¿Sabías que la radio es un invento valenciano?

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Después de más de seis años de investigación el profesor de la Universidad de Navarra Àngel Faus afirmó con contundencia en 2005 en su obra La radio en España (1896-1977) que el inventor de la radio no es el físico italiano Guglielmo Marconi como hasta ahora creíamos sino el ingeniero valenciano Juli Cervera Baviera.

Juli Cervera nació en Segorbe (Alto Palancia) en 1854. Fue comandante de ingenieros del Ejército Español y desempeñó un papel destacado en la defensa de la colonia de Puerto Rico.

Pero tras la derrota de España a manos de Estados Unidos en la Guerra Hispano-Estadounidense de 1898 (que supuso la pérdida de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam, y el desplome del imperio español), Cervera se interesó mucho en lograr un sistema rápido de comunicaciones entre las tropas para evitar que España perdiera también la colonia de Marruecos, donde él estuvo destinado.

Con tal motivo, en 1899 le fue concedido un permiso de tres meses para viajar a Londres y trabajar con el físico Guglielmo Marconi y su ayudante, George Kemp.

El italiano Marconi inventó la radiotelegrafía sin hilos (es decir, la transmisión de pequeñas señales o impulsos electromagnéticos a través del aire), la patentó en 1896 y demostró al mundo su eficacia en 1901.

Pero fue el valenciano Juli Cervera el que inventó la radiotelefonía sin hilos (esto es, la transmisión de voz y sonido a través del aire, lo que hoy conocemos como radio) y de hecho la patentó a su nombre en 1899 en España, Bélgica, Alemania y Gran Bretaña.  Marconi no trabajó en la transmisión de voz sin hilos (es decir, en la radio) hasta 1913.

Cervera escribió decenas de libros, fundó en Madrid en 1902 la Sociedad Anónima Española de Telegrafía y Telefonía sin Hilos y en 1903 la Escuela Libre de Ingenieros de Valencia. A partir de ahí se pierde su pista.

La historia ha sido injusta con este valenciano ilustre. Marconi recibió el Premio Nobel de Física en 1909 y amasó una fortuna mientras que Cervera cayó en el olvido, quizás por la desidia que siempre hubo en el Estado Español a apoyar la ciencia.

Pero la única verdad es que el valenciano Juli Cervera inventó la radio con más de una década de antelación sobre Marconi. Justo será que se le reconozca tal honor… aunque llegue con cien años de retraso.

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Falacia atea: El hombre creó a Dios a su imagen y semejanza.

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La Santa Biblia dice que Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza (Génesis 1: 26-27) y efectivamente entiendo que es así en el sentido de que tenemos inteligencia para comprender, libertad para obrar y muy especialmente un espíritu que perdura. Sin embargo no pocos descreídos se atreven a darle la vuelta a esta afirmación: es el hombre el que ha creado a Dios a su imagen y semejanza.

Si así fuera, me pregunto qué sentido tiene inventar un dios que nos prohíbe actividades divertidas y placenteras tales como la fornicación, la pornografía, el adulterio, las orgías, las borracheras y otras cosas semejantes y que nos hace sentir mal si las practicamos. Puestos a crear un ser superior acorde a nuestros gustos y necesidades, tendría más sentido discurrir uno que nos incite a realizar tales cosas.

Cuando lees la Biblia te das cuenta de que Dios no tiene una lógica humana. Tener sexo con una sola mujer y dentro del matrimonio. Los últimos serán los primeros. Creer para ver en lugar de ver para creer. La salvación es un regalo y no tienes que hacer méritos para conseguirla. Es imposible que los hombres inventaran a Jehová porque sus enseñanzas denotan una forma de pensar no humana.

Otra de las razones que argumentan los ateos es el carácter antropomorfo de Yahvé: un anciano de barba blanca. Pero esto no es más que un mero convencionalismo, como cuando lo imaginamos en forma de triángulo con un ojo o al Espíritu Santo como paloma. En realidad Jehová es espíritu, quizás incluso sin una forma definida. Poco importa cuál sea su aspecto porque nadie lo ha visto (1 Juan 4:12).

Lo cierto es que no existe el ateo puro y duro, alguien 100% ateo, porque siempre allá en lo profundo de su ser algo le dice: «¿Y si en el fondo estoy equivocado? ¿Y si existe Dios? ¿Es posible que un Universo tan majestuoso se creara solo?» La voz de la conciencia nos desvela que hay algo más. Es la rúbrica de nuestro Creador. Es como si todos lleváramos un Made in Heaven impreso a fuego en nuestro corazón.

Desde que el mundo es mundo, incluso antes de que Dios se revelase a la humanidad, todas las personas, aun las tribus más primitivas, intuían que hay más de lo que los ojos ven. Hoy sigue pasando igual. Nuestro Hacedor puso eternidad en nuestro corazón (Eclesiastés 3:11), por eso nuestra conciencia lo busca con anhelo pese a que intentemos nublarla con abstrusos razonamientos ateos.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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