El islam como tabú.

Hace años era políticamente incorrecto criticar el comunismo en Europa. Era todo un tabú. El célebre escritor británico George Orwell contó cómo en su momento tuvo serias dificultades para publicar Rebelión en la granja, una obra maestra que ha pasado a la historia. Estuvo buscando infructuosamente un editor durante años, y tras recibir el rechazo de varios importantes, al final logró que su novela viera la luz en 1945. ¿Cuál era el problema? Que criticaba el comunismo. Y en aquella época era impensable criticar esta ideología, incluso a pesar de las masacres que perpetraba el dictador Josip Stalin contra su propio pueblo.

Hoy en día vivimos en la sociedad de la hipócritamente correcto. No puedes criticar el islam sin que inmediatamente alguien te acuse de fascismo, racismo, islamofobia y similares. Es como si en los países islámicos los musulmanes tuvieran patente  de corso para reprimir y exterminar a cristianos, judíos, ateos o gays pero si tú te atreves a denunciar lo que está ocurriendo, el malo de la película eres tú. Hay imbéciles que  hasta te acusan de nazi. Yo creo más bien que el nazi es el que pretende exterminar a todo aquel individuo que no piensa como él, y es esto exactamente lo que está ocurriendo todos los días en los países de la media luna.

La autocensura roza la paranoia. Los gays, a los que siempre les falta el tiempo para burlarse del Papa, callan como putas cuando en Irán ahorcan homosexuales en mitad de la plaza por el solo hecho de serlo. Las feministas, que siempre ven fantasmas machistas en todos lados, son incapaces de criticar una cultura tan retrógrada como el islam, donde los imanes dan consejos a los hombres acerca de cómo maltratar a sus esposas. Y los inmigrantes, que tienen sanidad y educación gratis en Europa y a pesar de ello todavía nos acusan de racistas, no se atreven a denunciar que en los países del Golfo Pérsico esclavizan a los extranjeros de forma legal.

Pero todo el mundo no es igual. No todos los 1.500 millones de musulmanes son extremistas. No, claro que no. Tampoco en la Alemania nazi, el 100% de los alemanes estaba de acuerdo con gasear judíos y gitanos en los campos de exterminio, pero si los alemanes que estaban en contra eran incapaces de detener al dictador Adolf Hitler, entonces alguien de fuera de Alemania tendría que encargarse de detenerlo. Hoy el islam es la nueva amenaza totalitaria. Y como con el comunismo en tiempos de Orwell, criticarla es tabú. Pero el tiempo dio la razón a los que entonces criticaban el terror rojo y nos la dará a los que hoy criticamos el islam.

Si hoy entrara en la plaza mayor de nuestro pueblo el inquisidor Tomás de Torquemada montado en su caballo, todo el mundo se pondría a la defensiva. El islam es la nueva inquisición. Debido a la concepción medieval que los mahometanos tienen de su religión, el islam es, hoy por hoy, un movimiento totalitario incompatible con la libertad. No se puede ser tolerante con los intolerantes porque usarán nuestra democracia para destruirla desde dentro. Yo me rebelo contra esta autocensura que pide que cerremos los ojos ante los genocidios que sigue perpetrando, en pleno siglo XXI, la llamada religión de la paz.

El islam y su guerra contra Occidente.

La libertad de la que gozamos en día, la de usted y la mía, es el resultado de una guerra. Hoy tenemos democracia, libertad de expresión y derechos humanos gracias a que Occidente le ganó la Segunda Guerra Mundial a Alemania y la Guerra Fría a la Unión Soviética. Las guerras son un mal necesario. ¿Qué hubiera pasado si hubiéramos hecho caso a cobardes como el primer ministro británico Neville Chamberlain y no nos hubiéramos alzado en armas contra el dictador alemán Adolf Hitler? ¿Qué hubiera pasado si hubiésemos hecho caso a los pacifistas de salón cuando el dictador soviético Josip Stalin quería adueñarse del mundo? Mucha gente abomina los ejércitos pero al final la civilización siempre se mantiene en pie gracias al coraje de un puñado de soldados armados con un fusil.

Sucede que a veces para defender la vida, la paz, la democracia, la libertad y la civilización es necesario hacer una guerra. Hacerla y ganarla. Normalmente, la amenaza totalitaria no desaparece porque te dirijas al dictador de turno y le regales un pastel y le hables con buenas palabras. No, hace falta una demostración de fuerza incontestable para que se dé cuenta de quién es él y de quienes somos nosotros. Porque ése es el lenguaje que entienden los monstruos. Ojalá todo en esta vida se pudiera resolver por las buenas. Sería idílico. Pero no vivimos en los mundos de Yupi. Mientras existan ideologías expansionistas, gobiernos que confíen en la fuerza para imponer sus intereses o naciones que amenacen nuestro sistema de valores y estilo de vida, será necesario marchar a la guerra.

Hoy Occidente se encuentra más amenazado que nunca. Se cierne sobre nuestras cabezas un peligro más grande que el fascismo, el nazismo, el comunismo o la inquisición. El islam. Nos enfrentamos a una invasión silenciosa. Los musulmanes quieren conquistar nuestra tierra, no por medios militares convencionales sino con los vientres de sus mujeres. Su altísima tasa reproductiva les asegura que, de seguir así, un día pueden llegar a ser la mayoría social en Europa. Y ya sabemos qué es lo que el islam trae siempre de la mano: la dictadura. Ya sabemos cómo tratan en los países musulmanes a quienes no lo son: con la persecución y el martirio. Ya sabemos cuál es el castigo que merece apostatar del islam: la muerte. ¿Cuánto tiempo más criaremos cuervos en Europa antes de que nos saquen los ojos?

Ellos en sus países queman iglesias, violan monjas, asesinan judíos, ahorcan homosexuales, lapidan adúlteras, fusilan ateos. Persiguen hasta la muerte a cualquiera que no comparta sus creencias. Y mientras, en Europa se subvenciona la construcción de mezquitas para facilitarles que algún día ellos nos puedan hacer lo mismo. Esa falsa religión de paz que es el islam nos ha declarado la guerra y algunos todavía no se han enterado. Hoy en día hacen falta hombres valientes. Como Joanot Martorell. Como Winston Churchill. Defender la libertad cuesta sangre, sudor y lágrimas. El islam quiere destruir la democracia. Estamos en guerra y hay que escoger bando: civilización o barbarie, libertad o tiranía. Aquel que no quiera enfrentarse al islam, que se prepare para vivir de rodillas.

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