República del Congo: legado bantú.

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La República del Congo es otra más de esas naciones del Continente Negro que se encuentran sumidas en la pobreza. El país debe su denominación al caudaloso río Congo y especialmente a la etnia bantú de los Bakongo, a la que pertenece el 50% de la población. No debe confundirse con su vecina, la República Democrática del Congo.

Los europeos la visitaron ya en el siglo XV. Allí compraban a los aborígenes de las costas los esclavos que ellos habían capturado antes en el interior. Luego, el colonialismo francés fue especialmente salvaje con los nativos, cuya explotación y maltrato llegó incluso a escandalizar a la insensible opinión pública gala del siglo XIX.

Se independizó del Imperio Francés en 1960. Fue el primer país comunista de África, al establecer una dictadura marxista-leninista de 1970 a 1991. En 1992 llegó la democracia multipartidista pero las diferencias políticas entre los candidatos desembocaron en una guerra civil (1997-1999) que terminó con 14.000 muertos.

El francés es el idioma oficial y la lengua de la élite. Sin embargo, el pueblo llano prefiere las lenguas locales. Hay un gran número de católicos y protestantes y una minoría de animistas. Existen además decenas de etnias bantúes, cada una con su identidad y cultura propias. Destaca la artesanía así como la música y danzas tribales.

A pesar de contar con grandes recursos naturales y de ser una patria escasamente poblada, la corrupción impide al pueblo salir de la pobreza. La agricultura de subsistencia genera la mayor parte de empleo y la madera y el petróleo son las principales exportaciones. La mayoría del territorio se encuentra cubierto por la selva.

La capital del país es Brazzaville, que lleva ese nombre en honor al explorador Pierre Savorgnan de Brazza. Esta ciudad fue además la capital de la África Ecuatorial Francesa, una federación de colonias que entre 1910 y 1958 incluía los territorios de los actuales Camerún, República Centroafricana, Chad, Congo y Gabón.

República Democrática del Congo: la Guerra Mundial Africana.

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A orillas de los grandes lagos africanos, en el corazón mismo del África central hay un estado de 2.300.000 km2 y 70 millones de almas. Tiene frontera directa con nueve países y una diminuta salida al mar. Es la República Democrática del Congo, cuyo nombre se debe al proceloso río Congo y a sus nativos, la etnia de los bakongo.

Se trata de un país megadiverso, con una gran pluralidad de lenguas, pueblos y culturas. Se independizó de Bélgica en 1960. Tiene una rica historia que se inicia con los inmigrantes bantúes que se establecieron en la zona, la cual fue el centro del gran Reino del Congo que duró de 1395 a 1885 y tuvo su apogeo en el siglo XV.

Hoy África se desangra en un sinfín de guerras civiles e interestatales. La situación es comparable a la de Europa en la Primera Guerra Mundial, por lo que muchos analistas hablan de Guerra Mundial Africana. El epicentro de las desgracias está en el Congo Democrático, que fue llamado oficialmente Zaire entre los años 1971 y 1997.

Pese a sus enormes riquezas minerales, el Congo es el país más pobre del mundo. Las potencias europeas se benefician de sus guerras porque obtienen sus recursos a precio de saldo. Las repúblicas africanas vecinas también animan al conflicto para extender su área de influencia. El Congo es un moribundo picoteado por buitres.

Es el segundo estado más grande de África. Pese a ello, su destino parece el de ser esclavo de intereses extranjeros. Primero la brutal colonización del rey Leopoldo I de Bélgica, después la dictadura de Mobutu Sese Seko -apoyado desde el exterior-, las dos Guerras del Congo (1996-1997 y 1998-2003) y hoy la lucha por el coltán.

Violaciones masivas de mujeres, hombres y niños, amputaciones, genocidios, más de seis millones de muertos desde 1998 sin contar los que perecen por inanición o los desplazados. Son unos 3000 muertos diarios que a nadie importan. Congo es un estado artificial, un barril de pólvora. Y siempre alguien de fuera enciende la mecha.

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