Joijoi: entrando en la modernidad.

Los joijoi son un pequeño pueblo nómada que habita el África del sudoeste desde el siglo V. Vive fundamentalmente en Botsuana y Namibia. Joijoi sinifica «los hombres de los hombres», aunque son más conocidos como hotentotes, término peyorativo puesto por los holandeses que significa «tartamudos» y que ha caído en desuso.

Estos aborígenes están estrechamente relacionados con los san o bosquimanos. Ambos pueblos son ramas de un mismo árbol étnico. Tanto los joi como los san hablan lenguas joisanas, que se caracterizan por hacer extraños chasquidos con la lengua. Se usa la denominación «joisán» para referirse conjuntamente a todos ellos.

En la antigüedad, los joi y los san controlaron casi toda el África Austral. Pero los colonos europeos y los pueblos bantúes los despojaron de sus tierras y los redujeron a la esclavitud. En 1908 los alemanes mataron 10.000 nama (una tribu joi) por levantarse contra el dominio colonial. Fue el primer genocidio del siglo XX.

Como los san, los joijoi son de baja estatura (promedio de 1,50 m), poseen piel oscura y grandes párpados para protegerse de la luz y vello sólo en la cabeza. Tienen una piel arrugada que refleja el calor en mayor proporción que otros pueblos. Las mujeres almacenan mucha grasa en las nalgas para épocas de escasez.

Tracionalmente la joi ha sido una sociedad de clanes, con un jefe y concejales electos en sufragio universal masculino. Al casarte, debías hacerlo con alguien de otro clan, lo que favorecía las alianzas. Era una sociedad muy jerárquica, donde los ricos tenían muchas cabezas de ganado, lo cual les dotaba de gran riqueza y prestigio.

Pero ahora estos nativos están entrando en la modernidad poco a poco. Aún hay muchos que son pastores nómadas, pero la mayoría hoy es granjera y obrera. Aunque siguen siendo animistas, en Namibia muchos se convirtieron al islam. Tienen una gran colección de historias folclóricas, muchas parecidas a las de los bantúes.


Libia: el desplome del estado-jaima.

Libia es un estado casi seis veces más grande que Italia, pero cuenta con poco más de seis millones de almas. El desierto del Sáhara cubre la totalidad del territorio, a excepción de una estrecha franja litoral. Bajo su inmenso paisaje de arena, hay un aún mayor océano de petróleo y gas que supone el 95% de las exportaciones del país.

Italia invadió Libia en 1912, pese a que entonces no se conocían sus recursos. Tras la derrota italiana en la Segunda Guerra Mundial, Libia se independizó en 1951. Idris I, el único monarca de toda su historia, reinó de 1951 hasta 1969, año en que el coronel Muammar al-Gadafi perpetró un golpe de estado y subió al poder.

Como buen socialista, Gadafi invirtió ingentes cantidades de dinero en sanidad y educación, lo que catapultó a Libia a ser el estado africano líder en renta per cápita y en desarrollo humano. El dinero del petróleo sirvió para crear un cierto estado del bienestar, donde los libios vivían con una relativa comodidad pero sin  libertad.

Pero no es oro todo lo que reluce: un tercio de la población vive bajo el umbral de la pobreza. Todo allí es muy medieval; los lugares son primitivos. Libia carece de una sociedad civil pujante como la tunecina. No hay instituciones sociales ni personalidades reconocidas. Es una sociedad muy atávica, tribal, del África profunda.

Tampoco es una nación propiamente dicha como Egipto… de hecho, el artificial estado libio es una tribucracia, una coalición de veinte tribus beduinas que compiten entre sí desde el principio de los tiempos. El árabe, el bereber, el islam y sobre todo la mano de hierro del tirano Gadafi las ha mantenido unidas hasta ahora.

La fragancia del jazmín revolucionario de Túnez sigue tumbando dictadores. Desde febrero de 2011 el país se encuentra inmerso en una guerra civil entre los rebeldes libios (apoyados por la OTAN) y Gadafi, a quien pretenden derrocar. La jaima beduina que se monta y desmonta es la mejor metáfora del fallido estado libio.

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