La insoportable forma de ser de los hombres españoles.

Hace un año publiqué un artículo titulado La insoportable forma de ser de las mujeres españolas donde criticaba el feminazismo de muchas chicas de este país de países llamado España. El texto superó todas mis expectativas ya que en muy poco tiempo acumuló miles de visitas, cientos de comentarios y dio varias vueltas a internet. Las españolas, que no aparecían muy bien retratadas, me acusaron de machista (que típico y que tópico ¿verdad?) cuando sólo había una crítica a una mentalidad, a una forma de hacer las cosas y de entender la vida.  Supongo que en esta ocasión no tendré tanto éxito, ya que los hombres por lo general encajan mejor las críticas (por ejemplo puedes decirle a un tío que no es capaz de hacer dos cosas al mismo tiempo y no se enfada, pero si se lo dices a una chica te llama machista). Sea como sea, aquí va mi opinión sobre los repugnantes hombres de España:

1) Los hombres españoles son borrachos y puteros. Hay dos negocios en España que nunca cierran: bares y  puticlubs. Incluso en la Ejpaña de postguerra, donde la gente vivía en la extrema pobreza, nunca faltaba dinero para ir al bar a hacerse un vinito. Y hoy no podremos llegar a final de mes pero los bares están siempre llenos. Y a falta de industria o alta tecnología, España puede presumir de ser una potencia mundial en puteros. Siempre hay una excusa para irse de putas. Antiguamente, porque las mujeres llegaban vírgenes al matrimonio y los machos tenían que visitar los burdeles para desahogarse. Hoy que las relaciones prematrimoniales están a la orden del día la razón es “que hay que probar cosas nuevas”. Incluso cuando se casan, es decir, cuando teóricamente viven con la mujer de sus sueños, también hay excusa: “Es que todos los días con la misma, aburre”.

2) Son sumisos y calzonazos. España es un país grotesco donde los hombres se depilan las piernas y las mujeres llevan los pantalones en la casa. Un país de marimachos y de calzonazos. Las mujeres hacen de hombre y al revés. Es muy frecuente oir: “En casa manda mi mujer”. Y esto es así porque los varones españoles son mediohombres, han renunciado a su papel de cabeza de familia y se dejan dominar por sus esposas, que juegan con ellos como si fueran títeres. Lo peor de todo es que encima lo ven bien, y tratan de disimular su cobardía de modernidad. Es decir, no es que ellos profesen una sumisión canina a sus esposas porque les tienen miedo sino que “creen en la igualdad”. Pero curiosamente esa igualdad de sexos siempre se traduce en que es la mujer quien da las órdenes y el marido tiene siempre la última palabra, que por supuesto no es otra que “Sí, cariño”.

3) En España el pecado capital es la envidia. Y afecta de forma desmesurada a todo el mundo desde la niñez. Es verdad que la envidia es algo más o menos universal en las féminas, que a menudo compiten entre ellas por ver quien es la más bella y murmuran de cualquier señorita que pueda hacerles sombra en hermosura o felicidad. Pero en España también los hombres son terriblemente envidiosos. Cuando alguien destaca en el colegio, los compañeros le hacen la vida imposible. Cuando alguien triunfa, en lugar de despertar la admiración de sus compatriotas, recibe críticas. El talento de los españoles es respetado en el extranjero, pero nunca en su tierra. No en vano las grandes mentes en este país sólo tienen tres salidas: por tierra, por mar y por aire. En España existe una enorme guadaña que por las mañanas siega la cabeza a cualquiera que se atreva a asomarla.

4) Son perezosos. En España hay mucho vago, mucho empleado que llega tarde al trabajo, mucho haragán que no pega ni golpe, que se inventa enfermedades para cogerse la baja y quedarse a dormir en casa, mucho listillo que trabaja en negro al tiempo que cobra del paro. Porque se castiga la honradez y se premia la picaresca. En los países protestantes se suele trabajar como un cabrón para tener una buena economía. Aquí se prefiere tener tiempo libre y disfrutar de la vida. Se alimenta el parasitismo: se fomentan los subsidios para los holgazanes en lugar de ayudar a los emprendedores a montar un negocio. La gente prefiere presentarse a unas oposiciones a ser empresario. Si trabajas duro, dejas en evidencia a los compañeros de la fábrica que van a pasar el rato y te regañan por ello. Encima, hacerse rico está mal visto. Con esta mentalidad, con razón los españoles son pobres.

Podríamos añadir otras muchas excelencias de estos machos ibéricos, como por ejemplo que se bañan poco y huelen mal, pero tampoco es necesario alargar el artículo innecesariamente. El hombre español, en cuanto a persona, no es mejor ni peor que cualquier otro miembro de la especie humana. Ahora bien, no cabe duda de que tiene una cultura, mentalidad, costumbres, un entorno y unas experiencias vitales que le convierten en el patético individuo que sin duda es. Por supuesto no todo el mundo es igual, siempre hay excepciones a la regla y todo eso, por lo que si tú eres varón y español y no cumples con estos requisitos pues enhorabuena chavalín, porque desde luego eres de los pocos que se libran en este país de caspa y pandereta. Pero la inmensa mayoría peca de estas costumbres nefastas, lo cual a mí personalmente me causa una gran vergüenza y me llena de tristeza.

Relacionado: La insoportable forma de ser de las mujeres españolas.

Relacionado: La insoportable forma de ser de las feminazis.

¿Cómo deben ser el marido y la mujer en el matrimonio cristiano?

“Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas” (Colosenses 3:18-19).

¿Cómo debe ser la esposa en el matrimonio? Dice la Palabra de Dios: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo”. De este pasaje extraemos que la mujer debe ser sumisa y obediente a su marido. Esto no quiere decir, ni mucho menos, que la esposa deba ser una esclava o un cero a la izquierda que no cuenta para nada. Ni tampoco que el marido deba ser un dictador. De hecho, la propia Biblia establece que el hombre y la mujer son iguales ante Dios (Gálatas 3:28). Esta sumisión se entiende más bien en el sentido de que la mujer debe respetar la autoridad del esposo como cabeza de familia que es. Otros pasajes de la Biblia insisten en que la mujer debe respetar al marido (Efesios 5:33) y estar sujeta a él (Colosenses 3:18).

Por su parte, Pedro insta a la mujer estar sujeta a su marido, ser casta y respetuosa y no tener una imagen externa con peinados ostentosos, adornos de oro o vestidos lujosos, sino un espíritu afable y apacible (1 Pedro 3:1-4). Tan importante es la mujer que desde el principio vio Dios que no era bueno que el hombre estuviera solo, por eso le hizo una ayuda idónea (Génesis 2:18). Incluso el sabio Salomón reconoce la vital importancia de tener una buena esposa en tres pasajes absolutamente impagables. El primero dice así: “La mujer sabia edifica su casa, pero la necia con sus manos la derriba” (Proverbios 14:1). El segundo reza: “Mujer virtuosa ¿quién la hallará? Porque su valor sobrepasa largamente al de las piedras preciosas. El corazón de su marido confía en ella y no carecerá de ganancias” (Proverbios 31:10). Y el tercero advierte: “Engañosa es la gracia y vana es la hermosura; la mujer que tema a Jehová, esa será alabada” (Proverbios  31:30).

Pero es que ¿acaso Dios es machista? No. De hecho, pone al marido unas obligaciones mucho mayores que a la esposa. Al hombre se le ordena amar a su mujer y no ser áspero con ella (Colosenses 3:19), tratarla como a vaso frágil, es decir, con delicadeza (1 Pedro 3:7), amar a su esposa como a su propio cuerpo (Efesios 5:28), dejar a su  padre y a su madre para unirse a su mujer y formar con ella una sola carne (Efesios 5:31), amar a la mujer como a sí mismo (Efesios 5:33) y lo que es aún más fuerte: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella” (Efesios 5:25). Fíjate bien lo que dice… amar a la esposa “como Cristo amó a la iglesia”. ¿Qué quiere decir esto? Que un marido debe amar a su esposa hasta el punto de llegar a dar la vida por ella, si esto fuera necesario, pues eso mismo es lo que Cristo hizo por nosotros. La mujer no tiene la obligación de morir por su esposo. En cambio, el hombre sí la tiene.

¿Y qué hay del sexo? El apóstol Pablo es claro al respecto: “Acerca de lo que me habéis preguntado por escrito, digo: Bueno le sería al hombre no tocar mujer. Sin embargo, por causa de las fornicaciones tenga cada uno su propia mujer, y tenga cada una su propio marido. El marido debe cumplir con su mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con su marido. La mujer no tiene dominio sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido dominio sobre su propio cuerpo, sino la mujer. No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración. Luego volved a juntaros en uno, para que no os tiente  Satanás a causa de vuestra incontinencia” (Corintios 7:1-5). Así pues, para huir  de las fornicaciones (sexo fuera del matrimonio), Pablo aconseja al hombre y la mujer casarse, tener relaciones frecuentemente para evitar tentaciones y no negar el sexo el uno al otro.

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