Quinientos años de Reforma Protestante.

Hace cinco siglos un monje llamado Martín Lutero clavó en la puerta de la Iglesia de Wittenberg 95 tesis que iban a causar un auténtico terremoto teológico. En esencia se rechazaba la venta de indulgencias; se entendía que la cristiandad no necesitaba de una institución; que los bienes de la Iglesia deben repartirse entre los fieles; que la salvación es por fe y no por obras; se aceptaban tres sacramentos: bautismo, comunión y penitencia; los hombres de fe podían leer e interpretar los Evangelios sin intermediarios humanos y la verdadera autoridad en la fe estaba en las Sagradas Escrituras. Las cinco solas (sola scriptura; sola fide; sola gratia; solus Christus y Soli Deo gloria) resumen las creencias fundamentales de los reformadores frente a la doctrina católica.

La Reforma Protestante supuso volver al cristianismo primitivo de la Iglesia original, al que practicaban Jesucristo y los apóstoles. Volver a guiarse por lo que dice la Palabra de Dios, que es la Santa Biblia, y no por dudosas tradiciones humanas; a adorar en espíritu y en verdad en lugar de rendir culto a las estatuas; a bautizar a los creyentes adultos -siguiendo el ejemplo de Jesús- y no a bebés sin ningún uso de razón; a traducir las Escrituras en lugar de quemarlas en las hogueras; a hacer el culto en la lengua del pueblo llano en lugar de oficiar la misa en latín; a promover principios y valores en vez de ceremonias y rituales; a tener a Cristo como cabeza visible de la Iglesia y no al Papa; a entender por fin que la única Iglesia verdadera es la que realmente obedece a Nuestro Señor.

El legado de la Reforma va más allá de lo religioso. El énfasis en que la población pudiera leer la Biblia favoreció su alfabetización; el interés por la investigación y por la ciencia surgió a partir de leer los textos sacros; el considerar el robo y la mentira como pecados muy graves y no como meros pecados veniales atajó la corrupción; se fomentó la ética en el trabajo y el derecho de la propiedad privada, la democracia liberal, el capitalismo, la separación de iglesia y estado, la libertad religiosa y el imperio de la ley por el que todos somos considerados iguales. La Revolución Americana -que dio inicio al mundo moderno- estuvo claramente inspirada por los valores puritanos y las naciones protestantes se convirtieron en ejemplo admirable de progreso, prosperidad y libertad.

La Reforma iba a causar un cisma que dividiría el Occidente en protestantes y católicos aunque la verdadera intención de Lutero nunca fue la de crear una nueva iglesia sino la de reformar la que ya existía. Pero la rotunda negativa de los papas lo hizo imposible. Y mientras que la Reforma triunfó en América y Europa del Norte, la Contrarreforma abanderada por el emperador Felipe II y la Inquisición española apagó prematuramente la luz del Evangelio e hizo que nos quedáramos en esa mitad del mundo condenada a la dictadura, la pobreza y el atraso. Hoy vivimos la mayor Reforma religiosa de los últimos siglos: la del ateísmo. Ante una juventud que vive sin Dios, debemos volver a nuestras raíces y predicar la sanadoctrina. Reevangelizar Europa resulta hoy más urgente que nunca.

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Por qué las naciones protestantes son ricas y las católicas pobres.

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América del Norte es protestante y rica y la del Sur católica y pobre. En Europa, con sus matices, ocurre igual. Incluso en el Hemisferio Sur; compara Australia con Filipinas. Si consultas la lista de los diez países del mundo con mayor renta per cápita, los diez con mayor bienestar social, los diez más democráticos, los diez más transparentes o los diez menos corruptos, verás que siete u ocho son protestantes. El protestantismo genera libertad y prosperidad. Veamos ahora por qué:

1) Educación. Con la Reforma Protestante del siglo XVI, el teólogo Martín Lutero planteó la necesidad de que la gente leyera la Biblia, y para ello se tuvo que hacer una gran campaña de alfabetización para instruir a un pueblo inculto. Pero en los países católicos con que el cura supiera leer ya era más que suficiente. Así, en el siglo XVIII en Inglaterra y Holanda la alfabetización alcanzaba ya al 70% de la población, mientras que en España o Portugal no llegaba ni siquiera al 10%.

2) Ciencia. Los países reformados, volcados en la lectura la Biblia, empezaron a interesarse por el estudio del mundo, de la naturaleza y de las estrellas, inspirados sin duda por libros como Génesis, Salmos y otros textos sacros. No es de extrañar que en estas naciones comenzaran a surgir científicos como setas. Pero en los países del sur de Europa la Inquisición quemaba en mitad de la plaza a los científicos por herejes y usaba sus trabajos para engrosar su catálogo de libros prohibidos.

3) Mentira. Para los protestantes la mentira es un pecado muy grave ya que se cita en los Diez Mandamientos junto al homicidio, el adulterio o el robo. Así, en Alemania, un político suele dimitir si se demuestra que ha mentido. En Estados Unidos puedes ir a prisión si entregas un cheque sin fondos. Pero en los países católicos, como Italia o Malta, es un pecado venial, un pecadillo, por tanto la mentira inunda la política, la administración y las finanzas y no puedes confiar en nadie.

4) Robo. En los países reformados se entendió claramente que el robo era muy grave, que todos los hombres eran iguales y que por tanto la propiedad privada era un derecho inalienable de todos los hombres, pero en los países de la Contrarreforma, mucho más apegados al Antiguo Régimen, la propiedad privada era un privilegio de la Corona, la nobleza y la Iglesia Católica. No en vano el comunismo triunfó en la católica Cuba. Nadie habría apoyado a Fidel Castro en Canadá.

5) Ética en el trabajo. Mientras que en los países católicos el trabajo es un castigo de Dios -al ser expulsado Adán del paraíso- y los oficios manuales tienen menos prestigio que los intelectuales, en los protestantes el trabajo no es malo: de hecho, Adán ya trabajaba en el Huerto del Edén (Génesis 2:15); ser barrendero es tan digno como ser cirujano y trabajar con excelencia y de forma ética también es una forma de honrar al Señor. Max Weber lo resumió: trabajo, ahorro y esfuerzo.

6) Capitalismo. Para la Iglesia Católica la riqueza es un estigma y la pobreza un signo de humildad y sencillez. El protestantismo, por su parte, entiende que el problema no es el dinero en sí sino el amor al dinero (1 Timoteo 6:10) y que de hecho ser rico no es incompatible con ser un buen creyente; ahí están los casos de José, Moisés, Daniel o Job, entre otros.  No es casualidad que el capitalismo, la banca y los negocios hayan alcanzado sus máxima expresión en los países de la Reforma.

7) Democracia. En las naciones protestantes se apostó  por la libertad y la democracia, y por una separación de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Destaca Suiza, con su envidiable democracia directa. Por contra, los países del sur de Europa y las repúblicas iberoamericanas se ahogaron en un sinfín de monarquías absolutistas, fascismos, guerras civiles y golpes de estado que las condenaron a la pobreza y el atraso. El Vaticano es aún hoy la última teocracia de Europa.

8) Separación de iglesia-estado. Mientras que en las naciones protestantes se buscó dividir los poderes para que se contrapesen, la Iglesia Católica trata hasta la fecha de que el poder civil se someta al religioso. Así, Holanda pronto permitió la libertad de culto, en Escandinavia se desarrolló el parlamentarismo y Estados Unidos nació como un estado laico. En cambio, hasta hace muy poco en España se paseaba a Francisco Franco bajo palio y aún hoy en México manda el señor obispo.

9) Imperio de la ley. Para el teólogo Juan Calvino la ley -es decir, la Biblia– tenía la primacía pero para los católicos la primacía recaía en una institución (la Iglesia Católica), fuera de la cual no hay salvación y que era la encargada de interpretar la Biblia. Para la Reforma todos los ciudadanos son iguales, mientras que para la Iglesia Católica no sólo todos no eran iguales, sino que había incluso algunos que estaban dispensados de cumplir la ley (por ejemplo, con las famosas bulas).

10) Valores bíblicos. En resumen, las naciones protestantes se han inclinado por los principios bíblicos y las católicas por tradiciones humanas, muchas de las cuales no sólo son extrabíblicas sino incluso abiertamente antibíblicas. Es el contraste entre los valores del Libro versus los valores de ritos, procesiones e imágenes. Es la bendición que comporta para un pueblo apegarse a la Palabra versus la miseria, la hecatombe y la desolación que siempre aguardan fuera de Dios.

 

Post Scriptum:

Los países católicos son en general pobres y los pocos que son ricos constituyen la excepción que confirma la regla. Y, curiosamente, son los menos católicos de todos. Así pues, Irlanda, Bélgica, Luxemburgo, Liechtenstein o Austria son países muy desarrollados pero lo son gracias a la influencia de los protestantes estados vecinos. Igualmente, Francia o Mónaco son ricos en gran medida porque la Revolución Francesa y el laicismo limitaron mucho el poder de la Iglesia Católica allí.

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