Pueblo: la armonía de la aldea.

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Los indios pueblo son una veintena de etnias amerindias de Nuevo México y Arizona, entre las que destacan los taos, acoma, zuni y hopi. Descienden de los hokoam, anasazi y mogollón y su región ha pertenecido a España, México y desde 1848 a los Estados Unidos. Su economía está basada en la agricultura, cerámica y comercio.

No eran una tribu sino que la unidad básica era la aldea -edificada sobre una plataforma alta para defenderla- con sus sacerdotes y jefes. Su nombre se lo pusieron los colonos españoles en el siglo XVI porque vivían en poblados con casas sólidas y compactas con paredes hechas de piedra y adobe (muy valoradas hoy).

Al haber numerosas subdivisiones dentro de los indios pueblo encontramos desde tribus matrilineales exogámicas a clanes patrilineales endogámicos. Al este de Río Grande la agricultura era de regadío y al oeste de secano. Incluso existen decenas de lenguas y dialectos pueblos no siempre inteligibles, y procedentes de distintas raíces.

La Revuelta Pueblo de 1680 supuso la derrota de los colonos españoles y su expulsión por doce años. En la actualidad estos nativos son mayoritariamente católicos -por la influencia española- pero mezclan esta religión con su animismo tradicional que adora los espíritus de la naturaleza y busca la armonía en el mundo.

El maíz desempeñaba un papel muy importante en su cultura, ya que se le consideraba sagrado y en ocasiones se utilizaba como elemento para hacer plegarias y oraciones. De algún modo representaba una tierra que fructifica a pesar de la pertinaz sequía de un desierto tan árido y polvoriento como Nuevo México.

La aldea pueblo más antigua es Acoma: 1000 años de historia ininterrumpida. Hoy residen tanto en viviendas modernas como antiguas, son ciudadanos americanos y conservan su cultura pero tienen fricciones con los navajo, que les invadieron en el pasado. Los indios pueblo encarnan la vida feliz y sencilla de la aldea.

Tarahumara: el pueblo de las montañas.

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Los tarahuamara son una nación amerindia de México, una de las más importantes del país. Residen en las montañas, en cuevas de peñascos escarpados y en chabolas. No se han visto afectados por el mundo exterior hasta hace poco. Hay unos 120.000 de ellos, con lengua y cultura propias pero en situación de pobreza.

Vivían de cultivar maíz en los valles montañosos y de comer plantas silvestres en invierno. Los colonos españoles les atacaron en el siglo XVI y se replegaron a las montañas. Un siglo después la sierra tarahumara estaba tomada, los misioneros jesuitas establecidos y una gran avalancha de mineros llegaba para explotar la región.

Estos nativos americanos se levantaron en armas en 1646 pero los españoles, con el apoyo de otros grupos amerindios cristianizados, los derrotaron. En 1684 y 1697 otra vez lo intentaron para ser vencidos nuevamente por el hombre blanco. En el siglo XIX los estados de Chihuahua y Sonora expropiaron buena parte de sus tierras.

Hoy viven aislados en pequeñas comunidades alejadas entre ellas, y sólo se reúnen para fiestas o trabajos comunes. Cuando hace calor viven en cabañas y con las nieves se refugian en las cuevas. Las comunidades tienen un gobernador que hace de juez y mediador, entre otros. Mezclan el catolicismo con su fe animista de siempre.

En cuanto a la familia, una joven tarahumara nunca se muestra desnuda después de los 6 años de edad, hasta el punto de hacer el amor con su marido vestida. Los matrimonios son monógamos aunque aún se dan muchos casos de poliginia. Nunca regañan a sus hijos y les  confieren pequeñas responsabilidades desde bien niños.

Estos nativos tienen grandes condiciones atléticas. Correr es su talento. A veces corren tras una bola de madera que lanzan con el pie, tras colocarla con un bastón. Pueden correr días y noches sin parar por cualquier terreno y superando cualquier traba. Y es que se hacen llamar «rarámuri» que significa «los de los pies ligeros».

Nazca: el enigma de los geoglifos.

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Nazca es una antigua cultura amerindia que existió al sur de la actual Lima, Perú, entre los años 100 y 800 aproximadamente. En su época de esplendor llegó hasta Pisco por el norte, Arequipa por el sur y Ayachucho por el este. Era una nación militarista que daba importancia a la guerra y heredera de una etnia anterior: los paracas.

Los nazcas eran un pueblo sedentario que vivía de la agricultura, la pesca, la ganadería, la artesanía, la cerámica y el comercio. Se trataba de una teocracia donde los sacerdotes gobernaban y todo giraba en torno a la religión. A diferencia de otras naciones de la época no existía un líder tiránico ni clases sociales distintas.

Era una cultura fúnebre con grandes necrópolis funerarias, viviendas semisubterráneas y templos piramidales. Los muertos eran enterrados en posición fetal envueltos en una tela. Creían en el más allá y realizaban sacrificios humanos. En ocasiones extraían el cerebro del cráneo y utilizaban las cabezas a modo de trofeo.

Los nazca construían poblados con viviendas y muros de adobe y confeccionaban excelentes tejidos. Eran famosos por su fina cerámica, ornamentada con motivos vegetales, animales y humanos de difícil interpretación . También trabajaron el metal y hasta conocían técnicas como la fundición, el labrado, el repujado o la incisión.

Pero si por algo es mundialmente conocida esta extinta nación es por los geoglifos de Nazca. Se trata de líneas formadas con pequeñas piedras que forman figuras geométricas o dibujos de aves, insectos, peces y vegetales de 50 km de largo por 15 de ancho y que sólo pueden ser apreciadas en su totalidad desde una perspectiva aérea.

Estas líneas se han conservado más de dos milenios gracias al clima seco de la región y constituyen un misterio para la arqueología mundial. Podría ser un calendario agrícola, estar relacionadas con las estrellas o incluso con los aliens… Teorías las hay para todos los gustos pero la respuesta todavía sigue siendo un enigma.

Toltecas: una nación de constructores y guerreros.

Toltecas

Los toltecas fueron una gran civilización -hoy desaparecida- de Mesoamérica. Ellos emigraron del norte del actual México en torno al 700 DC y establecieron una ciudad-estado militar en Tula en el siglo X DC. Se trataba de una nación pretoriana con un gran poderío militar que empleó para sojuzgar a los pueblos vecinos.

Tenían una refinada cultura y dominaban la fundición del metal, el trabajo de la piedra, la destilación y la astronomía, pero al ser una sociedad belicosa orientada más a la guerra que a la paz estaban más interesados en la función de una herramienta que en su forma o estética, así que confeccionaron pocos objetos de lujo.

También la arquitectura y escultura toltecas buscaban más una finalidad práctica que estética. Construyeron colosales guerreros de piedra -de casi cinco metros de alto y varias toneladas de peso- que pretendían inspirar temor. Y es que tolteca significa «maestro constructor» en nahuatl, idioma que compartían con los aztecas.

Compartían con ellos bastantes aspectos culturales y religiosos, como la adoración a Quetzalcoatl. Según una leyenda este dios y sus seguidores -forzados por el dios tolteca Tezcatlipoca- abandonaron Tula en torno al 1000 y se instalaron en la sureña ciudad maya de Chichén Itzá, desarrollándola y convirtiéndola en su capital.

En siglo XII esta civilización amerindia afrontaba su ocaso más doloroso cuando los chichimecas y otros pueblos saquearon Tula. Los toltecas del sur fueron absorbidos por los mayas, a los que habían conquistado anteriormente. El siglo XIII supuso el fin de la decadente potencia tolteca y el ascenso del Imperio Azteca.

En la actualidad en México hay algunas comunidades de neotoltecas que siguen la filosofía de vida de sus ancestros y que creen que los antiguos mesoamericanos tenían una cultura común llamada Toltecayotl. Los neotoltecas buscan un estilo de vida que respete la naturaleza y los animales para recuperar la armonía de antaño.

Zapotecas: la gente de las nubes.

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El pueblo zapoteco fue una de las civilizaciones más brillantes de Mesoamérica. Habitó fundamentalmente en lo que hoy conocemos como Oaxaca (México) y parte de Guerrero, Puebla y el Istmo de Tehuantepec. Aún queda un millón de indígenas zapotecas en México, con lengua y cultura propia, pero malviven la miseria.

Zapoteca significa «pueblo del Zapote». No existe ninguna leyenda concreta acerca del origen y migración de este pueblo. Ellos pensaban que habían nacido directamente en las nubes, y que eran hijos legítimos de los dioses. Por eso se llamaban a sí mismos «ben’ zaa» o «vinizá» que quiere decir «la gente de las nubes».

Su rastro se remonta a hace 2500 años y se desarrollaron fundamentalmente entre 500 AC y 1000 DC. Hacia el 1200 DC ya era una sociedad completamente decadente que apenas podía contener el empuje de mixtecas y aztecas. Finalmente, la llegada de los españoles supuso la puntilla a una civilización moribunda.

Los zapotecas eran sedentarios y vivían de la agricultura. Tenían un panteón de divinidades con Cocijo, dios de la lluvia, a la cabeza. Los sacerdotes tenían gran poder y en ocasiones hacían sacrificios humanos. Estos nativos adoraban a sus antepasados, creían en un paraíso en el más allá y practicaban el culto a los muertos.

Era una sociedad muy desarrollada en arte, arquitectura, astrología y calendarios. Fue el primer pueblo centroamericano -junto con los mayas- en disponer de un sistema de escritura (jeroglíficos). Se asemejaban a olmecas, mayas y toltecas y están considerados la segunda civilización madre de Mesoamérica tras los olmecas.

Monte Albán fue su centro neurálgico, allí se han encontrado grandes templos, tumbas funerarias, orfebrería y estadios para el juego de pelota, entre otros. El idioma zapoteco es una macrolengua, esto es, un conglomerado de muchos idiomas, hablado aún hoy por 800.000 personas en los Estados Unidos de México.

Olmecas: la civilización madre de Mesoamérica.

Olmecas

Los olmecas son la civilización más antigua de Mesoamérica. Habitaron hace miles de años en las regiones pantanosas de las riberas de los actuales estados mexicanos de Veracruz y Tabasco. Su territorio creció hacia las zonas de Anáhuac, Oaxaca y Guerrero e influenciaron a las culturas posteriores de América Central.

Su historia se divide en tres etapas. En el periodo olmeca I (1500-1200 AC) vivían de la agricultura, la caza y la recolección. En el II (1200-400 AC) construyeron centros de la relevancia de San Lorenzo primero y La Venta después. El tercero (400-100 AC) se caracteriza por un constante declive y por el auge de aztecas y mayas.

Los olmecas fueron los primeros americanos en utilizar la piedra para la escultura y en plasmar trazos curvilíneos y realistas frente a los rectilíneos de la época. Hicieron no sólo pequeñas estatuillas de jade sino también esculturas de colosales cabezas masculinas de hasta casi cuatro metros de altura y de varias toneladas de peso.

En la cerámica destacan sus vasos a menudo decorados con la efigie del niño jaguar o con otros ornamentos. Se trataba de una sociedad muy desarrollada para su época que requería de excelentes artesanos que trabajaran a tiempo completo con su arte. La sociedad se dividía en tres estratos: nobles, sacerdotes y gentes del campo.

La religión era politeísta y asentó las bases comunes para otras civilizaciones posteriores. Adoraban como a dioses a los elementos de la naturaleza y a algunos animales, en especial el jaguar. Los gobernantes locales eran considerados como descendientes de divinidades y de este modo perpetuaban un régimen desigual e injusto.

Pese a desaparecer a principios de la era cristiana, los olmecas son considerados la civilización madre de América Central. De hecho, su sistema de escritura fue el precursor de los jeroglíficos mayas y posiblemente también su calendario. Esta extinta nación fijó los cimientos que influyeron en las culturas de los siguientes siglos.

Incas: el más grande imperio precolombino.

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Los incas se instalaron en la que sería su capital, Cuzco, en torno al año 1100. Recogieron muchas costumbres de otros pueblos andinos, como los toltecas, y construyeron un gran imperio que iba desde los actuales Ecuador a Chile. Estaba dividido en cuatro grandes regiones (Chinchansuyo, Cuntinsuyo, Antisuyo y Collasuyo).

Entre las expresiones artísticas más impresionantes de la civilización inca se hallan los templos, los palacios y otros tesoros arquitectónicos como Machu Picchu o el Templo del Sol. Cabe destacar también la construcción de larguísimos puentes colgantes hechos a base de sogas, además de canales de regadío y acueductos.

La vida social orbitaba en torno al parentesco. Los parientes (ayllu) tenían la obligación de ayudarse en las labores diarias y trabajar juntos por el bien común. No había dinero así que usaban el trueque. El pueblo pagaba tributos a su señor -el Inca- con su tiempo de trabajo y existía una seguridad social para enfermos y viudas.

Tenían una religión politeísta, con Viracocha como dios principal, y existían los sacrificios animales y humanos para granjearse el favor de las deidades. El propio Inca era adorado como un dios viviente y por debajo de él se encontraban los nobles, los jefes locales y los campesinos. Destacaban en agricultura, orfebrería y textil.

La muerte del monarca Huayna Cápac en 1525, antes de que pudiera designar sucesor, provocó la división del imperio. Sus dos hijos, los hermanastros Huáscar y Atahualpa, aspiraban al trono. El conquistador español Francisco Pizarro aprovechó esta crisis de gobernabilidad y acabó con el último Inca, Atahualpa, en 1532.

Una vez descabezada la corona, poco pudo hacer el decadente Imperio Inca para impedir su destrucción a manos de los colonos españoles. Los incas ya no existen pero su tremebundo legado cultural todavía hoy perdura y nos recuerda que fueron una de las civilizaciones más sobresalientes de toda la historia de la humanidad.

 

Aztecas: el gran imperio centroamericano.

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Las leyendas mexicas vaticinaban que este pueblo fundaría una gran civilización en una región pantanosa, en el lugar exacto donde vieran un cactus que creciera de una roca y, sobre él, un águila devorando a una serpiente. En 1.325 se cumplió y los aztecas fundaron Tenochtitlán, sobre la cual se edificaría más tarde México DF.

Los aztecas (1.325-1.521) crearon un imperio que se extendió desde los actuales México a Guatemala gracias las alianzas militares de varios pueblos. En el siglo XV era una confederación conformada la triple alianza de Tenochtilán, Texcoco y Tlacopan. Pero menos de cien años después todo el poder estaba en manos del primero.

En 1.520, con el rey Moctezuma II, 38 pueblos pagaban tributo al imperio, pero otros, como los tlaxcaltecas se unieron al conquistador español Hernán Cortés para derrocarle. Moctezuma confundió a Cortés con el dios Quetzacóatl y lo colmó de suntuosos regalos. Un año después Cortés destruyó el imperio desde dentro.

La sociedad se componía de nobles, plebeyos y esclavos. Tenían una religión politeísta y se practicaban sacrificios humanos y animales. Su escritura era pictográfica y tenían un calendario de 18 meses de 20 días con cinco días sueltos considerados aciagos. La educación fortalecía el espíritu de los aztecas desde niños.

Un varón podía casarse con una sola mujer pero podía tener tantas concubinas como pudiese mantener. El divorcio era permitido con una sentencia judicial. Su lengua era el nahuatl y tenían un deporte, la pelota tlachtli, en la que había que hacer pasar una pelota de hule por un anillo macizo colocado en lo alto de la pared.

El Imperio Azteca fue una de las más brillantes civilizaciones de la historia y nos ha dejado como legado impresionantes pirámides y tesoros arquitectónicos. Un pueblo, o mejor, una confederación de muchos pueblos con los mexica a la cabeza, que acabaría desapareciendo para siempre con la llegada del hombre blanco.

Arapahoe: los comerciantes de las praderas.

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Los arapahoe son una nación amerindia históricamente asentada en un principio en el actual estado de Minessota y con posterioridad en el este de las Grandes Praderas de Norteamérica, concretamente en las zonas de Colorado y Wyoming. A día de hoy unos 5000 nativos de esta etnia residen en los Estados Unidos de América.

Su nombre significa «comerciantes» -trataban con pieles de animales- o «gente con muchos tatuajes» según las versiones. Ellos se llamaban a sí mismos «inva in» que significa «nuestro pueblo».  Establecieron una alianza permanente con los cheyenne, pero a diferencia de éstos,  resultaron ser amistosos con el hombre blanco.

Lucharon junto con los cheyennes contra otras tribus rivales (dakotas, kiowas y comanches,  shoshones, utes y pawnes). Después se aliaron con los cheyennes y los sioux en las guerras contra los blancos hasta su derrota en 1.867 y posterior exilio a Oklahoma. La Masacre de Sand Creek (1.864) es de aciago recuerdo para ellos.

Tenían una vida nómada; emigraban a menudo, siempre tras los bisontes, y vivían en tipis. Podían desmontar un poblado entero en sólo una hora. Su arte y rituales religiosos, como la danza del sol, eran de los más avanzados de las Grandes Llanuras. Tenían mucha fe en los espíritus de la naturaleza e incluso tenían profetas.

Todavía hoy conservan sus raíces: muchos viven en reservas -una en Wyoming y otra en Oklahoma- y algunos hablan el idioma arapahoe. Le dan mucha importancia a la vida familiar y es muy frecuente ver a los padres jugando con los niños y compartiendo tiempo de calidad con ellos. También cazan y pescan juntos.

Pero como ocurre con las demás tribus amerindias, este pueblo aborigen se ha occidentalizado mucho en los últimos tiempos. La mayoría habla inglés y profesa el cristianismo y en cuanto a la economía la principal fuente de ingresos es los casinos. Es el difícil equilibrio entre la tradición secular y el moderno estilo de vida americano.

Cherokee: la integración de un pueblo.

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Los cherokee vivían en comunidades pequeñas cerca de los ríos, en aldeas con casas de madera y su lengua era el iroqués.  Cada tribu tenía dos jefes, uno para la paz y otro para la guerra, aunque las decisiones se tomaban de forma democrática. Vivían en el sureste americano, en una región del tamaño de Andalucía.

Era una sociedad matrilineal, y el parentesco se tomaba de la familia de la madre. Únicamente se permitía el matrimonio entre miembros de distintos clanes. Era una nación pacífica que tan sólo empezó a tener conflictos con la llegada de los hombres blancos, con los españoles primero (año 1.540) y con Estados Unidos después.

Ésta siempre fue la más prooccidental de todas las naciones amerindias. No vivían en tipis ni arrancaban cabelleras. En el siglo XVIII eran una democracia y hasta tenían constitución y leyes propias. En esta época el jefe Sequoyah inventó un sistema de escritura para el idioma cherokee y hasta se llegó a publicar un períodico.

Pero con la fiebre del oro, Washington les robó sus tierras. Se les sacó de Georgia para reasentarlos en Oklahoma y Arkansas. De 1.831 a 1.838 17.000 nativos fueron forzados a andar un éxodo de 1.200 km. 4.000 de ellos murieron por el camino. Aquello fue su «Sendero de lágrimas». Una minoría fue a Carolina del Norte.

Esta última se ha hecho rica, gracias a que su territorio fue declarado Parque Nacional de las Montañas Great Smokies y esto genera mucho turismo. En Oklahoma está la Nación Cherokee, donde reside el grueso de los 320.000 nativos (la nación amerindia más grande del país), integrados en el estilo de vida americano.

Mientras que la mayoría de nativos americanos vive confinada en reservas presa del alcoholismo, la desesperación y el desempleo, los cherokee montan negocios y estudian en la Universidad. Han sabido adaptarse a la modernidad sin abjurar de sus raíces y tradiciones. El futuro es halagüeño. Tienen motivos de sobra para sonreír.


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