Falacia atea: Jesucristo triunfó por la credulidad de sus contemporáneos.

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Jesús fue solamente un hombre pero como sus contemporáneos eran unos crédulos ignorantes se tragaron el cuento chino de que era Dios. Eso dicen los escépticos. El periodista italiano Vittorio Messori, que pasó de ateo a católico, destaca que los judíos no fueron un pueblo en absoluto crédulo. Y es que si se hubiese querido fabricar un dios a partir de una mentira entonces Jesús debería aparecer retratado en la Santa Biblia como un héroe mítico, al estilo de los inalcanzables dioses romanos del momento ya que no hay mitología ni epopeya alguna que no se haya preocupado por describir con sumo esmero el físico de su héroe.

Sin embargo en la Biblia no hay descripción física alguna de Jesús e incluso se mencionan los momentos de ira, angustia o miedo que atravesó durante su vida. Incluso en su genealogía, redactada por el evangelista Mateo, aparecen, además del de María, cuatro nombres femeninos (algo escandaloso para la época pues la mujer era considerada un cero a la izquierda, un ser impuro). Pero aún peor: si examinas la vida de esas cuatro señoras encontramos incesto, prostitución, adulterio y asesinato. Los evangelistas no se apartaron ni un ápice de la verdad pues muchos judíos conocían a Jesús y fácilmente habrían desenmascarado una mentira.

Para Messori divinizar a una persona era posible en el Imperio Romano pero totalmente imposible entre los judíos. Ellos adoraban a Yahvé, el Dios único cuyo nombre ni siquiera podía pronunciarse. Asociar a Yahvé un hombre era considerado un sacrilegio abominable. Pensar que un galileo haya podido equipararse a Dios y ser adorado como tal pocos años después de su muerte es no conocer en absoluto el mundo hebreo. Los judíos acataban la autoridad del emperador romano pero preferirían dejarse lapidar antes que considerarlo divino. De hecho, el discípulo Esteban fue lapidado por proclamar la divinidad de Jesús.

El periodista ex-ateo Vittorio Messori concluye que para admitir que la divinidad de Cristo es fruto de la credulidad de sus contemporáneos, entonces deberíamos pasar por alto que los judíos prefirieron el martirio colectivo y la destrucción total del país antes que aceptar una sola pintura del emperador divinizado en Jerusalén. Es más, Mahoma y el islam representan la rebelión de esa misma sangre semita contra la incomprensible pretensión cristiana de igualar a un hombre con Dios, lo cual es una blasfemia tanto para musulmanes como para judíos. Jesucristo triunfó pese a la incredulidad de los hebreos y no gracias a ella.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: No puedo entender a Dios, luego dudo de su veracidad.

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En cierta ocasión charlaba con un ingeniero industrial sobre el cristianismo y él me comentaba que eso de Dios no le entraba en la cabeza, por ejemplo que se pueda mostrar como una zarza ardiente o que cada uno de nosotros estemos dotados de un espíritu es algo que no llega a entender. Yo le repliqué que a mí, como hombre de letras que soy, lo que no me entra en la cabeza es la ingeniería industrial y no por ello digo que sea falsa. Y si un alumno de bachillerato se pasa un día por la Facultad de Medicina y asiste a las clases durante toda la mañana posiblemente tampoco entienda nada o casi nada, lo cual no quiere decir que lo que se imparta en la Facultad sea mentira. No comprender algo no lo convierte en falso.

“Cuando les anunciamos a los infieles los milagros pasados o futuros y se los presentamos como no objeto de experiencia inmediata para ellos, nos exigen una explicación racional; al no poder dársela (sobrepasan la capacidad de la humana inteligencia), tienen por falsas nuestras afirmaciones. Pues bien, ellos nos deberían dar explicación de tantas maravillas como vemos o podemos ver. Si comprueban que esto sobrepasa la capacidad humana, reconozcan que no porque la razón sea incapaz de dar una explicación vamos a negar que algo ha existido o existirá. En realidad, existen tales hechos, de los cuales igualmente la razón no es capaz de dar explicación”. Son palabras de San Agustín de Hipona, teólogo de la Iglesia Católica.

Y  menciona ejemplos: en Agrigento, Sicilia, hay una sal que se diluye en presencia del fuego y que con el agua crepita como si fuera fuego; en Arcadia hay una piedra llamada asbesto que una vez encendida no se puede apagar; en Egipto una higuera cuyo tronco en lugar de flotar como los demás troncos se sumerge pero después de estar algún tiempo en el fondo del agua sube a la superficie cuando debería haber aumentado de peso al empaparse de humedad; en la región de Sodoma hay frutos que parecen maduros pero si los muerdes se rompe su corteza y se desvanecen en ceniza y humo; en Persia la pirita quema la mano de quien la aprieta y la blancura interior de la selenita crece y mengua con la luna.

Y hoy en día tenemos otros portentos: los agujeros negros que absorben la luz y hasta el tiempo; una medusa que nunca puede llegar a morir de vieja o el fenómeno poltergeist. El Cosmos está lleno de maravillas, muchas de ellas atentan contra el entendimiento y la lógica del hombre pero no por ello las descartamos como falsas. Puede que no lleguemos nunca a entender el misterio de la Santísima Trinidad, el por qué de un castigo eterno en el infierno o el sufrimiento de los justos en la Tierra pues a ojos de los hombres el proceder de Dios es extraño, sus caminos misteriosos y su mente inabarcable. Pero que no entendamos todo cuanto Dios hace no lo convierte de ningún modo en un ser apócrifo o imaginario. Él es real.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: Es preferible ser feliz viviendo la vida a tu manera y olvidarte de Dios.

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Tengo un conocido que está casado y frecuenta los prostíbulos con asiduidad. Dice que no es feliz en su matrimonio y en lugar de tratar de arreglarlo busca la felicidad fuera de casa. Tengo un amigo que es gay. Salió del armario hace muchos años y mantiene prácticas homosexuales con otros hombres. Ambos tienen una cosa en común: son ateos. No quieren ni oír hablar de Dios, de la religión o de la iglesia ni tampoco tienen intención alguna de cambiar su estilo de vida.

Ellos prefieren ser ateos porque si creen que existe una autoridad espiritual a la que van a tener que rendir cuentas no tendrán más remedio que creer también que van a enfrentar un juicio final cuyo veredicto último será el infierno. O, en su defecto, arrepentirse de sus pecados, dejar de hacer lo que a ellos les gusta hacer para así lograr ir al cielo. Ambas opciones son incómodas, así que a priori la solución más rápida es negar que haya Creador y seguir haciendo lo que les da la gana.

El gran matemático francés Blaise Pascal afirmó: “Si Dios no existe, nada pierde uno por creer en Él. Mientras que si existe, lo perderá todo por no creer”. Es mejor creer en Dios porque si estás en lo cierto, puedes alcanzar la dicha eterna, y estar equivocado no supone diferencia alguna. Por otro lado, si no crees en Dios y resulta que estás equivocado te condenarás para toda la eternidad, mientras que si estás en lo cierto no supone diferencia alguna. Es lo que se llama la apuesta de Pascal.

Algunos ateos sostienen que esta apuesta no es tan sencilla como parece. Si por ejemplo tienes algún vicio que realmente te encanta y debes abandonarlo por seguir a Jehová pues estás renunciando a hacer lo que te gusta. Eso por no hablar de tener que levantarse temprano los domingos para ir a la iglesia o cumplir con otras obligaciones. Si finalmente haces todo esto y resulta que el Señor no existe, habrás renunciado a vivir tu vida como a ti te gustaba para al final conseguir nada.

El sacerdote jesuita Jorge Loring explica: “La Iglesia impone una moral, pero no para reprimirte. Te quita libertad para lo malo, no para lo bueno. Es como las vías del tren. Las vías del tren ayudan al tren a avanzar, a llegar, te quitan libertad para despeñarte, porque si el tren se sale de la vía se despeña. La vía obliga al tren a ir por aquí y de este modo avanza y llega, porque si tienes libertad para despeñarte eso es un mal, no es un bien” -dice sobre la falta de libertad para pecar-.

Aun admitiendo que la apuesta de Pascal signifique renunciar a algo… ¿Qué es mejor? ¿Renunciar a una vida de fiestas y adulterios o a la salvación de tu alma? ¿Renunciar a las borracheras para acabar viviendo para siempre en el cielo o disfrutar de la discoteca tus años de vida para acabar ardiendo eternamente en el infierno? ¿Renunciar a la esclavitud del pecado o a la libertad que es Cristo? ¿Qué renuncia es mayor? Apostar contra el Todopoderoso no parece una muy buena jugada.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: Es improbable que Dios exista.

 

“Ahora sabemos que los Universos que prohíben la vida son muchísimo más probables que los Universos que permiten la vida, como el nuestro. ¿Más probable en qué medida? Antes de darte una estimación déjame darte algunos números para que te hagas una idea sobre las probabilidades. El número de segundos en la historia del Universo es 10 a la potencia de 18 (esto es 10 seguido por 18 ceros). El número de partículas subatómicas en el universo entero es, según se dice, 10 a la potencia de 80. Con esos números en mente considera lo siguiente: “Donald Page, un eminente cosmólogo estadounidense, ha calculado la probabilidad de que el Universo exista como de una unidad (1) de entre 10 a la potencia de (10 a la potencia de 124). Un número tan inconcebible que llamarlo “astronómico” sería una afirmación muy conservadora” -afirma el teólogo y filósofo William Lane Craig-.

Siguiendo con el brillante apologista cristiano William Craig, paso a reproducir en los siguientes párrafos un fragmento de una magistral conferencia que impartió en Wisconsin, Estados Unidos, ya que sus palabras son mucho más inteligentes, esclarecedoras y atinadas que las mías y pienso que merecen ser citadas de forma textual. Hablando del Universo, de su complejidad y de las posibilidades de que finalmente acabara siendo como es y no otra forma muy distinta, dice William Craig:

“Durante los últimos 30 años los científicos han descubierto que la existencia de vida inteligente depende de un balance complejo y delicado de condiciones que se dan en el Big Bang. Ahora sabemos que los Universos que prohíben la vida son mucho más probables que los Universos que contienen vida, como el nuestro. ¿Cuánto más probable? Bueno, la respuesta es que la probabilidad de que el Universo contenga vida es tan infinitesimal como incomprensible e incalculable.

Por ejemplo [el físico] Stephen Hawking ha estimado que si la tasa de expansión del Universo un segundo después del Big Bang hubiera sido menor en una unidad en cien mil millones de millones, el Universo hubiera vuelto a colapsar en una bola de fuego. [El físico] P.C. Davies ha calculado que la probabilidad de que las condiciones iniciales fueran favorables para la formación de estrellas (sin las cuales los planetas no podrían existir) es 1 seguido por mil millardos de millardos de ceros (por lo menos). [Los profesores] Frank Tipler y John Barrow estiman que un cambio en la fuerza de gravedad o en la fuerza débil del orden de 1 en 10 a la potencia de 100 no hubiera permitido que nuestro Universo contenga vida.

Existen 50 constantes y cantidades semejantes en el Big Bang que deben estar afinadas en esta forma para que el Universo contenga vida. Y no es que cada constante por sí sola deba estar afinada. Las proporciones de una a la otra deben estar afinadas exquisitamente. De manera que la improbabilidad es multiplicada por la improbabilidad y la improbabilidad hasta que nuestra mente se ahoga en números incomprensibles. No existe una razón física por la cual estas constantes tienen esos valores. El una vez agnóstico Paul Davies comenta: “A través de mi trabajo científico he llegado a creer más y más fuertemente que el Universo ha sido ensamblado por un ingenio tan deslumbrante que no puedo aceptarlo como un simple hecho”. Similarmente, [el astrofísico] Fred Hoyle dice: “Una interpretación de los hechos con sentido común sugiere que un SúperIntelecto ha jugado con la física”. Robert Jastrow, jefe de Estudios Espaciales Goddard de la NASA , lo ha denominado “la evidencia más poderosa de la existencia de Dios que jamás haya salido de la ciencia”.

La idea que el cristiano siempre ha sostenido, que existe un Diseñador del Cosmos parece tener mucho más sentido que la idea atea de que el Universo, cuando apareció de la nada sin ninguna causa, simplemente está afinado por accidente. Podemos sintetizar nuestro razonamiento de esta manera: Premisa uno: El afinamiento de las condiciones iniciales del Universo se debe a una ley, accidente o diseño. Dos, no se debe a una ley o accidente. Tres, Por lo tanto se debe a un diseño”.

Cerramos comillas, fin de la intervención del doctor William Lane Craig. No hace falta añadir nada porque ya está dicho todo. Quisiera no obstante aportar otra cita, en este caso mucho más breve pero igual de valiosa, del que posiblemente sea el mejor científico vivo del planeta Tierra, el ex-ateo y devoto cristiano Francis Collins, director del Proyecto Genoma Humano. Veamos qué tiene que decir el mejor genetista del mundo sobre el campo que investiga él y su equipo. Explica Collins:

“El genoma humano consiste en todo el ADN de nuestra especie, el código hereditario de la vida. Este texto recién revelado tenía una longitud de tres mil millones de letras, y estaba escrito en un extraño y criptográfico código de cuatro letras. Tal es la sorprendente complejidad de la información contenida dentro de cada célula del cuerpo humano que la lectura de ese código a una velocidad de una letra por segundo llevaría treinta y un años, aun leyendo de día y de noche. Si se imprimieran todas esas letras a tamaño normal, en papel de carta normal, y se encuadernada todo, resultaría en una torre de la altura del monumento a Washington”.

Podría añadir muchas más citas y cifras pero creo que ya es más que suficiente para el abrumado lector. Cuando nos preguntamos por qué existe todo en vez de nada, cuántas posibilidades había de que el Universo fuera como es y no de otra manera completamente distinta, cuántas posibilidades de que pudiera albergar vida o simplemente analizamos la naturaleza misma de la vida, encontramos una complejidad tan apabullante, tan aplastante, que supera los límites de la mente humana.

En el siglo XVIII, el reverendo Thomas Bayes planteó esta pregunta: “¿Realmente Dios existe?” Dado su interés en las matemáticas, intentó crear una fórmula para llegar a la probabilidad de que el Señor existiera sobre la base de la evidencia de que disponía en la Tierra. Más tarde, el astrónomo Pierre-Simon Laplace perfeccionó el trabajo de Bayes y le dio el nombre de Teorema de Bayes. Para Thomas Bayes, era más probable que el Todopoderoso existiera a que no lo hiciera.

De distinta opinión es el biólogo y escritor ateo Richard Dawkins, quien considera que es “casi seguro que Dios no existe”. “Hay un 99% de probabilidades de que no exista” -matiza-. Pero, en mi humilde opinión, cuando te encuentras una complejidad de unas dimensiones tan monstruosas (la del Cosmos o la del ADN humano por no mencionar otras muchas) lo realmente improbable es que todo esto se ha desarollado a partir de la nada, sin ninguna causa y de forma azarosa.

La navaja de Ockham es un principio metodológico y filosófico promovido por el fraile William of Ockham según el cual en igualdad de condiciones la explicación más sencilla suele ser la correcta. Creador inteligente o casualidad casi imposible ¿cuál es más sencillo? O el Universo es obra del Todopoderoso o es producto de la carambola más gigantesca de todos los tiempos. Esto último en todo caso sería digno de llamarse milagro y por supuesto probaría la existencia de Dios.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: El ateísmo es la respuesta.

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Algunos descreídos aseguran que el cristianismo no es el camino correcto y que el ateísmo es la respuesta. Pero en verdad, no sólo no ofrece mejores respuestas que el cristianismo a los grandes interrogantes de la vida sino que, de hecho, no es la respuesta para absolutamente nada. En palabras de José María Ciurana, escritor y doctor en Derecho: “El ateísmo, como solución negativa que es, deja sin resolver todos los problemas que tenemos planteados. Continuamos en la incertidumbre, en la duda y en la interrogación. Preguntémonos de nuevo poniéndonos en el lugar del ateo: ¿por qué existimos? No lo sabemos. ¿Qué significado tiene el mundo que nos rodea? También lo ignoramos. ¿Existe otra vida, además de la presente? Lógicamente el ateo tiene que inclinarse por la negativa. Pero en este caso, si todo se acaba con esta vida temporal ¿da igual que hagamos el bien o que hagamos el mal? ¿Es justo que reciba el mismo trato la persona honrada que el sinvergüenza más empedernido? El afán de vivir, de ser; el afán de felicidad,   tan innata a la naturaleza humana ¿son sueños vanos y fantasías absurdas? Si el fin de todos los humanos es volver a la nada de donde hemos salido, a la total aniquilación del ser, hay que reconocer en el ateísmo una de las doctrinas más amargas y sombrías que la imaginación pueda haber pensado. ¿Vivir y morir de una forma análoga a como viven los seres irracionales? ¿Ésta es la perspectiva que se nos ofrece? ¿Ésta es la esperanza para el día de mañana?”

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: El cristianismo no tiene sentido.

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“Si la muerte acaba con todo, sería ventajoso para los malos” Sócrates (filósofo).

“El tema de la existencia de Dios no es sólo un problema filosófico o una simple cuestión de estudio, como un tema científico cualquiera. Una vez planteado; una vez puesto a la luz del día; una vez aceptado, con toda su grandeza, con toda su amplitud y con toda su profundidad, es lógico que comprometa ya para siempre y que influya de una manera decisiva en la existencia humana. La vida del hombre ha de ser, forzosamente, bien diferente si existe, o no existe, Dios. Mientras que si existe, la vida del hombre aparece llena de sentido, con un camino a seguir, con unos ideales y con unos fines a conseguir, en el caso del ateo, el vacío más espantoso, la soledad más deprimente y la ausencia de todo principio orientador marcan al hombre, que deambulará vacilante, sin un ideal y sin un fin determinado. Mientras dura la juventud, e incluso la madurez, la explosión biológica de la vida puede disimular el vacío y  la falta de sentido en la vida del ateo; pero más tarde o más temprano acabará por manifestarse de una manera ostensible”.

La cita corresponde a José Maria Ciurana, doctor en Derecho y escritor. Y es que en verdad -ahora soy yo el que habla- aceptar el ateísmo es aceptar que el Universo es como es por pura casualidad, que el hombre no es más que un simple animal carente de espíritu, que la vida humana no tiene significado ni propósito alguno, que no existe una vida más allá de la muerte, que los injustos nunca serán castigados ni los que sufren recompensados, que toda nuestra existencia sólo es algo fugaz, una etapa temporal que en el mejor de los casos llega a noventa años. Negar a Dios es creernos sólo un poco más afortunados que los microbios. Desde luego que el ateo puede gozar en este mundo del cine, la música clásica o la playa pero no son más que disfrutes pasajeros que no calmarán la angustia de saber que un día dejará de existir. Hay quien dice que el cristianismo carece de sentido pero es el ateísmo el que no lo tiene porque arrancar al Señor de nuestra conciencia es reducir el ser a un mero absurdo y desposeer de todo sentido trascendente a la vida.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: La creencia en Dios es un hábito adquirido.

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“Buscad un pueblo sin religión; no lo encontraréis y si lo encontráis, tened por cierto que no diferirá mucho de las fieras”. David Hume (filósofo).

Todos los pueblos de la humanidad han buscado irremisiblemente a su Creador. Aun las tribus más primitivas y remotas tienen en su fuero interno la convicción de que existe un mundo invisible con seres espirituales. Cuando la humanidad todavía iba en pañales y Dios aún no se había revelado a ella a través del pueblo de Israel, los seres humanos tenían el convencimiento de que existen fuerzas inmateriales incluso a pesar de que ellos no las puedan ver. Lo llamaban con nombres distintos porque aún no lo conocían, pero todas las naciones de todas las culturas y épocas han intuido que el Hacedor existe. ¿Por qué? Podría objetarse que se trata de un hábito adquirido, de algo cultural que nos transmiten los padres a través de la educación, o de algo propio de sociedades arcaicas y lejanas épocas pero actualmente el Todopoderoso sigue revelándose a quien lo busca de corazón.

Tatiana Goricheva, fundadora del primer movimiento feminista ruso, tenía todas las papeletas para ser atea. Intelectual, feminista y comunista. Nació en 1947 en la Unión Soviética, un régimen de ateísmo de estado donde Cristo no tenía cabida. Creció en el seno de una familia inteligente y atea ni demasiado rica para ser creyente (como los burgueses que se apoyaban en la religión para conservar sus intereses materiales) ni demasiado pobre para ser creyente (como los campesinos analfabetos que creían en Dios por ignorancia o superstición).  Los agentes de la KGB estaban perplejos. Goricheva era un error del sistema. Tenía todo a favor para ser atea mas se convirtió al cristianismo… y lo pagó con la cárcel. ¿Qué decir ya de Svetlana Alilueva, hija del dictador Josip Stalin? También ella creía en el Señor y no fue algo precisamente que aprendiera en su casa.

“Las criaturas no nacen con deseos a menos que exista satisfacción a esos deseos. Un bebé siente hambre: bien, existen los alimentos. Un patito desea nadar: existe el agua. El hombre siente deseo sexual: existe el sexo. Si encuentro dentro de mí un deseo que ninguna experiencia en este mundo puede satisfacer, la explicación más probable es que fue creado para otro mundo” -afirma el escritor C.S. Lewis-. Filósofos como Platón, Aristóteles y Cicerón pensaban igual. Todos queremos vivir (los suicidas son una rara excepción) y ser felices (pero la felicidad es fugaz). Para el autor A. Boulenger el hombre siente la necesidad de hallar la verdad, la felicidad y la inmortalidad y si tal necesidad no puede satisfacerse en esta vida, ha de haber otra vida y un Dios que la pueda satisfacer. No es un hábito adquirido sino el afán de vivir y ser felices lo que nos empuja a buscar a nuestro Padre.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: Los discípulos se lo inventaron todo y convirtieron a Jesús en un mito.

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No pocos escépticos y amigos de la teoría de la conspiración se atreven a afirmar que Jesús existió como un profeta, como un hombre, y que tras su muerte fueron los discípulos los que comenzaron a exagerar los hechos, agrandar la leyenda y acabar convirtiendo a un simple maestro en la divinidad que realmente nunca fue.

Pero en verdad nada de esto tiene sentido. Pensemos que los apóstoles vivieron codo a codo con Jesús. Si se hubiera tratado de un farsante, deberían haberlo abandonado. Ellos tenían la firme convicción de que era el mesías, el que iba a libertar al pueblo de Israel. Sin embargo, su muerte en la cruz fue un palo para ellos.

Tras su crucifixión, los apóstoles pensaban que todo había terminado. Se sintieron tristes, decepcionados y lo que es peor aún: aterrorizados. Fueron a esconderse a sus casas con el rabo entre las piernas. Tenían un temor más que justificado de que tras su líder, ellos podrían ser los próximos en ser apresados por los soldados romanos.

Si ellos sabían que todo era una mentira, ya sea que Jesús mintió al decir que Él era el Hijo de Dios o bien que nunca hubiera dicho tal cosa y hubieran sido los apóstoles los que lo hubieran querido convertir en un dios después de muerto… ¿Qué sentido tiene hacer esto si sabían que era una mentira? ¿Qué ganaban con ello?

¿Qué ganaban con ir pregonando que Jesús era el mesías (si ellos sabían que no era así)? Los apóstoles no montaron una de esas sectas que exigen favores sexuales a sus adeptas. Ni tampoco se lucraron económicamente como hacen hoy los pseudopastores de la teología de la prosperidad sino que eran pobres como ratas.

Pedro, Andrés, Santiago hijo de AlfeoFelipe, Simón y Bartolomé fueron crucificados.  Mateo y Santiago (Jacobo), hijo de Zebedeo, asesinados a espada. Judas Tadeo, muerto por las flechas enemigas. Juan, de  muerte natural. Santiago, hermano de Jesús, apedreado. Tomás, atravesado por una lanza.

No ganaron fama ni gloria ni dinero ni sexo ni nada. Al contrario. ¿Por qué? ¿Por qué complicarse la vida con una mentira? El escritor Josh McDowell se pregunta: ¿Quién moriría por una mentira? Es cierto que hay gente que ha dado su vida por una causa falsa, por una mentira… ¡pero porque pensaba que era verdad!

¿Qué pudo suceder para que unos tipos que se sentían aterrorizados, decepcionados, fracasados y con la moral por los suelos de repente cobraran coraje y comenzaran a predicar a Cristo? ¿Qué pudo ocurrir para que el feroz anticristiano Pablo se convirtiera en el más ardiente cristiano de la noche a la mañana?

Si la resurrección de Jesucristo nunca hubiera ocurrido (si esto hubiera sido falso), los apóstoles lo habrían sabido. Por tanto, habrían muerto por una mentira sabiendo que era mentira. Totalmente ilógico. Sólo ver a Jesús resucitado de entre los muertos pudo infundirles el ánimo de volver a predicar aún a riesgo de sus vidas.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: Jesús fue un maestro humano de la moral, un mentiroso, un loco o simplemente estaba equivocado.

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El escritor C.S. Lewis denunció la estupidez que supone que haya personas que aseguren de Jesús que fue un gran maestro de la moral pero no Dios. Esto es absurdo, ya que según Lewis alguien que dijera lo que dijo Jesús -que era el Hijo de Dios- sólo podía ser tres cosas: un mentiroso, un loco o bien quien realmente dijo que fue. “Puedes encerrarle por ser un tonto, puedes escupirle y matarle por ser un demonio; o caer a sus pies y llamarle Señor y Dios. Sin embargo, no salgamos favoreciendo la necedad de que Él fue un gran maestro humano. Él no dejó eso para que nosotros lo decidamos. No tuvo esta intención” -dice C.S. Lewis-.

1) Jesús fue sólo un gran maestro humano, sólo un maestro de la moral. Ésta es una de las más absurdas visiones que los ateos tienen sobre Jesús. Él nunca se presentó a sí mismo de este modo. Él no decía de sí mismo que fuera un profeta más, como podría serlo Elías, Isaías o cualquier otro. Fue mucho más lejos.  Se presentó al mundo como el mesías, el Cristo, el Hijo de Dios. Por lo tanto considerarlo sólo un mero maestro humano es poner en su boca algo que realmente Él nunca dijo y no atender a sus palabras y acciones, que lo muestran claramente como el salvador de la humanidad, el Verbo hecho carne, como Dios mismo.

2) Jesús fue un mentiroso. Muchos ateos dicen que Jesús no era Dios pero sí un gran maestro de la moral. Esto es en sí una contradicción, ya que si Jesús mentía acerca de su divinidad entonces era un embustero, un hipócrita, alguien que pidió a otros que fueran honrados cuando él mismo predicaba una mentira descomunal. Es más, era un demonio pues le dijo a otros que confiaran en Él respecto a su destino eterno. Finalmente también habría sido estúpido, al dejarse crucificar por una mentira. Definitivamente el perfil de Jesús, con su carácter tan noble y puro, tan lleno de amor y misericordia, no coincide con el de un burdo impostor.

3) Jesús fue un loco. Quizás Jesús no mintiera. Quizás creyera realmente que era Dios porque simplemente estaba loco. Como quien en la actualidad afirma ser el emperador Napoleón Bonaparte. Sin embargo, no observamos en Él las anormalidades y el desequilibrio que puede notarse en los dementes. Su sensatez y compostura son incompatibles con la esquizofrenia. Él predicó algunas de las verdades más hondas de la historia ¿puede alguien mentalmente perturbado lograr algo así? Su desconcertante sabiduría a la hora de hablar y actuar no sólo no casan bien con la paranoia, sino que más bien denotan una mente realmente lúcida.

4) Jesús estaba equivocado. El escritor ateo Richard Dawkins considera otra opción: que Jesús estuviera honestamente equivocado. Pero esto es como decir que uno puede estar honestamente equivocado sobre ser Napoleón. Es imposible si estás en tu sano juicio. Uno puede no estar en lo cierto sobre tal o cual teoría científica o sobre si en la temporada X la NBA la ganó tal o cual equipo. Uno puede defender  un error apasionadamente, vehemente, al estar confundido. Pero ojo, Jesús afirmaba ser el Hijo de Dios. No es cuaquier cosa. Son palabras mayores.  Nadie que diga esto puede estar honestamente equivocado y cuerdo a la vez.

No  tiene sentido decir que Jesús fue sólo un gran maestro humano porque Él nunca se presentó a sí mismo como tal, sino como el mesías, como el Hijo de Dios. Si no creemos que esto último sea posible entonces deberemos concluir que fue el mayor embustero de todos los tiempos o un demente cuya locura ha llegado a nuestros días ya que nadie puede que esté en su sano juicio puede estar honestamente equivocado sobre un tema de tal calibre. Jesús, mentiroso, loco o Señor. Cualquiera de los tres es posible pero ¿cuál es más probable? Hay que decidir uno de los tres. Yo, como Tomás, sólo puedo decirle: “¡Señor mío y Dios mío!”.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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Falacia atea: La Biblia no es un documento histórico fiable.

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¿Es la Biblia un cuento chino? La gente por lo general no es consciente de la enjundia de este libro de libros que es la Santa Biblia. Siempre se habla de Herodoto como el padre de la historiografía pero la realidad es que Moisés es el más antiguo de los historiadores y Génesis el documento más antiguo sobre ciencia humana. Los Salmos son unos cánticos preciosos escritos mucho antes del nacimiento de Homero y la Biblia un excepcional documento histórico muy anterior a la ciudad de Troya. Esdras -un contemporáneo de Confucio– fue el que comenzó a ordenar todos los libros del Antiguo Testamento hasta conformar el canon actual. Y podríamos citar muchos más, pero no es necesario. ¿Son confiables los documentos bíblicos? Para saber si un documento histórico es fiable o no, el escritor Josh McDowell dice que debemos aplicarle tres pruebas que, de acuerdo al historiador C. Sanders, son los principios básicos de la historiología. Son la prueba bibliográfica, la prueba de las evidencias internas y la de las externas.

1) Prueba bibliográfica. Se trata de un examen de la transmisión textual mediante el cual los documentos llegaron a nosotros. En otras palabras ¿cómo de confiables son las copias que tenemos en relación con el número de manuscritos y el intervalo de tiempo transcurrido entre el original y la copia existente? Tenemos escritos de Tucídices, Herodoto, Aristóteles, César, Tácito o Tito Livio y de cada una de estas obras nos han llegado unos pocos manuscritos (en algunos casos menos de diez) y el manuscrito más antiguo es posterior en torno a mil años (a veces más) a los escritos originales que nunca llegaron a nuestras manos. En contraste, del Nuevo Testamento existen hoy existen más de 20.000 copias manuscritas, redactadas en su mayoría por testigos oculares de primera mano y datadas en el siglo I DC, es decir, sólo unas pocas décadas después de que ocurrieran los hechos. ¿Cómo es posible que nadie dude ni por un instante de la veracidad de esos autores clásicos y sin embargo se ponga en tela de juicio la Biblia?

2) Prueba de las evidencias internas. Trata de determinar si un documento es fieble y hasta qué punto. La crítica literaria todavía sigue la máxima de Aristóteles: “El beneficio de la duda se debe atribuir al documento mismo, no al crítico”. En este sentido, no se debe asumir que hay fraude o error en un texto, a menos que el autor se contradiga a sí mismo o aporte aspectos inexactos respecto de hechos conocidos. La proximidad geográfica y cronológica de los testigos a los acontecimientos de la vida de Jesús confirma su fiabilidad.  Los apóstoles hablaban frente a espectadores no siempre amistosos y les decían “como vosotros mismos sabéis” (Hechos 2:22) pero no eran contradichos. Los evangelistas relatan muchos incidentes que, de haber sido inventores, los hubieran encubierto: la huida de los apóstoles tras el arresto de Jesús, la negación de Pedro, el hecho de que Cristo no hizo milagros en Galilea, etc. Finalmente, los datos que se aportan (monarcas, fechas, sucesos, gobiernos…) concuerdan con los de la sociedad de su tiempo.

3) Prueba de las evidencias externas. ¿Cuáles son las fuentes que existen, fuera de la literatura que se está analizando, que comprueban su exactitud, confiabilidad y autenticidad? Varios son los autores clásicos que se refieren a Cristo, como Flavio Josefo, Tácito, Suetonio,  Plinio el Joven o Luciano. También amigos del discípulo Juan como Papias, arzobispo de Hierápolis o Ireneo, obispo de Lyon. Todos los yacimientos arqueológicos encontrados en Israel, Palestina, Egipto y alrededores no hacen sino conformar la veracidad de la Biblia. Los masoretas transmitieron las Escrituras de generación en generación con un cuidado escrupuloso, punto por punto y coma por coma, hasta el extremo de que los descubrimientos de los rollos del Mar Muerto en 1947 nos confirman que el Antiguo Testamento actual es en esencia el mismo de hace 2000 años. También hay testimonios paganos, como los jeroglíficos egipcios, con la Piedra de Rosetta a la cabeza, o las inscripciones de Palestina, así como las de Asiria y Babilonia, entre otras.

La conclusión es clara: la Santa Biblia no es solamente la Palabra de Dios sino también la fuente historiográfica más importante de toda la Antigüedad. Tanto es así que, si a pesar de toda la abrumadora cantidad de pruebas, decidimos descartar este libro como una fuente fiable, por esa misma regla de tres, y con más razón todavía, deberíamos descartar toda la literatura de la Antigüedad al completo y los libros de historia no podrían existir. No se puede aplicar un patrón o prueba a la literatura secular, y otro distinto a la Biblia. Tenemos que aplicar la misma prueba, sea literatura secular o religiosa. De lo contrario, estamos recurriendo a una doble vara de medir. Si se es honesto, se verá la hipocresía que supone aceptar la biografía de Alejandro Magno, redactada por Plutarco en su obra Vida de Alejandro el siglo I DC (cuatrocientos años de distancia del biografiado) y luego negar validez a los Evangelios, escritos por testigos oculares a los pocos años de vida de Jesús. Nada, salvo el prejuicio y la cerrazón, explica esta actitud.

Bibliografía consultada:

McDowell, Josh. Más que un carpintero. Editorial Unilit. 1997.

Young, Edward J. Una introducción al Antiguo Testamento. Grand Rapids: Editorial Tell. 1977.

Vidal, César. Por qué soy cristiano. Planeta. 2008.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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