En España se discrimina a los hombres.

feminazis

El feminismo más rancio y cavernícola berrea que la mujer española está discriminada. He visto diarreas más sólidas que esta tesis. Las feminazis lo dicen como si la España del siglo XXI fuera Arabia Saudita. O como si los hombres actuales fuéramos culpables de las actitudes machistas de nuestros bisabuelos. Y en el nombre de teóricas leyes de igualdad se promueve la discriminación del varón, con el beneplácito de no pocos calzonazos y pseudoprogres. Hagamos hoy algo escandaloso: digamos la verdad. En España los discriminados somos los hombres.

Durante años en España los varones debían hacer el servicio militar obligatorio o, en su defecto, la prestación social sustitutoria. Jamás escuché a una sola feminista quejarse porque las muchachas estuvieran exentas de tal deber. Por fortuna hoy las Fuerzas Armadas son profesionales y pueden acceder a ellas hombres y mujeres. Eso sí, hay pruebas físicas especiales para ellas. Y lo mismo con la policía o los bomberos. Me parece inquietante que si hay un incendio en mi casa venga a rescatarme alguien sin fuerza suficiente como para echarse al hombro mi pesado cuerpo.

Estoy harto de escuchar mentiras como la de que  se discrimina salarialmente a la mujer. Puede que eso pase en Irán pero desde luego en España no. Jamás he conocido un solo caso en que una empresa pague a una señora un sueldo inferior al de un hombre por hacer el mismo trabajo en iguales condiciones. Las damas ganan menos -de media- porque se cogen más empleos a tiempo parcial y no puedes pretender que te paguen lo mismo si trabajas ocho horas que si trabajas cuatro. Sólo que este pequeño dato sin importancia no es mencionado por la prensa.

Otro motivo por el que las féminas ganan menos dinero -de media, insisto- es porque las cúpulas directivas de las grandes empresas están copadas básicamente por hombres. “¡Machismo, machismo!” -berrean las feminazis-. Pero si Emilio Botín es presidente del Banco Santander no es por ser hombre sino por ser valioso. Y como no todas pueden ser Marie Curie o Margareth Thatcher no queda otra que recurrir a la paridad y obligar a poner mujeres mediocres en las cúpulas de partidos políticos (y en el futuro de empresas) para cumplir con un cupo.

De malos tratos mejor no hablar. ¿Sabías que tres de cada cuatro varones denunciados por este tema en España es declarado inocente? Muchos abogados animan a sus clientas a denunciar falsamente a sus maridos para quitarles la casa y los hijos en una separación. Sólo con que una mujer te denuncie por “violencia machista” se anula tu presunción de inocencia y eres considerado culpable. Esto no ocurre con ningún otro delito, que yo sepa. En Valencia incluso un juez condenó a un tío por tirarse un pedo delante de su pareja cuando discutía con ella.

No hay duda de que los malos tratos son una lacra a erradicar. Pero todos. Porque la cantidad de maridos que son vapuleados psicológicamente por sus esposas (“eres un inútil, no vales para nada…”) es brutal y nadie se acuerda de ellos. Si un hombre golpea a una fémina es delito, pero al revés es falta. Demencial. “Es que el varón es más fuerte que la mujer”. Díselo al abuelete de 80 años maltratado por su hija de 35 o a la lesbiana que ha sido golpeada por su pareja. ¿Merecen ellos menos protección? Pues según esas mentes preclaras que son nuestros políticos sí.

En cuanto a las separaciones y divorcios, la esposa arrambla con todo. Por eso ahora se divorcian “porque mi marido ronca” o “porque la relación se ha vuelto monótona”. ¿Pero por qué hay tanta resistencia a que la separación de bienes y la custodia compartida sean lo normal? ¿Por qué pasar una pensión compensatoria a quien no quiere saber nada de ti pero sí de tu cartera? ¿Por qué si un hombre no pasa la pensión alimenticia de los hijos va a la cárcel pero si una mujer incumple el régimen de visitas y no deja que su ex vea a los niños no le ocurre nada de nada?

Otro ejemplo: cuando se ofrece un servicio gratis a las señoritas por el solo hecho de serlo pero el varón sí debe pagar. Todos sabemos que hay discotecas en que las chicas entran gratis o pagando la mitad que los muchachos. Lo mismo ocurre con determinadas webs para conocer pareja. Sí, ya sé lo que van a decir: es que las mujeres son el gancho para que vayan los tíos. De acuerdo. ¿Pero se imaginan una sala de baile donde dijeran “los blancos pasan gratis, los negros pagan entrada”? ¿Qué nombre recibiría eso? ¿Qué dirían entonces nuestros adalides de la igualdad?

Me dan ganas de vomitar todos esos grupos de presión, gobiernos y colectivos que lo único que quieren es discriminarnos a los hombres por el solo hecho de serlo. Y lo más repugnante de todo es la tergiversación de las cosas. Cómo te acusan de “machista” por protestar contra la discriminación del varón (y de la mujer), cómo te acusan de no querer la igualdad de sexos los mismos que defienden leyes especiales para uno de ellos… Es como si ahora los nazis te tildaran de racista. Cree el ladrón que todos son de su condición. Cree la araña que todos son de su calaña.

Cosas estúpidas que hace la gente blanca.

Estos días hemos sido testigos de un simiesco espectáculo que la prensa se empecina en mostrar como una hazaña. El paracaidista austríaco Felix Baumgartner ha batido el récord mundial de salto al arrojarse al vacío desde la friolera de 39.000 metros de altura. Los periodistas no dudan en calificarlo de héroe.

Pero yo me pregunto: ¿Qué tiene esto de heroísmo? ¿Qué de prodigioso? ¿No es más bien una solemne memez? ¿No hay que estar un poco tocado del ala para atreverse a hacer semejante salvajada? ¿Qué provecho trae esto a la sociedad? ¿Ha descubierto Felix Baumgartner la penicilina? ¿Ha curado el parkinson tal vez?

No, no ha valido para nada más que para obtener sus quince minutos de fama y para entrar en el Libro Guinness de los Récords, donde figuran otras proezas como la plusmarca de mayor cantidad de huevos aplastados en la cara durante un minuto, pedalear hacia atrás con un violín o recibir la patada más fuerte en las bolas.

Alpinismo, paracaidismo, puentismo o ala delta, entre otras, son formas estúpidas de jugarse la vida. Entiendo al piloto de carreras que la arriesga porque algo le puede compensar (dinero, prestigio, un campeonato…) pero ¿en qué piensa un tío que escala una montaña de 8.000 metros sólo para que, acto seguido, vuelva a bajarla?

Yo no siento en absoluto ninguna tristeza por un alpinista que muere en la montaña, ni por ese paracaidista que se espachurra contra el suelo porque no se abrió el paracaidas ni por el choni que se mata en la carretera por conducir a 200 kilómetros por hora… Porque no han muerto sino que ellos mismos se han matado.

Mi mujer, que es negra, me dice que en África la gente es incapaz de comprender por qué los blancos arriesgan sus vidas estúpidamente. En África la picadura de un mosquito puede suponer un contagio de malaria y no tener dinero para una operación de apendicitis, la muerte. Defínitivamente allí valoran la vida más que aquí.

No veo a los negros, a los amarillos o a los amerindios arriesgar sus vidas sin una razón de peso. Esto es más bien propio de gente blanca. Y me pregunto por qué. Para mí la vida es un don, un regalo que Dios nos concede, algo demasiado sagrado, demasiado valioso como para ponerla en juego por quince minutos de fama.

La insoportable forma de ser de las feminazis.

Vaya por delante que soy defensor de la igualdad de sexos en derechos, obligaciones y oportunidades. Estoy muy a favor de que la mujer estudie y trabaje. En mi empleo casi siempre he tenido jefas y jamás tuve problema alguno con ellas. No me importaría que una señora fuera presidenta de mi nación. Me quito el sombrero ante aquellas damas que  han demostrado ser no igual sino incluso más valiosas que sus colegas masculinos, como Marie Curie o María Moliner. Me horripila que en Arabia Saudita una mujer no pueda conducir, que en Nigeria se le practique la ablación de clítoris o en Bangladesh se le pueda arrojar ácido sulfúrico a la cara con impunidad. Pero nada de esto me impedirá ser acusado de machista por pensar que el feminismo ha pasado de reivindicar la justicia social a convertirse en una ideología totalitaria que destila revanchismo y odio para con el varón.

1) El feminazismo pretende crear una sociedad artificial mediante un ejercicio de ingeniería social. Por ejemplo reivindicando que un hijo lleve el apellido de la madre antes que el del padre (no me parece mal, dicho sea de paso, pero en los países anglosajones las mujeres toman el apellido del marido al casarse y se enorgullecen de ello). Y anhelan crear un lenguaje de laboratorio. Se quejan de que “hombre” pueda designar a toda la humanidad, cuando “hombre” es la traducción latina de “homo” (sapiens sapiens) y fomentan absurdos dobletes como “vascos y vascas”, “españoles y españolas”, “arquitectos y arquitectas”, etc, que es tan grotesco como decir “periodistos y periodistas”, “socialistos y socialistas”, “gilipollos y gilipollas”. Sorprende, en una incoherencia feminazi, que a los hombres nos acusen de “machistas” en lugar de “machistos” como debiera ser.

2) El feminazismo es hipócrita. Clama por una mujer “independiente”  pero que sea el hombre el que pague cuando salgan a cenar. Quiere que el marido pase la fregona en casa pero no que la mujer cumpla el servicio militar obligatorio en los muchos estados que aún lo mantienen. Que el marido sea un calzonazos que diga “sí cariño” a todo, so pena de acusarlo de opresor.  Se burla cruelmente si a un varón le amputa el pene su esposa pero no tolera el más mínimo chiste sobre mujeres. Reclama una pensión de paternidad a un varón pero deja sin voz ni voto a un padre al grito abortista de “¡nosotras parimos, nosotras decidimos!”. Ellas se exhiben como pedazos de carne y luego se quejan de que los tíos sólo piensan en sexo. Culpan a los varones actuales por las injusticias machistas que padecieron nuestras tatarabuelas cuando en aquel tiempo nosotros ni siquiera habíamos nacido.

3) El feminazismo no busca la igualdad de sexos sino la discriminación del hombre a modo de venganza. Puede que en Irán la mujer esté discriminada, pero en España sin duda el discriminado es el varón. En este país hay un código penal diferente para cada sexo. El maltrato es considerado delito si eres hombre y falta si eres fémina. Hay denuncias falsas que salen adelante amparadas por la palabra de la mujer. En caso de divorcio, la esposa se queda con todo y el marido de patitas en la calle. El 75% de denuncias por malos tratos son falsas. A muchos padres divorciados les es negado ver a sus hijos. Dicen que están discriminadas salarialmente pero jamás he conocido que en una empresa a una mujer le paguen menos dinero que a un hombre a igual trabajo en iguales condiciones. Niegan ser el “sexo débil”  pero luego van y reclaman paridades, que es el recurso de los mediocres.

4) El feminazismo culpa al hombre de los fracasos y limitaciones de la mujer. Yahoo, Google, Facebook o Twitter son ejemplos de empresas muy recientes fundadas por hombres en un país y una época en que las mujeres tienen igualdad de oportunidades. ¿Dónde está la mujer que como Joan Roig herede de sus padres unas carnicerías familiares y cree un imperio como Mercadona? ¿Dónde está la mujer que, como Bill Gates, empiece trabajando en el garaje de sus padres y acabe inventando Windows? Frente a estas preguntas incómodas, es más fácil  contar historietas lacrimógenas de hace centenares de años o rebuznar mantras tales como “machismo” o “patriarcado” incluso en una época en que una mujer tiene ventajas fiscales para montar su propio negocio. Señoras feminazis; no le echen la culpa a la extinta sociedad del siglo XIX de sus fracasos en el siglo XXI.

El feminismo actual -que en Occidente al menos casi en su totalidad es sinónimo de feminazismo- es la otra cara de la moneda de ese machismo cavernícola que busca oprimir a la mujer. Es resentimiento, amargura, frustración, odio puro. Y la discriminación del varón es apoyada, fomentada y aplaudida en Europa por algunos calzonazos descerebrados con el mismo entusiasmo con el que algunas tipas descerebradas defienden la ablación de clítoris en África. Hombres defendiendo la androfobia… debe ser algún tipo de nuevo síndrome de Estocolmo, una especie de abducción. Mi total respeto para aquellas personas igualitaristas que luchan día a día por la igualdad de sexos en derechos, obligaciones y oportunidades. Mi desprecio más absoluto para machistas, feminazis, carcas y pseudoprogres que fomentan la discriminación de una persona por razón de su sexo.

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La aplastante superioridad de la civilización occidental.

Por los artículos que escribo, a menudo recibo  acusaciones de “fascista”, “racista”, “xenófobo”, “ultraderechista” y cosas por el estilo. Y lo entiendo, porque hoy en día nadar contracorriente, atacar lo hipócritamente correcto conlleva que te cuelguen de forma automática el sambenito de “facha”. El problema es que el vocablo “fascista” ha sido desprovisto de su significado original y hoy en día sirve para acusar a todo aquel que no te dé la razón o para definir todo aquello que a uno no le gusta, así que me importa un bledo si me lo llaman. A mí, con todo, me divierte mucho, pues provengo de una familia republicana y socialista y encima mi esposa es negra. Así que cuando dicen que soy de extrema derecha me da la risa.

Algunos lectores me acusan de “chovinista” porque casi siempre escribo acerca de Europa. Esto  también me resulta divertido porque es como decir que el literato Gabriel García Márquez es chovinista porque ambienta sus novelas en Latinoamérica. Cojonudo por él. Cada uno escribe de lo que le rota. Yo vivo en Europa y me gusta Europa. Supongo que si viviera en África escribiría cosas de aquel lugar pero ya que vivo en el Viejo Continente, pues hablo acerca de mi entorno más próximo. ¿Que Europa ha escrito las páginas más brillantes de la historia? Pues sí señor. Y las más sangrientas también. ¿Que las naciones europeas tienen una historia impresionante? Pues sí señor. ¿O acaso no ha ido usted a la escuela?

¿Que en Europa se vive mejor que en cualquier otra parte del mundo? Pues sí señor. Y si no, pregúntele a un turco por qué prefiere emigrar a Alemania antes que a Arabia Saudita. O a un marroquí por qué prefiere ir a España antes que a Argelia. A ver qué contestan. En Europa tenemos un alto nivel de vida y de bienestar (no sé si lo tendremos por mucho más tiempo, que pienso que no, pero todavía lo tenemos). En la actualidad en Europa se vive mucho mejor que en cualquier otro continente. Quien no quiera ver la realidad o es idiota o está ciego. Y por más que se empeñen algunos, no todas las culturas son igual de valiosas. Pretender comparar Islandia con Pakistán, como si ambas fueran iguales, es de locos.

Con todo, diré que yo más que “europeo” me siento “occidental”. ¿Qué es Occidente? Es una idea. No es un lugar en el mundo, no son unas coordenadas geográficas, es una comunidad de valores. Los valores judeocristianos, grecolatinos y la Revolución Francesa. Eso es Occidente. Yo me siento identificado con eso. Y en consecuencia me siento mil veces más próximo ideológicamente a Canadá o Nueva Zelanda que a Turquía o Bielorrusia, por muy europeas que sean. Y me siento mil veces más cercano a un iraní con mentalidad occidental que a un valenciano que odia ser lo que es. Porque no se trata de nacionalidades. Ni de colores de piel. Se trata de ideas. Y las ideas son el motor que hace mover el mundo.

La civilización occidental nació en Europa, es cierto, pero no es patrimonio exclusivo del Viejo Continente. Ahí están los Estados Unidos de América por ejemplo. O Australia. O cada día más Corea del Sur. Cualquier nación del mundo puede ser occidental, así esté en el Oriente del planeta. Porque ser occidental no tiene nada que ver con ser europeo, ni de raza blanca ni con vivir en el Oeste del mundo. Tiene que ver con una mentalidad. Tiene que ver con la defensa de la democracia, la libertad y los derechos humanos. Con dar el poder al pueblo. Con el legado de Atenas, Roma, Israel y Francia. Yo animo a todos los pueblos del mundo a que abracen la cultura occidental porque no existe ninguna otra que sea mejor.

Puede que el fascismo, el nazismo o el comunismo nacieran en el Occidente geográfico, pero desde luego eran radicalmente antiooccidentales porque chocaban de lleno con el espíritu libertario de la Revolución Francesa. Yo no voy a negar que en Occidente se han escrito muchas páginas bochornosas de la historia. O que nuestro estilo de vida adolezca de fallas dignas de sonrojo. Pero aún así, la civilización occidental es, con todos sus defectos, que los tiene y muchos, la mejor del mundo. Pero con muchísima diferencia. Yo no creo en razas superiores pero sí en civilizaciones superiores. Y desde luego una nación donde una mujer puede conducir un coche es mejor que una donde si comete adulterio la lapidan hasta morir.

Sin ánimo de menosprecio, y aún reconociendo que todas las culturas son fascinantes y que de todas ellas sin excepción se puede aprender algo valioso (aun de la más atrasada), yo no me escondo: creo en la incontestable y aplastante superioridad de la civilización occidental. Como mentalidad, como comunidad de valores. Es mejor que cualquier otra. Y si alguien no se lo cree, pues que compare la nómina de Premios Nobel de los países occidentales con la de los que no lo son. La mentalidad occidental es la que mejor funciona en el mundo, la que ha traído más progreso, más prosperidad y más libertad. Lástima que hayan tantos occidentales a los que les han lavado el cerebro para odiarse a sí mismos y a lo que son.

La insoportable forma de ser de los hombres españoles.

Hace un año publiqué un artículo titulado La insoportable forma de ser de las mujeres españolas donde criticaba el feminazismo de muchas chicas de este país de países llamado España. El texto superó todas mis expectativas ya que en muy poco tiempo acumuló miles de visitas, cientos de comentarios y dio varias vueltas a internet. Las españolas, que no aparecían muy bien retratadas, me acusaron de machista (que típico y que tópico ¿verdad?) cuando sólo había una crítica a una mentalidad, a una forma de hacer las cosas y de entender la vida.  Supongo que en esta ocasión no tendré tanto éxito, ya que los hombres por lo general encajan mejor las críticas (por ejemplo puedes decirle a un tío que no es capaz de hacer dos cosas al mismo tiempo y no se enfada, pero si se lo dices a una chica te llama machista). Sea como sea, aquí va mi opinión sobre los repugnantes hombres de España:

1) Los hombres españoles son borrachos y puteros. Hay dos negocios en España que nunca cierran: bares y  puticlubs. Incluso en la Ejpaña de postguerra, donde la gente vivía en la extrema pobreza, nunca faltaba dinero para ir al bar a hacerse un vinito. Y hoy no podremos llegar a final de mes pero los bares están siempre llenos. Y a falta de industria o alta tecnología, España puede presumir de ser una potencia mundial en puteros. Siempre hay una excusa para irse de putas. Antiguamente, porque las mujeres llegaban vírgenes al matrimonio y los machos tenían que visitar los burdeles para desahogarse. Hoy que las relaciones prematrimoniales están a la orden del día la razón es “que hay que probar cosas nuevas”. Incluso cuando se casan, es decir, cuando teóricamente viven con la mujer de sus sueños, también hay excusa: “Es que todos los días con la misma, aburre”.

2) Son sumisos y calzonazos. España es un país grotesco donde los hombres se depilan las piernas y las mujeres llevan los pantalones en la casa. Un país de marimachos y de calzonazos. Las mujeres hacen de hombre y al revés. Es muy frecuente oir: “En casa manda mi mujer”. Y esto es así porque los varones españoles son mediohombres, han renunciado a su papel de cabeza de familia y se dejan dominar por sus esposas, que juegan con ellos como si fueran títeres. Lo peor de todo es que encima lo ven bien, y tratan de disimular su cobardía de modernidad. Es decir, no es que ellos profesen una sumisión canina a sus esposas porque les tienen miedo sino que “creen en la igualdad”. Pero curiosamente esa igualdad de sexos siempre se traduce en que es la mujer quien da las órdenes y el marido tiene siempre la última palabra, que por supuesto no es otra que “Sí, cariño”.

3) En España el pecado capital es la envidia. Y afecta de forma desmesurada a todo el mundo desde la niñez. Es verdad que la envidia es algo más o menos universal en las féminas, que a menudo compiten entre ellas por ver quien es la más bella y murmuran de cualquier señorita que pueda hacerles sombra en hermosura o felicidad. Pero en España también los hombres son terriblemente envidiosos. Cuando alguien destaca en el colegio, los compañeros le hacen la vida imposible. Cuando alguien triunfa, en lugar de despertar la admiración de sus compatriotas, recibe críticas. El talento de los españoles es respetado en el extranjero, pero nunca en su tierra. No en vano las grandes mentes en este país sólo tienen tres salidas: por tierra, por mar y por aire. En España existe una enorme guadaña que por las mañanas siega la cabeza a cualquiera que se atreva a asomarla.

4) Son perezosos. En España hay mucho vago, mucho empleado que llega tarde al trabajo, mucho haragán que no pega ni golpe, que se inventa enfermedades para cogerse la baja y quedarse a dormir en casa, mucho listillo que trabaja en negro al tiempo que cobra del paro. Porque se castiga la honradez y se premia la picaresca. En los países protestantes se suele trabajar como un cabrón para tener una buena economía. Aquí se prefiere tener tiempo libre y disfrutar de la vida. Se alimenta el parasitismo: se fomentan los subsidios para los holgazanes en lugar de ayudar a los emprendedores a montar un negocio. La gente prefiere presentarse a unas oposiciones a ser empresario. Si trabajas duro, dejas en evidencia a los compañeros de la fábrica que van a pasar el rato y te regañan por ello. Encima, hacerse rico está mal visto. Con esta mentalidad, con razón los españoles son pobres.

Podríamos añadir otras muchas excelencias de estos machos ibéricos, como por ejemplo que se bañan poco y huelen mal, pero tampoco es necesario alargar el artículo innecesariamente. El hombre español, en cuanto a persona, no es mejor ni peor que cualquier otro miembro de la especie humana. Ahora bien, no cabe duda de que tiene una cultura, mentalidad, costumbres, un entorno y unas experiencias vitales que le convierten en el patético individuo que sin duda es. Por supuesto no todo el mundo es igual, siempre hay excepciones a la regla y todo eso, por lo que si tú eres varón y español y no cumples con estos requisitos pues enhorabuena chavalín, porque desde luego eres de los pocos que se libran en este país de caspa y pandereta. Pero la inmensa mayoría peca de estas costumbres nefastas, lo cual a mí personalmente me causa una gran vergüenza y me llena de tristeza.

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No es país para honrados.

Me doy una vuelta por Vinaroz por la noche durante sus fiestas locales. Hay una feria donde la gente se divierte. Veo que hay varios comerciantes que han puesto un tenderete para vender sus productos pero el Ayuntamiento los coloca en un rincón marginal donde apenas pasa el personal y no venden nada. Después paso por la zona donde más gentío hay y encuentro un montón de  africanos ilegales vendiendo sus productos en medio del paseo, en una zona rebosante de público y la policía local no hace nada. CONCLUSIÓN: Si pagas impuestos y cumples la ley te mueres de hambre. Si pasas del Ayuntamiento te dejan situarte en la mejor zona, ganas más dinero y encima no pagas ni un euro. Todo lo que ganas es para ti.

El sistema educativo es curioso. A los alumnos de secundaria obligatoria que estudian y se esfuerzan les ponen exámenes de nivel. A los que se pasan todo el curso rascándose la barriga, los destinan el último curso a “diversificación”; es decir; un curso con un nivel mucho más bajo pero que si lo aprueban obtendrán el graduado de la ESO exactamente igual que los alumnos de otros grupos que han estado trabajando duro durante cuatro años. CONCLUSIÓN: Ya que al final de la corrida el tonto obtiene el mismo título que el  inteligente, y el vago el mismo  que el trabajador ¿para qué esforzarse?  Tan válido es trabajar duro y hacer los deberes como no dar ni golpe en cuatro largos años… ¡Al final, el resultado es el mismo!

Salgo a la calle. Veo a la gente marchando de aquí para allá, trabajando. Entro a una tienda a comprar una cosa y casi no tengo dinero en el bolsillo. Entre el alquiler, los impuestos y la gasolina cada vez cuesta más llegar a final de mes. Salgo de la tienda y miro la barriada gitana. Un montón de gitanos gordos que no han pegado un palo al agua en su vida, sentados en sillas de plástico, tomando el sol y rascándose la barriga. Tienen una vivienda social por la cara y ayudas de todo tipo. Sin trabajar. Y encima venden droga. CONCLUSIÓN: Si eres honrado los impuestos que pagas mantendrán a los parásitos. Si eres un caradura y no declaras nada a Hacienda, el Estado te premiará y recibirás todas las ayudas del mundo.

Un amiguete me cuenta que si unos okupas se apoderan de una vivienda de tu propiedad y quieres desalojarlos, ni se te ocurra denunciarlos a la policía. No sólo no los expulsarían de tu propia casa sino que encima el asunto se podría demorar en los tribunales durante años. Y para cuando tuvieras una sentencia del juez para echarlos del piso, estaría arrasado. Lo que hay que hacer es asegurarse de que no haya nadie en casa y entonces que un cerrajero te abra la puerta, cambie el paño y así te metes tú dentro. Luego, cuando regresen los okupas, llamas a la poli y dices que unos tipos quieren entrar en tu propiedad y niegas que hayan estado viviendo allí. CONCLUSIÓN: No confíes en las autoridades, mejor confía en ti mismo.

Unos ladrones entran por la noche al chalet de un tío para robarle. Pero tiene un perro que les sorprende con las manos en la masa y les ataca. Los ladrones denuncian al propietario del perro y van a juicio. Al final, el perro es sacrificado y encima el tío debe compensar con una indemnización millonaria a los asaltantes. No te cuento la que se habría liado si la víctima se hubiera defendido con un arma de fuego. CONCLUSIÓN: Vivimos en un paraíso penal donde las leyes protegen a los criminales y no a los ciudadanos honrados. No por casualidad las mafias y escoria de los cuatro rincones de la Tierra emigran en masa a este su particular El Dorado. Habrán oído eso que dicen de que mejor en España no se vive en ningún sitio.

El islam como tabú.

Hace años era políticamente incorrecto criticar el comunismo en Europa. Era todo un tabú. El célebre escritor británico George Orwell contó cómo en su momento tuvo serias dificultades para publicar Rebelión en la granja, una obra maestra que ha pasado a la historia. Estuvo buscando infructuosamente un editor durante años, y tras recibir el rechazo de varios importantes, al final logró que su novela viera la luz en 1945. ¿Cuál era el problema? Que criticaba el comunismo. Y en aquella época era impensable criticar esta ideología, incluso a pesar de las masacres que perpetraba el dictador Josip Stalin contra su propio pueblo.

Hoy en día vivimos en la sociedad de la hipócritamente correcto. No puedes criticar el islam sin que inmediatamente alguien te acuse de fascismo, racismo, islamofobia y similares. Es como si en los países islámicos los musulmanes tuvieran patente  de corso para reprimir y exterminar a cristianos, judíos, ateos o gays pero si tú te atreves a denunciar lo que está ocurriendo, el malo de la película eres tú. Hay imbéciles que  hasta te acusan de nazi. Yo creo más bien que el nazi es el que pretende exterminar a todo aquel individuo que no piensa como él, y es esto exactamente lo que está ocurriendo todos los días en los países de la media luna.

La autocensura roza la paranoia. Los gays, a los que siempre les falta el tiempo para burlarse del Papa, callan como putas cuando en Irán ahorcan homosexuales en mitad de la plaza por el solo hecho de serlo. Las feministas, que siempre ven fantasmas machistas en todos lados, son incapaces de criticar una cultura tan retrógrada como el islam, donde los imanes dan consejos a los hombres acerca de cómo maltratar a sus esposas. Y los inmigrantes, que tienen sanidad y educación gratis en Europa y a pesar de ello todavía nos acusan de racistas, no se atreven a denunciar que en los países del Golfo Pérsico esclavizan a los extranjeros de forma legal.

Pero todo el mundo no es igual. No todos los 1.500 millones de musulmanes son extremistas. No, claro que no. Tampoco en la Alemania nazi, el 100% de los alemanes estaba de acuerdo con gasear judíos y gitanos en los campos de exterminio, pero si los alemanes que estaban en contra eran incapaces de detener al dictador Adolf Hitler, entonces alguien de fuera de Alemania tendría que encargarse de detenerlo. Hoy el islam es la nueva amenaza totalitaria. Y como con el comunismo en tiempos de Orwell, criticarla es tabú. Pero el tiempo dio la razón a los que entonces criticaban el terror rojo y nos la dará a los que hoy criticamos el islam.

Si hoy entrara en la plaza mayor de nuestro pueblo el inquisidor Tomás de Torquemada montado en su caballo, todo el mundo se pondría a la defensiva. El islam es la nueva inquisición. Debido a la concepción medieval que los mahometanos tienen de su religión, el islam es, hoy por hoy, un movimiento totalitario incompatible con la libertad. No se puede ser tolerante con los intolerantes porque usarán nuestra democracia para destruirla desde dentro. Yo me rebelo contra esta autocensura que pide que cerremos los ojos ante los genocidios que sigue perpetrando, en pleno siglo XXI, la llamada religión de la paz.

Es su cultura y hay que respetarla.

El otro día fui testigo de un espectáculo digno del vertedero multicultural en el que vivo. Estaba en una imprenta esperando mi turno para hacer unas fotocopias. Delante de mí había un matrimonio gitano rumano que también esperaba. Cuando por fin llegó su turno la mujer se sacó unos papeles de la teta y su marido se sacó el pasaporte de dentro de los calzoncillos. No contento con haber restregado por los cojones el documento, se dio cuenta de que la foto no debía estar muy nítida con lo que escupió a la fotografía para limpiarla un poco y luego la secó con la manga de la camisa. Y, como si tal  cosa, se la ofreció al dueño del local para que la fotocopiara. Todos los presentes en la sala nos quedamos flipando. El imprentista les advirtió de que no pensaba tocar aquella asquerosidad y les exigió a aquellos descerebrados que se marcharan inmediatamente  por guarros. Los gitanos acusaron de “racista” al tipo y se fueron refunfuñando del lugar.

A los gitanos rumanos no los quiere nadie. No por gitanos ni por rumanos, sino porque son unos cafres que están por civilizar. Sólo ellos son capaces de hacer cosas así con toda naturalidad. Es el analfabetismo, la falta de educación. Yo me pregunto qué clase de inmigración estamos recibiendo en Valencia. Me pregunto si es que esta gente se ha criado en la selva o si en su país cagan en la pradera y se limpian el culo con una piedra. Individuos de esta clase antes de instalarse aquí o en cualquier otro lugar, primero deberían subirse a las ramas de un árbol y quedarse allí una temporada. Y cuando terminen de evolucionar que bajen y que se relacionen con el resto de personas. Porque cuando uno está en una casa que no es la suya debe comportarse. Porque a mí me puede gustar estar en calzoncillos en mi casa pero no por eso me voy a quitar los pantalones cuando estoy en casa ajena. Sólo queremos un poquito de integración, respeto y civismo ¿es demasiado pedir?

Me pregunto también en qué mundo viven todos los pijoprogres y multicultis que defienden lo indefendible. “Es su cultura y hay que respetarla” -dicen-. Yo creo que más valdría que si estamos nosotros en nuestra tierra sean ellos los que comiencen por respetar nuestra cultura. Si nunca consentiríamos un comportamiento tan cafre a un autóctono ¿por qué debemos consentirlo en un extranjero? ¿Somos racistas y xenófobos por pedir a los extranjeros que cumplan con las mismas normas de urbanidad que exigimos a los autóctonos? Yo no creo en la multiculturalidad. El que vaya a vivir a un sitio, que se adapte. Si no quiere hacerlo, entonces que no vaya. Harto estoy de tratar con andaluces que tras vivir 40 años en Valencia son incapaces de mantener una conversación de cinco minutos en valenciano o de musulmanes que quieren vivir en Valencia con las mismas costumbres que tenían en Pakistán. Compórtate o lárgate. Es bien sencillo.

Veo este tipo de movidas a la vez que leo que el 20% de los nuevos licenciados universitarios valencianos se marcha al extranjero. Hay un auténtico éxodo de médicos, enfermeras, informáticos, arquitectos, ingenieros, filólogos y otros profesionales de alta cualificación que ya están hasta los huevos de contratos basura, sueldos miserables y paro crónico. Y esto no es por la crisis. La desbandada comenzó hace más de diez años. ¿Qué clase de país tenemos en que los neurocirujanos se marchan y en su lugar vienen cavernícolas que no saben distinguir su cabeza de su culo? Jóvenes: formáos bien, estudiad inglés y huid de este país de pandereta rumbo al Primer Mundo. España  es la cloaca de Europa. Nuestros políticos y empresaurios no quieren ni oír hablar de educación, ciencia o tecnología. No, lo suyo es la mano de obra barata. Al final sólo se van a quedar a vivir aquí ellos junto con un montón de analfaburros procedentes del Tercer Mundo.

Tengo amigos latinoamericanos con carrera universitaria que están pensando en emigrar a España. No lo hagáis, os sentiréis terriblemente frustrados. Aquí un barrendero gana más que un abogado y un albañil más que un ingeniero electrónico. Tengo varios conocidos que viven en Europa. Recuerdo el caso de una chica de Algemesí. Ella es informática. Cuando vivía en Valencia le pagaban 700 euros al mes y no podía ni siquiera alquilarse un piso para salir de casa de sus padres. Como sabía inglés, se fue a Holanda. Allí trabaja de lo suyo y con el sueldo que gana tiene un piso de alquiler en Amsterdam, se ha comprado otro en Algemesí y aún le sobra dinero a final de mes. Ésta es la única salida que queda. Hacer las maletas. Como las hicieron nuestros padres. Inglaterra, Dinamarca, Estados Unidos, Suecia, Finlandia, Alemania, Suiza, Canadá, Australia… Por suerte, todavía hay lugares en el mundo donde la inteligencia es recibida con gozo.

¿Por qué son tan vagos los españoles?


Tengo un conocido alemán que se tuvo que trasladar de su país a Barcelona por requerimiento de la multinacional para la que trabaja. Dice que odia España, que los españoles son unos vagos y que no le extraña que sean pobres porque no tienen ganas de trabajar. La verdad es que el tío tiene razón. En Alemania por ejemplo nada más entrar en un restaurante el camarero ya te está atendiendo (y eso que aún no te ha dado tiempo ni a sentarte) mientras que en España te sientas en la mesa y a menudo debes esperar a que te atienda un camarero que no está haciendo nada en esos instantes. En España hay mucho vago. Hay mucho empleado que llega tarde al trabajo, mucho haragán que no pega ni golpe, que se inventa enfermedades para cogerse la baja y quedarse a dormir en casa, mucho listillo que trabaja en negro al tiempo que cobra del paro. Así es normal ser pobres.

En un negocio de atención al público, es muy frecuente encontrar empleados que pasan olímpicamente de sus clientes. Se les ve trabajando con total desgana. Y lo entiendo… porque en la mayoría de los casos cobran una miseria por hacer un montón de horas al día (ojo, que no se confunda esto con trabajar mucho) y la mayoría sabe que, da igual que lo haga bien, mal o regular, porque en cuanto se agote su contrato temporal de seis meses lo más probable es que su jefe le despida para contratar a otro tío. Así que si vas a ser despedido sí o sí… ¿para qué esforzarse? En España hay una coyuntura laboral en la que resulta muy difícil (que no imposible) quedarse en una empresa ya que al gerente le sale más barato contratar a un empleado nuevo y deshacerse del viejo que ofrecer un puesto indefinido a uno que ya tenía antes. Que pregunten a los curritos de Carrefour si no.

Yo he tenido todo tipo de empleos. Algunos en los que cobraba una limosna y otros en los que percibía un buen sueldo. En algunos curraba como un cabrón y en otros casi no pegaba ni golpe. Pero en todos ellos he tratado siempre de dar lo mejor de mí mismo y de que tanto mi jefe como los clientes quedaran satisfechos. Hay muchos españoles que desahogan su frustración atendiendo con desgana a los clientes. A mí esto me molesta profundamente. Mira, si cuando eras joven preferiste ir a bailar a la discoteca en lugar de estudiar y ahora tienes un trabajo patético en el que te sientes frustrado y no llegas a final de mes, pues ajo y agua. Pero yo, como cliente, no tengo por qué pagar los platos rotos de que tú cobres poco o que tu empleo sea deprimente. Es el trabajo siempre hay que dar lo mejor de uno mismo porque, de lo contrario, nunca jamás vas a poder prosperar en la vida.

Nuestro modelo laboral es una locura. En Europa Central y del Norte al empleado se le exige productividad, en España se exige hacer horas. Cuantas más mejor. Casi nunca se respeta el horario establecido de laborar ocho horas diarias. Lo normal es hacer siempre una o dos más (y lo normal es no cobrarlas). El problema es que se hacen un huevo de horas pero la faena no cunde. Porque de esas ocho horas, a menudo realmente se curran cinco. Y las otras tres se pierden en ir de aquí para allá, charlar con el compañero, fumarse un cigarrito, tomarse un café… En Holanda por ejemplo si ha acabado tu jornada laboral y todavía te quieres quedar más horas en el trabajo tu encargado lo ve mal… Significa que no has sido productivo… que nos has podido acabar a tiempo la faena. En España te piden cumplir con un horario, en Europa resultados. Es el Tercer Mundo contra el Primero.

Gran parte de la culpa la tienen los empresaurios de España, cuya mentalidad quedó anclada en el siglo XIX. En el puerto de Rotterdam por ejemplo, se puede cargar un barco entero de contenedores con solamente tres operarios. En Algeciras por ejemplo, harían falta al menos veinte. ¿La diferencia? Que los holandeses tienen alta tecnología, allí es todo mucho más mecanizado y por lo tanto necesitas menos trabajadores y te puedes permitir el lujo de pagarles sueldazos. Por contra, aquí nuestros empresaurios siguen apostando por el modelo obsoleto de la mano de obra barata… No quieren tecnología, luego no queda más remedio que contratar más peones… Al tener tantos, el empresaurio se ve forzado a tener que pagarles mucho menos. El problema en sí es que incluso así sigue siendo mucho más barato cargar un barco en Holanda o Alemania que en España.

Otra locura es el horario partido que tenemos. En casi todo el planeta se aplica el horario internacional… Es decir, te levantas bien temprano… trabajas tus ocho horitas de un tirón y  la tarde la tienes libre. En España trabajas por la mañana, haces un parón de dos horas para comer y luego, con todo el sopor de la digestión, te reincorporas por la tarde. Entre pitos y flautas esto significa que entras a trabajar a las nueve de la mañana y acabas a las nueve de la noche. No tienes tiempo para disfrutar de tu familia pero es que encima no sirve para nada… porque en diez horas de trabajo un español no hace ni la mitad de producción que un sueco en cinco. ¿No sería mucho mejor acabar el trabajo cuanto antes (bien hecho, claro está) y marcharnos a casa a disfrutar de nuestra vida personal? ¿Para qué pasarte 20 horas diarias en una oficina si te pasas el día perdiendo el tiempo?

Hay un dicho en Alemania que reza que si a un católico le das a elegir entre comer bien o dormir tranquilo, escoge lo segundo. El filósofo Max Webber ya explicó en su día por qué los protestantes son más ricos que los católicos… se esfuerzan más, trabajan más duro, tienen más ambición en prosperar, no son tan conformistas y sobre todo tienen más ética en el trabajo. No es de extrañar pues que la Europa protestante sea rica y la católica pobre o que lo mismo ocurra con América. Además de esto, en España se suman otros factores, como por ejemplo la clásica picaresca… En España está bien visto el que defrauda a Hacienda, el que se escaquea del trabajo. A menudo cuando un trabajador suda la camiseta en su empresa, despierta la inquina de los compañeros más vagos pues queda al descubierto su vagancia y se confabulan contra él para intentar que lo despidan pronto.

En los países protestantes se suele trabajar como un cabrón para tener una buena economía. Aquí se prefiere tener tiempo libre y disfrutar de la vida. En los Estados Unidos se anima a los universitarios a hacerse empresarios, aquí a presentarse a unas oposiciones y conformarse con un sueldecillo y un empleo estable. En los países anglosajones lo normal es querer formar tu propio negocio, en España lo normal es trabajar para otros. Si le planteas a tu familia ser autónomo te miran como a un extraterrestre y no es para menos porque son tantas las trabas burocráticas y fiscales que existen, que no vale la pena montar una empresa en España. Es triste decirlo pero es la pura verdad. En los Estados Unidos los ricos despiertan admiración. En España si partes de la nada, trabajas duro y te enriqueces en lugar de respeto despiertas la envidia de los vagos, los pobres y los vecinos.

Algunos achacan la pereza hispánica a su clima soleado y mediterráneo. Como si por el solo hecho de que haga calor, los españoles tuviesen que dormir la siesta en lugar de trabajar. Yo no creo que el clima tenga nada que ver, porque en California hace calor y la gente es trabajadora. Lo de España tiene más que ver con una mentalidad de hacer  el vago, de trabajar  lo menos posible aunque sea a costa de no poder llegar a final de mes. En este estado hay todo un sistema que fomenta, alienta y premia el parasitismo. Empezando por el rey, que cobra diez millones de euros anuales por dar la Copa una vez al año y leer el discurso de Navidad. No hay una mentalidad de esfuerzo, de sacrificio. Los alumnos pasan de curso casi sin estudiar. Y los mendigos, gorrillas y parásitos de Europa del Este vienen en oleadas a España porque saben que es el país ideal para poder vivir del cuento.

Por supuesto en este  país de países que es España no todos los pueblos son iguales. Hay unos más vagos que otros. En general, los que tienen una lengua propia (valencianos, baleares, catalanes, vascos, navarros…) suelen ser mucho más desarrollados, despiertos y emprendedores que los pueblos monolingües castellanos. A mayor dosis de castellanismo, mayor dosis de pereza y de pobreza. Hablo en general, por supuesto siempre hay excepciones. Pero qué duda cabe de que manchegos, extremeños o andaluces trabajan poco. Tan subvencionados están que se han acostumbrado a vivir de las limosnas que da el Estado (como en Cuba o Venezuela), con lo que, paradójicamente, las jugosas ayudas económicas que perciben para intentar desarrollarse son la mayor barrera a su desarrollo. ¿Para qué esforzarte si puedes vivir sin apenas trabajar? España es una fábrica de vagos.

La caída de Mubarak y el fantasma de Irán.

Asistimos estos días a una revolución en Oriente cuyas futuras consecuencias pueden ser letales para nuestra civilización. En Occidente, la población contempla las revueltas populares en el mundo árabe con simpatía, sin percatarse de que de ellas puede emerger el islamofascismo que sueña con conquistar el mundo para Alá.

Túnez, Egipto, Jordania, Yemen… La rebelión popular que derrocó al dictador Zine Ben Alí hace un mes en Túnez prende como el fuego por el mundo árabe. La segunda víctima ha sido el dictador egipcio Hosni Mubarak, que hoy mismo ha renunciado al poder, tras llevarse consigo, como Ben Alí, el correspondiente botín.

Los medios de comunicación occidentales están alborozados por las revueltas democráticas que tienen lugar en El Cairo. Muchos ateos, con tal de ir contra el cristianismo, las apoyan. Y muchos izquierdistas hacen igual, sin darse cuenta de que de tales revueltas puede emerger la extrema derecha más reaccionaria y facha.

Ben Alí y Mubarak eran dictadores repugnantes, opresores y extremadamente corruptos. No obstante, siento terror ante lo que puede venir después. Nada me haría más feliz que ver a las naciones árabes salir de las autocracias en las que viven y dirigirse hacia democracias plenas. Ahora bien ¿es democracia lo que quieren?

El 2 de diciembre de 2010, Foro Pew publicó los resultados de su encuesta en Egipto, Turquía, Líbano, Jordania, Pakistán, Indonesia y Nigeria. Se preguntó sobre democracia, la relación con el islamismo, y su visión de distintos grupos terroristas. Los detalles de la encuesta puede verlos con calma en la web del Foro Pew.

Según la encuesta, un 59 % de los egipcios considera la democracia el mejor sistema. Es la mayoría de la sociedad. Ahora bien ¿qué tipo de democracia quieren los egipcios? O mejor aún, ¿qué entienden por democracia los egipcios? El estudio arroja resultados sobrecogedores sobre el tipo de país que prefieren para ellos.

El 84% de los egipcios considera que la pena por apostasía, por abandonar el islam, debe ser la muerte (¿dónde queda la libertad de culto entonces?). El 82% de los egipcios está a favor de que a las adúlteras se las castigue a bastonazos en público. El 77% de los egipcios considera que al ladrón se le debe amputar las manos.

El 95% considera que es bueno que el islam desempeñe un papel importante en la política y sólo un 2% lo ve como algo malo. A la frase “La influencia del islam en política es…” un 85% contestó “positiva” y un 2% “negativa”. Evidentemente, la separación iglesia-estado simplemente no podría existir en semejante proyecto de país.

Y es que el 59 % de los egipcios prefiere a los fundamentalistas islámicos frente a un 27% que opta por los modernizadores. Tampoco están a favor de la igualdad de sexos en derechos, deberes y oportunidades. De hecho, el 54 % de egipcios opina que las mujeres y los hombres no deben convivir en el mismo lugar de trabajo.

Preguntados sobre terrorismo, el 49% de los egipcios se dicen simpatizantes de Hamás, el 30% de Hezbolá y el 20 % de Al Qaeda. El 20% de la población aprueba a los terroristas suicidas (frente al 15% de 2009). Posiblemente, incluso todavía exista mucha más gente a favor del terrorismo aunque por prudencia opte por callar.

Con semejante panorama cuesta creer que de ahí pueda salir una auténtica democracia. Comprendo perfectamente que los árabes estén hartos de déspotas corruptos que son títeres de Estados Unidos. Lo que me parece asombroso es que en lugar de una auténtica libertad quieran pasar de una dictablanda a una dictadura.

Los musulmanes son así. Si les das la opción de votar libremente, eligen al candidato más cafre y radical. Ojalá que llegue una auténtica democracia a Egipto pero o mucho me equivoco o corremos el riesgo de que Egipto se convierta en un nuevo Irán, ansioso por exterminar a Israel y por declarar la yihad contra el mundo.

Líbano está gobernado por terroristas. Irán es una feroz teocracia comandada por místicos, locos y asesinos. Pakistán dispone de armas atómicas.  ¿Qué puede ocurrir si los islamistas toman el poder en un Egipto de más de ochenta millones de almas? Sería la mayor amenaza a la libertad desde el auge nazi en el pasado siglo.

Los Hermanos Musulmanes de Egipto ya avisan de que quieren cerrar el canal de Suez y declarar la guerra a Israel. En su día, Estados Unidos dejó caer al Sha de Persia y llegaron los ayatolás. De Guatemala a Guatepeor. Si Occidente no reacciona, se puede repetir la historia. Hay revoluciones que pueden parir monstruos.

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