Mandan gitanos rumanos a la cámara de gas.

Empezaron por echarlos a patadas de sus países, Rumanía y Bulgaria. Después los expulsaron de Italia. Luego Francia. Ahora se suman Alemania, Dinamarca y Suecia. En ningún rincón de toda Europa quieren a los gitanos búlgaros y rumanos.

En estos días se leen en la prensa exabruptos increíbles por parte de algunos políticos, oenejetas y progres de salón. “Fascismo”, “racismo”, “xenofobia”, “vergüenza”, “retorno a los años 40″ y “lo nunca visto desde la Segunda Guerra Mundial”.

Alguien que hubiera estado en coma en los últimos dos años, despertase ahora y leyese los periódicos pensaría que están mandando gitanos en el tren de la muerte rumbo a la cámara de gas. Pero solamente están devolviendo rumanos a Rumanía.

Y ojo, que no los están deportando por ser gitanos ni por ser rumanos sino por vivir de la mendicidad, el hurto y el trapicheo. No son honrados inmigrantes que vienen a trabajar y pagarnos las pensiones sino escoria que viene a mendigar y robar.

Aquí hay mucha hipocresía. Hay miedo a llamar gentuza a la gentuza. Parece como si tuviéramos que aceptar que nuestros barrios se llenen de delincuentes y de chusma y encima guardar silencio. No sea cosa que nos vayan a llamar racistas.

Pues mire, yo prefiero que me llamen racista a que me llamen gilipollas. Porque hay que ser muy gilipollas para dejar que tu barrio se llene de mangantes y cruzarse de brazos sin hacer nada. O para pretender convertir a carteristas en las víctimas.

Los gitanos rumanos van sucios, no se lavan ni asean, apestan, mendigan, educan en sus absurdas y analfabetas costumbres a sus niños impidiéndoles la escuela, oprimen a sus niñas con su machismo, mandan a sus hijos a robar carteras y bolsos…

Acampan donde les da la gana, degradan las zonas céntricas de las ciudades con su sola presencia, molestan y mucho, provocan ruidos y suciedades, escarban en la basura, crean mafias, copan ayudas sociales, no trabajan ni pagan impuestos…. ¿Sigo?

Éstas son las auténticas razones por las que los expulsan y por las que nadie los quiere. Todo lo demás es hipocresía y demagogia barata. Es como si una mujer comete un crimen, la llevan a prisión y ella alega que “la discriminan por ser mujer”.

Hoy en día está de moda quedar bien de cara a la galería. Pero sólo de cara a la galería, ojo. Porque todos esos solidarios de boquilla que tanto defienden a los gitanos rumanos no los aguantarían como vecinos suyos ni tan siquiera una semanita.

Los gitanos rumanos lo tienen bien fácil: si no están dispuestos a cumplir con las normas de convivencia europeas, existen otros continentes donde pueden ir a vivir: América, África, Asia, Antártida y Oceanía. Compórtate o lárgate. Es así de sencillo.

Parasitismo gitano rumano.

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A falta de petróleo o diamantes, Rumanía se ha convertido en el primer exportador mundial de gitanos. Auténticos ejércitos de mendigos y gorrillas se abren paso a través de las principales capitales de Europa. Aunque hay excepciones: el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, en gran medida presionado por la Liga Norte de Umberto Bossi, ha promovido la persecución y expulsión del país de esta gente. Ello le ha valido las acusaciones de fascismo, racismo y xenofobia por parte de la prensa de media Europa.

Ahora bien, el discurso en la calle es bien distinto. La gente de a pie de dentro y de fuera de Italia apoya esa política. No nos engañemos: los gitanos rumanos no vienen a trabajar sino a aprovecharse de los que sí trabajamos. No vienen a pagarnos las pensiones sino a que se las paguemos a ellos. Vienen a aprovecharse de nosotros; para que les demos gratis sanidad, educación, beca del comedor escolar, libros de texto, vivienda de protección oficial, ayudas sociales, etc, etc. Vamos, todito por la cara.

¿Y qué nos ofrecen a cambio? Poblados chabolistas, menudeo de droga, mendigos, gorrillas,  mafias organizadas, carteristas menores de edad, evasión de impuestos… Nada bueno. Cuando una persona vive a costa de otra sin aportar nada positivo a cambio eso tiene un nombre: parasitismo. Yo aplaudo a Berlusconi por haber sido lo suficientemente valiente como para expulsar a semejante chusma de su país sin miedo al qué dirán. Lo único que me sabe mal es que ahora se vienen todos a Valencia. Pero de aquí nadie los echa.

No todos los inmigrantes son iguales. Algunos suman y otros restan. Tras la Segunda Guerra Mundial, los portugueses fueron a Venezuela con una mano delante y otra detrás. Hoy son los dueños de la mayoría de hornos y heladerías del país. Montan un negocio, generan empleo y riqueza, pagan impuestos…  Gente así interesa. Como los judíos que fueron a Estados Unidos. Muchos solamente llevaban una maleta. Hoy son grandes empresarios, magnates de la prensa, profesores de Universidad, científicos y hasta premios Nobel.

¿Pero los gitanos rumanos? ¡Que alguien me explique que beneficio obtiene mi nación por acoger a decenas de miles de mendigos y de gorrillas! Y que si lo son no es porque hayan tenido mala suerte sino porque ésta es su mentalidad, porque tienen un estilo de vida parasitario. Me da igual lo que me llamen. Fascista, comunista o nazi. Me da igual. Pero no quiero a esta gente que ha venido a aprovecharse de mis impuestos.  No quiero pagar a un gorrilla cada vez que aparco ni tampoco barrios llenos de basura ni plagas de pulgas.

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