Falacia atea: Soy ateo porque el cristianismo es homófobo.

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Un número cada vez mayor de homosexuales se aleja de la iglesia y de Dios. Los colectivos gays argumentan que la iglesia y el cristianismo son homofóbos (esto es, que odian a las personas homosexuales), lo cual no es cierto en absoluto porque cuando Jesús vino al mundo dio su vida por toda la humanidad, gays, lesbianas, bisexuales y transexuales incluidos. Esta falacia atea parte de una premisa que consiste en confundir -de forma malintencionada sin duda- la homosexualidad con la persona homosexual, en confundir el pecado con el pecador, como si fueran la misma cosa cuando en realidad son cosas muy distintas como veremos ahora.

Que rechaces la anorexia no quiere decir que rechaces a las anoréxicas, si rechazas la homosexualidad no por ello rechazas al homosexual, que estés en contra del pecado no quiere decir que estés en contra del pecador, que repudies la circunstancia no significa que  repudies a la persona que hay tras ella. Esto es tan elemental que hasta un niño lo entendería (¿o es que tú no puedes tener un amigo de derechas si eres de izquierdas? ¿dejas de saludar a tu cuñado madridista sólo porque tú seas del Barça?), por lo que confundir la circunstancia con la persona como si ambas fueran una misma cosa es de tener muy pocas luces o muy mala leche.

Algunos dicen que la homosexualidad es una enfermedad, otros que un vicio, los hay que la consideran un estilo de vida o una orientación sexual tan respetable como cualquier otra. Yo no sé quién de todos ellos estará en lo cierto, pero de una cosa estoy completamente seguro: la homosexualidad es un pecado, algo que ofende a Dios. Y los cristianos no podemos aceptarla ni dar nuestro visto bueno porque una cosa que está mal, porque esté socialmente aceptada por la mayoría, no deja de estar mal. No es homofobia sino pecadofobia lo que nos impulsa a los cristianos a rechazar las prácticas de los bisexuales, transexuales, lesbianas y  gays.

Los grupos de presión homosexuales quieren convencer a la sociedad de que estar contra el gaymonio y lesbimonio es un acto de homofobia. Si yo considero que la unión de dos personas del mismo sexo no es un auténtico matrimonio a ojos de Dios me acusarán de vulnerar los derechos de gays y lesbianas. Si así fuera, no los discrimino más de lo que discriminamos a un polígamo cuando le decimos que la unión de un hombre con cuatro mujeres no es un auténtico matrimonio. O a un trío compuesto por dos mujeres y un hombre cuando les decimos que su relación, se pongan como se pongan, no es un auténtico matrimonio. Que lo suyo es otra cosa.

El cristianismo rechaza la homosexualidad por la misma razón por la que rechaza la mentira, el robo o el homicidio; porque son pecados. Dios odia el pecado pero ama al pecador (que por otro lado somos todos, yo el primero). Yahweh ama al mentiroso, al ladrón y al homicida pero rechaza sus acciones. Igual pasa con los homosexuales. Por otro lado me pregunto cuanta parte de culpa podemos tener los cristianos de que gays y lesbianas se aparten de Dios. A veces no tenemos bastante misericordia, no vemos la viga en nuestro ojo, nos creemos mejores y les apuntamos con el dedo acusador olvidando que somos tan pecadores o más que ellos.

Una cosa tengo clara: Dios no le cierra las puertas del cielo a nadie sino que somos nosotros mismos los que decidimos cerrarlas cuando le damos la espalda al Señor. Cualquier homosexual, bisexual o transexual que se arrepienta de su pecado y abandone su estilo de vida puede salvarse a través de Cristo Jesús. De hecho, yo estoy absolutamente convencido de que antes entrarán en el cielo muchos homosexuales y prostitutas arrepentidos que algunos obispos y gente que va a la iglesia todos los domingos con la Biblia bajo el brazo. Dios conoce muy bien el corazón de las personas y no hay ni uno solo de nosotros que lo pueda engañar.

¿Homofobia? No, demagogia.

En el lenguaje de lo hipócritamente correcto, existen temas tabú que parecen ser intocables so pena de ser acusado de las peores vilezas. Es lo que se llama falacia ad hominem; esto es, cuando atacas a la persona en lugar de atacar el argumento que dio. Por ejemplo, si yo digo que estoy en contra de la homosexualidad porque es mala, me acusarán de “homófobo” y de “odiar a los homosexuales”. La acusación no sólo es una falacia, en tanto que no responde a un argumento con otro argumento sino con etiquetas; es también una estupidez. Es como si dices que estás en contra de la anorexia y te acusan de odio y discriminación hacia las anoréxicas.

Que rechaces la anorexia no quiere decir que rechaces a las anoréxicas, si rechazas la homosexualidad no por ello rechazas al homosexual, que estés en contra del pecado no quiere decir que estés en contra del pecador, que repudies la circunstancia no significa que  repudies a la persona que hay tras ella. Esto es tan elemental que hasta un niño lo entendería (¿o es que tú no puedes tener un amigo de derechas si eres de izquierdas? ¿dejas de saludar a tu cuñado madridista sólo porque tú seas del Barça?), por lo que confundir la circunstancia con la persona como si ambas fueran una misma cosa es de tener muy pocas luces o muy mala leche.

Algunos dicen que la homosexualidad es una enfermedad, otros que un vicio, los hay que la consideran un estilo de vida o una orientación sexual tan respetable como cualquier otra. Yo no sé quién de todos ellos estará en lo cierto, pero de una cosa estoy completamente seguro: la homosexualidad es un pecado, algo que ofende a Dios. Y como cristiano que soy no puedo aceptarla ni dar mi visto bueno porque una cosa que está mal, porque esté socialmente aceptada por la mayoría de la gente, no deja de estar mal. No es homofobia sino pecadofobia lo que  impulsa a los auténticos cristianos a rechazar las prácticas sexuales de lesbianas y gays.

Pretender acusar de homofobia a los cristianos no deja de ser demagogia pura y dura. Si mañana la Asociación Nacional de Adúlteros quiere convencernos de que el adulterio es un respetable estilo de vida, que no cuente con nosotros, porque nuestros valores morales no son fijados por modas que van y vienen sino por Dios mismo. Y resulta cuanto menos curioso que los adalides de la tolerancia sean capaces de tolerar a todo el mundo menos a nosotros los cristianos, a quienes nos tachan de homófobos, medievales, trogloditas, etc, simplemente porque nos negamos a dar nuestro visto bueno a un pecado que resulta abominable a ojos de Dios.

Los grupos de presión homosexuales quieren convencer a la sociedad de que estar contra el gaymonio y lesbimonio es un acto de homofobia. Si yo considero que la unión de dos personas del mismo sexo no es un auténtico matrimonio me acusarán de vulnerar los derechos de gays y lesbianas. Si así fuera, no los discrimino más de lo que discriminamos a un polígamo cuando le decimos que la unión de un hombre con cuatro mujeres no es un auténtico matrimonio. O a un trío compuesto por dos mujeres y un hombre cuando les decimos que su relación, se pongan como se pongan, no es un auténtico matrimonio. Que lo suyo es otra cosa.

La auténtica marginación se la infligen los homosexuales a sí mismos. No hay más que ver el día del orgullo gay. En lugar de denunciar que en Irán ahorcan a los gays por el solo hecho de serlo, ellos se ponen las plumas y empiezan a hacer mariconadas por la calle. Se trata de un carnaval mariquita, un esperpento digno de la parada de los monstruos, un colectivo humano que con sus numeritos de circo no hace sino distanciarse cada vez más y más de la supuesta integración y normalidad que dice reivindicar, y que manda el mensaje al mundo -alto y claro- de lo que realmente es y quiere ser: un ridículo gueto muy alejado de la gente normal.

Nación Queer: la homosexualidad por bandera.

Cuenta la Santa Biblia que en las ciudades de Sodoma y Gomorra todos los varones, desde el más joven al más viejo, eran homosexuales y que Dios envió fuego y azufre desde el cielo para arrasarlas como castigo a su perversión. ¿Pero qué pasaría si hoy se crease un país de maricones? ¿Cómo sería vivir en una patria gay?

En 1990 la ONG estadounidense Queer Nation (nación marica) acuñó el lema: “Estamos aquí. Somos maricones. Hacéos a la idea”. Un estado nación para homosexuales lo sugirió el autor William S. Burroughs, quien más tarde modificaría sus ideas en favor de un modelo similar a la de la comunidad china Tong.

El primer intento de exigencias territoriales lo hizo un grupo de activistas australianos en 2004, al declarar que las Islas del Mar del Coral eran el Reino gay y lésbico de las Islas del Mar del Coral y que su emperador era Dale Parker Anderson. Jamás fue reconocido y las disputas internas lo hundieron desde dentro.

Existen otras iniciativas como la Fundación Patria Gay que reivindican un territorio autoadministrado para la comunidad de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales (Comunidad GLBT). E incluso una micronación llamada República Gay Paralela. Ni qué decir tiene que estos intentos han sido un fracaso hasta la fecha.

Pero ya hay sociólogos que hablan de nacionalismo queer ya que la comunidad homosexual tiene un movimiento social cada vez más influyente, una cultura propia (grupos de discusión, librerías, revistas, bares, cabarets, literatura…) y busca llegar a las figuras claves de estado para promover su peculiar estilo de vida.

Algunos sociólogos consideran internet una oportunidad para la Comunidad GLBT para crear una cultura global no territorial. Y otros hablan de este grupo como un movimiento nacionalista no territorial. Los homosexuales no son un solo pueblo pero sin duda comparten un sentimiento de pertenencia a una identidad común.

Añorando una izquierda que ya no existe.

ANUNCIO IMPORTANTE:

Acto: Conferencia El ateísmo: la gran mentira del siglo XXI.

Día: 27 de noviembre de 2010 a las 19:00 horas.

Lugar: Escuela de Música Julián Romano en Plaza Coronación 1 en Estella (Navarra).

Entrada: gratuita.

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Nací en el seno de una familia trabajadora. Mi madre era ama de casa. Antes de eso, iba a limpiar escaleras. Mi padre no vestía con traje de corbata sino con un mono azul lleno de grasa y suciedad. Sé lo que es vivir en una familia que discute todos los días porque no llega nunca a final de mes. He crecido en un barrio obrero y conozco de sobras los problemas del proletariado… Los llevo a flor de piel.

Estos días siento nostalgia de una izquierda que ya no existe. Me siento cercano a esa vieja izquierda, socialista y democrática, obrera, que se preocupaba por mejorar los sueldos de los trabajadores, por lograr una sanidad y educación públicas de calidad, que luchaba por la justicia social, por la igualdad de oportunidades para todas las personas, también para las de un sustrato social bajo.

Pero todo eso ya ha pasado a la historia. Hoy nadie, absolutamente nadie, se acuerda de los trabajadores. Los sindicatos están apesebrados, la juventud alcoholizada, los intelectuales son de subvención y pandereta y la vieja izquierda, ésa que defendía los derechos de los obreros, ha sido sustituída por una izquierda pijoprogre y megaguay que va de moderna por la vida y que vive en los mundos de Yupi.

Así, la nueva izquierda se preocupa por fomentar el aborto, la homosexualidad, la eutanasia, el islam, el anticristianismo, el papeles para todos, la multiculturalidad, el guerracivilismo y tantas otras ensoñaciones cuyo supuesto progreso es más que discutible y más que discutido. Y mientras, los colegios, hospitales y barrios de los trabajadores se desmoronan a la misma velocidad que sus sueldos. Que asco de mundo.

Si Lutero levantase la cabeza.

“Si Satanás puede pervertir y cambiar el sentido de  las Escrituras ¿qué no hará con mis palabras o las de los demás?”

Martín Lutero.

Los tiempos que vivimos son muy difíciles para la Iglesia Evangélica. Afloran por doquier falsos profetas y doctrinas equivocadas que llevan a camino de perdición, quizás como si de un signo de los últimos tiempos se tratase. Quién sabe. Lo cierto es que en el siglo XVI el sacerdote Martín Lutero inició la reforma protestante contra la teología corrupta y desviada de la Iglesia Católica de Roma.

Protestaba fundamentalmente por la venta de indulgencias y bulas papales que permitían vivir en pecado si pagabas un dinero; contra la idolatría; contra la afirmación de que existe un lugar llamado purgatorio (que casualmente no se menciona ni una sola vez en toda la Biblia) y contra la idea de que la salvación se halla en una religión o en una iglesia concretas y no en la obra redentora de Cristo.

Pero ¿y si hoy levantase la cabeza Lutero? ¿Qué pasaría? Por supuesto, vería que la mayoría de cosas contra las que protestaba siguen vigentes en la Iglesia Católica. Pero… y ahí viene lo más sangrante… se horrorizaría al ver la enorme cantidad de falsos profetas y falsas doctrinas que muy sibilinamente se han ido aposentando en las iglesias evangélicas. Del susto, Lutero se volvía a morir.

Hablo por ejemplo de la ordenación de obispos homosexuales en la Iglesia Luterana. O de las llamadas iglesias arco iris que ofician matrimonios entre personas del mismo sexo. Todo obedece a esta corriente relativista que dice que la iglesia tiene que “adaptarse a los nuevos tiempos”. Curiosamente las iglesias que han dado el paso han perdido el apoyo de sus fieles hasta quedarse vacías.

También hablo de algunos cristianos que son liberales en lo económico y que parece que idolatran al mercado, lo adoran como si de un nuevo dios se tratase. O de la aberrante y anticristiana teología de la prosperidad, impulsada por estafadores, que presupone que Dios puede ser sobornado con dinero y de este modo cumplirá nuestros deseos como si de un genio de la lámpara maravillosa se tratase.

También los hay que introducen falsas doctrinas no por mala fe sino por equivocación como la de, y admito que yo mismo podría estar equivocado, el rapto pretribulacional. Dicha tesis suena con mucha fuerza desde hace sólo cien años. Históricamente siempre se ha hablado de dos venidas de Cristo al mundo (no de tres) y de que el arrebatamiento de la iglesia sería tras la Gran Tribulación en los postreros días.

La Palabra de Dios es eterna y vale para todos los tiempos. No es la iglesia la que se tiene que adaptar al mundo sino al revés. De lo contrario estamos creando un falso cristianismo hecho a nuestro gusto, como si de un menú de restaurante se tratase. Hoy abundan los falsos profetas y las falsas doctrinas que llevan a los justos a condenación. Hace falta una escoba para barrer toda la basura.

En defensa de la familia.

Frente a la acuciante política de acoso y derribo que padece la institución de la familia y el terrorífico auge de la cultura de la muerte, propongo un desarrollo legislativo que incluya una reforma constitucional y estatutaria que garantice los siguientes puntos:

1. El reconocimiento y protección de la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural. Considerar el derecho a la vida como un valor supremo en nuestra sociedad y como prevalente en caso de colisión con otros derechos civiles.

2. La dignidad de todos los seres humanos.

3. La prohibición de abominaciones como el aborto, el uso de embriones y células madre embrionarias para cualquier fin que pueda costarles la vida o menoscabar su dignidad, la clonación humana, la eutanasia o la pena de muerte.

4. Reconocimiento del matrimonio exclusivamente como la unión de un hombre con una mujer.

5. Una política activa a favor del matrimonio y la familia. Facilitar el acceso a la vivienda, promover guarderias, ayudas económicas para el fomento de la natalidad, playas familiares, residencias para la tercera edad, erradicación de la telebasura…

6. El Estado del bienestar. Especial énfasis en garantizar una sanidad, educación y transporte públicos y de calidad.

7. El reconocimiento de la importancia de las raíces cristianas en la historia y cultura de Europa.

8. La libertad religiosa y de culto. El respeto a las creencias religiosas, a su participación en la vida pública y a la objeción de conciencia por motivos religiosos.

9. Prohibición de la blasfemia. Será considerada un delito, como lo son la injuria o la calumnia.

10. El retorno a las buenas costumbres, los valores y la moral.

Gaymonio y lesbimonio son obra del demonio.

“Hay camino que al hombre le parece derecho, pero es camino que lleva a la muerte” (Proverbios 16:25).

La fuerza del relativismo moral es tan grande que empuja a millones de personas en el mundo a llamar bueno a lo malo y malo a lo bueno (Isaías 5:20). Una vez descartamos a Dios, ya no existe la verdad sino que cada uno tiene su verdad. Cada uno hace de su capa un sayo, cada uno obra según su propio entendimiento y no según la voluntad perfecta de Dios. El problema radica en que el hombre sigue caminos que según su opinión son rectos (Proverbios 16:2) pero la Biblia advierte que no debemos confiar en nuestro propio entendimiento (Proverbios 3:5-8), que a menudo erra, ni en nuestro corazón que es engañoso (Jeremías 17:9) sino en el Señor. Hace  años yo mismo cometí la equivocación de, desde mi ignorancia, defender el gaymonio y lesbimonio hasta que a la luz de la Palabra me di cuenta de que la homosexualidad es “abominación” a los ojos de Dios (Levítico 18:22).

Es tan habitual escuchar en estos días: “Pero si dos hombres se aman ¿qué tiene de malo que se casen? No hacen daño a nadie”. Con ese argumento podemos dar entrada a todo tipo de perversiones e inmoralidades… Si la unión de dos hombres es un matrimonio ¿quién negará a los musulmanes europeos su “derecho” a la poligamia? Total, si un hombre y cuatro mujeres se aman ¿por qué no ha de ser eso un matrimonio? ¿Y por qué no puede serlo un trío? Mi novia, mi novio y yo nos queremos mucho, somos ciudadanos honestos que pagan sus impuestos así que ¿por qué no podemos contraer un matrimonio los tres juntos? Es más, si una niña que ni siquiera ovula y yo nos amamos… ¿quién es el Estado para impedir nuestra boda? Si una figura histórica como el falso profeta Mahoma se casó con una niña de 9 años ¿quién es nadie para negarme a mí hacer lo mismo?

Ese “¿Y por qué no?”, ese “No tiene nada de malo”, ese “No hacemos daño a nadie” son ideas perversas que Satanás pone en el corazón de las personas para confundirlas y  torcer los caminos rectos de Dios. Lo cierto es que el gaymonio y el lesbimonio son un ataque frontal a la institución más antigua del mundo (la familia)  y un peligroso precedente para la legalización de otro tipo  de uniones que no tienen más propósito que el de empujar los valores morales tradicionales, verdaderos cimientos de la civilización occidental, por el barranco de la historia. Su aceptación social no los hace en absoluto buenos, ya que una cosa mala, porque esté bien vista, no deja de ser mala. Al contrario: que la maldad se expanda sin remisión es claro síntoma del acelerado proceso de podredumbre y descomposición que vive Occidente y el preludio de los tiempos lóbregos que aún están por venir.

¿Es la homosexualidad una perversión abominable?

En los últimos tiempos la homosexualidad ha tenido una creciente aceptación social. Sin embargo, si hacemos un ligero repaso a la Biblia veremos que Dios la considera un acto abominable; un pecado de suma gravedad, no un estilo de vida como ahora los grupos de presión homosexuales quieren hacer ver.

1) La homosexualidad en el Antiguo Testamento.

La Biblia es muy clara al respecto: la homosexualidad es abominación a los ojos de Dios hasta el punto de que, en el Antiguo Testamento, era castigada con la muerte: “No te echarás con varón como con mujer; es abominación” (Levítico 18:22). Veamos otro  pasaje: “Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron: ambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre” (Levítico 20:13).

Conocida es la historia de Sodoma y Gomorra (puede leerla en Génesis 19); unas ciudades donde el homosexualismo estaba extendido entre todos los hombres, del más anciano al más joven (Génesis 19:4); tal fue su perversión que Dios decidió destruirlas enviando fuego y azufre.

Dios condena también la perversión del travestismo: “No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace (Deuteronomio 22:5). Y advierte también sobre la sodomía: “No haya ramera entre las hijas de Israel, ni haya sodomita de entre los hijos de Israel. No traerás la paga de una ramera ni el precio de un perro a la casa de Jehová tu Dios por ningún voto; porque abominación es a Jehová tu Dios tanto lo uno como lo otro” (Deuteronomio 23:17-18).

2) La homosexualidad en el Nuevo Testamento.

¿Podría ser  que la homosexualidad fuese considerada un pecado en la antigüedad y que ya no lo fuese actualmente, debido a que vivimos en tiempos modernos y nuestra sociedad del siglo XXI ya no es la de hace miles de años? Me inclino a pensar que para el Señor la pecaminosidad de este acto continua vigente hoy. Pensemos que no solamente se repudia en el Antiguo Testamento, sino también en el Nuevo. Veamos qué le decía el apóstol Pablo a los romanos:

“Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complace con los que las practican” (Romanos 1:24-32).

También Pablo, en su epístola a Timoteo, insiste: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino  para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y  para cuanto se oponga a la sana doctrina, según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado” (1 Timoteo 1:9-11).

Pablo advierte también a los corintios sobre el pecado sodomita: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis, ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6:9-11).

No solamente Pablo, también el apóstol Judas recuerda la gravedad de este pecado: “También Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquellos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra la naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno” (Judas 7).

3) ¿Cuál es la verdadera voluntad de Dios?

El Señor Jesús siempre abogó por el matrimonio heterosexual como creado por Dios al principio, y nunca por el gaymonio y lesbimonio. Leámoslo: “Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne: lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Mateo 19:4-6).

4) Conclusión.

La homosexualidad es abominación a los ojos de Dios. Su verdadera voluntad es que el hombre se uniera con la mujer y viceversa, no que sigan orientaciones sexuales que van contra natura. Pero ojo, Dios odia el pecado pero ama al pecador. Su voluntad es que el sodomita se arrepienta y abandone su desviación. A menudo el homosexual es una persona que sufre y mucho a causa de su condición; por tanto debemos tratarle con respeto y comprensión. Y muy importante: que nadie heterosexual se atreva a considerarse mejor que un homosexual por el solo hecho de no serlo. Todos los seres humanos sin excepción somos pecadores (Romanos 3:23) y el que esté libre de pecado que tire la primera piedra (Juan 8:7). La idea de este artículo no es apuntar con el dedo acusador a nadie, tan sólo constatar que la práctica homosexual es, con la Biblia en la mano, un pecado muy grave, no un estilo de vida moralmente aceptable por muy de moda que ahora pueda estar. No frente a los ojos de Dios.

Tercer Mundo espiritual.

Hace unos años viajé a Venezuela con la convicción de que iba a visitar el Tercer Mundo. Y la verdad sea dicha vi pobreza, desigualdades, la falta de agua potable, un pésimo servicio de recogida de basuras y otras cuestiones que ahora no viene al caso comentar. Pero también me impresionó sobremanera el enorme avivamiento espiritual que experimenta no sólo ese país sino toda América Latina. Una vez más allí donde hay abundante injusticia y dolor, la población se encomienda más a Dios.

Una auténtica explosión de iglesias evangélicas ha surgido en América en las últimas décadas. Hay una en cada barrio y su expansión es imparable: por ejemplo una iglesia puede pasar de 50 miembros a 250 en sólo dos años. Por el contrario, aquí en el Reino de Valencia el número de fieles permanece estancado desde hace años. La iglesia más grande de Venezuela es Maranatha (en Valencia, Carabobo) con más de 5.000 fieles. Por contra, aquí ninguna iglesia alcanza el millar de ovejas.

Allí vi cosas que en mi país nunca había visto. Vi cómo en cada culto había varias personas que daban un paso al frente y aceptaban a Jesucristo (jamás he visto esto en mi tierra). Vi que hacen bautizos cada 15 días (aquí a duras penas se reúne gente para hacer un bautizo anual). En Colombia se han llegado a hacer bautizos masivos de 3.000 personas en un solo día. Y lo que más me llamó la atención: allí los cristianos van a la plaza mayor del pueblo y pregonan el Evangelio en voz alta a la gente.

Todo esto ha producido un innegable beneficio social: por cada persona que se congrega en una iglesia evangélica y que conoce al Señor hay en la calle una prostituta menos, un drogadicto menos, un borracho menos. Allí los cristianos son muy perseverantes en su fe y su proselitismo, son grandes conocedores de la Biblia, ayudan económicamente a las personas más necesitadas y fomentan en la sociedad una costumbre tan sana como la de bendecir los alimentos a la hora de comer.

En cuanto a mi país: aborto libre, experimentación con embriones, eutanasia, matrimonio gay, ateísmo, islam, iglesias que agonizan… Cuando me marché de la República de Venezuela me di cuenta de que soy yo el que vive en el Tercer Mundo. Porque el Reino de Valencia (y Europa en general) es el Tercer Mundo espiritual. Tan sólo le pido a Dios que tenga misericordia de este rincón del orbe y que la bendición del Evangelio nuevamente sea derramada con fuerza si es que es su voluntad.

El derrumbament moral d’Occident.

Gay Pride

En els últims 20 anys els hàbits morals de la població europea, entenent-los com la radical distinció de lo socialment acceptable d’allò que és reprovable, han canviat notablement. En alguns casos ha segut per a be: per eixemple fa dos décades els maltractaments es consideraven coses de casa en les que no s’havia d’actuar mai per ser d’àmbit estrictament privat mentres que hui colpejar a una dòna està molt mal vist. Unes atres transformacions positives han segut l’incorporació de les fèmines al món laboral o la cada volta major implicació dels varons en gojar la paternitat i atendre als seus fills.

Pero la majoria de canvis no ha segut bona. Lo que seria intolerable quan se va de visita a la vivenda d’un conegut (que una dòna adulta es passejara quasi despullada davant d’un chiquet de set anys) es contempla en total normalitat si ocorre en una plaja. Les dònes hui fumen com carreters, beuen com cosacs i parlen com llauradors; en la pràctica es comporten com hòmens en mamelles. No sols han renunciat a la feminitat sino també a la maternitat ya que la majoria de jovenetes no sols es postula a favor de l’abort sino que ademés contempla com una conquista social matar al seu bebé.

Els hòmens també han canviat. Fa 20 anys a qualsevol varó li hauria caigut la cara de vergonya si la seua nóvia eixiria nua en una revista o un calendari… Pero hui se senten molt orgullosos. “¿De qué? ¿De qué la teua nóvia es baixe les bragues per diners?” -em pregunte-. Un recent estudi afirma que un de cada tres varons francesos veu normal que un cavaller es depile les cames o use cremes de bellea. L’inversió de valors arriba fins al punt de que un home cada volta més femení se somet a una dòna masculina que li ha desplaçat en el seu paper de cap de família i que ara du els pantalons en la llar.

Les despedides de fadrí són un atre eixemple d’incoherència: sols una semana abans de jurar fidelitat per a tota la vida a una persona, s’acodix a una festa a on al nóvio li refreguen les mamelles per la cara, mentres en atre lloc la novençana palpa el pene d’un tio al que ni coneix. Diguen-me a mi si un matrimoni comença d’eixa manera com pot acabar. No parlem ya del càncer ètic que supon convertir en héroe nacional i un eixemple de conducta a una persona pel sol fet d’haver-se gitat en algú famós i haver anat a la televisió a contar-ho. Eixos són els valors en que creixen els nostres fills.

El nivell de moral baixa en cada generació, de tal modo que la generació següent partix d’una base ètica inferior a l’anterior. Ya han firmat el matrimoni homosexual, l’eutanàsia, l’abort lliure i el canvi de sexe. Hi ha una caiguda en picat dels valors i estem llunt de tocar fondo. Ara els musulmans volen la poligàmia, i en Holanda un partit polític reclama que siga llegal tindre sexe en chiquets de 12 anys, en animals, la pornografia infantil, la prostitució a partir dels 16 o anar nu pel carrer. Potser ara parega un escàndal, pero ad este ritme ¿qui diu que en 20 anys açò no siga lo més normal del món?

FONT: Som nº 244. Maig de 2009.

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