¿Sabías que los valencianos tuvimos una Constitución propia desde el siglo XIII?

furs

Los valencianos teníamos una Constitución propia desde hace más de ocho centurias. Concretamente, desde el siglo XIII. No era otra que nuestros Fueros, que constituían al Reino de Valencia en un estado soberano y estaban basados en las normas y costumbres preexistentes en Valencia, así como en el derecho justiniano. Los Fueros valencianos eran muy avanzados para su tiempo. Supusieron una auténtica revolución jurídica ya que dotaron a los ciudadanos de derechos y obligaciones, rompieron con la tradición feudal de la época y nos convirtieron en un estado moderno, étnica y religiosamente integrador. Los Fueros configuraron un régimen político, económico y social comparable al de las grandes naciones europeas. Estas facilidades económico-comerciales atrajeron inmigrantes de toda Europa, y el glorioso Reino de Valencia vivió una expansión económica y cultural que lo llevaría a un gran florecimiento político, literario y artístico.

El rey Jaime I el Conquistador estableció las costums o costumbres en 1238, que dieron paso a los Fueros como tales en 1261, con la oposición de los nobles aragoneses que preferían que los Fueros aragoneses rigieran Valencia. Los Fueros valencianos eran realmente innovadores para la época. Por ejemplo, el monarca estaba obligado a jurarlos antes de transcurrido un mes de iniciado su reinado, no podía revocarlos unilateralmente y quedaba sometido a las Cortes. Los ciudadanos gozaban de derechos y obligaciones, por lo que no estaban a merced de la arbitrariedad de los señores. El derecho foral valenciano garantizaba el régimen matrimonial de separación de bienes, y que en caso de enviudar, el cónyuge era el que heredaba (en el derecho castellano impera el régimen de bienes gananciales y en las herencias prima la sucesión en favor de hijos y descendientes).  La legislación valenciana reconocía asímismo instituciones jurídicas pioneras como el Consulado del Mar o el Tribunal de las Aguas, entre otras.

Los Fueros de la Ciudad y Reino de Valencia, que fueron jurados por Jaime I por primera vez en 1261, se desarrollaron y perfeccionaron con el paso de los siglos, y duraron hasta el año 1707. A partir de la Batalla de Almansa (25 de Abril de 1707), el rey Felipe V de Castilla promulgó el decreto de Nueva Planta (29 de Junio de 1707) en el que declara “abolidos y derogados todos los referidos fueros, privilegios, práctica y costumbre hasta aquí observados en los referidos reinos de Aragón y Valencia, siendo mi voluntad que éstos se reduzcan a las leyes de Castilla, y al uso, práctica y forma de gobierno que se tiene y ha tenido en ella, y en sus tribunales sin diferencia alguna en nada”. El decreto de Nueva Planta supuso el golpe de gracia para el Reino de Valencia, que desapareció como estado soberano. Una vez abolidos nuestros Fueros, Valencia pasó a regirse por las leyes castellanas “por justo derecho de conquista”. Triste final sin duda para la que fue nuestra Carta Magna.

Anuncios

La Constitución Española como papel higiénico.

La Constitución Española de 1978 es un fraude vomitivo, un insulto a la ciudadanía, una tomadura de pelo. Yo no puedo acatarla ni lo haré nunca.  Podría aducir muchos motivos y razones de peso pero me limitaré a apuntar sólo uno: es antidemocrática. En España, como en todos los países, predomina la masa ignorante y borreguil. Ese rebaño considera que la democracia consiste únicamente en acudir a votar una vez cada cuatro años pero es mucho más que eso.

El filósofo Montesquieu aseguró que para que exista democracia en una sociedad debe darse un requisito sine qua non, un requerimiento imprescindible sin el cual la democracia simplemente no puede existir jamás: la separación de los poderes. Pero la Carta Magna de 1978 lejos que asegurar la división de los poderes, lo que hace es unirlos, con lo cual la democracia no existe. Invito al lector a que consulte los artículos  70.1. b), 122.3, 124.4 y 159.1 para que se convenza él mismo.

Según estos artículos, los miembros del gobierno (poder ejecutivo) pueden ser también parlamentarios (poder legislativo) y además pueden elegir a dedo a los miembros del Tribunal Constitucional (poder judicial). Es como si el presidente del Real Madrid eligiera a los árbitros que van a pitar los partidos. Esto en la práctica instaura una dictadura disfrazada  de democracia, un teatro para tontos. Esta Constitución, como mucho, sirve para limpiarse el culo en una noche de diarrea.

A %d blogueros les gusta esto: