Aymaras: raíces profundas.

A orillas del lago Titicaca vive un antiguo pueblo de cultura milenaria: los aymaras. Sus raíces parecen remontarse al año 200 AC, al desaparecido reino de Tiwanaku.  Los aymara vivieron divididos históricamente en varios señoríos, agrupados a su vez en dos grandes territorios: Urcosuyo al norte y Umasuyo al sur.

Antaño fueron colonizados por incas y españoles. Desde 1800 hasta nuestros días los aymaras viven entre Perú, Bolivia, Argentina y Chile. Sufren altos índices de pobreza material, falta de oportunidades y pérdida de identidad cultural. Se trata de una región árida y polvorienta devastada por la sequía, el analfabetismo y el atraso.

Hay un creciente nacionalismo autóctono. Algunos proponen crear una república aymara que aglutinaría parte de los cuatro estados donde viven. Otros apuestan por hacer de Bolivia una nación colla (los collas son los aymaras bolivianos). Su enemistad con la etnia camba, del oriente boliviano, es de sobra conocida por todos.

La civilización aymara nunca construyó centros urbanos ni grandes monumentos arquitectónicos pero sí sitios sagrados de adoración y grandes necropólis funerarias, que hoy reliquias arqueológicas de gran valor. En lo económico, viven del cultivo de la patata y de la ganadería de llamas. Es tradicional el consumo de coca.

Sus áridas montañas son la guarida de los dioses Achachilas, Pachamama y Tunupa. Se trata de un pueblo que combina el catolicismo romano con una cosmogonía indígena heredada de sus ancestros, una sociedad  supersticiosa que cree en espíritus protectores y en el poder de la madre naturaleza por encima de todo.

Los aymara  son una nación sin estado, un pueblo con un territorio, cultura y pasado comunes. Al estar diseminado a lo largo y ancho de varios países, su unión resulta complicada. Pero están hartos de emigrar y  de vivir en extrema pobreza por lo que cada vez más se reunen para reivindicar  sus derechos con una sola  voz.

Bolivia: hacia la nación colla.

Bolivia es la Bélgica americana: un estado artificial compuesto por dos pueblos antagónicos. En el altiplano occidental están los collas: el Tíbet suramericano, una tierra pobre y atrasada de campesinos amerindios bajitos que hablan quechua y aimara. En el llano oriental, los cambas: gente alta, criolla y que sabe hablar inglés.

Nació en 1825 de la mano del libertador Simón Bolivar, que la salvó del yugo de España. No obstante, fue su triunfo más infausto. El país es el segundo más pobre de Latinoamérica, sólo por detrás de Haití. Es un desierto que se despuebla a toda velocidad, una fábrica de emigrantes que viajan al extranjero en busca de un empleo.

Como Bolivia siempre fue débil militarmente sus vecinos le arrebataron el 53% de su territorio original. Argentina y Perú le dieron un buen bocado vía diplomacia,  Brasil le robó muchas tierras tras derrotar a Bolivia en la Guerra del Acre (1899-1903) y Paraguay hizo lo propio tras vencer en la Guerra del Chaco (1932-1935).

Pero el gran trauma que aún no ha superado el desgraciado pueblo boliviano es la Guerra del Pacífico (1879-1883) en la que Chile le anexionó la costa y dejó al país sin salida al mar. Desde entonces el pueblo vive conmocionado, guarda odio eterno hacia Chile y recuerda aquella dramática pérdida como si hubiese ocurrido ayer.

El despedazamiento del país todavía puede continuar y podría ocurrirle lo que a Checoslovaquia. Collas y cambas se odian a muerte y lo lógico sería dividir Bolivia en dos estados independientes: una nación camba, compuesta por Santa Cruz, Pando, Beni y Tarija y una colla, con Potosí, Chiquisaca, Cochabamba, La Paz y Oruro.

Bolivia se define como estado plurinacional y reconoce 37 lenguas oficiales. Desde 2006, el gobierno indigenista de Evo Morales apela a la cosmovisión amerindia y a un nacionalismo colla que pretende transformar Bolivia en un Collasuyo donde los blancos y mestizos no tengan cabida. Bolivia camina hacia la nación colla.

Santa Cruz: hacia la nación camba.

Cuando hablamos de Bolivia a menudo pensamos en una especie de Tíbet suramericano, una tierra atrasada de campesinos amerindios que hablan quechua y aimara. Pero existe otra Bolivia; compuesta por gente mestiza, importantes recursos económicos, identidad propia y orgullo étnico: el Departamento de Santa Cruz.

Este departamento en cuestión es heredero de aquella Republiqueta de Santa Cruz que fue independiente en el siglo XIX y que lucha por volverlo a ser en el XXI. Los cruceños, de etnia camba, son la principal región opositora al gobierno indigenista del presidente boliviano Evo Morales y a la etnia colla que él tanto defiende.

El nacionalismo viene patrocinado por la burguesía y tiene sustento en la sociedad cruceña. Los motivos para la independencia son económicos (el dinero del petróleo y gas de Santa Cruz se lo lleva La Paz) y raciales (la población mestiza cruceña, de etnia camba, no soporta a los indígenas del occidente boliviano, o collas).

En 2008 Santa Cruz se dotó de un altísimo autogobierno tras echarle un pulso a Bolivia y celebrar un referéndum no reconocido por La Paz. El texto resultante habla de nacionalidad, identidad histórica, derecho al autogobierno, gestión de los recursos económicos propios y la creación de una hacienda cruceña, entre otros.

A punto estuvo Santa Cruz de proclamarse independiente aquel año, tras una fuerte campaña de desobediencia civil, a la que se sumaron las regiones de Pando, Beni y Tarija. Sólo la advertencia de la Organización de Estados Americanos (OEA) acerca de no reconocer al nuevo país calmó las ansias separatistas de los cambas.

Santa Cruz es una tierra rebosante de recursos, más grande que Alemania y con menos de tres millones de habitantes. Tiene todo para ser una nación y lo sabe. Quizás llegue el día en que el artificial estado boliviano se disuelva en dos naciones: una colla y otra camba. Y los cruceños van a luchar para que llegue ese día.

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