31 ago 2011
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de América
Etiquetas: América, Estado Libre Asociado, Estados Unidos, independencia, Nueva Zelanda, Puerto Rico, Reino Unido

Puerto Rico es famoso por su singular estatus político: el de Estado Libre Asociado (a los Estados Unidos). En 1952 firmó un tratado de libre asociación que acababa con su situación colonial y que le daba rango de una nación libre, con lo que pasaba a tener una relación con Estados Unidos en un plano de igualdad, de tú a tú.
Su fórmula ha sido imitada: Estados Federados de Micronesia (desde 1986), Islas Marshall (1986), Islas Marianas del Norte (1986) y Palau (1994) están en libre asociación con Estados Unidos. Islas Cook (desde 1965) y Niue (1974) con Nueva Zelanda. Quebec, Euskadi o Tokelau se han planteado seriamente adoptar el modelo.
Aunque el primer estado asociado contemporáneo fue Filipinas (de 1935 a 1946), sólo se trató de un periodo de transición entre el colonialismo y la independencia. Lo mismo pasó con Antigua, Dominica, Granada, San Cristóbal-Nieves-Anguila, Santa Lucía, y San Vicente y las Granadinas respecto de Reino Unido entre 1967 y 1983.
No parece que sea el caso de Puerto Rico, que ya ha hecho las bodas de oro con América. No se sabe si se trata de amor eterno o de un simple matrimonio de interés pero sea como sea, da buenos frutos a los boricuas: están mucho mejor que los países de su entorno y viajan como ciudadanos americanos a los Estados Unidos.
Los opositores al sistema aducen que Puerto Rico es una colonia yanqui pero la realidad es que puede independizarse cuando lo desee. En 1967, 1993 y 1998 se realizaron plebiscitos y el pueblo votó abrumadoramente en favor del estatus. Los independentistas -básicamente marxistas que ven en Cuba su ideal- son minoría residual.
Lo relacionado con la moneda, la defensa y la política y comercio exteriores depende de Washington. En todo lo demás, los puertorriqueños se autogobiernan. San Juan apoya esta semiindependencia habida cuenta del desastre que es Latinoamérica. Fuera de los Estados Unidos, tiene mucho que perder y poco que ganar.
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02 mar 2011
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de América
Etiquetas: autodeterminación, Dinamarca, Groenlandia, independencia, inuit, petróleo, Unión Europea

Una de las mayores islas del planeta, poblada por apenas 60.000 almas, está llamada a ser estado soberano en los próximos años. En 2008 el 75% del pueblo groenlandés votó a favor de un estatuto de autogobierno que incluye el derecho de autodeterminación. Dinamarca reconoce así el derecho a la secesión de su colonia.
No es el único referéndum celebrado por los groenlandeses. Así, en 1982 votaron abandonar la Comunidad Europea, en la que se integraron en 1972 debido a su vinculación con Dinamarca. Tras un periodo de transición, abandonaron la Comunidad Económica Europea en 1985 aunque siguen siendo miembros de la OTAN.
Groenlandia poco tiene que ver con Dinamarca. Se trata de una isla situada en América y su población de origen inuit tiene más en común con otros pueblos inuit de Canadá, Alaska y Siberia. El 95% de nativos habla el kalaallisut pero la lengua administrativa es el danés. Los groenlandeses son famosos por la caza de focas.
La economía ha sido hasta la fecha el gran impedimento para la independencia. La mitad del presupuesto de Groenlandia depende de los subsidios daneses, lo cual ha traído un elevado nivel de bienestar pero también dependencia de la metrópoli. Por otra parte, existen altas tasas de alcoholismo, violencia doméstica y suicidios.
El cambio climático puede convertir a Groenlandia en una potencia en recursos minerales, ya que el debilitamiento de la capa de hielo en algunas zonas de la isla ha permitido que yacimientos de petróleo y cinc sean rentables. Los recursos, gestionados por el Gobierno de Nuuk, darán alas al nacionalismo inuit en el futuro.
Pocos dudan de que la independencia de Groenlandia es sólo cuestión de tiempo. Además, por primera vez en la historia un estado miembro de la Unión Europea, Dinamarca, reconoce el derecho de autodeterminación para una de sus regiones. El precedente jurídico puede actuar como efecto dominó para otras naciones sin estado.
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09 sep 2010
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de Europa
Etiquetas: 1707, Acta de Unión, Adam Smith, Alexander Fleming, Alexander Graham Bell, Arthur Conan Doyle, David Hume, Escocia, geélico escocés, Gran Bretaña, independencia, independentismo, Inglaterra, inglés, James Watt, John Knox, lallans, lengua, Lord Byron, Lord Kelvin, nación, nacionalismo, Reino, Robert Louis Stevenson, Walter Scott, William Wallace

El Reino de Escocia fue un estado independiente hasta 1707, fecha en que se firmó el acta de unión con Inglaterra, para crear el Reino de la Gran Bretaña. Escocia conservó su sistema legal, educativo y religioso propios. De hecho, Escocia tiene estatus legal de país y la soberanía recae en el noble pueblo escocés y no en el británico.
Los escoceses firmaron la unión con Inglaterra por las buenas porque sabían que, de no aceptarla, tarde o temprano lo harían por las malas. Inglaterra era muy hostil, así que firmaron una rendición disfrazada de unión libre. Así se obtuvieron jugosas ventajas imposibles de negociar de ser anexionados por Londres tras una guerra.
Los escoceses son celtas, progresistas, partidarios del euro y proeuropeos. Los ingleses anglosajones, conservadores, defensores de la libra esterlina y proamericanos. No tienen nada que ver. Escocia tiene dos lenguas nacionales (el gaélico escocés y el lallans). No obstante, la lengua más utilizada por la gente es el inglés.
Es ésta una de las naciones más hermosas del planeta, una tierra de ensueño con una naturaleza espectacular, con unos paisajes que enamoran, especialmente en las Tierras Altas. Es conocida también por su singular folclore: por la triste melodía de sus gaitas, por el misterioso monstruo del Lago Ness, por sus hombres con falda.
Es también cuna de varones ilustres: William Wallace, Alexander Graham Bell, Alexander Fleming, Lord Kelvin, James Watt, John Knox, Adam Smith, David Hume, Lord Byron, Arthur Conan Doyle, Walter Scott, Robert Louis Stevenson… En Escocia nació la industria y el capitalismo modernos.
En los últimos tiempos ha crecido el independentismo en el país, animado por el éxito de Irlanda. Es por todos conocido que a nadie odia más un escocés que a un inglés así que es tiempo de acabar con el artificial estado británico. Escocia, por historia y por derecho, merece ser una de las naciones independientes de la Tierra.
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05 sep 2010
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de Europa
Etiquetas: Actualidad, capitalismo salvaje, Chernobil, comunismo, Cultura, Economía, estalinismo, Europa, gasoducto, Genocidio, hambruna, historia, independencia, lengua, liberalismo, nación, nacionalismo, Occidente, OTAN, rural, rusia, ruso, Sociedad, tártaro, Ucrania, ucraniano, Unión Europea

No hay bandera nacional que represente mejor a su pueblo que la ucraniana. Así como esta flámula se encuentra dividida en dos mitades (azul y amarilla) también su sociedad está fracturada en dos facciones irreconciliables: la que habla ucraniano (prooccidental y proeuropea) y la que habla ruso (simpatizante de Moscú).
Antaño los rusófonos tenían todo el poder y despreciaban a los ucranioparlantes pero desde la independencia del país en 1991 la única lengua oficial es el ucraniano y los rusoparlantes un remanente colonial que desaparecerá por relevo generacional. La minoría tártara, con su lengua propia, es la tercera en discordia allí.
El país es de vital importancia estratégica para todo el mundo: heredó buena parte del arsenal atómico de la desaparecida Unión Soviética, por su territorio pasa uno de los gasoductos más importantes de Europa y además tiene frontera directa con Rusia, lo cual es una maldición que sólo le ha traído una pesadilla tras otra.
El imperialismo ruso causó estragos: en 1932 el estalinismo fabricó una hambruna que mató 10 millones de almas, luego la gente pasó hambre por décadas bajo el comunismo y encima sufrió el accidente de Chernobil de 1986. Incluso hoy es uno de los países más pobres de Europa, con un capitalismo salvaje que lo privatiza todo.
Es el segundo estado más grande de Europa -por detrás de Rusia-, un país rural con una tierra negra donde se cosechan los mejores cereales del planeta, también una sociedad sin alma donde prolifera desbocado el ateísmo y una patria en cuyas ciudades pasean espectaculares mujeres rubias célebres por su belleza en todo el orbe.
Ateos o cristianos. Liberales o comunistas. Lengua ucraniana o rusa. Bruselas o Moscú. OTAN o Rusia. Todo en Ucrania es bipolar. Ojalá algún día esta ignominiosa página de su historia sea sólo un mal sueño y Ucrania sea una patria unida asentada sobre sus señas de identidad, el amor propio y el orgullo de ser nación.
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01 sep 2010
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de Europa
Etiquetas: Actualidad, Albania, autodeterminación, Córcega, Cultura, democracia, Escocia, Estados Unidos, Europa, Europa de los pueblos, Euskadi, Flandes, historia, independencia, independentismo, justicia, Kosovo, La Haya, Libertad, nación, nacionalismo, ONU, Política, sentencia, Serbia, Serbia y Montenegro, Sociedad, terrorismo, Tribunal de La Haya, Tribunal Internacional de Justicia, Valencia, Yugoslavia

La declaración de independencia de Kosovo respecto de Serbia el 17 de febrero de 2008 marcó un antes y un después en el derecho internacional: por primera vez en la historia la Comunidad Internacional aceptó la secesión unilateral de un territorio no colonial en tiempos de paz. Ahora, los tribunales avalan dicha liberación.
La sentencia del 22 de julio de 2010 del Tribunal Internacional de Justicia (TIJ) -también conocido como Tribunal de La Haya- fue realmente histórica: la declaración unilateral de independencia de un territorio es un acto político, no uno jurídico, por lo que, de acuerdo al derecho internacional, ésta no puede ser ilegal.
En dicha sentencia el Tribunal añadió que la inviolabilidad e intangibilidad de las fronteras de un estado es siempre respecto del exterior (es decir, que un país no debe invadir a otro), pero permite que, a nivel interno, se puedan modificar las fronteras de un estado, por ejemplo a través de la secesión de alguna de sus regiones.
Kosovo, un país del tamaño de Murcia y menos de 2 millones de habitantes, es una bomba de relojería que los Estados Unidos han puesto en el corazón mismo de Europa para hacerla saltar por los aires… Kosovo abrirá las puertas de la libertad a numerosos pueblos oprimidos: Flandes, Escocia, Córcega, Euskadi, Valencia…
Puede que Kosovo no sea un país ejemplar: es una sociedad musulmana que se amparó en el terrorismo, que ha sufrido mucho por culpa de los serbios y que después los ha represaliado, una nación de albaneses que reclamó un estado cuando ya disponía de uno (Albania), una república empobrecida por incontables guerras.
Pero Kosovo es también un precedente jurídico jamás visto antes. Los que creemos en la autoterminación y en la democracia, en la Europa de los pueblos y en la libertad, tenemos mucho que agradecer a Estados Unidos, al Tribunal de la Haya y al épico pueblo kosovar. Su pírrica victoria es todo un rayo esperanza para millones.
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04 jun 2010
de J.Ferrer
en Valencia
Etiquetas: Actualidad, catalanismo, Cataluña, Catalunya, CEE, cerveza, Comunidad Económica Europea, Cultura, España, Estados Unidos de Europa, Estat Valencià, Europa, Europa de los pueblos, Heineken, historia, independencia, independentismo, Kohr, Maastrich, Meinecke, nación, nacionalismo, Sociedad, UE, Unión Europea, Valencia, valencianisme, valencianismo, valenciano

El multimillonari empresari holandés Freddy Heineken no només fon el president de l’empresa cervesera més famosa del món-a la qual el seu llinage dona nom-, sino que ademés fon també un declarat europeiste i un apassionat de les cultures. En 1992 publicà un panflet titulat Els Estats Units d’Europa ¿una eurotopia? en la que proponia una Europa federal -els Estats Units d’Europa- composta per dozenes de chicotets estats europeus (la majoria d’entre uns 5 i 10 millons d’habitants), en una història comuna, una cultura pròpia i una homogeneïtat ètnica.
A principi dels 90 hi hagué una forta eclosió de nacionalismes en Europa que va donar pas a una vintena de nous estats després de la desintegració de l’Unió Soviètica, Yugoslàvia i Checoslovàquia. També en 1992 se firmà el Tractat de Maastrich que significava el pas d’un mercat comú exlusivament econòmic com la Comunitat Econòmica Europea (CEE) a un ambiciós proyecte polític com l’actual Unió Europea (UE). Heineken pensà que eixa explosió de noves nacions-estat d’Europa Oriental podia traslladar-se a tot el continent i ajudar al mateix temps a forjar una gran aliança de pobles.
L’idea era que seria més fàcil construir una gran nació europea si es componia d’estats menuts que no perderen el temps competint entre ells per l’hegemonia de la UE com fan els grans. Els actuals estats europeus són massa menuts per als assunts internacionals i massa grans per a la vida del dia a dia. Per tant, calia construir una superpotència europea que a nivell exterior abordara els reptes internacionals i a nivell interior estiguera composta per estats menuts que acostaren l’administració al ciutadà i formaren una unió molt més equilibrada al tindre tots un tamany molt paregut.
Heineken, inspirat potser per pensadors com Leopold Kohr o Friedrich Meinecke, dividí el mapa europeu en 75 estats de chicotetes dimensions. Per supost no era més que una proposta i la reordenació territorial resultava, en alguns casos, prou discutible. Pero la qüestió és que dins d’eixe mapa figurava un Estat Valencià sobirà, independent i diferenciat d’Espanya i de Catalunya. Heineken sabia be que el nostre poble té identitat pròpia. Més allà d’esta eurotopia, l’idea d’una Europa dels pobles en la que els valencians tingam veu i vot continua viva a dia de hui.
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18 mar 2010
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de Asia
Etiquetas: Actualidad, colonialismo, Economía, Gran Bretaña, historia, independencia, Indonesia, Malasia, nación, nacionalismo, Política, Singapur, Sociedad

El de Singapur quizás sea uno de los casos más sobresalientes de cómo el independentismo puede traer la prosperidad a una nación. El minúsculo país se independizó de Gran Bretaña en 1963 y de Malasia en 1965. Hoy supera ampliamente a sus dos ex-metrópolis en renta per cápita y en indicadores de calidad de vida.
La isla ha llevado a cabo en los últimos años una agresiva política fiscal que ha atraído capitales. Además ha prosperado gracias a la inversión extranjera y a su apuesta por la tecnología, lo que le ha convertido en uno de los cuatro tigres asiáticos, junto con Taiwan, Corea del Sur y Hong Kong, verdaderos nuevos ricos de Asia.
No obstante, la principal fortaleza de Singapur radica en el comercio. Cuenta con el mayor puerto comercial del mundo, líder indiscutible en número de contenedores, por encima del de Rotterdam. Su actividad portuaria es tan prolífica y competitiva que prácticamente monopoliza el comercio de buena parte de Asia.
Singapur tiene, no obstante, un problema muy grave: el espacio vital. Es una ciudad-estado muy pequeña y está superpoblada. En las últimas décadas ha ganado terreno al mar sin cesar y hasta el aeropuerto de Changi, uno de los mejores del orbe, se halla sostenido parcialmente sobre tierra artificial asentada sobre el agua.
Esta colosal obra de ingeniería se ha logrado gracias a la compra de millones de metros cúbicos de arena a la vecina Indonesia. Esto produjo el hundimiento bajo las aguas de no pocos islotes de este depauperado país, que ha decidido que no venderá ni un palmo más de tierra. Birmania suministra ahora la materia prima.
El bravo pueblo singapurense, con esfuerzo y tesón, somete a la naturaleza y hace de su patria una isla creciente en lo económico y lo físico. Singapur representa el orgullo nacionalista, la casta, la agresividad de un país diminuto que domina a otros gigantes. Es un pueblo fiero. No en vano su nombre quiere decir ciudad de los leones.
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14 dic 2009
de J.Ferrer
en Mundo
Etiquetas: Actualidad, Arenys de Munt, autodeterminación, Cataluña, Catalunya, democracia, España, independencia, Libertad, Política, Sociedad

El espíritu de Arenys de Munt se abre paso en España. Esta localidad catalana celebró el pasado 13 de septiembre una consulta popular sin precedentes. A la pregunta de “¿Está de acuerdo que Cataluña devenga un Estado de derecho, independiente, democrático y social, integrado a la Unión Europea?” el 96% de los votantes se decantó por el sí, con una participación del 41% del padrón, similar a la de los comicios europeos o a la del referéndum que aprobó el Estatuto catalán de 2006.
Ayer, 13 de diciembre de 2009, se volvió a formular la pregunta a la ciudadanía de 166 localidades catalanas. El sí a la independencia ganó de calle con un 94% del total del voto. Como partidario que soy del derecho a la autodeterminación y de la democracia directa, considero esta consulta popular una auténtica fiesta de la democracia que, si bien no tiene valor legal alguno, sí contiene un indudable peso moral y social que debiera hacer reflexionar y mucho a la casta política y a la prensa de Madrid.
El actual Estado Español tiene los días contados. Con el avance imparable de la democracia y las libertades nacionales, cada vez va a ser más difícil para España tener argumentos de cara a una hipotética secesión catalana. Especialmente, a partir del precedente jurídico internacional que supuso la independencia de Kosovo en 2008, la cual sienta un cambio en las reglas del juego: la secesión puede ser unilateral en tiempos de paz mientras cuente con apoyo de un grupo de países que reconozca al nuevo estado.
En los últimos tiempos un sinfín de nuevos estados se ha abierto paso en las entrañas de Europa: Ucrania, Lituania, Eslovaquia, Croacia, Montenegro, etc. España siempre argumenta lo mismo: que no es un caso comparable, que Cataluña no es Montenegro, que son casos distintos, etc. Y puede que tenga razón. Pero yo me pregunto: ¿qué inverosímil excusa pondrán los españoles el día que se independicen Flandes o Escocia? Porque ahí ya estamos hablando de Europa occidental, con una tesitura muy similar a la nuestra.
Yo auguro la desaparición de la actual España. Es cuestión de tiempo que Euskadi y Cataluña sean estados soberanos. Eso no tiene por qué significar la desaparición de España como tal. España puede sobrevivir a esto igual que sobrevivió a la pérdida de Cuba o de Argentina. Pero afectará a las fronteras del actual Estado Español y puede ocasionar un importante efecto dominó en otras autonomías, especialmente si éstas perciben que a Cataluña o a Euskadi les va mejor fuera de España que dentro de ella.
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13 dic 2009
de J.Ferrer
en Banderas, Banderas de Europa
Etiquetas: Actualidad, autodeterminación, Balcanes, Europa, independencia, independentismo, Montenegro, nacionalismo, Política, Serbia, Sociedad, Yugoslavia

Montenegro ha experimentado un radical giro de 180º en su forma de pensar. La antaño consciencia nacional de lealtad y vocación unionista ha dejado paso en muy poco tiempo a una fiebre nacionalista desbordante. Montenegro se independizó de Serbia en 2006, es decir, hace ahora tres años. ¿Y qué tal le ha ido?
En sólo tres años de soberanía, el Producto Interior Bruto (PIB) del nuevo estado ha crecido un 84%, el sueldo medio se ha doblado, el paro ha descendido del 32 al 10%, el país ya no depende de las inversiones rusas y serbias, apunta a la Unión Europea (UE) y el montenegrino, antes considerado dialecto, es ahora idioma oficial.
El primer ministro montenegrino, el nacionalista Milo Djukanovic, es considerado poco menos que un rey y es que el cambio ha sido tan radical que si el referéndum de autodeterminación de 2006 se repitiese hoy, muchos proserbios que entonces votaron contra la independencia hoy lo harían a favor.
Montenegro es el ejemplo más palmario de lo que ocurre con un país cuando suelta el lastre: que despega. El lastre era Serbia, a la que Montenegro ha sido leal históricamente, hasta que la gente se quitó la venda de los ojos y se dio cuenta que no tenía sentido alguno pertenecer a un país problema como lo fueron Yugoslavia y Serbia.
El pueblo montenegrino recuerda por su gran lealtad y voluntad de sumar al pueblo valenciano. Pero, como los valencianos, también los montenegrinos tienen un límite a su enorme paciencia. El hartazgo de tanta humillación y centralismo acabó empujando a ser independentista a una ciudadanía que jamás lo fue.
Montenegro es hoy una de las patrias más jóvenes pero con más porvenir de Europa y el espejo en que se miran los nacionalistas de todo el continente. En el futuro volverá a ser un estado rico y próspero pero en el presente ya goza de la mayor de las fortunas de las que puede disfrutar cualquier pueblo: la de ser una nación libre.
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