Abjasia: la frontera caliente.

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Abjasia es una pequeña república en el Cáucaso, justo en el límite entre Europa y Asia, repleta de bosques y montañas y bañada por las aguas del Mar Negro. Ubicada entre Rusia y Georgia es protagonista de un grave conflicto fronterizo entre ambos estados y de un pulso entre Occidente y Moscú para medir sus fuerzas.

Es ésta una nación muy antigua. Se independizó del Imperio Bizantino en 767 gracias a León I, su primer monarca. Esta tierra fue escenario de mil batallas por parte de pueblos que la oprimieron (georgianos, salyúcidas, mongoles, persas, rusos, otomanos…) y hasta fue según épocas un estado soberano y un principado vasallo.

Tras la desintegración de la Unión Soviética de 1991, los abjasios reclamaron un estado propio pero fueron incluidos dentro de la República de Georgia. En 1992 Abjasia declaró su independencia y, tras dos años de guerra con Georgia, venció con el apoyo de los rusos. El nuevo país quedó como estado independiente de facto.

Tras los conflictos de 1998 y 2006, en 2008 Tiflis inició una nueva guerra para reconquistar Abjasia y Osetia del Sur, pero le salió el tiro por la culata porque Moscú acudió en rescate de sus aliados.  Abjasia y Osetia del Sur pasaron a ser reconocidas formalmente por Rusia y ahora también por un reducido número de estados.

Hoy los abjasios son la mayoría en su tierra. A principios de los 90 eran sólo una quinta parte, pero la mayoría georgiana fue expulsada. No es la primera vez que la población se ha alterado. Por centurias la mayoría fue turca y sunita pero en el siglo XIX Rusia repobló la región con ortodoxos de origen georgiano, armenio y ruso.

El abjasio, el ruso y el georgiano son idiomas oficiales y el cristianismo ortodoxo la fe predominante (también hay musulmanes y ateos). La cultura local auna tradiciones de los  muchos pueblos que pasaron por allí. Esta república es pobre, prorrusa y, aunque independiente, en el futuro podría ser parte de la Federación Rusa.

Osetia del Sur: mirando al norte.

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El topónimo de Osetia del Sur nace en el siglo XIX. Se refiere a las montañosas regiones georgianas de Racha, Imereti y Shida Kartli, con gran población oseta emigrada en el siglo XVII desde Osetia -antigua Alania-, en Rusia, en el Cáucaso Norte. Entre 1918 y 1920 quiso unirse a la Rusia soviética pero Georgia castigó tal hecho.

En 1922 el dictador Josip Stalin convirtió a Osetia del Sur en una región autónoma dentro de la Georgia soviética y le añadió la llanura adyacente, con la ciudad de Tsjinval, habitada por georgianos. En 1989 los surosetas se autoproclamaron república autónoma dentro de Georgia, pero Tiflis lo declaró ilegal.

En el año 1990 los diputados de Osetia del Sur proclamaron una república independiente pero Tiflis anuló su autonomía. Entre 1991 y 1992 los georgianos fueron a una guerra contra los secesionistas surosetas pero éstos vencieron con el apoyo de los militares rusos y pasaron a convertirse en estado independiente de facto.

En 2008 Georgia fue a una nueva guerra contra Osetia del Sur y Abjasia, pero éstas, apoyadas por Moscú, vencieron otra vez y obtuvieron reconocimiento formal de un reducido número de estados. Rusia usa ambos países como punta de lanza para desestabilizar a Tiflis y detener el avance de Occidente hacia sus fronteras.

Los surosetas tienen de idioma oficial el osetio, el ruso y el georgiano, su cultura auna elementos de los tres pueblos y profesan el cristianismo ortodoxo. Es una república muy pobre que depende de la ayuda de Moscú. En 1992 y 2006 llevó a cabo dos referéndums y el pueblo expresó su voluntad de unirse a Osetia y a Rusia.

Los surosetas han actuado como colonos pues se instalaron en tierras georgianas y luego se las arrebataron al país anfitrión. Es un caso extrañísimo: Osetia del Sur quiere ser rusa, Moscú prefiere que sea independiente y Georgia la reclama como propia. En absoluto podemos descartar su ingreso en la Federación Rusa en el futuro.

 

Georgia: una piñata en el Cáucaso.

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Georgia es una pequeña y rural república montañosa situada en el Cáucaso, justo al lado de Rusia, a orillas del Mar Negro. Georgia nació como reino independiente en el siglo XI como una suma de pequeños pueblos frente a los invasores árabes.  Por varias centurias sufrió la bota opresora de mongoles, persas, otomanos y rusos.

El estado georgiano moderno nace en 1918, tras la desaparición de la efímera República de Transcaucasia. En 1921 fue absorbida por la Unión Soviética, donde permaneció hasta su derrumbe en 1991. Ese mismo año Osetia del Sur se separó de Georgia y un año más tarde Abjasia hacía lo propio, ambos con ayuda de Moscú.

En todo este tiempo Georgia ha sostenido varias guerras para recuperar estas tierras, que considera parte integrante de su patria. Pero los esfuerzos han sido en vano: ambos países gozan de independencia y cuentan con la protección rusa. Tiflis y Moscú se enfrentan además por el tránsito del gas natural a través del Cáucaso.

En Georgia hay, aparte del georgiano, una docena de lenguas oficiales. Con cinco millones de habitantes, hay casi un centenar de grupos étnicos, entre los que destacan adzarios, mingrelios, esvanos, udis y batsbis. Algunas regiones como Adzaria o Mingrelia piden la secesión siguiendo el ejemplo de Abjasia y Osetia del Sur.

A todos los problemas mencionados, cabe añadir varios golpes de estado, pobreza y corrupción. Ni siquiera los símbolos están claros: se ha llegado a plantear el regreso de la corona y desde 2004 hay una bandera nueva con la cruz de San Jorge y cuatro pequeñas cruces, de acuerdo a la tradición cristiana ortodoxa del país.

Georgia es prácticamente un estado fallido, cuestionado permanentemente desde dentro y desde fuera de sus fronteras. Su debilidad es estructural y la incapacita para resolver sus desafíos. Pretende acercarse a Occidente pero Rusia la sabotea. Se trata de una macedonia étnica, una piñata que en cualquier momento puede reventar.

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