Falacia atea: La Biblia no es un documento histórico fiable.

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¿Es la Biblia un cuento chino? La gente por lo general no es consciente de la enjundia de este libro de libros que es la Santa Biblia. Siempre se habla de Herodoto como el padre de la historiografía pero la realidad es que Moisés es el más antiguo de los historiadores y Génesis el documento más antiguo sobre ciencia humana. Los Salmos son unos cánticos preciosos escritos mucho antes del nacimiento de Homero y la Biblia un excepcional documento histórico muy anterior a la ciudad de Troya. Esdras -un contemporáneo de Confucio- fue el que comenzó a ordenar todos los libros del Antiguo Testamento hasta conformar el canon actual. Y podríamos citar muchos más, pero no es necesario. ¿Son confiables los documentos bíblicos? Para saber si un documento histórico es fiable o no, el escritor Josh McDowell dice que debemos aplicarle tres pruebas que, de acuerdo al historiador C. Sanders, son los principios básicos de la historiología. Son la prueba bibliográfica, la prueba de las evidencias internas y la de las externas.

1) Prueba bibliográfica. Se trata de un examen de la transmisión textual mediante el cual los documentos llegaron a nosotros. En otras palabras ¿cómo de confiables son las copias que tenemos en relación con el número de manuscritos y el intervalo de tiempo transcurrido entre el original y la copia existente? Tenemos escritos de Tucídices, Herodoto, Aristóteles, César, Tácito o Tito Livio y de cada una de estas obras nos han llegado unos pocos manuscritos (en algunos casos menos de diez) y el manuscrito más antiguo es posterior en torno a mil años (a veces más) a los escritos originales que nunca llegaron a nuestras manos. En contraste, del Nuevo Testamento existen hoy existen más de 20.000 copias manuscritas, redactadas en su mayoría por testigos oculares de primera mano y datadas en el siglo I DC, es decir, sólo unas pocas décadas después de que ocurrieran los hechos. ¿Cómo es posible que nadie dude ni por un instante de la veracidad de esos autores clásicos y sin embargo se ponga en tela de juicio la Biblia?

2) Prueba de las evidencias internas. Trata de determinar si un documento es fieble y hasta qué punto. La crítica literaria todavía sigue la máxima de Aristóteles: “El beneficio de la duda se debe atribuir al documento mismo, no al crítico”. En este sentido, no se debe asumir que hay fraude o error en un texto, a menos que el autor se contradiga a sí mismo o aporte aspectos inexactos respecto de hechos conocidos. La proximidad geográfica y cronológica de los testigos a los acontecimientos de la vida de Jesús confirma su fiabilidad.  Los apóstoles hablaban frente a espectadores no siempre amistosos y les decían “como vosotros mismos sabéis” (Hechos 2:22) pero no eran contradichos. Los evangelistas relatan muchos incidentes que, de haber sido inventores, los hubieran encubierto: la huida de los apóstoles tras el arresto de Jesús, la negación de Pedro, el hecho de que Cristo no hizo milagros en Galilea, etc. Finalmente, los datos que se aportan (monarcas, fechas, sucesos, gobiernos…) concuerdan con los de la sociedad de su tiempo.

3) Prueba de las evidencias externas. ¿Cuáles son las fuentes que existen, fuera de la literatura que se está analizando, que comprueban su exactitud, confiabilidad y autenticidad? Varios son los autores clásicos que se refieren a Cristo, como Flavio Josefo, Tácito, Suetonio,  Plinio el Joven o Luciano. También amigos del discípulo Juan como Papias, arzobispo de Hierápolis o Ireneo, obispo de Lyon. Todos los yacimientos arqueológicos encontrados en Israel, Palestina, Egipto y alrededores no hacen sino conformar la veracidad de la Biblia. Los masoretas transmitieron las Escrituras de generación en generación con un cuidado escrupuloso, punto por punto y coma por coma, hasta el extremo de que los descubrimientos de los rollos del Mar Muerto en 1947 nos confirman que el Antiguo Testamento actual es en esencia el mismo de hace 2000 años. También hay testimonios paganos, como los jeroglíficos egipcios, con la Piedra de Rosetta a la cabeza, o las inscripciones de Palestina, así como las de Asiria y Babilonia, entre otras.

La conclusión es clara: la Santa Biblia no es solamente la Palabra de Dios sino también la fuente historiográfica más importante de toda la Antigüedad. Tanto es así que, si a pesar de toda la abrumadora cantidad de pruebas, decidimos descartar este libro como una fuente fiable, por esa misma regla de tres, y con más razón todavía, deberíamos descartar toda la literatura de la Antigüedad al completo y los libros de historia no podrían existir. No se puede aplicar un patrón o prueba a la literatura secular, y otro distinto a la Biblia. Tenemos que aplicar la misma prueba, sea literatura secular o religiosa. De lo contrario, estamos recurriendo a una doble vara de medir. Si se es honesto, se verá la hipocresía que supone aceptar la biografía de Alejandro Magno, redactada por Plutarco en su obra Vida de Alejandro el siglo I DC (cuatrocientos años de distancia del biografiado) y luego negar validez a los Evangelios, escritos por testigos oculares a los pocos años de vida de Jesús. Nada, salvo el prejuicio y la cerrazón, explica esta actitud.

Bibliografía consultada:

-McDowell, Josh. Más que un carpintero. Editorial Unilit. 1997.

-Young, Edward J. Una introducción al Antiguo Testamento. Grand Rapids: Editorial Tell. 1977.

-Vidal, César. Por qué soy cristiano. Planeta. 2008.

Falacia atea: El Nuevo Testamento no es fiable ya que se escribió mucho tiempo después de que ocurrieran los hechos.

12 apostoles del cordero

Muchos ateos piensan que ya que la resurrección de Jesús no puede ser probada científicamente, entonces no es real. Pero el método científico no puede demostrarlo todo; sólo sirve para experimentos que pueden ser repetidos en un ambiente controlado. Si sólo existiera el método científico, no podrías demostrar que hoy has estado en clase a primera hora de la mañana.  Para demostrar si un hecho histórico fue verdadero o no, recurrimos a la prueba histórica legal, basada en el testimonio oral, escrito y exhibición de objetos, y que sirve para demostrar que algo es un hecho fuera de toda duda razonable. Cuando hablamos de Jesús y decimos que Él fue el Hijo de Dios, que obró milagros y proezas y que resucitó es frecuente escuchar a un ateo preguntarte: “¿Pero cómo podemos saber que eso fue realmente así? ¿Cómo fiarnos de esos textos? Quién sabe si es todo inventado. Además, fueron escritos muchos años después de la muerte de Jesús y en todo este tiempo se han podido exagerar los hechos y forjar una leyenda que creció poco a poco”. Pero ¿y si aplicáramos esta misma vara de medir a todos los demás libros?

Al respecto, el escritor Josh McDowell comenta: “Tenemos a nuestra disposición la historia escrita por Tucídides (460-400 AC), la cual se basa sólo en ocho manuscritos que datan del año 900 DC, es decir de 1300 años después de que lo escribiera. Los manuscritos de la historia de Herodoto son de una fecha igualmente posterior y escasos pero como indica F.F. Bruce “ningún erudito en la literatura clásica estaría dispuesto a escuchar el argumento de que la autenticidad de Herodoto o Tucídides sea puesta en duda por el hecho de que los manuscritos más primitivos de sus obras que podemos leer fueron escritos 1300 años después de escritas las obras originales”. Aristóteles escribió su obra Poética alrededor del 343 AC. Sin embargo la más antigua copia data del 1100 DC. Esto quiere decir que entre el original y la copia hubo un período de 1400 años. Sólo existen cinco manuscritos de esta obra. César compuso su Historia de las guerras gálicas entre el 58 y el 50 DC. La autoridad de su obra, en lo que se refiere a manuscritos, se basa en manuscritos escritos mil años después de su muerte”.

En contraste, del Nuevo Testamento hoy existen más de 20.000 copias manuscritas y la mayoría de especialistas concuerda en que los textos fueron redactados en el siglo I DC, es decir, sólo unas pocas décadas después de que ocurrieran los hechos y en el caso de los discípulos por fuentes de primera mano además, es decir, por testigos oculares, por hombres que conocieron a Jesús en persona y que vivieron y trabajaron codo a codo con él. ¿Pero cuándo fueron redactados los Evangelios?  ¿Muchísimo después de la muerte de Jesús como dicen los ateos? ¡Nada más lejos de la realidad! Sir Frederic Kenyon, quien fue director y bibliotecario del Museo Británico, afirmó: “El intervalo entre las fechas de la composición original y la más primitiva evidencia existente es tan pequeño que, verdaderamente, es insignificante”. Por su parte William Albright, considerado el más destacado arqueólogo bíblico a nivel mundial, escribió: “Podemos afirmar con absoluta seguridad que ya no hay ninguna base sólida para determinar el tiempo en que se escribió el Nuevo Testamento en fecha posterior al 80 DC”.

Dicho de otro modo, obras esenciales de la Historia nos han llegado en número de manuscritos muy inferior a los Evangelios y en textos separados por un número de siglos que se acerca al milenio, pero nadie duda de su veracidad. ¿Por qué aplicar un criterio diferente a los Evangelios que nos  han llegado en un número mucho mayor y en manuscritos mucho más cercanos a la obra original? ¿Por qué la Biblia ha de ser la excepción a la regla? La Biblia -y en modo especial el Nuevo Testamento- supera con sobresaliente la prueba histórica legal ya que tanto los testimonios escritos así como la exhibición de objetos que los prueban (a través de la arqueología por ejemplo) no hacen sino reforzar la idea de que esta obra no es únicamente la Palabra de Dios sino también la fuente historiográfica más importante de toda la Antigüedad. ¿Cómo aceptar como veraz un texto separado del acontecimiento descrito por más de mil años y luego desconfiar de uno separado del hecho por apenas cincuenta años? No existe ninguna razón de peso para ello salvo el prejuicio, que dicho sea de paso constituye un criterio muy poco científico.

Bibliografía consultada:

-McDowell, Josh. Más que un carpintero. Editorial Unilit. 1997.

¿Testigos de Jehová o testigos de Satanás?

los testigos y el armagedon

“Si el profeta habla en nombre de Jehová, y no se cumple ni acontece lo que dijo, esa palabra no es de Jehová. Por presunción habló el tal profeta, no tengas temor de él” (Deuteronomio 18:22).

En esta vida he tenido la suerte de conocer y tratar con distintos testigos de Jehová. Y la impresión que me dan es que se trata de gente buena, de gente que realmente busca a Dios, que tiene hambre de Dios, pero que está muy engañada y que sufre mucho por seguir las directrices de la organización de la que forma parte.

He conocido familias totalmente destruidas por la Sociedad Watchtower. He visto familias rotas en las que no se hablan padres con hijos, hermanos con hermanos. He visto a extestigos de Jehová que ya no son saludados por sus parientes más próximos o por sus amigos de toda la vida que todavía continúan metidos ahí dentro.

Y es que cuando un testigo se sale de la organización, de repente sus familiares y amigos dejan de saludarlo. Como si no lo conocieran. Ni le hablan. Hasta el punto de que si llega a morir ni siquiera asisten a su funeral. Es un caso flagrante de discriminación religiosa y esta muerte social provoca en el extestigo un inmenso dolor.

Una de las principales diferencias entre una religión y una secta es que de la primera puedes salirte libremente sin represalia alguna, pero la secta intenta mantenerte prisionero y si te sales afrontas las consecuencias. Puede que la Watchtower sea legalmente una entidad religiosa, pero en la práctica es una secta.

La única diferencia que hay entre los testigos y el terrorista Osama Bin Laden es la violencia. Se trata de fundamentalistas cuyo fanatismo se encuentra muy alejado de las Escrituras. Pero los testigos sólo son víctimas inocentes. La única culpable de todo es la Sociedad Watchtower, que les lava el cerebro y venda los ojos.

armagedon

Tienen normas rarísimas. Una testigo invitó a una pariente mía a que acudiera un domingo al salón. Mi familiar fue con pantalones -nadie le avisó de que debía llevar falda- y cuando llegó allí su amiga -la que la había invitado- no le dirigía la palabra, como si fuera invisible, y le daba la espalda como si no la conociese de nada.

He conocido niños y adolescentes que crecen traumatizados. A diferencia de otros muchachos de su edad, no celebran la Navidad ni el cumpleaños porque -dicen los testigos- tales festejos no son bíblicos. Ciertamente no lo son. Tampoco el automóvil, pero no veo a ninguno de ellos que acuda al trabajo montado en un asno.

He visto con mis propios ojos cómo la Sociedad trata de apoderarse de las propiedades de sus acólitos. Sé de encuentros periódicos donde se reúnen los fieles de distintos municipios y donde se aplaude y jalea que un miembro deje en herencia su dinero y bienes a la entidad (con ánimo evidente de que el resto tome ejemplo).

Los testigos viven en un auténtico gueto. Prácticamente sólo se relacionan entre ellos y tratan de apartarse de la “gente del mundo” porque es pecadora (¡qué diferencia tan grande con Cristo, que buscaba con ahínco este tipo de gente!). De algún modo se consideran más puros que el resto. Se llaman cristianos pero no lo son.

La mayoría de testigos que he conocido tiene estudios básicos. La propia secta te anima a no estudiar. Primero, porque según ellos sólo cuenta la Biblia y los “conocimientos del mundo” no valen de nada. Y segundo, porque el Armagedón está a la vuelta de la esquina. Y es que un acólito ignorante siempre es más fácil de manipular.

 

Los pobres testigos viven traumatizados con la idea del fin de los tiempos. La Sociedad ya ha fijado la fecha del Armagedón para 1914, 1915, 1918, 1925, 1975 y 2034. Es evidente que desconocen las palabras de Jesús respecto al fin del mundo (Mateo 24:36) y que, de acuerdo a la Biblia, son falsos profetas (Deuteronomio 18:22).

También sus doctrinas son falsas: niegan la Trinidad, la personalidad del Espíritu Santo, la divinidad de Jesús, su resurrección corporal, o la existencia del infierno. Y sostienen que la Sociedad es la intermediadora entre Dios y los hombres y que la salvación es por obras (asistir a reuniones, conseguir X adeptos, etc). 

Y eso por no hablar de las polémicas transfusiones de sangre. Hay madres tan abducidas por esta secta que prefieren dejar morir a su bebé recién nacido a transfundirle sangre. Y todo a partir de interpretaciones torticeras que hacen de esa versión manipulada de la Biblia que usan ellos, la Traducción del Nuevo Mundo.

Desde su nacimiento, la Sociedad Watchtower ha sido un negocio. Comenzando por su fundador, el falso profeta Charles Taze Russell, que amasó un gran patrimonio o por su sucesor, Joseph Rutherford, que ordenó construir una mansión para Abraham, Moisés y Elías y al final fue él quien se puso a vivir allí.

En resumen, que todos los testigos que he conocido son muy buena gente, pero en el fondo están sufriendo un infierno dentro de esa secta. La Sociedad Watchtower juega con su buena voluntad y se aprovecha de ellos. Lo mejor que pueden hacer es salir corriendo de esa secta y buscar de todo corazón al Dios verdadero, que es Jesús.

Falacia atea: El hombre creó a Dios a su imagen y semejanza.

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La Santa Biblia dice que Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza (Génesis 1: 26-27) y efectivamente entiendo que es así en el sentido de que tenemos inteligencia para comprender, libertad para obrar y muy especialmente un espíritu que perdura. Sin embargo no pocos descreídos se atreven a darle la vuelta a esta afirmación: es el hombre el que ha creado a Dios a su imagen y semejanza.

Si así fuera, me pregunto qué sentido tiene inventar un dios que nos prohíbe actividades divertidas y placenteras tales como la fornicación, la pornografía, el adulterio, las orgías, las borracheras y otras cosas semejantes y que nos hace sentir mal si las practicamos. Puestos a crear un ser superior acorde a nuestros gustos y necesidades, tendría más sentido discurrir uno que nos incite a realizar tales cosas.

Cuando lees la Biblia te das cuenta de que Dios no tiene una lógica humana. Tener sexo con una sola mujer y dentro del matrimonio. Los últimos serán los primeros. Creer para ver en lugar de ver para creer. La salvación es un regalo y no tienes que hacer méritos para conseguirla. Es imposible que los hombres inventaran a Jehová porque sus enseñanzas denotan una forma de pensar no humana.

Otra de las razones que argumentan los ateos es el carácter antropomorfo de Yahvé: un anciano de barba blanca. Pero esto no es más que un mero convencionalismo, como cuando lo imaginamos en forma de triángulo con un ojo o al Espíritu Santo como paloma. En realidad Jehová es espíritu, quizás incluso sin una forma definida. Poco importa cuál sea su aspecto porque nadie lo ha visto (1 Juan 4:12).

Lo cierto es que no existe el ateo puro y duro, alguien 100% ateo, porque siempre allá en lo profundo de su ser algo le dice: “¿Y si en el fondo estoy equivocado? ¿Y si existe Dios? ¿Es posible que un Universo tan majestuoso se creara solo?” La voz de la conciencia nos desvela que hay algo más. Es la rúbrica de nuestro Creador. Es como si todos lleváramos un Made in Heaven impreso a fuego en nuestro corazón.

Desde que el mundo es mundo, incluso antes de que Dios se revelase a la humanidad, todas las personas, aun las tribus más primitivas, intuían que hay más de lo que los ojos ven. Hoy sigue pasando igual. Nuestro Hacedor puso eternidad en nuestro corazón (Eclesiastés 3:11), por eso nuestra conciencia lo busca con anhelo pese a que intentemos nublarla con abstrusos razonamientos ateos.

 

Falacia atea: Es imposible probar la inexistencia de Dios.

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Los ateos afirman que es imposible probar la inexistencia de un “ser imaginario” como Dios, que pretender aportar pruebas acerca de su no existencia es como querer hacer lo propio con la de un unicornio, la tetera voladora, Papá Noel o el ratoncito Pérez. Es decir: imposible. Así pues, los ateos exigen a los creyentes que demostremos nuestras afirmaciones al tiempo que ellos renuncian a probar las suyas.

Pero aparte de insultar la inteligencia de los cristianos con absurdas comparaciones infantiles (¿cuántas personas conocen ustedes que hayan comenzado a creer en el ratoncito Pérez de adultos?  ¿cuántos premios Nobel conocen ustedes que crean en los unicornios?) mienten porque esta afirmación -la de que es totalmente imposible probar la inexistencia de Dios- simplemente no es verdad.

Decir que no hay un Creador es tanto como decir:

1) Que el Universo se ha creado él solo y a sí mismo (o dicho de otro modo, que el Universo es creación y creador al mismo tiempo).

2) Que el Universo ha surgido de la nada o, en su defecto, que proviene de una causa que no es Dios.

3) Que el Universo, tal y como lo conocemos actualmente, es producto del azar.

Bastaría con demostrar estas tres tesis para probar la inexistencia de Dios. Pero ¿dónde están las pruebas? No hay ninguna. Los incrédulos, que se pasan el día reclamando evidencias empíricas a los cristianos acerca del Creador, son incapaces de aportar una sola prueba (¡ni siquiera un indicio!) que nos haga pensar que el Cosmos se creó solo y que, en consecuencia, los postulados ateos son ciertos.

No sólo no existe evidencia alguna de tales cosas. Lo que es aún peor; ni siquiera son razonables. Es decir, aunque no tuviéramos pruebas de todo ello sí podríamos sospechar que los ateos están en lo cierto si estos fenómenos se reprodujesen en la naturaleza. Pero ¿cuántas cosas conocen ustedes que se hayan autocreado? ¿Han visto alguna vez una galaxia, un árbol o un mosquito que se creen ellos solos y a sí mismos?

El científico ateo Stephen Hawking afirma que el Cosmos surgió de la nada. Si esto fuera verdad deberíamos ser capaces de observar más cosas que aparecieran de la nada. ¿Conocen ustedes una estrella, un microbio o una molécula que surjan de la nada? Hasta donde yo sé de la nada no puede salir otra cosa que no sea la nada. La generación espontánea es falsa y el Universo no es la excepción a la regla.

Otros dicen que antes de la Gran Explosión el Universo estaba concentrado en una partícula extremadamente diminuta y condensada; que la Gran Explosión fue el choque de dos Universos que colisionaron como placas tectónicas; que el Cosmos se expanderá y contraerá una infinitud de veces (sabemos que se expande pero nada hace pensar que deba contraerse), que hay Universos paralelos, etcétera.

Sin entrar a valorar si son correctas o no, cabe destacar que ninguna de estas teorías está probada y ninguna explica la causa originaria del Universo. Otros sostienen que el Cosmos no tiene principio y ha existido eternamente pero esto es falso porque si así fuera las estrellas ya se habrían apagado. Además sabemos que hubo un principio pues se encontraron radiaciones residuales procedentes del Big Bang.

Finalmente para los ateos el Universo actual es producto no de un diseñador inteligente sino del azar. Es decir, que el Universo, que es extremadamente complejo y ordenado a la vez, es así por casualidad. Yo me pregunto cuantas cosas conocen los ateos que sean extremadamente complejas y ordenadas y fruto de la casualidad. Si la Mona Lisa no es producto del azar ¿cómo va a serlo el Cosmos?

¿Y si Dios fuera del Barça?

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Para los cristianos el domingo es un día especial, el día del Señor, una fiesta. Pero para el grueso de la sociedad el domingo es el día del fútbol. Y hablando del deporte rey, un club  ha sobresalido de forma especial en las últimas campañas y es el FC Barcelona. Es innegable que en las últimas temporadas el Barça ha conquistado muchos títulos, ha ganado muchos partidos, ha cosechado grandes éxitos. No comento todo esto porque yo sea del Barça ni muchísimo menos (ojo, yo soy del Valencia, como cualquier persona decente), pero no cabe la menor duda de que el Barça ha sido el gran dominador del fútbol europeo los últimos años.

Cuando analizamos los éxitos de este club nos preguntamos cuál es el porcentaje de responsabilidad de los jugadores y cuál el del entrenador. ¿Gana el Barça porque tiene una plantilla conformada por una gran constelación de estrellas o porque ha tenido un magnífico entrenador como Josep Guardiola? ¿De quién es el mérito? ¿Un 60% de los jugadores y un 40% del entrenador? ¿Un 50%-50%? ¿Un 90%-10%? Yo a veces me pregunto qué hubiera pasado si Jesucristo en lugar de haber sido un carpintero hace miles de años fuera un entrenador de fútbol en nuestros días y finalmente hubiese acabado entrenando al conjunto catalán.

Jesucristo-entrenador tendría una filosofía deportiva completamente diferente. Jesús le pediría al presidente del Barça que vendiera todas las estrellas (Víctor Valdés, Carles Puyol, Gerard Piqué, Xavi Hernández, Andrés Iniesta, Leo Messi, David Villa, etc.) y en su lugar haría extraños fichajes: este gordo que se queda sin aliento a los cinco minutos para subir y bajar la banda, aquel jugador de balonmano para la defensa, ese chaparro que mide 1,50m de portero, aquel delantero de primera regional será el goleador del equipo y el fichaje estrella será ese paralítico que ahora mismo ni siquiera camina porque está en silla de ruedas.

Posiblemente el presidente del Barça pensaría que Jesús es un loco o peor; un infiltrado del Real Madrid para sabotear el equipo desde dentro. Pero aún así, incluso con unos jugadores tan lamentables, el Barça ganaría los títulos igualmente… porque ahí estaría actuando el poder de Dios. Y cuando esto ocurriera ya nadie se preguntaría lo que ahora nos preguntamos: “¿gana el equipo porque los jugadores son muy buenos o porque el entrenador es muy bueno?” Ya nadie tendría dudas… Habría total unanimidad por parte de prensa y aficionados al afirmar que el entrenador es el único responsable de todos los éxitos.

Pues bien, ésta es la forma de actuar que tiene Dios. Cuando Jesús vino al mundo no se rodeó de los más sabios, los más valientes, los que mejor conocían las Escrituras, sino que eligió a Pablo, un asesino; Pedro, un cobarde que le negó por tres veces; Judas Iscariote, un traidor; Mateo, un traidor a su país; María Magdalena, una adúltera; Tomás, un incrédulo y en definitiva unos apóstoles que no eran sino rudos pescadores. Antes Yahveh eligió a Abraham, un anciano; Moisés, un líder sin facilidad de palabra; David, un pastorcillo; Salomón, un jovencillo inexperto cuando subió al trono;  Josué y Gedeón, unos militares patéticos.

Dos cosas debemos aprender de todo esto. Primera: Dios no quiere superhéroes. No busca a Superman ni a Batman sino a gente normal y corriente, con sus pecados y defectos, gente como tú o como yo. Dios busca gente que se reconozca pecadora y que esté dispuesta a dar a su vida un giro de 180º y seguirle y aceptar a Jesús como su Señor y Salvador. Y  segunda, Dios no llama a los capacitados sino que capacita a los llamados. Si tú eres creyente y anhelas firmemente servir a Dios, Él te va a capacitar con las cualidades y dones necesarios. No importa cuáles sean tus limitaciones. Puedes lograr cosas increíbles cuando el Señor está de tu lado.

Falacia atea: Las creencias de los cristianos deben quedar relegadas a la esfera de lo privado.

Muy a menudo los ateos se quejan de que los cristianos tienen demasiada influencia en la vida pública y política de los Estados Unidos. Es más, dicen que está bien que los cristianos tengamos nuestras ideas pero que éstas deben quedar relegadas a la esfera de lo privado. “¿Quiere ser usted cristiano? Estupendo. Séalo en su casa, pero no promueva sus ideas en la vida pública. Y menos aún en el Parlamento”. Es más o menos el mensaje que nos mandan. Sin embargo, los ateos nunca se quejan de la enorme influencia que tienen ellos mismos en la esfera pública y política de Holanda. O de la gran relevancia de la industria del aborto en Francia. O del colectivo homosexual en España. O de los ecologistas en Alemania. O de los liberales en Reino Unido. Sólo los cristianos molestamos. Nadie más.

A menudo nos dicen que nuestras creencias religiosas son privadas y que por lo tanto no debemos influir con ellas en la vida pública. Que no debemos “imponer” nuestras ideas y nuestros valores al resto de la sociedad. ¿Y por qué no? ¿Acaso no me imponen a mí sus creencias los abortistas y yo soy contrario al aborto? ¿No me imponen su visión de las cosas los banqueros y yo no soy banquero? En una democracia uno piensa blanco, otro negro y otro azul y la forma de resolver civilizadamente nuestras diferencias es llenando las urnas de papeletas. Y el que más votos obtiene impone su visión al resto. Y todos los colectivos, también los minoritarios, tienen derecho a participar de la vida pública y promover sus ideas en el conjunto de la sociedad. Pretender prohibir este derecho tiene un nombre: dictadura.

Son muchos los colectivos que hay en una nación democrática: banqueros, sindicatos, empresarios, partidos políticos, feministas, ecologistas, inmigrantes, ONG, cineastas, internautas, musulmanes, ateos… Todos participan de la vida pública y todos tratan de arrimar el ascua a su sardina. Hasta el punto de que muchas de las leyes que aprueban los políticos son fruto de la influencia de estos grupos de presión (a veces de uno y minoritario). Y estas leyes afectan no sólo a quienes forman parte de estos colectivos sino a toda la población. Bueno, si los demás tienen derecho a hacer esto los cristianos también. Yo respeto todas las ideologías y creencias aunque no las comparta, salvo aquellas que son injustas o totalitarias. No me parece demasiado el pedir un poco de respeto también para las mías.

Falacia atea: Es imposible que un verdadero ateo odie a Dios.

Muchas personas dicen que un verdadero ateo no puede odiar al Señor porque no se puede odiar algo que no existe. Esto no es verdad. Supongamos por un momento que Dios no existe (entendiendo a Dios como el Creador del Universo) ; incluso así seguiría existiendo Dios en cuanto a concepto. Y sí, por supuesto que se puede odiar el concepto o idea de Dios y lo que representa o trae aparejado (unos valores morales concretos, una iglesia, una religión, un estilo de vida, etc.). Supongamos que no existe la realidad de un Creador; aun así Dios seguiría siendo una realidad para millones de personas en el mundo que creen en Él (aunque fuese erróneamente) y esta realidad motivo de odio, burlas y ataques por parte de ateos.

Dicen que es imposible que un ateo odie a Dios. Falso. Cuando yo era ateo negaba la existencia de Dios, consideraba que no había tal, pero igualmente odiaba a Dios en cuanto a concepto, en cuanto a idea, en cuanto a realidad innegable que es para millones de personas en el mundo. ¿Ustedes creen que los ateos no odian al Señor y lo que representa?  A muchos les basta con oír la palabra “Dios” para escupir fuego por la boca. Pásense por cualquier foro ateo de internet y preséntense educadamente como cristianos y verán una respuesta llena de veneno y de mala leche por parte de muchos de sus participantes. Es la intolerancia de los tolerantes, capaces de respetar a todo el mundo siempre que piense igual que ellos.

¿Un ateo no odia a Dios? ¿Por qué entonces dedican tantos esfuerzos en hacer su proselitismo ateo, en tratar de destruir la fe de los creyentes, en escribir artículos, libros, páginas-web en lugar de ser indiferentes ante algo que “no existe”? ¿Por qué, con lo largo que es el año, convocan procesiones ateas justo el mismo día que los católicos hacen las suyas (con un ánimo evidente de provocación y enfrentamiento)?  ¿Por qué parodiar groseramente a Cristo si no se parodia groseramente a los ateos? ¿Por qué fusilar cristianos en Corea del Norte? ¿Por qué un día internacional de la blasfemia? “Dios es como los unicornios” -te dicen-. Bien, yo no veo que los ateos convoquen un día internacional para insultar a los unicornios.

Falacia atea: La ausencia de pruebas sí es prueba de ausencia.

“La ausencia de pruebas no es prueba de ausencia”. Esta afirmación fue pronunciada por el conocido divulgador científico Carl Sagan. La frase es de un enorme sentido común ya que porque una cosa no se haya demostrado no significa necesariamente que no exista. Puede significar simplemente que no se ha demostrado… todavía. Me llama mucho la atención que esta idea la popularizase un ateo como Carl Sagan porque precisamente hoy muchos ateos y escépticos esgrimen justo lo contrario, lo que evidencia una cortedad de miras tan brutal que asusta.

“¿Dónde está Dios? Pruébame su existencia” -te dicen-. “Si no has podido demostrarla entonces es porque no existe, porque no es más que un ser imaginario en la mente de los ignorantes”. Cosas así las oigo a menudo. Y te lo dicen como si a Dios se le pudiese encerrar en un laboratorio o ponerlo debajo de un microscopio. O como si pudieses obligar a Dios a mostrarse incluso si Él no quiere. Lamentable. Los ateos defienden una idea descabellada: si no está demostrado entonces no existe, que es como decir que la ausencia de pruebas sí es prueba de ausencia.

Veamos qué pasaría si aplicáramos este razonamiento ateo a otras áreas de la vida. La materia oscura se descubrió en el siglo XX. ¿Quiere decir eso que no  existía en el XIX? ¿No existía la gravedad antes de que el físico Isaac Newton la descubriera? ¿O la ciudad de Troya antes de que el arqueólogo Henry Schliemann hallara sus restos? ¿Había una América antes del año 1492? Pero es más… si nada de esto se hubiera descubierto todavía ¿significaría eso que ni la materia oscura ni Troya ni la gravedad ni el continente americano existen a día de hoy?

Hay gente que cree imposible la vida extraterrestre inteligente porque al fin y al cabo ¿dónde están las pruebas? ¿Dónde el platillo volante? ¿Has tocado alguna vez a un alien? La ausencia de pruebas prueba la ausencia. Yo tengo una mente más abierta y considero un atrevimiento negar esta opción de forma tajante… sobre todo si tenemos en cuenta que el 98% del Universo está inexplorado y que ni siquiera hemos logrado salir del Sistema Solar. Quizás sí haya una civilización alienígena pero se encuentra demasiado lejos y por eso no la hemos contactado aún.

Que no tengamos pruebas empíricas de algo no significa necesariamente que ese algo no exista. Puede significar simplemente que no se ha comprobado… todavía. Y que por tanto hay que seguir investigando. ¿O es que acaso nos creemos tan inteligentes como para pensar que ya está  todo descubierto y que lo que no se haya descubierto hasta la fecha no se descubrirá nunca? La ausencia de pruebas no es prueba de ausencia, en palabras del propio Carl Sagan, quien por cierto era ateo. Que tú no puedas ver a Dios con un telescopio no significa que Él no te vea a ti.

¿Pero cómo creer en un Ser que se esconde? La grandeza de la creación revela la existencia de un Creador, por lo que absolutamente nadie tiene excusa para negarlo.  “Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que Él creó, de modo que nadie tiene excusa. A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón” (Romanos 1:20-21).

Que el Universo se haya autocreado sería todavía más increíble que si La Mona Lisa se hubiera pintado ella sola y a sí misma. Cuando ves la grandeza del macroverso, con sus galaxias, espirales y nebulosas, o la del microverso, con los átomos o los genes, te das cuenta de que el más diminuto ser unicelular es mil veces más complejo que el más potente ordenador. La prueba es que puedes construir una computadora pero no darle vida a una célula. La creación es exageradamente compleja y ordenada. Nadie tiene excusa para decir que no hay Dios.

Lo más curioso es que los ateos aceptan cosas no comprobadas y luego nos acusan de irracionales a los creyentes si hacemos lo mismo. Muchos ateos aceptan la Teoría de Supercuerdas, los Universos paralelos, que la velocidad de la luz es constante entre unos puntos A y B o que la vida en la Tierra comenzó en el mar con una célula que apareció casi por arte de magia. Nada de esto ha sido demostrado nunca. No existe ni una sola prueba de tales cosas, sin embargo no pocos ateos las aceptan sin dudar y tan sólo exigen pruebas de la existencia del Señor.

Por qué dejé de ser ateo PDF (Descargar gratis) (Editorial Dinámica).

Título: Por qué dejé de ser ateo.

Autor: Josué Ferrer.

Prólogos: José Grau y José de Segovia.

Edita: Editorial Dinámica.

Primera edición: Pembroke Pines, Florida, Estados Unidos, mayo de 2009.

Segunda edición: Pembroke Pines, Florida, Estados Unidos, julio de 2012.

ISBN: 987-1478-04-0

Sinopsis:

Este libro revolucionará completamente tu mundo. Las evidencias explícitas sobre la existencia de Dios y cómo comprobarlas son tan aplastantes, que no volverás a ser la misma persona al finalizar la última página. ¿Perdiste la fe y no sabes cómo recuperarla? ¿Tienes fe, pero te falta fundamento? ¿No tienes fe en nada ni en nadie? ¿Eres o conoces a alguien que dice ser ateo? Acepta hoy el desafío bajo la magistral pluma de Josué Ferrer y comprobarás que no todo es lo que parece. ¡Garantizado!

Ahora puedes descargarte gratis el libro. Es un obsequio de Editorial Dinámica y del autor. Para adquirirlo pincha aquí:

-Por qué dejé de ser ateo PDF (descarga libre).

Edito:

Le invito a que lea la noticia que publicó sobre el tema El librepensador:

NOTICIA ESCRITA:

http://www.ellibrepensador.com/2012/08/04/por-que-deje-de-ser-ateo-de-josue-ferrer/

http://www.protestantedigital.com/ES/Cultura/articulo/14898/Por-ue-deje-de-ser-ateo-libro-de-josue-ferrer

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