El presidente del Gobierno español, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, se ha quedado sin discurso. Durante años ha pregonado de viva voz que bajo su presidencia no ampararía ningún recorte en los derechos sociales y laborales de los trabajadores. Pero ha mentido. De momento, ya ha propuesto un pensionazo que pretende, entre otras cosas, alargar la edad de jubilación hasta los 67 años de edad y ampliar en diez años, de los quince actuales a veinticinco, el periodo para calcular las pensiones… O dicho en cristiano: bajar las pensiones a nuestros mayores.
Durante años se ha insistido por activa y por pasiva que el aluvión de inmigrantes (legales e ilegales) que ha entrado en el Estado era necesario para pagar las pensiones. Al final, resulta que era mentira. Que los únicos realmente beneficiados con el excesivo número de extranjeros han sido los empresarios (que querían mano de obra barata) y los bancos (que querían vender pisos), no así los trabajadores, que han tenido que compartir las ayudas sociales con los recién llegados y encima no ven garantizada su pensión de jubilación como en su día se les prometió.
No hay necesidad de bajar las pensiones ni de trabajar más. La Seguridad Social rebosa dinero… Tanto es así que se prejubila a mucha gente con 50 años. Y a los señores diputados y senadores les basta con trabajar (si a apretar un botón se le puede llamar trabajar) dos legislaturas (ocho años) para tener una pensión vitalicia y de superlujo. Si la Seguridad Social permite eso es porque está muy saneada. Así, propongo que todos los currantes nos jubilemos tras pencar ocho años, siguiendo el ejemplo de nuestros honrados políticos. Porque aquí todos somos iguales… ¿no?






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