Dios o el juzgado ¿quién es el trámite?

Hay cosas que no entiendo de la Iglesia Evangélica y de sus pastores. A la hora de celebrar un matrimonio existen dos visiones opuestas. Por ejemplo, los pastores africanos consideran que lo importante es la boda por la iglesia y el juzgado lo secundario. Tanto es así que te pueden casar el próximo domingo si quieres, sin necesidad  de esperar al permiso del juez. Cuando se resuelva el papeleo, dentro de ocho o nueve meses, te limitas a casarte por el juzgado con un par de testigos y ya está. Firmamos los papeles, un par de fotos y a casa. Los pastores gitanos hacen exactamente igual. Es una buena medida para evitar caer en tentación, ya que los cristianos estamos llamados a guardar la abstinencia sexual antes de la boda.

Pero para los pastores valencianos sucede al revés. Primero debes esperar los nueve meses del papeleo y después te casas por la iglesia. Es como si el visto bueno del juez fuera más importante que el de Dios. Para mí es secundario lo que diga una administración corrupta hasta las cejas. En ese sentido no entiendo por qué hay pastores que se niegan a casar a una pareja hasta que hayan concluído todos los trámites burrocráticos, porque sería más sencillo casarse y cuando, dentro de un año, te llamen para poner una firmita vas y la pones. Para negros y gitanos la boda por la iglesia es lo que cuenta y el juzgado un trámite. Para los blancos parece como si lo realmente importante fuera el juzgado y  la bendición de Dios el trámite.

Los pastores que defienden la segunda postura argumentan que la Biblia dice que hay que respetar  a las autoridades. Y digo yo que éstas no están por encima de Dios porque de lo contrario tendríamos que aceptar el aborto, las parejas de hecho o los gaymonios y  lesbimonios, ya que, al fin y al cabo,  todos han sido puestos por las autoridades. Si para un pastor lo realmente importante es el visto bueno del juez y no el de Dios ¿para qué casarse por la iglesia? Sería más sencillo hacerlo por el juzgado y ya está. En mi modesta opinión, un matrimonio civil no existe a los ojos de Dios por la sencilla razón de que éste se hace a propósito para no invitarle a la boda. Soprendentemente, no todos los pastores cristianos piensan así.

Cierto es que en el primer modelo -el africano y gitano- tu boda no tiene validez legal (en teoría, ojo) hasta que los burrócratas concluyan el papeleo. Digo en teoría porque existe un precedente de una mujer, María Luisa Muñoz La nena,  que se casó por el rito gitano en 1971. Durante casi 30 años de matrimonio no acudió nunca a inscribirse en el registro civil y cuando su marido falleció en 2000, ella solicitó una pensión de viudez. Y el Tribunal de Estrasburgo falló a su favor en una sentencia histórica. Si los cristianos no somos de este mundo ¿cuándo estamos realmente casados? ¿Cuando lo dictamina un juez o cuando lo dictamina el Todopoderoso? Es asombroso que para muchas iglesias Dios sea el trámite.

Juan José Cortés: el nuevo Job.

“No es quererlo, es peor. Es mucho más fuerte. Si tuvieras hijos no haría falta decírtelo. No es joda cuando uno dice que es capaz de dar la vida por su hijo. Tenés miedo, no se puede controlar, tenés miedo a que le pase algo, querés estar siempre con él para cuidarlo… pero sabés que no puede ser. No es miedo a que se muera, es miedo a que le pase algo, a que sufra. No podés ni pensar en que se puede morir, te duele pensarlo, te da pánico porque sabés que si… eso llega a pasar… no vas a sufrir ni te va a doler… Te va a destruir. Vas a dejar de existir aunque sigas viviendo. Si se muere, te morís con él. Así de sencillo”. Federico Luppi (actor), en Martín (hache).

Que un padre entierre a su hijo y no al revés es antinatural; atenta contra el ciclo mismo de la vida. Es lo más terrible que le puede ocurrir a una persona. Un castigo así  no lo deseo ni para el peor de los monstruos. Sin embargo, semejante desgracia la padeció en sus carnes el gitano Juan José Cortés, pastor evangélico. En 2008 desapareció su hija, Mari Luz, de tan sólo cinco años. Toda España se lanzó a las calles en su búsqueda. Tras dos largos y angustiosos meses, la niña apareció muerta. Por si fuera poco fue, muy posiblemente, abusada por un pederasta que vivía en el barrio. Lo más fuerte de todo es que se podría haber evitado porque una vergonzosa cadena de negligencias mantuvo en libertad al asesino.

Santiago del Valle García, que así se llama el monstruo -que por cierto es payo-, estaba libre desde el año 2006, aunque tenía dos condenas por abusos a menores y un largo currículum como pedófilo. Si hubiera estado en la cárcel nada habría pasado. Pero la falta de interés de los jueces y  policía hizo que estuviese en la calle. Ahora, Cortés recorre España entera en su lucha por legalizar la cadena perpetua para crímenes graves, pero los políticos sólo quieren aprovecharse de su imagen pública ya que no tienen la más mínima intención de reformar estas leyes  que siempre protegen al verdugo y no a la víctima. Cortés clama justicia pero nadie le escucha. Todo le sale mal. Es el colmo del infortunio. Es la guinda del pastel.

Juan José está desolado. No hay más que fijarse en su mirada, de una tristeza honda e infinita, para darse cuenta de que está roto. De esto uno no se recupera jamás en la vida. Pero lo realmente extraordinario es la paciencia y resignación con la que ha acusado el golpe. Jamás le hemos visto hablar en público de odio, de venganza. Jamás una mala palabra fuera de tono. Le han arrebatado lo que más quería pero acepta su calamidad con la santidad del mismísmo Job. ¿Por qué Dios nos someterá a veces a pruebas tan duras? Cuando alguien ve cómo ha encajado la brutal desgracia este pastor protestante se da cuenta de que esa naturaleza no es en absoluto humana sino la del Espíritu Santo que habita en él.

Tantas veces nos quejamos los payos ¡yo el primero, ojo! del comportamiento incívico de algunos gitanos, que sería injusto no quitarse el sombrero ante ellos cuando hacen las cosas bien. Cortés es un santo. El nuevo Job. Yo, sinceramente, no sé si podría sobrellevar una carga tan grande. Dios, a través de la Iglesia Evangélica, está haciendo una gran obra entre la población gitana; llevando por el camino recto a muchas personas que, por criarse en determinados barrios marginales, parecían predestinadas a ser carne de cárcel. ¡Gitano tenía que ser! -soltamos cuando uno de ellos roba una cartera-. Pues gitano es este pedazo de ser humano cuyo ejemplo intachable refleja que en su corazón rebosa el amor de Dios.

La importancia del hombre en el aborto.

El aborto es la más sanguinolenta masacre de nuestro tiempo. Desde que se despenalizó el crimen del aborto en el Estado Español en 1985 más de un millón de niños ha sido exterminado, unas cifras que se acercan a las del genocidio armenio. Cada año a 100.000 criaturas se les niega del derecho a nacer. Una cifra similar a la del número de muertos que causó la bomba atómica en Hiroshima en 1945.

A la hora de buscar responsabilidades, lo más fácil sería criticar a los políticos, que son los que hacen las leyes. O a la sociedad, que suele ser como un ente abstracto al que acudimos cada vez que queremos eludir nuestra responsabilidad individual. O a los cristianos, que con nuestro voto somos cómplices de este crimen nauseabundo. O a las mujeres, que son las que legalmente tienen la última palabra.

Pero ¿dónde queda la responsabilidad del hombre? De ésa nadie habla nunca. Yo creo que los varones tenemos tanta responsabilidad, si no más incluso, que las mujeres a la hora de decidir tener un hijo. Porque no nos engañemos, en un número brutal de ocasiones cuando una chica aborta lo que hay detrás es un novio que se desentiende de su paternidad, o que la presiona para deshacerse del bebé.

Por muy inesperado que sea un embarazo, por muy adversas que sean las circunstancias económicas o familiares, es muy difícil que una mujer aborte si el padre de su hijo le apoya para seguir adelante. Porque cuando una fémina sabe que va a tener un hombro al que arrimarse, la carga es más llevadera. Pero si ella sola tiene que hacer frente a todo sin ayuda de nadie, es fácil que se derrumbe y aborte.

¿Qué clase de individuo es aquel que es suficientemente hombre para embarazar a una mujer pero no es hombre para hacer frente a las consecuencias de sus actos? ¿O que presiona para que su novia aborte en lugar de presionar para que tenga el niño? Es muy cobarde lavarse las manos y desentenderse de todo, o culpar a la mujer. Los varones tenemos una responsabilidad titánica cada vez que un niño muere.

El niño Dios está a punto de nacer.

El niño Dios está a punto de nacer. Como cada 25 de diciembre los cristianos de todo el mundo festejamos el nacimiento de Jesús, el mesías anunciado en las Escrituras. Con su venida al mundo, se cumplen las profecías que advertían que llegaría un día en que nuestro Creador tomaría un cuerpo de carne y hueso, vendría a la Tierra y pasearía entre sus criaturas. Hablar de Jesús es hablar de Dios mismo, quien en un acto de amor sin precedentes fue capaz de dejarse matar como un cordero para salvar a la humanidad de sus pecados y ofrecerle vida eterna.

Millones de personas en todo el mundo todavía no creen en Él. Niegan su divinidad. Pero aunque Jesús hubiese sido únicamente un hombre, un profeta más, su ejemplo de moralidad, amor, generosidad y entrega es tan colosal que sólo por ello ya merecería tener escrito su nombre con letras de oro en nuestros corazones. Es alguien cuyo ejemplo intachable de conducta ha generado una revolución de amor que hace que millones de seres humanos quieran ser mejores personas cada día y que ofrezcan lo mejor de sí mismos sin esperar nada a cambio.

La cultura occidental no se entendería sin el judeocristianismo. Incluso nuestro calendario parte de su nacimiento. Muchos afirman  que  Jesús no nació el 25 de diciembre. En realidad, esta fecha es un mero convencionalismo. Poco importa que viniera al mundo en diciembre o en agosto, que fuese rubio o moreno, que muriese con 33 años o con 38. Eso es anecdótico. Lo que de verdad importa es su ejemplo intachable y su mensaje de salvación. Estas Navidades son una muy buena oportunidad para permitirle nacer en nuestro corazón y cambiar nuestras vidas.

Homenaje a Salvador Ferrer Esteve.

Soy rojo. Vengo de una familia de izquierdas. Mi abuelo, Salvador Ferrer Esteve, combatió en la Guerra Civil (1936-1939) en el bando republicano. Él era un buen hombre que luchó en defensa de la libertad. Sé bien que la izquierda ejecutó a muchas personas inocentes. Pero mi abuelo no era de los de gatillo fácil. De hecho, salvó a mucha gente de derechas de ser fusilada a manos del ejército rojo.

Uno de ellos era un rico hombre de negocios de Alzira. Tenía una empresa de camiones de transporte. Los republicanos querían matarlo por ser de derechas, pero mi abuelo les dijo que no lo hicieran, porque al fin y al cabo daba empleo a muchos trabajadores. Gracias a mi abuelo, aquel empresario salvó el cuello. Pero un tiempo después se giró la tortilla y el ejército fascista acabó venciendo la guerra.

Al acabar la contienda la familia recomendó a mi abuelo que se fugara a Alicante o a Argentina para evitar represalias. Pero él se negó a hacerlo porque la radio repetía sin cesar que quienes no tuviesen las manos manchadas de sangre inocente no tenían que temer. Y él tenía la conciencia muy tranquila de todo cuanto hizo. Incluso había salvado la vida de varios fachas. Así que ¿quién querría matarle?

Pero mi abuelo estaba afiliado a la CNT. No era activista ni participaba en política ni nada. Sólo tenía un carné de afiliado. Eso es todo. Así es que fueron a por él y lo detuvieron. Mi abuela fue a suplicar a aquel empresario que hablara con el gobierno para que salvara al hombre que antes le había salvado a él. Pero no quiso. Se limitó a decir que nada podía hacer y ni siquiera lo intentó. No movió un dedo.

Ferrer fue encarcelado, torturado, le arrancaron la piel a tiras, fue fusilado y arrojado a una fosa común. Y todo por un carné. Tenía 33 años. Los fascistas enviaron por correo a la viuda un paquete con los restos de su camisa hecha harapos manchada de sangre y de piel. Aquel empresario no sólo no ayudó a mi abuelo. Tampoco auxilió a su viuda e hijos, aunque hacía mucho dinero con el estraperlo.

No cuento todo esto para hacerme la víctima. He perdonado a aquel hombre. Si yo, que soy de izquierdas, no quiero para mí ni para los míos semejante injusticia ¿por qué debería desear el sufrimiento que padeció mi abuelo a los disidentes cubanos o chinos? No tengo inconveniente en condenar la dictadura de Cuba, Venezuela o China. Porque soy demócrata. Y porque soy cristiano por encima de todo.

Confieso que me gustaría mucho que hubiera más gente de derechas que fuese capaz de condenar el franquismo o el pinochetismo. Pero cada uno es dueño de sus silencios. Todo el mundo tiene derecho a tener la ideología que guste. Pero si piensa que una persona merece ser torturada y asesinada sólo por no tener sus mismas ideas políticas entonces  ¿que diferencia hay entre un terrorista de ETA y usted?

Prejuicios.

Inauguramos una nueva sección en la web: Biografía. Allí podréis saber más de mí.

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Tengo 30 años y soy escritor. He publicado tres libros, traducido un cuarto y escrito cientos de artículos. Suelo decir las cosas con crudeza, sin preocuparme lo más mínimo de si ofenden o no a la gente. Todo arranca de cuando tenía 17 años. Entonces leí una cita que me impresionó. “Prefiero molestar con la verdad a adular con la mentira”. La dijo Lucio Anneo Séneca, el pensador romano. Aquella filosofía iba a inspirar toda mi vida y obra desde entonces hasta nuestros días.

Hablar con tanta dureza me ha valido todo tipo de piropos. Racista, xenófobo, fascista, ultracatólico, judío, homófobo, homosexual, farsante… Hasta terrorista me han llegado a decir. A mí no me importa lo más mínimo. Como si quieren decir que desayuno niños en vez de madalenas. Por un oído me entra y por otro me sale. Tan sólo me sorprende que la gente me perciba de esta manera cuando la realidad es que mi ideología política se encuentra en las antípodas de lo que me acusan.

Mi novia es negra. Ahora ella vive aquí en Valencia. Antes lo hacía en Cataluña. Pasear por Barcelona de la mano de una africana es duro. Ven juntos a una mujer negra y a un hombre blanco e inmediatamente piensan que se trata de una prostituta y su cliente. O que si son pareja, ella está con él por los papeles. Casi nadie se para a pensar que quizás se trate de una pareja mixta que se ama y ya está. Esa posibilidad es inconcebible para la gente. Los prejuicios son demasiado fuertes.

Ser cristiano no te libra de ser pecador. Entre mis muchos defectos figura el de tener prejuicios. A menudo hago juicios de valor de las personas sin conocerlas. En general mis predicciones se aproximan bastante a la realidad aunque otras veces me he llevado sorpresas. Pero ahora escucho lo que la gente dice de mí. O de mi novia. Nos juzgan sin conocernos y lo peor es que se equivocan. Me toca beber de mi propia medicina. Me pregunto si esto será un castigo de Dios por mis prejuicios.

Ojalá descarrile el proceso de paz en Israel.

En estos días se insiste mucho en el proceso de paz de Oriente Próximo. Se insiste  por activa y por pasiva en solucionar el interminable conflicto entre árabes e israelíes. Y yo me pregunto: ¿Por qué esta urgencia en resolverlo? Es más, ¿por qué resolverlo? Después de todo la Comunidad Internacional no tiene ninguna prisa en solventar el caso de Sáhara Occidental. O el de Gibraltar. O el de las Malvinas. O el del Ulster. O el de Chipre, Tíbet, Kurdistán, Cachemira y tantos otros.

¿Y por qué deben congelarse los asentamientos de colonos judíos en Palestina? No lo entiendo. Al fin y al cabo, el 20% de la población de Israel es árabe. Y nadie le exige que se marchen de sus casas. De hecho, esta gente recibe en Israel un trato más digno del que reciben los judíos en Palestina. Es más, esta minoría árabe está representada en el Parlamento israelí y el árabe es lengua oficial en el estado sionista. Si los árabes no se marchan de Israel entonces ¿por qué sí los judíos de Palestina?

Yo estoy en contra de este proceso de paz. Ojalá descarrile y reviente en mil pedazos como tantos intentos anteriores. Porque no es un proceso de paz sino de rendición. Tener que entregar tierras que Israel ha ganado en guerras defensivas, separar en dos Jerusalén o renunciar a un solo palmo de la tierra prometida que Jehová mismo entregó a los judíos hace milenios no es negociar una paz sino una rendición. Es claudicar ante el islamofascismo. Y con los terroristas no se negocia.

Hay una última razón. Según las interpretaciones de muchos teólogos sobre las profecías de Daniel, el hombre que  logre la paz duradera entre árabes y judíos será el Anticristo, un enviado de Satanás disfrazado de hombre de paz que un tiempo después de la tregua desencadenará una era de terror como nunca antes la humanidad ha visto ni verá. Llámenme egoísta, pero si esos teólogos están en lo cierto, no me apetece lo más mínimo que esa era de horror me afecte a mí o a los míos.

¿Por quién votan los cristianos?

Desde la instauración de la pseudodemocracia en España en 1975, los ciudadanos asistimos periódicamente a todo tipo de comicios: locales, autonómicos, estatales y europeos. A la hora de votar son muchas las cosas que debemos valorar: el derecho  de autodeterminación o la unidad de España, las políticas de izquierdas y de derechas, las propuestas en materia económica y social, el fenómeno de la inmigración, el paro o el terrorismo son sólo algunas de las muchas cuestiones que debemos tener en cuenta.

Pero la cuestión es ¿a quién votan los cristianos? A pesar de que en el Estado Español existen algunos partidos de raíces cristianas (como Familia y Vida, Coalició Valenciana o Unión del Pueblo Navarro por citar algunos ejemplos), estas formaciones y otras similares cuentan con apenas unos pocos miles de votos. Y eso a pesar de que en torno al 75% de españoles se declara cristiano. Así, el voto creyente va a parar a los dos partidos mayoritarios: el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Partido Popular (PP).

El voto cristiano debiera ser un voto de calidad, donde los valores morales fuesen el interés predominante. Pero por desgracia el voto de católicos, protestantes y ortodoxos no se diferencia en nada del de ateos, homosexuales o musulmanes. Y eso me parece realmente espeluznante. PP y PSOE son formaciones que, con pequeñas diferencias de matiz, apoyan el aborto, la destrucción de células madre embrionarias, la eutanasia, las parejas de hecho o los gaymonios y lesbimonios que para más inri pueden adoptar niños.

Un obispo  que vote al PP y luego se queje del aborto es sin duda un fariseo y un hipócrita. Un pastor evangélico que clama contra el pecado de la homosexualidad pero luego vota por los socialistas es simplemente un sinvergüenza. Hay que decirlo bien y alto y bien claro: el pecado avanza en todo el mundo y toma rango de legalidad porque la iglesia cristiana no vale ni un pimiento, porque los creyentes somos tan melifluos y patéticos que, a la hora de votar, la última de nuestras prioridades es Cristo.

El gaymonio y el aborto se expanden como mancha de aceite por toda Europa y América y ¿saben por qué? Porque los políticos saben que, hagan lo que hagan, van a seguir contando con el voto creyente. Porque si legalizar el gaymonio  costase perder dos millones de votos de la noche a la mañana ningún dirigente se atrevería a defender tal abominación. Pero por desgracia tenemos una iglesia basura que no le retiraría el voto a un presidente ni aunque cometiese la inmensa blasfemia de violar a la Virgen María.

Perroflautas del mundo: ¡con Israel no se juega!

En las últimas horas hemos asistido a un nuevo capítulo de propaganda antisemita que pretende demonizar a Israel. Recapitulemos los hechos: una flotilla de barcos -la Libertad- con ayuda internacional pretende llegar a Gaza pasando por alto todos los controles de seguridad israelíes. Se trata de barcos llenos de activistas financiados por Hamás, una ONG que simpatiza con Al Qaeda, perroflautas ociosos sin nada mejor que hacer, pacíficos cooperantes que claman a favor de la intifada y militares turcos que no quieren respetar la soberanía nacional de Israel. El ejército israelí les pide amablamente que atraquen en el puerto de Ashod para comprobar el cargamento, mas se niegan. ¿Por qué? ¿Ocultaban algo? ¿Quizás transportaban algo más que simples alimentos y no deseaban ser registrados? ¿Escondían armas?

A pesar de los numerosos avisos, la flotilla Libertad desoye las advertencias del Ejército Israelí y se dirige hacia la zona de bloqueo buscando clarísimamente la confrontación directa con la armada  judía. Tras intentarlo por las buenas y no lograr nada, a los soldados hebreos no les queda más remedio que abordar  la embarcación y los pacíficos cooperantes les reciben atacándoles con palos de acero, cuchillos y armas de fuego. ¿Y aún le queda duda a alguien de por qué los soldados se han visto obligados a disparar? Los marineros hebreos han matado a una decena de activistas durante el abordaje, pero es que si no llegan a disparar es a ellos a quienes les matan. Los militares israelíes han actuado en defensa propia, en respuesta a un ataque de islamofascistas que van de pacíficos por la vida pero que destilan instinto asesino.

La muerte de esos 9 violentos perroflautas es, sin duda, trágica como lo son todas las muertes. Pero desde la flotilla no tienen motivo para quejarse. Ante tan gravísima provocación, otro país hubiese hundido el barco a cañonazos por lo que deberían estar agradecidos al Ejército judío por haber actuado con miramientos. Lo que ha pasado estos días es un aviso: Israel no va a permitir que ni Turquía ni ninguna potencia extranjera colabore con el terrorismo o viole la seguridad nacional de la patria judía. Los pseudoprogres, islamofascistas y perroflautas del mundo han aprendido que con Israel no se juega porque es una nación poderosa.  Si esos perroflautas tuviesen dos dedos de vergüenza, anunciarían un perdón público a Israel, lo indemnizarían por los perjuicios causados y darían gracias al Ejército por haber sido tan comedido.

Jesucristo: el mejor escudo contra la crisis.

Hace muchísimo tiempo los seres humanos decidieron construir una enorme torre, la de Babel, que les iba a proteger de cualquier inundación que el Señor les pudiera enviar. Fracasaron. Hace no tanto tiempo unos ingenieros diseñaron un trasatlántico llamado Titanic. Decían que era el mejor barco del mundo y que ni siquiera Dios era capaz de hundirlo.  Naufragó. Si hace apenas un año me hubiesen dicho que estados de la solvencia de Grecia, Islandia o California iban a quebrar en unos meses hubiese pensado que mi interlocutor estaba borracho o me tomaba el pelo.

Hay algo que me gusta de las crisis: hacen que nos demos cuenta de que no somos nadie porque sistemas políticos, ideológicos o financieros que pensábamos indestructibles se derrumban en una sola noche. No hay nada seguro. Hace unos meses, en España  la gente estudiaba oposiciones pensando que ser funcionario les iba a garantizar un empleo seguro para toda la vida. Pero el Gobierno Central y los autonómicos ya han anunciado recortes de sueldo en los funcionarios y una oleada de despidos de interinos. Esta crisis es una cura de humildad que nos pone de nuevo los pies sobre la tierra.

Como siempre, en España la crisis la pagarán los mismos: trabajadores, empresarios, funcionarios, madres y pensionistas.  Los sinvergüenzas que nos gobiernan no se plantean suprimir ministerios o diputaciones, recortar sueldos de diputados, senadores, alcaldes y concejales, replantear las subvenciones a sindicatos, ONG o confesiones religiosas, o investigar los paraísos fiscales. No. Los palos, para los de siempre. Yo no soy inmune a todo esto. La guillotina pende sobre mi cuello y podría verme en la calle pronto. Sin embargo, estoy tranquilo y no me preocupa nada.

En la Biblia, Jesús dice que no debemos preocuparnos por el día de mañana, por lo que comeremos, beberemos o vestiremos. Dios está al cargo de sus hijos y si cuida de las aves del cielo, de los lirios del campo y hasta de la hierba ¿cuánto más no protegerá a sus hijos y cubrirá sus necesidades? (Mateo 6:25-34). En estos tiempos de crisis hay gente que desespera y hasta se plantea prostituirse para salir adelante. Yo, en cambio, duermo a pierna suelta pues sé que si oro con fe, el Señor me protegerá de todo mal. Nada tengo de qué preocuparme: Dios tiene todo bajo control.

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