población: el valón. Al ser una región fronteriza hay pueblos que hablan idiomas de naciones vecinas como el picardo, el lorrain, el champañés, el luxemburgués, el flamenco o el alemán.
Valonia no tiene ese ansia independentista de Flandes. De hecho, su consciencia nacional es débil. Aún así, podría llegar a crear de rebote un estado independiente si Flandes se separa. O seguir dentro de una Bélgica menor donde sólo estarían ella y Bruselas. O incluso pedir la anexión a Francia. Todos los escenarios están abiertos.
12 Ago 2011
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de Europa
Etiquetas:autodeterminación, Bretaña, bretón, celta, Cultura, Europa, folclore, Francia, nacionalismo, terrorismo

Bretaña fue un antiguo reino y posterior ducado durante casi toda la Edad Media. Fue una nación soberana desde 851 hasta que fue incorporada a Francia en 1532, ya que el rey francés Francisco I se casó con Claudia, hija de la duquesa Ana de Bretaña. Es un país rural de una honda tradición católica y celta.
Los bretones se sienten discriminados porque el histórico Ducado de Bretaña fue dividido en dos regiones: la actual Bretaña (80% del territorio histórico) y la provincia de Loira Atlántica (20% restante), incorporada a la vecina región de País de Loira. Esto se hizo para evitar la rivalidad entre las ciudades de Nantes y Rennes.
Desde el siglo XX hay un despertar del autonomismo, que reivindica equiparar las dos lenguas propias (el bretón y el galó) al francés, el resurgimiento de la cultura y símbolos bretones, el autogobierno y el desarrollo económico de la región. Los bretones hasta tuvieron que recurrir al terrorismo para ser oídos por la centralista París.
En el folclore destaca el kan ha diskan, un tipo de canto con dos interpretes en el que uno sucede al otro cuando acaba su estrofa. Cada nueva estrofa es cantada empezando por el último verso o palabra de la anterior, siendo este verso o palabra cantado por ambos intérpretes a la vez, lo que constituye un estilo muy típico.
También destaca la gwerz, un tipo de balada triste, muy larga y sin estribillo. Además existe una gran afición a la música celta y a las bandas de gaitas bretonas. La música y danza tradicionales se mantienen con fuerza. Se conservan muchos trajes regionales, típicos de cada pueblo. Se suele decir «cien lugares, cien trajes».
Por siglos el Estado Francés intentó destruir el idioma bretón. Pese a ello, Bretaña sigue siendo una patria orgullosa de sus raíces, tradiciones y particularismos. Pero ahí queda la cosa, ya que el fervor cultural no lo es nacional. Es una región pobre y abandonada pero amarrada a la metrópoli. Pudo ser Córcega y acabó siendo Galicia.
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