Los milagros existen.

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Estoy muy contento. Hace dos meses a una hermana de la iglesia le encontraron un cáncer. Como la detección fue tardía, la enfermedad se había esparcido por todo el cuerpo. Los médicos decían que no había nada que hacer, que le quedaban meses de vida y que le iban a poner quimioterapia por poner algo, para que no fuera algo tan violento como decirle: “Vete a casa y muérete allí”. La habían dado por imposible. Pero los cristianos sabemos que lo que es imposible para el hombre es posible para Dios (Lucas 18:27) así que todos los miembros de la iglesia hicimos ayuno y oración por ella durante semanas. El otro día vino muy contenta y dijo: “Los médicos no se lo explican pero… estoy sana”. ¡A Dios sea la gloria!

Más sorprendente aún es el caso de mi pastora. Cuando ella estaba embarazada de cuatro meses de su hija, le fue detectado un cáncer de ovarios. Tenía dos opciones: someterse a quimioterapia y matar a su hija o seguir adelante con el embarazo y morirse ella. Nadie en su iglesia de entonces, en Chile, sabía que tenía cáncer. Un domingo una profeta de la iglesia comenzó a dar palabras de parte de Dios a la gente. Se acercó a ella y le dijo: “Cáncer, vete” y siguió su camino. En la siguiente visita, el médico le dijo que estaba sana. Años después, en una revisión rutinaria el ginecólogo le preguntó: “¿Quién te ha operado? El cirujano debe ser buenísimo, porque la marca casi ni se nota”. El cirujano había sido Jesús de Nazaret.

En Venezuela me contaron el caso de una señora del barrio en que viví un tiempo. Era una anciana que a principio de mes fue al banco a retirar todo el dinero de su pensión de jubilación. Unos delincuentes de la zona se habían dado cuenta, pero en lugar de atracarla la dejaron pasar en medio de ellos y no le hicieron nada. Al día siguiente, la señora otra vez se cruzó por la calle con ellos y le preguntaron: “Oye, ¿quiénes son esos dos tipos que te acompañaban ayer?”. Y la anciana preguntó:”¿Qué tipos?”. “Pues esos dos negros enormes, tan altos y fuertes, que te acompañaban cuando te cruzaste con nosotros. Uno iba a tu izquierda y otro a tu derecha” -dijeron-. Y la vieja respondió: “No sé de quién me hablas. Yo venía sola”.

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3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Luis
    Mar 12, 2015 @ 10:58:31

    Excelente testimonio.

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  2. Mare
    Mar 12, 2015 @ 12:29:58

    ¡Gloria a Dios…! La última palabra, la tiene Él… 🙂

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  3. EDF Apologetica
    Jun 07, 2015 @ 20:26:09

    Gracias por este artículo Josué, excelente! Bendiciones.

    Responder

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