Falacia atea: el cristianismo debe adaptarse a los nuevos tiempos.

Entre los muchos prejuicios de los escépticos destaca el de pensar que el mensaje del cristianismo es caduco, trasnochado. A menudo dicen que el cristianismo debería adaptarse a la sociedad, que corren nuevos tiempos, que la gente va por un lado y la iglesia por otro distinto, que renovarse o morir… Y nos citan como ejemplos de renovación que la iglesia considere aceptable el aborto o la homosexualidad, ya que al fin y al cabo cuentan con el visto bueno de la mayoría social.

El argumento de adaptarse a los nuevos tiempos es, para el escritor César Vidal, uno de los más endebles. Y es que el cristianismo ha ido siempre contracorriente, especialmente en sus orígenes, cuando la cristiana era una secta minoritaria. Me puedo imaginar a los antiguos romanos y atenienses diciéndole a los apóstoles que tienen que integrarse en la sociedad, que si el politeísmo o la prostitución sagrada cuentan con el respaldo de la mayoría, ellos deberían aceptarlo o nadie les hará caso.

Pero lo cierto es que el cristianismo no puede rebajarse para agradar a los hombres ni para acomodarse a las modas del momento. Es el mundo el que debe adaptarse a Dios, no Dios  al mundo. Los apóstoles sólo eran doce y aun así consiguieron revolucionar el planeta. Y todo porque se negaron a prostituir el mensaje de Jesús y creyeron en Él. La esencia del cristianismo no debe cambiar. A quien no le guste, que lo rechace. Es así de sencillo. Dios no obliga a nada a nadie.

Una actualización -léase perversión- del Evangelio para aclimatarse a los gustos de ateos, agnósticos, laicos, homosexuales, feministas y otros grupos de presión no traería más fieles a la iglesia sino  menos, porque el ateo no va a dejar de serlo por más que le presentes una religión a gusto del consumidor, y el cristiano huirá despavorido de esa sinagoga de Satanás. Así ocurre con las iglesias evangélicas que aceptaron el gaymonio y lesbimonio: su número de feligreses ha caído en picado.

El cristianismo no es como un menú de restaurante, donde eliges y desechas platos, donde comes sólo lo que a ti te gusta y puedes ordenarle al camarero cuanto picante quieres que te ponga en el pescado. Crear una religión a la carta, donde aceptas un mandamiento y otro no, o donde cumples solamente con la parte que a ti te gusta, es de necios porque esto es engañarse a uno mismo. El cristianismo no es un menú de restaurante. Es como las lentejas. O las tomas o las dejas.

Falacia atea: La Biblia ha sido manipulada por los cristianos.

Los ateos más desinformados a menudo aducen que la Biblia que nos ha llegado a nuestros días ha sido manipulada. Quién sabe qué contaba en realidad la Biblia original (perdida con el paso de los siglos); posiblemente nos diría que Jesús fue solamente un profeta, un hombre, pero la Iglesia Católica arregló las Escrituras para que nos creyéramos que es Dios y mantener en pie su negocio. O quién sabe: quizás Jesús fuera un revolucionario premarxista o un homosexual o quizás se casó con María Magdalena y tuvieron hijos o ¡cuantas barbaridades más!

La verdad es que hasta hace relativamente poco los cristianos no teníamos argumentos de peso para poder neutralizar estas sospechas, por otro lado razonables. Pero todo cambió en el año 1947, cuando tres pastores pertenecientes a la tribu beduina Tàamireh, llamados Jalil Musa, Jum’a Mohamed y Mohamed ed Dhib descubrieron de manera fortuita manuscritos ocultos en una cueva de Qumrán (Israel). Sin quererlo, estos pastores nómadas habían hecho uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de todos los tiempos.

Con los años, se encontraron más documentos en varias cuevas, once en total, celosamente guardados en jarras de barro que contenían un buen número de textos en hebreo, arameo y griego. Hay 800 documentos, datados entre el siglo II AC y el 70 DC.  Entre ellos, varias copias de la Biblia. Hasta el descubrimiento de Qumrán, los manuscritos bíblicos más antiguos de los que disponíamos databan de los siglos IX-X DC, por lo que cabía sospechar que en ellos se podrían haber manipulado textos, añadiendo, quitando o alterando palabras o frases del original.

Esto desató la imaginación de los más conspiranoicos que soñaban con que las Biblias de Qumrán nos confirmarían que Jesús era un impostor. Pero con los hallazgos, los científicos han demostrado que los textos bíblicos encontrados coinciden con exactitud minuciosa con los medievales, aunque son casi mil años anteriores, y que las pocas variantes que presentan coinciden en gran parte con algunas ya atestiguadas por la versión griega de los Setenta o por el Pentateuco samaritano. Es decir, que las Biblias actuales son idénticas a las de hace 2000 años.

Otra acusación similar la hacen los musulmanes. En la tradición islámica se cuenta que los cristianos manipularon la Biblia y por ello el arcángel Gabriel encomendó al profeta islámico Mahoma escribir el Corán, que supuestamente es el mensaje original de Dios sin la manipulación judeocristiana. El Corán nos cuenta una historia similar a la de la Biblia pero con cambios notables: Moisés fue musulmán, Ismael el hijo prometido, Judas Iscariote fue el crucificado, Jesús no era Dios sino un hombre, etc. Los escritos de Qumrán desmienten todo esto.

Pero es más: la Biblia no sólo no ha sufrido manipulación alguna en los últimos dos milenios, sino que el propio Mahoma la creía válida. De hecho en el Corán se aceptan como fiables las escrituras judías y cristianas: “Él le enseñara la Escritura, la Sabiduría, la Torá y el Evangelio” (Sura 3:48) y “¡Creyentes! Creed en Alá, en Su Enviado, en la Escritura que ha revelado a Su Enviado y en la Escritura que había revelado antes. Quien no cree en Alá, en Sus ángeles, en Sus Escrituras, en Sus enviados y en el último Día, ese tal está profundamente extraviado”  (Sura  4:136).

Y añade: “¿Buscaré, pues, a otro diferente de Alá como juez, siendo Él Quien os ha revelado la Escritura explicada detalladamente? Aquellos a quienes Nosotros hemos dado la Escritura saben bien que ha sido revelada por tu Señor con la Verdad. ¡No seáis, pues, de los que dudan! La Palabra de tu Señor se ha cumplido en verdad y en justicia. Nadie puede cambiar Sus palabras. Él es Quien todo lo oye, todo lo sabe” (Sura 6:114-115). Si la Biblia hoy es igual que hace 2000 años, y hace 1400 Mahoma la consideraba fiable, entonces ¿en qué momento se manipuló?

¿Es bíblica la tradición católica?

¿Cuál es la diferencia fundamental entre la Iglesia Evangélica y la Católica? Básicamente que la primera se guía exclusivamente por la Biblia y la segunda por la Biblia y la tradición. Con tradición nos referimos a esa enorme cantidad de añadiduras, leyes, prescripciones, prohibiciones y mandatos que cada católico sincero está obligado a guardar. Ahora bien, ¿es bíblica la tradición católica? No. No solamente estos añadidos no aparecen mencionados en la Biblia ni siquiera una sola vez, sino que incluso alguno de ellos está expresamente prohibido por Dios.

Por supuesto que cada religión y secta tiene todo el derecho del mundo a establecer las doctrinas y costumbres que considere oportunas. Pero no tiene ningún derecho a llamarlas “cristianas” o “bíblicas” cuando en realidad no lo son. La propia Palabra de Dios advierte de su inmutabilidad y de que no acepta añadidos que la adulteren: “Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro” (Apocalipsis 22:18). La Biblia es eterna y no necesita actualizarse con costumbres paganas que nada tienen que ver con ella.

Nuestro Señor Jesús advirtió: “¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?” (Mateo 15:3). Y añadió: “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres” (Mateo 15:7-9). A continuación ponemos un listado de tradiciones católicas -que no cristianas- que no tienen respaldo bíblico ya que no aparecen mencionadas en la Palabra de Dios ni una vez.

Los llamados Sacramentos y sus rituales en general.

El bautismo de los niños y el “Santo Crisma”.

La Primera Comunión.

La Confirmación.

La confesión de los pecados a los sacerdotes.

Las absoluciones como las entiende Roma.

Comulgar sin la especie del vino.

La Transubstanciación de la hostia en Jesús.

La Custodia, el Sagrario.

La Extremaunción.

El Sacramento del Orden.

El Celibato.

El Vaticano como centro de la cristiandad.

El papado y toda la curia.

La jerarquía de la iglesia.

Prelaturas, abadías y prefecturas.

Exigir o recibir dinero del gobierno.

Las encíclicas papales.

El obispado como lo entiende Roma.

El sacerdocio ministerial.

Tribunales eclesiásticos.

Frailes, monjas y ermitaños.

Nuncios y legados de la sede apostólica.

Arzobispos, Cardenales.

Dejarse llamar “Padre” o “Santo Padre” (prohibido por el mismísimo Jesús en Mateo 23:9).

Los conventos y todas las órdenes religiosas.

El uso del latín.

El culto a María.

La virginidad de María después del parto.

La Inmaculada Concepción.

La Asunción de María.

Su mediación universal.

El culto a los santos.

Las catedrales.

El altar y su bendición.

Los trajes clericales, ornamentos sagrados.

El báculo y el anillo.

La mitra, la tiara, el palio.

Las torres y campanas.

Las reliquias.

Hacer imágenes y venerarlas (expresamente prohibido en los Diez Mandamientos, Éxodo 20).

Ejercicios espirituales.

Rezos (repeticiones) (los prohíbe Jesús en Mateo 6:7).

El Rosario.

Hacer el Via Crucis.

Hacer la señal de la cruz.

Llevar escapularios, crucifijos, vírgenes, etc.

Encender cirios para los difuntos.

Todo tipo de procesiones.

Los Santos de cada día y ocasión.

La liturgia en general.

El año litúrgico con sus ritos en general.

Celebraciones varias (Navidad, Epifanía, Cuaresma, Miércoles de Ceniza, Domingo de Ramos, Semana Santa, abstinencia de carne los viernes, el Corpus Christi, el Sagrado Corazón y Todos los Santos).

El Purgatorio.

El limbo.

Las beatificaciones y canonizaciones.

La construcción de los templos sobre los sepulcros.

Celebrar misa por los muertos.

Fuente: Biblia Reina-Valera 1960 y Folleto Los inventos de la Iglesia Católica Romana. ¿Qué dice la Palabra de Dios sobre… las prácticas, creencias y dogmas siguientes? La tradición. Pablo Lafuente.

Hungría: de la Meca del porno a la revolución conservadora.

“Que Dios bendiga a los húngaros”. Con este simbólico saludo comienza la Constitución Húngara, que fue reformada en 2011. Es el fruto de la revolución conservadora liderada por el primer ministro Viktor Orban, cuyo partido, el Fidesz, gobierna con una mayoría  de casi tres cuartas partes del Parlamento magiar.

El nuevo texto reconoce la importancia histórica y cultural del cristianismo en Hungría, dice que el matrimonio es “la unión de un hombre con una mujer”, no penaliza expresamente la discriminación por orientación o sexual y protege al ser humano desde el momento de la fecundación, lo que impide la eutanasia y el aborto.

Hungría ha pasado en poco tiempo de ser conocida en el planeta entero por ser la Meca del cine porno a reivindicar los valores morales cristianos. A la Unión Europea (UE) le encoleriza que en el corazón mismo del continente haya un país que invoque a Dios en su constitución y que defienda su soberanía por encima de todo.

Este pueblo remonta su origen, posiblemente mítico, a Atila, rey de los hunos. El primer rey húngaro, István I, impulsó el cristianismo. El país formó parte del Imperio Austro-Húngaro que controló Europa central, hasta que en 1918 obtuvo su independencia nacional. Su lengua, extrañísima, está emparentada con el finés.

Hungría es un país de tradición cultural y musical muy arraigadas. Algunos húngaros ilustres son Franz Liszt, Farenc Puskas, Imre Kertész, Albert Szent-GyörgyiErno Rubik, Denés Gabor Oscar István Szabó. Su capital, Budapest, bañada por el Danubio, es la unión de las ciudades Buda y Pest.

El nacionalismo húngaro reivindica una Europa de los pueblos frente a una mundialización que quiere arrasar las identidades patrias, y la vuelta a la moral frente a la masonería de Bruselas.  Es la revolución conservadora. ¡Quién iba a decir que en el siglo XXI una Carta Magna invocaría Dios en una Europa tan atea!

¿Homofobia? No, demagogia.

En el lenguaje de lo hipócritamente correcto, existen temas tabú que parecen ser intocables so pena de ser acusado de las peores vilezas. Es lo que se llama falacia ad hominem; esto es, cuando atacas a la persona en lugar de atacar el argumento que dio. Por ejemplo, si yo digo que estoy en contra de la homosexualidad porque es mala, me acusarán de “homófobo” y de “odiar a los homosexuales”. La acusación no sólo es una falacia, en tanto que no responde a un argumento con otro argumento sino con etiquetas; es también una estupidez. Es como si dices que estás en contra de la anorexia y te acusan de odio y discriminación hacia las anoréxicas.

Que rechaces la anorexia no quiere decir que rechaces a las anoréxicas, si rechazas la homosexualidad no por ello rechazas al homosexual, que estés en contra del pecado no quiere decir que estés en contra del pecador, que repudies la circunstancia no significa que  repudies a la persona que hay tras ella. Esto es tan elemental que hasta un niño lo entendería (¿o es que tú no puedes tener un amigo de derechas si eres de izquierdas? ¿dejas de saludar a tu cuñado madridista sólo porque tú seas del Barça?), por lo que confundir la circunstancia con la persona como si ambas fueran una misma cosa es de tener muy pocas luces o muy mala leche.

Algunos dicen que la homosexualidad es una enfermedad, otros que un vicio, los hay que la consideran un estilo de vida o una orientación sexual tan respetable como cualquier otra. Yo no sé quién de todos ellos estará en lo cierto, pero de una cosa estoy completamente seguro: la homosexualidad es un pecado, algo que ofende a Dios. Y como cristiano que soy no puedo aceptarla ni dar mi visto bueno porque una cosa que está mal, porque esté socialmente aceptada por la mayoría de la gente, no deja de estar mal. No es homofobia sino pecadofobia lo que  impulsa a los auténticos cristianos a rechazar las prácticas sexuales de lesbianas y gays.

Pretender acusar de homofobia a los cristianos no deja de ser demagogia pura y dura. Si mañana la Asociación Nacional de Adúlteros quiere convencernos de que el adulterio es un respetable estilo de vida, que no cuente con nosotros, porque nuestros valores morales no son fijados por modas que van y vienen sino por Dios mismo. Y resulta cuanto menos curioso que los adalides de la tolerancia sean capaces de tolerar a todo el mundo menos a nosotros los cristianos, a quienes nos tachan de homófobos, medievales, trogloditas, etc, simplemente porque nos negamos a dar nuestro visto bueno a un pecado que resulta abominable a ojos de Dios.

Los grupos de presión homosexuales quieren convencer a la sociedad de que estar contra el gaymonio y lesbimonio es un acto de homofobia. Si yo considero que la unión de dos personas del mismo sexo no es un auténtico matrimonio me acusarán de vulnerar los derechos de gays y lesbianas. Si así fuera, no los discrimino más de lo que discriminamos a un polígamo cuando le decimos que la unión de un hombre con cuatro mujeres no es un auténtico matrimonio. O a un trío compuesto por dos mujeres y un hombre cuando les decimos que su relación, se pongan como se pongan, no es un auténtico matrimonio. Que lo suyo es otra cosa.

La auténtica marginación se la infligen los homosexuales a sí mismos. No hay más que ver el día del orgullo gay. En lugar de denunciar que en Irán ahorcan a los gays por el solo hecho de serlo, ellos se ponen las plumas y empiezan a hacer mariconadas por la calle. Se trata de un carnaval mariquita, un esperpento digno de la parada de los monstruos, un colectivo humano que con sus numeritos de circo no hace sino distanciarse cada vez más y más de la supuesta integración y normalidad que dice reivindicar, y que manda el mensaje al mundo -alto y claro- de lo que realmente es y quiere ser: un ridículo gueto muy alejado de la gente normal.

Falacia atea: Si Dios existiera haría milagros gigantescos para que todos creyéramos en Él.

Los ateos y los escépticos en general se quejan de que Dios no da señales de vida. En los tiempos bíblicos hacía milagros espectaculares pero hoy no los vemos. Si en aquella época la gente necesitaba de fenómenos sobrenaturales para creer en una realidad sobrenatural, también lo necesitamos en la actualidad. Y a mí no me cabe ninguna duda de que si viéramos milagros gigantescos hoy, esto convertiría a algunos incrédulos, pero es una falacia muy común pensar que los convencería a todos.

La fe de las personas, aun de las creyentes, es muy pequeña. Hace miles de años Dios abrió el Mar Rojo para que los judíos lo atravesaran… pero cuando Moisés se retiró al desierto 40 días, pensaron que había desaparecido, se olvidaron del Dios que les salvó de los egipcios y construyeron un becerro de oro. Habían visto cómo Yahveh estaba de su lado y era capaz de abrir el mar pero en cuanto saltó la mínima duda del paradero de Moisés ¡toda la fe de los judíos se derrumbó en un instante!

Dios les protegió en su travesía por el desierto, los alimentó con maná caído del cielo y les condujo a la tierra prometida… pero como estaba habitada por pueblos poderosos ¡tuvieron miedo y dijeron que era preferible dar la vuelta para volver a ser esclavos de Egipto! Vieron milagros portentosos en vivo y en directo pero ¡pensaban que Dios no podía derrotar a los lugareños de la región! ¿Podrá Dios abrir el mar y a la vez ser incapaz de vencer a un país diminuto? Así lo creían los judíos.

¿Y qué me dices de los apóstoles? Conocieron en persona a Jesús, predicaron codo a codo con Él, le acompañaban a todas partes, vivían con Él. Vieron con sus propios ojos cómo curaba ciegos, sanaba leprosos, hacía andar a los paralíticos y hasta resucitaba muertos… pero cuando fueron a crucificarlo, todos menos Juan corrieron como gallinas a esconderse. Estaban desmoralizados por su muerte. Y Tomás no creyó que hubiese resucitado. Seguramente a mí me habría pasado igual.

Da igual que Dios abra el Mar Rojo una vez o doscientas. Da igual que resucite a un muerto o a mil. Podrías estar al lado del mismísimo Dios, ser testigo de primera mano de milagros gigantescos y aún así… al mínimo contratiempo, dudar y tener miedo. Porque le pasó a los judíos. Porque le pasó a los apóstoles. Porque los seres humanos somos así. No tenemos remedio. Dios quiere que creamos para ver, y nosotros queremos ver para creer. Y a veces, ni aún así creemos, que es lo más triste.

Si un ateo es testigo de un milagro pequeño, buscará una explicación científica. Si es testigo de un milagro gigante para el que no hay explicación posible, entonces negará lo sucedido y dirá que ha sido un fraude, un sueño o una alucinación. Por eso es falso pensar que si Dios se sacara conejos, jirafas o incluso elefantes de su chistera, a la humanidad no le quedaría más remedio que creer. Siempre habría quien lo rechazara, porque el Señor no fuerza a nadie a creer. No obliga. Somos libres.

Ciertamente, Dios podría dar señales incontestables de su presencia. Podría escribir en el cielo con letras gigantes: “Soy Dios. Arrepentíos o pereceréis”. Pero la historia dice que cree en Él solamente quién de verdad quiere creer. Y que más que una revelación externa, Dios se hace presente en las vidas de las personas con una revelación interna. Es decir,  a aquella persona que realmente desee con honestidad, con sinceridad, conocerle, el Señor se va a revelar en su corazón sí o sí.

Fenómenos paranormales en la familia.

A lo largo de mi historia familiar han ocurrido cuatro extraños sucesos que paso a compartir en público por primera vez. Yo me inclino a pensar que se trata de fenómenos paranormales, aunque a decir verdad  tres de ellos podrían tener una explicación alternativa racional. Sin embargo, hay otro que me parece inexplicable desde la ciencia y la razón humanas, así que con mucho gusto leeré las teorías de los lectores. No me considero una persona crédula a la que se engaña fácilmente, pero tampoco una persona de mente cerrada. Por naturaleza me inclino a buscar una respuesta científica, pero también tengo claro que hay más de lo que los ojos ven.

1) Al poco de acabar la Guerra Civil Española, mi abuelo materno falleció de enfermedad, dejando una esposa viuda y una hija huérfana. Un día, mi abuela materna soñó que iba con su hija pequeña -mi madre, por entonces una niña de corta edad- y que iban a pasar un puente. De repente, se les apareció en el sueño su difunto esposo, justo al otro extremo del puente. Él les advertía incesantemente para que no lo cruzaran  y les aseguró que siempre estaría con ellas para cuidarlas. ¿Qué podría simbolizar aquel puente? ¿El tránsito del mundo de los vivos al de los muertos? ¿Fue un simple sueño o una advertencia desde el más allá?

2) Hace muchísimos años en los cementerios enterraban los cadáveres en el suelo. Llegó un momento que por problemas de espacio, en el cementerio de Alzira se comenzaron a desenterrar los muertos para reubicarlos en nichos en las paredes. Los operarios estaban sacando de su tumba a la abuela materna de mi padre y en el mismo instante en que el funcionario tocó su calavera sintió un dolor intenso en el muslo y cayó al suelo. Tenía un profundo corte y sangraba abundantemente. Es como alguien invisible le hubiera cortado con un cuchillo ¿pero quién? Sus compañeros fueron testigos del luctuoso suceso y quedaron perplejos ante lo que pasó.

3) Cuando yo era pequeño, mi abuela materna vivía en casa con nosotros. Ella ya estaba mayor y enferma. Una noche de enero de 1990, yo sentí un escalofrío. Tenía sólo diez años pero supe con una certeza total que mi abuela iba a morir en ese preciso instante. Mis padres entraron en su habitación, yo no me atreví y me quedé en la cocina. Miré el reloj y ponía que eran las 20:27. Tuve un presentimiento, algo que me decía: “Tu abuela está muriendo justo ahora”. Y así fue. Realmente ella no estaba mucho peor que cuatro o cinco años atrás, pudo haber fallecido bastante antes, pero justo en el momento de expirar, lo noté. ¿Por qué?

4) El día que mi padre cumplía 70 años, yo estaba durmiendo en la cama. Eran las 8:20 de la mañana o así cuando alguien llamó por teléfono. Yo no sabía quién era, pero me sentí inquieto, como si fuera una llamada importante. Contestó mi madre, que luego le pasó el teléfono a mi padre. Al otro lado de la línea se oía, allá a lo lejos, una voz femenina que felicitaba a mi padre por su aniversario. Mis progenitores idenficaron la voz: era mi abuela paterna. Hasta aquí todo sería normal de no ser porque murió tres años antes. ¿Puede una madre comunicarse desde la otra vida? ¿Una mera confusión tal vez? Quizás nunca llegue a saberlo. O sí.

Corea del Norte: el epílogo de la Guerra Fría.

ANUNCIO IMPORTANTE:

Acto: Conferencia “La lepra catalanista en los reinos de la antigua Corona de Aragón”.

Día: 8 de octubre de 2011 a las 17:00 horas.

Lugar: Grup d’Acció Valencianista en C\ Pintor Gisbert 17 baix. Valencia (Reino de Valencia).

Entrada: gratuita.

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En 1945 nació Corea del Norte de la mano del dictador comunista Kim Il Sung, considerado padre de la nación y presidente eterno del país. A su muerte en 1994, le sucedió en el cargo su hijo, Kim Jong-Il, otro kafkiano autócrata que exige ser venerado como un dios y que juega con su pueblo como si de marionetas se tratase.

En la escuela a los niños se les educa como a autómatas para adorar al querido líder. La verdad oficial dice que Kim Jong-Il ha escrito 18.000 libros, diseñado ciudades, construído sistemas hidráulicos, inventado programas informáticos y logrado la bomba atómica, entre otros prodigios. Y ¡ay de quién lo ponga en duda!

La Guerra de Corea es el trauma nacional: en 1950 los norcoreanos atacaron a sus vecinos del sur, y estos apoyados por Estados Unidos iniciaron una contraofensiva que llegó a conquistar 9/10 partes del país. Pero China entró en juego con dos millones de soldados y forzó a Corea del Sur a volver a las fronteras de antes de la guerra.

En 1953 se firmó un armisticio (por lo que ambos ejércitos siguen en guerra, al menos en teoría). La televisión es alienante, el país vive en un estado de excepción permanente, siempre en lucha frente a un enemigo invisible.  Se inocula a la población la paranoia de una invasión inminente. Todo está orientado a la defensa.

Corea del Norte posee el cuarto ejército del mundo en número de efectivos y es el primero en relación al PIB (destina el 25% del presupuesto nacional). Tiene un potente arsenal nuclear. Mientras, la población vive con cortes de luz y falta de agua caliente suficiente y hasta ha sufrido hambrunas que costaron millones de vidas.

Es el país del mundo que más duramente persigue a los cristianos. Orar dentro de tu casa es motivo suficiente para ser fusilado tú y tu familia. La gente camina por la calle con una mirada triste. Cualquiera puede ser denunciado por su vecino, y eso comporta trabajos forzados en el gulag. Es la última frontera de la Guerra Fría.

Nación Cristiana: el pueblo de Dios.

La bandera cristiana fue diseñada por Charles Overton en Nueva York el domingo 26 de septiembre de 1897. La cruz roja significa la fe cristiana, el amor de Dios al hombre y la promesa de vida eterna. El azul, la fidelidad de Jesucristo hasta la muerte. El color blanco representa la pureza, inocencia y paz.

La flámula nació por casualidad. Un gran predicador debía acudir a la Escuela Dominical de la capilla Brighton de Coney Island pero al final no se presentó. Como había mucha gente esperando, a Overton, para entretener al personal, se le ocurrió confeccionar una bandera, inspirándose en el simbolismo de la de Estados Unidos.

Este emblema es herencia de aquel 31 de octubre de 1517, en el que el sacerdote Martín Lutero clavó en la entrada de la Iglesia del Palacio de Wittenberg las 95 tesis en que criticaba a la Iglesia Católica por apartarse de la Biblia. Lutero pedía retornar al cristianismo primitivo, lo que desató la Reforma Protestante por toda Europa.

Confiar en la Santa Biblia como la infalible Palabra de Dios, en la salvación como acto de gracia del Señor a través del arrepentimiento de los pecados y de la fe en Cristo Jesús como nuestro salvador personal, tener a Cristo -y sólo a Cristo- como cabeza de la iglesia y vivir para glorificar a Dios son los cinco pilares de esta nación.

La nación cristiana es libre, independiente y universal. No tiene ataduras terrenales. En ella hay millones de almas que viven en la Tierra de pasada, como peregrinos en tierra extraña, sabedores de que su Reino no es de este mundo. Es un pueblo pecador que suplica el perdón y la misericordia de Cristo Jesús, que es Dios.

Cristo y sólo Cristo es el rey de este pueblo. Una nación sin límites que acepta a toda la gente del mundo que crea en Él, sin importar sexo, raza, nacionalidad, condición económica o social. No puede ser restringido por ningún estado o denominación, es único, universal como el aire que respiramos: es el pueblo de Dios.

San Marino: la nación refugio.

Cuenta la historia que el picapedrero San Marino, un dálmata cristiano, se estableció junto con sus compañeros en el monte Titano huyendo de las persecuciones anticristianas del emperador Diocleciano. Allí construyó una iglesia y fundó una ciudad. Corría el año 301 y sin saberlo, acababa de nacer una nación.

Durante la Edad Media se formó una comuna dinástica. La comuna logró conservar su independencia durante siglos, gracias a la situación casi inaccesible del pueblo y a pesar de las agresiones de las potencias limítrofes y del Papado. Hoy es una ciudad-estado de 61 km2 habitada por 30.000 almas y rodeada por Italia.

Es este un pueblo que ayuda al perseguido. Nació como un refugio de cristianos; durante las Guerras de Independencia del siglo XIX dio cobijo a muchos prohombres italianos y durante la Segunda Mundial acogió a más de 100.000 italianos (por entonces diez veces la población del país) y judíos que huían de los nazis.

Parece que Dios mismo protege San Marino, en premio a su gran solidaridad. El Papado lo reconoció en 1631, Napoleón Bonaparte quería invadirlo y al final le ofreció su amistad y el Reino de Italia respetó su decisión de no sumarse al naciente estado. Todos querían fagocitarlo pero nadie pudo. Es un superviviente nato.

San Marino es el estado soberano superviviente más viejo del mundo ya que ha mantenido su independencia de forma prácticamente ininterrumpida desde 301. Es la república más antigua del globo y segunda de todos los tiempos (por detrás de la romana). Tiene la Constitución en vigor más antigua del planeta, del año 1600.

Hasta su rotatorio sistema de gobierno resulta curioso: cada seis meses son elegidos, de entre distintos partidos, dos capitanes generales para hacer las funciones de jefe de estado. San Marino es un pequeño país con una gran historia, un pueblo valiente y admirable con el orgullo patrio de saberse una gran nación.

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