Escocia: el sueño de ser una nación libre.

El Reino de Escocia fue un estado independiente hasta 1707, fecha en que se firmó el acta de unión con Inglaterra, para crear el Reino de la Gran Bretaña. Escocia conservó su sistema legal, educativo y religioso propios. De hecho, Escocia tiene estatus legal de país y la soberanía recae en el noble pueblo escocés y no en el británico.

Los escoceses firmaron la unión con Inglaterra por las buenas porque sabían que, de no aceptarla, tarde o temprano lo harían por las malas. Inglaterra era muy hostil, así que firmaron una rendición disfrazada de unión libre. Así se obtuvieron jugosas ventajas imposibles de negociar de ser anexionados por Londres tras una guerra.

Los escoceses son celtas, progresistas, partidarios del euro y proeuropeos. Los ingleses anglosajones, conservadores, defensores de la libra esterlina y proamericanos. No tienen nada que ver. Escocia tiene dos lenguas nacionales (el gaélico escocés y el lallans). No obstante, la lengua más utilizada por la gente es el inglés.

Es ésta una de las naciones más hermosas del planeta, una tierra de ensueño con una naturaleza espectacular, con unos paisajes que enamoran, especialmente en las Tierras Altas. Es conocida también por su singular folclore: por la triste melodía de sus gaitas, por el misterioso monstruo del Lago Ness, por sus hombres con falda.

Es también cuna de varones ilustres: William Wallace, Alexander Graham Bell, Alexander Fleming, Lord Kelvin, James Watt, John Knox, Adam Smith, David Hume, Lord Byron, Arthur Conan Doyle, Walter Scott, Robert Louis Stevenson… En Escocia nació la industria y el capitalismo modernos.

En los últimos tiempos ha crecido el independentismo en el país, animado por el éxito de Irlanda. Es por todos conocido que a nadie odia más un escocés que a un inglés así que es tiempo de acabar con el artificial estado británico. Escocia, por historia y por derecho, merece ser una de las naciones independientes de la Tierra.

La superioridad de la mentalidad anglosajona.

Se mire por donde se mire, éste es un mundo dominado por hombres blancos, anglosajones y protestantes. En el aspecto político, comercial, económico, financiero, científico, tecnológico, cultural, audiovisual… son los anglosajones los que controlan el sistema. Es más; ellos son el sistema. La cuestión es ¿por qué?  ¿Qué les diferencia del resto? ¿Por qué tienen éxito donde otros no?

No creo en la superioridad de unas razas frente a otras, pero sí en el de unas civilizaciones frente a otras. Es mentira que todas las culturas sean igual de valiosas porque si así fuera tendrían todas un idéntico nivel de desarrollo. Los anglosajones dominan el mundo entero porque son un pueblo con una mentalidad victoriosa orientada al éxito. Su pensamiento se basa en cuatro pilares.

1) Democracia. Mientras que en Europa y Latinoamérica la gente estaba entusiasmada con la idea de una dictadura, en las naciones angloparlantes siempre ha imperado una fuerte tradición democrática. Dictadores como Francisco Franco o Fidel Castro jamás hubiesen podido tener éxito en Canadá o Nueva Zelanda porque en un país anglosajón habrían carecido de apoyo social.

En la actualidad, es fácil comprobar que todos los países que son dictaduras del signo que sea, todos sin excepción, son estados del Tercer Mundo. Por contra, las naciones más avanzadas de la Tierra son democracias sólidas y saneadas. A mayor nivel de democracia, de libertad en definitiva, más prosperidad, más desarrollo. Y los anglosajones creen en ello de forma sumamente firme.

2) Liberalismo. En el mundo anglosajón existe un gran respeto por los derechos individuales y la propiedad privada. Se entiende que los ciudadanos son titulares de derechos inalienables que el Estado deberá respetar. Por contra, en otras culturas se entiende que es el Estado el que graciosamente otorga derechos a la gente. Lógicamente, los abusos del poder son mucho mayores en un país así.

En una patria angloparlante la soberanía recae en el pueblo. No en el Estado, ni en la Corona ni en la República. No, en el pueblo. Y por lo tanto todas las instituciones jurídicas y estatales deben ir dirigidas a respetar la soberanía popular. Existe una fuerte tradición liberal de respeto a la ciudadanía que ningún gobernante se atreve a cuestionar porque allí la libertad no se negocia.

3) Protestantismo. A partir de la Reforma protestante y la Contrarreforma católica del siglo XVI se dibujaron un norte de Europa protestante  y rico frente a un sur católico y pobre. En América ocurre igual. El protestantismo es más democrático y liberal, no apoya dictaduras como hace el catolicismo y respeta más al ciudadano. En consecuencia, forma un país más avanzado y rico.

El protestantismo ofrece una visión de la vida radicalmente distinta del catolicismo. Por ejemplo, frente al problema de la pobreza el catolicismo promueve dar de comer al hambriento mientras que el protestantismo defiende más que dar un pescado dar una caña al pobre y enseñarle a pescar. Es una mentalidad mucho más autónoma, más individualista, menos dependiente del poder.

4) Capitalismo. No es por casualidad que el comunismo haya sido un fracaso absoluto en las naciones anglosajones. Inglaterra fue la inventora del capitalismo moderno. Desde entonces los pueblos angloparlantes se han caracterizado por tener una mentalidad capitalista, orientada a la creación de riqueza, avalada por el derecho anglosajón y por unos estados con instituciones serias y fiables.

En Estados Unidos la mentalidad de un universitario es la de formar una empresa, trabajar para sí mismo y  hacerse rico. En España ese universitario se conforma con ser un trabajador asalariado o como mucho opositar. Mientras en Extremadura o Andalucía se fomenta la mentalidad limosnera de vivir de subvenciones, en Ohio o Arkansas uno lo que quiere es hacerse rico.

Conclusión. No es por casualidad que sea un conjunto de cinco naciones blancas, anglosajonas y protestantes (Canadá, Estados Unidos, Gran Bretaña, Australia y Nueva Zelanda) el que lidere el mundo. Todas ellas son potencias en sus respectivos continentes, a excepción de los Estados Unidos, que es la superpotencia mundial. Todas tienen una mentalidad victoriosa orientada al triunfo.

Ciertamente habrá quien diga que el inglés también se habla en numerosas naciones subdesarrolladas (fundamentalmente en África y  Asia), pero lo cierto es que generalmente se trata de un idioma inglés corrupto (criollo) que  además en la mayoría de casos ni siquiera es usado por los hablantes locales como lengua materna. Es por ello que no les puedo considerar anglosajones de verdad.

Angloesfera.

La angloesfera es el término con el que el escritor James Bennet calificó a un conjunto de cinco naciones anglosajonas: Canadá, Estados Unidos de América, Gran Bretaña, Australia y Nueva Zelanda. Estos cinco estados tienen mucho en común. Culturalmente son de mayoría blanca, anglosajona y protestante. Los cinco son potencias; Estados Unidos a nivel mundial y el resto a nivel continental. Y lo más importante: suelen estar de acuerdo en todo porque piensan igual y tienen intereses en común.

A pesar de que cada día que pasa se abren verdaderas brechas entre el inglés americano y el británico de tal forma que en un futuro podrían constituir dos lenguas distintas, lo más probable es que pertenezcan oficialmente unidas. A los Estados Unidos de América le interesa compartir un idioma con el resto de naciones de la angloesfera porque esta alianza asegura su hegemonía mundial. No en vano todas sus intervenciones militares suelen contar con el apoyo entusiasta y unánime de estos cuatro grandes países.

En este siglo XXI se va a producir una lucha encarnizada entre los norteamericanos y los chinos por dirimir quién de los dos se convierte en la gran superpotencia mundial. A priori, los americanos tienen más posibilidades; no sólo porque en la actualidad gozan de una superioridad tecnológica y económica sino también, y muy especialmente, porque China no tiene amigos mientras que por el contrario los Estados Unidos cuentan con cuatro poderosísimos aliados dispuestos a apoyarle hasta el final.

Singapur: el mejor puerto del mundo.

El de Singapur quizás sea uno de los casos más sobresalientes de cómo el independentismo puede traer la prosperidad a una nación. El minúsculo país se independizó de Gran Bretaña en 1963 y de Malasia en 1965. Hoy supera ampliamente a sus dos ex-metrópolis en renta per cápita y en indicadores de calidad de vida.

La isla ha llevado a cabo en los últimos años una agresiva política fiscal que ha atraído capitales. Además ha prosperado gracias a la inversión extranjera y a su apuesta por la tecnología, lo que le ha convertido en uno de los cuatro tigres asiáticos, junto con Taiwan, Corea del Sur y Hong Kong, verdaderos nuevos ricos de Asia.

No obstante, la principal fortaleza de Singapur radica en el comercio. Cuenta con el mayor puerto comercial del mundo, líder indiscutible en número de contenedores, por encima del de Rotterdam. Su actividad portuaria es tan prolífica y competitiva que prácticamente monopoliza el comercio de buena parte de Asia.

Singapur tiene, no obstante, un problema muy grave: el espacio vital. Es una ciudad-estado muy pequeña y está superpoblada. En las últimas décadas ha ganado terreno al mar sin cesar y hasta el aeropuerto de Changi, uno de los mejores del orbe, se halla sostenido parcialmente sobre tierra artificial asentada sobre el agua.

Esta colosal obra de ingeniería se ha logrado gracias a la compra de millones de metros cúbicos de arena a la vecina Indonesia. Esto produjo el hundimiento bajo las aguas de no pocos islotes de este depauperado país, que ha decidido que no venderá ni un palmo más de tierra. Birmania suministra ahora la materia prima.

El bravo pueblo singapurense, con esfuerzo y tesón, somete a la naturaleza y hace de su patria una isla creciente en lo económico y lo físico. Singapur representa el orgullo nacionalista, la casta, la agresividad de un país diminuto que domina a otros gigantes. Es un pueblo fiero. No en vano su nombre quiere decir ciudad de los leones.

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