En la década de 2000 España vivió una explosión de prensa gratuita (Qué!, ADN, 20 minutos, El Micalet, Metro, La Hoja de la Tarde, Latino, Sí se puede, Bien…) pero pocos recuerdan que el primer diario gratuito que se publicó no en Valencia sino en toda Europa fue el Minidiario, que vio la luz el 3 de noviembre de 1992 con una tirada de 15.000 ejemplares. Este periódico fue el diario gratuito decano en el continente y tuvo tres cabeceras distintas (Minidiario Gratuito, Minidiario Valencia y finalmente Minidiario de la Comunidad Valenciana). Su tirada llegó a ser de 73.000 ejemplares diarios -de lunes a viernes- y tenía una edición para Valencia y otra para Alicante. El 11 de julio de 2008 salió a la calle por última vez en su edición de Valencia. La de Alicante había dejado de publicarse en el mes de mayo.
¿Sabías que el Minidiario fue el diario gratuito decano en Europa?
02 jun 2013 Dejar un comentario
en Cultura Valenciana Etiquetas: cultura valenciana, Minidiario, Periodismo, prensa, prensa gratuita, Valencia
Cosas estúpidas que hace la gente blanca.
17 oct 2012 10 comentarios
en Multiculturalidad Etiquetas: Actualidad, Cultura, estupidez, Felix Baumgartner, Libro Guinness, Multiculturalidad, prensa, récord, Sociedad
Estos días hemos sido testigos de un simiesco espectáculo que la prensa se empecina en mostrar como una hazaña. El paracaidista austríaco Felix Baumgartner ha batido el récord mundial de salto al arrojarse al vacío desde la friolera de 39.000 metros de altura. Los periodistas no dudan en calificarlo de héroe.
Pero yo me pregunto: ¿Qué tiene esto de heroísmo? ¿Qué de prodigioso? ¿No es más bien una solemne memez? ¿No hay que estar un poco tocado del ala para atreverse a hacer semejante salvajada? ¿Qué provecho trae esto a la sociedad? ¿Ha descubierto Felix Baumgartner la penicilina? ¿Ha curado el parkinson tal vez?
No, no ha valido para nada más que para obtener sus quince minutos de fama y para entrar en el Libro Guinness de los Récords, donde figuran otras proezas como la plusmarca de mayor cantidad de huevos aplastados en la cara durante un minuto, pedalear hacia atrás con un violín o recibir la patada más fuerte en las bolas.
Alpinismo, paracaidismo, puentismo o ala delta, entre otras, son formas estúpidas de jugarse la vida. Entiendo al piloto de carreras que la arriesga porque algo le puede compensar (dinero, prestigio, un campeonato…) pero ¿en qué piensa un tío que escala una montaña de 8.000 metros sólo para que, acto seguido, vuelva a bajarla?
Yo no siento en absoluto ninguna tristeza por un alpinista que muere en la montaña, ni por ese paracaidista que se espachurra contra el suelo porque no se abrió el paracaidas ni por el choni que se mata en la carretera por conducir a 200 kilómetros por hora… Porque no han muerto sino que ellos mismos se han matado.
Mi mujer, que es negra, me dice que en África la gente es incapaz de comprender por qué los blancos arriesgan sus vidas estúpidamente. En África la picadura de un mosquito puede suponer un contagio de malaria y no tener dinero para una operación de apendicitis, la muerte. Defínitivamente allí valoran la vida más que aquí.
No veo a los negros, a los amarillos o a los amerindios arriesgar sus vidas sin una razón de peso. Esto es más bien propio de gente blanca. Y me pregunto por qué. Para mí la vida es un don, un regalo que Dios nos concede, algo demasiado sagrado, demasiado valioso como para ponerla en juego por quince minutos de fama.






Comentarios recientes