¿Y si nos saliéramos de la Unión Europea? (1/2).

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Valencia –y España en general- siempre ha sentido un profundo anhelo europeísta. Y quizás sea por los siglos de decadencia que hemos afrontado, nuestras guerras civiles y discordias internas, por haber perdido todos los trenes de progreso que nos han conducido a una situación de varias décadas de retraso con respecto a otros países. Para nosotros, entrar en la Comunidad Económica Europea (C.E.E.) en 1986 supuso un hito histórico; por fin superábamos el histórico aislamiento, África ya no comenzaba en los Pirineos, al fin éramos dignos de ser llamados europeos. El reencuentro de España con Europa cerró una herida psicológica que duró doscientos años.

Ahora ese complejo de inferioridad que existía con respecto a Europa –el complejo del españolito– ha pasado a mejor historia. Aún persiste por desgracia un sentimiento de inferioridad de los valencianos con respecto a los catalanes –el complejo del valencianito, podríamos llamarlo-, que esperemos desaparezca en un futuro. En cualquier caso, hemos demostrado que cuando tenemos fe en nosotros mismos podemos alcanzar las mismas metas que alemanes, austríacos, holandeses o británicos. Así pues, sacudidos los complejos y convencidos de que podemos ser tan europeos como el que más… ¿tiene sentido permanecer dentro de la Unión Europea (UE)?

La UE solamente es útil para dos tipos de países. Primero, para aquellos que ven en la UE un sucedáneo de sus antiguos imperios (Alemania y Francia). Estas dos potencias (la tercera y cuarta del orbe, respectivamente) junto con la oleada de pequeños estados satélite centroeuropeos que les rodean, dominan aplastantemente sobre los pueblos del Sur (es decir sobre nosotros). El problema se puede agravar aún más si Rusia ingresa en la unión algún día ya que con sus 150 millones de habitantes, Rusia nos gobernará sin ninguna resistencia. Moscú puede reeditar la Unión Soviética –sólo que en esta ocasión sería capitalista- si finalmente entra en la UE.

Segundo, los estados limosneros que viven de las subvenciones. España, Portugal o Grecia se encontraban en ese segundo grupo, pero con la entrada de los estados de Europa del Este, los nuevos beneficiarios del maná europeo van a ser Polonia, Chequia, Letonia, etc. Ciertamente, los valencianos hemos crecido mucho gracias a la UE; Bruselas nos dio numerosas autopistas, carreteras e infraestructuras. Pero ahora vamos a ser nosotros quienes tengamos que rascarnos el bolsillo en lugar de pasar la bandeja… ¿la unión pues nos seguirá siendo útil? ¿Es justo costear las carencias de otras naciones cuando aún tenemos múltiples déficits en nuestro propio país?

 

FONT: Llengua Valenciana Blogspot. 15-11-2006.

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