Marshall: santuario de tiburones.

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La de este archipiélago es la típica historia de un pequeño territorio que ha ido pasando de mano en mano a lo largo de las centurias. Los españoles la colonizaron en el siglo XVI, pero en el siglo XIX pasó a ser dominio de Reino Unido y Alemania. Japón se apoderó de ella durante la Primera Guerra Mundial y Estados unidos durante la Segunda.

En 1947 las Islas Marshall, las Marianas del Norte, Estados Federados de Micronesia y Palaos, como si de un paquete se tratara, fueron metidos todos juntos dentro del Territorio en Fideicomiso de las Islas del Pacífico, un fideicomiso de la ONU administrado por Estados Unidos que perduró hasta 1994. Marshall tuvo autonomía en 1979.

Siguiendo el ejemplo de las Marianas del Norte, en 1986 Islas Marshall llegó a un acuerdo con Washington para convertirse en un Estado libre asociado. Este pacto le permite una semi-independencia: obedecen a América en la política exterior y la defensa pero son soberanos en todo lo demás. Reclaman la Isla Wake a Estados Unidos.

Desde el punto de vista cultural, éste es un pueblo de raíces malayo-polinesias con dos lenguas oficiales (el marshalés y el inglés) y unas creencias religiosas que se inclinan por el cristianismo protestante de forma mayoritaria. Sería, no obstante, un error pensar que se trata de una sociedad homogénea pues hay numerosas minorías étnicas y culturales.

En el pasado Estados Unidos usó este territorio para probar bombas atómicas. Pero en la actualidad, los marshaleses tienen un fuerte compromiso con el medio ambiente y la lucha contra el cambio climático. No en vano es uno de los países más amenazados por la crecida de las aguas, tanto que corre el serio riesgo de quedar sepultado bajo los océanos.

Es un paraíso tropical donde, no obstante, la gente vive en la pobreza. Curiosamente quien mejor vive allí son los tiburones. Y es que Marshall es el mayor santuario de tiburones del planeta, y este animal está protegido en sus aguas territoriales. Como anécdota curiosa, el nombre del país es un homenaje al explorador británico John Marshall.

Islas Marianas del Norte: el país donde faltan hombres.

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El navegante luso Fernando Magallanes las descubrió en 1521 y las reclamó para la Corona española, que las mantuvo en su poder hasta 1899, cuando las vendió a Alemania. Japón se adueñó del archipiélago durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y lo perdió en la Segunda, en 1944 concretamente, en favor de Estados Unidos.

En 1947 las Islas Marianas del Norte fueron incluidas (junto con Islas Marshall, Estados Federados de Micronesia y Palaos) dentro del Territorio en Fideicomiso de las Islas del Pacífico, un fideicomiso de la ONU administrado por Estados Unidos que perduró hasta 1994. Pero en 1975 los normarianos pidieron vía referéndum cambiar su estatus.

Las Islas Marianas del Norte pasaron a gozar de una cierta autonomía hasta que en 1986 se convirtieron, oficialmente, en un Estado Libre Asociado a los Estados Unidos. Marshall y Micronesia le imitaron ese mismo año y Palaos un poco más tarde, en 1994. Los normarianos disfrutan de pasaporte estadounidense pero no pueden votar en América.

Pese a la libre asociación, Marianas del Norte tiene poco de americana. Se encuentra en el Pacífico Norte, y sus usos y costumbres tienen mucho que ver con su continente geográfico: Oceanía. Así, la explotación laboral, la prostitución infantil, la pobreza y la corrupción son frecuentes. La economía se basa en la pesca, el turismo y la industria textil.

El inglés, el chamorro y el carolinio son los idiomas oficiales, y la católica la religión predominante. La cultura, en esencia, es malayo-polinesia, aunque hay un verdadero de pupurri de gentes procedentes de mil sitios. Como dato curioso cabe destacar que es la nación con la menor proporción de hombres del mundo: 0,7 varones por cada mujer.

La ONU dio formalmente por finalizado su protectorado en 1990, por lo que los normarianos son dueños de su propio destino. Nadie sabe qué les deparará en el futuro: si mantendrán su estatus o solicitarán su independencia total. En todo caso, es tiempo de que sean los normarianos (y no los extranjeros) quienes escriban su propia historia.

Puerto Rico: el estado libre asociado.

Puerto Rico es famoso por su singular estatus político: el de Estado Libre Asociado (a los Estados Unidos). En 1952 firmó un tratado de libre asociación que acababa con su situación colonial y que le daba rango de una nación libre, con lo que pasaba a tener una relación con Estados Unidos en un plano de igualdad, de tú a tú.

Su fórmula ha sido imitada: Estados Federados de Micronesia (desde 1986), Islas Marshall (1986), Islas Marianas del Norte (1986) y Palau (1994) están en libre asociación con Estados Unidos. Islas Cook (desde 1965) y Niue (1974) con Nueva Zelanda. Quebec, Euskadi o Tokelau se han planteado seriamente adoptar el modelo.

Aunque el primer estado asociado contemporáneo fue Filipinas (de 1935 a 1946), sólo se trató de un periodo de transición entre el colonialismo y la independencia. Lo mismo pasó con Antigua, Dominica, Granada, San Cristóbal-Nieves-Anguila, Santa Lucía, y San Vicente y las Granadinas respecto de Reino Unido entre 1967 y 1983.

No parece que sea el caso de Puerto Rico, que ya ha hecho las bodas de oro con América. No se sabe si se trata de amor eterno o de un simple matrimonio de interés pero sea como sea, da buenos frutos a los boricuas: están mucho mejor que los países de su entorno y viajan como ciudadanos americanos a los Estados Unidos.

Los opositores al sistema aducen que Puerto Rico es una colonia yanqui pero la realidad es que puede independizarse cuando lo desee. En 1967, 1993 y 1998 se realizaron plebiscitos y el pueblo votó abrumadoramente en favor del estatus. Los independentistas -básicamente marxistas que ven en Cuba su ideal- son minoría residual.

Lo relacionado con la moneda, la defensa y la política y comercio exteriores depende de Washington. En todo lo demás, los puertorriqueños se autogobiernan. San Juan apoya esta semiindependencia habida cuenta del desastre que es Latinoamérica. Fuera de los Estados Unidos, tiene mucho que perder y poco que ganar.

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