Nunavut: autonomía para los inuit.

El 1 de Abril de 1999 un suceso político llamó la atención del mundo: la decisión de Canadá de crear un territorio federado de 2.000.000 de km2 para apenas 22.000 nativos americanos. La gigantesca región, secesionada de los Territorios del Noroeste, está poblada por inuits y se llama Nunavut (que significa «Nuestra Tierra») .

Ocupa un espacio zigzagueante y descomunal de tundra y archipiélagos helados. Posee casi todas las islas árticas de Canadá e importantes recursos pesqueros. Nunavut satisface un sueño de autonomía largamente anhelado por los inuit y supone, como con Groenlandia, el reconocimiento a los derechos de un pueblo nativo.

En 1996  las tribus oka, ipperwash y nativos de Gustafsen Lake mantuvieron fuertes enfrentamientos con el ejército canadiense. Un informe de la Comisión Real sobre pueblos aborígenes de Canadá propuso avanzar hacia la libre determinación o en su defecto al autogobierno. Otawa cedió a las exigencias de las tribus.

Una de las etnias más beneficiadas fue el pueblo inuit. Los mal llamados esquimales pasaron de ser invisibles  en Canadá a poder gobernarse por ellos mismos. El control de la región da una enorme libertad a esta etnia cifrada allí en 31.000 almas. Las lenguas inuktikut e inuinnnaqtun son oficiales junto a inglés y francés.

Los nunavutienses viven en esa inhóspita y gélida tierra desde hace 4000 años. Por milenios estos inuit han observado detenidamente el clima, los paisajes, los océanos y los sistemas ecológicos de su entorno.  Con este íntimo conocimiento de la flora y la fauna se han adaptado a uno de los entornos más duros y fríos del globo.

Hoy los nunavutienses disfrutan de internet y telecomunicaciones toda vez que conservan sus tradiciones de cacería, pesca, arte, escultura   y tradiciones de canto y danza, las cuales incluyen la danza del tambor y el canto gutural. Por el momento viven muy felices con su autonomía y no se plantean independizarse del Canadá.

Inuit: los moradores de los hielos.

Los inuit ya no son lo que eran. Han cambiado mucho en poco tiempo. Hoy ninguno de ellos te ofrece a su esposa, como muestra de hospitalidad, para que te acuestes con ella. Cada vez menos viven en iglús y cada vez más tienen internet y  móviles. Ahora son cristianos  evangélicos y no creen en el espíritu del viento y del mar.

Estos estereotipos que aún perduran provienen de los colonos británicos del siglo XIX. Pero ellos odian que les llamen esquimales (que significa «devorador de carne cruda») y se identifican como inuit («la gente» en la lengua inuktikut). Son los habitantes de ese infierno helado que es el Ártico donde nunca jamás hace calor.

Son unos pocos miles que viven dispersos desde hace milenios entre las actuales Rusia, Alaska, Canadá y Groenlandia. Es el pueblo indígena que dispone de más territorio del planeta a pesar de su baja densidad poblacional. En lo económico, viven de la pesca de ballenas así como de cazar osos y focas para luego vender sus pieles.

El inuit es un diasistema que consiste en una cadena ininterrumpida de decenas de lenguas que son mutuamente inteligibles entre sí siempre que estén próximas geográficamente pues las más alejadas entre sí de la cadena son ininteligibles. Usan silabario, así como el alfabeto latino, con la excepción de Siberia, que usa el cirílico.

La familia es la unidad social básica. Los matrimonios son por lo general monógamos aunque excepcionalmente se practica la poliginia y la poliandria como vestigios del pasado. La vida comunitaria es muy importante y ser excluido del grupo un estigma social. En ocasiones hay violentos enfrentamientos entre clanes.

Los inuit son un conjunto de muchos pueblos, de muchas naciones que comparten una historia, una cultura y una tradición comunes. Por lo general, en todos lados avanzan satisfactoriamente en el autogobierno, la defensa de sus derechos y el respeto hacia su identidad así que pueden mirar con optimismo al futuro.

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