¿Sabías que el cementerio más antiguo de la Península Ibérica está en Oliva?

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El cementerio más antiguo de la Península Ibérica se encuentra en El Collado, en Oliva. En 1987 y 1988 se encontraron restos de 15 individuos en este cementerio al aire libre. Recientes pruebas del carbono-14 sostienen que corresponden a esqueletos de hombres y mujeres, enterrados hace entre 9.500 y 8.500 años, varios siglos antes de las necrópolis de la fachada atlántica realizados por concheros en lo que hoy es Portugal (de hace 8.400 años) y los enterramientos de la costa cantábrica (7.900 años). El cementerio de Oliva data del Mesolítico y se vincula a una época en que los últimos grupos de cazadores-recolectores comenzaban a hacerse sedentarios. Así pues, es la necrópolis más antigua de la Península Ibérica.

El cementerio, de 143 m2 de tamaño, se estuvo usando durante casi un milenio, mucho más que otros de enterramientos mesolíticos de la Península que apenas duraban unas generaciones. Los datos señalan además que los enterramientos se realizaron sin cruzarse unos cuerpos con otros, lo que indica que estaban señalizados y que se respetaban a la hora de colocar nuevos cadáveres, que en algunos casos presentan dislocaciones, lo que indica el uso de sudarios o que se hubieran atado los miembros. El yacimiento es además un depósito de conchas, que pertenecían a moluscos que la gente, que vivía cerca del mar, comía para sobrevivir. No obstante, a veces se han usado especies concretas a modo de adorno.

Los investigadores que han logrado este hallazgo pertenecen a la Institució Milà i Fontanals, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y están dirigidos por Juan Francisco Gibaja.  El trabajo de este equipo de arqueólogos y antropólogos fue publicado en la revista Plos One el 28-1-2105 bajo el título The Emergence of Mesolithic Cemeteries in SW Europe: Insights from the El Collado (Oliva, Valencia, Spain) radiocarbon record. En castellano El surgimiento de Cementerios Mesolíticos en el Suroeste de Europa: Conocimientos del registro de carbono-14 de El Collado (Oliva, Valencia, España). Saber más de nuestros antepasados nos ayudará a conocernos mucho mejor.

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¿Sabías que la más grande necrópolis íbera se encuentra en Ademuz?

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La Península Ibérica debe su nombre al pueblo íbero, una civilización extinta de la que, paradójicamente, no conocemos casi nada. A grandes rasgos, sabemos que los íberos habitaron la zona este y sur de la Península hace milenios, que tenían una lengua indescifrable -que algunos creen emparentada con el vasco-, que usaban un silabario, que tenían un arte rico que nos ha legado esculturas como La Dama de Elche o El Guerrero de Moixent y que fueron conquistados por los romanos. Poco más se sabe de una civilización que es un misterio. Así, cualquier descubrimiento que pueda hacerse puede aportar información muy valiosa.

En 2008 el arqueólogo Daniel Giner y su equipo comenzaron a excavar un yacimiento en La Celadilla, situado en el valenciano municipio de Ademuz. Con el paso del tiempo se encontraron los restos de un poblado íbero del siglo IV A.C. Casas de planta rectangular, zócalos de piedra, instrumentos domésticos, hornos para elaborar el pan… Sería suficiente para realizar un gran estudio, pero la sopresa llegó en 2011, cuando aparecieron dos esqueletos humanos que pertenecieron a habitantes de esta época. Con el paso de los años se encontraron más esqueletos -un total de siete- (datos de 2013), pero podrían hallarse más en el futuro.

De este modo, la Celadilla de Ademuz se convirtió, con apenas el 10% de su superficie excavada (datos de 2013), en el yacimiento de la Península Ibérica con mayor número de esqueletos de íberos, por delante de otros poblados como los que encontramos en la Almedinilla de Córdoba, en La Rioja alavesa y en Ciudad Real. ¿Por qué es tan importante un yacimiento con siete esqueletos? Dicho así, no parece nada del otro mundo. Pero en realidad es extremadamente inusual, puesto que los íberos no enterraban a sus muertos sino que procedían a la incineración de los cadáveres y guardaban las cenizas en urnas habilitadas para ello.

Pero entonces ¿por qué estos íberos, en contra de la costumbre, no fueron incinerados? Giner sostiene que un incendio destruyó este poblado en el año 350 A.C. aproximadamente y que esto habría causado la muerte de estas personas. La Celadilla era una aldea pequeña, de aproximadamente media hectárea, frente a poblaciones grandes, consideradas ciudades, de más de una hectárea, como Edeta, en Llíria o Tos Pelat, en Moncada. No obstante, su ubicación era estratégica. La excavación arqueológica prosigue a día de hoy (2015), está promovida por el Ayuntamiento de Ademuz y financiada por la Fundación Pere Compte.

 

Fuentes consultadas:

-Levante-EMV Valencia. Los arqueólogos documentan en Ademuz la mayor necrópolis íbera. Levante-EMV. 27-7-2013.

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¿Sabías que el primer recetario de cocina escrito en una lengua neolatina fue en valenciano?

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Hoy son muy populares los libros de recetas de cocina y de hecho algunos de ellos llegan incluso a ser superventas. Lo que no mucha gente sabe es que el primer recetario escrito en una lengua neolatina fue en valenciano. Se trata del Libre de Sent Soví (Libro de San Salvio, en castellanoque data de 1324 (aunque esta fecha está siendo investigada ya que podría remontarse incluso a antes). Su autor es anónimo y está escrito en lengua valenciana. A partir de estos manuscritos se han publicado en tiempos modernos varias ediciones comentadas por distintos autores.

En la actualidad se dispone de dos copias manuscritas originales. Una de ellas se encuentra en la Universidad de Valencia (manuscrito nº216 de la Biblioteca General e Histórica de la Universidad de Valencia) y la otra en la Biblioteca Universitaria de Barcelona (manuscrito nº 68). La primera sería el texto original y contaría con  setenta y dos recetas. La segunda copia aparece con el título de Libre de totes les maneres de potatges de menjar (Libro de todas las maneras de potajes de comer, en castellano) y cuenta con más de doscientos platos.

Según Lluís Cifuentes, profesor de la Universidad de Barcelona y miembro del Institut de Recerca en Cultures Medievals (Instituto de Búsqueda en Culturas Medievales), ambas copias partirían de un original que correspondería con el conservado en la Universidad de Valencia. El de la Universidad de Barcelona, por el contrario, sería una extensa ampliación del texto valenciano que se identificaría con el título Libre de totes maneres de potatges de menjar  y obedecería a la cotidiana costumbre de aquella época de reescribir y ampliar los textos de esta índole.

El Libre de Sent Soví no sólo es el recetario más antiguo escrito en una lengua neolatina y uno de los más antiguos de Europa. Es también una fuente histórica fundamental que permite averiguar la historia de la alimentación en la Europa en la Edad Media y los orígenes de la cocina mediterránea medieval. El libro consta de un índice y una introducción, cuenta con doscientas veinte recetas ordenadas, todas ellas pertenecientes a la cocina valenciana. Es la mejor aproximación a la cocina de la Edad Media más cercana geográfica y culturalmente. Una joya literaria. 

El recetario presenta con prosa clara, corta y descriptiva, tras unas notas preliminares, un variado surtido de sopas, salsas, especias, guisos, platos elaborados y composiciones culinarias diversas. Cabe aclarar que a pesar de que en las recetas predominan carnes, pescados, productos frescos, salados y vino, bases de la dieta de la época, la mayoría de los ingredientes que emplea eran de difícil acceso para las clases más bajas de la sociedad y las recetas requerían de conocimientos propios de cocineros de la nobleza o eruditos pertenecientes al clero.

No podemos terminar este artículo sin mencionar el Libre de totes les maneres de confits (Libro de todas las maneras de confites), un tratado del siglo XIV sobre el arte de la dulcería. La obra, también anónima y también escrita en valenciano, se puede considerar el primer recetario de postres escrito en una lengua romance. Su estilo resulta un tanto tosco y no destaca por una gran calidad literaria, pero posiblemente se trate del libro de este género más antiguo de toda Europa escrito en una lengua distinta del latín, para mayor gloria de Valencia.

 

Bibliografía consultada:

 Grewe, Rudolf (editor). Libre de Sent Soví (receptari de cuina).  Editorial Barcino, 1979.

Grewe, Rudolf i Santanach, Joan (editores). Llibre de Sent Soví – Llibre de totes les maneres de potatges de menjar- Llibre de totes les maneres de confits. Editorial Barcino, 2004.

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¿Sabías que la ciudad de Valencia tuvo el burdel más grande de la Europa medieval?

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Los valencianos son muy puteros pero esto no es algo nuevo. Cuenta el periodista Carles Aimeur (Valencia Plaza 21-3-2014) que Valencia capital fue Babilonia entre 1365 y 1671. El Cap i Casal albergó el mayor burdel de Europa y uno de los mayores de todos los tiempos. Durante tres siglos y medio una zona de la ciudad se reservó para la prostitución, algo así como el Barrio Rojo de Amsterdam hoy. A ella podían acceder los varones mayores de edad que no fueran ni sarracenos ni judíos.

El rey de Valencia Jaume II el Just ordenó emplazar la mancebía en la Pobla de Bernat Villa. Al noroeste de la ciudad, fuera de las murallas, ocupaba un área que iba entre las calles Salvador Giner, Alta, Ripalda y Guillem de Castro. Estaba fuera de las murallas, pero, por azar, con la ampliación del recinto de la ciudad en 1356 se quedó dentro. La Pobla de les fembres pecadrius (la Puebla de las hembras pecadoras) era muy visitada por los hombres.

El de Valencia era el mejor burdel de Europa. Estaba dentro de las murallas y tenía un riguroso sistema de control médico y de orden público. A principios del siglo XVI la mancebía de Valencia tenía los precios más altos de la Península Ibérica. Acostarse con una prostituta de Valencia era el doble de caro que en cualquier otra ciudad de las Españas. Las meretrices ganaban tanto dinero que se adornaban con las mejores sedas y causaban la envidia de las damas de la alta sociedad.

Al principio los eclesiásticos aceptaban la prostitución como un mal necesario. Pero con el tiempo se fue estrechando el cerco al burdel: se ofrecía a las hetairas que abandonaran su oficio para casarse o hacerse monjas, se cerraban las calles adyacentes, se ponían trabas a los clientes, se cerraban a las rameras durante las fiestas religiosas, etc. Finalmente la mancebía de Valencia se clausuró, como todas las demás de las Españas, durante el reinado de Carlos II, a finales del siglo XVII.

Cerrado el burdel, las últimas mujeres públicas fueron enviadas a la Casa de las repenides (Casa de las arrepentidas), que luego fue llamado Convento de San Gregorio, ubicado justo donde hoy se encuentra el Teatro Olympia de Valencia capital, en la calle San Vicente. Allí acabaron las últimas siete rameras oficiales de la ciudad cuya conversión a la vida monacal, realizada por un padre jesuita, se convirtió en leyenda urbana hasta el punto que se habló de ellas como de siete ángeles.

El oficio más viejo del mundo ha dejado su impronta incluso en los edificios de la ciudad. Una famosa gárgola de la Catedral de Valencia, cerca de la puerta románica, muestra a una mujer madura desnuda sujetándose los pechos con lujuria. Otra, de la Lonja, muestra con descaro su vagina desnuda señalando precisamente al sitio original donde se ubicaba aquel burdel. Hasta hay una calle en la capital del Turia (Calle de las Amorosas) dedicada a las señoritas de mala vida.

 

Fuentes consultadas:

– Aimeur, Carlos. La leyenda del gran burdel medieval de Valencia se convierte en ruta turística. Valencia Plaza. 21-3-2014.

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¿Sabías que la foto más antigua de la Península Ibérica se hizo en Valencia?

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La fotografía más antigua de la Península Ibérica se hizo en Valencia. El hallazgo es un retrato hecho en Valencia al maestro de la música valenciana Pasqual Pérez i Gascón, firmado por el fotógrafo, también valenciano, Pasqual Pérez Rodríguez. Se trata de una fotografía en papel a la sal a partir de un negativo de papel (calotipo) con medidas de 10,2 centímetros de altura por 7,6 centímetros de ancho.

Sobre ella hay una cuadrícula, lo que lleva a suponer que esta imagen fue utilizada para reproducirse en forma de dibujo o grabado, donde las cuadrículas servían de guía para su copiado. En el dorso de la imagen está la fecha 1848, escrita en cliché de papel. Además existen unos grabados de Pérez Gascón de comienzos de 1850, donde se ve su efigie, posiblemente sacada de esta misma fotografía.

Esta fotografía se expuso entre marzo y abril de 2015 en el Museo Universidad de Navarra en la exposición «El mundo al revés: el calotipo en España» y fue presentada como la primera fotografía que se conoce en España hasta la fecha, hecha en papel a partir de un negativo y que data del año 1848. Esta imagen ha sido cedida en depósito por el coleccionista valenciano, Joan Josep Díaz Prósper.

En la foto sale Pérez i Gascón, pedagogo, organista y compositor valenciano a la edad de 46 años, cuando era organista de la Catedral de Valencia y profesor de música en el Colegio Real de San Pablo de Valencia. Antes de este descubrimiento se pensaba que las fotografías más antiguas de la Península Ibérica eran del médico inglés Claudius Galen Wheelhouse, hechas en Sevilla y Cádiz el año 1849.

Fuentes consultadas:

EFE/Levante-EMV. La foto española más antigua, de origen valenciano. Levante-EMV. 11-3-2015.

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¿Sabías que hay dos olivos bimilenarios en el Reino de Valencia?

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Son los dos árboles más antiguos de todo el Reino de Valencia. Uno de ellos es conocido como L’Olivera Grossa (El Olivo Gordo, en castellano) y se encuentra en la Ermita de Sant Antoni, en el municipio de La Vila Joyosa. Tiene un perímetro basal de 9,35 metros y un diámetro basal de 2,98 metros. Su edad estimada es de entre 1400 y 2500 años. El otro es el Olivo Bimilenario de la localidad de Gorga, en las inmediaciones de la Sierra de Aitana-Serrella. Su porte no impresiona tanto como el del anterior pero en su enorme tronco hay una oquedad que se aprovechó para hacer una casa dentro del árbol y allí vivió por años una familia. Hoy sólo queda la puerta y las ventanas de esa vivienda y el hueco sirve de refugio para los pastores en las tormentas. Este ser vivo tiene 2000 años.

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¿Sabías que El Palleter le declaró la guerra a Napoleón?

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Mediante el Tratado de Fontainebleau firmado en 1807 entre el emperador francés Napoleón Bonaparte y Manuel Godoy, ministro del rey Carlos IV de España, se permitió que las tropas francesas entraran en España. En teoría para invadir Portugal, que se lo iban a repartir con España como si fuera un pastel. Una vez las tropas francesas estuvieron dentro, Godoy se percató de la estupidez que había cometido y se dio cuenta de que en realidad Francia había invadido España.

El 2 de mayo de 1808 estalló una sublevación popular en Madrid y el día 23 de mayo se produjo en Valencia capital. Aquel día una multitud se reunía en la Plaza de las Pasas (hoy Plaza de la Compañía). Allí varias veces a la semana llegaba el correo y la prensa desde Madrid, y se reunía la gente para leer en común la gaceta. La situación era muy tensa. Unos días antes algunos párrocos habían llamado al pueblo a resistir al invasor y se habían repartido pasquines por toda la ciudad.

Cuando llegó la prensa se leyó en voz alta, y tras saberse que el rey había abdicado en favor de José Bonaparte, todos los presentes callaron. Por minutos hubo silencio sepulcral. Al poco alguien gritó: «¡Viva Fernando VII! ¡Muera Napoleón!». Por las calles un estruendoso vocerío proclamaba exaltado la citada consigna. La situación llevó al Capitán General a llamar a la casa de la Audiencia (hoy Palacio de la Generalitat) a algunos notables de la ciudad y allí convocar Acuerdo.

El gentío se acumulaba en la puerta y, al ver que las autoridades no parecían dispuestas a declarar la guerra, el pueblo envió un representante. El elegido fue el franciscano padre Joan Rico i Vidal (Monòver, 1773-1847) . Al Acuerdo se le exigió que reclutara a filas a los hombres de 16 a 40 años, sacar la Real Señera (que suponía declarar la guerra), quemar el papel sellado por el mariscal francés Joachim Murat y firmar en nombre del legítimo rey de España, Fernando  VII.

Mientras dentro se mostraban indecisos, fuera entre la multitud, un huertano llamado Vicent Doménech El Palleter (Paiporta 1783-¿?) se desenrolló la faja encarnada que llevaba ceñida, la troceó y la repartió entre sus compañeros, y guardando el trozo más grande para sí mismo, lo puso en la punta de una caña; a ambos lados puso una estampa, por uno la Mare de Deu dels Desamparats (es decir, la Virgen de los Desamparados)  y por el otro, la efigie del rey Fernando VII.

Doménech enarboló su bandera en medio del clamor popular y fue a la Plaza del Mercado. La turba llegó a la casa donde se vendía el papel sellado y Vicent pidió que se lo entregaran todo y, tomando un pliego, se subió sobre una silla, lo rompió ante el gentío y clamó a viva voz: «¡Un pobre palleter li declara la guerra a Napoleó!  ¡Vixca Fernando VII i muiguen els traïdors!»  (¡Un pobre vendedor de paja le declara la guerra a Napoleón!  ¡Viva Fernando VII y mueran los traidores!»).

Tras la revuelta del pueblo valenciano contra la orden de Madrid de reconocer por rey de España a José Bonaparte,  y forzado por la iniciativa popular, tras varios intentos de emitir un comunicado que no molestara a los franceses, el Acuerdo declaró de facto la guerra a Napoleón el mismo 23 de mayo de 1808, proclamó en bando rey de España e Indias a Fernando VII, y el alistamiento. La ciudad de Valencia fue de las que más fieramente resistió contra el invasor francés.

Un pobre Palleter fue el primero en alzar la voz en Valencia contra la invasión de Napoleón, en el marco de la Guerra de Independencia Española (1808-1814). Según algunas fuentes, fue ajusticiado antes de acabar la guerra. Hoy el Palleter es un símbolo de insumisión del pueblo llano frente a los poderosos y las injusticias, y se emplea este término como sinónimo de líder o patriota valenciano que se alza contra invasores y traidores, como los colonos catalanistas de nuestros días.

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¿Sabías que en Xàtiva hay colgado un retrato de Felipe V boca abajo?

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La urbe valenciana de Xàtiva (La Costera) participó activamente en la Guerra de Sucesión (1701-1714), que acabó con la instauración de la Casa de Borbón en España. El Reino de Valencia apoyó al pretendiente de la Casa de los Austria, el archiduque Carlos de Austria, frente a su rival, Felipe V de Borbón, hecho que provocó que éste útimo ordenara en 1707 la abolición de nuestros Fueros «por justo derecho de conquista» (lo que supuso el fin de Valencia como un reino independiente) y que comportó una durísima represión, espolio y castellanización contra el pueblo valenciano. Xàtiva fue una de las ciudades que más activamente defendió al candidato austracista, a la postre perdedor de la contienda sucesoria. Como represalia, en 1707 Felipe V de Borbón ordenó, entre otras muchas medidas represoras, incendiar y destruir Xàtiva así como expulsar a sus habitantes de la ciudad.

Las tropas borbónicas, comandadas por Claude Lasier, degollaron sin piedad, cortaron cabezas y abrieron en canal a los setabenses, niños, ancianos, mujeres y hombres. Acto seguido, le prendieron fuego a la ciudad con sus supervivientes. Se dice que Xàtiva ardió completamente durante 8 días (de ahí el apelativo de socarrats (chamuscados) que se da popularmente a los setabenses). La ciudad pasó de 12.000 habitantes en 1707 a sólo 400 al año siguiente (y tardó casi 80 años en volver a su anterior nivel demográfico). Para colmo Xàtiva fue rebautizada como Colonia Nueva de San Phelipe, en honor al autor de la masacre. Xàtiva cambio su nombre y no lo recuperó hasta que las Cortes de Cádiz lo restituyeron en 1811 en su forma castellanizada (Játiva). Volvió a cambiarse oficialmente a su forma valenciana por un decreto del Consell de 7 de enero de 1980.

Felipe V es un personaje de infausto recuerdo para los setabenses. Por eso hoy, en el Museu de l’Almodí (Museo del Almudín) de Xàtiva, hay un retrato de Felipe V pintado por Josep Amorós que está colgado boca abajo, como justo desaire a aquel monarca. Según las investigaciones del historiador Germán Ramírez, la idea de ponerlo boca abajo data de entre 1956 y 1957 y fue iniciativa de Carles Sarthou, cronista oficial de Xàtiva. Pero más allá de estas versiones, hay otras: que fue el primer director del museo desde su creación en 1919, Josep Carchano, quien tuvo la idea aunque no la llevó a cabo pues falleció en 1937; que en 1940 ó 1943 se le dio la vuelta al cuadro por orden de Sarthou, dato que no cuenta con testimonio alguno.  Sea como sea, los setabenses están encantadísimos con el retrato de Felipe V boca abajo, un antirrey al que le guardan un rencor eterno.

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¿Sabías que la jota es un baile valenciano?

La jota es el baile más conocido del Reino de Aragón, pero ¿podría esta danza tener un origen valenciano? Cuenta una leyenda que un árabe valenciano llamado Aben-Jot había inventado un canto y baile de carácter profano, con el que enardecía al pueblo. Esto provocó las iras del rey de Valencia Muley Tarik, que decretó contra él la expulsión del Reino de Valencia. Este árabe se refugió en Calatayud (Aragón), y fue aquí donde se popularizó este estilo de canción y baile. Los habitantes de Calatayud lo bautizaron jota, en honor a su creador, el árabe Aben-Jot.

Los orígenes de esta leyenda son dudosos y la documentación encontrada, falsa. Además, los investigadores confirman que todo esto es mentira porque el vocablo «Jot» en árabe clásico no existe, ni como nombre ni tampoco como apellido. Y «Aben» en árabe significa hijo o descendiente, al igual que en bereber «Beni» es hijo y «Bena» es hermano. De igual modo  la inmensa mayoría de investigadores del tema está de acuerdo en que la etimología del nombre tampoco está clara. Que de jot derive jota no tiene sentido ni tampoco se puede tomar con bases científicas serias.

La leyenda es falsa pero aun así todo apunta al origen valenciano de la jota. Gracias a la documentación encontrada, la mayoría de investigadores afirma que el nombre «Jota» proviene del antiguo «Xatha» (pronunciado Xhota o Xota, palabra proveniente del valenciano antiguo «Xotar» («botar» o «saltar,” voz propia de los mozárabes «sáwta», provenientes del romance valenciano de los moriscos y mozárabes valencianos y que existe también en el dialecto hispano marroquí y en el argelino con el significado de “baile” o “danza” acorde con la música.

Existen documentos escritos que hablan de la jota como baile muy generalizado en el Reino de Valencia en los siglos XIV, XV, XVI, XVII y primera mitad del siglo XVIII (no se ha encontrado ningún documento anterior que hable de la jota ni en Aragón ni en el conjunto de España y la jota aragonesa aparece a finales del siglo XVIII). Destaca un cuadro pintado de la inauguración del Palacio Real, Al-Munia en árabe, que fue construido en 1009 por el rey de Balansiya Abd-Al-Aziz . Para el arabista Henri Péres en el cuadro se ve a hombres y mujeres bailando una jota.

Si la jota nació en Valencia es lógico pensar que los jornaleros de Requena, Utiel y sus comarcas, que bajaban a la Ribera del Júcar a la siega del arroz a finales de septiembre y a la comarca de Lliria y las tierras del Turia a la siega de la alfalfa, del cereal y la cebolla, a su regreso comentaran maravillados el baile que habían visto y que se llamaba jota. Esta danza se extendió por Requena, Utiel y sus comarcas, y seguramente estos mismos jornaleros fueron los que empezaron a transmitirla cuando subían a la siega del cereal a los Reinos de Aragón y de Navarra.

Actualmente la jota se baila en Valencia, la Mancha, Castilla, León, Navarra, la Rioja, Cantabria, Asturias, Galicia, Extremadura, Andalucía, Murcia, Cataluña, Canarias, Filipinas…   Y por supuesto en Aragón, donde ha alcanzado su máximo grado de esplendor y popularidad.  Pero investigadores como Galán Bergua, Antonio Beltrán Martínez, José Ruiz de Lihorg, Barón de Álcahalí, entre otros, afirman rotundamente y sin duda alguna, que la jota nace en las tierras del Reino de Valencia, en el corazón y las entrañas mismas de nuestro bienamado pueblo.

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¿Sabías que cuando Ausias March decía «oh folla amor» no se refería a lo que tú estás pensando ahora mismo?

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El poeta valenciano Ausias March (Gandia, 1397-Valencia, 1459) tuvo una agitada vida amorosa. Él se sentía dividido entre el amor espiritual hacia Dios y el amor carnal. En 1439 se casó con Isabel Martorell, hermana del escritor Joanot Martorell, pero a los dos años su esposa falleció. En 1443 se casó en segundas nupcias con Joana Escorna, quien falleció tras once años de matrimonio. March, no obstante, fue un mujeriego empedernido. Se cree que tuvo cinco hijos, mas todos ellos bastardos y ninguno legítimo. Probablemente la mujer de su vida fue su amante Teresa Bou, a quien dedicó muchos de sus cantos de amor.

Los cantos de amor son un conjunto de poemas de temática amorosa inspirada por mujeres a las que amó Ausias March. Él fue el mejor poeta del mundo en el siglo XV, el gran renovador literario europeo de su tiempo y de la vieja poesía trovadoresca sólo mantuvo la costumbre de dedicar sus obras a una dama, a la que se refiere mediante una «señal» para ocultar su nombre. Podemos dividir estos cantos en cinco señales que representan cinco etapas de la vida del autor: Plena de seny (Llena de sentido común), Llir entre cards (Lirio entre cardos), Mon darrer be (Mi último bien), Amor, amor (Amor, amor) y finalmente Oh folla amor.

Puede que alguna mente calenturienta esté pensando ahora mismo en una traducción literal al castellano pero Oh folla amor significa Oh loco amor. Esto se debe a que en el valenciano medieval los términos abstractos acabados en -or como por ejemplo tendror, llejor, blancor, foscor, tristor… (ternura, fealdad, blancura, oscuridad, tristeza…) eran de género femenino (y lo siguen siendo). Por entonces la palabra amor era femenina en lengua valenciana (pero actualmente es masculina) por lo que se le aplicaba el adjetivo  folla, que significa loca. Así, mi querido malpensado, que sepas que la traducción más literal sería «Oh loca amor» (sic).

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