Botsuana: un diamante en bruto.

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Enclavada en el sur de África se encuentra la República de Botsuana, un estado sin salida al mar del tamaño de la Península Ibérica con apenas dos millones de habitantes. El 70% de su territorio se encuentra cubierto por las arenas del desierto del Kalahari. El país debe su nombre a los batsuana, una etnia de origen bantú.

Los batsuana tienen un gran sentido de identidad nacional. Lograron evitar los peores trances del colonialismo y arrancaron la promesa a los británicos -junto a Lesotho y Suazilandia- de que no serían absorbidos por Suráfrica. Pese a todo invierten bastante dinero en defensa porque saben que un país armado es un país respetado.

El viejo protectorado de Bechuanalandia (actual Botsuana) era uno de los países más pobres del planeta cuando se independizó del Reino Unido en 1966, con unos 70 dólares de renta per cápita. Pero bajo sus cálidas dunas de arena se escondía la mayor mina de diamantes del orbe. La economía creció un 9% anual de 1966 a 1999.

Botsuana funciona razonablemente bien para el contexto africano. Al crecimiento económico se le ha sumado una política fiscal prudente, la inversión en educación y sanidad y la estabilidad política (es el único país del continente que no ha tenido golpes de estado). Pese a ello persiste una alta tasa de desigualdad, pobreza, paro y Sida.

Pero no es diamante todo lo que reluce. Muchos nativos san o bosquimanos sufren la presión del Estado, que trata de desalojarlos de sus tierras y hasta de privarlos de agua potable -pese a la ilegalidad de estas medidas, según los tribunales- para extraer las joyas de sus tierras y emplearlas para hacer safaris para los turistas ricos.

Los idiomas oficiales del estado son el inglés y setsuana y el 70% de la población profesa el cristianismo. Los bosuaneses tienen una gran confianza en su gobierno y país (cosa rara en el África postcolonial) y miran con optimismo hacia el futuro sabedores de que en el fondo son una de las mejores naciones del Continente Negro.

Joijoi: entrando en la modernidad.

Los joijoi son un pequeño pueblo nómada que habita el África del sudoeste desde el siglo V. Vive fundamentalmente en Botsuana y Namibia. Joijoi sinifica “los hombres de los hombres”, aunque son más conocidos como hotentotes, término peyorativo puesto por los holandeses que significa “tartamudos” y que ha caído en desuso.

Estos aborígenes están estrechamente relacionados con los san o bosquimanos. Ambos pueblos son ramas de un mismo árbol étnico. Tanto los joi como los san hablan lenguas joisanas, que se caracterizan por hacer extraños chasquidos con la lengua. Se usa la denominación “joisán” para referirse conjuntamente a todos ellos.

En la antigüedad, los joi y los san controlaron casi toda el África Austral. Pero los colonos europeos y los pueblos bantúes los despojaron de sus tierras y los redujeron a la esclavitud. En 1908 los alemanes mataron 10.000 nama (una tribu joi) por levantarse contra el dominio colonial. Fue el primer genocidio del siglo XX.

Como los san, los joijoi son de baja estatura (promedio de 1,50 m), poseen piel oscura y grandes párpados para protegerse de la luz y vello sólo en la cabeza. Tienen una piel arrugada que refleja el calor en mayor proporción que otros pueblos. Las mujeres almacenan mucha grasa en las nalgas para épocas de escasez.

Tracionalmente la joi ha sido una sociedad de clanes, con un jefe y concejales electos en sufragio universal masculino. Al casarte, debías hacerlo con alguien de otro clan, lo que favorecía las alianzas. Era una sociedad muy jerárquica, donde los ricos tenían muchas cabezas de ganado, lo cual les dotaba de gran riqueza y prestigio.

Pero ahora estos nativos están entrando en la modernidad poco a poco. Aún hay muchos que son pastores nómadas, pero la mayoría hoy es granjera y obrera. Aunque siguen siendo animistas, en Namibia muchos se convirtieron al islam. Tienen una gran colección de historias folclóricas, muchas parecidas a las de los bantúes.


Bosquimanos: en peligro de extinción.

Los san o bosquimanos son el pueblo indígena por excelencia del sur de África. Se trata de 100.000 personas repartidas entre Botsuana y Namibia principalmente, y en Angola, Sudáfrica, Zambia y Zimbabue en menor medida. Son nómadas que habitan en el desierto del Kalahari y que viven de recoger frutos y sobre todo de la caza.

Es un conjunto de etnias de religión animista que tiene en común las lenguas khoe, caracterizadas por hacer extraños chasquidos con la lengua. Podría tratarse de la raza más antigua del mundo, ya que algunos genetistas sostienen que los primeros humanos que colonizaron África y el resto del orbe descenderían de ellos.

Al ser nómadas todos dependen de todos y todos cuidan de sí. A veces sacrifican a los recién nacidos que no pueden sobrevivir a los duros desplazamientos. Los ancianos son muy respetados, los matrimonios suelen ser monógamos y la mujer es tenida en cuenta bastante más que en otras sociedades aborígenes de su entorno.

A comienzos de los 80, se descubrieron diamantes en la reserva bosquimana y  en 1997, 2002 y 2005 el gobierno de Botsuana perpetró tres grandes desalojos de nativos mediante amenazas, engaños y llevándoselos en camiones. Sus hogares fueron desmantelados, se cerró la escuela, el centro de salud y el suministro de agua.

A pesar de que los tribunales declararon ilegales tanto las expulsiones como la negación del uso del pozo que necesitan para beber, el gobierno hace lo imposible por negarles el agua. La idea es que estas tierras sean explotadas por los buscadores de diamantes y disfrutadas por turistas ricos en costosos safaris de lujo.

Los bosquimanos fueron esclavos de los batsuana y los bantúes antes de ser esclavos de los ingleses, holandeses y alemanes y antes de ser expulsados y confinados en la reserva. Y ahora también los quieren echar de allí.  Es el llanto amargo de un pueblo que se sabe en peligro de extinción. Tiene motivos para llorar.

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