¿Sabías que los fartons son un invento valenciano?

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¿Quién no ha mojado alguna vez unos deliciosos fartons en un vaso de horchata bien fría? Este popularísimo bollo fue inventado por la Familia Polo. En 1939 Rodrigo Polo, patriarca de la familia, ideó una máquina para hacer fideos en Titaguas. En 1954 la familia se trasladó a Algemesí en busca de oportunidades, y en 1960 a Alboraya: la tierra por excelencia de las chufas y la horchata. Allí, ante la costumbre generalizada de mojar la horchata con rosquilletas y con pan cortado, tuvieron la idea de crear un bollo que sirviera para acompañar la horchata.

La familia adquirió un horno en la plaza del pueblo y, tras varias pruebas, dio con un producto perfecto para acompañar a la horchata. Se trataba de un bollo hecho con masa de panquemao, alargado para ser introducido en el vaso y muy esponjoso para que absorbiera mejor la horchata. Luego se añadió la pintura para hacerlo más sabroso y así nacieron los fartons, ideales también para mojar en chocolate o café con leche. El invento de la empresa Fartons Polo devino en un gran éxito y en uno de los productos artesanales más emblemáticos de nuestra tierra.

Fuentes consultadas:

-Fartons Polo.

¿Sabías que el Reino de Valencia es La Meca de la paella?

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La paella valenciana es el plato más famoso del Reino de Valencia. Goza de éxito y popularidad internacionales y ha intentado ser imitado en otras naciones, aunque sin éxito. Algunos envidiosos han tratado de apoderarse de él y lo catalogan erróneamente como gastronomía española o catalana, cuando es clamorosamente valenciana.

La primera cita documentada de la paella (o arroz a la valenciana) aparece en un manuscrito del siglo XVIII: Avisos, y Instruccions per lo principiant Cuyner (Avisos e instrucciones para el cocinero principiante) de Josep Orri. Pero el origen del plato se remonta a la Valencia del siglo XV o XVI. Puede que antes.

La paella en ningún sitio del mundo sabe tan rica como en Valencia. Es un plato tradicional, que no acepta experimentos ni innovaciones. «Arroz con cosas no es paella» , dicen exaltados los valencianos cuando alguien tilda de paella algo que realmente no lo es pues sólo existen tres modelos de paella: de carne, de marisco y mixta.

La paella valenciana de carne se compone de pollo, conejo, una cucharada sopera de pimentón rojo dulce molido, azafrán, algunas cucharadas soperas de tomate rallado o triturado, judía ferradura (judía verde plana), garrofó (alubia blanca grande), alcachofas, judía blanca, caracoles, agua, aceite de oliva virgen, sal y arroz.

La paella marinera o de marisco tiene sepia, calamares, cigalas, mejillones, gambas, caldo de pescado, una cucharada de pimentón dulce, algunas cucharadas soperas de tomate rallado o triturado, azafrán, cebolla picada, ajo, aceite de oliva virgen y arroz. Esta variedad es la preferida en los pueblos de la costa.

La paella mixta tiene los siguientes ingredientes: pollo, conejo, gambas, mejillones, garrofó (alubia blanca grande), judía ferradura (judía verde plana), sepia, algunas cucharadas soperas de tomate rallado o triturado, aceite de oliva extra, cebolla, una cucharada de pimentón dulce, azafrán, cebolla, ajo, sal y, claro, arroz.

Los turistas se vuelven locos por un plato de «paela», como ellos dicen. El doctor Gregorio Marañón escribió en su Ensayo apologético sobre la cocina española que uno de los más famosos cirujanos americanos de su tiempo le había confesado que por una paella valenciana cambiaría todo el Museo del Prado.

¿Sabías que el inventor de la fideuà es un valenciano?

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Joan Batiste Pascual (nacido en Grau de Gandia, La Safor, 1915) es el inventor de la fideuà. Lejos de haberse gestado en restaurantes, Pascual defiende que la fideuà es hija de la mar.

Este valenciano fue pescador y pasó toda su vida en la mar. Los pescadores contaban con el plato tradicional de caldo de pescado, para ponerlo en el arroz o ‘arroz a banda’ como dicen los marineros, y lo comían en la misma barca, durante la jornada en la mar. Comían todos del mismo caldero pero el patrón tragaba más de lo debido y casi no dejaba ración al resto de tripulantes. Así es que a Pascual se le ocurrió que una vez en tierra firme compraría fideos para ponerlos en lugar del arroz, a ver si así al patrón no le gustaban tanto y dejaba más parte a los marineros. Acertó y así todos pudieron comer más.

Y de esta casualidad nació una delicia culinaria que hoy es uno de los platos más típicos y representativos de nuestra gastronomía y uno de los más conocidos fuera de nuestro país.

Les Falles de Valéncia i el pancatalanisme.

Hui és un dia gran per a tots els valencians. No només celebrem el dia de Sant Josep i el dia del pare sino també la cremà de les Falles. Encara que no soc faller i possiblement no ho siga mai ya que soc amant del silenci i la tranquilitat, no deixe de reconéixer que les Falles són, en tota certea, la festa més bonica del planeta. No hi ha en tot el món cap atra festa que atesore  tal nivell d’història, d’art i de cultura popular com les Falles del nostre Regne.

Yo, com a valencià que soc, em sent i em sentiré profundament orgullós d’una festa tan preciosa, tan espectacular i sobretot  tan diferenciadora. No és d’estranyar que el pancatalanisme sempre haja abominat les Falles. Perque són un element diferencial del nostre poble … Si les Falles es feren en Barcelona els nostres veïns catalans es desfarien en elogis cap a una festa tan catalana pero com són típiques del nostre país brofeguen i parlen pestes d’ella.

I no és per a menys. Les Falles, igual que uns atres puntals del folclor valencià (la Magdalena de Castelló, la Tomatina de Bunyol, les Fogueres de Sant Joan, els Moros i Cristians o el Misteri d’Elig) constituïxen elements enriquidors de la nostra cultura i sobretot un símbol identitari que demostra, una volta més, que els valencians, també en este camp, tenim una cultura pròpia i diferenciada de la dels espanyols i els catalans. Li dolga a qui li dolga.

Les Falles són un nexe d’unió dels valencians que es viu no a soles en el Cap i Casal sino en tota la nostra nació. Alzira, per eixemple, és la segona ciutat del món en major número de monuments fallers (quaranta, u per cada 1.000 habitants). Elda celebra també les Falles, encara que en setembre. I són moltíssims els valencians de les comarques del nort i del sur que s’acosten estos dies al Cap i Casal per a poder fruïr de la música, de la pòlvora i el foc.

I no voldria passar per alt que encara hui, a pesar de l’infame procés de substitució llingüística que patim  i que vol erradicar el valencià per a impondre el català, l’inmensa majoria d’obres de teatre que se fan en el nostre Regne usa la Normativa de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana (RACV). I en gran mida el teatre faller és responsable directe de l’èxit. No és d’estranyar que estos dies els catalanistes estiguen més calents que un gos malalt de ràbia.

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