¿Sabías que la RAE cambió la definición de “valenciano” de forma anticientífica?

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La actual definición que de la voz “valenciano” hace en su diccionario la Real Academia Española (RAE) es un asunto turbio. Pero antes de entrar en detalles, hagamos un poco de memoria. En el Boletín de la Real Academia Española, Tomo XXXIX.- Cuaderno CLVIII – Septiembre-Diciembre de 1959, pág 494, el Secretario Perpetuo de la RAE, Julio Casares, comunica a los académicos y a todos los lectores del boletín unas deliberaciones de la Academia que dicen lo que sigue:

“También ha estado en cierto modo presente la política en las recientes deliberaciones de la Academia. Se ha dado el visto bueno a totalitarismo (…). Y no está exenta de alcance político la rectificación que se ha hecho en las definiciones del catalán, valenciano, mallorquín y balear con el fin de ajustarlos a las exigencias de la lingüística moderna, dando de paso espontánea satisfacción a los naturales de las respectivas regiones. De valenciano, por ejemplo, se decía “dialecto de los valencianos”. Ahora se le reconoce la categoría de lengua y se añade que es la hablada “en la mayor parte del antiguo Reino de Valencia”; y la nueva definición del catalán pondrá término a las consultas que recibo un día sí y otro no para que diga si es lengua o dialecto. Hela aquí: Lengua romance vernácula que se habla en Cataluña y en otros dominios de la antigua corona de Aragón”.

Es decir, que según lo dicho por este comunicado, para la RAE la definición de “valenciano” era  “De Valencia. // Lengua hablada en la mayor parte del antiguo Reino de Valencia”. Esta decisión se había tomado en un acuerdo de la Real Academia Española, tras “deliberaciones” de los académicos, es decir, tras un acuerdo científico. Tal definición fue recogida por otros diccionarios, como el Espasa-Calpe, el Éverest Cúpula o la Enciclopedia Universal Sopena, entre otros muchos.

Pero en el diccionario de la RAE, en su edición de 1970, se modificó la descripción de “valenciano” para dejarla de este modo: “Variedad del catalán, que se usa en gran parte del antiguo reino de Valencia”. Esto causó un gran malestar en Valencia y fruto de las quejas y protestas de los ciudadanos, encabezados por el profesor Vicent Giner Boira, la RAE modificó en su edición de 1992 la entrada “valenciano” añadiendo la coletilla “y se siente allí comúnmente como lengua propia”.

Con esta modificación, la RAE quería contentar a tirios y a troyanos (por un lado el valenciano era catalán y por otro los valencianos lo sentían como su lengua propia) pero no lo consiguió. Así pues, un colectivo sociocultural de Burriana (La Plana) -el Colectiu Valldaura- se puso en contacto con la Academia para saber en qué momento exacto ésta hizo un estudio para derogar la definición de valenciano, invalidando así el único acuerdo científico tomado al respecto, el de 1959.

Hizo tres preguntas: 1) Si la lengua hablada en el antiguo Reino de Valencia es dialecto del catalán ¿podría indicarnos quién dictaminó tal acuerdo y cuándo se tomó? 2) Siendo este “asunto (el de la lengua valenciana) científicamente aclarado desde hace muchos años” ¿querría informarnos dónde encontrar algún documento científico que confirme tal aclaración? 3) ¿Podría decirnos, también, quién o quienes trazaron los límites del área idiomática y cultural catalana o del catalán?

Ningún académico fue capaz de contestar coherentemente. Nadie explicó por qué la RAE había cambiado la definición sin consultar a la Real Academia de Cultura Valenciana (RACV), desobedeciendo la normativa de El Instituto de España, a la que ambas pertenecen, de hacer “consultas previas” entre academias en materia propia de cada una de ellas. Todo esto puede leerse en el libro del Colectiu Valldaura La Real Academia Espanyola front a la Llengua Valenciana (1997).

El secretario Alonso Zamora Vicente mintió al decir que la vieja definición de valenciano fue una decisión personal de Casares y no un acuerdo tomado por la RAE. El secretario accidental, Rafael Alvarado, desmintió a Zamora, confesó que la nueva definición de valenciano respondía a la “opinión” de los académicos -no a un estudio científico- y al final concluyó: “No es competencia de esta Real Academia Española dictaminar sobre cuestiones ajenas a la lengua española o castellana”.

¿Sabes qué es realmente una Universidad?

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A menudo se entroniza a la Universidad como cúspide de la ciencia y el saber. Lo único que demuestra quien hace esto es que no ha ido nunca a una Universidad, de lo contrario sabría que se trata de un nido de pura y dura anticiencia. Sin embargo, muchos creen que cualquier sandez salida de una Universidad debe ser acatada como si fuera Palabra de Dios. ¿Pero qué es la Universidad realmente? Pues si no lo sabes, te lo voy a decir yo.

La Universidad es la institución que en su momento se mofó de Galileo Galilei, Albert Einstein, Charles Darwin, Thomas Alva Edison o Heinrich Schilemann, es la institución que expulsó a Salvador Dalí no en una sino en dos ocasiones y en la que Sigmund Freud tardó seis años en hacer una carrera de tres. La Universidad es eso que abandonó Bill Gates en el cuarto curso de carrera porque “no le estaba enseñando nada”.

La Universidad es esa institución anquilosada cuyo discurso metodológico no se ha renovado en centurias. Los planes de estudio son surrealistas, con asignaturas absurdas que nada tienen que ver con el oficio y cada día se ensancha más el abismo entre lo que ofrece la Universidad y lo que demanda la empresa y el mercado laboral. Además, hoy hasta el más zoquete puede acceder a la Universidad, basta simplemente con un 5 de nota.

La Universidad es donde las oposiciones están más amañadas que una escopeta de feria, a menudo hechas incluso a la medida, y para hacerte con la plaza se valora más una afiliación al PSOE o al Opus Dei que los méritos académicos del candidato. Y hay muchos profesores cuyo único interés por la ciencia es explorar bajo las sábanas la anatomía de sus alumnas. Determinados centros en vez de Facultades parecen picaderos más bien.

La Universidad es ese lugar en que los profesores no te enseñan a pensar sino que te enseñan qué pensar, así que muchas asignaturas son meras tapaderas de adoctrinamiento político. Lo que piensa el profesor es correcto, lo que pienses tú irrelevante. La respuesta correcta en el examen es siempre la opinión del profesor. Se bastardiza la libertad de cátedra al entenderla como el derecho del rector a mangonear, colocar amigotes, etc.

La historia nos revela que si el mundo ha progresado es a pesar de las Universidades y no gracias a ellas. Los profesores universitarios son los sofistas de nuestro tiempo. Así que ya estará bien de alabar la supuesta ciencia de una institución que no es sino un monumento a la ignorancia y la incultura. ¡Más mentes libres y menos lavados de cerebro! ¡Si los científicos de un país se encuentran en su Universidad… entonces pobre país!

 

FONT: Llengua Valenciana Blogspot. 2-6-2006.

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