«Si Dios no existe…todo está permitido; y si todo está permitido la vida es imposible». Fiodor Dostoyevski (escritor).
“Dos cosas hay en el mundo que me llenan de admiración: el cielo estrellado fuera de mí y el orden moral dentro de mí”. Estas palabras pueden leerse en la lápida del filósofo Inmanuel Kant. La ley moral es una de las evidencias más notables de la existencia de Dios. Todos tenemos una voz interior, una voz de la conciencia que nos insta a hacer el bien y que nos mueve al remordimiento cuando hacemos el mal. ¿Quién ha puesto esta ley moral dentro de nosotros? Nuestro Creador, sin duda.
A veces motivos poderosos (el amor por el dinero, una pasión desordenada…) nos hacen cometer acciones perversas… Lo habitual es que aparezca el remordimiento pues algo en nuestro fuero interno nos dice que hemos obrado mal pero también es cierto que hay gente sumamente depravada incapaz de arrepentimiento o de sentir empatía con el sufrimiento ajeno, ellos tienen su conciencia cauterizada, la Biblia habla de ellos (1 Timoteo 4:2), pero son una minoría, la excepción a la regla.
¿Quién nos ha impuesto esa moral interior? ¿Los hombres? No. Ni siquiera el más tiránico de los gobiernos ha legislado jamás contra los pensamientos y sentimientos interiores, sólo contra su expresión a través de acciones externas. Además, si la moral fuera una enseñanza humana claramente entraríamos en graves contradicciones puesto que unos defenderían una cosa y otros la contraria, o una acción con el paso del tiempo pasaría de considerarse buena a mala o al revés.
¿Pero acaso no ha sucedido eso? ¿No ve la sociedad hoy el aborto con buenos ojos cuando antes era escandaloso? Sí, pero porque nadie le muestra públicamente el cadáver sanguinolento del recién abortado. O porque se le ha engañado a base de mentiras diciendo que no es un ser humano sino una célula. O porque los intereses egoístas priman en ocasiones. Puede haber muchas razones, pero éstas apuntan más a no hacer caso a nuestra voz interior que a un cambio real de la misma.
Admito no obstante que hay algunos aspectos de la moral que pueden quedar sujetos a las circunstancias y vaivenes de tiempo, lugar, modas, culturas… Pero lo sustancial permanece inmutable. Siempre será bueno ayudar a la gente de forma desinteresada, dar buenos consejos, cuidar de los enfermos o hacer justicia. Siempre será algo malo robar el dinero de los otros, aprovecharse de la fuerza para abusar del débil, mentir, estafar, culpar a un hombre inocente o violar a una mujer.
«Ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo». Éste fue el mandato de Cristo y ésta es la esencia de la voz de la conciencia que habita en nosotros. Algo en nuestro fuero interno nos dice que existe un Creador, que lo correcto es hacer el bien y no el mal, que debemos tratar a los demás como nos gustaría que nos tratasen y no hacerles lo que no queremos que nos hagan. Esta ley moral nos la grabó a fuego nuestro Hacedor y es una evidencia de que Él existe.
FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.
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Las cinco vías son cinco argumentaciones racionales a favor de la existencia de Dios incluidas en el libro Suma de Teología, la obra maestra del teólogo y filósofo Santo Tomás de Aquino. Muchos son los pensadores y eruditos ateos que han tratado de desacreditarlas con el transcurrir de los siglos mas todos sin éxito pues las cinco vías tomistas siguen siendo todo un clásico muy utilizado aún hoy. Todas ellas son muy razonables y de un sentido común aplastante. A pesar de ser archiconocidas, he creído oportuno recordarlas aquí, como otra argumentación más -cargada de sensatez- que refuerza la idea de que sí existe el Señor.
Primera Vía: Argumento del Primer Motor Inmóvil. La primera prueba, que tiene su origen en el filósofo Aristóteles y que Tomás ha utilizado por primera vez en la escolástica, parte del hecho de experiencia de movimiento en el mundo; dice que todo lo que está en movimiento debe ser movido por otro, pues nada puede moverse a sí mismo y como no se puede retroceder hasta el infinito en la dependencia de los movidos respecto de sus motores, ha de admitirse finalmente un primer motor que a su vez no sea movido por otro, sino que sea por él por sí mismo movimiento, fuente de movimiento. A este primer motor lo denominamos Dios.
Segunda Vía: Argumento de la causa eficiente. La segunda prueba ve que toda causa en este orden cósmico es a su vez causada; ésta a su vez por otra y así siempre; pues nada puede ser causa de sí mismo. En el mundo sensible hay un orden de causas eficientes. Sin embargo, no encontramos, ni es posible, que algo sea causa eficiente de sí mismo, pues sería anterior a sí mismo, cosa imposible. De nuevo se asienta la imposibilidad de una regresión hasta el infinito en la serie de las causas, que nada explicaría. Por lo tanto debe existir un agente causal, del cual se derivan todas las demás cosas. A esa primera causa es a la que llamamos Dios.
Tercera Vía: Argumento de la contingencia. Todo lo que existe podría no haberlo hecho. Si, pues, todas las cosas llevan en sí mismas la posibilidad de no existir, hubo un tiempo en que nada existió. Pero si esto es verdad, tampoco ahora existiría nada, puesto que lo que no existe no empieza a existir más que por algo que ya existe. Si no hubiera más que ser contingente, ahora no habría nada. Todo ser necesario encuentra su necesidad en otro, o no la tiene. Ese ser necesario es Dios. Por otra parte, no es posible que en los seres necesarios se busque la causa de su necesidad llevando este proceder indefinidamente, como vimos en el punto dos.
Cuarta Vía: Argumento de los grados de perfección. Existen en la naturaleza seres que son más o menos buenos, más o menos inteligentes, más o menos nobles; hay cosas más o menos calientes o más o menos verdaderas. El más o menos se dice tanto de los objetos en sí como de los seres que se aproximan a ellos. Así un objeto está más caliente cuando se acerca al máximo de calor, que es el fuego, y menos cuando se aleja de él. Así como el fuego es lo máximo en calor y la causa de todo lo cálido, igualmente debe existir un ser llamado Dios, que es el máximo grado de bondad, y la causa de que haya bondad, nobleza y otras virtudes en los demás seres.
Quinta Vía: El argumento teleológico. Fue dada ya a conocer por los estoicos y más concretamente por Cicerón y Séneca. Su sentido es: se da orden y finalidad en el mundo; luego debe una suprema inteligencia que explique esta finalidad. Y es que vemos que los cuerpos naturales y los celestes obran de forma ordenada y no caótica, no por azar, sino que intencionadamente buscan un fin concreto. Todas las cosas carentes de inteligencia no tienden al fin sin ser dirigidas por alguien con conocimiento, como la fecha por el arquero. Por tanto existe alguien inteligente por quien todas las cosas son dirigidas al fin. Y éste no es otro que el Señor.
FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.
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Las distintas iglesias cristianas -con la Iglesia Católica a la cabeza- han cometido auténticas barbaridades en nombre de Dios. Ahí tenemos casos como la Inquisición, las Cruzadas, el juicio al astrónomo Galileo Galilei, el apoyo a las dictaduras fascistas o la nefasta teología de la prosperidad, entre otros. Todos los cristianos -seamos católicos, protestantes, ortodoxos, judíos mesiánicos o de otras denominaciones- tenemos mucho de lo que avergonzarnos y por lo que pedir perdón. Esto es innegable. Pero es que aunque cristianos somos también humanos, y por tanto pecadores, por lo que no logramos estar a la altura de Cristo.
A mí me gusta ir a la iglesia los domingos. Pero voy no porque me crea mejor persona que un ateo, un gay o un adúltero. Asisto precisamente porque soy muy consciente de mi condición de pecador. Nunca he atracado un banco ni he matado a nadie, cierto, pero todos los días peco de pensamiento, palabra, obra u omisión. Y me duele profundamente fallarle a mi Dios. Por eso mismo, porque Jesús vino a por los enfermos y no a por los sanos, es que acudo a su llamada. Dicho de otro modo: la Iglesia no es un museo de santos sino un hospital de pecadores. Yo me reconozco enfermo y es por ello que necesito de la Iglesia y del Señor.
Aun reconociendo que muchas veces los cristianos no damos la talla, demasiado a menudo se juzga de forma injusta y demagógica a las iglesias. Si hay un cura pedófilo saldrá en las noticias pero nunca sacan a esos miles de curas que van a visitar a los enfermos. Se critica a los pseudopastores que se hacen ricos a base de esquilmar a sus ovejas, pero nunca se habla de esos pastores -la inmensa mayoría- que no llegan a final de mes pero aún así sirven gozosos a Dios. La verdad, la pura verdad, es que el cristianismo es una bendición para la humanidad, incluso a pesar del mal ejemplo de algunos cristianos que manchan el santo nombre del Señor.
El cristianismo ha cambiado positivamente la historia universal. El cristianismo condenó firmemente el infanticidio, el incesto, el divorcio (aunque éste con matices), el adulterio y la poligamia, todas ellas prácticas comunes y aceptadas en la Roma pagana y reclamó la castidad y la fidelidad (para ambos sexos), un trato humano para los esclavos (la esclavitud, recordemos, fue instituida por humanos, no por Dios) y a menudo su libertad a través de sus amos convertidos a la nueva fe y defendió a las mujeres, muy en especial a las viudas. Reclamó la igualdad para nacionales y extranjeros, libres y esclavos, varones y féminas (léase Gálatas 3:28).
El cristianismo apoyó a los más débiles y necesitados, como enfermos, viudas, mujeres, esclavos y desdichados. Dio de comer a los pobres y promovió un cambio de mentalidad. El emperador Carlomagno, por ejemplo, promovió una insólita obra social fruto de sus creencias. El cristianismo fomentó la cultura, con la apertura de bibliotecas, la traducción de los clásicos, la redacción de grandes obras literarias -como las Etimologías de Isidoro de Sevilla o La Ciudad de Dios de Agustín de Hipona-, la recuperación y fomento de las artes y la instrucción elemental gratuita para los niños y la creación de Universidades, entre otros.
La Reforma Protestante introdujo la modernidad en el mundo, recuperó los valores morales bíblicos, tradujo la Palabra de Dios a las lenguas vernáculas e insistió en la separación de iglesia y estado, sin lo cual no habría sido posible la democracia moderna o la Revolución Americana. Y recordemos que un protestante, Henri Dunant, fundó la Cruz Roja. Y aunque se critica mucho a las confesiones cristianas por su supuesta opulencia, ellas son las que más caridad hacen en el Tercer Mundo pese a no tener la culpa de su pobreza. Somos pecadores pero pese a ello la labor de la Iglesia de Cristo es una bendición para el mundo.
FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.
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Tengo un conocido que está casado y frecuenta los prostíbulos con asiduidad. Dice que no es feliz en su matrimonio y en lugar de tratar de arreglarlo busca la felicidad fuera de casa. Tengo un amigo que es gay. Salió del armario hace muchos años y mantiene prácticas homosexuales con otros hombres. Ambos tienen una cosa en común: son ateos. No quieren ni oír hablar de Dios, de la religión o de la iglesia ni tampoco tienen intención alguna de cambiar su estilo de vida.
Ellos prefieren ser ateos porque si creen que existe una autoridad espiritual a la que van a tener que rendir cuentas no tendrán más remedio que creer también que van a enfrentar un juicio final cuyo veredicto último será el infierno. O, en su defecto, arrepentirse de sus pecados, dejar de hacer lo que a ellos les gusta hacer para así lograr ir al cielo. Ambas opciones son incómodas, así que a priori la solución más rápida es negar que haya Creador y seguir haciendo lo que les da la gana.
El gran matemático francés Blaise Pascal afirmó: «Si Dios no existe, nada pierde uno por creer en Él. Mientras que si existe, lo perderá todo por no creer». Es mejor creer en Dios porque si estás en lo cierto, puedes alcanzar la dicha eterna, y estar equivocado no supone diferencia alguna. Por otro lado, si no crees en Dios y resulta que estás equivocado te condenarás para toda la eternidad, mientras que si estás en lo cierto no supone diferencia alguna. Es lo que se llama la apuesta de Pascal.
Algunos ateos sostienen que esta apuesta no es tan sencilla como parece. Si por ejemplo tienes algún vicio que realmente te encanta y debes abandonarlo por seguir a Jehová pues estás renunciando a hacer lo que te gusta. Eso por no hablar de tener que levantarse temprano los domingos para ir a la iglesia o cumplir con otras obligaciones. Si finalmente haces todo esto y resulta que el Señor no existe, habrás renunciado a vivir tu vida como a ti te gustaba para al final conseguir nada.
El sacerdote jesuita Jorge Loring explica: «La Iglesia impone una moral, pero no para reprimirte. Te quita libertad para lo malo, no para lo bueno. Es como las vías del tren. Las vías del tren ayudan al tren a avanzar, a llegar, te quitan libertad para despeñarte, porque si el tren se sale de la vía se despeña. La vía obliga al tren a ir por aquí y de este modo avanza y llega, porque si tienes libertad para despeñarte eso es un mal, no es un bien» -dice sobre la falta de libertad para pecar-.
Aun admitiendo que la apuesta de Pascal signifique renunciar a algo… ¿Qué es mejor? ¿Renunciar a una vida de fiestas y adulterios o a la salvación de tu alma? ¿Renunciar a las borracheras para acabar viviendo para siempre en el cielo o disfrutar de la discoteca tus años de vida para acabar ardiendo eternamente en el infierno? ¿Renunciar a la esclavitud del pecado o a la libertad que es Cristo? ¿Qué renuncia es mayor? Apostar contra el Todopoderoso no parece una muy buena jugada.
FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.
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«Ahora sabemos que los Universos que prohíben la vida son muchísimo más probables que los Universos que permiten la vida, como el nuestro. ¿Más probable en qué medida? Antes de darte una estimación déjame darte algunos números para que te hagas una idea sobre las probabilidades. El número de segundos en la historia del Universo es 10 a la potencia de 18 (esto es 10 seguido por 18 ceros). El número de partículas subatómicas en el universo entero es, según se dice, 10 a la potencia de 80. Con esos números en mente considera lo siguiente: «Donald Page, un eminente cosmólogo estadounidense, ha calculado la probabilidad de que el Universo exista como de una unidad (1) de entre 10 a la potencia de (10 a la potencia de 124). Un número tan inconcebible que llamarlo «astronómico» sería una afirmación muy conservadora» -afirma el teólogo y filósofo William Lane Craig-.
Siguiendo con el brillante apologista cristiano William Craig, paso a reproducir en los siguientes párrafos un fragmento de una magistral conferencia que impartió en Wisconsin, Estados Unidos, ya que sus palabras son mucho más inteligentes, esclarecedoras y atinadas que las mías y pienso que merecen ser citadas de forma textual. Hablando del Universo, de su complejidad y de las posibilidades de que finalmente acabara siendo como es y no otra forma muy distinta, dice William Craig:
«Durante los últimos 30 años los científicos han descubierto que la existencia de vida inteligente depende de un balance complejo y delicado de condiciones que se dan en el Big Bang. Ahora sabemos que los Universos que prohíben la vida son mucho más probables que los Universos que contienen vida, como el nuestro. ¿Cuánto más probable? Bueno, la respuesta es que la probabilidad de que el Universo contenga vida es tan infinitesimal como incomprensible e incalculable.
Por ejemplo [el físico] Stephen Hawking ha estimado que si la tasa de expansión del Universo un segundo después del Big Bang hubiera sido menor en una unidad en cien mil millones de millones, el Universo hubiera vuelto a colapsar en una bola de fuego. [El físico] P.C. Davies ha calculado que la probabilidad de que las condiciones iniciales fueran favorables para la formación de estrellas (sin las cuales los planetas no podrían existir) es 1 seguido por mil millardos de millardos de ceros (por lo menos). [Los profesores] Frank Tipler y John Barrow estiman que un cambio en la fuerza de gravedad o en la fuerza débil del orden de 1 en 10 a la potencia de 100 no hubiera permitido que nuestro Universo contenga vida.
Existen 50 constantes y cantidades semejantes en el Big Bang que deben estar afinadas en esta forma para que el Universo contenga vida. Y no es que cada constante por sí sola deba estar afinada. Las proporciones de una a la otra deben estar afinadas exquisitamente. De manera que la improbabilidad es multiplicada por la improbabilidad y la improbabilidad hasta que nuestra mente se ahoga en números incomprensibles. No existe una razón física por la cual estas constantes tienen esos valores. El una vez agnóstico Paul Davies comenta: «A través de mi trabajo científico he llegado a creer más y más fuertemente que el Universo ha sido ensamblado por un ingenio tan deslumbrante que no puedo aceptarlo como un simple hecho». Similarmente, [el astrofísico] Fred Hoyle dice: «Una interpretación de los hechos con sentido común sugiere que un SúperIntelecto ha jugado con la física». Robert Jastrow, jefe de Estudios Espaciales Goddard de la NASA , lo ha denominado «la evidencia más poderosa de la existencia de Dios que jamás haya salido de la ciencia».
La idea que el cristiano siempre ha sostenido, que existe un Diseñador del Cosmos parece tener mucho más sentido que la idea atea de que el Universo, cuando apareció de la nada sin ninguna causa, simplemente está afinado por accidente. Podemos sintetizar nuestro razonamiento de esta manera: Premisa uno: El afinamiento de las condiciones iniciales del Universo se debe a una ley, accidente o diseño. Dos, no se debe a una ley o accidente. Tres, Por lo tanto se debe a un diseño».
Cerramos comillas, fin de la intervención del doctor William Lane Craig. No hace falta añadir nada porque ya está dicho todo. Quisiera no obstante aportar otra cita, en este caso mucho más breve pero igual de valiosa, del que posiblemente sea el mejor científico vivo del planeta Tierra, el ex-ateo y devoto cristiano Francis Collins, director del Proyecto Genoma Humano. Veamos qué tiene que decir el mejor genetista del mundo sobre el campo que investiga él y su equipo. Explica Collins:
«El genoma humano consiste en todo el ADN de nuestra especie, el código hereditario de la vida. Este texto recién revelado tenía una longitud de tres mil millones de letras, y estaba escrito en un extraño y criptográfico código de cuatro letras. Tal es la sorprendente complejidad de la información contenida dentro de cada célula del cuerpo humano que la lectura de ese código a una velocidad de una letra por segundo llevaría treinta y un años, aun leyendo de día y de noche. Si se imprimieran todas esas letras a tamaño normal, en papel de carta normal, y se encuadernada todo, resultaría en una torre de la altura del monumento a Washington».
Podría añadir muchas más citas y cifras pero creo que ya es más que suficiente para el abrumado lector. Cuando nos preguntamos por qué existe todo en vez de nada, cuántas posibilidades había de que el Universo fuera como es y no de otra manera completamente distinta, cuántas posibilidades de que pudiera albergar vida o simplemente analizamos la naturaleza misma de la vida, encontramos una complejidad tan apabullante, tan aplastante, que supera los límites de la mente humana.
En el siglo XVIII, el reverendo Thomas Bayes planteó esta pregunta: «¿Realmente Dios existe?» Dado su interés en las matemáticas, intentó crear una fórmula para llegar a la probabilidad de que el Señor existiera sobre la base de la evidencia de que disponía en la Tierra. Más tarde, el astrónomo Pierre-Simon Laplace perfeccionó el trabajo de Bayes y le dio el nombre de Teorema de Bayes. Para Thomas Bayes, era más probable que el Todopoderoso existiera a que no lo hiciera.
De distinta opinión es el biólogo y escritor ateo Richard Dawkins, quien considera que es «casi seguro que Dios no existe». «Hay un 99% de probabilidades de que no exista» -matiza-. Pero, en mi humilde opinión, cuando te encuentras una complejidad de unas dimensiones tan monstruosas (la del Cosmos o la del ADN humano por no mencionar otras muchas) lo realmente improbable es que todo esto se ha desarollado a partir de la nada, sin ninguna causa y de forma azarosa.
La navaja de Ockham es un principio metodológico y filosófico promovido por el fraile William of Ockham según el cual en igualdad de condiciones la explicación más sencilla suele ser la correcta. Creador inteligente o casualidad casi imposible ¿cuál es más sencillo? O el Universo es obra del Todopoderoso o es producto de la carambola más gigantesca de todos los tiempos. Esto último en todo caso sería digno de llamarse milagro y por supuesto probaría la existencia de Dios.
FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.
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Algunos descreídos aseguran que el cristianismo no es el camino correcto y que el ateísmo es la respuesta. Pero en verdad, no sólo no ofrece mejores respuestas que el cristianismo a los grandes interrogantes de la vida sino que, de hecho, no es la respuesta para absolutamente nada. En palabras de José María Ciurana, escritor y doctor en Derecho: «El ateísmo, como solución negativa que es, deja sin resolver todos los problemas que tenemos planteados. Continuamos en la incertidumbre, en la duda y en la interrogación. Preguntémonos de nuevo poniéndonos en el lugar del ateo: ¿por qué existimos? No lo sabemos. ¿Qué significado tiene el mundo que nos rodea? También lo ignoramos. ¿Existe otra vida, además de la presente? Lógicamente el ateo tiene que inclinarse por la negativa. Pero en este caso, si todo se acaba con esta vida temporal ¿da igual que hagamos el bien o que hagamos el mal? ¿Es justo que reciba el mismo trato la persona honrada que el sinvergüenza más empedernido? El afán de vivir, de ser; el afán de felicidad, tan innata a la naturaleza humana ¿son sueños vanos y fantasías absurdas? Si el fin de todos los humanos es volver a la nada de donde hemos salido, a la total aniquilación del ser, hay que reconocer en el ateísmo una de las doctrinas más amargas y sombrías que la imaginación pueda haber pensado. ¿Vivir y morir de una forma análoga a como viven los seres irracionales? ¿Ésta es la perspectiva que se nos ofrece? ¿Ésta es la esperanza para el día de mañana?»
FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.
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Agradecimientos a Joan Ignaci Serrano de Vinalesa (Reino de Valencia).
La figura del Papa es una de las más importantes del mundo, por lo que conlleva como líder espiritual de la Iglesia Católica y como Jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano. Históricamente los Papas han nacido en Roma o en la Península Itálica. De hecho, desde 1455 hasta 2005 ha habido 56 Papas. Tan sólo cuatro de ellos han sido no italianos y la mitad nació en el Reino de Valencia.
El primero de los valencianos fue Anfós de Borja (Xàtiva, La Costera,1378), quien fue Papa entre 1455 y 1458 bajo el nombre de Calixto III. El segundo -y último hasta la fecha- nació en Xàtiva en 1432; se trata de Rodrigo de Borja, más conocido como Alejandro VI, Papa entre 1492 y 1503. Ambos fueron líderes inmorales y corruptos -en un tiempo en que todos los Papas lo eran- pero también grandes mecenas de la cultura. En aquel tiempo se hablaba valenciano en la corte papal de los Estados Pontificios.
Los otros Papas no italianos han sido el holandés Adrian Boeyens, Adriano VI (1522-1523) y el polaco Karol Wojtyla, Juan Pablo II (1978-2005).
Con la llegada incluida de Juan Pablo II en los tiempos modernos, sólo hubo cuatro Papas nacidos fuera de la Península Itálica en 500 años (entre los siglos XV y el XX) y dos eran valencianos. Esto muestra la gran importancia del Reino de Valencia y de su papel en la historia.
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«Si la muerte acaba con todo, sería ventajoso para los malos» Sócrates (filósofo).
«El tema de la existencia de Dios no es sólo un problema filosófico o una simple cuestión de estudio, como un tema científico cualquiera. Una vez planteado; una vez puesto a la luz del día; una vez aceptado, con toda su grandeza, con toda su amplitud y con toda su profundidad, es lógico que comprometa ya para siempre y que influya de una manera decisiva en la existencia humana. La vida del hombre ha de ser, forzosamente, bien diferente si existe, o no existe, Dios. Mientras que si existe, la vida del hombre aparece llena de sentido, con un camino a seguir, con unos ideales y con unos fines a conseguir, en el caso del ateo, el vacío más espantoso, la soledad más deprimente y la ausencia de todo principio orientador marcan al hombre, que deambulará vacilante, sin un ideal y sin un fin determinado. Mientras dura la juventud, e incluso la madurez, la explosión biológica de la vida puede disimular el vacío y la falta de sentido en la vida del ateo; pero más tarde o más temprano acabará por manifestarse de una manera ostensible».
La cita corresponde a José Maria Ciurana, doctor en Derecho y escritor. Y es que en verdad -ahora soy yo el que habla- aceptar el ateísmo es aceptar que el Universo es como es por pura casualidad, que el hombre no es más que un simple animal carente de espíritu, que la vida humana no tiene significado ni propósito alguno, que no existe una vida más allá de la muerte, que los injustos nunca serán castigados ni los que sufren recompensados, que toda nuestra existencia sólo es algo fugaz, una etapa temporal que en el mejor de los casos llega a noventa años. Negar a Dios es creernos sólo un poco más afortunados que los microbios. Desde luego que el ateo puede gozar en este mundo del cine, la música clásica o la playa pero no son más que disfrutes pasajeros que no calmarán la angustia de saber que un día dejará de existir. Hay quien dice que el cristianismo carece de sentido pero es el ateísmo el que no lo tiene porque arrancar al Señor de nuestra conciencia es reducir el ser a un mero absurdo y desposeer de todo sentido trascendente a la vida.
FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.
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«Buscad un pueblo sin religión; no lo encontraréis y si lo encontráis, tened por cierto que no diferirá mucho de las fieras». David Hume (filósofo).
Todos los pueblos de la humanidad han buscado irremisiblemente a su Creador. Aun las tribus más primitivas y remotas tienen en su fuero interno la convicción de que existe un mundo invisible con seres espirituales. Cuando la humanidad todavía iba en pañales y Dios aún no se había revelado a ella a través del pueblo de Israel, los seres humanos tenían el convencimiento de que existen fuerzas inmateriales incluso a pesar de que ellos no las puedan ver. Lo llamaban con nombres distintos porque aún no lo conocían, pero todas las naciones de todas las culturas y épocas han intuido que el Hacedor existe. ¿Por qué? Podría objetarse que se trata de un hábito adquirido, de algo cultural que nos transmiten los padres a través de la educación, o de algo propio de sociedades arcaicas y lejanas épocas pero actualmente el Todopoderoso sigue revelándose a quien lo busca de corazón.
Tatiana Goricheva, fundadora del primer movimiento feminista ruso, tenía todas las papeletas para ser atea. Intelectual, feminista y comunista. Nació en 1947 en la Unión Soviética, un régimen de ateísmo de estado donde Cristo no tenía cabida. Creció en el seno de una familia inteligente y atea ni demasiado rica para ser creyente (como los burgueses que se apoyaban en la religión para conservar sus intereses materiales) ni demasiado pobre para ser creyente (como los campesinos analfabetos que creían en Dios por ignorancia o superstición). Los agentes de la KGB estaban perplejos. Goricheva era un error del sistema. Tenía todo a favor para ser atea mas se convirtió al cristianismo… y lo pagó con la cárcel. ¿Qué decir ya de Svetlana Alilueva, hija del dictador Josip Stalin? También ella creía en el Señor y no fue algo precisamente que aprendiera en su casa.
“Las criaturas no nacen con deseos a menos que exista satisfacción a esos deseos. Un bebé siente hambre: bien, existen los alimentos. Un patito desea nadar: existe el agua. El hombre siente deseo sexual: existe el sexo. Si encuentro dentro de mí un deseo que ninguna experiencia en este mundo puede satisfacer, la explicación más probable es que fue creado para otro mundo” -afirma el escritor C.S. Lewis-. Filósofos como Platón, Aristóteles y Cicerón pensaban igual. Todos queremos vivir (los suicidas son una rara excepción) y ser felices (pero la felicidad es fugaz). Para el autor A. Boulenger el hombre siente la necesidad de hallar la verdad, la felicidad y la inmortalidad y si tal necesidad no puede satisfacerse en esta vida, ha de haber otra vida y un Dios que la pueda satisfacer. No es un hábito adquirido sino el afán de vivir y ser felices lo que nos empuja a buscar a nuestro Padre.
FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.
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No pocos escépticos y amigos de la teoría de la conspiración se atreven a afirmar que Jesús existió como un profeta, como un hombre, y que tras su muerte fueron los discípulos los que comenzaron a exagerar los hechos, agrandar la leyenda y acabar convirtiendo a un simple maestro en la divinidad que realmente nunca fue.
Pero en verdad nada de esto tiene sentido. Pensemos que los apóstoles vivieron codo a codo con Jesús. Si se hubiera tratado de un farsante, deberían haberlo abandonado. Ellos tenían la firme convicción de que era el mesías, el que iba a libertar al pueblo de Israel. Sin embargo, su muerte en la cruz fue un palo para ellos.
Tras su crucifixión, los apóstoles pensaban que todo había terminado. Se sintieron tristes, decepcionados y lo que es peor aún: aterrorizados. Fueron a esconderse a sus casas con el rabo entre las piernas. Tenían un temor más que justificado de que tras su líder, ellos podrían ser los próximos en ser apresados por los soldados romanos.
Si ellos sabían que todo era una mentira, ya sea que Jesús mintió al decir que Él era el Hijo de Dios o bien que nunca hubiera dicho tal cosa y hubieran sido los apóstoles los que lo hubieran querido convertir en un dios después de muerto… ¿Qué sentido tiene hacer esto si sabían que era una mentira? ¿Qué ganaban con ello?
¿Qué ganaban con ir pregonando que Jesús era el mesías (si ellos sabían que no era así)? Los apóstoles no montaron una de esas sectas que exigen favores sexuales a sus adeptas. Ni tampoco se lucraron económicamente como hacen hoy los pseudopastores de la teología de la prosperidad sino que eran pobres como ratas.
Pedro, Andrés, Santiago hijo de Alfeo, Felipe, Simón y Bartolomé fueron crucificados. Mateo y Santiago (Jacobo), hijo de Zebedeo, asesinados a espada. Judas Tadeo, muerto por las flechas enemigas. Juan, de muerte natural. Santiago, hermano de Jesús, apedreado. Tomás, atravesado por una lanza.
No ganaron fama ni gloria ni dinero ni sexo ni nada. Al contrario. ¿Por qué? ¿Por qué complicarse la vida con una mentira? El escritor Josh McDowell se pregunta: ¿Quién moriría por una mentira? Es cierto que hay gente que ha dado su vida por una causa falsa, por una mentira… ¡pero porque pensaba que era verdad!
¿Qué pudo suceder para que unos tipos que se sentían aterrorizados, decepcionados, fracasados y con la moral por los suelos de repente cobraran coraje y comenzaran a predicar a Cristo? ¿Qué pudo ocurrir para que el feroz anticristiano Pablo se convirtiera en el más ardiente cristiano de la noche a la mañana?
Si la resurrección de Jesucristo nunca hubiera ocurrido (si esto hubiera sido falso), los apóstoles lo habrían sabido. Por tanto, habrían muerto por una mentira sabiendo que era mentira. Totalmente ilógico. Sólo ver a Jesús resucitado de entre los muertos pudo infundirles el ánimo de volver a predicar aún a riesgo de sus vidas.
FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.
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