Es francamente demoledor ver que hay un 43% de paro juvenil y la juventud no sale a protestar a las calles. En España tenemos la generación más preparada de la historia y sin embargo, es una generación perdida. Hoy estudiar una carrera sirve para ir al paro o para ser un becario eterno que encadena contratos precarios uno tras otro hasta que se cansa de ser mileurista y prepara unas oposiciones. Es triste ver a jóvenes con una carrera, un master y cuatro idiomas cobrando menos que un barrendero. Es triste que un doctorado no sirva para nada.
Esta sociedad de imbéciles desprecia el conocimiento. Informáticos mileuristas. Periodistas que trabajan de sol a sol por 500 euros al mes y en negro. Abogados que curran por 600 euros al mes con un solo día de descanso a la semana. Médicos que están hasta las pelotas de contratos basura y deciden emigrar. Investigadores que trabajan en calidad de becarios eternos por 8.000 euros al año. Hasta conozco un ingeniero químico que harto de cobrar 500 euros al mes de lo suyo, ahora trabaja de mozo de playa poniendo tumbonas (y cobra mucho más).
El objetivo prioritario de ir a la Universidad es poder obtener un empleo bien remunerado para vivir bien. Desde ese punto de vista, hoy cursar una carrera no vale la pena y esto no es por la crisis, porque todos los ejemplos reales que he puesto son de la época de supuesta bonanza. Mis padres siempre me insistieron en que estudiara para que no fuera un pringado como ellos pero hoy tener un título no garantiza nada. Yo soy profesor y a mis alumnos no les vendo la moto que me vendieron mis padres, porque hasta cierto punto me sentiría como si les estafara.
Hay otros países como Irlanda, Islandia o Finlandia que eran paupérrimos hace décadas y hoy, con crisis y todo, siguen siendo de los más prósperos del mundo. Allí no tenían oro ni diamantes para vender, así que decidieron invertir en lo único en que podían: en educación. Cuando una nación hace esta apuesta, al cabo de unas décadas cosecha excelentes informáticos, ingenieros y científicos, con lo cual, las empresas de alta tecnología tienden a instalarse allí (porque necesitan personal muy cualificado, y eso lógicamente no se encuentra en El Congo).
Por desgracia, aquí la educación no es contemplada como un trampolín que hace que un país pase de pobre a rico al cabo de medio siglo. No, aquí la educación se ve como una especie de guardería; donde los padres llevan a sus hijos para que incordien al profesor y les dejen tranquilos a ellos un rato. Y nuestros empresaurios no quieren ni oír hablar de ciencia, de tecnología o investigación y desarrollo porque siguen anclados en un modelo de mano de obra barata por el cual el mejor empleado siempre es el que cobra menos. Como en el Tercer Mundo, vamos.
Ni para los políticos ni para los votantes la educación es una prioridad. Es fácil encontrar alumnos que estudian en barracones; institutos tan deteriorados que parecen salidos de la Unión Soviética más decadente o bajas de profesores que no se cubren por nadie durante semanas porque así la administración se ahorra un dinerillo. También hay padres que protestan por la enseñanza de otras lenguas oficiales, en ese paletismo tan español de negarse en rotundo a hablar ningún idioma distinto del castellano. Como si aprender gallego o euskera fuera pillar un cáncer.
Si te haces trabajador te pagan una miseria porque aquí lo que prima es la mano de obra barata. Si tienes la temeridad de hacerte empresario, las trabas burocráticas y los impuestos asfixiantes pesarán sobre ti como una losa. No es por casualidad que aquí todo el mundo quiera presentarse a unas oposiciones, ya que no queda ninguna otra alternativa. Pero si hasta a los funcionarios les recortan el sueldo y no arreglan ninguna de las dos opciones anteriores, al final la única salida para la gente joven será aprender inglés y hacer la maleta rumbo a un país serio.
El Estado Español: éste es el país de caspa y pandereta que hemos creado. Muchos años en los que cualquier idiota de dientes podridos y aliento cebollil se reía de los que estudiaban. Muchos años pagando más a un fontanero que al ingeniero, más al albañil que al arquitecto, más al carpintero que al cirujano. ¿Igualdad? ¿Cómo va a ser igual un paleta de la construcción que un Premio Nobel? La igualdad no existe. Es una idiotez metida en las cabezas de los idiotas para conseguir un comunismo real en los sueldos: que todo el mundo cobre lo mismo.
Si quieres quedarte a vivir en España, estudiar no vale la pena. En una sociedad en la que no se premia el esfuerzo, la superación y la creación, como ha sido la nuestra en los años del ladrillo, ¿quién va a esforzarse por superarse y hacer progresar al estado? Ahora queda lo peor, el cataclismo final: los ingenieros, los emprendedores y los cirujanos se marchan al extranjero, y aquí se quedan los descerebrados que sólo aspiran a tener un coche tuneado, bajar las ventanillas y que el barrio entero escuche el bakalao mientras conducen a todo gas. País de mierda.




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