Falacia atea: Jesús no aparece en fuentes documentales clásicas aparte de la Biblia.

Dentro de la rumorología atea, se escucha a veces un murmullo de fondo que dice que Jesús nunca existió ni como Dios ni tan quisiera como hombre: la figura histórica de Jesús sería un invento porque fuera de la Biblia no existen documentos antiguos que hagan referencia a Cristo. Tal acusación es un absurdo mito.

Varios eruditos clásicos -no cristianos- documentaron la existencia de Jesús. El historiador judío Flavio Josefo en su obra Antigüedades de los Judíos, dice así:

“Vivió por este tiempo un hombre sabio, si es que propiamente se le puede considerar hombre, puesto que obraba maravillas; un maestro para quienes estuviesen dispuestos a recibir la verdad con alegría. Atrajo a su lado a muchos, tanto de los judíos como de los gentiles. Era el Cristo. Y cuando Pilato, a instancias de nuestros principales jefes, lo condenó a ser crucificado, aquellos quee desde el principio lo habían amado no lo abandonaron; porque Él se les apareció vivo al tercer día, según predijeron los profetas de Dios ésta y otras diez mil semejantes y admirables cosas referentes a Él. Los cristianos, así llamados por el nombre de Él, no se han extinguido hasta hoy”.

Tácito, un historiador romano del siglo II, escribiendo en sus Anales acerca del reinado de Nerón, mencionó la muerte de Cristo y la existencia de cristianos en Roma:

“Mas ni con socorros humanos, donativos y liberalidades, ni con las diligencias que se hacían para aplacar la ira de los dioses era posible librar a Nerón de la infamia de haber sido él, quien ordenó el incendio. Y así, el príncipe para apagar esta voz y justificarse, dio por culpados del crimen y comenzó a castigar con refinados géneros de tormentos a los que comunmente se llamaban cristianos, los cuales eran aborrecidos del vulgo por los excesos que se les atribuían. Su nombre lo tomaron de su fundador llamado Cristo, el cual, imperando Tiberio, había sido ajusticiado por orden de Poncio Pilato, procurador de Judea. Por entonces de reprimió un tanto aquella perniciosa superstición; pero tornó a reverdecer no solamente en Judea donde este mal comenzó, sino también en Roma…”

También el historiador romano Suetonio, en Vidas de los césares, Nerón, comentó de una forma muy breve respecto del que por entonces era un nuevo culto:

“(Nerón) aplicó castigos a los cristianos, una clase de hombres entregados a una nueva y peligrosa superstición”.

Por su parte, Plinio el joven, corresponsal del emperador Trajano, habla en una de sus Cartas refiriéndose a los cristianos según los había podido conocer en Asia:

“Afirmaban, sin embargo, que su completa culpabilidad, o su error, era que tenían el hábito de reunirse en un cierto día fijo, antes del amanecer, dedicándose a cantar en alternados versos un himno a Cristo como a un Dios, comprometiéndose entre sí, por medio de un solemne voto, no sólo a no cometer  acciones malvadas, sino a ni siquiera cometer fraude, hurto o adulterio; a no prometer en falso, ni a negar  un encargo cuando se les pidiera su devolución…”

Finalmente, Luciano, el satírico del siglo II, habló burlonamente de Cristo y de los cristianos. En su obra La muerte del peregrino aludió a Cristo de este modo:

“…el hombre que fue crucificado en Palestina, porque introdujo este nuevo culto en el mundo… Además, su primer legislador los persuadió de que todos ellos son hermanos, unos de los otros, y esto después de haber transgredido sus leyes una vez para siempre negando la existencia de los dioses griegos, y ahora adorando a aquel sofista crucificado, y viviendo bajo sus leyes”.

Talos fue un escritor secular del siglo I D.C. Su obra se perdió y sólo nos quedan fragmentos citados por otros escritores. Aquí, Julio Africano cita a Talos, que mencionó la oscuridad que cubrió la tierra cuando Jesús murió en la cruz. Africano, en su Cronografía, dice:

“Talos, en el tercer libro de sus historias, explica la oscuridad como un eclipse de Sol, lo cual me parece irrazonable (es irrazonable, por supuesto, porque un eclipse de Sol no ocurre durante la época de la Luna llena, y cuando Cristo murió fue durante la Luna llena de la Pascua)” .

Flegón, en su obra Crónicas, también habla de la oscuridad durante la crucifixión de Jesús. Aunque su obra está desaparecida, Julio Africano conservó un fragmento en su Cronografía:

“Durante la época de Tiberio César ocurrió un eclipse de Sol durante la Luna llena”.

Este acontecimiento aparece registrado también por Orígenes, autor del siglo III, y por Filopon, escritor del siglo VI.

Mara Bar-Serapio, un filósofo sirio, escribió una carta a su hijo desde la cárcel poco después del año 70 D.C. En ella compara a Jesús con los filósofos Sócrates y Pitágoras. Él dice así:

“¿Cuál es la ventaja que obtuvieron los atenienses por matar a Sócrates? Hambruna y plaga les llagaron como juicio por su crimen. ¿Cuál es la ventaja que obtuvieron los de Samos por quemar a Pitágoras? En un momento su tierra fue cubierta con arena. ¿Cuál es la ventaja que obtuvieron los judíos por ejecutar a su Rey sabio? Fue justo después de eso que su reino fue abolido. Dios vengó con justicia a estos tres sabios: los atenienses murieron de hambre; los samianos fueron abrumados por el mar; los judíos, arruinados y echados de su tierra, viven en una completa dispersión. Pero Sócrates no murió para siempre; continuó viviendo en la estatua de Hera. Ni el Rey sabio murió para siempre; continuó viviendo en la enseñanza que había entregado”.

En el Talmud babilónico leemos:

“En la víspera de la Pascua Yeshu fue colgado. Durante 40 días previos a su ejecución, un heraldo salía y gritaba: “Él va a ser apedreado porque ha practicado la brujería y ha seducido a Israel a caer en la apostasía. Si alguien tiene algo que decir en su favor que se presente y ruegue en su favor”. Puesto que nadie se presentó, él fue colgado en la víspera de la Pascua” (Sanedrín 43a; cf. T. San. 10:11; y San. 7:12; Tg. Ester 7:9).

Estos breves pasajes de Cristo y el cristianismo fueron escritos por hombres que ignoraban la historia de este movimiento, y que eran abiertamente hostiles a sus ideas. Existen otros muchos pero no creemos necesario citarlos todos. Gracias a estas breves notas sabemos que en el siglo II ya era un culto extendido y que la existencia histórica de Jesús era conocida incluso por sus enemigos.

Bibliografía consultada:

Nuestro Nuevo Testamento de Merill C. Tenney. Editorial Portavoz. 1989.

Nueva evidencia que demanda un veredicto. Josh McDowell. Casa Bautista. 2005.

 

FUENTE: Por qué dejé de ser ateo de Josué Ferrer.

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