Mogollón: los señores de la sierra.

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En la zona conocida como Oasisamérica -un área cultural de la América precolombina ubicada a caballo entre el noroeste de Estados Unidos y el noroeste de México- florecieron pueblos como los anasazi, los mogollón, los hohokam, los fremont y los pataya. Los dos primeros fueron los más importantes en esta vasta región.

Los indios mogollón se ubicaron entre los actuales estados de Arizona y Nuevo México y la Sierra Madre  Occidental de México. Como suele ocurrir con otras culturas precolombinas, los indios mogollón no eran en sí una sola y única nación, sino más bien un conjunto de tribus, reinos y pueblos unidos por una cultura en común.

Entre 500 AC y 1000 DC el desarrollo cultural y tecnológico apenas evoluciona. Vivían en asentamientos rocosos para protegerse de los depredadores. A partir del siglo XI aumenta el contacto con los vecinos de norte y sur y se desarrolla el comercio y los edificios de mampostería. Creían en deidades vegetales llamadas kachina.

A diferencia de los anasazi, los mogollón solían enterrar a sus muertos, junto con ofrendas de cerámica y piedras semipreciosas. En el siglo XIII desarrollaron mucho la alfarería; parte era de color blanco, con escenas de la vida cotidiana. Algo excepcional, pues los pueblos vecinos pintaban motivos geométricos en sus vasijas.

El ocaso mogollón comienza en el siglo XIII. Un suceso desconocido los forzó a un éxodo masivo. Algunos se refugiaron en la Sierra Madre, otros fueron al norte, al territorio anasazi, otros a Coahuila. La región quedó despoblada. A día de hoy aún es un misterio la razón de este éxodo, aunque se especula con una grave sequía.

El pueblo mogollón más sobresaliente fue el paquimé, en el estado de Chihuahua. Vivió su auge en los siglos XIV y XV. Dispuso de casas acantilado, comerciaba con conchas y metales preciosos y jugaba a pelota. Los paquimé se llamaban a sí mismos jovas. La llegada de los españoles supuso el fin de esta cultura, hoy extinta.

Olmecas: la civilización madre de Mesoamérica.

Olmecas

Los olmecas son la civilización más antigua de Mesoamérica. Habitaron hace miles de años en las regiones pantanosas de las riberas de los actuales estados mexicanos de Veracruz y Tabasco. Su territorio creció hacia las zonas de Anáhuac, Oaxaca y Guerrero e influenciaron a las culturas posteriores de América Central.

Su historia se divide en tres etapas. En el periodo olmeca I (1500-1200 AC) vivían de la agricultura, la caza y la recolección. En el II (1200-400 AC) construyeron centros de la relevancia de San Lorenzo primero y La Venta después. El tercero (400-100 AC) se caracteriza por un constante declive y por el auge de aztecas y mayas.

Los olmecas fueron los primeros americanos en utilizar la piedra para la escultura y en plasmar trazos curvilíneos y realistas frente a los rectilíneos de la época. Hicieron no sólo pequeñas estatuillas de jade sino también esculturas de colosales cabezas masculinas de hasta casi cuatro metros de altura y de varias toneladas de peso.

En la cerámica destacan sus vasos a menudo decorados con la efigie del niño jaguar o con otros ornamentos. Se trataba de una sociedad muy desarrollada para su época que requería de excelentes artesanos que trabajaran a tiempo completo con su arte. La sociedad se dividía en tres estratos: nobles, sacerdotes y gentes del campo.

La religión era politeísta y asentó las bases comunes para otras civilizaciones posteriores. Adoraban como a dioses a los elementos de la naturaleza y a algunos animales, en especial el jaguar. Los gobernantes locales eran considerados como descendientes de divinidades y de este modo perpetuaban un régimen desigual e injusto.

Pese a desaparecer a principios de la era cristiana, los olmecas son considerados la civilización madre de América Central. De hecho, su sistema de escritura fue el precursor de los jeroglíficos mayas y posiblemente también su calendario. Esta extinta nación fijó los cimientos que influyeron en las culturas de los siguientes siglos.

Incas: el más grande imperio precolombino.

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Los incas se instalaron en la que sería su capital, Cuzco, en torno al año 1100. Recogieron muchas costumbres de otros pueblos andinos, como los toltecas, y construyeron un gran imperio que iba desde los actuales Ecuador a Chile. Estaba dividido en cuatro grandes regiones (Chinchansuyo, Cuntinsuyo, Antisuyo y Collasuyo).

Entre las expresiones artísticas más impresionantes de la civilización inca se hallan los templos, los palacios y otros tesoros arquitectónicos como Machu Picchu o el Templo del Sol. Cabe destacar también la construcción de larguísimos puentes colgantes hechos a base de sogas, además de canales de regadío y acueductos.

La vida social orbitaba en torno al parentesco. Los parientes (ayllu) tenían la obligación de ayudarse en las labores diarias y trabajar juntos por el bien común. No había dinero así que usaban el trueque. El pueblo pagaba tributos a su señor -el Inca- con su tiempo de trabajo y existía una seguridad social para enfermos y viudas.

Tenían una religión politeísta, con Viracocha como dios principal, y existían los sacrificios animales y humanos para granjearse el favor de las deidades. El propio Inca era adorado como un dios viviente y por debajo de él se encontraban los nobles, los jefes locales y los campesinos. Destacaban en agricultura, orfebrería y textil.

La muerte del monarca Huayna Cápac en 1525, antes de que pudiera designar sucesor, provocó la división del imperio. Sus dos hijos, los hermanastros Huáscar y Atahualpa, aspiraban al trono. El conquistador español Francisco Pizarro aprovechó esta crisis de gobernabilidad y acabó con el último Inca, Atahualpa, en 1532.

Una vez descabezada la corona, poco pudo hacer el decadente Imperio Inca para impedir su destrucción a manos de los colonos españoles. Los incas ya no existen pero su tremebundo legado cultural todavía hoy perdura y nos recuerda que fueron una de las civilizaciones más sobresalientes de toda la historia de la humanidad.

 

Aztecas: el gran imperio centroamericano.

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Las leyendas mexicas vaticinaban que este pueblo fundaría una gran civilización en una región pantanosa, en el lugar exacto donde vieran un cactus que creciera de una roca y, sobre él, un águila devorando a una serpiente. En 1.325 se cumplió y los aztecas fundaron Tenochtitlán, sobre la cual se edificaría más tarde México DF.

Los aztecas (1.325-1.521) crearon un imperio que se extendió desde los actuales México a Guatemala gracias las alianzas militares de varios pueblos. En el siglo XV era una confederación conformada la triple alianza de Tenochtilán, Texcoco y Tlacopan. Pero menos de cien años después todo el poder estaba en manos del primero.

En 1.520, con el rey Moctezuma II, 38 pueblos pagaban tributo al imperio, pero otros, como los tlaxcaltecas se unieron al conquistador español Hernán Cortés para derrocarle. Moctezuma confundió a Cortés con el dios Quetzacóatl y lo colmó de suntuosos regalos. Un año después Cortés destruyó el imperio desde dentro.

La sociedad se componía de nobles, plebeyos y esclavos. Tenían una religión politeísta y se practicaban sacrificios humanos y animales. Su escritura era pictográfica y tenían un calendario de 18 meses de 20 días con cinco días sueltos considerados aciagos. La educación fortalecía el espíritu de los aztecas desde niños.

Un varón podía casarse con una sola mujer pero podía tener tantas concubinas como pudiese mantener. El divorcio era permitido con una sentencia judicial. Su lengua era el nahuatl y tenían un deporte, la pelota tlachtli, en la que había que hacer pasar una pelota de hule por un anillo macizo colocado en lo alto de la pared.

El Imperio Azteca fue una de las más brillantes civilizaciones de la historia y nos ha dejado como legado impresionantes pirámides y tesoros arquitectónicos. Un pueblo, o mejor, una confederación de muchos pueblos con los mexica a la cabeza, que acabaría desapareciendo para siempre con la llegada del hombre blanco.

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