Prólogo a El rey de las paradojas de Lucas Magnin.


Llevo varios años estudiando la Santa Biblia, leyendo libros, documentándome, tratando de familiarizarme cada vez más con la esencia del cristianismo. Y una de las pocas cosas que  he podido aprender a lo largo de todo este tiempo acerca de la mente de Dios es que es radicalmente distinta de la nuestra. ¿De que manera piensa nuestro Creador? Justo al revés que nosotros. Lo que para los seres humanos es de vital importancia para el Señor resulta insignificante y viceversa. La asombrosa vida, obra y milagros de Jesús de Nazareth nos revelan la naturaleza divina a través de un comportamiento paradójico acorde a la voluntad perfecta de nuestro Señor pero absolutamente desconcertante a los ojos de los hombres.

Jesús, quien es Dios mismo, tiene una extraña forma de pensar. Es el rey del universo y sin embargo decide rebajarse a la condición de un débil niño que nace en un pesebre.  Conoce perfectamente las Escrituras y sin embargo no se fija en la letra sino en el espíritu de la misma. Hace milagros prodigiosos pero rehúye la fama. Afirma que el que quiera ser el primero en el Reino de los Cielos debe hacerse aquí el último. Que debemos sentirnos dichosos al ser perseguidos por su causa. Que todo aquel que quiera ser verdaderamente libre ha de negarse a sí mismo y cargar con su cruz. Incluso ordena amar a nuestros enemigos. Jesús, en definitiva, nos habla de creer para ver cuando el resto del mundo quiere ver para creer.

¿Por qué tantas paradojas? ¿Por qué vivir justo al revés que el resto de la gente? ¿Es que acaso Dios se ha vuelto loco? Hoy muchos piensan que el ideario de Cristo es anacrónico, obsoleto. O demencial. Nada más lejos de la realidad. El problema radica en que el mensaje de Jesús es completamente revolucionario. Mucho más que la Teoría de la Relatividad o la física cuántica. Es de hecho tan increíblemente revolucionario que 2000 años después aún no ha sido entendido. “Ama a Dios con todas tus fuerzas y al prójimo como a ti mismo”… Si la humanidad hubiese comprendido lo que realmente significa esto no tendríamos la basura de mundo que tenemos, plagado de injusticias, guerras y niños que mueren al no tener qué comer.

Cuando llegó a mis manos El rey de las paradojas de Lucas Magnin pensé que era la obra de un catedrático universitario de 50 años de edad. Me quedé estupefacto al descubrir que el autor era un joven argentino de solamente 21 años. Es éste un libro de teología de alto nivel, que puede ayudar al lector a conocer  más acerca de Jesucristo y de su paradójica forma de pensar, sentir y actuar. Le deseo al autor la mejor de las suertes con éste, su primer libro publicado, y ojalá que sea el primero de una fecunda y exitosa carrera literaria que pueda servir para exaltar, engrandecer y glorificar no su propio nombre sino el de Aquel que le concedió inteligencia para escribir: nuestro Dios que está en los cielos. Es decir, Jesús.

Josué Ferrer.

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