¿Homofobia? No, demagogia.
12 dic 2011 24 comentarios
in Cristianismo Etiquetas: Cristianismo, día del orgullo gay, demagogia, Dios, gaymonio, gays, homofobia, homosexualidad, homosexualismo, lesbianas, lesbimonio, matrimonio, matrimonio homosexual, pecado
En el lenguaje de lo hipócritamente correcto, existen temas tabú que parecen ser intocables so pena de ser acusado de las peores vilezas. Es lo que se llama falacia ad hominem; esto es, cuando atacas a la persona en lugar de atacar el argumento que dio. Por ejemplo, si yo digo que estoy en contra de la homosexualidad porque es mala, me acusarán de “homófobo” y de “odiar a los homosexuales”. La acusación no sólo es una falacia, en tanto que no responde a un argumento con otro argumento sino con etiquetas; es también una estupidez. Es como si dices que estás en contra de la anorexia y te acusan de odio y discriminación hacia las anoréxicas.
Que rechaces la anorexia no quiere decir que rechaces a las anoréxicas, si rechazas la homosexualidad no por ello rechazas al homosexual, que estés en contra del pecado no quiere decir que estés en contra del pecador, que repudies la circunstancia no significa que repudies a la persona que hay tras ella. Esto es tan elemental que hasta un niño lo entendería (¿o es que tú no puedes tener un amigo de derechas si eres de izquierdas? ¿dejas de saludar a tu cuñado madridista sólo porque tú seas del Barça?), por lo que confundir la circunstancia con la persona como si ambas fueran una misma cosa es de tener muy pocas luces o muy mala leche.
Algunos dicen que la homosexualidad es una enfermedad, otros que un vicio, los hay que la consideran un estilo de vida o una orientación sexual tan respetable como cualquier otra. Yo no sé quién de todos ellos estará en lo cierto, pero de una cosa estoy completamente seguro: la homosexualidad es un pecado, algo que ofende a Dios. Y como cristiano que soy no puedo aceptarla ni dar mi visto bueno porque una cosa que está mal, porque esté socialmente aceptada por la mayoría de la gente, no deja de estar mal. No es homofobia sino pecadofobia lo que impulsa a los auténticos cristianos a rechazar las prácticas sexuales de lesbianas y gays.
Pretender acusar de homofobia a los cristianos no deja de ser demagogia pura y dura. Si mañana la Asociación Nacional de Adúlteros quiere convencernos de que el adulterio es un respetable estilo de vida, que no cuente con nosotros, porque nuestros valores morales no son fijados por modas que van y vienen sino por Dios mismo. Y resulta cuanto menos curioso que los adalides de la tolerancia sean capaces de tolerar a todo el mundo menos a nosotros los cristianos, a quienes nos tachan de homófobos, medievales, trogloditas, etc, simplemente porque nos negamos a dar nuestro visto bueno a un pecado que resulta abominable a ojos de Dios.
Los grupos de presión homosexuales quieren convencer a la sociedad de que estar contra el gaymonio y lesbimonio es un acto de homofobia. Si yo considero que la unión de dos personas del mismo sexo no es un auténtico matrimonio me acusarán de vulnerar los derechos de gays y lesbianas. Si así fuera, no los discrimino más de lo que discriminamos a un polígamo cuando le decimos que la unión de un hombre con cuatro mujeres no es un auténtico matrimonio. O a un trío compuesto por dos mujeres y un hombre cuando les decimos que su relación, se pongan como se pongan, no es un auténtico matrimonio. Que lo suyo es otra cosa.
La auténtica marginación se la infligen los homosexuales a sí mismos. No hay más que ver el día del orgullo gay. En lugar de denunciar que en Irán ahorcan a los gays por el solo hecho de serlo, ellos se ponen las plumas y empiezan a hacer mariconadas por la calle. Se trata de un carnaval mariquita, un esperpento digno de la parada de los monstruos, un colectivo humano que con sus numeritos de circo no hace sino distanciarse cada vez más y más de la supuesta integración y normalidad que dice reivindicar, y que manda el mensaje al mundo -alto y claro- de lo que realmente es y quiere ser: un ridículo gueto muy alejado de la gente normal.
Mandan gitanos rumanos a la cámara de gas.
05 oct 2010 17 comentarios
in Multiculturalidad Etiquetas: Actualidad, Alemania, Bulgaria, demagogia, Dinamarca, Europa, Francia, gitanos, gitanos rumanos, hipocresía, Italia, Multiculturalidad, multiculturalismo, Política, racismo, Rumanía, rumanos, Sociedad, Suecia, Unión Europea, xenofobia
Empezaron por echarlos a patadas de sus países, Rumanía y Bulgaria. Después los expulsaron de Italia. Luego Francia. Ahora se suman Alemania, Dinamarca y Suecia. En ningún rincón de toda Europa quieren a los gitanos búlgaros y rumanos.
En estos días se leen en la prensa exabruptos increíbles por parte de algunos políticos, oenejetas y progres de salón. “Fascismo”, “racismo”, “xenofobia”, “vergüenza”, “retorno a los años 40″ y “lo nunca visto desde la Segunda Guerra Mundial”.
Alguien que hubiera estado en coma en los últimos dos años, despertase ahora y leyese los periódicos pensaría que están mandando gitanos en el tren de la muerte rumbo a la cámara de gas. Pero solamente están devolviendo rumanos a Rumanía.
Y ojo, que no los están deportando por ser gitanos ni por ser rumanos sino por vivir de la mendicidad, el hurto y el trapicheo. No son honrados inmigrantes que vienen a trabajar y pagarnos las pensiones sino escoria que viene a mendigar y robar.
Aquí hay mucha hipocresía. Hay miedo a llamar gentuza a la gentuza. Parece como si tuviéramos que aceptar que nuestros barrios se llenen de delincuentes y de chusma y encima guardar silencio. No sea cosa que nos vayan a llamar racistas.
Pues mire, yo prefiero que me llamen racista a que me llamen gilipollas. Porque hay que ser muy gilipollas para dejar que tu barrio se llene de mangantes y cruzarse de brazos sin hacer nada. O para pretender convertir a carteristas en las víctimas.
Los gitanos rumanos van sucios, no se lavan ni asean, apestan, mendigan, educan en sus absurdas y analfabetas costumbres a sus niños impidiéndoles la escuela, oprimen a sus niñas con su machismo, mandan a sus hijos a robar carteras y bolsos…
Acampan donde les da la gana, degradan las zonas céntricas de las ciudades con su sola presencia, molestan y mucho, provocan ruidos y suciedades, escarban en la basura, crean mafias, copan ayudas sociales, no trabajan ni pagan impuestos…. ¿Sigo?
Éstas son las auténticas razones por las que los expulsan y por las que nadie los quiere. Todo lo demás es hipocresía y demagogia barata. Es como si una mujer comete un crimen, la llevan a prisión y ella alega que “la discriminan por ser mujer”.
Hoy en día está de moda quedar bien de cara a la galería. Pero sólo de cara a la galería, ojo. Porque todos esos solidarios de boquilla que tanto defienden a los gitanos rumanos no los aguantarían como vecinos suyos ni tan siquiera una semanita.
Los gitanos rumanos lo tienen bien fácil: si no están dispuestos a cumplir con las normas de convivencia europeas, existen otros continentes donde pueden ir a vivir: América, África, Asia, Antártida y Oceanía. Compórtate o lárgate. Es así de sencillo.



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