Flandes: el león rugiente.

¿Qué es Flandes? Sería más fácil comenzar diciendo lo que no es. No es española aunque perteneció al Imperio Español, tampoco es belga a tenor de sus fuertes ansias independentistas, ni neerlandesa ya que Holanda es atea y habla holandés, mientras que Flandes es católica y habla flamenco. Es distinta. Flandes es… Flandes.

Actualmente es, junto con Bruselas y Valonia, una de las tres regiones que componen el artificial Estado Belga. Flamencos y valones se llevan a matar y  solamente la disputada región de Bruselas (inserta dentro de Flandes pero de habla francófona) actúa como freno a una secesión norteña que sólo es cuestión de tiempo.

Los flamencos son germánicos y conservadores, los valones latinos y socialistas. Durante decenios los valones fueron ricos y acusaron a sus vecinos de hablar un «dialecto de campesinos». Desde los años 60 los flamencos son los nuevos ricos y no quieren mantener a una Valonia decadente que les despreció durante años.

A flamencos y valones ya no les une nada salvo la corona belga. Sólo hay un 1% de matrimonios mixtos. Se les acusa de xenófobos, pero lo cierto es tan sólo tratan de preservar su lengua y su cultura de una avalancha de inmigrantes que sólo quiere derechos y que se niega a integrarse culturalmente en el país.

Esta nación es la tierra de eximios artistas como Jan Van Eyck, Pieter Breughel, Petrus-Pablus Rubens, Jacob Jordaens, David Teniers o Anton Van Dyck, entre otros, hasta el punto de que todo el gótico europeo se vio influenciado por el estilo de la escuela flamenca. Es también la patria del ciclista Eddy Merckx.

Flandes ha recobrado su orgullo nacional a raíz de hacer músculo económico. Ya nunca más deberá sufrir el menosprecio de sus vecinos valones. Ahora es una tierra próspera, pujante, poderosa. Es una nación cultural y aspira a un estado soberano. Y tan sólo es cuestión de tiempo que lo logre. Es inevitable y en Bélgica lo saben.

De la (verdadera) riqueza.

Uno de los alumnos del gran pensador Sócrates fue Anístenes, quien fundó la escuela filosófica de los cínicos. Ellos creían que la verdadera felicidad no depende de cosas externas como el lujo, el poder político o incluso la salud. Más o menos venían a pensar eso de que no es más rico el que más tiene sino el que menos necesita. Hay una anécdota sobre Diógenes de Sínope, quien fue el más famoso de todos los cínicos. Vivía dentro de un tonel y según decían no tenía más posesiones materiales que una capa, un bastón y una bolsa de pan. Una vez, tomando el sol delante de un tonel, recibió la visita inesperada del emperador Alejandro Magno quien le dijo que si deseaba algo él se lo concedería. Diógenes respondió: «Quiero que te apartes pues me estás tapando el sol». El sabio le demostró así que él era más rico y más feliz que el emperador con todo su poder. El emperador de Macedonia se quedó impresionado: «Si no fuera Alejandro Magno, me gustaría ser Diógenes» dijo él.

En otra ocasión cuentan que Diógenes caminaba por toda Atenas a plena luz del mediodía con una lámpara encendida pues buscaba un hombre honesto y decía que encontraba ninguno. Considero a Diógenes uno de los más grandes pensadores de todos los tiempos, aunque nunca escribiera ningún libro y apostara por una sabiduría práctica como Sócrates. Me gustan esos filósofos que como Sócrates, Luis Vives o Diógenes son capaces de acercar algo en principio tan lejano y abstracto como la filosofía a las pequeñas cosas caseras del día a día. Me gustan esos seres capaces de dar una lección de humildad incluso a los más poderosos. Me gustan las personas que piensan que la auténtica riqueza es la del corazón y no se dejan deslumbrar por la fiebre del oro. Decía mi profesor de Literatura, Miguel Herráez, que lo único verdaderamente importante en la vida, lo único que cuenta de verdad es ser feliz. Las cosas importantes de la vida no se compran con dinero. Diógenes sabía eso.

Promiscuidad.

Si me preguntan por la promiscuidad diré que no pienso que sea buena. Al menos, no a la larga. Puede tener algún efecto positivo para revitalizar puntualmente la vida sexual de un matrimonio que haya caído en el abismo de la monotonía. En ese aspecto prácticas sexuales como las de hacer un trío, un intercambio de parejas o una orgía pueden llegar a ser muy excitantes, pero también pienso que todo lo que se gana en cuanto a instinto se pierde en cuanto a emociones. Sentimentalmente una pareja que de verdad pretenda ser estable debe verse francamente menoscabada por esto. Cuando entregas voluntariamente a la persona a la que amas a otro individuo es que ya no la amas, es que simplemente la contemplas como unos genitales o como una relación amistoso-sexual, pero no sientes amor por ella.

Además, la vida sexual de una mujer, lejos de mejorar, puede acabar convirtiéndose en insatisfactoria a la larga. Hay que tener en cuenta que en la sexualidad femenina desempeña un papel importante la imaginación, la fantasía, las emociones, los sentimientos… En la medida en que una mujer pasa de mano en mano, salta de cama en cama, el vínculo emocional que tenía con su pareja acaba por desaparecer y eso es peligroso porque complacer totalmente a una mujer en el sexo, conseguir que ella tenga un orgasmo renunciando a la inmensa ayuda que suponen todas esas emociones, resulta muy complicado. Prácticamente imposible. La promiscuidad, como todo en la vida, tiene sus ventajas y sus inconvenientes claro, pero en este caso pienso que se paga un precio muy alto. Yo no lo haría.

Eso que se dice sobre que las personas son infieles por naturaleza es, en mi opinión, una mentecatez. Bastantes animales tienden a aparejarse. La gente tiende a aparejarse. Incluso lo orgiástico acaba siempre en parejas, porque la pareja te permite gozar de una intimidad y de una magia que en ningún caso te la ofrece el grupo. Dudo mucho que la gente pueda ser feliz de verdad en una relación poligínica (como en los países musulmanes), poliándrica (como sucede aún en el Tíbet) o bien de ese insólito tipo de unión que prácticamente no se da y que consiste en varios hombres y varias mujeres casados todos juntos en un matrimonio múltiple. En mi opinión, de poco sirve acostarte cada noche con una persona diferente si al día siguiente te sientes vacío por dentro y te encuentras solo.

Libros-e.

Hay en internet un nuevo sistema en expansión: el de la literatura electrónica o simplemente literatura-e. Cada vez son más las editoriales virtuales que proliferan en la red de redes y que optan por publicar en formato digital. Ha habido grandes autores como Stephen King o Arturo Pérez-Reverte que han publicado así, aunque la verdad sea dicha la literatura-e suele ser un trampolín para autores noveles que empiezan ahora. A menudo encuentras textos de calidad que son una auténtica bocanada de aire fresco: Las 55 reglas de oro de una esclava de Whipmaster, El limpio arte de la invisibilidad de Alberto Goytre, Papelera de Leo Mendoza, Contrato de emputecimiento de Maite Castro, Permiso para subir a la cornisa del olvido de René Rodríguez, Tres cuentos cortos de Pedro Antonio Valdez, etc.

Muy a menudo se tiende a subestimar este tipo de literatura, puede que por ignorancia, quizás por no haber estado demasiado en contacto con ella… Cierto es que también acumula una importante cantidad de morralla que no interesa a nadie (en eso es igual que la literatura tradicional) pero hay algunos autores talentosos que merecerían publicar en papel. En internet puedes encontrarte de todo. Libros gratuitos, otros que se venden, clásicos que estaban descatalogados e incluso, si tienes suerte, puedes comunicarte por correo-e con los autores de los libros para preguntarles u opinar. A veces encuentras cuentos fabulosos, relatos excelentes que devienen en delicia literaria y estimulan la febril imaginación del lector. Me gustan los libros-e. Cada vez más, la literatura-e se abrirá paso en el futuro.

Evidentemente el formato electrónico no puede competir actualmente contra el formato tradicional, el de papel: es incómodo leer en una pantalla (por lo que muchas veces tienes que imprimir los textos), el libro de papel se vende más porque la gente -especialmente en España- no consume demasiado por internet por miedo a la inseguridad, además este formato es todavía muy incipiente (pensemos que no todo el mundo tiene acceso a un ordenador o a la red de redes). Pero también tiene ventajas: el autor recibe un porcentaje mayor pues un libro-e no necesita de encuadernadores, distribuidores, libreros, se puede vender en cualquier lugar del mundo con sólo pulsar el ratón, no hay obras descatalogadas, da la oportunidad a nuevos literatos que tratan de abrirse paso y lo más importante: el futuro es suyo.

¿Trabajarán hasta los 67 años los señores diputados?

El presidente del Gobierno español, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, se ha quedado sin discurso. Durante años ha pregonado de viva voz que bajo su presidencia no ampararía ningún recorte en los derechos sociales y laborales de los trabajadores. Pero ha mentido. De momento, ya ha propuesto un pensionazo que pretende, entre otras cosas, alargar la edad de jubilación hasta los 67 años de edad y ampliar en diez años, de los quince actuales a veinticinco, el periodo para calcular las pensiones… O dicho en cristiano: bajar las pensiones a nuestros mayores.

Durante años se ha insistido por activa y por pasiva que el aluvión de inmigrantes (legales e ilegales) que ha entrado en el Estado era necesario para pagar las pensiones. Al final, resulta que era mentira. Que los únicos realmente beneficiados con el excesivo número de extranjeros han sido los empresarios (que querían mano de obra barata) y los bancos (que querían vender pisos), no así los trabajadores, que han tenido que compartir las ayudas sociales con los recién llegados y encima no ven garantizada su pensión de jubilación como en su día se les prometió.

No hay necesidad de bajar las pensiones ni de trabajar más. La Seguridad Social rebosa dinero… Tanto es así que se prejubila a mucha gente con 50 años. Y a los señores diputados y senadores les basta con trabajar (si a apretar un botón se le puede llamar trabajar)  dos legislaturas (ocho años) para tener una pensión vitalicia y de superlujo. Si la Seguridad Social permite eso es porque está muy saneada. Así, propongo que todos los currantes nos jubilemos tras pencar ocho años, siguiendo el ejemplo de nuestros honrados políticos.  Porque aquí todos somos iguales… ¿no?

La doble moral occidental.

Imagine por un momento a un lugareño de África Subsahariana. Es un hombre de unos cuarenta años, negro, está sentado en el suelo, junto a su choza de adobe. Es un varón fuerte, robusto, un hombre que se viste por los pies. Sin embargo, lejos de mantener la compostura masculina que le correspondería a un orgulloso cabeza de familia, nuestro africano amigo está llorando como una niñita, como una mocosuela. Tiene entre sus brazos el cadáver de su hijito, su pequeño bebé de tan sólo unos meses que ha fallecido. El padre llora desconsolado. Tiene el rostro desencajado por el dolor, brama, maldice, se lamenta de su suerte. El pequeñín ha fallecido de polio y su angustiado padre cree que se le ha muerto por su culpa, por no tener él los sesenta céntimos de euro (cien de las antiguas pesetas) que cuesta una vacuna contra la polio.

Desgraciadamente casos como éste no son una excepción en África sino la norma. Una norma que mata día a día. África se encuentra sumida en un sinfín de guerras étnicas. La situación es extremadamente grave. Tanto que los expertos hace tiempo que hablan ya de «Guerra Mundial Africana». En el continente que vio nacer a la humanidad, cabalgan ahora iracundos los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. La gente es víctima de guerras, dictaduras, corrupción, golpes de estado, hambrunas, sequía, analfabetismo, etc.

Mil doscientos millones de personas en el mundo viven (sobreviven) con un euro al día. ¿Qué ocurriría si un día se unieran todos y emprendieran una gigantesca y pacífica marcha verde sobre el Primer Mundo? Esa gente no tiene ni anestesia en muchos casos; a los niños se les efectúan operaciones de apendicitis al vivo. ¿Seríamos más sensibles si esos niños que mueren fuesen blancos en lugar de negros? Si fueran nuestros hijos los que muriesen de hambre ¿no nos gustaría que alguien les ayudase? Algunas multinacionales se aprovechan de esta situación y contratan en régimen de semiesclavitud a niños del Tercer Mundo para elaborar sus productos por cuatro céntimos de euro la hora. El 11 de septiembre de 2001 (en que 3.000 inocentes murieron en los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York), murieron también 37.000 niños de hambre. «Terrorismo económico» según Adolfo Pérez Esquivel, Nobel de la Paz.

Y frente a ello, Occidente continúa mirando a otra parte, como siempre con su doble moral habitual. Nuestros gobernantes son cómplices manifiestos de este genocidio cada vez que apoyan o que rinden pleitesía y honores de estado o que simplemente estrechan la mano a todos aquellos presidentes y líderes corruptos que se han enriquecido fraudulentamente a base de asesinar y expoliar a sus propios pueblos. Si robas un radiocaset eres un ladrón. Pero cuando saqueas una nación entera, entonces te tratan como a un señor. Ya lo denunciaba Miquel Adlert i Noguerol (ese gran intelectual y patriota valenciano); hay una moral para lo pequeño y otra para lo grande. Y es que apoderarse de un piso de 90 m2 es no respetar la ley ni la propiedad privada, pero cuando un estado se anexiona otro estado (como Marruecos a Sáhara, China a Tíbet o Estados Unidos a Irak) o cuando un presidente roba a todo un pueblo, entonces no pasa nada.

¿Qué podemos hacer nosotros frente a tanta indignidad? Podemos hacer mucho. Podemos denunciar las injusticias, podemos gritar bien fuerte en lugar de callarnos, podemos colaborar con oenegés y sociedades de caridad, podemos apadrinar niños, podemos ofrecer donativos, podemos ser voluntarios, podemos propagar este mensaje de solidaridad.

Usted, amigo lector, puede, si quiere, hacer muchísimo. A aquel que piense que nada de esto sirve porque no ha de acabar con el hambre en el mundo le contaré que una vez un niño que estaba en la playa tomaba con sus manos las estrellas de mar que se hallaban varadas en la arena y las devolvía de nuevo al agua para que no murieran. Un anciano que pasaba por allí, viendo que en la playa había demasiadas estrellas como para poder salvarlas a todas, se acercó al niño y le preguntó: «¿Por qué haces esto? ¿A quién le importa esas estrellas de mar si no vas a poder salvarlas a todas?» El niño le mostró la que tenía en la mano y que se disponía a arrojar a la mar y le respondió: «A ésta le importa».

La invasión que viene.

A menudo la sociedad carga contra los inmigrantes. La inmigración es un mal necesario y un fenómeno imparable. Por más leyes coercitivas que apruebe el Gobierno, nunca será capaz de detenerla. Porque cuando un hombre prefiere arriesgarse a morir en una patera para atravesar el estrecho de Gibraltar a vivir en su nación, poco le importa la ley. En el África Subsahariana la gente no tiene ni siquiera anestesia. Imagine que le operan de una apendicitis al vivo. Imagine que le abren al vivo, que le operan al vivo, que le cosen al vivo. La propia muerte es preferible a vivir así.

Los inmigrantes se ocupan de los trabajos que los nacionales no queremos hacer, nos hacen falta para la economía y para el futuro de la Seguridad Social, para poblar España (estado con la natalidad más baja de Europa) y también contribuyen a un mayor pluralismo socio-cultural. El problema es que estos inmigrantes suelen tener un nivel de estudios bajo y lejos de aprender la lengua autóctona acaban engordando el gigante español. Hay que integrarlos pero ¿cómo convencer a un inmigrante de que aprenda valenciano cuando los propios valencianos pasan de su lengua?

Me parece indecente que se identifique inmigración con delincuencia. Mis padres fueron a trabajar a Francia y Suiza, y fueron de esos dos millones de emigrantes que levantaron España con sus divisas en un acto patriótico. Ellos tuvieron que ser los moros de Europa y aguantar que les dijeran «españoles de mierda» para que hoy la juventud pueda estudiar. El fenómeno de la inmigración es muy reciente en España. Recuerdo que en la década de los ochenta no había casi inmigrantes en la nación. Y hoy hay un montón. Y cada vez serán más.

La integración pasa por el mutuo respeto de las culturas y los estilos de vida. Pero sobretodo debemos ser conscientes de que son ellos quienes se han de adaptar a nuestras costumbres y no al revés. Si un padre musulmán prohíbe que su hija haga gimnasia en compañía de los chicos porque ésa es su tradición tenemos que recordarle que no está en su país y si continua vulnerando la ley se le debe retirar la tutela de los hijos por mal padre. Pero les tenemos que respetar nosotros también. Pueden erigir sus mezquitas mientras no hagan daño a nadie. En derechos y obligaciones, debe ser igual todo el mundo.

A todos estos individuos racistas que constantemente cargan contra los inmigrantes y que desean que estos sean expulsados yo les preguntaría si ellos estarían dispuestos a ocupar las plazas de trabajo de los inmigrantes; es decir, si están dispuestos a realizar unos trabajos muy duros, de jornadas de sol a sol, por unos salarios mínimos. En caso de que respondieran que sí se acabaría el paro en España y no harían falta inmigrantes. Pero cuando hay paro es porque esta gente nacional no está por la labor de tragar con esto. Por tanto, la inmigración deviene en imprescindible hoy.

Las capitales de Europa Occidental están siendo invadidas por un ejército de mendigos. Las gitanas rumanas con sus bebés en brazos acosan a los ciudadanos por todos lados: «Romania, po favó, mucho hambree…»

Quien venga a trabajar bienvenido sea pero quien venga a delinquir, mendigar o a explotar a sus hijos que lo repatrien a su país. El gran problema es que si los inmigrantes son indocumentados no pueden tener trabajo y deben delinquir para vivir. Crear guettos y engrosar bolsas de pobreza y marginalidad no parece la mejor opción para integrarlos.

Somos seis mil millones de personas en el mundo. Mil millones vivimos relativamente bien y hay otros cinco mil millones que viven de pena. De la misma manera que hubo dos millones de patriotas que sacaron al Estado de la miseria -esa gente se merece una medalla por su heroicidad- también hay gente extranjera que piensa en dar una mejor vida a sus hijos o que se mueve por el más puro instinto de autoconservación. Es algo humano. Hay miles de millones de hambrientos golpeando las puertas del Primer Mundo. Y las puertas caerán un día u otro.

Si los europeos invadimos a otros pueblos en el pasado hoy son ellos los que nos invaden a nosotros, aunque esta vez de un modo pacífico. No quieren matarnos ni tan siquiera colonizarlos. Sólo quieren trabajo y una vida digna. Pero si no les proporcionamos una vida digna en sus propios países no me extrañaría que llegara el día en que en Europa haya más gente descendiente de inmigrantes que de población nativa. Ayudémosles. Los inmigrantes no son basura. Ni estadísticas. Ni cifras. Son personas como usted o como yo, con nombres y apellidos, que tienen sentimientos y un corazón.

Ciertamente, a los inmigrantes no se les ha perdido nada en nuestro país. Y no lo digo con un tono xenófobo ni mucho menos. Ellos deberían estar en sus países haciendo su vida, pero la cuestión es que sus naciones están quebradas por la miseria y la corrupción. En condiciones normales, ellos se quedarían allí, pero como no hay horizontes de futuro se vienen aquí. Por eso la solución no consiste en aceptarlos sino en hacer posible que vivan en sus propios países y para ello hay que globalizar la democracia, la justicia y los derechos humanos. Hace falta un nuevo orden mundial.

Es absurdo tratar de parar un fenómeno que es de por sí imparable. Es como ponerle puertas al campo. La globalización debe serlo en todos los sentidos y no sólo en el económico. Mientras haya multinacionales que explotan a niños del Tercer Mundo por once céntimos de euro la hora, mientras la Comunidad Internacional mire a otro sitio ante las injusticias y conflictos del mundo, mientras no haya democracia, paz, cultura, justicia y prosperidad en estados sumidos en la más absoluta de las miserias, la invasión de los desesperados y de los muertos de hambre no se detendrá nunca.

Cosas que aprendí de las mujeres.

Yo crecí rodeado de mujeres. Durante mi infancia sólo había mujeres en casa. El único varón de la familia -mi padre- siempre estaba trabajando el pobre hombre para mantenernos a todos, así es que no lo veía (casi) nunca. Cuando creces rodeado de mujeres aprendes una serie de valores positivos; aprendes a ser generoso, a compartir, a escuchar, a ayudarse, a estar unidos, hoy por ti mañana por mí, aprendes que las féminas son seres especiales y que deben ser tratados como tales, aprendes que hay veces en que una mirada o un gesto dicen más que mil palabras, que una persona sin decirte nada puede estar diciéndote mucho, aprendes que es bueno abrazar a alguien cuando se encuentra triste, obtienes una sensibilidad especial para ver lo invisible; es decir, todas esas cosas que no se pueden medir ni pesar ni palpar como el amor o la tristeza, pero que están ahí, aprendes a ser una mejor persona, a ensanchar el alma, a robustecer el corazón.

Hay un límite que lo tiene el hombre pero que no lo conoce la mujer y que es lo que la convierte en fascinante. Es el límite del arte. Me explico; un hombre puede ser un artista pues puede crear arte. Un hombre puede crear literatura, poesía, pintura, escultura, arquitectura, cine, música, tecnología… Un hombre puede crear belleza, puede crear arte, puede por lo tanto llegar a ser un artista. Pero lo que nunca arribará a ser es arte. Un hombre puede ser un artista pero nunca será arte.

Este límite, que es el que condiciona la esencia masculina, no lo conocen las mujeres. Ellas son arte puro, hermosura pura, arte en estado vivo y caminante. Porque una mujer aglutina un montón de valores positivos de la creación. Ella es belleza, es hermosura, es sensualidad, es glamour… La mujer encarna el amor, la mujer encarna la vida. Y eso es lo que sin duda hace que la mujer sea una criatura única, desconcertante y mágica tanto en lo bueno como en lo malo.

La mujer es una fuente de inspiración infinita. La cantidad de arte que el hombre ha plasmado inspirado en ella es enorme. Pensemos en la música; la cantidad de canciones cuyo título tiene nombre de mujer o cuya letra versa sobre mujeres es monumental. ¡La cantidad de pinturas y de esculturas que el hombre ha hecho a lo largo de la historia inspirándose en la belleza infinita de la mujer…! ¡La cantidad de escritores y de poetas que si lo llegaron a ser fue porque una mujer se cruzó en sus vidas! Se enamoraron, se desenamoraron, lo que sea… Pero un buen día una dama se cruzó en sus caminos y de repente descubrieron que tenían un talento para la poesía, adquirieron un don. Una canción, un lienzo, una escultura, un perfume, una flor, un poema… Todo eso y muchísimo más es una dama. Detrás de un gran hombre hay una gran mujer. A un gran creador siempre le inspira una gran musa.

Por cosas así, por observar a las mujeres, por escucharlas, por amarlas, es por lo que he aprendido de ellas que son arte, criaturas fascinantes, seres especiales que deben ser tratados como tales. Los varones deberíamos comportarnos con ellas mejor de lo que lo solemos hacer, pues a menudo las tratamos muy mal y las mujeres no se merecen eso. Y no hablo sólo de cosas extremadamente graves como infidelidades o violencia doméstica. Hablo de actitudes cotidianas que los hombres asumimos como naturales y que ni nos percatamos de que pueden resultar crueles o hirientes. Ira, desaire, menosprecio, indiferencia, desamor, burla… Cosas que se repiten día a día y que hieren de muerte el corazón. Y es que a menudo los hombres -por nuestra forma de ser- no llegamos a comprender cómo de especiales son. Uno de los mayores poderes que puede llegar a alcanzar una persona (por encima de la fama o el dinero) es el de hacer feliz. ¡Cuán maravilloso es tener en tus manos la facultad de hacer feliz a alguien y ejecutar dicho poder! Las mujeres nos dan la vida. Tratémoslas mejor, respetémoslas, hagámoslas felices… Es lo mínimo que podemos hacer a cambio.

¿Cuándo será el fin del mundo?

¿Cuándo será el fin del mundo? Es la pregunta del millón. Bueno, primeramente debemos matizar ya que lo que popularmente es conocido como «fin del mundo» no es del todo exacto.  Quizás deberíamos hablar mejor de «fin de los tiempos», ya que será el fin de una era para dar comienzo a otra, pero no el fin del planeta. Aunque desde luego sí será el fin de «nuestro mundo», es decir, del mundo tal y como lo entendemos hoy para dar paso a uno mejor. Pero la cuestión es ¿cuándo ha de acontecer todos estos hechos?

«Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre«. (Mateo 24: 36 y Marcos 13:32). Jesús no quiso dar la fecha, ni el día ni la hora. «No os toca a vosotros saber los tiempos o las ocasiones que el Padre puso en su sola potestad» (Hechos 1:7). Tremendo, ni siquiera el mismísimo Hijo de Dios lo sabe (tan sólo el Padre), pues según advierte el propio Cristo no es asunto nuestro conocer la fecha exacta en que ha de venir el juicio de Dios y el fin de los tiempos profetizados en la Biblia.

Sin embargo, la Santa Biblia, hablando del fin de los tiempos, siempre dice que debemos estar preparados. Aunque no sabemos la fecha, este día vendrá como un ladrón en la noche: «Por tanto, también vosotros estad preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora que no pensáis» dice Jesús (Mateo 24:44).  «Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche» (es decir, cuando menos se lo espera uno) (2 Pedro 3:10; 1 Tesalonicenses 5:2 y Apocalipsis 16:15). Ese día inesperado sorprenderá a muchos.

Se nos dice que no nos corresponde saber la fecha del fin de los tiempos, que solamente Yaveh la sabe y que será cuando menos nos la esperemos. Ahora bien… hay un versículo que nos da una pista muy grande y es el siguiente: «Y será predicado este Evangelio del Reino a todas las naciones, y entonces vendrá el fin» (Mateo 24:14). A la luz de este versículo de la Biblia se puede llegar a varias interpretaciones (algunas de las cuales presagian un fin del mundo muy lejano y otras uno muy próximo en el tiempo):

1. El Evangelio será predicado en todas las naciones y entonces llegará Cristo en su segunda venida. Si entendemos como predicar el llegar aunque sea de forma testimonial a todos los países del mundo, entonces eso ya se ha cumplido. Si en el mundo hay, pongamos por caso, 200 estados soberanos, bastaría con enviar a 200 misioneros (cada uno a un país distinto) y que predicaran en la plaza mayor del primer pueblo que viesen. Así se podría llegar simbólicamente «a todo el mundo» en apenas 48 horas.

2. El Evangelio será predicado en todas las naciones y entonces llegará Cristo en su segunda venida. Aquí no entendemos nación en el sentido político (estado soberano) sino nación en el sentido cultural (un pueblo con una cultura propia). Hay más de 7.000 lenguas en el mundo y numerosos grupos indígenas que aún hoy jamás han oído hablar de Cristo (la mayoría, tribus de África Occidental). Predicar a todas las naciones culturales aunque fuese de forma testimonial podría lograrse a lo más tardar en un siglo o dos.

3. El Evangelio será predicado de forma generalizada en todas las naciones y entonces llegará Cristo en su segunda venida. Teniendo en cuenta que hoy está prohibido predicar en los países islámicos, que en Israel apenas hay un 0,2% de cristianos y que la presencia del cristianismo es marginal en Asia (donde se concentra el 55% de la población mundial)  lograr que el mensaje fuese conocido de forma más o menos general podría llevar siglos o milenios, aunque la TV por satélite podría reducir mucho ese tiempo.

4. El Evangelio será predicado en todo el mundo durante el milenio de paz profetizado en la Biblia, es decir, después de la segunda venida de Cristo y no antes. En ese aspecto, y a diferencia de los casos anteriores, el fin de los tiempos sí podría estar muy cerca. Bastaría con ver un día de éstos en el telediario a un gran líder que logra un acuerdo de paz estable y duradero entre árabes e israelíes. Ése será el anticristo y  su  falsa paz la calma que precede a una era de terror como nunca la humanidad ha visto ni verá.

5. Otra posibilidad distinta: el Evangelio se acabaría de predicar en el planeta por un ángel y no por humanos. Dice la Biblia: «Y vi volar en medio del cielo a otro ángel que tenía un evangelio eterno para anunciarlo a los que moran en la tierra, y a toda nación, tribu, lengua y pueblo» (Apocalipsis 14:6). La evangelización sería concluida de modo sobrenatural, por lo que el fin del mundo podría ocurrir en cualquier momento. El ángel podría acometer dicha labor a una velocidad impensable para la gente.

Lo cierto es que el fin del mundo ocurre a diario para millones de personas. Cuando alguien fallece, el fin ha llegado para esa persona. Todos pensamos que nos vamos a morir  cuando tengamos 80 años de edad pero el cementerio está lleno de fotos de gente joven. Acepta a Jesucristo como tu Señor y Salvador personal para que pueda lavar tus pecados y darte vida eterna. Es la única forma de salvarse. Acéptalo en tu corazón antes de  que sea demasiado tarde y el fin te haya alcanzado sin que te des cuenta.

Si Lutero levantase la cabeza.

«Si Satanás puede pervertir y cambiar el sentido de  las Escrituras ¿qué no hará con mis palabras o las de los demás?»

Martín Lutero.

Los tiempos que vivimos son muy difíciles para la Iglesia Evangélica. Afloran por doquier falsos profetas y doctrinas equivocadas que llevan a camino de perdición, quizás como si de un signo de los últimos tiempos se tratase. Quién sabe. Lo cierto es que en el siglo XVI el sacerdote Martín Lutero inició la reforma protestante contra la teología corrupta y desviada de la Iglesia Católica de Roma.

Protestaba fundamentalmente por la venta de indulgencias y bulas papales que permitían vivir en pecado si pagabas un dinero; contra la idolatría; contra la afirmación de que existe un lugar llamado purgatorio (que casualmente no se menciona ni una sola vez en toda la Biblia) y contra la idea de que la salvación se halla en una religión o en una iglesia concretas y no en la obra redentora de Cristo.

Pero ¿y si hoy levantase la cabeza Lutero? ¿Qué pasaría? Por supuesto, vería que la mayoría de cosas contra las que protestaba siguen vigentes en la Iglesia Católica. Pero… y ahí viene lo más sangrante… se horrorizaría al ver la enorme cantidad de falsos profetas y falsas doctrinas que muy sibilinamente se han ido aposentando en las iglesias evangélicas. Del susto, Lutero se volvía a morir.

Hablo por ejemplo de la ordenación de obispos homosexuales en la Iglesia Luterana. O de las llamadas iglesias arco iris que ofician matrimonios entre personas del mismo sexo. Todo obedece a esta corriente relativista que dice que la iglesia tiene que “adaptarse a los nuevos tiempos”. Curiosamente las iglesias que han dado el paso han perdido el apoyo de sus fieles hasta quedarse vacías.

También hablo de algunos cristianos que son liberales en lo económico y que parece que idolatran al mercado, lo adoran como si de un nuevo dios se tratase. O de la aberrante y anticristiana teología de la prosperidad, impulsada por estafadores, que presupone que Dios puede ser sobornado con dinero y de este modo cumplirá nuestros deseos como si de un genio de la lámpara maravillosa se tratase.

También los hay que introducen falsas doctrinas no por mala fe sino por equivocación como la de, y admito que yo mismo podría estar equivocado, el rapto pretribulacional. Dicha tesis suena con mucha fuerza desde hace sólo cien años. Históricamente siempre se ha hablado de dos venidas de Cristo al mundo (no de tres) y de que el arrebatamiento de la iglesia sería tras la Gran Tribulación en los postreros días.

La Palabra de Dios es eterna y vale para todos los tiempos. No es la iglesia la que se tiene que adaptar al mundo sino al revés. De lo contrario estamos creando un falso cristianismo hecho a nuestro gusto, como si de un menú de restaurante se tratase. Hoy abundan los falsos profetas y las falsas doctrinas que llevan a los justos a condenación. Hace falta una escoba para barrer toda la basura.

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