Togo: el espejismo de la libertad.

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La colonización de Togo comienza con los acuerdos de los jefes locales con Alemania en 1884. Tras la derrota germana en la Primera Guerra Mundial, el país fue repartido entre Francia y Reino Unido. La parte británica se incorporó a Ghana en 1956. En la parte francesa se creó la República Autónoma de Togo en 1957.

Pero en 1960 el país conocido como “La costa de los esclavos” se declaraba independiente. Parecía que la libertad estaba al alcance de la mano pero fue sólo un espejismo. Tras siete años de gobierno civil de Sylvanus Olympio, el coronel Etienne Eyadema derrocaba el gobierno con un golpe y se hacía con todo el poder.

Eyadema instauró un régimen de partido único, asesinó a sus adversarios políticos y controló sucesivos intentos de golpe de estado. Su autocracia comenzó en 1967 y acabó con su muerte en 2005 y fue la más larga de África hasta hoy: 38 años. Los togoleses seguían siendo esclavos. El negrero, ahora, era de dentro, de casa.

El caudillo antes de morir dejó el país en manos de su hijo Faure Gnassingbe, que tomó el mando con el apoyo de los militares y las fronteras y aeropuertos fueron cerrados. La comunidad internacional rechazó el cambio, así que Faure anunció elecciones. Ahora Faure sigue gobernando legitimado por comicios farsa.

Las cifras en Togo son dramáticas: el 39% de las niñas en edad escolar no está matriculado o ha abandonado la escuela. El 38,7% de la población vive bajo la línea internacional de la pobreza de 1,25 dólares por día y el 69,3% bajo la línea de 2 dólares por día. Pobreza, analfabetismo, sufrimiento y falta de identidad nacional.

El idioma oficial es el francés, aunque se hablan otros como kotocoli, kabiye o gbe. Practica el islam, el animismo y el vudú. Tiene una agricultura de subsistencia.  Togo no es independiente realmente. Incluso para organizar las elecciones necesita ayuda de la exmetrópolis. La costa de los esclavos sigue soñando con ser libre.

La OTAN se ha quedado pequeña.


Occidente está en decadencia.  Cada día que pasa civilizaciones antioccidentales -como China o el islam- tienen un peso mayor en el escenario global. Para evitar la derrota del mundo libre, la Organización del Tratado del Atántico Norte (OTAN) debe plantearse extender su alianza a regiones a las que nunca antes llegó.

En Latinoamérica, Chile podría ser un aliado estupendo. Es el país más serio de la región, un estado fiable que cumple con sus compromisos y que podría ayudar a vigilar mucho más de cerca el auge de gobiernos antioccidentales como los de Venezuela, Ecuador o Bolivia. Chile podría ser el primero de varios socios en la zona.

En Europa la frontera de la OTAN debe ir desplazándose poco a poco hacia su parte oriental. Austria, Suecia o los Balcanes entran dentro del área de influencia de Occidente y podrían ser el paso previo a incorporar a Finlandia, Ucrania y Georgia, aunque desde luego esto tensaría mucho la cuerda con la Federación Rusa.

En el Oriente Próximo, Israel sería la primera muralla de defensa de la OTAN frente al islamismo. No obstante, no sé si esto pueda entrar en los planes de Dios. Israel está acostumbrado a depender de Yahvé para ganar todas sus guerras y entrar en la alianza podría llevarle a creer (erróneamente) que gana por mano del hombre.

En el Pacífico es necesaria una política de contención hacia amenazas  como Indonesia o China. Australia, Nueva Zelanda y Japón podrían ser tres excelentes socios. También Taiwan -aunque eso supondría cruzar la línea roja con China- y Corea del Sur -aunque quizás esto incrementase las ansias nucleares de Corea del Norte-.

La OTAN es la única fuerza capaz de vencer a enemigos como el comunismo, el terrorismo o el islamofascismo. Con los tiranos no valen las concesiones -que entienden como un gesto de debilidad-; el único argumento que comprenden es la fuerza. Y con un Occidente que decae la alianza necesita hacerse mucho más grande.

La aplastante superioridad de la civilización occidental.

Por los artículos que escribo, a menudo recibo  acusaciones de “fascista”, “racista”, “xenófobo”, “ultraderechista” y cosas por el estilo. Y lo entiendo, porque hoy en día nadar contracorriente, atacar lo hipócritamente correcto conlleva que te cuelguen de forma automática el sambenito de “facha”. El problema es que el vocablo “fascista” ha sido desprovisto de su significado original y hoy en día sirve para acusar a todo aquel que no te dé la razón o para definir todo aquello que a uno no le gusta, así que me importa un bledo si me lo llaman. A mí, con todo, me divierte mucho, pues provengo de una familia republicana y socialista y encima mi esposa es negra. Así que cuando dicen que soy de extrema derecha me da la risa.

Algunos lectores me acusan de “chovinista” porque casi siempre escribo acerca de Europa. Esto  también me resulta divertido porque es como decir que el literato Gabriel García Márquez es chovinista porque ambienta sus novelas en Latinoamérica. Cojonudo por él. Cada uno escribe de lo que le rota. Yo vivo en Europa y me gusta Europa. Supongo que si viviera en África escribiría cosas de aquel lugar pero ya que vivo en el Viejo Continente, pues hablo acerca de mi entorno más próximo. ¿Que Europa ha escrito las páginas más brillantes de la historia? Pues sí señor. Y las más sangrientas también. ¿Que las naciones europeas tienen una historia impresionante? Pues sí señor. ¿O acaso no ha ido usted a la escuela?

¿Que en Europa se vive mejor que en cualquier otra parte del mundo? Pues sí señor. Y si no, pregúntele a un turco por qué prefiere emigrar a Alemania antes que a Arabia Saudita. O a un marroquí por qué prefiere ir a España antes que a Argelia. A ver qué contestan. En Europa tenemos un alto nivel de vida y de bienestar (no sé si lo tendremos por mucho más tiempo, que pienso que no, pero todavía lo tenemos). En la actualidad en Europa se vive mucho mejor que en cualquier otro continente. Quien no quiera ver la realidad o es idiota o está ciego. Y por más que se empeñen algunos, no todas las culturas son igual de valiosas. Pretender comparar Islandia con Pakistán, como si ambas fueran iguales, es de locos.

Con todo, diré que yo más que “europeo” me siento “occidental”. ¿Qué es Occidente? Es una idea. No es un lugar en el mundo, no son unas coordenadas geográficas, es una comunidad de valores. Los valores judeocristianos, grecolatinos y la Revolución Francesa. Eso es Occidente. Yo me siento identificado con eso. Y en consecuencia me siento mil veces más próximo ideológicamente a Canadá o Nueva Zelanda que a Turquía o Bielorrusia, por muy europeas que sean. Y me siento mil veces más cercano a un iraní con mentalidad occidental que a un valenciano que odia ser lo que es. Porque no se trata de nacionalidades. Ni de colores de piel. Se trata de ideas. Y las ideas son el motor que hace mover el mundo.

La civilización occidental nació en Europa, es cierto, pero no es patrimonio exclusivo del Viejo Continente. Ahí están los Estados Unidos de América por ejemplo. O Australia. O cada día más Corea del Sur. Cualquier nación del mundo puede ser occidental, así esté en el Oriente del planeta. Porque ser occidental no tiene nada que ver con ser europeo, ni de raza blanca ni con vivir en el Oeste del mundo. Tiene que ver con una mentalidad. Tiene que ver con la defensa de la democracia, la libertad y los derechos humanos. Con dar el poder al pueblo. Con el legado de Atenas, Roma, Israel y Francia. Yo animo a todos los pueblos del mundo a que abracen la cultura occidental porque no existe ninguna otra que sea mejor.

Puede que el fascismo, el nazismo o el comunismo nacieran en el Occidente geográfico, pero desde luego eran radicalmente antiooccidentales porque chocaban de lleno con el espíritu libertario de la Revolución Francesa. Yo no voy a negar que en Occidente se han escrito muchas páginas bochornosas de la historia. O que nuestro estilo de vida adolezca de fallas dignas de sonrojo. Pero aún así, la civilización occidental es, con todos sus defectos, que los tiene y muchos, la mejor del mundo. Pero con muchísima diferencia. Yo no creo en razas superiores pero sí en civilizaciones superiores. Y desde luego una nación donde una mujer puede conducir un coche es mejor que una donde si comete adulterio la lapidan hasta morir.

Sin ánimo de menosprecio, y aún reconociendo que todas las culturas son fascinantes y que de todas ellas sin excepción se puede aprender algo valioso (aun de la más atrasada), yo no me escondo: creo en la incontestable y aplastante superioridad de la civilización occidental. Como mentalidad, como comunidad de valores. Es mejor que cualquier otra. Y si alguien no se lo cree, pues que compare la nómina de Premios Nobel de los países occidentales con la de los que no lo son. La mentalidad occidental es la que mejor funciona en el mundo, la que ha traído más progreso, más prosperidad y más libertad. Lástima que hayan tantos occidentales a los que les han lavado el cerebro para odiarse a sí mismos y a lo que son.

Corea del Norte: el epílogo de la Guerra Fría.

ANUNCIO IMPORTANTE:

Acto: Conferencia “La lepra catalanista en los reinos de la antigua Corona de Aragón”.

Día: 8 de octubre de 2011 a las 17:00 horas.

Lugar: Grup d’Acció Valencianista en C\ Pintor Gisbert 17 baix. Valencia (Reino de Valencia).

Entrada: gratuita.

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En 1945 nació Corea del Norte de la mano del dictador comunista Kim Il Sung, considerado padre de la nación y presidente eterno del país. A su muerte en 1994, le sucedió en el cargo su hijo, Kim Jong-Il, otro kafkiano autócrata que exige ser venerado como un dios y que juega con su pueblo como si de marionetas se tratase.

En la escuela a los niños se les educa como a autómatas para adorar al querido líder. La verdad oficial dice que Kim Jong-Il ha escrito 18.000 libros, diseñado ciudades, construído sistemas hidráulicos, inventado programas informáticos y logrado la bomba atómica, entre otros prodigios. Y ¡ay de quién lo ponga en duda!

La Guerra de Corea es el trauma nacional: en 1950 los norcoreanos atacaron a sus vecinos del sur, y estos apoyados por Estados Unidos iniciaron una contraofensiva que llegó a conquistar 9/10 partes del país. Pero China entró en juego con dos millones de soldados y forzó a Corea del Sur a volver a las fronteras de antes de la guerra.

En 1953 se firmó un armisticio (por lo que ambos ejércitos siguen en guerra, al menos en teoría). La televisión es alienante, el país vive en un estado de excepción permanente, siempre en lucha frente a un enemigo invisible.  Se inocula a la población la paranoia de una invasión inminente. Todo está orientado a la defensa.

Corea del Norte posee el cuarto ejército del mundo en número de efectivos y es el primero en relación al PIB (destina el 25% del presupuesto nacional). Tiene un potente arsenal nuclear. Mientras, la población vive con cortes de luz y falta de agua caliente suficiente y hasta ha sufrido hambrunas que costaron millones de vidas.

Es el país del mundo que más duramente persigue a los cristianos. Orar dentro de tu casa es motivo suficiente para ser fusilado tú y tu familia. La gente camina por la calle con una mirada triste. Cualquiera puede ser denunciado por su vecino, y eso comporta trabajos forzados en el gulag. Es la última frontera de la Guerra Fría.

Homenaje a Salvador Ferrer Esteve.

Soy rojo. Vengo de una familia de izquierdas. Mi abuelo, Salvador Ferrer Esteve, combatió en la Guerra Civil (1936-1939) en el bando republicano. Él era un buen hombre que luchó en defensa de la libertad. Sé bien que la izquierda ejecutó a muchas personas inocentes. Pero mi abuelo no era de los de gatillo fácil. De hecho, salvó a mucha gente de derechas de ser fusilada a manos del ejército rojo.

Uno de ellos era un rico hombre de negocios de Alzira. Tenía una empresa de camiones de transporte. Los republicanos querían matarlo por ser de derechas, pero mi abuelo les dijo que no lo hicieran, porque al fin y al cabo daba empleo a muchos trabajadores. Gracias a mi abuelo, aquel empresario salvó el cuello. Pero un tiempo después se giró la tortilla y el ejército fascista acabó venciendo la guerra.

Al acabar la contienda la familia recomendó a mi abuelo que se fugara a Alicante o a Argentina para evitar represalias. Pero él se negó a hacerlo porque la radio repetía sin cesar que quienes no tuviesen las manos manchadas de sangre inocente no tenían que temer. Y él tenía la conciencia muy tranquila de todo cuanto hizo. Incluso había salvado la vida de varios fachas. Así que ¿quién querría matarle?

Pero mi abuelo estaba afiliado a la CNT. No era activista ni participaba en política ni nada. Sólo tenía un carné de afiliado. Eso es todo. Así es que fueron a por él y lo detuvieron. Mi abuela fue a suplicar a aquel empresario que hablara con el gobierno para que salvara al hombre que antes le había salvado a él. Pero no quiso. Se limitó a decir que nada podía hacer y ni siquiera lo intentó. No movió un dedo.

Ferrer fue encarcelado, torturado, le arrancaron la piel a tiras, fue fusilado y arrojado a una fosa común. Y todo por un carné. Tenía 33 años. Los fascistas enviaron por correo a la viuda un paquete con los restos de su camisa hecha harapos manchada de sangre y de piel. Aquel empresario no sólo no ayudó a mi abuelo. Tampoco auxilió a su viuda e hijos, aunque hacía mucho dinero con el estraperlo.

No cuento todo esto para hacerme la víctima. He perdonado a aquel hombre. Si yo, que soy de izquierdas, no quiero para mí ni para los míos semejante injusticia ¿por qué debería desear el sufrimiento que padeció mi abuelo a los disidentes cubanos o chinos? No tengo inconveniente en condenar la dictadura de Cuba, Venezuela o China. Porque soy demócrata. Y porque soy cristiano por encima de todo.

Confieso que me gustaría mucho que hubiera más gente de derechas que fuese capaz de condenar el franquismo o el pinochetismo. Pero cada uno es dueño de sus silencios. Todo el mundo tiene derecho a tener la ideología que guste. Pero si piensa que una persona merece ser torturada y asesinada sólo por no tener sus mismas ideas políticas entonces  ¿que diferencia hay entre un terrorista de ETA y usted?

El islam y su guerra contra Occidente.

La libertad de la que gozamos en día, la de usted y la mía, es el resultado de una guerra. Hoy tenemos democracia, libertad de expresión y derechos humanos gracias a que Occidente le ganó la Segunda Guerra Mundial a Alemania y la Guerra Fría a la Unión Soviética. Las guerras son un mal necesario. ¿Qué hubiera pasado si hubiéramos hecho caso a cobardes como el primer ministro británico Neville Chamberlain y no nos hubiéramos alzado en armas contra el dictador alemán Adolf Hitler? ¿Qué hubiera pasado si hubiésemos hecho caso a los pacifistas de salón cuando el dictador soviético Josip Stalin quería adueñarse del mundo? Mucha gente abomina los ejércitos pero al final la civilización siempre se mantiene en pie gracias al coraje de un puñado de soldados armados con un fusil.

Sucede que a veces para defender la vida, la paz, la democracia, la libertad y la civilización es necesario hacer una guerra. Hacerla y ganarla. Normalmente, la amenaza totalitaria no desaparece porque te dirijas al dictador de turno y le regales un pastel y le hables con buenas palabras. No, hace falta una demostración de fuerza incontestable para que se dé cuenta de quién es él y de quienes somos nosotros. Porque ése es el lenguaje que entienden los monstruos. Ojalá todo en esta vida se pudiera resolver por las buenas. Sería idílico. Pero no vivimos en los mundos de Yupi. Mientras existan ideologías expansionistas, gobiernos que confíen en la fuerza para imponer sus intereses o naciones que amenacen nuestro sistema de valores y estilo de vida, será necesario marchar a la guerra.

Hoy Occidente se encuentra más amenazado que nunca. Se cierne sobre nuestras cabezas un peligro más grande que el fascismo, el nazismo, el comunismo o la inquisición. El islam. Nos enfrentamos a una invasión silenciosa. Los musulmanes quieren conquistar nuestra tierra, no por medios militares convencionales sino con los vientres de sus mujeres. Su altísima tasa reproductiva les asegura que, de seguir así, un día pueden llegar a ser la mayoría social en Europa. Y ya sabemos qué es lo que el islam trae siempre de la mano: la dictadura. Ya sabemos cómo tratan en los países musulmanes a quienes no lo son: con la persecución y el martirio. Ya sabemos cuál es el castigo que merece apostatar del islam: la muerte. ¿Cuánto tiempo más criaremos cuervos en Europa antes de que nos saquen los ojos?

Ellos en sus países queman iglesias, violan monjas, asesinan judíos, ahorcan homosexuales, lapidan adúlteras, fusilan ateos. Persiguen hasta la muerte a cualquiera que no comparta sus creencias. Y mientras, en Europa se subvenciona la construcción de mezquitas para facilitarles que algún día ellos nos puedan hacer lo mismo. Esa falsa religión de paz que es el islam nos ha declarado la guerra y algunos todavía no se han enterado. Hoy en día hacen falta hombres valientes. Como Joanot Martorell. Como Winston Churchill. Defender la libertad cuesta sangre, sudor y lágrimas. El islam quiere destruir la democracia. Estamos en guerra y hay que escoger bando: civilización o barbarie, libertad o tiranía. Aquel que no quiera enfrentarse al islam, que se prepare para vivir de rodillas.

Venezuela: la cuna de Hispanoamérica.

Venezuela es la primera nación americana que se independizó del Imperio Español, en el siglo XIX. Fue en la Batalla de Carabobo de 1821, donde el ejército realista fue masacrado. Allí, en Valencia, nació Venezuela y provocó un efecto dominó en toda Hispanoamérica que acabaría por enterrar el imperio colonial en 1898.

Y es que Venezuela es por encima de todo la patria de Simón Bolívar. Bolívar fue el libertador de cinco naciones (Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia) y su figura es omnipresente en el país. En los discursos, en los grafitis en las calles, los libros, en los bares… Todo el mundo rinde un culto casi mesiánico a aquel gran hombre.

Hoy es una nación famosa por tener a las mujeres más hermosas del planeta, por ser la superpotencia de los concursos de belleza, por sus telenovelas románticas y por ser uno de los mayores productores mundiales de petróleo y gas. Pero también sufre una alta tasa de corrupción y un aumento de la inseguridad ciudadana y del crimen.

Actualmente Venezuela vive bajo una dictadura neocomunista disfrazada de democracia con el presidente Hugo Chávez. Los recortes de libertades y de derechos individuales, las expropiaciones, y los cierres de medios de comunicación están a la orden del día. Todo augura una progresiva y creciente cubanización del país.

Pero allá donde prolifera la maldición, también suele abrirse paso la bendición, en este caso espiritual. En la república ha experimentado un fuerte avivamiento del Espíritu Santo, la gente predica la Biblia en medio de las plazas públicas y hay una auténtica explosión de iglesias evangélicas presente en cada barrio de la patria.

Venezuela es una tierra histórica que ha dado al mundo personajes célebres como Francisco de Miranda, Antonio José de Sucre, Arturo Michelena, Rómulo Gallegos o Andrés Bello. Es el faro de luz que alumbra a América Latina, un país que ha inscrito su nombre en los libros de historia con letras de oro.

Kosovo: una bomba de relojería en el corazón de Europa.

La declaración de independencia de Kosovo respecto de Serbia el 17 de febrero de 2008 marcó un antes y un después en el derecho internacional: por primera vez en la historia la Comunidad Internacional aceptó la secesión unilateral de un territorio no colonial en tiempos de paz. Ahora, los tribunales avalan dicha liberación.

La sentencia del 22 de julio de 2010 del Tribunal Internacional de Justicia (TIJ) -también conocido como Tribunal de La Haya- fue realmente histórica: la declaración unilateral de independencia de un territorio es un acto político, no uno jurídico, por lo que, de acuerdo al derecho internacional, ésta no puede ser ilegal.

En dicha sentencia el Tribunal añadió que la inviolabilidad e intangibilidad de las fronteras de un estado es siempre respecto del exterior (es decir, que un país no debe invadir a otro), pero permite que, a nivel interno, se puedan modificar las fronteras de un estado, por ejemplo a través de la secesión de alguna de sus regiones.

Kosovo, un país del tamaño de Murcia y menos de 2 millones de habitantes, es una bomba de relojería que los Estados Unidos han puesto en el corazón mismo de Europa para hacerla saltar por los aires… Kosovo abrirá las puertas de la libertad a numerosos pueblos oprimidos: Flandes, Escocia, Córcega, Euskadi, Valencia…

Puede que Kosovo no sea un país ejemplar: es una sociedad musulmana que se amparó en el terrorismo, que ha sufrido mucho por culpa de los serbios y que después los ha represaliado, una nación de albaneses que reclamó un estado cuando ya disponía de uno (Albania), una república empobrecida por incontables guerras.

Pero Kosovo es también un precedente jurídico jamás visto antes. Los que creemos en la autoterminación y en la democracia, en la Europa de los pueblos y en la libertad, tenemos mucho que agradecer a Estados Unidos, al Tribunal de la Haya y al épico pueblo kosovar. Su pírrica victoria es todo un rayo esperanza para millones.

Apología de la democracia directa.

Los comunistas hablan de los derechos de los trabajadores pero les niegan el de la huelga, de acercar la cultura a las masas pero encierran en la prisión a sus escritores por decir la verdad, de la libertad de los pueblos pero le niegan el derecho de voto a sus ciudadanos, de la igualdad de las clases pero establecen una nueva aristocracia que es la del Partido.

Los fascistas hablan de defender los intereses nacionales cuando utilizan el ejército no para proteger y servir al pueblo como debería de ser sino para que se convierta en el chulo del país, asesinan a gente en nombre de la patria y si por alguna de aquellas no se salen con la suya desencadenan una guerra civil o perpetran un golpe de estado.

Los nacionalistas presumen de ser progresistas cuando siguen al pie de la letra tesis hitlerianas, de defender una cultura cuando están en contra de todos aquellos que no piensan como ellos, de patriotas cuando en realidad no pasan de provincianos, de cultos cuando viajan poco y leen aún menos, de ser la voz del pueblo cuando tratan de acallarla.

Los neoliberales hablan de pleno empleo pero quieren decir trabajo-basura, creen que el progreso de un país se mide sólo con indicadores macroeconómicos y no ven que las personas son más importantes que el dinero, quieren vender internet y móviles a la gente del Tercer Mundo en lugar de darle libros para el analfabetismo y pan para el hambre.

Los socialistas dicen representar a los trabajadores pero no viven en los barrios obreros sino en los burgueses, hablan de acabar con la pobreza cuando no saben lo que es vivir en una familia que discute todos los días porque nunca llega a final de mes, dicen representar al pueblo pero el pueblo no viste trajes caros ni conduce Mercedes como ellos.

Los populares hablan del estado del bienestar cuando los niños estudian en barracones donde la calefacción y el papel higiénico son bienes de lujo y cuando hacen de la salud un negocio, criminalizan la inmigración y olvidan que el país salió de la ruina gracias precisamente a los emigrantes, predican moderación salarial pero se suben los sueldos siempre que quieren.

La misma basura de siempre. Si no estás conmigo estás contra mí. Yo mando y tú obedeces. Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago. Los políticos viven de nosotros y nos chulean del mismo modo que lo hace un proxeneta con una prostituta. Todos ellos insisten hasta la saciedad en repetir que nos representan cuando sólo se representan a ellos mismos.

Desde que murió el dictador Francisco Franco, en España sólo ha habido dos días democracia. Sólo dos. El día que se hizo el referéndum de la Constitución y el que se hizo el de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Cuarenta y ocho horas de democracia en más de treinta años. No sé a usted pero a mí me sabe a poco.

A Dios lo que es de Dios y al pueblo lo que es del pueblo. Democracia es más que votar una vez cada cuatro años. Es el gobierno del pueblo, que se haga la voluntad mayoritaria del pueblo. Y en España no vivimos en democracia, sino en una dictadura encubierta. Aquí quienes gobiernan son los políticos, los burrócratas (burrocracia se escribe con rr), los ricos, los empresarios, los burgueses, los medios de comunicación, los grupos de presión, la iglesia, los poderes internacionales… En una palabra: los poderosos. Pero no es la gente la que gobierna. Ella sí que no.

¿Cuánto tiempo más tendremos que aguantar el cáncer del transfuguismo? ¿Y la burla de que los políticos se suban el sueldo siempre que les venga en gana? ¿O que utilicen nuestros votos para regalárselos a otros partidos? ¿Otorgamos los ciudadanos la mayoría absoluta al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) para llevar a cabo la gran orgía de corrupción que hizo en el pasado? ¿Acaso le concedimos al Partido Popular (PP) la mayoría absoluta para gobernar sólo para las elites? ¡Si de verdad la democracia es el gobierno del pueblo entonces démosle el poder al pueblo!

Es hora de reivindicar la democracia directa. Hace falta un compromiso cívico y patriótico para seguir el ejemplo suizo. Suiza era un corral de vacas hace sólo cien años y hoy goza de una de las rentas per cápita más altas del mundo. Los suizos no saben citar el nombre de un solo político de su nación. Su sistema rotatorio les impide a los dirigentes estar mucho tiempo al frente del país; se soslaya así el peligro de la corrupción. Y la sociedad es consultada en referéndum en los temas más capitales. Allí gobierna la gente. ¿Por qué aquí no? Yo no he nacido para ser el esclavo de nadie. ¿Y usted?

Perroflautas del mundo: ¡con Israel no se juega!

En las últimas horas hemos asistido a un nuevo capítulo de propaganda antisemita que pretende demonizar a Israel. Recapitulemos los hechos: una flotilla de barcos -la Libertad- con ayuda internacional pretende llegar a Gaza pasando por alto todos los controles de seguridad israelíes. Se trata de barcos llenos de activistas financiados por Hamás, una ONG que simpatiza con Al Qaeda, perroflautas ociosos sin nada mejor que hacer, pacíficos cooperantes que claman a favor de la intifada y militares turcos que no quieren respetar la soberanía nacional de Israel. El ejército israelí les pide amablamente que atraquen en el puerto de Ashod para comprobar el cargamento, mas se niegan. ¿Por qué? ¿Ocultaban algo? ¿Quizás transportaban algo más que simples alimentos y no deseaban ser registrados? ¿Escondían armas?

A pesar de los numerosos avisos, la flotilla Libertad desoye las advertencias del Ejército Israelí y se dirige hacia la zona de bloqueo buscando clarísimamente la confrontación directa con la armada  judía. Tras intentarlo por las buenas y no lograr nada, a los soldados hebreos no les queda más remedio que abordar  la embarcación y los pacíficos cooperantes les reciben atacándoles con palos de acero, cuchillos y armas de fuego. ¿Y aún le queda duda a alguien de por qué los soldados se han visto obligados a disparar? Los marineros hebreos han matado a una decena de activistas durante el abordaje, pero es que si no llegan a disparar es a ellos a quienes les matan. Los militares israelíes han actuado en defensa propia, en respuesta a un ataque de islamofascistas que van de pacíficos por la vida pero que destilan instinto asesino.

La muerte de esos 9 violentos perroflautas es, sin duda, trágica como lo son todas las muertes. Pero desde la flotilla no tienen motivo para quejarse. Ante tan gravísima provocación, otro país hubiese hundido el barco a cañonazos por lo que deberían estar agradecidos al Ejército judío por haber actuado con miramientos. Lo que ha pasado estos días es un aviso: Israel no va a permitir que ni Turquía ni ninguna potencia extranjera colabore con el terrorismo o viole la seguridad nacional de la patria judía. Los pseudoprogres, islamofascistas y perroflautas del mundo han aprendido que con Israel no se juega porque es una nación poderosa.  Si esos perroflautas tuviesen dos dedos de vergüenza, anunciarían un perdón público a Israel, lo indemnizarían por los perjuicios causados y darían gracias al Ejército por haber sido tan comedido.

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