¿Sabías que Zayyan fue el último rey musulmán de Valencia?

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Zayyan ibn Mardanish o Zayán Ibn Mardanix (Onda, ? – Túnez, 1270), también conocido como Zahén o Çaèn, fue el último rey musulmán de Valencia. Zayyan, descendiente del rey Lobo, era un noble musulmán que residía en Onda antes de sublevarse contra el gobernador almohade de Valencia Abú Zayd.

Aprovechando el deterioro social que se estaba produciendo en la capital del Turia, Zayyan derrocó a Abú Zayd en el año 1229. El derrocado Zayd quiso vengarse de tal afrenta y llegó a un acuerdo de vasallaje con el cristiano Jaime I el Conquistador, rey de Aragón, lo cual le facilitó la conquista del Reino de Valencia.

Desligado del poder musulmán de Murcia, Zayyan fue derrotado por Jaime I en la Batalla de El Puig en 1237. Zayyan se hizo fuerte en la ciudad de Valencia y afrontó en soledad el asedio del rey Jaime I a la ciudad, la cual finalmente entregó el 9 de Octubre de 1238, al no recibir la ayuda esperada del sultán de Túnez.

En los acuerdos de capitulación Zayyan pactó con el rey aragonés su salida y la de los suyos de tierras valencianas, a través del puerto de Cullera.  Zayyan se retiró primero a Denia, y después a Murcia, donde es nombrado gobernador, aunque dura poco en el puesto, y finalmente se exilia en Túnez, donde falleció hacia el 1270.

Conviene poner en valor la figura de Zayyan porque existe un revisionismo histórico impulsado por catalanistas que sostiene que Jaime I fundó el Reino de Valencia, dando a entender que no existía antes de 1238. Si esto fuera así a Jaime I le llamaríamos el Fundador y Zayyan habría sido el líder de una suerte de comuna anarquista.

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¿Sabías que Mascarell es la única población valenciana totalmente rodeada por una muralla?

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Antiguamente era muy común en toda Europa que las ciudades-estado construyeran a su alrededor gruesas murallas defensivas para proteger a la población en caso de guerra de los invasores extranjeros o de los asaltos de los forajidos. Con el paso de los siglos esos muros se tornaron innecesarios y fueron derribados para que las ciudades pudieran seguir creciendo. En nuestra tierra hay muchas localidades que conservan vestigios de aquellas viejas fortificaciones pero increíblemente aún existe una población -la única en todo el Reino de Valencia- que en pleno siglo XXI todavía se encuentra completamente rodeada por una muralla.

Se trata de Mascarell, una pequeña pedanía de 200 habitantes que pertenece al municipio de Nules, del cual está separada por un kilómetro de distancia. La primera noticia que tenemos de Mascarell se remonta a 1310. El rey Jaime I el Conquistador había ordenado la expulsión de los moros de la vecina ciudad de Burriana y algunos de ellos se establecieron en el límite entre Burriana y Nules. La muralla se construyó en 1553 y contaba con un foso, que posteriormente pasó a ser reconvertido en una acequia de riego. Tras la expulsión de los moriscos en el siglo XVII vio muy diezmada su población y no se recuperó hasta cien años más tarde.

La muralla está hecha de mortero, tierra y ladrillo, y al centro de cada lado tiene una torre. Mascarell tiene dos puertas de acceso, en los lados este y oeste, y su planta es casi cuadrangular. Cuenta también con una casa consistorial (de finales del siglo XVIII) y una parroquia (finales del siglo XVII) pequeños pero coquetones, así como un jardín creado recientemente en el exterior del muro. El conjunto arquitectónico de Mascarell ha sido declarado Bien de Interés Cultural (BIC). Cada noviembre esta villa celebra una feria medieval en la que los locales se visten como damas y caballeros de la Edad Media e incluso se hacen justas y torneos.

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¿Sabías que en Xàtiva hay colgado un retrato de Felipe V boca abajo?

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La urbe valenciana de Xàtiva (La Costera) participó activamente en la Guerra de Sucesión (1701-1714), que acabó con la instauración de la Casa de Borbón en España. El Reino de Valencia apoyó al pretendiente de la Casa de los Austria, el archiduque Carlos de Austria, frente a su rival, Felipe V de Borbón, hecho que provocó que éste útimo ordenara en 1707 la abolición de nuestros Fueros «por justo derecho de conquista» (lo que supuso el fin de Valencia como un reino independiente) y que comportó una durísima represión, espolio y castellanización contra el pueblo valenciano. Xàtiva fue una de las ciudades que más activamente defendió al candidato austracista, a la postre perdedor de la contienda sucesoria. Como represalia, en 1707 Felipe V de Borbón ordenó, entre otras muchas medidas represoras, incendiar y destruir Xàtiva así como expulsar a sus habitantes de la ciudad.

Las tropas borbónicas, comandadas por Claude Lasier, degollaron sin piedad, cortaron cabezas y abrieron en canal a los setabenses, niños, ancianos, mujeres y hombres. Acto seguido, le prendieron fuego a la ciudad con sus supervivientes. Se dice que Xàtiva ardió completamente durante 8 días (de ahí el apelativo de socarrats (chamuscados) que se da popularmente a los setabenses). La ciudad pasó de 12.000 habitantes en 1707 a sólo 400 al año siguiente (y tardó casi 80 años en volver a su anterior nivel demográfico). Para colmo Xàtiva fue rebautizada como Colonia Nueva de San Phelipe, en honor al autor de la masacre. Xàtiva cambio su nombre y no lo recuperó hasta que las Cortes de Cádiz lo restituyeron en 1811 en su forma castellanizada (Játiva). Volvió a cambiarse oficialmente a su forma valenciana por un decreto del Consell de 7 de enero de 1980.

Felipe V es un personaje de infausto recuerdo para los setabenses. Por eso hoy, en el Museu de l’Almodí (Museo del Almudín) de Xàtiva, hay un retrato de Felipe V pintado por Josep Amorós que está colgado boca abajo, como justo desaire a aquel monarca. Según las investigaciones del historiador Germán Ramírez, la idea de ponerlo boca abajo data de entre 1956 y 1957 y fue iniciativa de Carles Sarthou, cronista oficial de Xàtiva. Pero más allá de estas versiones, hay otras: que fue el primer director del museo desde su creación en 1919, Josep Carchano, quien tuvo la idea aunque no la llevó a cabo pues falleció en 1937; que en 1940 ó 1943 se le dio la vuelta al cuadro por orden de Sarthou, dato que no cuenta con testimonio alguno.  Sea como sea, los setabenses están encantadísimos con el retrato de Felipe V boca abajo, un antirrey al que le guardan un rencor eterno.

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¿Sabías que la jota es un baile valenciano?

La jota es el baile más conocido del Reino de Aragón, pero ¿podría esta danza tener un origen valenciano? Cuenta una leyenda que un árabe valenciano llamado Aben-Jot había inventado un canto y baile de carácter profano, con el que enardecía al pueblo. Esto provocó las iras del rey de Valencia Muley Tarik, que decretó contra él la expulsión del Reino de Valencia. Este árabe se refugió en Calatayud (Aragón), y fue aquí donde se popularizó este estilo de canción y baile. Los habitantes de Calatayud lo bautizaron jota, en honor a su creador, el árabe Aben-Jot.

Los orígenes de esta leyenda son dudosos y la documentación encontrada, falsa. Además, los investigadores confirman que todo esto es mentira porque el vocablo «Jot» en árabe clásico no existe, ni como nombre ni tampoco como apellido. Y «Aben» en árabe significa hijo o descendiente, al igual que en bereber «Beni» es hijo y «Bena» es hermano. De igual modo  la inmensa mayoría de investigadores del tema está de acuerdo en que la etimología del nombre tampoco está clara. Que de jot derive jota no tiene sentido ni tampoco se puede tomar con bases científicas serias.

La leyenda es falsa pero aun así todo apunta al origen valenciano de la jota. Gracias a la documentación encontrada, la mayoría de investigadores afirma que el nombre «Jota» proviene del antiguo «Xatha» (pronunciado Xhota o Xota, palabra proveniente del valenciano antiguo «Xotar» («botar» o «saltar,” voz propia de los mozárabes «sáwta», provenientes del romance valenciano de los moriscos y mozárabes valencianos y que existe también en el dialecto hispano marroquí y en el argelino con el significado de “baile” o “danza” acorde con la música.

Existen documentos escritos que hablan de la jota como baile muy generalizado en el Reino de Valencia en los siglos XIV, XV, XVI, XVII y primera mitad del siglo XVIII (no se ha encontrado ningún documento anterior que hable de la jota ni en Aragón ni en el conjunto de España y la jota aragonesa aparece a finales del siglo XVIII). Destaca un cuadro pintado de la inauguración del Palacio Real, Al-Munia en árabe, que fue construido en 1009 por el rey de Balansiya Abd-Al-Aziz . Para el arabista Henri Péres en el cuadro se ve a hombres y mujeres bailando una jota.

Si la jota nació en Valencia es lógico pensar que los jornaleros de Requena, Utiel y sus comarcas, que bajaban a la Ribera del Júcar a la siega del arroz a finales de septiembre y a la comarca de Lliria y las tierras del Turia a la siega de la alfalfa, del cereal y la cebolla, a su regreso comentaran maravillados el baile que habían visto y que se llamaba jota. Esta danza se extendió por Requena, Utiel y sus comarcas, y seguramente estos mismos jornaleros fueron los que empezaron a transmitirla cuando subían a la siega del cereal a los Reinos de Aragón y de Navarra.

Actualmente la jota se baila en Valencia, la Mancha, Castilla, León, Navarra, la Rioja, Cantabria, Asturias, Galicia, Extremadura, Andalucía, Murcia, Cataluña, Canarias, Filipinas…   Y por supuesto en Aragón, donde ha alcanzado su máximo grado de esplendor y popularidad.  Pero investigadores como Galán Bergua, Antonio Beltrán Martínez, José Ruiz de Lihorg, Barón de Álcahalí, entre otros, afirman rotundamente y sin duda alguna, que la jota nace en las tierras del Reino de Valencia, en el corazón y las entrañas mismas de nuestro bienamado pueblo.

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¿Sabías que los Castells de Cataluña provienen de la Moixaranga valenciana?

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Los Castells (castillos) de Cataluña son esas famosas torres humanas de varios pisos de altura donde una serie de varones está de pie y soporta encima de sus hombros los pies de los compañeros del piso superior. Los componentes de cada piso se agarran por los hombros. Estos castells hoy en día se han convertido en todo un símbolo identitario de la nacionalidad catalana y en una especie de concurso donde unos municipios compiten contra otros para lograr estructuras cada vez más altas y espectaculares. Mucha gente piensa que la costumbre de formar torres humanas es de origen catalán pero en realidad este popular tesoro etnográfico tiene una raíz clamorosamente valenciana, como vamos a explicar ahora.

Su origen hay que rastrearlo en la Moixaranga o Muixeranga de Algemesí (La Ribera), una danza interpretada en la procesión de la Virgen de la Salud los días 7 y 8 de septiembre. Al son de una melodía melancólica, la Moixaranga ofrece tres posibilidades: el Ball (el baile), la Torre y la Figura. El Ball es una danza compuesta por dos filas de bailarines, unos se levantan y otros se agachan alternativamente. La Torre consiste en formar torres humanas similares a los castells. Y por último las Figuras o Danzas Plásticas son torres humanas en forma de motivos marianos. Hay gran variedad de torres y figuras y además de en Algemesí la fiesta se realiza en menor medida en otras localidades del Reino de Valencia.

Los siglos XVII y XVIII fueron duros. El historiador Antoni Atienza explica (Lletraferit nº61, marzo de 2003) que fue una época en que los valencianos, necesitados de ingresos, se lanzaron a recorrer las Españas para vender y ofrecer cosas. Los de Crevillent vendían alfombras, los de Chiva, Chest o Benissa se hicieron arrieros, la gente de Xixona vendía turrón y la de L’Horta agua de cebada, horchata o naranjas. También había gente que recorría los pueblos de Castilla, Aragón o los Condados Catalanes bailando en las procesiones  ganándose un dinero en las fiestas. Posteriormente al paso de los valencianos, algunas de estas costumbres se fueron consolidando en los pueblos aragoneses, castellanos y catalanes.

En Cataluña, sobre todo en la ciudad de Valls, se consolidó la costumbre de hacer torres humanas, perdiéndose el baile propiamente dicho. A estas construcciones se le daba el nombre inequívoco de Ball dels Valencians (Baile de los Valencianos), aunque actualmente está más extendido el de Castells. De entre todas las cuadrillas de castellers, continúa destacando la de los Xiquets de Valls (Niños de Valls), cuyo nombre -el valenciano chiquets y no el catalán nois-, recuerda cómo hace algunos siglos los valencianos llevaron esa danza a su tierra. La Unesco declaró la Festa de la Mare de Deu de la Salut (Fiesta de la Virgen de la Salud) de Algemesí Patrimonio Inmaterial de la Humanidad el año 2011.

Por otro lado, cabe citar que La Moixaranga de Algemesí tiene una hermana gemela, La Mojiganga de Titaguas (Los Serranos), también hija directa de El Ball dels Valencians. Se trata de unas torres humanas que se hacen en Titaguas en honor a la Virgen de la Salud. Pero sólo se hacen dos veces, frente a la iglesia y el Ayuntamiento del pueblo, y cada siete años (La Moixaranga es anual). La Mojiganga es más modesta, con torres más pequeñas, pero con un folklore más rico. Presenta diez cuadros distintos; la mitad de ellos de carácter religioso (El Altar Mayor, El Altar Movible, Las Andas, La Eme y El Pilón) y la otra mitad profano (Los Oficios, El Batán, La Rueda de Molino, El Baile del Garrote y Las Muecas).

Los mozos que forman estas construcciones humanas visten el traje regional valenciano de zaragüelles. Antiguamente subían al ritmo del tamboril y la dulzaina, pero por falta de instrumentistas, se sustituyeron por la caja y el clarinete. En 2010 se levantó una prohibición medieval y se aceptó que las mujeres formen torres humanas, junto con los varones.  La Mojiganga tiene un carácter austero y se vive en castellano, como toca en un pequeño pueblo del interior de la serranía como es Titaguas. La Moixaranga, en cambio, es más barroca, y se vive en valenciano, como corresponde al ser mediterráneo. Pero ambas son hijas directas de El Ball dels Valencians y una muestra del rico folklore de nuestra tierra.

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¿Sabías que hay varias razas caninas autóctonas del Reino de Valencia?

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La más conocida es el perro ratonero valenciano (gos rater valencià en idioma valenciano). Es un can de talla pequeña y capa variable, originario del Reino de Valencia. Tiene una complexión atlética que le confiere agilidad y fuerza pese a su reducido tamaño. Tradicionalmente, esta raza ha estado ligada a la caza de pequeñas piezas como roedores y conejos  y como auxiliar en la caza de ratas de agua. Es también un excelente guardián de la casa ya que avisa con ladridos ante cualquier cosa que le llame la atención. A causa de la desaparición progresiva de la huerta de Valencia, hoy es usado más como un animal de compañía que para cazar.

El charnego valenciano (o charnego valencià) es una raza de perro conejero autóctono valenciano. Su función principal es la caza del conejo en todas sus modalidades. Está dotado de una actitud suprema y adaptado a la gran variedad de ecosistemas del Arco Mediterráneo. Esta raza está dotada de gran oído y vista, con un inmejorable olfato y una resistencia legendaria para soportar el calor extremo. Todo ello ha hecho que sea el tipo de conejero más apreciado por los cazadores valencianos que lo utilizan incluso en la caza mayor, y también para otras piezas de caza menor aparte de las ya descritas. Es un perro integral de caza.

Existía otra raza, el Gorga valenciano (o Gorga valencià), hoy extinguida. Parece que fue el rey de España, Carlos III, también rey de Nápoles, quien trajo el antecesor del Gorga y se lo regaló a un noble setabense. Con los años este perro se fue cruzando con sabuesos hasta conseguir la raza Gorga. Estos canes tenían una altura de 35 a 40 cm y un peso de 25 a 30 kg. Estos corpulentos perros eran infatigables y valientes en el trabajo, dispuestos a complacer al cazador más exigente, muy dotados para la caza en huerta y albuferas. La raza está extinguida pero con los avances de la ingeniería genética quién sabe si se pueda recuperar un día.

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¿Sabías que Valencia fue la capital de dos estados soberanos?

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La Ciudad de Valencia ha tenido la fortuna de ser la capital de dos estados soberanos. Primeramente lo fue del Reino de Valencia, cuyo primer monarca documentado es el visigodo Leovigildo en el siglo VI. El Reino de Valencia, en forma de ciudad-estado, fue una nación independiente bajo visigodos, árabes y cristianos. Con la llegada del rey Jaime I el Conquistador aumentó su territorio hasta tomar una forma y tamaño muy similares a los actuales. En todo este tiempo siguió siendo un reino independiente hasta que sus Fueros fueron derogados por el rey de España Felipe V en el contexto de la Guerra de Sucesión (1701-1715). Así, Valencia fue capital de un estado entre el siglo VI y principios del XVIII.

El Cap i Casal fue también capital de la Segunda República Española del 7 de noviembre de 1936 al 30 de octubre de 1937. El gobierno del Frente Popular, presidido por Francisco Largo Caballero, trasladó la capital de Madrid a Valencia en plena Guerra Civil Española  (1936-1939) como medida estratégica frente al alzamiento nacional. Este hecho cambió la fisonomía de la urbe, que acogió las instituciones gubernamentales y buena parte del patrimonio cultural y artístico del Estado. Valencia fue también el centro neurálgico de intelectuales, milicianos y periodistas. No obstante, el veloz avance de las tropas franquistas obligó al Gobierno Republicano a mover su capital a Barcelona el 31 de octubre de 1937.

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¿Sabías que el primer libro impreso en la Península Ibérica se editó en valenciano?

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Agradecimientos a Joan Ignaci Serrano (Vinalesa).

Se trata de Obres e trobes en lahors de la Verge Maria (Obras y trovas en honor de la Virgen María). Dicha obra es el primer incunable ibérico. Fue el primer libro que se imprimió en toda la Península Ibérica, publicado en Valencia en 1474 y escrito en lengua valenciana. Y por supuesto, es también la primera obra literaria impresa en la Península. Fue gracias al impresor germánico Lambert Lampart.

Es una obra poética colectiva con autores como Joan Roïç de Corella, Bernat Fenollar, Francesc de Castellví, Lluís Alcanyís, Narcís Vinyoles, Miquel Péreç o Jaume Roig entre otros. Contiene 45 poemas en honor a la Virgen María (40 en valenciano, cuatro en castellano y uno en toscano) presentados a un certamen literario en Valencia el 11 de febrero de 1474 y reunidos por Bernat Fenollar. Tiene 66 hojas, 8 en blanco y 58 impresas.

La pronta aparición de esta obra maestra de la literatura es producto del alto desarrollo del Reino de Valencia, que por entonces era el centro impresor más grande de la Península y uno de los mayores de toda Europa. A finales del siglo XV, la ciudad de Valencia ya había publicado casi un centenar de títulos, que se sepa. Y entre ellos seguro que hay libros anteriores a les Trobes, pero no nos han llegado.

Hay polémica sobre cuál es el libro ibérico impreso más antiguo. Algunos niegan que sea les Trobes y dicen que es el Sinodal de Aguilafuente, en teoría impreso en Segovia por Johannes Parix en 1472 (aunque no viene fechado). Hoy sabemos que dicha impresión no es de 1472 ó 1473, sino posterior. Tampoco es un libro propiamente dicho pues carece de título, portada y fecha de publicación. Y tampoco es un texto literario.

Ahora bien ¿cuál es el documento (no libro) impreso más antiguo de la Península Ibérica? Esto continúa siendo un misterio. Hay muchas ciudades candidatas a tal honor, como Segovia, Toledo, Zaragoza, Barcelona y, cómo no, Valencia, pero en realidad no sabemos nada con certeza. Éste es un tema que debe ser estudiado en profundidad por los expertos. Cualquier otra cosa que pudiéramos decir sólo sería especular.

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¿Sabías que la primera fábrica de papel de Europa estaba en Xàtiva?

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El primer molino papelero europeo data del siglo XI. Estaba en las afueras de la próspera y culta ciudad de Xàtiva, rica en agua y lino, y su dueño era Abú Masaifa. Junto a la vieja acequia, construye una fábrica de papel con más de 20 operarios. Era el primero producido en Europa.

Según Carles Sarthou, cronista de Xàtiva, Abú Masaifa nació en Xàtiva en 1056, fabricó papel con paja de arroz y grasa animal en 1071; instaló la primera fábrica de papel de Europa con una treintena de trabajadores en 1074; Masaifa se trasladó a Dénia tras ser arrasada la fábrica por el Cid en 1089, regresó a su ciudad natal en 1097, donde falleció en 1099 y su hijo Matuinín continuó el negocio del papel.

Hacia el año 1150 la industria papelera de Xàtiva producía un papel tan exquisito que exportaba a todo el mundo. En 1173, el geógrafo árabe Al-Idrîsî declaró sobre Xàtiva: «Se fabrica en ella un papel del que no se encuentra parangón en el mundo y que se conoce en Oriente y Occidente».

Curiosamente, la exportación de papel desde Xàtiva al extranjero influyó en el nombre que ha tomado este material en otras lenguas, dejándolo sin demasiadas variaciones. Los ingleses eran unos muy buenos clientes, y tal vez por ello en inglés se escribe igual que en valenciano, paper.

Con Xàtiva ya incorporada al Reino de Valencia, el rey Jaime I el Conquistador favoreció la producción papelera. El papel setabense nutrió los archivos de la Corona y en él se escribieron obras como el Llibre del Repartiment (1237-1252) (Libro del Reparto, en castellano) o el Archivo de la Colegiata de Xàtiva.

Los cronistas regnícolas también dejaron valiosos testimonios. En 1325, por ejemplo, el escritor Ramón Muntaner exagerará la iniquidad de los ciudadanos genoveses al afirmar que «todo el papel que se hace en Xàtiva no bastaría para escribir todas las maldades de Génova».

La expansión del papel desde Xàtiva marcó el anuncio de la Edad Moderna, y su historia hace de la capital de La Costera todo un referente por su gran aportación a la civilización occidental. Aún hoy el papel sigue siendo el principal medio de registro y de transmisión de la información.

Fuentes consultadas:

Asenjo, José Luis e Hidalgo, María del Carmen. El papel: 2000 años de historia. Interempresas. 22-2-2010. http://www.interempresas.net/Graficas/Articulos/37870-El-papel-2000-anos-de-historia.html

Burguera. Xàtiva resucita su excepcional papel. Las Provincias. 29-1-2011. https://www.lasprovincias.es/v/20110129/culturas/xativa-resucita-excepcional-papel-20110129.html

-Sarthou, Carlos. Históricas industrias setabenses. Lidia Sarthou Vila. Valéncia, 1942.

-V.V.A.A. Actas de la reunión de estudio sobre el papel hispanoárabe. Instituto Valenciano de Conservación y Restauración de Bienes Culturales. Generalitat Valenciana. Valéncia, 2011. Págs. 24-52. https://es.calameo.com/read/000692387a86e33c27bba

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¿Sabías que el Reino de Valencia perdió su independencia hace 300 años?

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La Guerra de Sucesión (1701-1715) no sólo significó la confrontación entre la dinastía de los Borbones y la de los Austria por hacerse con el trono de las Españas. La derrota de los austracistas en la Batalla de Almansa el 25 de Abril de 1707 significó la pérdida de los Fueros y la desaparición del Reino de Valencia como nación libre y soberana y como estado independiente en Europa y el mundo. A partir de aquel momento se puede hablar con propiedad de que pasamos de ser nacionalmente valencianos a ser nacionalmente españoles. Por la fuerza salvaje de las armas.

Hasta entonces España no había existido como un estado unitario sino como un conjunto de varios estados soberanos con un solo Jefe de Estado, una comunidad de reinos independientes con un solo rey. Así, el Reino de Castilla, el Reino de Aragón, el Reino de Valencia o el Reino de Mallorca, entre otros, eran cuatro naciones plenamente independientes aunque con un solo monarca, al igual que actualmente Canadá, Gran Bretaña, Australia o Nueva Zelanda, entre otros, son cuatro reinos soberanos con una sola reina: Isabel II de Inglaterra.

La victoria de Felipe V de Borbón significó la desaparición de los distintos reinos y la creación de un estado unitario y centralizado (el Reino de España), así como la hegemonía de la etnia castellana sobre las demás lenguas, culturas y pueblos del Estado. Tras 300 años de opresión castellana, la Constitución Española de 1978 y el Estado de las autonomías han pretendido reconocer, aunque tímidamente, la realidad pluricultural y plurilingüística de la sociedad y dotar de autogobierno a las distintas regiones y nacionalidades que componen el Estado Español.

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