Esta semana he tenido un tanto abandonado el bloc. Pero ha sido por una buena razón. El lunes 19 de noviembre de 2012 nació mi hija Esperança Ferrer Asenoguan. Muy sana, muy bondadosa, muy bella. Jamás creí que un pedacito de carne tan pequeño fuera capaz de generar una ilusión y una felicidad tan grandes.
He sido padre.
25 nov 2012 6 comentarios
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¿Homofobia? No, demagogia.
12 dic 2011 64 comentarios
en Cristianismo Etiquetas: Cristianismo, día del orgullo gay, demagogia, Dios, gaymonio, gays, homofobia, homosexualidad, homosexualismo, lesbianas, lesbimonio, matrimonio, matrimonio homosexual, pecado
En el lenguaje de lo hipócritamente correcto, existen temas tabú que parecen ser intocables so pena de ser acusado de las peores vilezas. Es lo que se llama falacia ad hominem; esto es, cuando atacas a la persona en lugar de atacar el argumento que dio. Por ejemplo, si yo digo que estoy en contra de la homosexualidad porque es mala, me acusarán de “homófobo” y de “odiar a los homosexuales”. La acusación no sólo es una falacia, en tanto que no responde a un argumento con otro argumento sino con etiquetas; es también una estupidez. Es como si dices que estás en contra de la anorexia y te acusan de odio y discriminación hacia las anoréxicas.
Que rechaces la anorexia no quiere decir que rechaces a las anoréxicas, si rechazas la homosexualidad no por ello rechazas al homosexual, que estés en contra del pecado no quiere decir que estés en contra del pecador, que repudies la circunstancia no significa que repudies a la persona que hay tras ella. Esto es tan elemental que hasta un niño lo entendería (¿o es que tú no puedes tener un amigo de derechas si eres de izquierdas? ¿dejas de saludar a tu cuñado madridista sólo porque tú seas del Barça?), por lo que confundir la circunstancia con la persona como si ambas fueran una misma cosa es de tener muy pocas luces o muy mala leche.
Algunos dicen que la homosexualidad es una enfermedad, otros que un vicio, los hay que la consideran un estilo de vida o una orientación sexual tan respetable como cualquier otra. Yo no sé quién de todos ellos estará en lo cierto, pero de una cosa estoy completamente seguro: la homosexualidad es un pecado, algo que ofende a Dios. Y como cristiano que soy no puedo aceptarla ni dar mi visto bueno porque una cosa que está mal, porque esté socialmente aceptada por la mayoría de la gente, no deja de estar mal. No es homofobia sino pecadofobia lo que impulsa a los auténticos cristianos a rechazar las prácticas sexuales de lesbianas y gays.
Pretender acusar de homofobia a los cristianos no deja de ser demagogia pura y dura. Si mañana la Asociación Nacional de Adúlteros quiere convencernos de que el adulterio es un respetable estilo de vida, que no cuente con nosotros, porque nuestros valores morales no son fijados por modas que van y vienen sino por Dios mismo. Y resulta cuanto menos curioso que los adalides de la tolerancia sean capaces de tolerar a todo el mundo menos a nosotros los cristianos, a quienes nos tachan de homófobos, medievales, trogloditas, etc, simplemente porque nos negamos a dar nuestro visto bueno a un pecado que resulta abominable a ojos de Dios.
Los grupos de presión homosexuales quieren convencer a la sociedad de que estar contra el gaymonio y lesbimonio es un acto de homofobia. Si yo considero que la unión de dos personas del mismo sexo no es un auténtico matrimonio me acusarán de vulnerar los derechos de gays y lesbianas. Si así fuera, no los discrimino más de lo que discriminamos a un polígamo cuando le decimos que la unión de un hombre con cuatro mujeres no es un auténtico matrimonio. O a un trío compuesto por dos mujeres y un hombre cuando les decimos que su relación, se pongan como se pongan, no es un auténtico matrimonio. Que lo suyo es otra cosa.
La auténtica marginación se la infligen los homosexuales a sí mismos. No hay más que ver el día del orgullo gay. En lugar de denunciar que en Irán ahorcan a los gays por el solo hecho de serlo, ellos se ponen las plumas y empiezan a hacer mariconadas por la calle. Se trata de un carnaval mariquita, un esperpento digno de la parada de los monstruos, un colectivo humano que con sus numeritos de circo no hace sino distanciarse cada vez más y más de la supuesta integración y normalidad que dice reivindicar, y que manda el mensaje al mundo -alto y claro- de lo que realmente es y quiere ser: un ridículo gueto muy alejado de la gente normal.
De luna de miel.
01 may 2011 6 comentarios
en Cristianismo Etiquetas: boda, Dios, Familia, luna de miel, matrimonio
Casarse es una de las decisiones más importantes de la vida. Ayer cumplí con uno de mis sueños de infancia; casarme con una buena mujer. Espero poder formar un hermoso hogar y fundar una gran familia con la ayuda de Dios. De momento, me encuentro disfrutando de mi luna de miel. Actualizaré el bloc dentro de unos días.
Dios o el juzgado ¿quién es el trámite?
01 feb 2011 2 comentarios
en Cristianismo Etiquetas: boda, burocracia, Dios, iglesia, matrimonio, matrimonio civil, matrimonio religioso
Hay cosas que no entiendo de la Iglesia Evangélica y de sus pastores. A la hora de celebrar un matrimonio existen dos visiones opuestas. Por ejemplo, los pastores africanos consideran que lo importante es la boda por la iglesia y el juzgado lo secundario. Tanto es así que te pueden casar el próximo domingo si quieres, sin necesidad de esperar al permiso del juez. Cuando se resuelva el papeleo, dentro de ocho o nueve meses, te limitas a casarte por el juzgado con un par de testigos y ya está. Firmamos los papeles, un par de fotos y a casa. Los pastores gitanos hacen exactamente igual. Es una buena medida para evitar caer en tentación, ya que los cristianos estamos llamados a guardar la abstinencia sexual antes de la boda.
Pero para los pastores valencianos sucede al revés. Primero debes esperar los nueve meses del papeleo y después te casas por la iglesia. Es como si el visto bueno del juez fuera más importante que el de Dios. Para mí es secundario lo que diga una administración corrupta hasta las cejas. En ese sentido no entiendo por qué hay pastores que se niegan a casar a una pareja hasta que hayan concluído todos los trámites burrocráticos, porque sería más sencillo casarse y cuando, dentro de un año, te llamen para poner una firmita vas y la pones. Para negros y gitanos la boda por la iglesia es lo que cuenta y el juzgado un trámite. Para los blancos parece como si lo realmente importante fuera el juzgado y la bendición de Dios el trámite.
Los pastores que defienden la segunda postura argumentan que la Biblia dice que hay que respetar a las autoridades. Y digo yo que éstas no están por encima de Dios porque de lo contrario tendríamos que aceptar el aborto, las parejas de hecho o los gaymonios y lesbimonios, ya que, al fin y al cabo, todos han sido puestos por las autoridades. Si para un pastor lo realmente importante es el visto bueno del juez y no el de Dios ¿para qué casarse por la iglesia? Sería más sencillo hacerlo por el juzgado y ya está. En mi modesta opinión, un matrimonio civil no existe a los ojos de Dios por la sencilla razón de que éste se hace a propósito para no invitarle a la boda. Soprendentemente, no todos los pastores cristianos piensan así.
Cierto es que en el primer modelo -el africano y gitano- tu boda no tiene validez legal (en teoría, ojo) hasta que los burrócratas concluyan el papeleo. Digo en teoría porque existe un precedente de una mujer, María Luisa Muñoz La nena, que se casó por el rito gitano en 1971. Durante casi 30 años de matrimonio no acudió nunca a inscribirse en el registro civil y cuando su marido falleció en 2000, ella solicitó una pensión de viudez. Y el Tribunal de Estrasburgo falló a su favor en una sentencia histórica. Si los cristianos no somos de este mundo ¿cuándo estamos realmente casados? ¿Cuando lo dictamina un juez o cuando lo dictamina el Todopoderoso? Es asombroso que para muchas iglesias Dios sea el trámite.
¿Se casó Jesús con María Magdalena y tuvieron hijos?
18 oct 2010 12 comentarios
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Pregunta de Carlos Hernán Ospina González.
Vilanova i La Geltrú, Cataluña. España.
¿Se casó Jesucristo con María Magdalena? ¿Tuvieron hijos? Ésta es una pregunta muy recurrente, sobre todo a partir de la publicación de ciertas novelas de ciencia ficción que toman el nombre de Jesús en vano para vender ejemplares. La respuesta es no. Jesús nunca se casó ni con María Magdalena ni con nadie. Ni tampoco tuvo hijos. Ni su descendencia formó una extraña secta que controla el mundo desde las sombras. Ni tampoco Jesús era homosexual. Ni extraterrestre. Todo son inventos disparatados de escritores mediocres que necesitan generar polémica y morbo para poder llenarse los bolsillos a costa de difamar a Jesús el Cristo.
¿Tenemos alguna constancia de que Jesús se hubiese casado? Ni una sola. Ni en la Biblia ni en ninguna fuente fiable de la antigüedad. Ni tampoco lo mencionan los apóstoles. Si ni siquiera ellos, que vivieron codo a codo con Él, mencionan un dato tan importante ¿por qué deberíamos pensar lo contrario? Los evangelistas no ocultan que Jesús tuvo hermanos… hasta mencionan algunos de sus nombres. ¿Por qué deberían ocultar que Jesús tuvo hijos si efectivamente los hubiese tenido? Es absurdo. ¿Es que acaso sería un escándalo, un sucio secreto que Jesús hubiera sido un varón casado? No. Nada más lejos de la realidad. Todo lo contrario, de hecho.
Un Jesús casado sería, en mi opinión, un personaje aún más normal y humano. No habría en ello pecado alguno pues Dios mismo vio que no era bueno que el hombre estuviese solo y por esto le dio una compañera (Génesis 2:18-24). De hecho, Jesús mismo bendice el matrimonio (Mateo 19:3-6) y la Biblia anima a los cónyuges a practicar el sexo (Corintios 7: 3-5). Supongo que el Nazareno decidió no casarse nunca porque sabía que su misión era ser sacrificado como un cordero en la cruz y por ello prefirió ahorrarle pasar por ese mal trago a una esposa condenada a ser viuda y a unos vástagos que habrían de quedar huérfanos de padre.
Fuente: Santa Biblia de Evaristo Martín Nieto 1988.
¿Por qué Dios no castigó la poligamia en el Antiguo Testamento?
14 oct 2010 25 comentarios
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Pregunta de Rosa Micó.
Vilanova i la Geltrú, Cataluña. España.
Antes de empezar a hablar de la poligamia convendría aclarar algunos conceptos. Poligamia quiere decir simplemente matrimonio de más de dos personas. Ahora bien, existen diferentes tipos de poligamia. Está la poliginia, que es cuando un hombre se casa con varias mujeres (por ejemplo como hacen los musulmanes). Pero también está la poliandria, cuando una mujer tiene varios maridos (por ejemplo en el Tíbet, aunque es una práctica en decadencia). E incluso existe un tercer tipo, que consiste en varios hombres y varias mujeres casados todos juntos en un matrimonio múltiple (caso este último extremadamente inusual). Cuando aquí vamos a hablar de poligamia nos referiremos al primer tipo, la poliginia. Es una tradición milenaria presente en la Biblia y muy viva aún en África, no sólo entre musulmanes sino incluso entre cristianos, aunque esto último poca gente lo sabe.
El primer caso en la Biblia fue Lamec en Génesis 4:19: “Y Lamec tomó para sí dos mujeres”. Sabemos que muchos hombres prominentes del Antiguo Testamento eran polígamos, como Abraham, Jacob o David entre otros. El caso más exagerado fue el del rey Salomón, quien tuvo 700 esposas y 300 concubinas (1 Reyes 11:3) No existe ninguna condena explícita hacia la poliginia en toda la Biblia. A Salomón Dios lo castiga no por tener muchas esposas sino porque él consentía que algunas de ellas adoraran falsos dioses (1 Reyes 11:1-13). Y el máximo reproche bíblico hacia el asunto es el de que el rey de Israel “no tomará para sí muchas mujeres, para que su corazón no se desvíe” (Deuteronomio 17:17). Reproche que permitía que tuviera más de una. En todo caso, la ley indicaba que cuando se tomara una nueva esposa nada debería disminuir a la primera (Éxodo 21:10).
El Señor nunca castigó la poligamia en la Biblia. Conociendo el contexto sociocultural de la época es fácil deducir los motivos. Primero, siempre ha habido más mujeres que hombres en el mundo. Estadísticas actuales hablan de un 51% de mujeres frente a un 49% de varones, lo cual en aquel tiempo suponía decenas de miles de mujeres más que de hombres. Segundo, en la Antigüedad las guerras eran especialmente atroces con lo que tal vez de cada cien hombres que marchaban a la guerra sólo veinte o treinta regresaban con vida. Tercero, había altísimas tasas de mortalidad infantil, por lo que, desde un punto de vista estrictamente reproductivo, la poliginia era clave pues un varón podía concebir más hijos estando casado con varias esposas que estándolo sólo con una. Así, una tribu podía poblar un territorio más rápidamente para poder construir allí una nación.
Pero la más importante de las razones es que aquella era una época en la que la mujer no podía estudiar o trabajar como ahora. Su acceso al empleo estaba prácticamente vetado y su destino era ser madre y ama de casa, con lo cual el sustento económico lo traía el marido, por lo que una dama sin esposo quedaba sumida en la ruina y a menudo debía vender su cuerpo para sobrevivir. Para evitar este drama es que se inventó la poliginia. Una fémina soltera, o una viuda con hijos a su cargo, iba a la bancarrota. La viuda era el paradigma de la persona más pobre de entre todos los pobres. En aquel entonces no existían las pensiones de viudez, ni la Seguridad Social, ni el estado del bienestar ni nada. Una viuda se hundía en la extrema miseria. Prácticamente sólo podía sobrevivir de la caridad de sus familiares, de la ayuda de la iglesia o de ejercer el oficio más antiguo del mundo.
La ley judía obligaba a un hombre a que se casara con la esposa de su hermano si éste fallecía. Así, un varón, aunque ya estuviese casado, debía tomar por esposa a su cuñada y encargarse de su manutención y de la de sus hijos. Para el común de los mortales esto significaba más un problema que otra cosa. Primero, porque suponía una carga económica. Y segundo, porque estaba obligado a casarse con su cuñada, le gustase o no le gustase. Y la cuñada no siempre tenía por qué ser Miss Universo, podía tratarse de una mujer fea y antipática. La poliginia por tanto lejos de ser un instrumento machista para saciar los apetitos sexuales de los hombres, era en realidad un salvavidas económico para auxiliar féminas que no tenían nada para comer. La idea era algo así como que si una mujer se quedaba sin marido, había que buscarle rápidamente uno nuevo para que se ocupara de ella.
Desde una óptica feminista del siglo XXI quizás la poliginia pueda parecer una medida machista, pero en realidad era progresista y hasta feminista para los parámetros de aquella época pues era una especie de primitiva Seguridad Social que obligaba a los varones a encarcargarse de las mujeres. Y servía para poblar rápidamente un país. Una feminista podrá objetar que aquello era injusto o preguntarse por qué una dama no podía tener cinco maridos. La respuesta es obvia: porque eso no le permitía tener cinco hijos por año. Desde un punto de vista reproductivo o demográfico era inútil. Es cierto, no obstante, que los reyes y los poderosos abusaron de la poliginia para crear todo un harén a su servicio. Aunque lo mismo viene a ocurrir ahora: los ricos y los famosos se aprovechan de su situación para ser mujeriegos y saltar de cama en cama. Nada nuevo bajo el sol.
Resulta indiscutible que Dios no sólo no castiga la poliginia en ningún momento sino que incluso la tolera. Pero aún cuando se permitía la poligamia, la Biblia presenta la monogamia como el plan que se ajusta más al ideal de Dios para el matrimonio. La Biblia dice que la intención original de Dios fue que un hombre estuviera casado sólo con una mujer: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola (singular) carne.” (Génesis 2:24). Mientras que Génesis 2:24 describe lo que es el matrimonio, más que cuántas personas deben integrarlo, debe notarse el uso consistente del singular. En el Nuevo Testamento, 1 Timoteo 3:2, 3:12 y Tito 1:6 señala: “marido de una sola mujer” en una lista de requerimientos para el liderazgo espiritual de un anciano. Por tanto, todo apunta en un sentido muy unidireccional, como se puede ver.
Por su parte, en Efesios 5:22-33 el apóstol Pablo habla acerca de cómo debe ser un matrimonio cristiano. En la relación entre esposos y esposas, todas y cada una de las veces en las que Pablo se refiere a un esposo (singular) se refiere siempre a una esposa (singular). Mientras que de alguna manera es un pasaje paralelo, en Colosenses 3:18-19, Pablo se refiere a esposos y esposas en plural, está claro que está refiriéndose a todos los esposos y esposas entre los cristianos colosenses, y en ningún momento declara que un marido pueda tener varias mujeres. En contraste, Efesios 5:22-33 está describiendo específicamente la relación matrimonial. En ella compara la relación de Cristo con la iglesia con la de un esposo y su esposa. Si la poligamia fuera deseable por Dios, toda la ilustración de Cristo en relación con Su cuerpo (la iglesia), y la analogía de esposo-esposa, sería nula.
El plan original de Dios era el matrimonio de un varón con una fémina. Prueba de ello es que el Señor creó a Adán y Eva. No a Adán y Esteban. Ni tampoco a Adán, Eva, Laura, Isabel y María. Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó (Génesis 1:27). A tenor de lo escriturado en la Biblia podemos afirmar sin género de duda tres ideas básicas: 1) El plan original de Dios es el matrimonio de un solo hombre con una sola mujer. 2) La poliginia no es una institución inventada por Dios sino por las personas. 3) No obstante, no existe ninguna condena firme hacia la poliginia a lo largo de todas las Escrituras (tampoco una aceptación expresa). De lo anterior podemos concluir que Dios no se opone a la poliginia (ni entonces ni tampoco en nuestros días) aunque lógicamente prefiere la monogamia de un solo hombre con una sola mujer.
Fuente: Biblia Reina-Valera 1960.
¿Tuvo hermanos Jesús?
26 jul 2010 15 comentarios
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Agradecimientos a Efraín Augusto Parra, de Bogotá D.C. (Colombia).
¿Tuvo hermanos Jesús? Esta polémica y controvertida pregunta ha provocado que salten chispas en no pocas ocasiones. La Biblia no es excesivamente prolija en este punto. No existen muchos pasajes que hablen sobre tan espinoso asunto por lo que el tema no está del todo claro, existen teorías para todos los gustos y, consecuentemente el debate permanece vivo; sin embargo los pocos textos que se refieren a la familia más próxima de Jesús parecen confirmar que Jesucristo sí tenía varios hermanos de sangre.
Un primer fragmento de la Palabra nos relata: “Vinieron después sus hermanos y su madre, y quedándose afuera, enviaron a llamarle. Y la gente que estaba sentada alrededor de él le dijo: Tu madre y tus hermanos están afuera, y te buscan. Él les respondió diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre” (Marcos 3: 31-35).
Que los hermanos de Jesús eran incrédulos y no creían que fuese el mesías lo corrobora Juan. Dice así: “Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos; y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. Porque ni aun sus hermanos creían en él”. (Juan 7:2-5). Según parece, Cristo tenía hermanos aunque tampoco ellos creyeron en Él.
En otro versículo de la Palabra, se hila aún más fino al mencionar el nombre de los hermanos varones además de afirmar que Cristo tenía hermanas (aunque desconocemos cómo se llamaban). Dice así: “¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él. Mas Jesús les decía: No hay profeta sin honra sino en su tierra, y entre sus parientes, y en su casa” (Marcos 6:3-4).
Para entender mejor si el mesías tuvo o no hermanos, podemos recurrir al pasaje de Lucas 2:7, que describe el parto de María: “Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón”. Obsérvese la palabra primogénito, este término se utiliza para decir que es el primer hijo, si Jesús hubiera sido el único hijo de María, Lucas hubiera escrito: “a su hijo unigénito”. ¿Por qué escribir primogénito si no tenía hermanos? No tiene sentido.
Algunas voces -defensoras de la virginidad perpetua de María- piensan que cuando en la Biblia se menciona a la madre y los hermanos de Jesús en realidad puede que se trate de hermanos en un sentido “metafórico” (algo así como “hermanos en la fe”) o en un sentido “amplio” (con lo que dichos hermanos serían en realidad primos) y otros creen que pudiera tratarse de “hermanastros” (es decir, hijos que José el carpintero habría tenido con alguna esposa anterior a su casamiento con la Virgen María).
La negación de que Jesús tuviera hermanos fue establecida por los católicos siglos después de escribirse la Biblia. Lo hicieron de manera forzosa por carecer de argumentos, indicando que “hermanos” en el Nnuevo Testamento quiere decir primos o parientes. Pero el Nuevo Testamento fue escrito en griego, donde hay clara diferencia entre estos dos términos. ¿Por qué no dice que Isabel era “hermana” de María, o Juan el Bautista era “hermano” de Jesús; si bien es sabido que eran primos respectivamente? Dicen que eran primos (‘a‧ne‧psi‧ós’ en griego).
En Lucas 21:16 dice: “Mas seréis entregados aun por vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán a algunos de vosotros”. Aquí la palabra hermanos (‘a‧del‧fós’ en griego) se usa de manera clara y distinta a la palabra parientes. (‘syg‧gue‧nṓn’ en griego). De haber sido las dos palabras sinónimas no hubiera sido necesario decir “parientes”, pues sería redundar. Es evidente que en lengua griega no hay posibilidad de confundir hermanos, primos o parientes porque existen palabras distintas para referirse a ellos.
Ninguna de las hipótesis católicas, no obstante, se asienta sobre base bíblica alguna, con lo que lo más lógico es pensar que sí eran hermanos carnales de Jesús. Sólo hay un hecho claro; que los cuatro evangelistas se expresan en un mismo sentido: Jesús tenía hermanos y hermanas (conocemos el nombre de los varones), no creían en Él como hijo de Dios y consecuentemente Cristo consideraba sus hermanos a quienes hacen la voluntad de Dios. A partir de ahí, cada uno que extraiga sus propias conclusiones y teorías.
¿La Virgen María fue virgen durante toda su vida?
22 jul 2010 18 comentarios
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Agradecimientos a Luis Alberto Saavedra, de Lima (Perú).
El tema que a continuación vamos a abordar es para mí uno de los más difíciles pues a menudo provoca amargas controversias. Advierto que mi intención no es en absoluto polemizar u ofender a nadie. Antes al contrario: me dispongo a escribir este artículo desde el mayor de los respetos y consideraciones que me merece la que sin lugar a dudas ha sido la mujer más extraordinaria que haya pisado este planeta en toda la historia de la humanidad. Me refiero, como no podía ser de ninguna otra manera, a la Virgen María.
La Biblia cuenta que el ángel Gabriel se apareció a María, una doncella desposada con José, para anunciarle que iba a traer al mundo a Jesús, quien sería llamado Hijo de Dios. María era virgen así que la concepción sería milagrosa. También relata la Palabra que un ángel se apareció en sueños a José, que pretendía abandonarla, para convencerlo de que no lo hiciese pues el hijo engendrado era del Espíritu Santo (Lucas 1:26-38) y (Mateo 1:18-25). Esto es lo que dice la Biblia. Veamos ahora qué dicen los hombres.
Existen dos grandes interpretaciones sobre la virginidad de María: la católica y la protestante. Comencemos por la primera. El Estado Vaticano sostiene la tesis de la virginidad perpetua de María. Es decir que María no sólo era virgen en el momento en el que se quedó embarazada de Jesús por obra del Espíritu Santo sino que siguió siendo virgen durante toda su vida, incluso después del nacimiento de Cristo e incluso a pesar de que, recordemos, era una mujer que estaba casada con el carpintero José.
Esto puede provocar a priori extrañeza (¿qué clase de esposa es la que no se acuesta con su propio marido y la que permanece virgen aun estando casada?). A menudo la explicación más recurrente por parte de la Iglesia Católica es la de que José debía ser un hombre anciano, y por lo tanto sexualmente impotente, lo cual explicaría que no mantuviese relaciones con María. No existe no obstante ni siquiera un solo texto bíblico que pueda sostener esa tesis, por lo queda en el campo de la especulación de los hombres.
La cosa se complica todavía más si vemos que el eclesiástico Tribunal de la Rota -dependiente del Vaticano- considera nulo un matrimonio donde no haya existido la consumación (es decir, que el marido y la mujer se hayan acostado juntos por lo menos una vez). En este sentido, el Tribunal de la Rota puede declarar nulo un matrimonio canónico “si se da impotencia para el acto conyugal tanto por parte del hombre como de la mujer”. Y según la tesis católica, José era impotente y no se acostaba con su mujer.
La Rota también lo juzga nulo “si teniendo suficiente discreción de juicio para entender las obligaciones esenciales del matrimonio y aún queriéndolas cumplir, es incapaz de cumplirlas por una causa de naturaleza psíquica (por ejemplo, es incapaz de guardar la fidelidad, de vivir unido de por vida, de llevar una vida sexual normal, de educar y alimentar a sus hijos, etc)”. No hay ninguna duda de que un matrimonio donde los cónyuges no se acuestan el uno con el otro dista mucho de llevar una vida sexual normal.
Así pues, según la tesis católica María fue virgen durante toda su vida porque su marido era anciano y supuestamente impotente (aunque no exista ningún texto bíblico que lo corrobore). Sin embargo, la propia Iglesia Católica declara nulo de pleno derecho un matrimonio donde no se practique el sexo, por lo que si aplicáramos las propias normas católicas a la pareja que nos ocupa tendríamos que declarar nulo este matrimonio y en consecuencia llegar a la conclusión de que María fue una madre soltera.
La visión protestante del asunto es, en mi humilde opinión, más racional, menos complicada y no contradictoria: María era virgen en el momento de quedarse embarazada de Jesús (es el Espíritu Santo y no un varón quien la preña), pero en el momento de casarse con José ya pasó a practicar una vida sexual normal con su marido (algo que además no sólo no es pecado sino bueno a los ojos de Dios). Esto no invalida el milagro de la concepción virginal de Cristo ni tampoco el matrimonio de María con su esposo.
María no sólo habría tenido una vida marital normal sino que además habría tenido más hijos (y esta vez concebidos de forma natural con su marido y no de forma milagrosa como con Cristo). ¿Pero acaso hay pasajes de la Biblia que sustenten esta teoría? Sí, los hay. Los cuatro evangelistas sostienen en varias ocasiones que Jesús tuvo hermanos y hermanas (Marcos 3:31-35), que éstos no creían en Él como mesías (Juan 7:2-5), e incluso sabemos el nombre de los hermanos varones de nuestro Señor (Marcos 6:3-4).
Lucas 1:34 dice: “Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón”. En otras palabras, María afirma que no ha tenido relación sexual con hombre alguno. En Mateo 1:25 leemos: “Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre Jesús”. Aquí la Biblia resalta que José no tuvo relaciones sexuales con María hasta que nació Jesús. O sea que después del nacimiento, sí tuvo sexo. Además se refiere a Jesús como “primogénito”, esto es, el hijo mayor. De ser hijo único habría dicho “unigénito”.
Yo, personalmente, me inclino más por la visión protestante, la cual considero más sensata, no contradictoria y con base bíblica. En cualquier caso, tanto los cristianos que defienden la virginidad perpetua de María como los que apoyamos la tesis de su virginidad temporal, coincidimos en dos cosas: que la concepción de Jesús fue un fenómeno milagroso al ser María doncella, y que es sin duda una mujer tan pura, tan maravillosa y extraordinaria que fue elegida por el mismísimo Dios para engendrarse en su vientre.
¿Cómo deben ser el marido y la mujer en el matrimonio cristiano?
14 jul 2010 28 comentarios
en Biblia Etiquetas: Biblia, cabeza de familia, Cristianismo, Cristo, Dios, esposa, esposo, Familia, fornicación, Jesús, Jesucristo, marido, matrimonio, Mujer, Pablo, Palabra de Dios, pecado, Pedro, sexo, sexualidad, sumisión
“Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas” (Colosenses 3:18-19).
¿Cómo debe ser la esposa en el matrimonio? Dice la Palabra de Dios: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo”. De este pasaje extraemos que la mujer debe ser sumisa y obediente a su marido. Esto no quiere decir, ni mucho menos, que la esposa deba ser una esclava o un cero a la izquierda que no cuenta para nada. Ni tampoco que el marido deba ser un dictador. De hecho, la propia Biblia establece que el hombre y la mujer son iguales ante Dios (Gálatas 3:28). Esta sumisión se entiende más bien en el sentido de que la mujer debe respetar la autoridad del esposo como cabeza de familia que es. Otros pasajes de la Biblia insisten en que la mujer debe respetar al marido (Efesios 5:33) y estar sujeta a él (Colosenses 3:18).
Por su parte, Pedro insta a la mujer estar sujeta a su marido, ser casta y respetuosa y no tener una imagen externa con peinados ostentosos, adornos de oro o vestidos lujosos, sino un espíritu afable y apacible (1 Pedro 3:1-4). Tan importante es la mujer que desde el principio vio Dios que no era bueno que el hombre estuviera solo, por eso le hizo una ayuda idónea (Génesis 2:18). Incluso el sabio Salomón reconoce la vital importancia de tener una buena esposa en tres pasajes absolutamente impagables. El primero dice así: “La mujer sabia edifica su casa, pero la necia con sus manos la derriba” (Proverbios 14:1). El segundo reza: “Mujer virtuosa ¿quién la hallará? Porque su valor sobrepasa largamente al de las piedras preciosas. El corazón de su marido confía en ella y no carecerá de ganancias” (Proverbios 31:10). Y el tercero advierte: “Engañosa es la gracia y vana es la hermosura; la mujer que tema a Jehová, esa será alabada” (Proverbios 31:30).
Pero es que ¿acaso Dios es machista? No. De hecho, pone al marido unas obligaciones mucho mayores que a la esposa. Al hombre se le ordena amar a su mujer y no ser áspero con ella (Colosenses 3:19), tratarla como a vaso frágil, es decir, con delicadeza (1 Pedro 3:7), amar a su esposa como a su propio cuerpo (Efesios 5:28), dejar a su padre y a su madre para unirse a su mujer y formar con ella una sola carne (Efesios 5:31), amar a la mujer como a sí mismo (Efesios 5:33) y lo que es aún más fuerte: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella” (Efesios 5:25). Fíjate bien lo que dice… amar a la esposa “como Cristo amó a la iglesia”. ¿Qué quiere decir esto? Que un marido debe amar a su esposa hasta el punto de llegar a dar la vida por ella, si esto fuera necesario, pues eso mismo es lo que Cristo hizo por nosotros. La mujer no tiene la obligación de morir por su esposo. En cambio, el hombre sí la tiene.
¿Y qué hay del sexo? El apóstol Pablo es claro al respecto: “Acerca de lo que me habéis preguntado por escrito, digo: Bueno le sería al hombre no tocar mujer. Sin embargo, por causa de las fornicaciones tenga cada uno su propia mujer, y tenga cada una su propio marido. El marido debe cumplir con su mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con su marido. La mujer no tiene dominio sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido dominio sobre su propio cuerpo, sino la mujer. No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración. Luego volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia” (Corintios 7:1-5). Así pues, para huir de las fornicaciones (sexo fuera del matrimonio), Pablo aconseja al hombre y la mujer casarse, tener relaciones frecuentemente para evitar tentaciones y no negar el sexo el uno al otro.
La insoportable forma de ser de las mujeres españolas.
12 may 2010 647 comentarios
en Multiculturalidad Etiquetas: Actualidad, africanas, amor, África, Cultura, España, españolas, extranjeras, Familia, feminismo, inmigrantes, lituanas, Lituania, machismo, marroquís, Marruecos, matrimonio, matrimonios mixtos, Mujer, mujeres, Multiculturalidad, multiculturalismo, pareja, rusas, rusia, Sociedad
“¡Que las extranjeras nos quitan a los hombres!”. Ésta venía a ser la amarga queja de una mujer española en una peluquería a la que había ido a teñirse el pelo. Esta señora argumentaba que las extranjeras no solamente están robándoles a los hombres españoles sino lo que es aún peor… ¡es que se están llevando a los mejores! Otra clienta, marroquí ella, le respondió que eso se debe a que las inmigrantes tratan mejor a los nacionales y que les respetan más que las españolas. A partir de ahí comenzó una airada discusión entre ambas féminas aunque la sangre no llegó al río.
Un cada vez mayor número de varones autóctonos descarta emparejarse con una española y busca expresamente a una extranjera. La pregunta es ¿por qué? Aún a riesgo de que me tiren tomatazos, que me acusen de traidor o antipatriota, que comenten que no se puede generalizar (que típico y que tópico ¿verdad?) o que me esputen toda suerte de barbaridades voy a decir lo que pienso de la mujer española. Si tuviera que definirla con una sola palabra sería… insoportable. Lo siento mucho, pero soy un tipo muy sincero. Tienen una forma de ser que echa para atrás.
1) Las españolas son muy masculinas. Fuman como carreteros, beben como cosacos y hablan como camioneros. En la práctica, son como un hombre con tetas. Llevan pantalones siempre y es casi imposible verlas con falda, que es una prenda que feminiza. La mujer española es basta y no le queda ni pizca de la feminidad que todavía se conserva en otros países. En Lituania por ejemplo vas por la calle y le dices “guapa” a una chica y ésta te regala una sonrisa. Aquí piropeas a una mujer y lo habitual es que ni siquiera se digne a mirarte, sino que siga su camino áspera y altiva.
2) Las españolas no respetan la autoridad del marido. Una africana, por ejemplo, te dice sin ningún complejo que en una casa el cabeza de familia debe ser el hombre y que la esposa debe obedecer a su marido. Escuchar decir esto a una española es ciencia-ficción. La mujer española suele ser bastante dominanta y quiere tratar al marido como a un calzonazos. Es muy habitual oír en España: “La que manda en casa es mi mujer”. No se trata ni mucho menos de que el marido sea un dictador pero sí de que ocupe el lugar que por derecho le corresponde: el de cabeza de familia.
3) Las españolas no aguantan las crisis. España es un país donde se vive bien y la mujer no está acostumbrada a padecer, por lo que a menudo el matrimonio salta por los aires con la primera mala racha que llega. Si se atraviesa una crisis económica fuerte y las deudas se amontonan, la española suele verse superada por las circunstancias y dice: “Ya no aguanto más. Quiero el divorcio”. Pero una rusa ha crecido con dificultades y se ha acostumbrado a salir adelante, por lo que considerará una mala racha pasajera lo que a una española le parece un problema insuperable motivo de ruptura.
4) Son bastante rencorosas y resentidas. Las españolas, al menos las jóvenes, suelen adolecer de feministas. Pero no hablo aquí de un feminismo entendido como la igualdad de derechos, obligaciones y oportunidades para ambos sexos (cosa buena y deseable) sino de ese movimiento rancio y resentido que odia al género masculino. Ellas son la policía del feminismo, supervisan la actitud de otras mujeres y continuamente malinterpretan y deforman cuanto un hombre dice o hace. Ven actitudes machistas incluso en el más inocente de los gestos o comentarios de un varón.
La mujer española, en cuanto a persona, no es mejor ni peor que cualquier otro miembro de la especie humana. Ahora bien, no cabe duda de que tiene una cultura, mentalidad, costumbres, un entorno y unas experiencias vitales que configuran su insoportable forma de ser. No todo el mundo es igual, por lo que si tú eres mujer y española y no eres así, entonces que no te enoje mi artículo, no te sientas identificada con él, porque no va contigo. En cuanto a ti, varón español, mi recomendación es clara: si vas a casarte con una compatriota, yo de ti me lo pensaba dos veces.
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