En España se discrimina a los hombres.

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El feminismo más rancio y cavernícola berrea que la mujer española está discriminada. He visto diarreas más sólidas que esta tesis. Las feminazis lo dicen como si la España del siglo XXI fuera Arabia Saudita. O como si los hombres actuales fuéramos culpables de las actitudes machistas de nuestros bisabuelos. Y en el nombre de teóricas leyes de igualdad se promueve la discriminación del varón, con el beneplácito de no pocos calzonazos y pseudoprogres. Hagamos hoy algo escandaloso: digamos la verdad. En España los discriminados somos los hombres.

Durante años en España los varones debían hacer el servicio militar obligatorio o, en su defecto, la prestación social sustitutoria. Jamás escuché a una sola feminista quejarse porque las muchachas estuvieran exentas de tal deber. Por fortuna hoy las Fuerzas Armadas son profesionales y pueden acceder a ellas hombres y mujeres. Eso sí, hay pruebas físicas especiales para ellas. Y lo mismo con la policía o los bomberos. Me parece inquietante que si hay un incendio en mi casa venga a rescatarme alguien sin fuerza suficiente como para echarse al hombro mi pesado cuerpo.

Estoy harto de escuchar mentiras como la de que  se discrimina salarialmente a la mujer. Puede que eso pase en Irán pero desde luego en España no. Jamás he conocido un solo caso en que una empresa pague a una señora un sueldo inferior al de un hombre por hacer el mismo trabajo en iguales condiciones. Las damas ganan menos -de media- porque se cogen más empleos a tiempo parcial y no puedes pretender que te paguen lo mismo si trabajas ocho horas que si trabajas cuatro. Sólo que este pequeño dato sin importancia no es mencionado por la prensa.

Otro motivo por el que las féminas ganan menos dinero -de media, insisto- es porque las cúpulas directivas de las grandes empresas están copadas básicamente por hombres. “¡Machismo, machismo!” -berrean las feminazis-. Pero si Emilio Botín es presidente del Banco Santander no es por ser hombre sino por ser valioso. Y como no todas pueden ser Marie Curie o Margareth Thatcher no queda otra que recurrir a la paridad y obligar a poner mujeres mediocres en las cúpulas de partidos políticos (y en el futuro de empresas) para cumplir con un cupo.

De malos tratos mejor no hablar. ¿Sabías que tres de cada cuatro varones denunciados por este tema en España es declarado inocente? Muchos abogados animan a sus clientas a denunciar falsamente a sus maridos para quitarles la casa y los hijos en una separación. Sólo con que una mujer te denuncie por “violencia machista” se anula tu presunción de inocencia y eres considerado culpable. Esto no ocurre con ningún otro delito, que yo sepa. En Valencia incluso un juez condenó a un tío por tirarse un pedo delante de su pareja cuando discutía con ella.

No hay duda de que los malos tratos son una lacra a erradicar. Pero todos. Porque la cantidad de maridos que son vapuleados psicológicamente por sus esposas (“eres un inútil, no vales para nada…”) es brutal y nadie se acuerda de ellos. Si un hombre golpea a una fémina es delito, pero al revés es falta. Demencial. “Es que el varón es más fuerte que la mujer”. Díselo al abuelete de 80 años maltratado por su hija de 35 o a la lesbiana que ha sido golpeada por su pareja. ¿Merecen ellos menos protección? Pues según esas mentes preclaras que son nuestros políticos sí.

En cuanto a las separaciones y divorcios, la esposa arrambla con todo. Por eso ahora se divorcian “porque mi marido ronca” o “porque la relación se ha vuelto monótona”. ¿Pero por qué hay tanta resistencia a que la separación de bienes y la custodia compartida sean lo normal? ¿Por qué pasar una pensión compensatoria a quien no quiere saber nada de ti pero sí de tu cartera? ¿Por qué si un hombre no pasa la pensión alimenticia de los hijos va a la cárcel pero si una mujer incumple el régimen de visitas y no deja que su ex vea a los niños no le ocurre nada de nada?

Otro ejemplo: cuando se ofrece un servicio gratis a las señoritas por el solo hecho de serlo pero el varón sí debe pagar. Todos sabemos que hay discotecas en que las chicas entran gratis o pagando la mitad que los muchachos. Lo mismo ocurre con determinadas webs para conocer pareja. Sí, ya sé lo que van a decir: es que las mujeres son el gancho para que vayan los tíos. De acuerdo. ¿Pero se imaginan una sala de baile donde dijeran “los blancos pasan gratis, los negros pagan entrada”? ¿Qué nombre recibiría eso? ¿Qué dirían entonces nuestros adalides de la igualdad?

Me dan ganas de vomitar todos esos grupos de presión, gobiernos y colectivos que lo único que quieren es discriminarnos a los hombres por el solo hecho de serlo. Y lo más repugnante de todo es la tergiversación de las cosas. Cómo te acusan de “machista” por protestar contra la discriminación del varón (y de la mujer), cómo te acusan de no querer la igualdad de sexos los mismos que defienden leyes especiales para uno de ellos… Es como si ahora los nazis te tildaran de racista. Cree el ladrón que todos son de su condición. Cree la araña que todos son de su calaña.

La insoportable forma de ser de las feminazis.

Vaya por delante que soy defensor de la igualdad de sexos en derechos, obligaciones y oportunidades. Estoy muy a favor de que la mujer estudie y trabaje. En mi empleo casi siempre he tenido jefas y jamás tuve problema alguno con ellas. No me importaría que una señora fuera presidenta de mi nación. Me quito el sombrero ante aquellas damas que  han demostrado ser no igual sino incluso más valiosas que sus colegas masculinos, como Marie Curie o María Moliner. Me horripila que en Arabia Saudita una mujer no pueda conducir, que en Nigeria se le practique la ablación de clítoris o en Bangladesh se le pueda arrojar ácido sulfúrico a la cara con impunidad. Pero nada de esto me impedirá ser acusado de machista por pensar que el feminismo ha pasado de reivindicar la justicia social a convertirse en una ideología totalitaria que destila revanchismo y odio para con el varón.

1) El feminazismo pretende crear una sociedad artificial mediante un ejercicio de ingeniería social. Por ejemplo reivindicando que un hijo lleve el apellido de la madre antes que el del padre (no me parece mal, dicho sea de paso, pero en los países anglosajones las mujeres toman el apellido del marido al casarse y se enorgullecen de ello). Y anhelan crear un lenguaje de laboratorio. Se quejan de que “hombre” pueda designar a toda la humanidad, cuando “hombre” es la traducción latina de “homo” (sapiens sapiens) y fomentan absurdos dobletes como “vascos y vascas”, “españoles y españolas”, “arquitectos y arquitectas”, etc, que es tan grotesco como decir “periodistos y periodistas”, “socialistos y socialistas”, “gilipollos y gilipollas”. Sorprende, en una incoherencia feminazi, que a los hombres nos acusen de “machistas” en lugar de “machistos” como debiera ser.

2) El feminazismo es hipócrita. Clama por una mujer “independiente”  pero que sea el hombre el que pague cuando salgan a cenar. Quiere que el marido pase la fregona en casa pero no que la mujer cumpla el servicio militar obligatorio en los muchos estados que aún lo mantienen. Que el marido sea un calzonazos que diga “sí cariño” a todo, so pena de acusarlo de opresor.  Se burla cruelmente si a un varón le amputa el pene su esposa pero no tolera el más mínimo chiste sobre mujeres. Reclama una pensión de paternidad a un varón pero deja sin voz ni voto a un padre al grito abortista de “¡nosotras parimos, nosotras decidimos!”. Ellas se exhiben como pedazos de carne y luego se quejan de que los tíos sólo piensan en sexo. Culpan a los varones actuales por las injusticias machistas que padecieron nuestras tatarabuelas cuando en aquel tiempo nosotros ni siquiera habíamos nacido.

3) El feminazismo no busca la igualdad de sexos sino la discriminación del hombre a modo de venganza. Puede que en Irán la mujer esté discriminada, pero en España sin duda el discriminado es el varón. En este país hay un código penal diferente para cada sexo. El maltrato es considerado delito si eres hombre y falta si eres fémina. Hay denuncias falsas que salen adelante amparadas por la palabra de la mujer. En caso de divorcio, la esposa se queda con todo y el marido de patitas en la calle. El 75% de denuncias por malos tratos son falsas. A muchos padres divorciados les es negado ver a sus hijos. Dicen que están discriminadas salarialmente pero jamás he conocido que en una empresa a una mujer le paguen menos dinero que a un hombre a igual trabajo en iguales condiciones. Niegan ser el “sexo débil”  pero luego van y reclaman paridades, que es el recurso de los mediocres.

4) El feminazismo culpa al hombre de los fracasos y limitaciones de la mujer. Yahoo, Google, Facebook o Twitter son ejemplos de empresas muy recientes fundadas por hombres en un país y una época en que las mujeres tienen igualdad de oportunidades. ¿Dónde está la mujer que como Joan Roig herede de sus padres unas carnicerías familiares y cree un imperio como Mercadona? ¿Dónde está la mujer que, como Bill Gates, empiece trabajando en el garaje de sus padres y acabe inventando Windows? Frente a estas preguntas incómodas, es más fácil  contar historietas lacrimógenas de hace centenares de años o rebuznar mantras tales como “machismo” o “patriarcado” incluso en una época en que una mujer tiene ventajas fiscales para montar su propio negocio. Señoras feminazis; no le echen la culpa a la extinta sociedad del siglo XIX de sus fracasos en el siglo XXI.

El feminismo actual -que en Occidente al menos casi en su totalidad es sinónimo de feminazismo- es la otra cara de la moneda de ese machismo cavernícola que busca oprimir a la mujer. Es resentimiento, amargura, frustración, odio puro. Y la discriminación del varón es apoyada, fomentada y aplaudida en Europa por algunos calzonazos descerebrados con el mismo entusiasmo con el que algunas tipas descerebradas defienden la ablación de clítoris en África. Hombres defendiendo la androfobia… debe ser algún tipo de nuevo síndrome de Estocolmo, una especie de abducción. Mi total respeto para aquellas personas igualitaristas que luchan día a día por la igualdad de sexos en derechos, obligaciones y oportunidades. Mi desprecio más absoluto para machistas, feminazis, carcas y pseudoprogres que fomentan la discriminación de una persona por razón de su sexo.

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La insoportable forma de ser de las mujeres españolas.

“¡Que las extranjeras nos quitan a los hombres!”. Ésta venía a ser la amarga queja de una mujer española en una peluquería a la que había ido a teñirse el pelo. Esta señora argumentaba que las extranjeras no solamente están robándoles a los hombres españoles sino lo que es aún peor… ¡es que se están llevando a los mejores! Otra clienta, marroquí ella, le respondió que eso se debe a que las inmigrantes tratan mejor a los nacionales y que les respetan más que las españolas. A partir de ahí comenzó una airada discusión entre ambas féminas aunque la sangre no llegó al río.

Un cada vez mayor número de varones autóctonos descarta emparejarse con una española y busca expresamente a una extranjera. La pregunta es ¿por qué? Aún a riesgo de que me tiren tomatazos, que me acusen de traidor o antipatriota, que comenten que no se puede generalizar (que típico y que tópico ¿verdad?) o que me esputen toda suerte de barbaridades voy a decir lo que pienso de la mujer española. Si tuviera que definirla con una sola palabra sería… insoportable. Lo siento mucho, pero soy un tipo muy sincero. Tienen una forma de ser que echa para atrás.

1) Las españolas son muy masculinas. Fuman como carreteros, beben como cosacos y hablan como camioneros. En la práctica, son como un hombre con tetas. Llevan pantalones siempre y es casi imposible verlas con falda, que es una prenda que feminiza. La mujer española es basta y no le queda ni pizca de la feminidad que todavía se conserva en otros países. En Lituania por ejemplo vas por la calle y le dices “guapa” a una chica y ésta te regala una sonrisa. Aquí piropeas a una mujer y lo habitual es que ni siquiera se digne a mirarte, sino que siga su camino áspera y altiva.

2) Las españolas no respetan la autoridad del marido. Una africana, por ejemplo, te dice sin ningún complejo que en una casa el cabeza de familia debe ser el hombre y que la esposa debe obedecer a su marido. Escuchar decir esto a una española es ciencia-ficción. La mujer española suele ser bastante dominanta y quiere tratar al marido como a un calzonazos. Es muy habitual oír en España: “La que manda en casa es mi mujer”. No se trata  ni mucho menos de que el marido sea un dictador pero sí de que ocupe el lugar que por derecho le corresponde: el de cabeza de familia.

3) Las españolas no aguantan las crisis. España es un país donde se vive bien y la mujer no está acostumbrada a padecer, por lo que a menudo el matrimonio salta por los aires con la primera mala racha que llega. Si se atraviesa una crisis económica fuerte y las deudas se amontonan, la española suele verse superada por las circunstancias y dice: “Ya no aguanto más. Quiero el divorcio”. Pero una rusa ha crecido con dificultades y se ha acostumbrado a salir adelante, por lo que considerará una mala racha pasajera lo que a una española le parece un problema insuperable motivo de ruptura.

4) Son bastante rencorosas y resentidas. Las españolas, al menos las jóvenes, suelen adolecer de feministas. Pero no hablo aquí de un feminismo entendido como la igualdad de derechos, obligaciones y oportunidades para ambos sexos (cosa buena y  deseable) sino de ese movimiento rancio y resentido que odia al género masculino. Ellas son la policía del feminismo,  supervisan la actitud de otras mujeres y continuamente malinterpretan y deforman cuanto un hombre dice o hace.  Ven actitudes machistas incluso en el más inocente de los gestos o comentarios de un varón.

La mujer española, en cuanto a persona, no es mejor ni peor que cualquier otro miembro de la especie humana. Ahora bien, no cabe duda de que tiene una cultura, mentalidad, costumbres, un entorno y unas experiencias vitales que configuran su insoportable forma de ser. No todo el mundo es igual, por lo que si tú eres mujer y española y no eres así, entonces que no te enoje mi artículo, no te sientas identificada con él, porque no va contigo. En cuanto a ti, varón español, mi recomendación es clara: si vas a casarte con una compatriota, yo de ti me lo pensaba dos veces.

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Cosas que aprendí de las mujeres.

Yo crecí rodeado de mujeres. Durante mi infancia sólo había mujeres en casa. El único varón de la familia -mi padre- siempre estaba trabajando el pobre hombre para mantenernos a todos, así es que no lo veía (casi) nunca. Cuando creces rodeado de mujeres aprendes una serie de valores positivos; aprendes a ser generoso, a compartir, a escuchar, a ayudarse, a estar unidos, hoy por ti mañana por mí, aprendes que las féminas son seres especiales y que deben ser tratados como tales, aprendes que hay veces en que una mirada o un gesto dicen más que mil palabras, que una persona sin decirte nada puede estar diciéndote mucho, aprendes que es bueno abrazar a alguien cuando se encuentra triste, obtienes una sensibilidad especial para ver lo invisible; es decir, todas esas cosas que no se pueden medir ni pesar ni palpar como el amor o la tristeza, pero que están ahí, aprendes a ser una mejor persona, a ensanchar el alma, a robustecer el corazón.

Hay un límite que lo tiene el hombre pero que no lo conoce la mujer y que es lo que la convierte en fascinante. Es el límite del arte. Me explico; un hombre puede ser un artista pues puede crear arte. Un hombre puede crear literatura, poesía, pintura, escultura, arquitectura, cine, música, tecnología… Un hombre puede crear belleza, puede crear arte, puede por lo tanto llegar a ser un artista. Pero lo que nunca arribará a ser es arte. Un hombre puede ser un artista pero nunca será arte.

Este límite, que es el que condiciona la esencia masculina, no lo conocen las mujeres. Ellas son arte puro, hermosura pura, arte en estado vivo y caminante. Porque una mujer aglutina un montón de valores positivos de la creación. Ella es belleza, es hermosura, es sensualidad, es glamour… La mujer encarna el amor, la mujer encarna la vida. Y eso es lo que sin duda hace que la mujer sea una criatura única, desconcertante y mágica tanto en lo bueno como en lo malo.

La mujer es una fuente de inspiración infinita. La cantidad de arte que el hombre ha plasmado inspirado en ella es enorme. Pensemos en la música; la cantidad de canciones cuyo título tiene nombre de mujer o cuya letra versa sobre mujeres es monumental. ¡La cantidad de pinturas y de esculturas que el hombre ha hecho a lo largo de la historia inspirándose en la belleza infinita de la mujer…! ¡La cantidad de escritores y de poetas que si lo llegaron a ser fue porque una mujer se cruzó en sus vidas! Se enamoraron, se desenamoraron, lo que sea… Pero un buen día una dama se cruzó en sus caminos y de repente descubrieron que tenían un talento para la poesía, adquirieron un don. Una canción, un lienzo, una escultura, un perfume, una flor, un poema… Todo eso y muchísimo más es una dama. Detrás de un gran hombre hay una gran mujer. A un gran creador siempre le inspira una gran musa.

Por cosas así, por observar a las mujeres, por escucharlas, por amarlas, es por lo que he aprendido de ellas que son arte, criaturas fascinantes, seres especiales que deben ser tratados como tales. Los varones deberíamos comportarnos con ellas mejor de lo que lo solemos hacer, pues a menudo las tratamos muy mal y las mujeres no se merecen eso. Y no hablo sólo de cosas extremadamente graves como infidelidades o violencia doméstica. Hablo de actitudes cotidianas que los hombres asumimos como naturales y que ni nos percatamos de que pueden resultar crueles o hirientes. Ira, desaire, menosprecio, indiferencia, desamor, burla… Cosas que se repiten día a día y que hieren de muerte el corazón. Y es que a menudo los hombres -por nuestra forma de ser- no llegamos a comprender cómo de especiales son. Uno de los mayores poderes que puede llegar a alcanzar una persona (por encima de la fama o el dinero) es el de hacer feliz. ¡Cuán maravilloso es tener en tus manos la facultad de hacer feliz a alguien y ejecutar dicho poder! Las mujeres nos dan la vida. Tratémoslas mejor, respetémoslas, hagámoslas felices… Es lo mínimo que podemos hacer a cambio.

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